15 Feb 2012Cuba
El PC de Cuba reforma el modelo
sin profundizar el socialismo
En espacio de unos pocos meses –entre abril de 2011 y enero de 2012– el Partido Comunista de Cuba celebró su VI Congreso y su I Conferencia y tomó decisiones que han de gravitar sobre el futuro de la Isla y marcarán la suerte de la experiencia socialista. Ambos acontecimientos tuvieron por propósito convalidar el proceso de reformas que la dirección ha puesto en práctica en los últimos tiempos, y que tienen la finalidad de salir del estancamiento y la crisis del modelo de transición construido en base a la matriz stalinista adoptada gradualmente a partir de la segunda mitad de los años 60’, una vez finalizado el Gran Debate que enfrentó a Ernesto Guevara, dirigentes del Ministerio de Industrias y Álvarez Rom, entre otros, con los partidarios del proceso de reformas que por entonces se estaba produciendo en la Unión Soviética.
En sustancia este programa de reformas a la cubana tiende a disminuir la omnipresencia del Estado en todas las esferas de la vida nacional, y abrir nuevos campos de relaciones y prácticas sociales fuera de las áreas estatizadas. El cierre de 500.000 puestos en la función pública y la transferencia obligada de buena parte de esos trabajadores al terreno de los negocios privados, es el síntoma elocuente del sentido de la desestatización que ha adoptado la dirigencia cubana; también lo es la ausencia en los documentos oficiales del VI Congreso y de la I Conferencia, de indicación alguna sobre la voluntad de introducir formas colectivas de asociación obrera de tipo autogestionario en ciertas áreas de la estructura empresaria, que el Estado parece dispuesto a poner fuera de su órbita. Para tener una idea del alcance de este proceso de reconversión sirve tener presente una estimación del Ministerio de Finanzas y Precios: en 2015 algo más del 35% del total de la fuerza de trabajo estará empleada en el área no estatal. De acuerdo a la direccionalidad de las reformas puestas en práctica, la mayor parte de esa masa laboral quedará sujeta a relaciones económicas de corte mercantil.
No es socialismo, es capitalismo
En verdad el desarrollo del pequeño negocio y las relaciones capitalistas de producción y de cambio no son incompatibles per se con el proceso de transición socialista. En definitiva el capital existe antes y durante el período poscapitalista; vale decir, durante toda una época histórica en la que la antigua división de clases sociales ha desparecido. Esa tendencia, mientras se mantenga subsumida en la lógica de la acumulación originaria que establece el plan y rija la plena democracia socialista, no hace peligrar el rumbo de la revolución. Sí, encierra un peligro cierto, el hecho de ignorar el verdadero contenido de esas relaciones.
En Cuba el pasaje gradual de medio millón de trabajadores al área no estatal de la economía ha de provocar una notoria expansión del sistema de relaciones salariales con su lógica repercusión sobre la relación social fundamental. El asunto fue tratado en la segunda de las cuatro comisiones en que fueron discutidas las resoluciones de la I Conferencia. Ante la preocupación de uno de los delegados sobre el hecho de que la contratación de mano de obra vulnera la letra de la Constitución que prohíbe la explotación del hombre por el hombre”, la crónica del debate señaló textualmente: “La interrogante, considerada legítima, fue esclarecida por Caridad Diego, igualmente en la presidencia de la Comisión, quién recordó que el artículo 14 de la Carta Magna establece la propiedad del Estado sobre los medios de producción, por lo cual las nuevas medidas introducidas en el modelo económico cubano no están en confrontación con ella, independientemente de que la contratación de un trabajador por cuenta propia no le quita sus derechos. Contratarlo y usar su fuerza laboral no significa que se le explote, apunto”.
La respuesta es, en el mejor de los casos, insólita. ¿Desde cuándo el hecho de que el Estado se constituya en propietario de los medios fundamentales de producción impide que la relación salarial que florece en los pequeños emprendimientos privados, resulte la forma característica de la explotación del capital sobre la fuerza de trabajo? La sola propiedad estatal no es garantía de nada. Ahí están para confirmarlo los procesos de restauración capitalista en la Unión Soviética, en todo el bloque oriental, China, Vietnam…, producidos a la sombra de la propiedad estatal, convertida en un fetiche del socialismo. Existe una diferencia apreciable entre este tipo de propiedad, típica del capitalismo de Estado, y la propiedad social de los medios de producción y de cambio, propia del socialismo.
