- Artículo cargado el 17/06/2010 - 01:10
“Empezar de nuevo”, el mejor homenaje a Jauretche
El 25 de mayo se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de Arturo Jauretche. La conmemoración no ha merecido la atención de los “grandes” medios de comunicación. Alguna nota extraviada lo recordó y algo más de atención le dieron quienes lo reconocen como uno de los grandes pensadores del campo nacional y popular.
Lejos de recordarlo, en Socialismo Latinoamericano propugnamos tomar su ejemplo y pasar por el tamiz de sus ideas el presente para homenajearlo con acciones y no únicamente con reiterar sus lúcidos conceptos como una letanía.
Reproducimos a continuación algunos párrafos del libro El pensamiento vivo de Arturo Jauretche, del compañero Gustavo Cangiano.
“…la historia no es sino el resultado de las acciones emprendidas por sujetos individuales y colectivos que no se resignan a desempeñar el papel de observadores pasivos. Al poco tiempo de haber sido derrocado, el viejo caudillo Hipólito Yrigoyen reunió a algunos de sus partidarios más jóvenes y les ofreció su último consejo: “hay que empezar de nuevo”. ¿Qué significaba, exactamente, “empezar de nuevo”? En la Década Infame todas las piezas parecían estar dispuestas para prolongar en forma indefinida la sujeción del país a los intereses imperialistas y la postración de las mayorías populares ante las minorías privilegiadas. La actividad política se reducía a un juego en el que oficialistas y opositores se mimetizaban progresivamente rindiendo tributo a los “poderes fácticos” y repitiendo con docilidad los lugares comunes de un discurso despojado de toda relación con las necesidades del país profundo. Los intelectuales viajaban física y espiritualmente a Europa, el capital extranjero compraba lealtades con coimas suculentas y el pobrerío subsistía en silencio y con la cabeza gacha. En esas condiciones, “empezar de nuevo” significaba afirmar la voluntad de marchar a contracorriente negándose a jugar el juego que todos jugaban. Significaba rechazar el presente para preparar la conquista del futuro. Hubo quienes siguieron el consejo de Yrigoyen y continuaron luchando cuando otros claudicaban. Uno de esos hombres, quizás el mejor de todos ellos, fue Arturo Jauretche.
“Gracias a Jauretche y a quienes batallaron a su lado en aquellos años tan difíciles como los nuestros, tenemos de dónde aferrarnos en el instante en que también nosotros debemos “empezar de nuevo”. Por eso hay que volver a Jauretche. Hay que rescatar su pensamiento del rincón en que se lo ha recluido, volcar sus filosas herramientas intelectuales sobre la mesa de trabajo y pertrecharse con ellas para reiniciar la batalla contra la colonización pedagógica y los macaneadores de la intelligentzia. La tarea no será fácil. Tal como observó Arturo Peña Lillo, “Jauretche tenía tantos enemigos como sofismas había derribado”. Esos enemigos siguen vivos y disponen de múltiples recursos para impedir que vuelvan a ser desenmascaradas las “zonceras” con las que envenenan el espíritu de los argentinos.
“Uno de esos recursos es el manto de silencio con que se cubre a los pensadores nacional-populares. La gran prensa, la universidad, las sociedades de escritores y todos los espacios por los que circula el pensamiento, estuvieron vedados a Jauretche y lo estarán a quienes sigan su camino. Es cierto que en los años sesenta el silencio fue quebrado y Jauretche hasta se convirtió en best seller. Pero no fue ese un punto de partida sino un punto de llegada, y tampoco allí Jauretche estuvo a salvo de sus enemigos. Cuando ya no pudieron condenarlo al silencio porque el pensamiento jauretcheano brotaba casi espontáneamente en un terreno social que él había pacientemente sembrado, los enemigos dividieron sus fuerzas: mientras unos lo hostigaban de frente, otros distorsionaron sus enseñanzas y quisieron apoderarse de ellas empleándolas con otros propósitos. Pero tal vez el primer obstáculo que deberá sortear quien desee “empezar de nuevo” volviendo a Jauretche no sea el que presentan los enemigos sino el de los propios amigos. Convertir a Jauretche en un pretexto para reunir una vez al año a nostálgicos sobrevivientes de luchas pasadas, que hoy lloran su impotencia homenajeando muertos célebres, constituye también una forma de estar contra Jauretche.
“Volver a Jauretche debe significar mucho más que un periódico recordatorio de viejos momentos de gloria. Volver a Jauretche significa sacarlo del mausoleo y llevarlo a la trinchera. Es donde transcurre la vida donde debe estar Jauretche, porque su pensamiento está tan vivo como la realidad de un país que aún no es dueño de sí mismo y que debe luchar por pertenecerse.”
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