- Periódico Politica Nacional
- Artículo cargado el 14/07/2009 - 13:22
¿Cuál “mandato de las urnas”?
Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano
El modelo agroexportador impuesto tras el Argentinazo de 2001 parece haber llegado a un punto en el cual sus beneficiarios creen posible o deseable abandonar los devaneos “populistas” (planes sociales, subsidios, precios máximos y demás “concesiones” a la presión popular) y avanzar hacia los postergados “ajustes”. La alternativa electoral prematura que expresó en su momento Lavagna, la expresan ahora los Macri, los De Narváez, los Cobos o los Reutemann.
Todo argentino interesado en poner fin a la larga noche que desde marzo de 1976 se cierne sobre el país, debería leer cotidianamente La Nación. Ese diario es el vocero más claro que tiene hoy la derecha mediático-político-social-económica que le ha bajado el pulgar al kirchnerismo.
El caballito de batalla de este sector en estos días es: “el gobierno debe escuchar el ‘mandato de las urnas’, debe ‘dejar de confrontar’ y debe ‘dialogar y consensuar con la oposición’”.
Sobre el “mandato de las urnas”, cabe preguntarse: ¿cuál es dicho “mandato”? Según la oposición, “el pueblo” repudió en las urnas al kirchnerismo. Pero esto es falso. El pueblo, como entidad única e indiferenciada, no existe. Una parte del electorado votó al neorradicalismo de Cobos, Carrió y la UCR; otra parte del electorado votó al justicialismo “noventista” de los sobrevivientes del menem-duhaldismo; otra parte del electorado votó al kirchnerismo o al filokirchnerismo “centroizquierdista”. Y otra parte del electorado no votó, votó en blanco, autoimpugnó o votó a la izquierda radicalizada. En términos porcentuales, son aproximadamente 25% cada una de las cuatro porciones mencionadas.
Operación intelectual totalitaria
Debemos subrayar el hecho aparentemente paradójico de que sean justamente quienes acusan de autoritario y dictatorial al kirchnerismo, y que se llenan la boca hablando de “democracia”, quienes realizan la operación intelectual totalitaria que consiste en construir discursivamente la entidad “pueblo” como si fuera sinónimo de un electorado que vota unánimemente en una dirección, haciendo de ese modo desaparecer las “múltiples determinaciones” que, según Marx, conlleva todo concepto.
¿Debe el gobierno consensuar con la oposición? Hacerlo implicaría dejar de ofrecer resistencia y someterse plenamente al programa de la oposición de derecha, que es el siguiente:
a) “inserción en el mundo” (sometimiento, sin chistar, al imperialismo)
b) alejamiento del polo Venezuela-Ecuador-Bolivia
c) plena libertad de mercado (fin del control de precios, de las retenciones, etc.)
d) acuerdo con el FMI (consecuencia inevitable del punto anterior)
e) respeto a la “libertad de prensa” (es decir, de los monopolios informativos y multimedios)
f) cumplir con los tenedores de bonos extranjeros (“normalización del Indec”)
g) abandono de la “cultura populista” (fuera los D’Elía y “poner en caja” a los Moyano)
Moreno, el “cuco kirchnerista”
En mi opinión, las presiones de la derecha en el sentido expuesto arriba se resumen en una consigna: “fuera Moreno del gobierno”. ¿Por qué la derecha mediática-política-social-económica ha hecho de Moreno el cuco principal del gobierno kirchnerista?
Por una razón sencilla. Moreno ha sido hasta hoy el encargado principal del intento de “disciplinamiento”, por parte del gobierno, de los grandes capitalistas que controlan la economía argentina. Por añadidura, Moreno es dueño de un estilo típicamente populista: no tiene buenos modales ni “pedigree”: es un ferretero que proviene de la militancia punteril del justicialismo porteño. Y esto es imperdonable para los Nelson Castro, Mirtha Legrand y demás formadores de la llamada opinión pública.
¿En qué ha consistido hasta hoy la tarea de Moreno? Como secretario de Comunicaciones, estatizó el Correo de los Macri, creó Enarsa y fantaseó con una empresa satelital argentina. Como secretario de Comercio Interior se encargó de presionar con métodos gangsteriles a los supermercadistas para que respetaran los precios máximos. Al mismo tiempo, mantuvo a raya a las empresas como Metrogas, obligando a desplazar a algunos de sus directivos; intentó quedarse con filiales locales de la Shell o la Esso, restringió la exportación de carnes para que no se vieran afectados los precios internos y actuó sobre el Indec perjudicando a los tenedores de bonos indexables según inflación. También rescató a empresas lácteas como Sancor y subsidió a La Serenísima, sin dejar de presionar a Mastellone para que vendiera a empresarios argentinos, y no a la francesa Danone. Este intervencionismo estatal avanzó hasta el extremo de nacionalizar el sistema jubilatorio, lo cual para la derecha significa “confiscar a los jubilados”.
La inviable ilusión pequeñoburguesa
Moreno encarna en su persona la ilusión pequeñoburguesa del kirchnerismo: que se puede construir un país capitalista autocentrado, reconstruyendo una burguesía nacional con base en la vigorización de PYME amigas o a través de empresas “argentinas” transnacionalizadas.
