25 Jun 2009Energía 

Aspectos centrales de la dinámica de la coyuntura energética mundial

golahoud Socialismo Latinoamericano

Presentación

En el actual panorama de la coyuntura energética mundial es posible identificar una serie de procesos que son producto de una multiplicidad de cambios de diverso origen que se están desplegando en el sistema internacional.

En tal sentido, una línea de argumentaciones sostiene la necesidad de encarar un cambio paulatino y sostenido en los patrones de producción de energía fuertemente vinculados a los combustibles de origen fósil. El motivo central de estas posturas está íntimamente imbricado con la profundización de dinámicas políticas, económicas, sociales y ambientales que están consolidando presiones crecientes sobre el acceso a los recursos naturales renovables y no renovables y, entre ellos, los energéticos en primera medida.

Los Estados Unidos —con la flamante administración Obama— y la Unión Europea son dos de los actores que parecen estar incorporando crecientemente en sus planificaciones estratégicas la necesidad de propender hacia una matriz energética más diversificada que asegure una menor dependencia en el mediano y largo plazo de los hidrocarburos (petróleo, gas natural y carbón mineral), recursos estratégicos y naturales no renovables.

Por otro lado, y simultáneamente a estos diagnósticos, estos mismos países y otros del mundo subdesarrollado están profundizando líneas de planificación relacionadas con la búsqueda de fuentes alternativas de energía primaria (particularmente nuclear, eólica y solar) y secundaria (biocombustibles e hidrógeno vehicular).

Sin embargo, desde otro plano de análisis, la reflexión sobre la energía está fuertemente influida por una mirada de carácter geopolítico y geoestratégico que, al maximizar las apuestas de distintos países por el dominio y control de recursos estratégicos que son cada vez más escasos, ha provocado, simultánea y paulatinamente, cambios notables en la configuración de los actores del proceso productivo de los hidrocarburos en el nivel mundial.

En función de todo ello, y ante la necesidad de adoptar una mirada más comprehensiva de los procesos actualmente en marcha en materia de políticas energéticas, se estima imprescindible caracterizar brevemente los factores resultantes de la situación energética mundial que sirven de contexto a las decisiones tomadas por los distintos Estados nacionales.

Principales determinantes de la situación internacional

Uno de los principales interrogantes de la presente coyuntura es el nivel de desafíos de carácter estructural que la actual dinámica mundial —vista desde un punto de vista integral— está imprimiendo en el esquema de producción capitalista fuertemente imbricado con el paradigma fósil dependiente en materia de generación de energía, vigente desde hace más de 70 años.

En este aspecto, y al hacer referencia al carácter integral del análisis, nos encontramos con un escenario mundial cuya matriz productiva ha consolidado, por un lado,  la sobreexplotación de los recursos minerales y energéticos fundamentales para el funcionamiento de la economía mundial (particularmente los hidrocarburos como las fuentes más relevantes) y, por el otro, un escenario de creciente escasez de fuentes de recursos naturales no renovables, afectados estructuralmente por un ciclo extractivo trasnacionalizado que ha acelerado la dinámica fragmentaria y centrífuga del proceso sobreexplotación-escasez.

En segundo lugar, y ligado intrínsecamente al punto anterior, asistimos a una revalorización —leída en términos geopolíticos— de áreas geográficas del sistema internacional que son críticas tanto desde el punto de vista productivo —lo cual impacta directamente en los niveles esperados de oferta de recursos energéticos abundantes— como desde la problemática de la logística a gran escala de los recursos extraídos, sean éstos materias primas o insumos y/o bienes intermedios con niveles diferentes de valor agregado y procesamiento productivo (piénsese en los subproductos derivados del petróleo y del gas natural, así como también los de la industria petroquímica).

Esta arista de la coyuntura energética actual, ha sido uno de los factores clave que han operado detrás del conflicto entre Rusia y Ucrania en los últimos dos inviernos boreales de 2008 y 2009, ya que el enfrentamiento de fondo estaba y está vinculado a la problemática de la seguridad energética vista desde dos dinámicas centrales y simultáneas.

Por un lado, la confiabilidad en el abastecimiento de los recursos hidrocarburíferos como base material insustituible para la continuidad y profundización del ciclo productivo y, por el otro, la seguridad en el transporte de gran escala de los recursos energéticos, todo lo cual está cruzado, además, por la existencia de proyectos gigantescos de inversión en exploración, extracción, refinación, transporte y distribución de hidrocarburos que tienen su epicentro estratégico en la amplia región de Europa Central, los Balcanes y la región más alejada pero no menos crucial del Cáucaso.

En concreto, todo ese gran espacio euroasiático —que conforma el hinterland geoenergético más vasto y rico del sistema internacional— sigue constituyendo un área plagada de conflictos complejos en los que la problemática energética puede erigirse, potencialmente, en un factor desencadenante de una dinámica de enfrentamientos que reproduzcan condiciones aún más graves de inestabilidad político-institucional y económico-comercial-financiera, con impactos indudables en el orden mundial.

Por otra parte, desde mediados de 2008, comenzó a profundizarse un proceso de reversión de la tendencia alcista de los precios de los hidrocarburos y las materias primas, cuyos componentes centrales han estado crecientemente vinculados al juego especulativo que, en los grandes mercados mundiales, sirvió como vía de escape a la gran crisis financiera ligada al estallido de las burbujas bursátiles e inmobiliarias.

Esta situación sigue aún hoy impactando en las transacciones mundiales y regionales de los hidrocarburos y materias primas en general, ya que esta reversión de la tendencia en materia de precios no parece haber encontrado un piso definitivo en la valorización de los mencionados recursos.

