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  • Artículo cargado el 28 de agosto de 2007

¿Elecciones, lucha armada o nihilismo político?

JORGE ABELARDO RAMOS

Días atrás el ministro del Interior, doctor Arturo Mor Roig, aseguraba en rueda de prensa que aceptaría dialogar con partidos de orientación marxista. Y mientras este “desliz” provocaba algunas reacciones en esferas gubernamentales, el guante era recogido por el Partido Socialista de la Izquierda Nacional, al solicitar su secretario general, Jorge Abelardo Ramos, una audiencia con el atareado ministro.

Hasta el momento, a pesar de los días transcurridos, Mor Roig, no ha dado contestación alguna al ascendente partido de izquierda, creando una mayor expectación entre los observadores políticos.

La situación planteada, de la que no se conocen antecedentes en nuestro país, obliga a un diálogo con sus protagonistas. En este caso ofrecemos la entrevista mantenida por “El Cronista” con el secretario general del mencionado partido, Jorge Abelardo Ramos.

Historiador y autor de numerosos ensayos políticos, Ramos ingresó en la vida política en 1939, cuando junto a un grupo de marxistas participó en la creación de la revista “Inicial”. Posteriormente se editó “Frente Obrero”, desde donde se declaraban opositores a la “guerra imperialista” —como denomina el PSIN a la Segunda Guerra Mundial— y por la no intervención de la Argentina en esa conflagración. Tiempo después, el mencionado grupo —donde sigue militando Ramos— publica la revista “Octubre” siendo la única tendencia izquierdista que apoya las movilizaciones del 17 de octubre de 1945 y otorga un apoyo crítico a Perón.

Lo que habría de ser el sello distintivo de Abelardo Ramos se gesta precisamente durante esa etapa: el intento de sintetizar el socialismo con la tradición nacional. Durante la época peronista ingresa al Partido Socialista de la Revolución Nacional (auspiciado por Perón, procurando orientarlo hacia una posición nacional e independiente. Es precisamente en esta época que Jorge Eneas Spilimbergo —actualmente uno de los principales ideólogos del PSIN, se liga al activo militante que hay en Ramos.

Durante los primeros meses de la llamada Revolución Libertadora editan “Lucha Obrera” que alcanza una tirada de 100.000 ejemplares. Finalmente, el entonces ministro del Interior, Eduardo Busso, disuelve el PSRN.

Por fin en 1962, Ramos, Spilimbergo y otros veteranos activistas, junto a un grupo de jóvenes provenientes del Partido Socialista de Vanguardia, crean el Partido Socialista de Izquierda Nacional. El periódico “Lucha Obrera” nuevamente gana la calle, y además se edita como órgano teórico del partido la revista “Izquierda Nacional”.

Abelardo Ramos y demás ideólogos del PSIN se destacan entre el resto de la izquierda argentina por la frondosa producción de ensayos donde se da una interpretación marxista de nuestra historia y la de América Latina toda. Al respecto cabe señalar la ascendencia de Ramos en los sectores izquierdistas de Bolivia, donde también hay antecedentes de una izquierda nacional.

El diálogo con Abelardo Ramos se inicia, obviamente, con la siguiente pregunta:

P. —Ha llamado la atención en círculos políticos que ustedes pidieran una audiencia al ministro del Interior, doctor Mor Roig, puesto que se trata de un partido marxista. ¿Puede explicarnos el por qué de tal pedido?

R. —El ministro del Interior declaró a los periodistas, la semana pasada, que estaba dispuesto a escuchar el pensamiento político de los partidos marxistas que existen en la Argentina. Creemos ser el único partido inspirado en el pensamiento de Carlos Marx. También somos deudores de las enseñanzas de Lenin, Trotsky, Bolívar, San Martín y Artigas. Esas son nuestras fuentes. Si el ministro está dispuesto a hablar con los marxistas, nosotros también estamos dispuestos a hacernos escuchar en todos lo lugares donde ello sea posible.

—¿Piensan tratar con el ministro algún tema reservado?

—Todo lo que diremos al ministro puede ser oído en toda la República y será oído. Pues muestro propósito es exigir una amnistía inmediata para los guerrilleros de Salta y Taco Ralo, para los detenidos y condenados por actos de terrorismo y para todos los presos políticos y sociales. Ellos entregaron su existencia a un ideal de emancipación argentina, y aunque no compartimos sus métodos, si el gobierno desea, como lo dice, una era de pacificación debe empezar por allí y no por otra parte.

También afirmaremos nuestra posición en el sentido que la proclamada restauración de las libertades democráticas debe comenzar por la eliminación de todo obstáculo jurídico y legal para el regreso inmediato a la patria del general Perón. Sin el cumplimento de estas dos medidas, no habrá comienzo de pacificación en el país.

—¿Quiere decir todo esto que el Partido Socialista de la Izquierda nacional que afirma su condición de partido marxista no comparte los métodos violentos?

—Todos los partidos políticos y todas las clases sociales según las circunstancias aquí y en el resto del mundo, han empleado o emplean la violencia para conseguir sus respectivos fines políticos. Aún la Iglesia Católica, según muchos teólogos, admite la violencia y hasta el “regícidio”. Los actuales gobernantes de la Argentina, desde 1966, no han hecho otra cosa que emplear la violencia para adueñarse del poder: luego lo han ejercido para imponer su política económica y últimamente para reemplazar a dos de sus jefes iníciales. Esto quiere decir que aquellos que abominan de la violencia lo hacen únicamente porque ya son suficientemente fuertes para desecharla o aún demasiado débiles para emplearla. Tal discusión es abstracta. Lo que realmente importa para un político revolucionario es saber cuando es políticamente oportuno esgrimir la fuerza. A mi juicio, y desde un punto de vista general, naturalmente, la violencia sólo es legítima cuando es colectiva, por ejemplo en el 25 de mayo de 1810 o, ya que estamos en mayo, el 29 de mayo de 1969, en Córdoba.

