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  • Artículo cargado el 13/08/2009 - 23:10
Bronca en el Conventillo Progresista

El derecho humanismo en sus laberintos cuantitativos

Juan Manuel LucasSocialismo Latinoamericano

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La centroizquierda derecho humanista se ha visto súbitamente sacudida por una inesperada polémica originada en las afirmaciones de uno de sus más típicos exponentes. Los dichos de Graciela Fernández Meijide, cuestionando el número de víctimas del terrorismo de estado durante la última dictadura ha desnudado en toda su magnitud la escueta perspectiva sobre la historia reciente que caracteriza al progresismo vernáculo y su inocultable ascendencia liberal y antinacional.

En consonancia con la investigación de la CONADEP, la ex ministra de De la Rúa sostuvo que el número de víctimas del terrorismo estatal durante el periodo 1976-1983, difícilmente haya superado a un total de 9000 desaparecidos.

Las críticas a las afirmaciones de Meijide no tardaron en multiplicarse entre los presuntos abanderados del setentismo local. Sin embargo, más allá de los relevantes matices que pueden reconocerse entre ellas, todas las declaraciones impostaron una profunda indignación frente al manoseo de la memoria de los “30.000 compañeros desaparecidos”, sin privarse de una morbosa y lastimera recurrencia que, objetivamente, consolida un discurso y un imaginario letal para las aspiraciones de liberación nacional de los argentinos.

En un movimiento de pinzas, el progresismo izquierdista y los núcleos más trogloditas del castrismo oligárquico han reducido la discusión sobre la naturaleza del Proceso de Reorganización Nacional a la cantidad de víctimas del Terrorismo de Estado. Al parecer, para los ilustrados voceros de la corrección política progresista que se entretienen con estos lamentables macaneos numéricos, que los desaparecidos sean 9000 o 30000 implicaría una valoración distinta sobre el carácter objetivo del proceso abierto en marzo del 76.

En definitiva, y a pesar de sus ingenuos impugnadores, que el eje del discurso sobre el gobierno cívico militar liderado por el tándem Martínez de Hoz Videla se centre en una valoración cuantitativa sobre los desaparecidos no deja de evidenciar el rotundo triunfo ideológico y cultural del bloque liberal oligárquico desde el 76 a la fecha.

El Proceso de Reorganización Nacional ha sido reducido a una irracional aventura autoritaria protagonizada exclusivamente por militares,  cegados por una insaciable vocación de poder y de sangre que asesinaron indiscriminadamente a inocentes civiles defensores de la democracia y las instituciones de la república. Embanderado de una memoria acotada a las dimensiones jurídicas del conflicto social, para el progresismo las tareas impostergables no pasan por desarticular la estructura semicolonial heredada por el Proceso, sino por identificar de manera precisa el número de víctimas del terrorismo de estado para imputar penalmente a sus responsables materiales.

La gerencia semicolonial progresista

En este marco, el derecho humanismo tiende objetivamente a estructurar un discurso que ofrece amplias garantías para los intereses sociales que orientaron intelectualmente la política represiva del Proceso. Absolutizar la “barbarie irracional” del golpe del 76´, deshistoriza la implacable lógica interna que aún hoy guia a sus mandatarios civiles, desdibujando la estructural continuidad que suponen las víctimas del terrorismo de estado durante el gobierno de facto, con las víctimas del terrorismo económico y social de los gobiernos “democráticos”.

Abstraer a los responsables civiles de la sanguinaria contrarrevolución dictatorial y de su continuidad y consolidación partidocrática, obturar las causas socio-económicas que determinaron el recrudecimiento de la lucha de clases durante ese periodo, y deslegitimar cualquier aproximación histórica que condene esa continuidad: Tales los efectos ideológicos inmediatos que ha garantizado el progresismo en todas sus cavilaciones, consolidando un sentido común que tiende a identificar cualquier cuestionamiento o relectura del “genocidio argentino” con las rémoras reaccionarias de la señora Pando y sus adulones.

Su utilidad política más evidente radica en la posibilidad de legitimar a los gobiernos de derecho, desde un democratismo abstracto que carece de toda correlación con la soberanía política de las mayorías populares.

