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  • Artículo cargado el 07/07/2009 - 01:56

El fin de un ciclo

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Las elecciones del pasado 28 confirmaron un brusco cambio en el balance de fuerzas políticas. El oficialismo experimentó una importante derrota y sus efectos estarán muy pronto a la vista en la composición de las cámaras legislativas y, sobre todo, a la luz de la ofensiva que está pronta a desatar la oposición de macristas, peronistas disidentes, cívicos, radicales y socialdemócratas.

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Argentina experimenta una situación de retroceso desde hace algo más de tres décadas y el gobierno de Cristina Fernández, como antes los de Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, no quebró la tendencia. Por el contrario, se ajustó a las condiciones heredadas: nada hizo para detener la concentración-extranjerización del capital; mantuvo y acentuó el régimen de saqueo de la minería y el petróleo mediante nuevas concesiones; perpetuó una regresiva distribución del ingreso; dejó intacto el régimen de inversiones extranjeras y los acuerdos de protección al capital multinacional, y se olvidó del proyecto de un capitalismo autocentrado. Y, sin embargo, los ganadores de la víspera, a excepción de Proyecto Sur, representan políticamente lo más genuino de las tendencias de fondo configuradas tras la marejada antinacional de marzo de 1976. Son la expresión de la más infame reacción.

En relación a las elecciones de 2007 el kirchnerismo perdió 2,3 millones de votos; de ese total 800.000 los dejó en la provincia de Buenos Aires. Precisamente el significado político de la derrota hay que buscarlo, antes que nada, aquí, donde su jefe decidió librar la batalla decisiva. Kirchner, perdido de antemano el interior agrario, decidió atrincherarse en la franja del Gran Buenos Aires donde sobreviven las capas sociales más pobres y excluidas, terreno electoral en el que Cristina Fernández obtuvo una abrumadora victoria en octubre de 2007. Pero esta vez la historia fue diferente. El Frente para la Victoria no ganó por porcentajes que oscilaran arriba del 50%, como entonces, mientras que la brecha con el segundo se acortó pronunciadamente.

El cambio de tendencia que se manifestó en las urnas comenzó a mediados de 2008, cuando en medio del conflicto con el bloque agrario se quebró la unidad del PJ y del frente de gobernadores, y el impacto de la crisis mundial del capitalismo comenzó a repercutir sobre las condiciones de la economía local. Posteriormente la Unión Industrial y la Cámara de la Construcción, los apoyos patronales más significativos del gobierno en la época de bonanza, emitieron señales de distanciamiento, descontentas con la ingerencia del Estado en los dominios exclusivos de la sagrada propiedad privada. De nada sirvieron las ganancias extraordinarias obtenidas en el período de alza: el gobierno pudo comprobar, con amargura, que el capital no sólo es cobarde, pronto a tomar distancia cuando cambia de dirección el viento; sino que también es desagradecido.

Pero lo más importante es que el oficialismo perdió credibilidad entre las masas más explotadas y excluidas, donde tenía una importante reserva electoral. El recurso de varios intendentes de desdoblar boletas (listas colectoras) para no quedar pegados a la figura de Kirchner, es una señal significativa no sólo de la descomposición política y moral que envuelve al aparato del PJ, sino también de la desilusión y el hartazgo que está ganando el ánimo de las capas más pobres. Seis años en los cuales su situación no cambió sustancialmente, y terminó volviéndose insoportable por el desenvolvimiento de la crisis, fueron suficientes.

Sin embargo, el kirchnerismo no perdió posiciones ante una corriente militante de contenido nacional, sino ante una serie de fuerzas políticas que pretenden hacer retroceder al país hacia su pasado más oscuro. En la provincia de Buenos Aires el vencedor, Francisco de Narváez, es un antiguo menemista, integrante de la patronal explotadora y parasitaria de los 90’, oportunista sin principios, que tanto puede despolitizar y banalizar la propaganda para seducir a los sectores más atrasados, como adoptar el discurso del populismo conservador y pronunciarse a favor de las estatizaciones de la electricidad, el gas y el petróleo, mientras su candidato presidencial, Mauricio Macri, reclama la privatización de todo aquello que el gobierno nacionalizó.

