13 Jul 2011Politica Nacional
Escandaloso fracaso político-electoral del Frente de Izquierda
Uno de los datos significativos que arroja la elección de ayer es la abrumadora derrota electoral y política del Frente de Izquierda (FIT) entre PO, PTS e IU. Según datos difundidos, el FIT habría obtenido unos 14 mil votos. Esto significa el 0,77% sobre el total de votantes (y algo menos sobre el total del padrón). Es decir: peor, imposible.
Haciendo un empleo muy particular de las estadísticas, PO suele presentar sus reiterados fracasos electorales como si fueran triunfos extraordinarios, estableciendo comparaciones arbitrarias con otras competencias electorales. Así, si en unas elecciones anteriores obtuvo, por ejemplo, 7 mil votos entre 2 millones de votantes, y ahora obtiene 14 mil votos entre 2 millones y medio, su conclusión será que ha experimentado un crecimiento cercano al 100%, el cual es superior al crecimiento de cualquier otro partido. Sin embargo, en esta ocasión ese recurso absurdo no está al alcance de los analistas del PO.
En las elecciones porteñas de 2007 PO había obtenido un 0,90% de los votos (unos 12 mil), mientras que el PTS obtuvo un 0,40% (unos 5 mil) e Izquierda Socialista el 0,30% (unos 4 mil). En total, suman alrededor de 21 mil votos, es decir que un tercio de esos votos se habrían perdido en las elecciones de ayer. El retroceso es políticamente mucho más significativo si se considera que la constitución del Frente de Izquierda implicaría un “salto cualitativo” que potenciaría el atractivo electoral de la izquierda. Evidentemente, nada de esto ha sucedido.
En las elecciones porteñas de 2009 PO había obtenido el 0.70% de los votos (unos 12 mil), mientras que PTS e Izquierda Socialista, juntos, obtuvieron el 0,30% (unos 5 mil) y el MST, que en esa ocasión se presentó solo, llegó al 0,75%. Si sumáramos sólo los votos de los integrantes del Frente de Izquierda, obtendríamos unos 17 mil. Tanto en términos absolutos como relativos (porcentuales) también el Frente de Izquierda ha experimentado un retroceso respecto de las elecciones de 2009. Si se considera que el MST fue diluído en el centroizquierda (con una alta dosos de oportunismo, por cierto), sus votos “vacantes” de 2009 no habrían sido absorbidos por el Frente de Izquierda. Esto hace políticamente más significativo su fracaso.
Sintetizando:
El desconcierto de los analistas de PO es tan grande que en las pocas líneas publicadas inmediatamente después de los comicios -seguramente todavía en estado de shock- sólo atinan a decir generalidades (ver abajo). El PTS, cada vez más mimetizado con PO, repite más o menos lo mismo. Pero de lo que se trata no es de solazarse constatando el fracaso electoral del Frente de Izquierda. Al fin y al cabo, sus impulsores son mayoritariamente luchadores honestos que desean abrir un camino hacia la emancipación de los oprimidos y el socialismo. De lo que se trata, en realidad, es de pensar las causas profundas, de carácter teórico-estratégico, que conducen a estos resultados.
Reiteraré algo ya dicho: en los países semicoloniales como Argentina, la línea seguida por la izquierda revolucionaria no debe propender a la constitución de “frentes de izquierda”, sino de frentes nacional-populares. Estos últimos son los que le permiten a la izquierda converger con un movimiento de masas que se extiende más allá de los límites que fijan la identidad del proletariado. Pero, además, un verdadero frente de izquierda sólo tiene sentido, en aquellos países en que corresponda crearlos, en la medida que las fuerzas integrantes expresen realmente sectores importantes de la clase obrera. Esto es lo que ha sucedido en experiencias frentistas entre partidos socialistas y comunistas de masas. En el caso del frente entre PO, PTS e IS, sólo se trata de un acuerdo oportunista entre grupos más o menos sectarios, de raiz pequeñoburguesa y universitaria, que creyeron que juntándose podrían eludir el peligro que se cierne sobre ellos a partir de una ley electoral restrictiva. No de otro modo se explica que Altamira, que hasta hace muy poco justificaba la negativa de su partido a hacer experiencias frentistas con grupos similares debido a “diferencias estratégicas fundamentales”, ahora haya descubierto que hay “acuerdos estratégicos fundamentales”.
Lamentablemente, la influencia que el sectarismo ultraizquierdista ejerce sobre una porción de la vanguardia militante juvenil y de los trabajadores, constituye un serio obstáculo para remontar las condiciones de retroceso que nos legó la contrarrevolución del 76, que continuó la democracia colonial del 83 y que hoy todavía padecemos.