Es que las estériles discusiones que atosigan la atormentada existencia del progre argentino no dejan de reflejar curiosas constantes en el comportamiento de su principal sostén social: la pequeña burguesía ilustrada. Sacudida por los vaivenes de una lucha que no atina a reconocer como tal, la posibilidad de servirse de las luchas de resistencia popular para revestirse de ciertas aristas libertarias e izquierdistas seduce recurrentemente al progresismo argentino. El progre vive preso entre la historia de los sectores populares, y la vigencia hegemónica de las clases dominantes. Desagravia al pasado, para transar el presente y el futuro de manera sistemática, consolidando siempre en nombre de épicas pretéritas, los intereses estructurales que orientan a la patria vasalla.

¿Cuántos desaparecidos fueron víctimas de la “democracia”? Quizás las palabras de una de las más ilustres víctimas del terrorismo de estado sean aleccionadoras en este sentido. Previendo un incalculable número de desaparecidos por la violación sistemática de los más elementales derechos económicos y sociales, Rodolfo Walsh afirmaba en 1977:

“Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de este gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Los contrastes derecho humanistas del progresismo que evidencian las palabras de Walsh son la clave para reconocer la acuciante necesidad de una relectura histórica que defina nuevas perspectivas políticas, independientes del bloque hegemónico consolidado a partir de 1976 y de sus expresiones partidocráticas de izquierda o derecha, desde una concepción materialista, integral y revolucionaria sobre los derechos humanos, en perspectiva decidida hacia el socialismo y la integración latinoamericana.

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Comentarios:

Carlos A. Zelada dijo:

“El progre vive preso entre la historia de los sectores populares, y la vigencia hegemónica de las clases dominantes.”

El fragmento que se transcribe del artículo de Juan Manuel Lucas demuestra claramente la dicotomía en que se debate el sector social que intenta vanamente hacer una política independiente: la pequeña burguesía ilustrada.

El artículo se cierra con una afirmación sintomática que denota una perspectiva claramente expuesta pero, a nuestro juicio claro, inviable. “... desde una concepción materialista, integral y revolucionaria sobre los derechos humanos, en perspectiva decidida hacia el socialismo y la integración latinoamericana.”

No cabe duda que la Política no es un paseo por los alrededores en una campiña inglesa. Eso equivale a que militar es predicar y solo predica quien está convencido. No obstante, en todo sentimiento que es lo que sostiene una convicción—y no solo el interés propio o compartido, no meramente razonado—debe tener un fundamento. Y aunque “bajo todo pensamiento se oculta una pasión”, no cabe duda que la pasión no es ciega. Una cultura, la del Cristianismo que heredamos, que aun pervive—a nuestro criterio eso contiene el fundamento humanista de la vida aunque ahora sin doctrina—no puede ser cambiada en nombre de la “verdad” política aunque a si misma se considere “científica”. La Política, como parte de las Ciencias Sociales, trabaja con la Realidad no con la Verdad.

El hecho incontrastable es que la cultura cristiana que heredamos se combinó indisolublemente con el peronismo aun cuando sus encontronazos hayan sido parte de las causas de su caída.
Predicar el “materialismo” tiene mala llegada en la masa que no puede sino aferrarse a sus ancestrales creencias que son un bálsamo en sus desdichadas vidas.

El pueblo, es decir, la mayoría, no aboga por los “derechos humanos” que es patrimonio cultural de la clase media. Las clases medias insensiblemente se deslizaron desde el Ateismo predicado por la Francia Jacobina al Agnosticismo hijo de una forma menos sectaria de ver el mundo. El Pueblo siente a los hombres como hermanos en la desgracia y soledad de la existencia y para él los “derechos humanos” no son derechos legales, son la fe compartida en un más allá de un mundo creado pero que implica una Justicia. Y eso no puede ser extirpado en nombre de ninguna verdad argumentada.

El presupuesto que solo el cercenamiento de la esperanza en un mundo suprasensible es lo que movilizará a las masas sedientas de justicia, es—siempre a nuestro criterio—un razonamiento equivocado. El Peronismo es su ejemplo redivivo que sobrevive a todos los intentos de coptación que tiene a través de sus más de sesenta años.

Por eso el reovolucionarismo montonero intentó mimetizarse con el peronismo en una correcta jugada táctica. Pero no en vano Carl Smmidt identificaba la Política con la Religión. La Política es un sentimiento del mundo que el Peronismo, en nuestro paìs, expresa con plenitud. De allí su pervivencia y de allí también el inveterado fracaso de las izquierdas.

