• MARXISMO
  • Artículo cargado el 1º de diciembre de 2006

La competencia interimperialista: contradicción fundamental
de nuestra época

ERNESTO CEBALLOS

Este artículo de Ernesto Ceballos (1928-2000), publicado como folleto en junio de 1991, ofrece un panorama de la nueva situación que atraviesa el sistema capitalista mundial. A pesar del tiempo transcurrido, conserva una notable actualidad. Ceballos fue uno de los fundadores de la Izquierda Nacional en la ciudad de Córdoba, y uno de los publicistas más sobresalientes de la corriente.

Los acontecimientos mundiales de los dos últimos años (integración EEUU-Canadá; Pacto de Malta; occidentalización creciente de la URSS; guerra del Golfo; virtual absorción de México por EEUU) han llevado al generalmente desinformado lector argentino a la terrorífica convicción de que el imperialismo yanqui es el dueño del mundo, de que no tiene prácticamente contradictores, de que su voluntad es ley en todo el planeta. La operación “guerra del Golfo” en la que probablemente la CIA ha tenido que ver más de lo que a primera vista puede suponerse, ha confirmado esta convicción: los EEUU son los matones del mundo, absolutamente imparables, y en consecuencia nada puede hacerse contra ellos. No podría encontrarse forma más efectiva de hacerle el juego al imperialismo que esta visión terrorífica, aún cuando generalmente vaya acompañada de una íntima maldición.

¿A quién le importa la cuestión internacional?

No faltarán nacionalistas, fervientes patriotas que considerarán inoportuno o despreciable ocuparse de los problemas internacionales. “Somos argentinos, dirán, somos latinoamericanos y no nos interesa lo que ocurra en Europa, en la Unión Soviética, o en otras partes tan lejanas del planeta. Desde aquí, con nuestras fuerzas, libraremos la batalla contra el imperialismo y reconquistaremos nuestra Patria”.

Admirable sentimiento sin duda, ya que sin patriotismo nada podremos hacer por la liberación nacional. Pero no debemos olvidar las enseñanzas de la Historia. Desde 1810 en adelante el proceso de revolución nacional en América Latina ha estado vinculado a las luchas entre las grandes potencias, entre los imperios. La misma revolución hispano-americana del año X se desencadenó por el conflicto entre Napoleón I y España: “Juntas de Gobierno” como en España pidieron los criollos latinoamericanos; Juntas como en la España ocupada por los franceses. En este siglo, ya en la era del imperialismo, Yrigoyen accede al poder en plena guerra mundial interimperialista; años más tarde se produce el golpe militar del 4 de junio que desaloja del poder a la oligarquía, en plena segunda guerra mundial interimperialista y es, asimismo, en el marco de la postguerra, con una Inglaterra formalmente victoriosa pero sin Imperio cuando se produce el 17 de octubre de 1945 y el triunfo del peronismo. La industrialización argentina se había desarrollado entre tanto a partir de 1934 en el marco de la mayor crisis económica mundial. Pero tengamos en cuenta también que nuestro actual receso económico y político no es solamente argentino, ni aun siquiera solamente latinoamericano, sino que es común a todos los pueblos que hasta ayer podíamos llamar “tercer mundo”, es decir, a todos los países coloniales, semicoloniales y neo-coloniales. Esto obedece, deberá admitirse, a causas mundiales y no solamente a la traición de un Menem o de un Salinas de Gortari. Es preciso, entonces, conceder alguna atención a la situación mundial.

La producción relativa, condición inherente al sistema capitalista

En el siglo pasado, y aún bastante avanzado el presente siglo, los obreros y empleados de los grandes países capitalistas eran pobres, muy pobres: en Alemania, Francia, Italia, Holanda, en Japón y aun en los EEUU. Era fácil darse cuenta de que la pobreza de los trabajadores era correlativa a la riqueza de los capitalistas, que acumulaban a costa de la miseria de los asalariados. Esa era la causa de la expansión creciente de la masa de capitales, de la expansión creciente de mercaderías; pero al mismo tiempo la capacidad de absorción de esas mercaderías por el mercado interno del país en cuestión —Francia por ejemplo— mercado integrado en alta proporción por los asalariados, disminuía. ¿Cómo solucionó el capitalismo el problema del excedente? En parte por las guerras, el armamentismo, por el despilfarro de actividades improductivas. Pero, fundamentalmente, por la incorporación al sistema capitalista de los países subdesarrollados, países que hasta entonces habían estado excluidos del mercado mundial. Estos países, los países sin historia, los países marginales, fueron sistemáticamente saqueados en los siglos XIX y XX por los grandes países avanzados: primero en sus materias primas y luego, que es la etapa actual, también en su fuerza de trabajo. Fueron organizados como mercados para la producción de manufacturas de los países avanzados, como mercados para los capitales financieros de esos países, como mercados para las inversiones directas y luego como suministradores de mano de obra barata. Y este último ha resultado ser el mayor “aporte” de los pueblos colonizados a la estabilización del capitalismo: los salarios de hambre (o casi podríamos decir de muerte) de México, la India, Indonesia, Brasil, Filipinas, Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto, Bolivia, Medio Oriente, Africa en su totalidad, América Latina en su totalidad. Esta es hoy la razón de la supervivencia del capitalismo en Europa, Japón y los Estados Unidos, la masa de plusvalía de los pueblos periféricos que con su aporte de trabajo equilibran día por día las cuentas y el despilfarro del sistema capitalista de las sociedades opulentas.

