- Historia
- Artículo cargado el 22/07/2009 - 05:30
Carpio
Alberto Regali
…me cimbro como los sauces
cuando el viento los acuna
pero soy como el quebracho
que no dobla la cintura
Pablo B. Rodríguez
Administrador
Cuando leo reportajes como el que IP le hizo al entrañable y querido Manuel Fernando Carpio en 1974 no puedo sino autocriticarme por no haber previsto la creación de un archivo oral de los protagonistas de nuestro pasado, especialmente de aquellos que salvo raras excepciones, se expresaban con la palabra. Abelardo Ramos, en uno de sus últimos discursos revalorizó la importancia del testimonio hablado como versión más fidedigna, en muchas ocasiones, que los fríos documentos escritos. Al menos, este tipo de entrevistas no presumen de “objetivas” (pacata aspiración de intelectuales), y refleja subjetiva y afectivamente la época, el contexto, algo que muchos historiadores descuidan cuando utilizan miradas contemporáneas para juzgar el pasado. Por ello, estamos ante un texto de gran valía que, con excelente criterio, los amigos del Socialismo de la Izquierda Nacional han decidido exhumar.
Resulta emocionante percibir en el relato de Carpio —porque así, a secas, lo llamábamos con respeto reverencial en el partido— aquella voz cascada y atractiva, de un militante gremial histórico, fundador de gremios como la UOM y primer secretario general del Partido Socialista de la Izquierda Nacional fundado el 16 de junio de 1962.
A pesar de su vida sufrida, de pelea, de compromiso hasta la muerte con las luchas sociales su presencia transmitía un crónico optimismo por el futuro de una sociedad justa y socialista. De baja estatura, con una voluminosa humanidad que no resultaba chocante sino cálida, vestido de saco y corbata cuando las ocasiones solemnes del partido lo exigían, muy pocos estudiantes se hubieran atrevido a desafiar con “la ilustración” su enorme experiencia militante. No recuerdo haberlo visto —a diferencia de otros compañeros que proveníamos de la clase media ilustrada— agresivo o pesimista en torno al porvenir. Charlar con él era siempre un placer que resultaba en algún conocimiento inhallable en los libros, como cuando nos contó del “trotskismo” y la “combatividad” de un joven Rucci, a quien criticaba como “burócrata” pero sin embargo respetaba —no se molestaba en interrogarse sobre esta aparente contradicción— como hombre que estaba al frente de la CGT, como obrero. Tal como se ve en el reportaje cuando critica a los dirigentes sindicales que se alejan de sus representados, lo hace con modestia y simpleza política, casi con humor (vean lo de Salvo), en forma ajena a esa moralina de clase media “satisfecha” a que nos acostumbran algunos medios y periodistas que se erigen en fiscales de la ética…de los trabajadores, nunca de los empresarios a quienes temen.
“Era Fernando Carpio, descendiente de guaycurúes santafesinos y auténtico revolucionario” decía Ramos en uno de sus últimos escritos. Juntos participaron en la organización —en una pieza de la calle México “al dos mil”— de la UOM. En esta histórica fundación actuaron también otros miembros de la futura Izquierda Nacional. Angel Perelman —autor del libro Cómo hicimos el 17 de Octubre—, que será el primer secretario general del nuevo sindicato. Su hermano Adolfo el gerente administrativo y Carlos Etkin, y Hugo Sylvester asesores legales. Todo esto según los relatos orales, y algún libro, porque la página oficial de la Unión Obrera Metalúrgica, no menciona a ninguno de estos protagonistas.[1]
Su vínculo con “el Colorado” no se interrumpió nunca entre los años ’40 y su muerte que ocurrió el 15 de abril de 1980. Con su compañera y esposa Blanquita que lo acompañó en todas las patriadas, habitualmente caminaba los pasillos de Alsina 2786, que era el local central del FIP en aquellos años ’70, participando activamente de reuniones y actividades.
