- Artículo cargado el 26/09/2008 - 22:54
Jorge Abelardo Ramos: Historia y Política
Honorio Díaz ha publicado un nuevo libro. Se trata de una muy buena noticia. En las filas de la izquierda nacional Honorio es uno de los autores que puede reflexionar sobre historia argentina con más conocimiento y capacidad, además de ser un excelente escritor. Fuera de esto, la aparición de Jorge Abelardo Ramos, Historia y Política constituye de por sí un acontecimiento militante, como lo demostró la presentación realizada en el Hotel Bauen de Buenos Aires y, en días recientes, en el Centro de Estudios Nacionales Scalabrini Ortiz de Rosario.
Esta vez se trata de la producción historiográfica de quien fue el principal representante de la corriente de la izquierda nacional, centrada en tres obras fundamentales: América Latina: un país, editado en 1959, Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, aparecido en 1957, e Historia de la Nación Latinoamericana, publicado en 1968.
La vida política de Ramos como historiador, publicista y militante abarca el momento constitutivo y la mayor parte de la historia de la izquierda nacional, izquierda que nació junto con el peronismo en las jornadas de octubre de 1945. Fue uno de sus principales inspiradores y su mayor difusor y, al mismo tiempo, quién más hizo, al final de sus días, para que el cierre del período histórico iniciado en esas jornadas fuera también el final de la corriente que de un modo decisivo había contribuido a crear.
El libro de Honorio destaca el rasgo saliente de su obra historiográfica: Ramos interpreta el pasado a la luz de las luchas del presente, y al hacerlo señala las tendencias que mantienen su influencia sobre la actualidad. Por eso pudo escribir “Somos un país porque no pudimos integrar una nación y fuimos argentinos porque fracasamos en ser americanos”. La balcanización de la Patria Grande y el carácter incluso de las luchas nacionales en América Latina están vigentes en toda su producción, como problemas a resolver por las nuevas generaciones.
La historia escrita desde el presente
La comparación con Antonio Gramsci, cuya producción abrió nuevas perspectivas en el horizonte de la construcción teórica del marxismo, es directa. El autor de los Cuadernos de la Cárcel señalaba que sólo la identificación entre la historia y la política podía quitar a la historia ese carácter libresco que trasuntaban concepciones como las de Benedetto Croce, el más importante exponente del idealismo en Italia. Gramsci escribió: “Si un político es historiador (no sólo porque hace historia, sino en el sentido de que obrando desde el presente interpreta el pasado), es también un político, y en este sentido, la historia es siempre historia contemporánea, es decir política”.
Esta concepción está presente en toda la obra de Ramos, por eso Methol Ferré pudo afirmar que: “en el fondo Ramos es autor de un solo libro, desdoblado”.
Pero la identificación entre la historia y la política, pude hacerse extensiva asimismo a la relación de la filosofía con la política. Honorio llama la atención sobre una consideración del propio Methol sobre el supuesto desinterés de Ramos y de su generación por la filosofía. La respuesta de Ramos, incluida en el prólogo a En defensa del marxismo, de León Trotsky, es altamente significativa: el aparente desdén por la filosofía no sería otra cosa que una forma humana, histórica, de entenderla, es decir, de negarla como idea pura y convertirla en realidad. En esa respuesta Ramos subrayó la unidad existente entre la teoría y la práctica como piedra basal del marxismo, y señaló que si a la afirmación de Hegel de que “todo lo que nace es digno de perecer” se la proyectase hacia la idea de la propiedad privada, del Estado y de las instituciones en general, el filósofo se haría político. La comparación, esta vez con Marx, también es directa: “Los filósofos no hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. En ese Ramos, en el Ramos autor de las tres obras mencionadas, está, de modo viviente, lo mejor del marxismo.
Ramos y la historia
El libro de Honorio estudia las condiciones del contexto ideológico-cultural en que surge el revisionismo histórico de la izquierda nacional; sigue de cerca los primeros pasos de Ramos en ese nuevo campo; señala la influencia de las críticas de Enrique Rivera a América Latina: un país, y las rectificaciones posteriores de Ramos al escribir Revolución y Contra. La incipiente corriente historiográfica partió de una delimitación crítica, estricta y terminante de la historia oficial construida por el liberalismo mitrista y también del revisionismo nacionalista de raíz rosista; interpretó la historia rompiendo con los paradigmas de procedencia eurocéntrica, según los cuales la historia de los países atrasados y dependientes está destinada a repetir los ciclos desarrollados en las metrópolis, paradigmas del que quedaron prisioneras las distintas variantes de la izquierda portuaria; destacó el protagonismo decisivo de las masas en los giros críticos que cambiaron el curso de pueblos y naciones, diferenciándose también aquí del culto a los héroes practicado por liberales y nacionalistas.
