26 Oct 2010Polémica Galasso - Altamira Politica Nacional
Galasso: tergiversando la realidad o la política del “mal menor”
En Página/12 de hoy, lunes 25 de octubre, aparece un artículo titulado “Lo que la historia enseña” que lleva la firma del escritor kirchnerista Norberto Galasso. El tema del artículo es el asesinato del militante de PO Mariano Ferreyra.
Según Galasso, “el balazo que puso fin a la vida de este muchacho (...) fue dirigido al creciente protagonismo de los trabajadores y a un gobierno que, con toda razón, se precia de no reprimir”.
Algún desprevenido podría pensar que con la expresión “creciente protagonismo de los trabajadores” Galasso se refiere a los conflictos que en el seno del movimiento obrero vienen enfrentando a las conducciones burocráticas o tradicionales con cuerpos de delegados o comisiones internas impulsados por parte del activismo o de la vanguardia (generalmente encuadrados en organizaciones ultraizquierdistas). Pero no. El “creciente protagonismo de los trabajadores” es para Galasso el “creciente protagonismo” de la CGT, y particularmente del moyanismo, que parece haberse convertido en la base de sustentación más sólida con la que cuenta el kirchnerismo. En consecuencia, lo que Galasso afirma es que el balazo que costó la vida de Mariano Ferreyra estuvo dirigido no contra los trabajadores tercerizados que reclamaban su ingreso a la planta, ni contra las organizaciones políticas que acompañaban esos reclamos, ni tampoco, y de manera más general, contra un “creciente protagonismo de los trabajadores” que en sus luchas cotidianas buscan liberarse del chaleco de fuerza de la burocracia. ¡No! Estuvo dirigido “contra el gobierno”. Se trata de una interpretación insultante para las víctimas, a las que se convierte en “idiotas útiles”, o en títeres manejados por intereses de los que ellas no son conscientes. Pero, además, es una interpretación errónea.
Para sostener que “el balazo” estuvo dirigido contra el gobierno, Galasso debe realizar una operación de escamoteo político de naturaleza acabadamente reaccionaria: presenta un escenario en el cual sólo existirían dos contendientes en pugna; el gobierno, al que Galasso apoya, y la oposición, que expresa a los “sectores oligárquicos”. Si Galasso tuviera razón, entonces estaría de antemano condenada toda tentativa de abrir un curso independiente al desenvolvimiento de una fuerza que exprese los intereses de la clase obrera y la perspectiva emancipatoria de un socialismo latinoamericanista. El análisis de Galasso no sólo suprime del escenario político a Mariano Ferreyra y al PO, así como al resto de la izquierda tradicional. También borra de un plumazo al socialismo de la Izquierda Nacional.
Pero por mucho que Galasso se esfuerce por mostrar que la víctima del balazo no fue quien lo recibió, Mariano Ferreyra, sino que fue Cristina Kirchner, y por mucho que se esfuerce por mostrar que los victimarios fueron indeterminados “sectores oligárquicos”, y no los muy determinados matones desclasados contratados por la burocracia de la Unión Ferroviaria, adscripta a la CGT, lo cierto es que la realidad se le impone con fuerza. Entonces, Galasso ensaya un argumento realmente sorprendente a fin de librar de responsabilidad política a su gobierno.
Dice Galasso: “Cuando un movimiento nacional y popular se desbarranca por un tiempo en la degradación, como ocurrió durante el menemismo, quedan elementos residuales en el sindicalismo, hoy minoritarios, en los que continúan la burocratización, la corrupción y el patoterismo”. Y añade: “así como rebrotan algunos traidores que pretendiendo hipócritamente recoger las viejas banderas, aparecen como ‘disidente’ y son complacientes con los poderosos”. Este último párrafo, dirigido contra Solanas y Proyecto Sur, cuyo discurso “nacional-popular” podría capitalizar una “fuga por izquierda” del kirchnerismo, es sólo un complemento de la idea central, que consiste —como queda dicho— en reducir el escenario político a la disputa entre dos sectores: el gobierno y la oposición de derecha. Pero lo más importante, con todo, es el primer párrafo.
Según Galasso el menemismo significó el “desbarrancamiento” “por un tiempo” del “movimiento nacional y popular”. Esto es absolutamente falso. El menemismo no constituyó un “movimiento nacional y popular”, ni desbarrancado ni no desbarrancado. Tuvo, por el contrario, un contenido abiertamente antinacional y antipopular. Tanto por lo referido a su programa como por lo referido a su composición social. Que las estructuras del Partido Justicialista hayan servido de soporte al gobierno de Menem, está revelando no la presunta naturaleza “nacional-popular” del menemismo, sino la conversión del PJ en una cáscara vacía al servicio del régimen semicolonial. Los “elementos residuales” del menemismo que Galasso no tiene más remedio que reconocer hoy en el sindicalismo, indican, a la vez, los elementos de continuidad entre menemismo y kirchnerismo. Es decir, indican que el presunto “desbarrancamiento” viene durando mucho más que “un tiempo”, y que “la burocratización, la corrupción y el patoterismo” constituyen, por así decir, un “fenómeno de estructura” inherente al capitalismo semicolonial, el cual debe ser estudiado con detenimiento en razón de la magnitud que ha alcanzado.
Es verdad que la oposición de derecha al kirchnerismo intenta aprovechar el asesinato de Mariano Ferreyra para “mostrar que sindicalismo equivale a patota y kirchnerismo a autoritarismo”, como escribe Galasso. También el veto del 82 % móvil para los jubilados ha sido aprovechado por esa oposición de manera hipócrita. Sin embargo, sería un error inferir de esto que ante la amenaza de un supuesto “mal mayor” haya que encolumnarse a-críticamente detrás del supuesto “mal menor” o, dicho más generosamente, del “posibilismo”. La tarea principal de los patriotas, los revolucionarios y los socialistas, es decir, de los militantes de la Izquierda Nacional, es abrir un camino de desenvolvimiento propio en el marco de un Frente Nacional Antiimperialista. Renunciar a esta tarea sería renunciar a la propia identidad. Lamentablmente, es lo que ha hecho Galasso, y lo que han hecho otros grupos que autoproclamándose “en la senda” de la Izquierda Nacional e invocando el “apoyo crítico”, no dan sin embargo un paso que no sea de acompañamiento servil a todas y cada una de las medidas gubernamentales.