Huelga decir que, en lo que respecta a la dinámica económico-comercial y financiera de los recursos hidrocarburíferos, la continuidad de esta creciente inestabilidad está impactando fuertemente en las proyecciones presupuestarias de muchos gobiernos que dependen estratégicamente de sus exportaciones de hidrocarburos.

Asimismo, otro de los sectores que están fuertemente comprometidos en términos de una visión prospectiva en materia hidrocarburífera, es el área de planeamiento de las inversiones de mediano y largo plazo que las principales compañías internacionales pretenden encarar.

En tal sentido, y ante la presión del escenario geopolítico ligado a la sobreexplotación-escasez y a los conflictos crecientes en áreas geoestratégicas del sistema internacional, se han acelerado, en los últimos años, los proyectos de inversión a gran escala en prospección y exploración en áreas off-shore en las principales cuencas productivas del mundo y en otras regiones que aparecen con proyecciones extractivas promisorias.

Como contrapartida de ello, buena parte de los yacimientos actualmente en explotación, afrontan una problemática estructural ligada a la declinación creciente de los niveles de reservas comprobadas (las realmente existentes) en los inventarios oficiales, lo cual impacta de manera cada vez más acuciante sobre los niveles de extracción necesarios para sostener la dinámica productiva mundial.

Por cierto, el avance y difusión de la crisis económico-financiera está impactando —de una manera que, dada la profundidad de la misma, es difícil predecir con precisión— tanto en la prospectiva de inversión en los grandes proyectos hidrocarburíferos como en los niveles de extracción esperables en los grandes jugadores globales, particularmente del petróleo y del gas natural, entre los se destacan los países miembros de la OPEP, que han consolidado una estrategia de férreo control de las cuotas de extracción a fin de frenar la tendencia bajista en los precios a partir de la difusión de la crisis económico-financiera y el consecuente estallido de las burbujas especulativas.

Finalmente, las empresas nacionales productoras de hidrocarburos, que constituyen un conglomerado de poder incuestionable en términos de su peso específico en el escenario geoestratégico de la energía a nivel mundial, han consolidado su rol en toda la cadena del mercado de los energéticos fósiles, desde los proyectos de exploración y extracción hasta las crecientes inversiones en infraestructura de refinación, transporte y distribución de los combustibles.

Es importante señalar que esta arista de la presente coyuntura, dominada crecientemente por el mayor peso de las compañías petroleras nacionales en lo que respecta a las decisiones estratégicas en el plano de las políticas energéticas, se ha consolidado a partir del rol planificador e interventor que, en materia económica, han tomado los gobiernos de países subdesarrollados ricos en términos de dotación de materias primas estratégicas.

En efecto, desde la Federación Rusa, pasando por potencias medias regionales de creciente influencia mundial como China, India o Brasil, hasta otros Estados nacionales que se proyectan como potencias intermedias de creciente peso geopolítico vinculado a los energéticos fósiles, como Venezuela, Irán, Indonesia, Malasia, Nigeria —por citar sólo algunos de ellos—, existe toda una corriente de transformaciones que tienen en los Estados nacionales al eje central del redireccionamiento de las políticas públicas vinculadas al aseguramiento del dominio y control de los recursos energéticos como fuentes estratégicas para el logro de un mayor margen de maniobra de esas sociedades, entendido éste no sólo en términos de mayor capacidad de poder e influencia, sino en clave de crecimiento económico sostenido y desarrollo social.

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Conclusiones

Se han analizado brevemente algunas determinantes centrales de la actual coyuntura energética mundial y, en ese contexto, la situación de los principales actores en el mercado del petróleo y el gas.

En ese sentido, uno de los primeros aspectos a señalar es la centralidad de la planificación geopolítica de los recursos energéticos y naturales en general, que se ha instrumentado a través de un rol más interventor y director de los Estados nacionales en lo que respecta al manejo y control de los recursos.

Pero, por otra parte, se han verificado por lo menos cuatro procesos que operan simultánea y hasta contradictoriamente en la dinámica integral de la puja por los recursos hidrocarburíferos.

Por un lado, el estancamiento en las inversiones en exploración y extracción de petróleo y gas y, por el otro, la saturación de la capacidad de refinación de buena parte de la industria hidrocarburífera debido tanto a la falta de inversión para aumentar la capacidad de oferta disponible de combustibles líquidos al compás del incesante aumento de la demanda como a la ausencia de inversiones necesarias para financiar la conversión tecnológica de los procesos de refinación para permitir el tratamiento de crudos pesados y extrapesados. Ciertamente, esta situación está hoy agudizada a partir de la emergencia de la crisis económico-financiera y comercial que está impactando- a través de la baja persistente de los precios de los hidrocarburos- en los proyectos de inversión tanto en las cuencas productivas ya existentes on shore como en los yacimientos off shore. 

En tercer lugar, el creciente debate sobre la solidez y viabilidad de alternativas de generación energética centradas, fundamentalmente, en los recursos naturales renovables, lo cual pone en el centro de la escena la problemática de la diversificación de la matriz energética como un objetivo estratégico planteado hoy por países desarrollados y subdesarrollados como por organizaciones internacionales como la ONU o la Agencia Internacional de la Energía —por citar sólo dos— e, indudablemente, por los mismos actores protagonistas del tablero energético mundial, entre los que debe contarse a las grandes empresas multinacionales y nacionales y los sectores productivos, académicos y técnicos directa o indirectamente vinculados al mundo de la energía.

Finalmente, se señala la intensificación de los conflictos por el acceso a los recursos energéticos y la posesión de activos de la industria hidrocarburífera en diversas regiones del mundo, situación que es la virtual contratara de la relevancia geopolítica y geoestratégica que la energía y los recursos naturales globalmente considerados tienen en la actual coyuntura mundial.

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