El tercer gobierno K comenzó con lucha por el control del movimiento obrero
La tensión existente entre el gobierno y el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, se ha convertido en uno de los rasgos salientes del cuadro político poselectoral. El último de los cruces protagonizado por Pablo Moyano, secretario adjunto de Camioneros, no dejó duda alguna sobre el giro que ha tomado la relación entre el kirchnerismo y el jefe de la central obrera. Moyano hijo advirtió “hasta acá se llegó”. A continuación hizo referencia a la resistencia de la Casa Rosada a aumentar el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias que afecta al salario, con un comentario terminante: “Es una vergüenza y da bronca que se cobre un impuesto al trabajo. Vamos a reclamar de la forma que tenga que ser. Somos consecuentes, no obsecuentes”.
Es un hecho que el gobierno no lo quiere al jefe de los camioneros al frente de la CGT y que ha puesto en marcha un plan de relevo que tiene como entusiastas impulsores a los denominados Gordos, un núcleo de burócratas archicorrompidos, cómplices incondicionales de la política antiobrera que desarrolló el menemismo en los 90’ y luego la Alianza hasta que estalló la crisis de diciembre de 2001. La CGT encabezada por Moyano ha sido una pieza fundamental en el sostenimiento del gobierno kirchnerista, especialmente tras sus derrotas ante el bloque agrario y el Grupo Clarín en 2008 y frente a la oposición en las elecciones de 2009. Lo ha sido también en el mecanismo de fijación del salario en un nivel compatible con la prosperidad de los negocios de la burguesía y la reproducción del “modelo productivo”. Sin embargo, Moyano había alcanzado un grado considerable de poder y tenía la idea de seguir avanzando. Por ejemplo, quería ubicar a uno de sus hombres como segundo en la fórmula presidencial; pretendía asimismo obligar a las empresas a que distribuyesen parte de sus ganancias y abrieran a los dirigentes sindicales sus libros contables, alternativa que pone muy nerviosos a los sufridos patrones. Cuando Pablo Moyano dice “somos consecuentes, no obsecuentes”, está indicando claramente que el apoyo al gobierno tiene un precio, que hay una negociación de por medio, que en definitiva ese apoyo forma parte del equilibrio que Néstor Kirchner construyó bajo su gobierno con los sindicatos y la burguesía industrial para desarrollar una política de corte desarrollista.
Para Cristina Fernández las pretensiones de Moyano, especialmente tras el resultado del 23 de octubre, se han vuelto excesivas. De ahí la decisión de desplazarlo de la titularidad de la CGT. Sin embargo, la maniobra no pasa de ser el recambio de una burocracia por otra, con el agravante que “lo nuevo” incluye lo más podrido de la rosca sindical. ¿La promoción de Andrés Rodríguez o de Lingneri, la resurrección de West Campo, Gerardo Martínez, Lezcano o Cavalieri, todos ellos cómplices de las infames “reformas laborales” de los gobiernos de Menem y De la Rúa, constituye el primer paso de la llamada “profundización del modelo”?
Qué encierra la lucha por el poder
Moyano sabe que la clase trabajadora tiene reivindicaciones pendientes (derogación del impuesto al salario, aumento de las asignaciones familiares, negociación salarial sin topes, etc y otras, como la democratización de los sindicatos, que él no menciona) y parece decidido a apoyar su línea de resistencia sobre esos puntos de tensión en la relación Estado-sindicatos. También sabe que se avecinan ajustes inevitables para compensar los desequilibrios de la política económica y con ellos una mayor puja por la distribución del ingreso entre los trabajadores y la burguesía. Encerrado en la lucha por el poder dentro de la CGT, lo que en el fondo se dirime en la disputa entre las distintas fracciones sindicales es la política que ha de seguir el movimiento obrero ante el Estado tras el advenimiento de un nuevo período presidencial. Los enemigos de Moyano ya han dado muestras inequívocas de su disposición a ponerse a las órdenes del gobierno para lo que sea. Están ampliamente calificados. En los años 90’ y hasta fines del 2001 se acostumbraron a hacer el trabajo sucio que les exigían los funcionarios y las patronales y fueron generosamente recompensados.