Honorio explica cómo Mitre y sus epígonos organizaron su versión historiográfica en torno a grandes oposiciones: civilización o barbarie, dictadura o libertad, progreso o restauración y, posteriormente, democracia o totalitarismo. En cambio, el revisionismo socialista de la izquierda nacional examinó la historia a la luz de la naturaleza de las clases sociales, de sus contradicciones y de sus enfrentamientos, sin caer en determinismos de corte económico o geopolítico. Uno de los pasajes destacados del trabajo que comentamos ha consistido en establecer, de modo irrecusable, la continuidad esencial entre la matriz mitrista de la historia oficial y la producción de Tulio Halperín Donghi, sin duda el autor preferido de las grandes casas editoriales, los suplementos culturales y todo el aparato de difusión de la historia oficial. Honorio hace una detenida comparación de dos obras publicadas en fecha próxima, hacia el fin de la década de los 60’: Historia de la Nación Latinoamericana, de Ramos, e Historia Contemporánea de América Latina, de Halperín Donghi.
El libro destaca como éste último subestima (o desestima) el contenido económico y social del proceso independentista, al circunscribir sus alcances a dos asuntos principales: la relación con la metrópoli y la situación de los españoles en la colonia. El mismo sesgo reaparece en el análisis del papel desempeñado por Gran Bretaña en la balcanización de la América Hispánica: una política cautelosa con pretensiones de dominación restringida, que incluso recibió con beneplácito proyectos de unificación como los que intentaron llevar adelante Simón Bolívar en la Gran Colombia y Andrés Santa Cruz en el Alto Perú. Siguiendo esta línea interpretativa, la expansión del imperialismo norteamericano en América Latina durante los siglos XIX y XX habría resultado la consecuencia de la inferioridad de los pueblos avasallados. Finalmente, la liquidación de las economías regionales en el país no habría sido producto de la política librecambista practicada por el bloque de la oligarquía pampeana y la burguesía comercial porteña, sino una derivación del afán recaudatorio de los gobiernos que controlaban la aduana de la ciudad puerto.
En la actualidad, la extensa obra el prestigioso profesor de la Universidad de Berkeley ha sido ampliamente difundida. El auge que ha alcanzado su figura y sus ideas tienen una notable correspondencia con la evolución de las preferencias de las capas educadas de una clase media desmalvinizada y colonizada, de vuelta de pasadas ilusiones, lectora ávida de lugares comunes, como los que de tanto en tanto difunden los intelectuales palaciegos que se cobijan bajo el ala del kirchnerismo.
Sin embargo, respecto de Ramos, Honorio no es un crítico complaciente. Entre sus señalamientos figura la ausencia de un análisis de la colonización portuguesa en Brasil, similar al realizado en el caso de la colonización española; el insuficiente tratamiento de la repercusión de las crisis internacionales de 1874 y 1930, y un desplazamiento del examen necesario de las peculiaridades de la revolución cubana, en favor de un enfoque centrado en la crítica a la teoría del foco. Las observaciones también apuntan al análisis del fenómeno de la mestización, fenómeno presentado como “una forma de benignidad general” por parte de una dominación que no reparó en el sometimiento y el exterminio de la población original. Pero posiblemente el señalamiento crítico más importante sea el formulado respecto al roquismo. En este punto Honorio dice que la tesis de Ramos es errónea. La progresividad histórica de esa corriente se desarrolló en el marco de la lucha del interior federal contra la oligarquía porteña por la unificación del país y la federalización de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, la presidencia del general Roca estuvo signada por la consolidación de la Argentina agroexportadora como semicolonia del imperio británico, según los intereses del bloque de grandes propietarios terratenientes y la burguesía comercial. En consecuencia mal puede afirmarse que la generación del 80’ fuese la más argentina. Si en su llegada al gobierno los hombres que la integraban eran ajenos a la oligarquía, pronto quedaron incorporados a sus cuadros dirigentes.
