29 Dic 2011Politica Nacional
Con los trabajadores,
bajo banderas nacionales, populares y antiimperialistas
En su edición del pasado 22 de diciembre la Página de El Frente Negro se ocupa de la izquierda nacional.[1] Cita críticamente tres notas, dos de ellas publicadas en Izquierda Nacional.org en las que se discute el conflicto planteado entre la fracción de la dirigencia sindical encabezada por Hugo Moyano y el gobierno de Cristina Fernández. A juicio de los autores del escrito, las notas proceden de un “rígido análisis clasista”, análisis que se queda corto al enfocar la realidad porque se trata de una lectura no política sino economicista. La comprobación es ciertamente singular. Lo que hacen las notas publicadas en la Página y, en definitiva, las posiciones sostenidas por Socialismo Latinoamericano en relación al gobierno kirchnerista, es caracterizar la naturaleza de clase de los intereses que encierra su programa, teniendo en cuenta la serie de mediaciones a través de las cuales ese programa se expresa en la esfera política, por ejemplo la evolución del equilibrio asentado en el apoyo de la burguesía industrial, una parte de la clase media y los sindicatos. Cuando se menciona a la pequeña burguesía kirchnerista no se está aludiendo simplemente a una comprobación sociológica, sino a la índole de la política en curso, a sus límites y contradicciones, a la cosmovisión del determinando grupo social que ejerce funciones dirigentes. El economicismo, por el contrario, asigna a los factores estructurales un poder de determinación de carácter excluyente, con marcado sesgo mecanicista, por lo que tiende a transformar el terreno de las luchas políticas y sociales en un mero reflejo del modo de producción. Por supuesto que “a la hora de analizar la realidad, encontramos muchísimos pormenores y un dinamismo que sobrepasa cualquier esquema rígido”. Sin embargo esta generalidad en sí no dice nada, a menos que se tengan en cuenta la naturaleza social de las fuerzas en pugna, el nivel de conciencia alcanzado por los distintos contrincantes, y la índole de las identidades que se constituyen en el transcurso de la confrontación política.
La nota de El Frente Negro señala que en el enfrentamiento con el gobierno Moyano persigue la defensa de sus intereses particulares, que tienen que ver con la conservación del poder que detenta en el aparato sindical y con la preservación de su propia seguridad personal, amenazada por las causas abiertas en la justicia. Todo esto es cierto. Pero no lo es menos que para realizar sus fines Moyano no tiene otra alternativa que buscar apoyo en la base del movimiento obrero, dando curso a demandas que diferencian el interés de los trabajadores de la política del gobierno. Todos los reclamos que formuló durante la concentración realizada en el estadio de Huracán son enteramente legítimos y expresan el interés de los asalariados. En consecuencia, no es cierto que “la respuesta del gobierno ha demostrado su fortaleza: la ignorancia; el menosprecio de Moyano”. Simplemente ha demostrado que el gobierno no tiene qué responder y opta por el silencio.
Nadie ha afirmado ni se desprende de las notas criticadas que Moyano sea “un auténtico representante de los trabajadores organizados”. Lo que indican esas notas es que a través de una fracción de la burocracia, ha comenzado a expresarse la tensión creada por el programa de ajuste gubernamental en un sector del movimiento obrero. Y en este enfoque poco importa si Moyano y su grupo sólo cuentan con el apoyo del duhaldismo en retirada, porque el aspecto sustancial del asunto no es éste, sino el que deriva de la relación entre los trabajadores y el kirchnerismo, encerrado éste último en los límites y contradicciones de un programa de corte desarrollista. Hoy por hoy la relación de fuerzas es claramente favorable al gobierno en el orden político general. Incluso también lo es en el plano sindical. Sin embargo, lo que ha puesto de manifiesto la concentración en Huracán es un principio de escisión, cuya evolución dependerá en buena medida de las decisiones que adopte el gobierno para superar los desequilibrios que acumula el llamado “modelo productivo”.
El escrito de El Frente Negro anticipa la posibilidad de una futura intervención del Estado a las obras sociales. “Imaginemos por un segundo –señala– la capacidad de movilización de los sindicatos sin los fondos de las obras sociales. He ahí otra razón para llamar a la unidad del sindicalismo ortodoxo”. No hace falta imaginar demasiado. Si el Estado incorporase a su esfera la administración de las obras sociales, sin duda los sindicatos quedarían debilitados, pero también los trabajadores. Si de lo que se trata de poner fin a la corrupción, las prebendas y la concentración de poder que encierra el manejo de las obras sociales, la solución no puede plantearse si no es a partir de la democratización de las organizaciones obreras, nunca del traspaso de jurisdicción de una burocracia a otra.
