• Entrevista 
  • Artículo cargado el 19/11/2008 - 01:12
Sobre el libro "Ecofascismo"

Soberanía y ecología en el tercer mundo

En ocasión de la presentación de Ecofascismo, obra que el periodista mendocino Jorge Orduna ha publicado recientemente, Socialismo Latinoamericano entrevistó al autor que, desde una detallada y profunda documentación, aborda las complejas relaciones entre soberanía nacional, ecología y sus variantes ideológico-políticas provenientes del primer mundo. 

La “pedagogía colonial” ha sido una constante en todas las producciones del pensamiento nacional. Hace más de dos décadas, Roberto Ferrero hizo mención, en un interesante ensayo que no traemos casualmente a colación, a la “inversión del signo de las categorías”, según el cual todo lo que es bueno para las potencias centrales es generalmente nocivo para el mundo periférico y viceversa.

Aquel ensayo pionero que Ferrero tituló como Ecología e Imperialismo denunciaba ya entonces el papel que el ecologismo, como derivación ideológica y política enajenada de la ecología, estaba llamado a cumplir en los países semicoloniales como la Argentina.

Sobre el nexo histórico e ideológico entre malthusianismo, teorías eugenésicas, y conservacionismo dice Orduna: “El desarrollo de esas ideas es más o menos así: Malthus considera un aspecto parcial del problema de la población (la idea de que el crecimiento poblacional es más rápido que el de los medios de alimentarlo) y concluye en que ese exceso será, “naturalmente” eliminado por guerras, hambrunas o pestes que no serían, según él, más que formas naturales de restablecer el equilibrio. Los eugenicistas se basaron en estos principios para sugerir una manera más “humana” de recuperarlo: restringir la reproducción. Con posterioridad, buena parte del eugenicismo se convirtió al antipoblacionismo. Paralelamente, los primeros proteccionistas naturales encuentran también el crecimiento poblacional como principal enemigo de la conservación. Si estos dos conjuntos de ideas (y militancias) hubieran permanecido separados, no podría hablarse más que de paralelismo y complementación ideológica. Pero lo que muestra la investigación en mi libro es que esta complementación se corporiza, históricamente, en poderosos individuos que están en el origen y al frente, hasta nuestros días, de grandes ecologistas internacionales”.

- ¿Cuál sería, entonces, la verdadera naturaleza de los grandes grupos ecologistas internacionales?

Lo primero que debe quedar en claro es que la ecología no es, en sí misma, una ideología política. Cualquier partido político, desde la izquierda a la derecha, incorpora en su programa un apartado “ecología”, de la misma manera que posee un apartado “deporte”, o “educación”. Claro, las propuestas ecológicas que hará un sector de derechas no serán las mismas que las de un programa de izquierda. Los intereses de unos y otros son diferentes.

Hablamos pues de dos concepciones de ecología, en el plano nacional. Pero existe otro nivel en el que aparecen también dos concepciones contradictorias, y es que en la escena internacional los intereses de los países desarrollados, industrializados, en materia de conservación, de ecología, difieren y hasta son opuestos a los de los Estados del Sur.

En los países desarrollados, independientemente de los grupos que se oponen, o de las generosas declaraciones altisonantes, no existe, ni puede existir, objetivamente, un interés real en nuestro desarrollo industrial y tecnológico. La preponderancia y, hasta cierto punto, la dominación del Norte sobre el Sur se apoyan en la supremacía industrial y tecnológica del Norte. Sería atentar contra las bases de su situación de privilegio. Hasta qué punto están dispuestos a defenderla, no sólo las grandes corporaciones, sino buena parte de la población de los países industrializados, lo muestran las leyes contra la inmigración y el crecimiento del voto de derecha radical en esos países.

En este contexto, las posibilidades de la argumentación “ecologista” para frenar, trabar y hasta impedir desarrollo son, literalmente, infinitas. Baste pensar que una chimenea, aunque no produzca humo, puede ser condenada por “contaminación visual”, y lo mismo podría decirse de un edificio industrial cualquiera, o hasta de una plantación de cerezos. De ahí que habría que ser muy ingenuo para creer que el Norte financiaría una ecología de desarrollo, industrialista, en el Sur. Más bien sucede lo contrario: promueve una política ecológica que perenniza el subdesarrollo y la dependencia.

- En su libro se encuentran muchísimas referencias sobre las sociedades eugenésicas mundiales, ¿Cuáles son los pilares actuales de la Eugenesia?

Partiendo de Malthus, los eugenicistas fueron a parar al darwinismo social, y, por él, al racismo. La idea de que había que descargar a la sociedad del peso de los inadaptados llevó a las leyes de esterilización de los años 20 en Estados Unidos y varios países europeos y, luego, al Holocausto. El resultado de la Guerra obligó a esta ideología a cambiar sus términos y hasta los nombres de sus asociaciones. Pero cualquiera comprende que ello no significó el fin del racismo, y cualquiera que esté al tanto del estado de la ciencia comprende que tampoco terminó con el darwinismo social (la aplicación a las complejas relaciones sociales de leyes extraídas del mundo natural: supervivencia de los más “aptos”, etc.)