Enviado el 30/10/2009 a las 13:07

juan manuel dijo:

Es curioso Zelada, pero acabo de leer un comentario suyo sobre otro artículo en el que se asume como peronista, y ahora leo que la política (que además sería parte de las ciencias sociales para usted) trabaja con la “realidad” no con la “vedad”. Precisamente Perón decía aquello de que “la única verdad…”.

Enviado el 05/11/2009 a las 05:50

Carlos A. Zelada dijo:

Bueno, como conocimiento, es decir como interpretación—¿qué otra cosa puede esperarse de un acontecimiento pasado que tuvo su origen en la acción de los hombres?—la Política forma parte de las Ciencias Sociales, esa cuya “verdad” es eso, una verdad entrecomillada, en definitiva, una interpretación. Y para que quede claro que quiero decir, esa “verdad” está en la corriente del tiempo. No es una Ley de las ciencias duras, no es la Ley de Gravedad para dar un ejemplo, algo atemporal.

La verdad a la que hacía referencia Perón, si entendí bien, es que no hay una Ley Universal que la respalde pero, también, que no hay una “verdad” más allá de los hechos que son los que respaldan un resultado. Eso, en consonancia con su conocido apotegma de que “Mejor que decir es hacer” subraya la preeminencia de la praxis sobre la teoría, de la experiencia sobre las buenas intenciones, de los hechos puros y simples sobre la ideología.

Si, soy peronista. Eso no quiere decir, como alegan los viejos gorilas, que el “carisma” de Perón me haya enceguecido en lo personal como no encegueció al pueblo argentino, es decir a la mayoría, aunque cada cual exprese su adhesión a un sentimiento de la vida según la formación que haya conseguido y recibido y la inteligencia que la diosa de Fortuna le haya otorgado.

Por eso dice la primera “verdad”, entendida de esa forma:

“La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo.”

La “democracia”, según mi ver que no es la voz de la Biblia, es la voz del pueblo. Y el pueblo, como concepto político, es la mayoría.
La democracia, entendida en ese sentido, no es un sistema político expresado en la división de poderes. Es la certeza que la mayoría defiende los intereses comunes y que por esa sola razón es la “verdad” sin más.

Por eso la segunda “verdad” dice:

“El peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular y por lo tanto no es peronista.”

Nuestro parecer,—el mío en particular—tiene fervor porque siento que allí, en el peronismo, con todos sus errores, lacras y desdichas anida la voz de las mayorías que no es el famoso fifty/fifty, aunque eso esté también comprendido. Es, ante todo, la reivindicación de la “justicia” en la cabezas de esas mayorías despreciadas que un régimen basado en la renta, que el “señor” Martinez de Hoz como socio del Proceso no tuvo empacho en expresar taxativamente “sobran 15 millones…..”.

Por eso soy peronista señor Lucas….y lo seguiré siendo.

Enviado el 06/11/2009 a las 14:57

juan manuel lucas dijo:

También nosotros reivindicamos a la máxima experiencia histórica del antiimperialismo popular argentino Zelada, no nos dirija críticas que conocemos de manera sobrada y que en muchos casos construyó la izquierda nacional. El Peronismo será revolucionario o no será nada decía Evita, es cierto, de lo que se trata, sin embargo y sobre todo para un peronista, es de tomar nota de la involución partidocrática del otrora frente nacional tanto en sus variantes de centro derecha menemista o de centroizquierda kirchnerista. Todo lo demás es papel mojado. saludos.

Enviado el 10/11/2009 a las 16:42

Carlos A. Zelada dijo:

Según dijimos en otro comentario, el Peronismo, esencialmente es un movimiento gregario, fluctuante, cuya masa crítica se da en quienes se vieron reivindicados por primera vez en nuestra historia desde el poder.
Esto no es una afirmación de creyente como podría imaginarse quien lea distraídamente estas líneas, por otra parte de sobra conocido.
El historiador alemán Peter Waldmann, citado en otra ocasión en algún comentario en esta misma Página dice:

“Los sostenedores y garantes de su régimen eran, ante todo, los estratos sociales más bajos, los cuales, por primera vez en la historia del país, eran tenidos en cuenta y favorecidos por la cúspide del sistema político.” (El Peronismo—1943 -1945)

Con esto queremos refrendar, además, que la organización de esa masa debía forzosamente ser verticalista, aunque, según dice el mismo Waldmann “en innumerables discursos Perón exhortó a las clases más bajas a organizarse.”
Estas líneas, que no quieren ser ni una originalidad ni mostrar a nadie el camino, dado que descuento que ustedes, por la simple razón de su interés político conocen de sobra, viene a cuento porque el peronismo es tildado — y ustedes tambien lo hacen indirectamente cuando hablan de “derecha” menemista y de “izquierda” kirchnerista como alas del peronismo — de falta de entidad.