Moyano, por su parte, ha dado señales de su decisión de dar pelea. ¿Hasta dónde está dispuesto a sostener la puja que mantiene con el gobierno de Cristina Fernández? Desde hace un tiempo Moyano viene sosteniendo la necesidad de “profundizar el modelo”. Es bueno que tenga en cuenta que este modelo se sostiene en base al nivel excepcional de los términos del intercambio, producto de los altos precios internacionales de los productos primarios, mientras mantiene intactas las estructuras de un capitalismo dependiente, fundado en la privatización de las empresas estatales, la enajenación de los recursos naturales a favor de las corporaciones extranjeras y la apertura de la economía al capital financiero internacional.
Hablar de profundizar en el sentido que pueden darle clase obrera a este término significa poner en cuestión esos fundamentos y, a la vez, formular un programa que constituya un giro radical tomando puntos de apoyo en la nacionalización del sistema bancario y del comercio exterior, y afirmando un rumbo autocentrado a través de la planificación democrática de la economía. Mientras tanto las grandes masas obreras y populares seguirán apoyando al gobierno; lo harán hasta que el ciclo kirchnerista alcance sus límites. Cuando esa hora se acerque se hará presente, no sólo para los cuadros avanzados, la necesidad de conquistar una posición independiente y formular una política de Frente Nacional Antiimperialista, superadora del nivel histórico que el peronismo alcanzó seis décadas atrás.
-
- GABRIEL dijo: 05/12/2011 a las 00:53
-
Era de atenerse a este conflicto dada la dialéctica de la lucha de clases, es decir; Moyano por un lado tiene la presión de las reivindicaciones obreras y por el otro la presión de la burguesía del capitalismo dependiente.
La burocracia sindical no se puede mantener en su lugar si no accede aunque sea a algunas demandas obreras, eso Moyano lo sabe.
Ahora bien, cuando el contexto económico ya no le sea favorable al kirchnerismo, la presión sobre los sindicatos se hará cada vez más grande. Podrán sacar a Moyano y poner alguien más servil al gobierno, pero este es un camino sin salida para el kirchnerismo, los conflictos no harán más que acentuarse. Sin revolución nacional, los parches que coloca el gobierno semi-colonial para que no se produzcan estallidos, para tranquilizar a la pequeña burguesía que salió a las calles en el 2001, serán insuficientes o imposibles de aplicar cuando el cuadro económico internacional ya no le sea favorable.
-
- damian dijo: 18/12/2011 a las 18:50
-
La burocracia no se mueve por la defensa de los intereses de los trabajadores, sino por la pérdida de sus prevendas, y es en ese tire y afloje donde se vale de los laburantes (como hace el gobierno) para el triunfo de su posición, pero la pregunta sería. En este contexto ¿no sería mucho mas productivo para los laburantes apoyar a moyano, al tiempo que inclinar la balanza mas hacia la izquierda? Digo esto porque debemos tomar posición al respecto con todas las críticas que sean necesarias…
-
- Matias dijo: 18/12/2011 a las 20:02
-
Comparto como cierta tu apreciación Damián. Pero también la burocracia sindical debe lograr cierto ascendente sobre sus propias bases sino puede perder su conducción. En el discurso de Moyano, de la semana pasada, casi no hay menciones de las prebendas que podría perder, lo presenta como un enfrentamiento del sindicalismo y el gobierno basado en intereses de los trabajadores. En ese sentido hay que laburar agitando sobre las bases, sin dejar de decir lo que representa la burocracia sindical, porque lo que se presenta en la palestra política parece un enfrentamiento capital-trabajo, que puede dar la oportunidad de construir una alternativa independendiente en el movimiento obrero.




