-->A 70 años del asesinato de León TrotskyTrotsky: la revolución latinoamericana a la luz del marxismo¿Revolucion permanente o “teoría del desvío”?Perón, los trabajadores y la izquierdaPor un programa de acción para la clase trabajadoraLa nueva generación obreraA un año del Gran Comienzo¿Puede la clase trabajadora superar la valla de los sindicatos como simples “grupos de presión”?La Izquierda Nacional ante la muerte de John William CookeSindicatos y liberación nacionalClase Obrera y PoderEl imperialismo yanqui y la burguesía argentinaLa capitulación de los socialistas y stalinistas ante el imperialismo explica el apoyo obrero a PerónBases económicas de la política burguesa argentinaLa revolución en LatinoaméricaAnte el asesinato de tres compañeros del Movimiento 26 de Junio – Frente Popular Darío SantillánRepudiamos agresión a militante sindical de Socialismo LatinoamericanoIndígenas y petroleras suscriben primer acuerdo en América Latina¿Esta definitivamente truncado el proceso de cambio?KirchnerismoSicarios asesinan a joven activista campesino¿Por qué la mella se llama “La Mella”?El imperialismo y el sionismo apuntan contra IránHacia un país agroindustrial con menos industria y más dependenciaDouglas Tompkins personero del Banco MundialCorrentinos y compatriotas todos…Los ferroviarios luchan en dos frentes, contra la burocracia y la patronalA Kadafi no lo derrocó y asesinó ninguna “revolución popular”Ante el asesinato de Kadafi “Trotskistas” y OTAN festejanEducación: pecado originalLos trabajadores han advertido que no van a abandonar sus posiciones sin luchaAvance decisivo de las ONG en la captura del poderQuién dirige, controla y da órdenes en la causa AMIALos palestinos levantan bien alto sus banderasMalvinas: ya sabemos lo que no tenemos que hacerGeopolítica brasileñaPalestina: La responsabilidad de los creyentes judíos¡Palestina vivirá y vencerá!Los trabajadores no quieren volver al pasado, pero exigirán cambiar el presenteLey de tierras en Argentina: ¿debate a fondo o nuevo maquillaje?La audacia y el cálculo. Kirchner 2003-2010Cuando la argentina rompió el bloqueo norteamericano a cubaTras treinta años de hegemonía, cruje el neoliberalismo chilenoJuan Barat¿Gestionar o gobernar?¡Fuera los bandidos imperialistas de Libia!Sindicalismo y Progresismo: el kirchnerismo y sus “contradicciones secundarias”El nacionalismo de izquierda en ChileCuatro años másEl PO, a través de Altamira, rectifica su posición sobre Libia, Clarín confirma la propiaRosas en la perspectiva de la historiaLa crisis del capitalZaffaroni: ¿un progresista de derecha?Al ritmo de la polarizaciónMentiras estadísticas al servicio del régimen partidocrático demoliberalLas elecciones en Capital Federal y el Movimiento NacionalSon los trabajadores, y no los k, quienes habrán de superar el peronismoAlberto Converti, hasta siempre compañeroNo hace falta parlamentarismo sino una democracia basada en la real voluntad popularLas cosas se le hicieron fáciles a la derecha en CapitalLos fascistas y la industria del holocaustoEn Venezuela la revolución entró en una fase decisivaLos disparates de Filmus y la paliza de Macri al KirchnerismoLos progres, “Maurizio” y el medio peloEscandaloso fracaso político-electoral del Frente de IzquierdaRegreso y fracaso en tres actos: el peronismo del 73-76El revisionismo científico y el panegírico rosistaLa Olmos (diario digital)Internas abiertas o la mejor forma de burlar la soberanía popularEl denostado “populismo” no le impide a la burguesía hacer excelentes negociosHay que botarlos a todosLa bancaria cierra un acuerdo al gusto de CristinaSe pintan de verde para seguir con el negocioLa revolución árabe comenzó a acorralar al régimen sionista" content="Autor: Guillermo Hamlin, Categoría: Politica NacionalAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Politica NacionalAutor: Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional, Categoría: DeclaracionesAutor: Osvaldo Calello, Categoría: Politica NacionalAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Politica NacionalAutor: Andrés Soliz Rada, Categoría: BoliviaAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Crítica literariaAutor: Lucas Paulinovich, Categoría: Politica NacionalAutor: Osvaldo Calello, Categoría: Politica NacionalAutor: Fernando M. Pereyra, Categoría: Politica