En el país la alianza de radicales, cívicos y socialdemócratas se ubicó apenas medio punto por debajo del oficialismo. Cualquiera que haya escuchado el discurso pleno de solemnidad y de lugares comunes de la señora Carrió, no puede tener dudas sobre la naturaleza del programa: reestablecimiento de los acuerdos con el FMI, eliminación de las retenciones, rechazo a la estatización de las AFJP y de las nacionalizaciones en general, oposición al ingreso de Venezuela al Mercosur… Los espectros de la vieja Unión Democrática reaparecen reencarnados en las figuras características de esta partidocracia antinacional.

A ese frente de la reacción, el kirchnerismo no está en condiciones de darle batalla, porque nunca figuró en sus planes llevar adelante las transformaciones estructurales que la crisis del capitalismo semicolonial exigía desde el estallido del 2001. Por el contrario, su emergencia formó parte de una solución política desde arriba, destinada a restaurar un orden institucional jaqueado por la protesta popular. Ahora, ante la derrota, su dirección perdió capacidad de iniciativa.

La respuesta ante la ofensiva antiobrera y antinacional en ciernes debe venir de abajo, de las líneas combativas en que se reagrupan los trabajadores, de los estudiantes y profesionales que sobrellevan las condiciones de una pequeña burguesía empobrecida, de la amplia masa de desocupados y subocupados y de todos los argentinos dispuestos a luchar para no volver al pasado y liberar el presente de las lacras que amenazan el futuro.

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Comentarios:

Carlos A. Zelada dijo:

Es un axioma político que quien queda entre dos aguas es víctima de su indecisión.
“De nada sirvieron las ganancias extraordinarias obtenidas en el período de alza: el gobierno pudo comprobar, con amargura, que el capital no sólo es cobarde, pronto a tomar distancia cuando cambia de dirección el viento; sino que también es desagradecido.” se dice en el artículo “El fin de un ciclo”.

La Teoría, que no es un “deber ser” sino una lectura de la realidad que se plasma en conceptos, confirmó hace mucho lo que dijera Bonaparte: “La Victoria tiene cien padres, la derrota es huérfana.”
Los K debieron internalizar no la
conocida fórmula de Carl Schemidt “amigo-enemigo” sino comprender la sustancia de la lucha política. Si se está con Juan no se puede estar con Pedro. El “transversalismo” y otras yerbas de la ingeniería táctica no debió haber borrado la esencia que dice que cuando se está en nombre de alguien se debe representarlo en forma irrestricta No se puede uno hacer cargo de los aciertos y desechar los errores aunque evite volver a cometerlos.
El “pejotismo” tan denostado por Nestor Kirchner negó en su esencia el aparato, pero también minó el sentimiento de la gente que no vió en los K. alguien “del palo”.
Cuando, como gobernante peronista, en lugar de hacer sentir a la masa su ascendiente, desplazando a quienes no se quisieran alinear con una política inequivocamente partidaria, se extravió—a nuestro juicio claro—en una “alianza” forzada con otros sectores del que el señor Cobos es su emergente más conspicuo.

A nuestro entender, el núcleo de su desacierto político fue “renegar” de su filiación “populista”, término con el que los sectores altos azotan a cualquier gobierno que ponga límites a su sagrada “libertad” de hacer negocios aunque sea alimentada con la sangre de los sectores más desprotegidos, intentando una “melange” donde cualquiera era admitido a condición de no tener juego propio o sea, carecer de apoyo.
Esto no significa que solo se tuviera atención para los hijos, también para los “entenados” que, solo en razón que fueron quienes debieron ser tratados como lo que son “señores feudales” levantiscos, se trató de “amansarlos” en lugar de hacerles sentir quien detentaba el mando. Claro, para ello, debería haberse apoyado irremisiblemente en el sector mayoritario de la población que legitimamente representaban y no solamente por haber ganado una elección sino por ser detentores de una filiación.

