- Politica Nacional
- Artículo cargado el 14/07/2010 - 23:42
A propósito del matrimonio gay y otras demandas identitarias
Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano
Los impulsores del Frente Antiimperialista ligan las demandas de “reconocimiento” con la perspectiva globalmente emancipatoria del socialismo; evitan así que la rosca oligárquico-imperialista las utilice en su propio provecho al esterilizarlas y limar sus potencialidades.
Desde el punto de vista del socialismo, la contradicción central de la sociedad capitalista es la contradicción de clase. Esto implica que se subraye la explotación económica que sufren los trabajadores a manos de la burguesía, que se apropia del plusvalor. La contradicción nacional entre países opresores y países oprimidos no sería en última instancia algo diferente, puesto que es la ley del valor en escala mundial la que determina la asimetría entre ellos. Sin embargo, el capitalismo añade a la contradicción de clase, que se presenta fundamentalmente en la dimensión económica, otras contradicciones que operan en el plano cultural. Es aquí donde aparecen las cuestiones de género, las cuestiones étnicas (los “pueblos originarios”) y las cuestiones religiosas, entre otras.
Así como la contradicción de clase y la contradicción nacional derivada de aquélla generan como demanda social una “redistribución” (del ingreso en el plano de las clases, de la renta en el plano de las naciones), puesto que operan esencialmente en la dimensión material, las contradicciones inherentes al plano cultural, es decir, las cuestiones identitarias, generan como demanda el “reconocimiento”, ya que operan en gran medida en la dimensión simbólica (esto explica, por ejemplo, la disputa en torno al empleo de la palabra “matrimonio” para las parejas homosexuales).
“Minorías sexuales” y “pueblos originarios”
Por supuesto, para un socialista debería ser evidente que tanto la “redistribución” como el “reconocimiento” no podrán realizarse sin revolucionar la estructura socioeconómica en su conjunto, es decir, sin acabar con el capitalismo. Pero esto no quita que en el plano de las reivindicaciones inmediatas aparezcan “redistribución” y “reconocimiento” como demandas capaces de construir sujetos sociales y de movilizarlos. Esto es fundamental, puesto que incide directamente en las alternativas de la lucha de clases y en las posibilidades revolucionarias.
Ahora bien, luego de las derrotas de los setenta y del formidable retroceso de masas a que esa derrota dio lugar (tanto en Argentina y América Latina como en gran parte del mundo), asistimos a una situación novedosa: el régimen capitalista parece estar en condiciones de satisfacer las demandas de “reconocimiento” que se presentan en el plano cultural, sin que esa satisfacción (siempre relativa, por supuesto) implique satisfacer al mismo tiempo las demandas de “redistribución”. Eso se traduce en la situación siguiente: las “minorías sexuales” o los “pueblos originarios”, por ejemplo, pueden obtener hasta un reconocimiento legal de muchas de sus reivindicaciones no porque el “hombre viejo” del capitalismo haya sido sustituido por el “hombre nuevo” del socialismo, o porque exista una nueva moral o algo por el estilo, sino porque el relativismo ético y cognoscitivo, propio de una época de decadencia, encuentra en la “tolerancia” la manera de procesar socialmente, disfrazándolo, el desinterés egoísta por el prójimo.
“Reconocimiento” a favor del statu quo
La expresión “que cada uno haga de su culo un pito”, pronunciada por muchos de quienes aceptan el “matrimonio gay”, está indicando esta situación. El “derechohumanismo” es el marco ideológico más abarcativo dentro del cual el capitalismo legitima las demandas de “reconocimiento”. Y toda esta operación político-ideológica resulta funcional al mantenimiento del statu quo, ya que canaliza el conjunto de las contradicciones del sistema por una vía que no lo pone en peligro. De este modo, pueden coincidir en Buenos Aires la condición de ciudad “gay friendly”, casi “primermundista”, con bolsones de pobreza extrema propios del tercer mundo.
Si el análisis precedente es en lo esencial correcto, entonces se nos presenta el siguiente desafío: ¿debemos denunciar las luchas identitarias por ser ellas funcionales al statu quo y por desviar las energías populares que deberían dirigirse a cuestiones “prioritarias” como la contradicción de clase y la contradicción nacional? ¿O debemos aggiornarnos y convertirnos en posmodernos abanderados de las luchas de las minorías sexuales o de los pueblos originarios, proclamándonos defensores acérrimos de los “derechos humanos” y renunciar de ese modo a la perspectiva revolucionaria?
Ni una cosa ni la otra. El primer camino es el que adoptan ciertos nacionalistas que creen que en el siglo XXI la identidad nacional se constituye en torno a los mismos ejes que en el siglo XIX o XX (la religión católica, por ejemplo) o ciertos marxistas dogmáticos que hacen del “clasismo” un fetiche (aunque la mayor parte de estos están “aggiornándose” a ritmo acelerado, como producto de su naturaleza de clase pequeñoburguesa). El segundo camino que debe desecharse es el de quienes renuncian al socialismo y a la revolución por considerarlos “relatos” decimonónicos y pasados de moda.
Reconocimiento ligado al socialismo
Frente a ambas posturas, el desafío consiste en articular las demandas de “redistribución” con las demandas de “reconocimiento”, sin encorsetarlas en el derechohumanismo demoliberal, sino desplegando toda su potencialidad en la perspectiva del socialismo. Esto se traduce en lo siguiente: debemos mostrar la conexión íntima entre la reivindicación de la causa de Malvinas, la denuncia de la deuda externa, los reclamos de dar paso a la clase trabajadora, de conformación de un frente nacional, etc., con el apoyo a las demandas identitarias “particularistas”, como las “cuestiones de género”, de los “pueblos originarios”, etc. Debemos trabajar en esta dirección con la convicción de que si nosotros (es decir, el campo popular, los revolucionarios y los potenciales impulsores del Frente Antiimperialista) no asumimos las demandas de “reconocimiento”, y si no somos capaces de ligarlas con la perspectiva globalmente emancipatoria del socialismo, entonces la rosca oligárquico-imperialista las hará suyas y las utilizará en su propio provecho, esterilizándolas y limando sus potencialidades disruptivas al envolverlas en el chaleco de fuerza del “derechohumanismo”.
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Comentarios:
Pablo dijo:
Muy interesante y como decía Perón: ‘‘en la política siempre hay que sumar, nunca restar’‘.
Sin embargo y refiriéndome a lo siguiente:
‘‘el desafío consiste en articular las demandas de “redistribución” con las demandas de “reconocimiento”, sin encorsetarlas en el derechohumanismo demoliberal, sino desplegando toda su potencialidad en la perspectiva del socialismo.’‘
Si pero hay un problema y es que una minoría identitaria puede pertenecer a clases sociales opuestas; o sea por ejemplo un gay puede ser el principal accionario de una empresa como también puede ser un obrero de la misma.
Entonces es difícil articular las reivindicaciones de las minorías identitarias para emplear su fuerza con la perspectiva del socialismo.
Por supuesto dichas reivindicaciones deben ser tenidas en cuenta.
Enviado el 17/07/2010 a las 23:13
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