NacionalAutor: Osvaldo Calello, Categoría: Politica NacionalAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: La crisis de 2001Autor: Fernando M. Pereyra, Categoría: Politica NacionalAutor: Fernando Pablo Cangiano, Categoría: MalvinasAutor: Daniel N. Moser, Categoría: MéxicoAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Politica NacionalAutor: Juan Manuel Lucas, Categoría: Politica NacionalAutor: Lucas Paulinovich, Categoría: Autor: Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional, Categoría: Autor: Gustavo Cangiano, Categoría: Crítica literariaAutor: Atahualpa Duré, Categoría: Izquierda NacionalAutor: Honorio Alberto Díaz, Categoría: NacionalismosAutor: Lucas Paulinovich, Categoría: MediosAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Autor: Lucas Paulinovich, Categoría: Autor: Administrador, Categoría: Autor: Administrador, Categoría: Autor: Osvaldo Calello, Categoría: 70 años del asesinato de León TrotskyAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: 70 años del asesinato de León TrotskyAutor: Osvaldo Calello, Categoría: PeronismoAutor: Administrador, Categoría: Lucha ObreraAutor: Administrador, Categoría: Lucha ObreraAutor: Administrador, Categoría: Lucha ObreraAutor: Administrador, Categoría: Lucha ObreraAutor: Administrador, Categoría: Lucha ObreraAutor: Administrador, Categoría: Izquierda NacionalAutor: Jorge Enea Spilimbergo, Categoría: Historia de la Izquierda NacionalAutor: Aurelio Narvaja, Categoría: Frente ObreroAutor: Aurelio Narvaja, Categoría: Frente ObreroAutor: Aurelio Narvaja, Categoría: Frente ObreroAutor: Aurelio Narvaja, Categoría: 70 años del asesinato de León TrotskyFrente ObreroAutor: Frente Popular Darío Santillán, Categoría: Noticias obrerasAutor: Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional, Categoría: DeclaracionesAutor: Andrés Soliz Rada, Categoría: BoliviaAutor: Eduardo Paz Rada, Categoría: BoliviaAutor: Administrador, Categoría: PublicidadAutor: MOCASE, Categoría: NacionalAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Politica NacionalAutor: Administrador, Categoría: Medio OrienteAutor: Guillermo Hamlin, Categoría: IndustrializaciónAutor: Héctor Rodríguez, Categoría: NacionalAutor: Administrador, Categoría: RecuadroAutor: Alex Oval y Guillermo Hamlin, Categoría: EntrevistaAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Mundo ÁrabeAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Mundo ÁrabeAutor: Pedro Godoy P., Categoría: Izquierda NacionalChileAutor: Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional, Categoría: Movimiento ObreroAutor: Andrés Soliz Rada, Categoría: BoliviaIzquierda NacionalAutor: Administrador, Categoría: Politica NacionalAutor: Osvaldo Calello, Categoría: Medio OrienteAutor: Marcelo Gullo, Categoría: MalvinasAutor: Andrés Soliz Rada, Categoría: BoliviaIzquierda NacionalAutor: Facundo Arrieta, Categoría: Medio OrienteAutor: Administrador, Categoría: Medio OrienteAutor: Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional, Categoría: EditorialAutor: Gustavo O. Lahoud, Categoría: Politica NacionalAutor: Honorio Alberto Díaz, Categoría: Crítica literariaAutor: Guillermo Hamlin, Categoría: Política ExteriorAutor: Juan Manuel Lucas, Categoría: Izquierda NacionalChileAutor: Administrador, Categoría: Politica NacionalAutor: Guillermo Hamlin, Categoría: Politica NacionalAutor: Administrador, Categoría: DeclaracionesAutor: Juan Manuel Lucas, Categoría: Politica NacionalAutor: Honorio Alberto Díaz, Categoría: Crítica literariaAutor: Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional, Categoría: EditorialAutor: Horacio Da Silva, Categoría: Politica NacionalAutor: Honorio Alberto Díaz, Categoría: HistoriografíaAutor: Osvaldo Calello, Categoría: Crisis del capitalismoAutor: Horacio da Silva, Categoría: Politica NacionalAutor: GASTÓN OTERO, Categoría: Politica NacionalAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Politica NacionalAutor: Roberto A. Ferrero, Categoría: OpiniónAutor: Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional, Categoría: EditorialAutor: Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional, Categoría: Autor: ANDRÉS FERRARI, Categoría: Politica NacionalAutor: Administrador, Categoría: Politica NacionalAutor: Horacio da Silva, Categoría: Politica NacionalAutor: Osvaldo Calello, Categoría: Izquierda NacionalVenezuelaAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Politica NacionalAutor: Juan Manuel Lucas, Categoría: Politica NacionalAutor: Gustavo Cangiano, Categoría: Politica NacionalAutor: Sergio Nicanoff y Fernando Pita, Categoría: TallerAutor: Roberto A. Ferrero, Categoría: HistoriografíaAutor: Administrador, Categoría: Autor: Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional, Categoría: EditorialAutor: Administrador, Categoría: Politica NacionalAutor: Facundo Arrieta, Categoría: Politica NacionalAutor: Matías Diez, Categoría: Movimiento ObreroAutor: Guillermo Hamlin, Categoría: Medio AmbienteAutor: Osvaldo Calello, Categoría: Mundo Árabe" /> Izquierda Nacional • Socialismo Latinoamericano • El discurso ecologista oculta la trama del saqueo imperialistaSorprendentes coincidencias entre el Partido Obrero y el “Tata” YofreLos judíos argentinos deben denunciar a la DAIASobre burócratas, traidores y “auténticos representantes”El derrocamiento de Salvador Allende encierra enseñanzas claves que deben ser conocidasNizkor, los guaranies, Soros y las petrolerasLas minorías sexuales capturadas por el discurso anticientifico del “posfeminismo”Ley antiterrorista: las flaquezas del derechohumanismoCon los trabajadores, bajo banderas nacionales, populares y antiimperialistasVelando por los negocios partidarios y el interés de las multinacionalesPrimera advertencia de los trabajadores a la hegemonía KEl 2001 y la Izquierda NacionalQue nos dejó el acto moyanistaEx combatiente responde a un historiador desmalvinizadorPienso, luego estorboClarín, La Nación y la intelligentsia colonizada temen perder su control sobre el relato históricoUn Perro Verde: Verbitsky impugna la participación obrera en las ganancias de la cúpula empresarialEl eticismo como ratificación de la esclavitudEl tercer gobierno K comenzó con lucha por el control del movimiento obreroGregorio Flores: los extravíos ultraizquierdistas de un militante obreroFk: El dominio del imperialismoEl nacionalismo de izquierda en ChileLa comunicación en un escenario bipolarLas elecciones y las inmensas mentiras estadísticasLa prensa ante la reelección de Cristina FernándezARTIGAS, CAUDILLO ARGENTINO.  SU   LUCHA Y EJEMPLO<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/amlat/articulos/833/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/833/" dc:title="ARTIGAS, CAUDILLO ARGENTINO. SU LUCHA Y EJEMPLO" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/amlat/articulos/833/" dc:subject="" dc:description="El General José Gervasio Artigas nació en las cercanías de Montevideo (Uruguay) el 19 de junio de 1764. Hijo de una familia importante de la ciudad -su abuelo fue vecino fundador- se educó en el convento de los Hermanos Franciscanos. A los 18 años se independizó de su familia administrando un campo propiedad de su padre. Fue luego resero y arriero, operando en el comercio de animales durante años, en cuyo transcurso recorrió y conoció como la palma de su mano todo el territorio de la provincia.…" dc:creator="Administrador" dc:date="2011-07-05 04:50:00 PM GMT" /> </rdf:RDF> -->A 70 años del asesinato de León Trotsky<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/index.php/663/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/663/" dc:title="A 70 años del asesinato de León Trotsky" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/index.php/663/" dc:subject="" dc:description="" dc:creator="Administrador" dc:date="2010-08-20 10:08:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->Trotsky: la revolución latinoamericana a la luz del marxismo¿Revolucion permanente o “teoría del desvío”?Perón, los trabajadores y la izquierda<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/historia/articulos/464/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/464/" dc:title="Perón, los trabajadores y la izquierda" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/historia/articulos/464/" dc:subject="Peronismo" dc:description="" dc:creator="Osvaldo Calello" dc:date="2006-08-20 11:53:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->Por un programa de acción para la clase trabajadora<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/862/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/862/" dc:title="Por un programa de acción para la clase