08 Ene 2012Crítica de libros: desenredando la madeja 

El derrocamiento de Salvador Allende encierra enseñanzas claves que deben ser conocidas

gcangiano Socialismo Latinoamericano

A quienes dispongan de tiempo para la lectura en este caluroso enero, les recomiendo el siguiente libro: Fórmula para el caos. La caída de Salvador Allende (1970-1973). Su autor es el profesor brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira, un hombre comprometido políticamente con el gobierno de Joao Goulart derrocado en 1964 por Garrastazu Medici, y que por ese compromiso estuvo preso y debió exiliarse durante años.

Lo primero que debo decir es que no comparto la perspectiva teórica desde la que está escrito el libro. Moniz Bandeira parte de la concepción marxista según la cual una formación social no está agotada hasta tanto las relaciones sociales que en ella imperan no hayan sido rebasadas por el desenvolvimiento de las fuerzas productivas. Mientras esto no ocurra, toda pretensión de hacer una revolución sonará utópica y acabará en el fracaso si se la intenta llevar a cabo. Aunque esto es cierto en términos generales, se trata de un esquema que debe ser evaluado a la luz de la dinámica del proceso histórico. Tomado al pie de la letra, o de manera esquemática, implicaría no sólo la inutilidad de toda labor política revolucionaria, sino de toda labor política a secas: la militancia sería definitivamente sustituida por “la gestión”, como dicen los “posmodernos”). A partir de este supuesto, Moniz Bandeira dice que en Chile, en 1970/73, no estaban dadas las condiciones para avanzar hacia el socialismo; ni por la “vía pacífica” pregonada por Allende, por el PC y por la derecha del PS, ni por la “vía insurreccional” pregonada por el MIR, por la izquierda del PS y tal vez por otras organizaciones como el MAPU. En consecuencia, la derrota final del gobierno de Allende estaba predetermiada y nada de lo que las fuerzas políticas revolucionarias hubieran podido hacer o dejar de hacer iba a evitarla. (Tengo la impresión de que Moniz Bandeir confunde el socialismo con las medidas nacional-democráticas tomadas por el gobierno de la UP, como estatizaciones, reforma agraria, etc.  Pero dejaré este punto para otro momento)

Es esta perspectiva “trágica”, y a mi modo de ver equivocada, la que paradójicamente le confiere un atractivo especial al libro, que puede ser leído como un “thriller” que nos atrapa desde la primera página con su intensidad. Son más de 400 páginas que se leen de corrido, y no voy a resumirlas acá. Sólo diré que gran parte del atractivo del libro de Moniz Bandeira obedece al hecho de que trabaja con documentos desclasificados recientemente en Estados Unidos que no dejan dudas acerca de cuestiones como:

1) El papel protagónico que tuvo la CIA en el fracaso de la “vía chilena al socialismo”. Se narran con detalle las “operaciones encubiertas” (como el financiamiento del diario “El Mercurio”, entre otros, o el de las campañas electorales de los partidos Nacional y Demócrata Cristiano) y las “operaciones de engaño” (como la adjudicación a la izquierda de acciones terroristas llevadas a cabo por agentes infiltrados). Verdaderamente, causa escalofríos conocer de las propias fuentes hasta qué punto la Inteligencia imperialista estaba infiltrada por entonces en el aparato estatal chileno (¡y no solo en el chileno! ¡y no sólo por entonces!).

2) La participación activa de la dictadura militar brasileña en la conspiración contra Allende (en Brasil, por ejemplo, se organizaban reuniones conspirativas entre los dirigentes del grupo ultraderechista y terrorista “Patria y Libertad” con militares golpistas). También menciona que hacia agosto de 1973, también militares argentinos estaban en contacto con los terroristas de “Patria y Libertad” para brindarles apoyo.

3) El abierto carácter nacional y de clase que tenía la divisoria de fuerzas entre la Unidad Popular, por un lado, y las fuerzas opositoras, por el otro. Mientras detrás de Allende estaba básicamente el pobrerío:  la clase obrera, junto a sectores de clase media baja, y la juventud radicalizada, en el arco opositor convergía lo que nosotros llamamos “rosca oligárquico-imperialista”: el entramado entre las empresas extranjeras, los latifundistas, las capas superiores de la clase media, los altos mandos militares, los partidos políticos tradicionales, el Poder Judicial, etc.)

Moniz Bandeira va siguiendo casi día a día el progresivo deterioro del gobierno de Allende, hasta el momento en que -trabado por sus propias contradicicones internas- ya no podía ni avanzar (como proponían dirigentes como Altamirano o Enriquez) ni retroceder (como quería el stalinismo), y sólo le quedaba esperar la caída. El libro nos pinta un panorama en el cual las fuerzas contrarrevolucionarias operaban simultáneamente en los niveles político, ideológico, económico y militar, con acciones que respondían a una suerte de “mando unificado” que estaba situado más allá de Chile, en el Pentágono, donde los norteamericanos tenían razones geopolíticas (su disputa con la URSS) y razones económicas (los intereses de las empresas dueñas del cobre) para liquidar a Allende. Y como trasfondo, nos cuenta también cómo la contrarrevolución se posicionaba más allá de Chile. La dictadura brasileña que derrocó a Goulart en 1964 consiguió imponer en Bolivia a Banzer en 1971, luego de liquidar el nacionalismo militar de Ovando y de Juan José Torres (con la complicidad de los “idiotas útiles” de la ultraizquierda). Con Banzer en el gobierno, los contrarrevolucionarios chilenos encontraron una base de apoyo logístico.

Paralelamente, en 1973 se había cerrado (tambièn con intervención de Brasil y de la CIA) el proceso de masas que se insinuaba en Uruguay: los Tupamaros habían sido derrotados, sus intentos de establecer vínculos con militares “peruanistas” estaban terminados y el propio referente del Frente Amplio estaba en prisión. En Perú, el estrangulamiento del proceso revolucionario se daría en 1975, cuando Morales Bermúdez desplaza a Velasco Alvarado. Chile fue el paso siguiente, en setiembre de 1973. Sólo quedaba Argentina. Y el 24 de marzo de 1976 los mismos protagonistas de la tragedia chilena (las “fuerzas vivas” de la oligarquía, los militares vendepatria al servicio de la CIA, la pequeña burguesía cipaya, la partidocracia) consiguieron derrotar al proceso revolucionario abierto años atrás derribando al gobierno peronista.

Tal vez quienes lean el libro de Moniz Bandeira compartiendo su perspectiva de análisis, concluirán que aquella época demostró una vez más que los ideólogos burgueses tienen razón cuando advierten que todo intento de construir el paraíso en la Tierra acaba con la construcción de un infierno. Tal vez lleguen así a la conclusión de que es mejor conformarse con algo de “democracia” y de “derechos humanos” sin pretender ir más allá y “despertar al monstruo”. Quienes lean el libro desde una perspectiva revolucionaria, en cambio, encontrarán grandes estímulos para revisar viejos errores y pertrecharse mejor para cuando vuelvan a soplar con fuerza los vientos emancipatorios en América Latina.

  • 08 Ene 2012Crítica de libros: desenredando la madeja 

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