- Declaraciones
- Artículo cargado el 12/09/2008 - 20:11
Junto a los trabajadores, los campesinos y el gobierno boliviano para hacer frente a la sedición oligárquica apoyada por el imperialismo norteamericano
Ayer, 11 de septiembre, se cumplieron 35 años del golpe fascista que derribó al gobierno de Salvador Allende en Chile. El golpe fue promovido desde Washington por dos delincuentes internacionales, uno llamado Richard Nixon, a cargo de la presidencia de Estados Unidos y otro llamado Henry Kissinger, asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca. Hoy la historia parece volver sobre sus pasos en Bolivia. Los planes separatistas impulsados por la embajada norteamericana han llevado al país del altiplano al borde de la guerra civil.
En estas horas la suerte del pueblo boliviano se resuelve en la disputa entre una rosca oligárquica, racista y explotadora de terratenientes, banqueros, exportadores y corporaciones petroleras internacionales y un gobierno de amplia base democrática, que al margen de sus contradicciones y vacilaciones, lleva adelante un programa nacionalista popular destinando a democratizar la sociedad boliviana y a reducir los privilegios de sus clases parasitarias.
En pie de guerra, esa rosca del rico Oriente boliviano reivindica la autonomía del poder central. Autonomía en boca de la canalla prefectural y de los fascistas de los comités cívicos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija significa control pleno sobre la titularización de la tierra, sobre el destino de la renta hidrocarburífera y sobre la recaudación impositiva, de acuerdo con los ilegales estatutos autonómicos votados en junio pasado. De imponer sus planes el gobierno central quedaría despojado de los resortes básicos para el gobernar.
Según un estudio de las Naciones Unidas en Bolivia el 5% de los terratenientes detenta el 90% de la propiedad de los campos.
Quienes ocupan esa posición de privilegio no están dispuestos a que la situación varíe en absoluto. Desde un primer momento la clase de los grandes hacendados ha resistido por todos los medios las medidas de reforma agraria aprobadas por el Congreso. Con igual violencia y egoísmo se opone a destinar parte de la renta petrolera para paliar la situación de las capas más desposeídas. Para defender sus espurios intereses ha armado a grupos paramilitares y escuadrones de lúmpenes que toman los edificios públicos, saquean y asesinan a campesinos con absoluta impunidad, amparados por la complicidad de una justicia oligárquica.
Por detrás de las fuerzas separatistas se ha movido descaradamente el embajador norteamericano Phillips Goldberg, cuya misión anterior fue la segregación de Kosovo respecto de Serbia. Justamente, en momentos en que la crisis boliviana alcanza un punto de intensidad extremo, el imperialismo norteamericano ha sido denunciado por su participación en los preparativos de golpe de Estado que oficiales retirados y en actividad están organizando en Venezuela. La pandilla que controla los resortes del poder en Washington conspira abiertamente contra dos gobiernos elegidos por amplias mayorías populares para llevar adelante las tareas de carácter nacional-democrático, agrarias y antiimperialistas en sus respectivos países.
Tanto en Bolivia como en Venezuela la respuesta de las fuerzas populares no puede ser otra que la unidad en un Frente Antiimperialista de los trabajadores, los campesinos y los militares patriotas para aplastar definitivamente a la sedición oligárquica. Hoy por hoy la revolución y la contrarrevolución divide a esos países hermanos en dos campos antagónicos irreconciliables, y colocan al conjunto de los pueblos latinoamericanos ante un desafío histórico.
A los trabajadores, a las grandes masas explotadas de la patria grande latinoamericana les corresponde pasar a la ofensiva para desbaratar los planes golpistas de las oligarquías nativas y del imperialismo norteamericano.
Es imprescindible que la CGT, la CTA y las centrales obreras regionales declaren el estado de movilización y unifiquen acciones militantes de apoyo al pueblo boliviano.
Los gobiernos del Mercosur no pueden desentenderse de su obligación en estas horas. Deben convocar con carácter urgente a una reunión del bloque regional para respaldar a los gobiernos de Evo Morales y de Hugo Chávez, y repudiar la intervención desestabilizadora del gobierno de Estados Unidos.
La proclamada voluntad de unidad latinoamericana debe probarse en los hechos, en la lucha política, en una decidida respuesta de masas de carácter antiimperialista.
Socialismo Latinoamericano
12 de septiembre de 2008
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