trabajadora" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/862/" dc:subject="Lucha Obrera" dc:description="El asunto nos parece de capital importancia y merecedor de que lo examinemos en detalle. La simple “propaganda de una idea”, ni siquiera a la luz de los padecimientos lacerantes de la crisis, no nos acerca a la materialización de esa idea. No hay nada parecido a una “iluminación socialista” de las masas, a una “conversión” de las masas (en el sentido religioso del término) al socialismo, independientemente del hecho (indudable) de que la idea socialista está ganando y ganará a sectores…" dc:creator="Administrador" dc:date="1971-07-01 03:00:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->La nueva generación obrera<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/861/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/861/" dc:title="La nueva generación obrera" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/861/" dc:subject="Lucha Obrera" dc:description="Los visitantes eran los siguientes secretariados generales: Véliz, del Sindicato Obrero, y González, del de Empleados, del ingenio Santa Rosa; y López, del Sindicato Obrero del Ingenio La Esperanza. Los acompañaba el compañero Arroyo, delegado observador del Sindicato de Empleados Públicos de Tucumán. Los compañeros Véliz, López y Gonzáñes, en nombre de sus sindicatos, habían presentado al plenario el programa de puntos que transcribimos en recuadro, que también mereció la adhesión…" dc:creator="Administrador" dc:date="1971-06-15 03:00:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->A un año del Gran Comienzo<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/617/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/617/" dc:title="A un año del Gran Comienzo" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/617/" dc:subject="Lucha Obrera" dc:description="&lt;h2&gt;El ocaso de la restauración oligárquica&lt;/h2&gt; La contrarrevolució n del 55 había derrotado al movimiento nacional peronista luego de una década de ascenso general expresada en las conquistas económicas y sociales del pueblo argentino. La oligarquía en el poder intentará una restauración a todas luces dificultada por la crisis crónica del país y en una situación mundial más precaria para las fuerzas opresoras. La represión del movimiento obrero, la proscripción de las grandes mayorías…" dc:creator="Administrador" dc:date="1970-06-01 05:52:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->¿Puede la clase trabajadora superar la valla de los sindicatos como simples “grupos de presión”?<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/463/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/463/" dc:title="¿Puede la clase trabajadora superar la valla de los sindicatos como simples “grupos de presión”?" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/463/" dc:subject="Lucha Obrera" dc:description="¿Qué significa para el movimiento obrero la muerte de Vandor? Aquí nos interesa el vandorismo como expresión “típica” de un ciclo sindical y político abierto con las grandes movilizaciones del 45’. Para la pequeña burguesía Vandor era la suma infamia sindical, un “instrumento de Onganía” equivalente a Coria o Cavalli. Semejante antivandorismo esconde un antiperonismo real y expresa la pedantería docente del pequeño burgués de izquierda hacia los trabajadores. La crítica principal…" dc:creator="Administrador" dc:date="1969-08-02 01:19:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->La Izquierda Nacional ante la muerte de John William Cooke<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/734/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/734/" dc:title="La Izquierda Nacional ante la muerte de John William Cooke" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/734/" dc:subject="Lucha Obrera" dc:description="John William Cooke acaba de morir. Se extingue así la vida de un luchador con quien hemos disentido muchas veces, pero frente al cual no cabía sino el respeto personal y político, cosa bastante rara en nuestro medio. La razón es simple. Cooke comenzó su vida política muy joven, cuando la revolución de junio de 1943 y los acontecimientos del 45 habían dividido profundamente al país. Elegido diputado nacional en 1946, designado luego profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho…" dc:creator="Administrador" dc:date="1968-10-02 03:38:01 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->Sindicatos y liberación nacional<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/866/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/866/" dc:title="Sindicatos y liberación nacional" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/866/" dc:subject="Izquierda Nacional" dc:description="&lt;h2&gt;1&lt;/h2&gt; Los sindicatos ocupan una función dual en la sociedad capitalista. Por un lado, encuadran y movilizan a los trabajadores en pos de sus reivindicaciones inmediatas, establecen el primer grado de enfrentamiento con las clases opresoras, tienden a reunir al conjunto de la clase trabajadora sin distinción de niveles de conciencia, opiniones y particularismos. Por el otro, los sindicatos permanecen ligados a las condiciones de la explotación capitalista, ya que tanto en las huelgas como…" dc:creator="Administrador" dc:date="1966-05-01 07:00:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->Clase Obrera y Poder<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/414/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/414/" dc:title="Clase Obrera y Poder" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/414/" dc:subject="Historia de la Izquierda Nacional" dc:description="" dc:creator="Administrador" dc:date="1964-08-01 10:50:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->El imperialismo yanqui y la burguesía argentina<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/514/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/514/" dc:title="El imperialismo yanqui y la burguesía argentina" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/514/" dc:subject="Frente Obrero" dc:description="No creemos necesario abundar en argumentos y ejemplos sobre la falacia de las pretendidas simpatías democráticas de los gobernantes yanquis, agentes del gran capital. Cualquiera puede encontrar todos los días, en la prensa, las noticias sobre colaboración amistosa entre el Departamento de Estado y los regímenes mas brutalmente reaccionarios de todo el mundo. En la actualidad la prensa de los Estados Unidos, así como la mayoría de los diarios de América Latina, bajo el control de los pulpos…" dc:creator="Administrador" dc:date="1945-10-22 03:55:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->La capitulación de los socialistas y stalinistas ante el imperialismo explica el apoyo obrero a Perón<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/513/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/513/" dc:title="La capitulación de los socialistas y stalinistas ante el imperialismo explica el apoyo obrero a Perón" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/513/" dc:subject="Frente Obrero" dc:description="La ofensiva oligárquico-imperialista, que había logrado movilizar a grandes sectores de la pequeña burguesía acomodada, estudiantes y profesionales, se hizo sentir en el seno mismo de la oficialidad, que hasta entonces había apoyado al Coronel. La estrategia peroniana de organizar a la c1ase obrera para apuntalar su política nacionalista parecía haber fracasado. La oficialidad de Campo de Mayo, haciéndose intérprete del resto del Ejército, exigió la renuncia de Perón y sus más inmediatos…" dc:creator="Administrador" dc:date="1945-10-22 03:50:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->Bases económicas de la política burguesa argentina<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/508/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/508/" dc:title="Bases económicas de la política burguesa argentina" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/508/" dc:subject="Frente Obrero" dc:description="Desde hace mucho tiempo, sin embargo, en el acervo ideológico del proletariado se ha incorporado como una indiscutible verdad que la política es la expresión concentrada de la economía. Ninguna otra clase social tiene interés en exponer a la luz del día las fuerzas económicas que hallan su expresión en los conceptos abstractos que hemos indicado mas arriba y otros del mismo calibre. Incluso el stalinismo —sujeto a frecuentes y a veces radicales virajes— no puede desenmascarar a sus enemigos…" dc:creator="Administrador" dc:date="1945-09-02 