La derecha odia a Moreno por encarnar este intento. Desde la Izquierda Nacional que representa Socialismo Latinoamericano, debemos criticarlo por el carácter inviable del intento.
El enfrentamiento con la patronal sojera es un ejemplo de las limitaciones del programa kirchnerista cuyo perro de presa es Moreno. En un mercado plagado de actores privados con intereses centrados en diferentes partes del negocio (pools de siembra, contratistas, exportadoras, etc.), el Estado nacional brilla por su ausencia. ¿Qué hacer ante esta situación? En Socialismo Latinoamericano planteamos la nacionalización del comercio exterior, expropiaciones de tierras, políticas crediticias estatales, etcétera, es decir, la intervención directa del Estado nacional y popular en todo el circuito de la producción y la distribución.
En lugar de ello, el progresismo pequeño burgués kirchnerista respeta a los actores privados e interviene indirectamente a través de medidas impositivas, reglamentaciones y de las retenciones. El objetivo, entonces, no es acabar mediante una política de revolución nacional con el control capitalista y transnacional en “el campo”. El objetivo es impedir que la voracidad de las diferentes fracciones capitalistas acabe por hacer explotar el orden semicolonial del cual el Estado kirchnerista viene a ser garante. Pero las dificultades del kirchnerismo para llevar a cabo este tímido programa se pusieron de manifiesto en el método parlamentario elegido: ¡fueron sus propios senadores y el propio vicepresidente quienes se opusieron a la Resolución 125! También se expresaron en esa parodia de movilización popular que fueron las raleadas columnas de D’Elía en Plaza de Mayo.
Ahora, el kirchnerismo ha perdido también la desganada aquiescencia de la burguesía de la UIA. Los factores de poder, en su conjunto, están dejando solo al kirchnerismo. El modelo agroexportador impuesto tras el Argentinazo de 2001 parece haber llegado a un punto en el cual sus beneficiarios creen posible o deseable abandonar los devaneos “populistas” (planes sociales, subsidios, precios máximos y demás “concesiones” a la presión popular) y avanzar hacia los postergados “ajustes”. La alternativa electoral prematura que expresó en su momento Lavagna es expresada ahora por los Macri, los De Narváez, los Cobos o los Reutemann. En este contexto, el ataque a Moreno tiene un sentido absolutamente reaccionario.
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Comentarios:
Carlos A. Zelada dijo:
Es cierto “el pueblo como entidad única e indiferenciada no existe.”
El pueblo,fuera de la nomemclatura académica es el núcleo de la democracia, simplemente porque alude a las mayorías, no a todos. Justamente la “múltiples determinaciones que implica un concepto” según nos informa Cangiano que dijera Marx, es un concepto de orden académico.
Politicamente el término “pueblo” es sinónimo de mayorías y en tanto tal, sustancia de la Democracia como modo de gobierno.
Es cierto asimismo que en tanto el espectro del llamado “campo” como simplifican arteramente los medios a los múltiples intereses rurales pero que viven una misma “cultura” no puede ser domeñado con políticas “pequeño burguesas” al estilo Moreno.
Tampoco —digamos de paso— se puede erradicar la pobreza con mejorar la “educación” si no hay fondos para invertir en empresas que requieran personal calificado, así como tampoco los planes de ayuda estatal quitarán a los indigentes de la miseria indigna en que sobreviven en un país cuyo actual desarrollo sigue centrado en la producción de alimentos que exporta sin valor agregado.
Pero la realidad no es blanca o negra; casi siempre es gris con tendencia a oscurecer o a aclararse. De ahí que las “políticas pequeño-burguesas” no sean nada desdeñables, a condición de sostenérselas en el tiempo. Porque según dijera Leonardo, “la verdad es hija del tiempo”. Y si una política se transforma en cultura, esto es es algo vivido desde dentro de un “pueblo”, si es internalizado para usar una voz de la psicología,
se transforma en una barrera consistente para los cambios de perspectivas economicistas tal como acostumbran las derechas disfrazados de liberales. La concientización de una nueva forma de vivir es más importante que soñar con “expropiaciones de tierras” para repetir el ejemplo de Cangiano. Ese tipo de acciones, justicia al margen obviamente, erizan la “sensible” piel de la oligarquía y no solo de ella ya que que la cohorte de “pequeños propietarios” que viven bajo el paraguas cultural de la oligarquía, reaccionen asperamente cuando interpretan que se está accionando contra el sagrado derecho de propiedad.
La Política es la contracara de la Guerra en cualquiera de sus versiones, desde la Nuclear hasta la guerrilla pasando por la actual, la “terrorista”. Siempre trae sangre y destrucción y saca lo peor de los instintos humanos.
La táctica no debe obnubilar el Fin que no solo es una Estrategia. El Fin es que cada ser humano, sin que esto signifique hacer la política del avestruz, conserve su vida dentro de parámetros que con voz antigua diríamos “humanos”. Aclaramos esto porque hoy la especie, Darwun y la Técnica mediante, es una más en la multiplicidad de los seres vivos. Hitler comprendió eso y sacó tenebrosas consecuencias. El “Socialismo Real”… lamentablemente también.
A mi ver claro, no deberíamos enceguecernos al punto de hacer del hombre solo un animal racional, también una conciencia de las razones por la que estamos vivos.
Enviado el 15/07/2009 a las 16:04
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