Su lealtad con Ramos —que no se debe confundir con la opinable “fidelidad”— era declarada, pública, respetando los códigos que deben presidir la amistad entre compañeros de militancia. Alguna versión oral comenta que en el IV Congreso del PSIN que se realizó en una isla del Delta, en mayo de 1968, Carpio “solapeó” o “cogoteó” al joven universitario Ernesto Laclau que había tenido alguna dura expresión con Ramos. Este enfrentamiento final, sobrevino porque el grupo “laclausiano” que integraban también Analía Payró, Ana María Caruso y Blas Alberti entre otros, no habían explicitado las diferencias con Abelardo y Spilimbergo en el debate y a la hora de votar la nueva Mesa Ejecutiva, optaron por dejar en minoría a estos dos. Supe escuchar de labios del propio Carpio la anécdota, orgulloso de su accionar porque consideraba que aquellos estudiantes actuaron imbuidos de prejuicios pequeño burgueses.
Muchos jóvenes universitarios nos preguntamos por qué en 1973 la fórmula presidencial no la acompañó él, que era un símbolo de la militancia obrera.[2] Se nos dijo que estaba retirado y que se trataba de poner a un obrero en actividad y más joven. Personalmente nunca me convenció la respuesta y hoy 35 años después sigo seducido por aquel símbolo de carne y hueso que era este fundador —uno entre otros— del sindicato más importante en número y en política de la segunda mitad del siglo XX en la Argentina.
Pocos días después del golde del 24 de marzo de 1976, el FIP resolvió que había que desprenderse de todas las armas (pistolas y revólveres de bajo calibre) que hasta ese momento el partido utilizaba en la custodia del local, contra el que habían atentado es aquellos “días de plomo”. Absolutamente inconscientes del peligro que corrían dos compañeros atravesaron la Capital Federal en auto y con un bolso lleno de armas que casi nadie sabía usar ¡!, rumbo a provincia donde Carpio en algún lugar iba a proceder a enterrar todo. Se le entregó el “presente” en su casa y así lo hizo. Nunca midió el riesgo que esto podía significar en el marco de una dictadura que además de militares y civiles entreguistas del patrimonio nacional, abundaba en asesinos.
Hoy que tantos historiadores financiados por el CONICET parecen reparar en el valor de los protagonistas anónimos o casi anónimos de la historia, bueno sería que alguien pudiera —con los generosos fondos que allí se administran— escribir la biografía política de quien sencillamente ayudó a fundar la UOM, participó del 17 de octubre y militó toda su esforzada vida en el PSIN y el FIP, junto a Abelardo Ramos, uno de los pensadores de mayor influencia en la juventud de los años 60-70 a través de sus libros.
Sean estos recuerdos que lindan entre el sendero de las emociones y la política, un justo —aunque seguramente insuficiente— homenaje al luchador obrero y también a su compañera Blanquita que como millones de mujeres del pueblo construyó junto a su hombre, parte de la historia nacional.
- Se conoce que en el libro testimonial sobre las históricas jornadas escrito por Angel Perelman mucho tuvo que ver Jorge Abelardo Ramos. Carlos Etkin había sido en 1938, jovencísimo (alrededor de 19 años), abogado de Natacha Sedova, la esposa de Trotsky, en una denuncia contra la editorial TOR perteneciente a un señor Torrendel por la publicación de un texto apócrifo del revolucionario ruso. Ver HORACIO TARCUS (Director) Diccionario… Ob. Cit. Pág. 204. También Revista “Octubre”, Bs. As. Año II (2ª Época), Nº 4, Marzo-Mayo 1947, pág. 18.↑
- El 11 de marzo de 1973 el FIP presentó para la presidencia la fórmula Ramos-José Silvetti, un obrero metalúrgico delegado de bajo perfil. ↑
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Comentarios:
Eduardo barranco dijo:
Estimado Alberto
Quizas no me recuerdes. Al leer esta nota me vino a la memoria tu nombre “Albertito Regali” como te llamabamos. Muy digna la nota. Y un justo recuerdo para Don Carpio y lo que el represento para nostros
Enviado el 14/08/2009 a las 23:06
Pedro C. dijo:
Muy lindo artículo. Me emociona el recuerdo de los viejos luchadores obreros. La memoria suele reservarse para los intelectuales.
Felicitaciones a Alberto Regali y a los amigos de Izquierda Nacional
Enviado el 15/08/2009 a las 00:22
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