Ramos como militante político
En todo momento Ramos pensó y actuó como un militante político, por eso pudo escribir: “La historia es prisionera de la política”, y en este sentido no se ató a cánones preestablecidos, ni a fórmulas importadas. Empleó el marxismo como una guía para la acción y aprendió de las revoluciones pasadas lo fundamental para la acción en el presente, por eso decía que para hacer la revolución Lenin tuvo que rusificar a Marx y Mao chinizar a Lenin, mientras que Ho Chi Ming encontró su propio camino, diferente del que habían seguido sus antecesores. En una afirmación plena de significado escribió: “Cuando son genuinas y profundas, cuando brotan de la raíz misma de la historia, todas las revoluciones son originales e irrepetibles”. No existe excepcionalidad, simplemente porque no hay regla que mida el desenvolvimiento de las revoluciones. La relación de esas líneas con el artículo aparecido en noviembre de 1917, en Avanti, bajo el título La revolución contra El Capital, es inmediata.
Ramos insistía en la necesidad de bolivarizar el marxismo para marxistizar la revolución latinoamericana. Nuevamente aquí la vinculación con el pensamiento de Gramsci se hace evidente. El fundador del Partido Comunista de Italia explicaba que “una clase de carácter internacional, en la medida en que guía a capas sociales estrictamente nacionales (intelectuales) y con frecuencia más que nacionales, particularistas y municipalistas (los campesinos), debe, en cierto sentido, ‘nacionalizarse”. Y al respecto afirmaba que entre 1902 y 1917 el esfuerzo de los bolcheviques había consistido en “depurar el internacionalismo de todo elemento vago y puramente ideológico”.
Desde este ángulo Ramos descifró el contenido de las luchas políticas y sociales en Argentina y en América Latina, y discernió el rumbo que debían seguir los revolucionarios socialistas haciendo suyas las divisas nacionales, democráticas y antiimperialistas que empuñaban las grandes masas populares. Así, la cuestión nacional en los países atrasados y dependientes, esa divisoria fundamental de aguas en la época del imperialismo entre naciones opresoras y naciones oprimidas, adquirió una importancia capital para dilucidar los significados del presente. Ramos interpretó el peronismo a la luz de la lucha de clases en un país semicolonial, en el cual la disposición de las fuerzas enfrentadas está determinada por la articulación de una contradicción de carácter nacional con la contradicción fundamental, propia del régimen capitalista. Lo definió como un movimiento nacional que integraba a la burguesía nativa y al proletariado bajo una jefatura de corte bonapartista, siguiendo los lineamientos de la caracterización que Trotsky había realizado en la segunda mitad de la década de los años 30’, al analizar al gobierno del general Cárdenas en México. De esa definición dedujo el carácter históricamente progresivo, las contradicciones y los límites políticos, ideológicos y sociales del movimiento encabezado por el general Perón.
Sin embargo, cuando en los años 90’ esas contradicciones habían estallado, y el peronismo en el gobierno había perdido toda progresividad mientras volvía sobre sus pasos, Ramos traicionó la teoría y la práctica que lo habían guiado a lo largo de cincuenta años, y decidió atar su suerte —y la de que quienes lo seguían— a la de un régimen encaminado a destruir la obra histórica que arrancó en las jornadas de octubre de 1945. El giro resultó dramático y ninguna de las interpretaciones dadas han logrado explicarlo. Más allá de los factores personales que incidieron en la decisión, es difícil desvincular la claudicación final de Ramos del período de hondo reflujo que se produjo en el país tras la muerte del general Perón, la descomposición del peronismo en el gobierno, la clausura del ciclo de alza de masas iniciado en el Cordobazo, la derrota en la guerra de Malvinas; período que en el mundo se consolidó tras el derrumbe del bloque socialista, junto con una victoria política, económica, ideológica y cultural del capitalismo, que para muchos significaba el “fin de la historia”. Sin embargo, esa etapa oscura que lo ubicó en el mismo bando de los que habían sido sus enemigos y eran los enemigos de la patria, ocupó sólo cinco años en la vida de Ramos. El valor de su obra como historiador y publicista, su gravitación militante en la construcción de una posición socialista revolucionaria, profundamente latinoamericana, independientemente de las diferencias que puedan despertar, está más allá de cualquier disputa.
Una vez más: el libro de Honorio es un texto imprescindible para conocer la historia de la izquierda nacional y orientar el rumbo de la nueva generación que se ha lanzado a la lucha por la unificación de la Patria Grande y la emancipación socialista.