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  • Artículo cargado el 06/03/2008 - 19:46

Junto a los pueblos de Ecuador y Venezuela, contra la provocación del lacayo Uribe

El asesinato del comandante Raúl Reyes y de otros 16 combatientes de la FARC en territorio ecuatoriano dejó al desnudo, una vez más, la naturaleza del régimen terrorista que impera en Colombia, sostenido por la oligarquía local y el imperialismo norteamericano. Para justificar su acción, el gobierno de Uribe no vaciló en fabricar descaradamente mentira tras mentira y en precipitar la región al borde un conflicto armado. Reyes y sus compañeros fueron masacrados sin posibilidad a atinar a defensa alguna. Sin embargo, en su primera versión Uribe pretendió hacer creer que las fuerzas colombianas habían respondido a un ataque desde el territorio ecuatoriano. La evidencia era tal que su gobierno no tuvo más remedio que reconocer la falacia. Pero los militaristas colombianos parecen estar convencidos que pueden construir la realidad a su antojo, tal como intentó hacer la pandilla de la Casa Blanca en el caso de Irak. El campamento rebelde fue bombardeado y destruido por completo, sin embargo Uribe y sus secuaces no tuvieron empacho en afirmar que tienen en su poder dos laptops de Reyes, milagrosamente intactas tras el ataque, conteniendo documentos que revelan las relaciones y compromisos de los gobiernos de Rafael Correa y Hugo Chávez con las FARC.

El tamaño de las mentiras de Uribe está en escala con el carácter aberrante de su gobierno, caracterizado por las violaciones de libertades públicas, persecución y crímenes contra opositores y vinculaciones con paramilitares y narcotraficantes. Uribe mandó a asesinar al principal negociador de la FARC para abortar cualquier posibilidad de acuerdo sobre un canje de prisioneros, luego que los rebeldes hubieran procedido unilateralmente a la liberación de seis de ellos, en combinación con el gobierno de Venezuela.

Su política es otra. En línea con los planes de Washington ha elegido la profundización militar del conflicto. La polarización que de esa profundización deriva no es otra cosa que un curso necesario para asegurar, mediante el militarismo y el terror, el dominio de la oligarquía sobre la sociedad colombiana. Pero no sólo esto. La política depredadora del gobierno republicano secundado por la oposición demócrata, se propone hacer de Colombia una suerte de cabeza de playa contra los gobiernos de Venezuela y Ecuador y sus programas de reformas democráticas y antiimperialistas. Por ese camino Colombia habrá de transformarse en el Israel de América Latina, tal como denunció Hugo Chávez. El régimen sionista es el principal instrumento de las provocaciones imperialistas contra los países de Medio Oriente que se mantienen independientes, y el ejecutor despiadado de una política de limpieza étnica en Palestina.

Como era de esperar, el gobierno norteamericano respaldó descaradamente la violación de la soberanía de Ecuador por las fuerzas colombianas; y para que no quedaran dudas sobre quienes son los que sucederán al siniestro personaje que hoy ocupa la Casa Blanca, la misma posición adoptaron los dos precandidatos demócratas y el republicano. Los gobiernos latinoamericanos y, particularmente los del Mercosur, no pueden mantener una posición “neutral” o ambigua ante el conflicto. La única respuesta digna es la condena y el repudio a las mentiras, las provocaciones y los crímenes del gobierno de Uribe. Los pueblos de la región ya tienen posición tomada: el más firme apoyo a los gobiernos y los movimientos que luchan por la liberación de toda forma de sometimiento nacional y por la unidad antiimperialista de América Latina.

Socialismo Latinoamericano
Marzo 4 de 2008