Es algo reiterado que, para no ir muy lejos, a propósito de una reseña laudatoria del “profesor universitario, investigador de la cultura y la comunicación, viajero incansable” (...)“hombre de letras en el más amplio sentido” Anibal Ford muerto a los 75 años, se dice en Página 12 del 7 de Noviembre último:

“Militante peronista, fue preso durante la dictadura de Onganía y eligió el exilio interno en la última dictadura, según contaba sobre aquellos años.” (...)“Su adscripción al peronismo terminó con el gobierno de Menem, cuando rompió el carnet.’hace muchísimos años que no soy peronista. NO SÉ QUÉ ES EL PERONISMO, NO ME INTERESA”

Los destinos personales, legítimos desde cualquier ángulo, cuando se tiene actuación pública inciden en la difusión de opiniones que luego, sobre la base de quien lo dice, se vuelve una “verdad”.
Que alguien formado como Ford, diga que “no sabe” qué es el peronismo y que “no le interesa”, es algo bastante extendido como para dejarse pasar.
El profesor de filosofía y conocido novelista y escritor Pablo Feinmann lleva escritos 100 capítulos como suplemento del domigo de Página 12 acerca del peronismo el que, según parece cuando termine, quedará esclarecido en forma definitiva, pero el sonsonete de qué el peronismo es un misterio insoluble al parecer en razón de sus “versiones” menemista y kirchnerista, al igual que el “socialismo real”, invalidaría la posibilidad de su conocimiento.

Digamos para ser más claros. Si se iguala el “socialismo” de Stalin y el Marxismo es evidente que fuera del éxito de transformar un paìs semifeudal en una Nación Industrial como fue la Unión Soviética, lo que es una hazaña digamos de paso, aunque el costo en vidas humanas haya sido terrible, el resultado sería que la sangre derramada por el camarada José ahogaría definitivamente un sistema de análisis social que fue y es fructífero. Sin ir más lejos, Jorge Abelardo Ramos, cualquiera hayan sido sus errores atribuible a que también era un ser humano, es una prueba soberbia de la vitalidad del marxismo.

(Sigue en el siguiente comentario)

Enviado el 10/11/2009 a las 22:46

Carlos A. Zelada dijo:

(viene del comentario anterior)

El peronismo tiene su doctrina que son “Las Veinte Verdades” que, tal vez, para quienes gustan de entreverar — indebidamente a nuestro parecer — el conocimiento y la práxis política — deben parecer endebles consejos morales aptos para encuadrar a la masa informe cuya voluntad no puede ser movilizada de otra manera.
Diríamos, para ejemplificarlo, sería como equiparar el citado y famoso dicho de Evita “el peronismo será revolucionario o no será” al arte de gobernar que es, ante todo—siempre según nuestro parecer—el arte de hacer perdurar a una comunidad en el tiempo más allá del tránsito físico de quienes determinan el derrotero de un país.
Perón trajo incruentamente la Justicia Social a los argentinos de su tiempo que es como decir que encontró la forma de hacer que, las “masas sudorosas” de las que hablaba, entraran a formar parte de la Nación y dejó esa herencia para las generaciones actuales que seguramente le harán justicia.
No obstante, la praxis política se asienta sobre esa capacidad. De nada vale tener oro sino se sabe como utilizarlo. Y Perón tuvo esa capacidad. Pero lo importante no es su indudable perspicacia sino el derrotero que quiso dar al oro.
Tal vez por eso, aunque con otra intención según mi ver, J.P. Feinmann dice que el peronismo es más que Perón.

No es la historia de quienes accedieron al poder en representación del peronismo lo que tratamos aquí. Al menos esa no es nuestra intención. Es el soporte teórico-doctrinario junto con el hacer del General Perón durante toda su actuación al frente del Estado la que querríamos esclarecer….si tuviéramos la capacidad para ello.
No se moleste Lucas. No es mi intención hacer de “maestro ciruela” aunque a veces me temo que lo parezco…

Enviado el 10/11/2009 a las 22:53

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