Hoy el darwinismo social, sutilizado, goza de excelente salud.

- ¿Por qué hablamos de Ecofascismo? ¿Podríamos hablar de Ecoimperialismo? ¿Puede considerarse a estos dos términos como sinónimos?

No, no lo son. Pero evidentemente, la financiación con dinero del contribuyente de países desarrollados de una política poblacional en los subdesarrollados, implica injerencia externa en un terreno que va mucho más allá de los parámetros clásicos de una política imperialista (control financiero, de mercados, etc.)

Siendo un concepto difícil de definir, según los especialistas lo central en el fascismo es la utilización de la democracia con fines antidemocráticos. Y toda esta educación parcial ecologista de que es objeto la población de nuestros países se realiza dentro de la ley. ¿Qué pensaríamos si con dinero del contribuyente norteamericano se promoviera en nuestros países “educación”? ¿Una visión del Norte sobre lo que debe ser nuestra educación, la de nuestros hijos? Seguramente hablaríamos de injerencia, de totalitarismo, de pensamiento único, de soberanía. 

- Algunas de las críticas que se le han realizado a su libro es que no discrimina las distintas variantes y corrientes ecológicas. Sin embargo sus planteos dejan abierta la posibilidad de una ecología orientada al desarrollo nacional de los países latinoamericanos que permita suplantar a los ecofascismos. ¿Sobre qué fundamentos generales deberían asentarse?

Toda la historia muestra la vigencia, en el terreno internacional, de la Frase que se atribuye a Churchill: “no hay amigos, sólo intereses”.

Respondiendo a sus obligaciones democráticas, el Norte occidental industrializado permite, apoya y hasta aplaude en su seno la existencia de abogados del Sur, alemanes ecologistas que defienden el desarrollo industrial del Sur y que coinciden con los planteamientos de mi libro, y hasta puede allegarles, para crearse una todavía mejor imagen, algunos euros. Pero jamás financiará seriamente a esos grupos.

Por eso el factor central es la financiación. Hoy, la absoluta mayoría del ecologismo del Sur es financiado directa o indirectamente, por Europa y Estados Unidos.

Por eso hoy nuestros ecologistas pueden ser de derecha o izquierda, conservacionistas a ultranza del tipo “new age” o partidarios de una ecología social… esto es normal en una sociedad democrática. Pero de lo que se trata es de la independencia en lo económico y en lo ideológico de las grandes ecologistas del Norte. Es inadmisible que a fuerza de financiación se pueda hacer crecer, en un país ajeno, uno de esos dos sectores hasta el punto de avasallar y casi extinguir el otro. A cualquiera de los dos. Es más un problema de independencia y soberanía que de izquierda o derecha. Las diferencias teóricas dentro del ecologismo no cumplen en esto ningún papel, porque la cuestión central no consiste en saber que en el mundo de las ideas “hay muchas ecologías”, sino qué ecología, en la práctica, es financiada masivamente por el Norte en el Sur.

- ¿Qué recepción ha tenido su libro por parte de los grandes medios nacionales? ¿Qué sectores sociales han sido, según sus impresiones, los más reticentes a los planteos de Ecofascismo?

En general, muy buena. Sobre todo en Buenos Aires. Pero las revistas que hicieron notas extensas y detalladas son de precio “elevado” (Viva, Noticias, Debate, Veintitrés…) y no siempre ofrecen acceso irrestricto en internet. El precio del libro (cuya lectura es la única manera de saber qué piensa un autor) tampoco es “popular”. De manera que hay una visión más clara sobre el contenido en los sectores profesionales, científicos y políticos que entre los estudiantes o el “público en general”. La mayoría me dice que “intuía”, o “ya sabía” que había otra cara del ecologismo que no estaba siendo contada. Pero tal vez lo más alentador es haber recibido solicitudes de grupos ecologistas independientes para reunirme con ellos. Uno de estos, muy importante, trabaja por la indispensable conservación de la Reserva Ecológica de Buenos Aires, amenazada, como es sabido, por grandes intereses inmobiliarios en el estilo del adyacente Puerto Madero. Y, esto, para contarme que habían leído el libro y encontraban que mucho de lo que allí se contaba lo habían vivido en la práctica trabajando con las ecologistas internacionales. La mayor reticencia no proviene entonces de los ecologistas, sino de los sectores peor informados, menos politizados, menos educados, que son numéricamente mayoritarios, votan y, no casualmente, son el “target” de la masiva comunicación ambientalista internacional. En este sentido, en el estado actual de la estructuración de los medios, los libros y las ideas corren por un carril, y la televisión y la propaganda, por otro. Mucho más ancho.

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