• Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 12/04/2009 - 22:13
El matrimonio presidencial, Morales, Carrió, De Narváez, Macri y el dengue

El año de las plagas

Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

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La muerte del ex presidente Alfonsín ha conmovido al conjunto de los partidos políticos en momentos en que aprestaban fuerzas con vistas a una nueva campaña electoral. Ha sido tal el impacto, que las dirigencias, mientras competían en el elogio al demócrata desaparecido y se ubicaban en las primeras filas de la solemne liturgia republicana que dominó al país durante interminables días, se han visto obligadas a revisar apresuradamente las tácticas previstas y hacer nuevos cálculos sobre los posibles realineamientos que tal acontecimiento ha producido. Así, el llamado “efecto Alfonsín”, presente desde entonces en todo pronóstico electoral, se ha convertido en el punto de condensación de toda la hipocresía y falsedad de la partidocracia colonial y de la canalla mediática que le dicta los discursos.

Alfonsín se transformó de golpe en el refundador de la democracia, el campeón de los derechos humanos, el hombre de los consensos y hasta el antiimperialista que puso limites a las pretensiones del gobierno norteamericano. Estas extraordinarias virtudes fueron subrayadas una y otra vez por los escribas domesticados del Grupo Clarín, La Nación, y otros semejantes, saturando el papel escrito y el espacio audiovisual de modo de adormecer la memoria colectiva y evitar molestas alusiones. Naturalmente, nada se dijo sobre el hecho de que esa “refundación democrática”, que había tenido su origen en la derrota nacional en la guerra de Malvinas y en la subsiguiente campaña de desmalvinización, fue la forma institucional a través de la cual se mantuvieron intactas las transformaciones estructurales impuestas por la contrarrevolución de marzo de 1976; tampoco se mencionó la consolidación de una deuda externa ilegítima que el gobierno de Alfonsín convalidó y se negó a investigar, ni el desmantelamiento de Fabricaciones Militares y de la Comisión de Energía Atómica, ni la decisión de declarar sujetas a privatización a SOMISA y Petroquímica General Mosconi. En ese vacío de la memoria también quedaron sumergidos el pacto de Olivos y la mentira construida mediáticamente acerca del inexistente pacto militar-sindical (ejemplo de “ética” política), que le permitió ganar la presidencia en el 83’.

En realidad nada de esto tiene importancia para una dirigencia política corrompida, que ha hecho de la docilidad respecto a los intereses de los círculos del poder una práctica habitual. Basta recordar como reaccionó la llamada oposición ante la reestatización del régimen jubilatorio, o frente a la falsa amenaza de intervención estatal en el negocio exportador de granos o, por fin, de cara al anuncio de que el gobierno se proponía modificar el régimen de los medios de difusión. “Si meten la ley de radiodifusión, Venezuela va a ser un poroto”, denunció antes que se hiciera público el contenido de proyecto Gerardo Morales, jefe de los “muertos vivos” de la UCR. No menos elocuente fue Elisa Carrió, ilustre tribuna de Callo y Santa Fe. ¿Que decir en general de Mauricio Macri o Francisco De Narváez, típicos exponentes de un capitalismo depredador y parasitario, o de Julio Cobos, caballo de Troya del liberalismo oligárquico dentro del oficialismo?

Pero si lo que caracteriza a la oposición es su carácter antinacional, el rasgo distintivo del kirchnerismo gobernante no es precisamente el contrario. El gobierno de Cristina Fernández, como anteriormente lo fue el de Néstor Kirchner, es la expresión de una pequeña burguesía de discurso “progresista”, que en la práctica ajusta su política a los intereses de las fracciones más concentradas del gran capital exportador. Durante la mayor parte de los últimos seis años los negocios de las siderúrgicas, automotrices, petroquímicas, agroindustrias, mineras y petroleras han reportado ganancias extraordinarias, a favor del bajo costo laboral y la sostenida demanda internacional, en medio de un ciclo alcista de precios en el caso de los alimentos y productos primarios.