Log marxistas rechazamos la violencia individual o de los pequeños grupos que actúan al margen de las movilizaciones populares. Pero hay una gran distancia moral, para nosotros, entre esos grupos que emplean la violencia con la ilusión de redimir a la Argentina por esos medios y aquellas fuerzas armadas pagadas por el Estado que la utilizan para sostener a Krieger Vasena en su política de infame entrega al imperialismo extranjero.

—¿El PSIN ha elegido el camino electoral para lograr sus objetivos?

—No, en modo alguno; los comicios, como el estudio de la realidad del país, el combate por la democratización sindical, la acción universitaria y la propaganda del programa socialista revolucionario, son otras tantas formas que asume nuestra actividad. Así, tenemos la absoluta convicción de que en cierto momento, para conquistar y defender el poder obrero y popular por el que bregamos no habrá otra salida que la lucha armada del pueblo argentino, como ya lo hizo en tantos momentos de nuestra historia.

—A propósito de historia. Usted es autor de diversas obras donde se analiza nuestro pasado, pero una de ellas, “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”, que abarca desde la España Imperial hasta la caída de Onganía, ha obtenido un éxito editorial inesperado. ¿A qué obedece esto?

—Se trata, en realidad, de la cuarta edición. Actualmente está saliendo en cinco pequeños tomos, y, en efecto, se han impreso ya 20.000 ejemplares. Pienso que la juventud, y aun las generaciones conflictivas que entran a la vida política en 1945 o después, necesitaban una nueva versión de la historia nacional, desde la Revolución de Mayo hasta hoy, pues sólo en el esclarecimiento de las corrientes históricas podían inteligir el arduo presente. Es así corno la historia, “maestra de la vida”, ayuda a comprender y comprendernos.

—El PSIN proclama desde hace tiempo estas cinco banderas: soberanía política, independencia económica, justicia social, gobierno obrero popular y Estados Unidos Socialistas de América Latina. ¿A qué de debe esta combinación de consignas peronistas con otras dos de diferente extracción?

—Las tradicionales tres banderas del peronismo representan lo que podríamos llamar banderas nacionales y democráticas y abarcan por su amplitud las aspiraciones de otras clases sociales, además de la clase obrera. El gobierno obrero y popular supone que sólo un gobierno de ese carácter puede garantizar la vigencia y perdurabilidad de las tres primeras. Los Estados Unidos Socialistas de América Latina significa replantear desde la óptica socialista del siglo veinte la reconstitución de la Patria Grande de Artigas, San Martín y Bolívar.

En otras palabras, la experiencia cotidiana indica que ningún gobierno popular o socialista de América Latina puede permanecer en el poder y garantizar un incesante aumento del nivel de civilización para su pueblo sin vincular sus economías, sus sistemas defensivos y su política exterior en el marco de una Confederación de Estados. De otra manera el eterno ciclo de revolución–contrarrevolución se remida es vencida desde afuera o se pudre por dentro. La antigua balcanización o fragmentación debe ser sustituida por la hermandad política y económica de América latina, ya no mera figura retórica, sino urgente necesidad de nuestros días.

—¿Cree usted que la salida constitucional ofrecida por el presidente Lanusse es honesta?

—La actitud del general Lanusse de iniciar una política con vistas a los comicios está dictada por la necesidad. En otras palabras, no tiene más remedio. De no haberse producido los levantamientos populares en provincias, que desde 1966 se suceden sin interrupción, el general Lanusse visitaría cada semana en su despacho de la Casa de Gobierno a su jefe el presidente Onganía, para rendirle el tributo de su admiración ilimitada. Fueron las movilizaciones y la cólera del pueblo las que determinaron la caída de Onganía y Levingston y el hundimiento completo de la llamada Revolución Argentina.

La situación del general Lanusse se podría sintetizar diciendo que como no pudieron hacer una contrarrevolución ni pudieron hacer una revolución, no les queda otro camino que llamar a elecciones. Pero llamar a elecciones supone negociar con Perón. En este sentido la sinceridad de Lanusse es absoluta. Naturalmente que, llegado a este punto, tratará de dar al pueblo lo menos posible.

“En efecto, se atribuye a Onganía la dirección de este intento, y si debemos juzgarlo a partir de sus últimas declaraciones, donde dijo estar dispuesto a asumir sus responsabilidades, tal proyecto, por insensato que sea y ridículo que aparezca su patrocinador, podría tener comienzos de realidad. Al fin y al cabo la historia universal se complace muchas veces en empujar al primer lugar de la escena a personajes burlescos, una y otra vez, a falta de otras mejores, hasta que los hunde bruscamente en la sombra de donde los extrajo por un momento Onganía es la personificación de uno de los períodos más oscuros de la historia contemporánea, el período de la capitulación total ante el capital extranjero y de destrucción del nivel de vida de la clase obrera y de las clases medias. Es preciso remontarse a la década infame del general Justo para encontrar analogías elocuentes. Su regreso al poder pondría inmediatamente a la orden del día la necesidad de organizar un levantamiento armado de pueblo contra la resurrección de su régimen funesto”.

(1971)

Notas:

El presente reportaje fue llevado a cabo en momentos en que un presunto golpe de Estado era vaticinado en distintos sectores de las fuerzas vivas, atribuyéndolo a la inspiración de Onganía. Tal la interpretación de Jorge Abelardo Ramos en relación con ese hecho.
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