Este proceso fue descripto y analizado por pensadores geniales de este siglo: Lenin, Hilferding, Rosa Luxemburgo, Sweezy, Trotsky, Baran, Samir Amin y otros.

El reparto del mundo parece haberse completado. Los pobres han desaparecido, o por lo menos se disimulan en los países capitalistas más avanzados. Los países periféricos, por el contrario, han caído en la miseria total. Los argentinos vamos por el mismo camino, lo cual merece las más calurosas felicitaciones del presidente de los EEUU a Menem. Pero, ¿termina todo aquí? ¿La lucha por el reparto de la renta mundial, por el reparto de la ganancia mundial está concluida?

Los países imperialistas se disputan sus propios mercados internos

Al mismo tiempo que los 4000 millones de habitantes de los países subdesarrollados subsisten en la mayor miseria, la productividad del trabajo es mayor, la acumulación es mayor. El excedente crece vertiginosamente, desproporcionadamente en relación a los salarios reales de los productores reales, que en alta proporción son trabajadores coloniales y neocoloniales.

La producción en el sistema capitalista no está destinada en última instancia a satisfacer las necesidades sustanciales del ser humano, tiene como fin el cambio de dinero, su realización como mercancía aunque esto signifique la muerte del hombre como en el caso de las armas o las drogas. Esta producción irracional está llegando al límite compatible con el sistema, y esto se pone en evidencia por el hecho, fundamentalmente nuevo, de que los grandes países avanzados están disputándose recíprocamente sus mercados internos. El mundo parecía estar repartido, y el Pacto de Malta que reemplazó al Pacto de Yalta, podría dar a entender que se ha llegado a un acuerdo a largo plazo. Pero no es así, el nuevo pacto no será secular, por el contrario, está traicionado de antemano: los japoneses invaden Francia y toda Europa con sus mercancías producidas a menor costo que si hubiesen sido fabricadas por robots. El reciente cambio de gabinete en Francia tiene por objetivo principal parar la ofensiva japonesa, que amenaza en realidad a todo el Mercado Común Europeo. No es un secreto, por otra parte, la penetración de los japoneses en el mercado automotriz de los EEUU, así como en la electrónica, electrodomésticos, instrumental médico. La base geopolítica del Japón es bastante amplia: todo el Asia del Pacífico.

Si el salario de los trabajadores japoneses es menos de una tercera parte del salario norteamericano, a su vez el salario de un obrero de Tailandia, Filipinas, Indonesia o Malaya está situado entre el 5 % y el 10 % del de un trabajador de Tokio. Y no se crea que los asalariados del Sudeste asiático son solamente los “campesinos” del Japón, son los obreros de la industria electrónica, de la industria de autopartes, de la industria textil, de los que trabajan en la fabricación de fotocopiadoras y televisores, etc., de capitales japoneses. Sin duda ni Japón, cuya “variable independiente”, cuya “ventaja natural” han sido siempre los bajos salarios, no entrará en el mundo del superconsumo, como tampoco lo harán los trabajadores del Asia del Pacífico. De manera que el excedente aumenta y la contradicción entre salarios pagados y valores o precios de ventas finales se hace cada vez mayor, las mercaderías producidas cada vez en mayor cantidad y con mayor facilidad son cada vez más difíciles de colocar. Esta es la causa objetiva de los movimientos de interpenetración de los mercados de los grandes países capitalistas avanzados.

No faltará, a la altura de esta digresión, quien diga: “¡Chocolate por la noticia! Este señor ha descubierto la competencia interimperialista. Si lo sabíamos desde la época del descubrimiento de América.” Sí, pero me permito observar que la competencia intrerimperialista del siglo XIX, de los años de la Primera Guerra o de la Segunda Guerra Mundial y sus respectivas postguerras, es cuantitativa y cualitativamente distinta de la de hoy, ya que el campo de batalla se ha trasladado a las propias metrópolis imperialistas. Este es el hecho nuevo y de vertiginoso desarrollo.