La falsa interpretación sobre el significado de las relaciones salariales a las que ha abierto todo un campo de desenvolvimiento la reforma cubana, no es nueva. En una nota publicada en noviembre pasado,[1] Camila Piñeiro Harnecker llamó la atención sobre este fenómeno: “De hecho, no se reconoce que la contratación de trabajadores de forma permanente –ya sea por cuentapropistas, campesinos privados e incluso cooperativas–, establece relaciones de trabajo asalariado, y que, por tanto, es una forma de subordinación y, en general, de explotación aun cuando el empleador trabaje junto con el asalariado”. Señala Harnecker que la situación llega al punto de que se haya propuesto incluir en un mismo sindicato a trabajadores contratados y a los cuentapropistas y cooperativas que los contratan. Esto no puede sorprender si se tiene en cuenta que la directora de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ha afirmado que en “la contratación de trabajadores, autorizada por 83 opciones laborales no estatales (…) no se genera una tradicional relación entre empleador y empleado, pues al ser ambos trabajadores por cuenta propia convenían los términos de la contratación”. Creer que la contratación de trabadores por otro u otros, que son a la vez poseedores de los medios de producción, no genera una relación salarial y, en consecuencia, de explotación, lleva al peligroso error de ver socialismo donde no hay otra cosa que capitalismo. Una comprobación tan vulgar que incluso –señala Harnecker–, en Granma se han publicado cartas denunciando que algunas UBPC (Unidades Básicas de Producción Cooperativa) han dejado de pagar los salarios.
¿Hacia dónde va Cuba?
Está claro que Cuba necesita imperiosamente revolucionar en sentido socialista, un conjunto de relaciones sociales y políticas sobre las que se apoya un modelo definitivamente agotado. Bajos niveles de productividad en la economía, ausentismo e indisciplina laboral en las empresas públicas, burocracia y corrupción en el aparato estatal, son síntomas inequívocos, más allá de las implicancias del anacrónico bloqueo y de la conspiración permanente de parte del imperialismo norteamericano. En noviembre de 2005 Fidel Castro, durante un discurso pronunciado en la Universidad de La Habana, advirtió, luego de mencionar las experiencias históricas que terminaron en el derrumbe de la URSS y el bloque socialista, que el propio proceso cubano no podía considerarse irreversible. “Debemos estar decididos: o abordamos todas estas desviaciones y hacemos fuerte la Revolución destruyendo las ilusiones que pueden quedar al imperio, o podríamos decir: o vencemos radicalmente los problemas o moriremos. Habría que reiterar en este campo la consigna de ¡Patria o Muerte!” Las desviaciones y problemas a que se refería Fidel eran, entre otros, ciertos privilegios que habían aparecido en algunas capas de la sociedad cubana, especialmente durante el Período Especial, el surgimiento de una camada de “nuevos ricos” que hacían valer el interés individual por sobre el interés común, los robos en los circuitos de distribución de combustible y de bienes en las empresas, la desaprensión en el cuidado de la propiedad pública…
Casi siete años más tarde, durante la I Conferencia del PCC, Raúl Castro, volvió sobre el asunto al advertir que “la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, que tanta sangre costó a nuestro valeroso pueblo, dejaría de existir sin efectuarse un solo disparo por el enemigo, si su dirección llegara algún día a caer en manos de individuos corruptos y cobardes”, y denunció que “la corrupción es, en la etapa actual, uno de los principales enemigos de la Revolución, mucho más perjudicial que el multimillonario programa subversivo e injerencista de los Estados Unidos y sus aliados dentro y fuera del país”. En la ocasión Castro aludió a procesos de investigación en marcha por parte de Fiscalía y la Contraloría General de la República que comprometían a ciertos niveles de la nomenclatura estatal.
La revolución cubana ha entrado en una nueva fase sin que su conducción haya definido un rumbo definitivo. La reforma implementada no es comparable con el giro que hace más de tres décadas imprimió la cúpula del PC de China en dirección a la restauración capitalista. Tampoco lo es con relación a las reformas implementadas progresivamente en los años 60’ en la URSS y el bloque del “socialismo real”, basadas en la reconversión de las empresas estatales en unidades autofinanciadas, guiadas por indicadores de rentabilidad y regidas por mecanismos de mercado. Sin embargo, la reforma cubana no constituye avance alguno hacia una profundización socialista. Antes bien, la desestatización de algunas áreas de la economía habrá de realizarse al precio de una ampliación de la capa de pequeña burguesía, con la correspondiente expansión del campo de relaciones mercantiles. En efecto, en los debates del VI Congreso y de la I Conferencia estuvo ausente un capítulo de capital importancia: el de la vía de transición que lleve progresivamente a la reconversión de la propiedad estatal en propiedad social; la vía que conduce, en palabras de Marx, a “una sociedad compuesta de la unión de productores libres e iguales, dedicados a un trabajo social con arreglo a un plan general y racional”. Antes de encontrar ese rumbo, las experiencias de transición poscapitalistas del siglo pasado se estancaron, entraron en descomposición y se derrumbaron. Cuba está ahora frente a ese problema de importancia histórica, que a casi un siglo del primer intento de revolución socialista, todavía no tiene respuesta.
- http://www.rebelion.org/noticia.php?id=140038↑