Como reaseguro frente a la voracidad de los monopolios y para garantizarse su poder de negociación, el kirchnerismo ha centralizado al máximo el control de los resortes gubernamentales, y ha devuelto a la órbita del Estado empresas públicas en crisis o que el capital privado no estaba dispuesto a sostener. Al mismo tiempo ha realizado concesiones a la burocracia de los grandes aparatos sindicales, de modo de mantener bajo control la demanda salarial de los trabajadores.

Este sistema funcionó a pleno hasta fines de 2007, impulsado por las condiciones de recomposición capitalista creadas por la crisis de 2001-2002 y relaciones económicas internacionales de signo positivo. Sin embargo, ya hacia fin del período el aumento de la inflación que no podían ocultar las cifras tramposas del Indec, pusieron en evidencia la existencia de desequilibrios de fondo propios de una economía altamente monopolizada en sus áreas estrategias. La consecuencia inmediata fue el despunte de una tendencia abiertamente regresiva en la distribución del ingreso, que golpeó de lleno sobre las capas más empobrecidas.

Por fin,  la crisis que hoy hace crujir los cimientos en el centro mismo del orden capitalista y repercute con intensidad creciente en la periferia, puso abruptamente fin al “viento de cola” que favoreció al matrimonio presidencial, y en su lugar un amenazante frente de tormenta pone en jaque al pomposamente llamado “modelo productivo”. La economía, que los años buenos del kirchnerismo creció a tasas de 8 o 9%, ha iniciado la curva declinante en dirección al estancamiento y la recesión; el superávit fiscal, clave para la estabilidad del “modelo”, sólo se sostiene postergando pagos, mientras el gobierno coloca cada vez más deuda en los organismos públicos para pagar los nuevos vencimientos; esa deuda sigue creciendo y las cuentas públicas provinciales ya están en rojo, preanuncio todo esto del drástico ajuste que producirá el gobierno después del 28 de junio. Para peor, la situación política se ha complicado al punto que el partido gobernante ha entrado en crisis, y ya se han producido importantes fracturas en Córdoba y Santa Fe.

Hace ya más de tres décadas un golpe de Estado puso fin a lo que quedaba del último Frente Nacional organizado en torno a la figura del general Perón, e inició un sangriento capítulo de contrarrevolución cuyas consecuencias aún perduran. De los partidos políticos que en junio dirimirán fuerzas en el juego de la alternancia institucional no puede esperarse nada. Son expresiones congeladas en el tiempo de una Argentina que se niega a desaparecer. Al margen de estos espectros del pasado están las grandes masas desposeídas, los trabajadores, los desocupados, la pequeña burguesía empobrecida, librando todavía combates parciales y a la defensiva, sin organización política y programa que los unifique, pero definiendo un campo de convergencia de la militancia de procedencia nacionalista-democrática, antiimperialista y socialista. Este es el terreno donde echará sus bases la organización independiente y revolucionaria que agrupará a todos los explotados y excluidos en las futuras batallas por la emancipación de la patria, la unidad latinoamericana y por una sociedad libre de las lacras del parasitismo capitalista.

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Comentarios:

María Peña dijo:

Hoy, domingo 10 de mayo por la mañana leí esta nota de Osvaldo Calello y decidí tomarla íntegramente para el editorial del programa “trabalenguas” que conduzco por Radio Gráfica, todos los domingos de 12 a 14 horas. Resulta evidente por el hecho, que tuve una gran identificación con lo que la nota expone, pero además, bien cabe que diga que cuando uno piensa un editorial no sólo es una cuestión subjetiva, sino que está pensando en los oyentes y en lo que programa en sí propone o intenta proponer, al menos. Esta nota me pareció una buena síntesis política, con alto contenido político, pero también un acierto literario. Todo lo que en ella se comunica va abriendo espacios de reflexión, de discusión y en medio —como dije en el programa— de tanto vacío mediático, de tanta inmediatez, dimes y diretes y otras cosas que sufrimos los argentinos por estos días, vino, en menos de tres páginas, Osvaldo Calello a encauzar el tema que nos ocupa. Agradezco a Socialismo Latinoamericano por su publicación.

Enviado el 10/05/2009 a las 22:35

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