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  • Artículo cargado el 03/06/2009 - 22:21
Liberación y dependencia en Venezuela

El influjo bolivariano en el cono sur latinoamericano

La patriótica decisión del gobierno venezolano de estatizar las plantas siderúrgicas pertenecientes al grupo trasnacional Techint disparó de forma inmediata los múltiples mecanismos defensivos de la dependencia latinoamericana en Argentina, irradiando desde allí su influencia al resto del subcontinente.

En realidad, la decisión venezolana no podía ser más previsible. En medio de una crisis mundial inédita que desplomó los precios de su principal exportación y que amenaza con derivar en una deflación global de imprevisibles costos sociales, el gobierno de Chávez continuó con su política de recuperación soberana de las industrias estratégicas.

¿Podía Venezuela continuar con la industria siderúrgica, fuente elemental de insumos para la petrolera estatal, en manos de un grupo trasnacionalizado?

La respuesta no puede ser más obvia si se considera que Venezuela atraviesa un periodo bisagra en que el antiimperialismo bolivariano comienza a orientarse hacia un enérgico, aunque todavía difuso “Socialismo del siglo XXI”.

En rigor, el papel del holding trasnacional en Venezuela no se diferencia en nada del funcionamiento típico del capital imperialista en el resto del mundo. Apoyado en su estructura diversificada y plurinacional, Techint podía jugar incesantemente con las importaciones y exportaciones entre sus distintas empresas, traduciendo el valor nacional de los insumos requeridos por PDVSA a los indescifrables precios internacionales que determinaba un mercado mundial sumido en la más inescrutable de las crisis.

En Argentina, la decisión venezolana no tardó en sacudir vigorosamente el avispero dependiente nacional. Los medios clamaban por una declaración condenatoria de la “expropiación” por parte del oficialismo. La UIA y la AEA exigían a coro la expulsión de Venezuela del Mercosur. La burocracia sindical daba una nueva y lamentable muestra de su decisiva claudicación histórica. Todos reflejaban la gravitante e integral influencia del holding de la familia Rocca en el escenario nacional.

El gobierno, por su parte, no perdió la oportunidad para realizar una innecesaria aclaración y una superficial impostura en el marco del escenario electoral. La primera estuvo orientada a despejar, en vistas al 29 de junio, toda sospecha o simpatía con los principios elementales del nacionalismo económico; la segunda intentó remarcar la falta de compromiso del grupo trasnacional con el “modelo productivo k”, recordándole el lobby que, en ocasión de la estatización de Sidor, le permitió a Techint multiplicar por cuatro la indemnización inicialmente ofrecida por Chávez.

Tras las bambalinas de la coyuntura inmediata, sin embargo, se trasluce un escenario geopolítico particular que trasciende toda peculiaridad nacional.

Es que los embates antiimperialistas de Venezuela, Bolivia o Ecuador no hacen más que remarcar el sobredimensionado escenario regional que festivamente exponen para legitimarse los progresismos centroizquierdistas y demoliberales del cono sur. Las alternativas de integración regional que intentan compatibilizar a los primeros con los segundos no dejan de crujir tras cada avance popular en la región.

El caso argentino es aleccionador en este sentido. Desde la cumbre de Mar del Plata, pasando por distintos acuerdos de integración económica, colaboración tecnológica y apoyo financiero, la figura de Hugo Chávez ha ido adquiriendo un relevante protagonismo en la política interna consolidando un vínculo considerado estratégico por ambos países.

La figura del líder venezolano, sin embargo, no ha condicionado en ningún aspecto una política orientada al pago de la deuda externa, la reconstrucción del capitalismo dependiente y el apoyo irrestricto a las exigencias globales de, entre otros, el sionismo internacional.

Si las diferencias estructurales entre los dos procesos han permanecido en el trasfondo de una conveniencia recíproca, los puntos de fricción entre ambos tienden a multiplicarse alrededor del núcleo esencial en que se asienta el neodesarrollismo kirchnerista: la intención ilusoria de construir un capitalismo inclusivo asentado en el protagonismo de una inexistente “burguesía nacional”.

Allí radica la diferencia esencial en términos regionales. Las posibilidades de desarrollo para la clase obrera caraqueña, el campesinado boliviano o el pobrerío ecuatoriana difícilmente puedan articularse con los intereses de las burguesías trasnacionalizadas de Buenos Aires o San Pablo.

No existe voluntarismo capaz de torcer, en este marco, las estructurales incompatibilidades entre los movimientos antiimperialistas orientados hacia el socialismo y la reconstrucción de la Patria Grande, con las porfiadas intenciones de darle nuevos aires al capitalismo semicolonial en América del Sud, desde mercados más amplios y resguardados de la feroz competencia interburguesa mundial.

Alba y Mercosur comienzan a desdibujar su coexistencia tendiendo potencialmente hacia una disyuntiva de hierro para los pueblos latinoamericanos. La urgencia de la hora que atraviesa el sistema mundo no ofrece demasiadas alternativas para las mayorías populares del cono sur: o exigen la “albanización” del Mercosur, o comienzan a ensayar nuevas estrategias de integración que superen las módicas y acotadas expectativas burguesas de unificación mercantil subcontinental.

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Comentarios:

Carlos G. dijo:

Excelente la diferenciación entre un proceso revolucionario nacionalista como el de Venezuela y la truchada centroizquierdista de los K o Lula.
CG

Enviado el 03/06/2009 a las 23:34

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