La clase media “quiero y no puedo” de la que los K son genuinos exponentes, les llevó a querer implementar una política inviable donde solo la Derecha tiene conciencia de clase. El fragmentario mosaico de los que siempre perdemos, cualquiera sea el lugar que ocupemos, debió ser aglutinado reivindicando las “Veinte Verdades” que es el Peronismo y no soñando con una “izquierda” que solo vive en la imaginación de los intelectuales y cuyo ícono que solo está en las remeras de los jóvenes que, por otra parte, ahora tienen otros ídolos a quienes lucir, es querer “construir” la realidad con un optimismo que nada avala.

“La Realidad es la única Verdad” decía Perón repitiendo a Aristóteles. Tarde comprendió Kirchner que la última carta que le quedaba era retomar aunque más no fuera amañadamente la jefatura del Partido ya que no supo resucitar el Movimiento que es lo que genuinamente es el peronismo.
A pesar de su verba encendida que irrita a la quisquillosa clase media, los K no “comprenden” que la política es una pasión que se ejerce desde dentro como una tragedia que emerge de un sentimiento del mundo y por ende de los hombres. No es un intercambio social, es la expresión de la naturaleza humana que está emparentada con la Religión como también dijera Carl Schmidt.

Enviado el 07/07/2009 a las 22:44

Julio dijo:

Con mucho animo de polemizar creo que ha llegado la hora en la argentina de que el Liberalismo haga su reingreso al esena politica argentina, creo que el socialismo, especialemnte el expeuesto en esta organizacion no tan solo ha sido inutil para las clases sociales bajas (eufemismo: “Populares”) sino q todo lo cpntrario las han perjudicado. la verdadera libertad es la libertad de hacer negocios, sinceramente las contradicciones que vuestra ideologia pregona son insstenibles: ¿piden democracia y y sitan de ejemplo la Cuba castrista? Piden libertad de exprecion y alaban a la Venezuela Bolivariana? ¿Piden menos entrometimiento de la iglesia y apollan aun regin teocratico como el Irani? La realidad se desvela nuevamente frente a ls ojos de los argentinos, y nos daremos cuenta algun dia que la libertad absoluta simpre la brindo la democracia liberal y pacifista, contra el socialismo represor y violento que pregonana.
Desde ya saludos Un Lebertario

Enviado el 08/08/2009 a las 22:45

Carlos A. Zelada dijo:

“...y nos daremos cuenta algún día que la liberetad absoluta siempre la brindó la democracia liberal y pacifista…” así dice casi al final el Libertario con ánimo polemista.

Dejando de lado que lo absoluto —desde el punto de vista humano es solo una ilusión— nos parece que el fin de la democracia, así como el de cualquier otra forma de gobierno, no es brindar la libertad relativa o absoluta como juiciosamente nos enseñan en la escuela primaria, sino administrar la vida colectiva de un pueblo a fin de hacerlo viable, es decir, perdurable en el tiempo. El grado de libertad al que un individuo miembro de una nación puede acceder, es siempre relativo y depende entre otras imponderables cosas del lugar que no es solamente el espacio físico en que le toca vivir sino del estamento social donde el azar lo llevó y del tiempo que su existencia debiò transitar.

Las ideologìas tienen un inconveniente: son cerradas y no solo la del “socialismo”, también la del mito de la libertad absoluta.

Mì ánimo no es polemizar sino enriquecer mi capacidad de entendimiento que hará que la comprensiòn de los intrincados fenómenos sociales no quiera subsumirlos como un mensaje en la botella de un náufrago para un futuro incierto… que eso hacen la mayor parte de las ideologìas.

Enviado el 28/08/2009 a las 21:24

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