La integración de la URSS a Europa

Una de las alternativas de esta lucha por la realización de las mercancías se está librando en la URSS. Presentada como una lucha ideológica y política (que sin duda lo es), este aspecto no agota ni mucho menos los términos del proceso. Se trataría a primera vista de la alternativa histórica entre socialismo y capitalismo. Para afirmar esta disyuntiva tendríamos que aceptar toda una serie de dogmas propalados durante décadas por el stalinismo pero negados por el método marxista y por la dialéctica hegeliana.. Tendríamos que aceptar que el stalinismo y los epígonos que lo continuaron ha sido socialismo de buena ley: tendríamos que aceptar la viabilidad del “socialismo en un solo país” negado por Lenin a partir de El Estado y la Revolución. Tendríamos que renegar de la necesaria escala mundial de la “revolución socialista” sostenida por los revolucionarios de 1917 y confirmada precisamente —en forma trágica— por la restauración capitalista que se está operando en la URSS. Pero dejando a un lado, por hoy, esta cuestión tan importante, consideremos los cambios en la URSS desde el punto de vista de la competencia interimperialista. Tal como se están desarrollando los hechos, la URSS va camino a integrarse con Europa, lo mismo que los países eslavos de Europa Oriental, con muy buena recepción por parte de los países europeos occidentales, en tanto es notable la hostilidad de EEUU a esta integración. Inclusive la perspectiva de una “panEuropa integrada” está modificando la tradicional política proestadounidense de Inglaterra. Afiliada al reciente Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, la URSS recibirá en lo inmediato créditos de Alemania por 18.000 millones de dólares, además de otros créditos menores de Francia e Italia. La Nueva Europa que está surgiendo de estos acuerdos (un mercado de 800 millones de habitantes) significaría la utilización por parte de los monopolios europeos, fundamentalmente alemanes, de la mano de obra barata de los trabajadores de la URSS, polacos, húngaros, rumanos, checoslovacos, etc. y una inversión de capitales europeos también, fundamentalmente alemanes.

Los suburbios del mundo se instalan en las metrópolis

Brutales contradicciones sacuden a los países imperialistas. Atrapados por la competencia recíproca, se ven obligados a llevar a las propias metrópolis a los desarrapados obreros coloniales. ¿Cuál será, si no, la razón de que millones de argelinos, tunecinos, turcos, etc se hayan instalado en Francia y demás países europeos, de que haya millones de birmanos y sudorientales en Inglaterra, de que vivan decenas de millones de latinoamericanos en EEUU? La razón de su presencia en estos países altamente desarrollados es el salario de hambre que les pagan, pero al mismo tiempo estos “condenados de la tierra” se instalan en las grandes metrópolis con sus familias, tienen hijos, se rebelan… Ya, al mejor estilo “sudaca”, la policía de París está asesinando a los jóvenes estudiantes universitarios franceses de ascendencia árabe, mediante 2paros cardíacos” producidos en la madrugada. ¡¡Los perseguidores se transforman en perseguidos!! El centro mundial ha desangrado a la periferia, la ha exprimido, pero la periferia ha terminado instalándose en el propio centro capitalista.

Prepararse para la gran crisis del sistema

El imperialismo, a través e sus ideólogos, se supone eterno, infinito. Nosotros creemos que está viviendo su gran crisis. No sabemos si terminará como una guerra interimperialista, o por un enorme desastre económico, o por cualquier otro cuadro espeluznante. Pero es necesario estar preparados para grandes cambios mundiales. Hay toda una nueva situación en este capitalismo multipolar y terriblemente competitivo, que se come sus entrañas, en el que nos toca a los latinoamericanos estar ubicados en la parcela adjudicada en Malta a los EEUU. Pero esto es relativo, las contradicciones del sistema no permiten hoy ningún reparto estable del mundo. Debemos ser conscientes de que los EEUU no tienen la hegemonía mundial, ni siquiera están situados hoy en paridad de fuerzas con Japón o Europa. Han perdido su gran fuerza histórica, su capacidad industrial, y se están transformando en un sistema de burócratas y accionistas de ultramar. No caeremos en el triunfalismo de decir que son gigantes con piés de barro, pero sí estamos seguros de que no son eternos, ni imbatibles, ni dueños de la hegemonía mundial. Pensemos con los métodos de los grandes maestros del socialismo y no con las imágenes fraudulentas de los noticieros de televisión.

 
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