Brasil, al convertirse en acreedor del FMI e incrementar sus votos en el Banco Mundial (BM), se ha asociado a las naciones opresoras que estrangulan a las naciones oprimidas. El FMI y el BM organizan, monitorean y vigilan el orden mundial que imponen las grandes potencias. Son la parte informal del gobierno de EEUU y eficaces centinelas del Consenso de Washington, instaurado al disgregarse la URSS. Son, junto con la Organización Mundial de Comercio (OMC), los “fieles perros guardianes” del imperialismo (Atilio Borón).
La construcción de un amplio Frente Nacional de todas las fuerzas antiimperialistas constituye el principal problema del campo popular. La última expresión de este tipo de construcción político-social murió con su fundador, tres décadas atrás. Lo que sucedió desde entonces ha sido la lenta degradación del movimiento que, apoyado en las grandes masas populares, abrió el camino de la Argentina industrial durante las dos primeras presidencias del general Perón, encarnó la reivindicación democrática de soberanía popular durante 18 años de dictaduras y democracias proscriptivas, y finalmente, recuperó el poder cuando ya las condiciones del programa nacional burgués que se proponía llevar a la práctica, encerraban contradicciones que no estaba en condiciones de afrontar. De esta degradación política dan cuenta los últimos gobiernos justicialistas; el de Carlos Menem haciéndose cargo de los intereses del capital financiero internacional y de los negocios derivados de la privatización de las empresas públicas; los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, ajustando su política a las exigencias de grupos exportadores ligados a la gran minería, el petróleo, la agroindustria y las industrias básicas. En todos los casos el Partido Justicialista en el gobierno reflejó el balance de poder establecido, sea cual fuera éste, en la cúspide de los círculos dominantes.
En América Latina estamos protagonizando uno de los procesos históricos y geopolíticos más importantes desde la Guerra de la Independencia. La coincidencia de regímenes enfrentados contra el poder imperial y dominante de Estados Unidos, la nueva configuración internacional a través de bloques regionales fundados en reivindicaciones culturales, económicas, religiosas e históricas y la emergencia de nuevas potencias económicas en los distintos continentes hacen a la formación de un contexto que producirá efectos durante el presente siglo.
En tiempos previos a la contrarrevolución de Marzo de 1976 impulsada por el imperio y sus lacayos antinacionales, un burócrata tocaba el suelo del sindicato bancario por primera vez. Este supo practicar la política del camaleón al detalle mostrándose cerca de los gobiernos en la dictadura como también en la etapa alfonsinista y menemista. Supo hacer oídos sordos a los reclamos de los trabajadores cuando sus salarios se desintegraban; mucho más aun, cuando centenares de compañeros bancarios, en plenas privatizaciones menemistas, fueron despedidos sin causa alguna.
La confrontación esencial en los comicios presidenciales del 6-XII no se dará entre el MAS y sus principales opositores, escasos de propuestas y relacionados con separatistas, dictadores y neoliberales, que sólo parecen decir “vota contra Evo”, como muestra de racismo. La pugna más dura aparece dentro del oficialismo, entre ultra indigenistas y defensores del Estado nacional. El ultra indigenismo impuso en Oruro (X-2008) su proyecto de Constitución, que borró las palabras república y nación boliviana, restituidas después por acuerdos con la oposición, la que, a cambio, tuvo que aceptar la nueva postulación de Evo.
Se trata de desplazar el centro de gravedad de la lucha política fuera de las prácticas institucionales tradicionales; de establecer una firme unidad entre esa lucha y los movimientos de resistencia social; de volcar toda la energía militante hacia la construcción de una voluntad colectiva nacional-popular; de levantar el programa y las ideas que encarnen en las capas mas profundas y explotadas del pueblo trabajador en abierto desafío al discurso del “sentido común” dominante; de construir de abajo hacia arriba un gran frente nacional-antiimperialista para poner fin a más de tres décadas de contrarrevolución.
Desmontar la trampa significa reconocer que en el nivel individual la violencia política y social es una tragedia, pero que en el nivel histórico y social, de que se trata es de divisar cuál es el contenido de esa violencia, a fin de tomar partido a un lado y otro de la barricada.
La última reunión de los presidentes del UNASUR, en relación a las bases militares de EEUU en Colombia, planteó un problema que para los políticos argentinos es inexistente: la concepción de Defensa que debe tener un país periférico como la Argentina y el papel que sus FFAA deben cumplir.
Luego de la causa abierta por Alejandro Olmos contra Martínez de Hoz, Mario Cafiero consiguió que la cuestión de la deuda externa volviera a estar en la mira de la justicia. Pero esta vez lo que está el tela de juicio no es sólo su carácter fraudulento, sino la vinculación existente entre esa deuda y los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura. Vale decir, están en el foco de la acusación banqueros, organismos internacionales, gobiernos, que financiaron el terrorismo de Estado. En el diálogo que reproducimos, Mario Cafiero aborda este asunto.