Este punto tiene una importancia decisiva. Los compañeros de El Frente Negro se regocijan con la idea de que Moyano lance una huelga general ya que de hacerlo “sólo podría lograr ampliar la base de apoyo del gobierno kirchnerista entre los sectores medios, y una buena oportunidad para desprenderse del sindicalismo adicto, y propiciar la libertad sindical y el recambio sindical con una intervención directa y control del estado sobre sus cajas negras”. Para desgracia de los inspiradores de la idea, Moyano no es ningún estúpido ni tiene intención de suicidarse dada la presente relación de fuerzas. El problema sigue siendo el mismo. La tarea que tiene por delante la clase trabajadora es la democratización de sus organizaciones y la conquista de una posición autónoma respecto del Estado, de los partidos de la burguesía y la pequeña burguesía y de cualquier corporación patronal. Y esto es bastante más que “un recambio sindical” mediante la intervención del Estado.
Desde el punto de vista de nuestros críticos sacarse de encima a la burocracia sindical no debería ser un asunto complicado para el gobierno. En uno de los párrafos de su escrito precisan la idea que tienen de esa dirigencia: “Muchos, ya no son representantes de los trabajadores, sino de sus propios intereses empresariales con forma de sindicato. Esposa, hijos y amigos se reparten el manejo de hospitales del sindicato, los hoteles del sindicato, el catering, el transporte y la construcción de edificios. Todas las obras del sindicato quedan en familia. Es más, el cargo de jefe del gremio es vitalicio, y se hereda. Sindicalistas octogenarios manejan con mano de hierro el gremio, y sus hijos y yernos son la juventud renovadora que va a heredarlos”. Lo que falta agregar a estas líneas es el hecho de que muchos de estos burócratas se sostienen indefinidamente en el poder gracias a la complicidad de los ministros de Trabajo de turno (incluido el actual), avalando las prácticas fraudulentas y la proscripción de las listas opositoras. Si como asegura el escrito, en muchos casos la burocracia es una incrustación parasitaria en la organización obrera, carente de la mínima representatividad, su remoción debería estar en el interés de un gobierno que tenga inscriptas en su horizonte ideológico transformaciones de fondo, la famosa “profundización del modelo”. Sin embargo, la democratización de los sindicatos nunca estuvo en los planes de la administración kirchnerista, cuya intención “renovadora” no va más allá de una maniobra de desplazamiento, consistente en reemplazar una fracción de la burocracia que ya no le es adicta por otra más confiable.
Por lo demás, los síntomas de corrupción y nepotismo evidentes en algunos sectores de la dirigencia sindical, así como las prácticas coercitivas contra los opositores, no son el único aspecto que caracteriza a la actual burocracia, ni el factor que por sí solo explique su prolongada permanencia. Para sostenerse en sus posiciones las cúpulas gremiales se ven obligadas a desempeñar un papel en la negociación del salario y de las condiciones laborales, que garantice en un cierto nivel la reproducción de la fuerza de trabajo. En muchos casos esta política “minimalista” logra consenso en las capas cuya conciencia oscila en los límites de una concepción corporativa respecto de los intereses de clase. Al mismo tiempo la burocracia suele jugar un papel políticamente conservador, dificultando o bloqueando el desenvolvimiento de las corrientes cuyas prácticas revistan un carácter democrático y autónomo.
En el sentido más general el rasgo que caracteriza el cuadro de situación en el movimiento obrero es la crisis de dirección. Buena parte de las actuales conducciones gremiales pertenecen a una etapa agotada, mientras que las experiencias de clase que siguen un curso independiente están aún en una fase de desenvolvimiento inicial, sin haber alcanzado a formular un programa político que englobando el interés de las clases populares, eleve a los trabajadores al nivel de representación del interés general.
http://elfrentenegro.blogspot.com/2011/12/nacional-y-popular-con-o-sin-moyano.html
- Las notas citados son ¿Qué nos dejó el acto moyanista? y Primeras advertencias de los trabajadores a la hegemonía K↑
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El 03/01/2012 a las 17:42 FN dijo:
Compañeros de Socialismo Latinoamericano, en esta nota continuamos el debate: http://elfrentenegro.blogspot.com/2012/01/el-vandorismo-traiciona-y-seguira.html
Saludos cordiales,
El Frente Negro.-



