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  • Artículo cargado el 06/08/2010 - 04:37

El socio argentino hace el trabajo sucio en el plan imperialista contra Irán

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Con el campeonato mundial de fútbol acercándose a instancias cruciales, la alianza militar EE UU - Israel no se preocupó mucho porque la agencia UPI informara del desplazamiento de su flota combinada hacia el Golfo Pérsico con la intención de poner a Irán ante un ultimátum: o los persas someten su plan nuclear al arbitrio del Consejo de Seguridad de la ONU y a las inspecciones de la Organización Internacional de Energía Nuclear, OIEA, o los bombardean. Menos la nación amenazada, que declaró el estado de guerra interno, el resto de la comunidad internacional estaba mirando para otro lado. Acaso los más distraídos de todos eran los dirigentes argentinos, pendientes del resultado de su selección ante la novata Alemania.

Tal frivolidad del gobierno argentino alcanza dimensiones colosales si se considera que, en el 2006, sus funcionarios hicieron el trabajo sucio para facilitarles a yanquis e israelíes un subterfugio adecuado a la eventual voladura del plan nuclear de Irán. El 3 de febrero de dicho año, el embajador gobernador argentino en la OIEA, Eugenio Curia, asumiendo la función de redactor del expediente contencioso contra las actividades nucleares de los persas, ponía énfasis en que las mismas tenían carácter dual, o, por así decirlo, que el declarado uso civil y pacífico podía también generar armas de destrucción masivas, peores aun que las que nunca se encontraron en el invadido Irak. En aquella oportunidad, el embajador Curia, declaró de manera inconfundible el apoyo de la Argentina a que se remitiera el expediente al Concejo de Seguridad de la ONU dada su peligrosidad, declaró explícitamente el respaldo a Estados Unidos e Israel, cuyos aparatos diplomáticos hacían denodados esfuerzos por encontrar las pruebas de un holocausto atómico latente.

El actual ex presidente Néstor Kirchner mandó al hoy ex ministro del exterior, Jorge Taiana, a desautorizar públicamente ese alineamiento sentenciando que “la Argentina no se alinea con nadie”. Claro, el alineamiento continuó, pero en silencio.

Es fácil inferir que el gobierno argentino reducía a lo declamatorio una pretendida independencia política en un asunto que hoy mismo tiene a la comunidad internacional en vilo. Pocos días después, el 1 de marzo de 2006, el embajador argentino ante la ONU, César Mayoral, asumía la presidencia rotativa del Consejo de Seguridad. Naturalmente, el primer conflicto que cayó en sus manos fue el expediente redactado por su colega Curia. Las sanciones contra Irán no se hicieron esperar. Aun cuando al principio se trataba de restricciones comerciales, EE UU acompañó su voto con un ultimátum que le prometía a Irán un correctivo militar si no abandonaba su programa nuclear. El gobierno argentino había logrado un prodigio: patear el corner e ir a cabecearlo él mismo. Aunque, dadas las actuales circunstancias, los funcionarios kirchneristas no sabrían decir en qué arco se produjo.

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