02:15:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->La revolución en Latinoamérica<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/512/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/512/" dc:title="La revolución en Latinoamérica" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/512/" dc:subject="70 años del asesinato de León Trotsky,Frente Obrero" dc:description="Las relaciones del imperialismo yanqui con los países de América Latina están entrando en una nueva fase. Prevalido de la preponderancia económica, política y militar que la guerra le dio, desalojó al imperialismo británico de muchas de sus posiciones tradicionales: aunque este último se apresta decididamente a luchar para recuperarlas, difícilmente lo logre. La mayor parte de las inversiones que le quedan (ferroviarias, tranviarias, etc.) están económicamente condenadas: a las otras (petrolíferas,…" dc:creator="Administrador" dc:date="1945-09-01 06:56:01 PM GMT" /> </rdf:RDF> -->Ante el asesinato de tres compañeros del Movimiento 26 de Junio – Frente Popular Darío SantillánRepudiamos agresión a militante sindical de Socialismo LatinoamericanoIndígenas y petroleras suscriben primer acuerdo en América Latina¿Esta definitivamente truncado el proceso de cambio?Kirchnerismo<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/902/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/902/" dc:title="Kirchnerismo" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/902/" dc:subject="Publicidad" dc:description="" dc:creator="Administrador" dc:date="2011-11-22 04:01:01 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->Sicarios asesinan a joven activista campesino¿Por qué la mella se llama “La Mella”?El imperialismo y el sionismo apuntan contra IránHacia un país agroindustrial con menos industria y más dependenciaDouglas Tompkins personero del Banco MundialCorrentinos y compatriotas todos…Los ferroviarios luchan en dos frentes, contra la burocracia y la patronalA Kadafi no lo derrocó y asesinó ninguna “revolución popular”Ante el asesinato de Kadafi “Trotskistas” y OTAN festejanEducación: pecado originalLos trabajadores han advertido que no van a abandonar sus posiciones sin luchaAvance decisivo de las ONG en la captura del poderQuién dirige, controla y da órdenes en la causa AMIALos palestinos levantan bien alto sus banderasMalvinas: ya sabemos lo que no tenemos que hacerGeopolítica brasileñaPalestina: La responsabilidad de los creyentes judíos¡Palestina vivirá y vencerá!Los trabajadores no quieren volver al pasado, pero exigirán cambiar el presenteLey de tierras en Argentina: ¿debate a fondo o nuevo maquillaje?La audacia y el cálculo. Kirchner 2003-2010Cuando la argentina rompió el bloqueo norteamericano a cubaTras treinta años de hegemonía, cruje el neoliberalismo chilenoJuan Barat¿Gestionar o gobernar?¡Fuera los bandidos imperialistas de Libia!Sindicalismo y Progresismo: el kirchnerismo y sus “contradicciones secundarias”El nacionalismo de izquierda en ChileCuatro años másEl PO, a través de Altamira, rectifica su posición sobre Libia, Clarín confirma la propiaRosas en la perspectiva de la historiaLa crisis del capitalZaffaroni: ¿un progresista de derecha?Al ritmo de la polarizaciónMentiras estadísticas al servicio del régimen partidocrático demoliberalLas elecciones en Capital Federal y el Movimiento NacionalSon los trabajadores, y no los k, quienes habrán de superar el peronismoAlberto Converti, hasta siempre compañeroNo hace falta parlamentarismo sino una democracia basada en la real voluntad popularLas cosas se le hicieron fáciles a la derecha en CapitalLos fascistas y la industria del holocaustoEn Venezuela la revolución entró en una fase decisivaLos disparates de Filmus y la paliza de Macri al KirchnerismoLos progres, “Maurizio” y el medio peloEscandaloso fracaso político-electoral del Frente de IzquierdaRegreso y fracaso en tres actos: el peronismo del 73-76<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/830/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/830/" dc:title="Regreso y fracaso en tres actos: el peronismo del 73-76" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/830/" dc:subject="Taller" dc:description="&lt;i&gt;Introducción&lt;/i&gt; El presente trabajo se centra en los sucesos y procesos desarrollados durante el retorno del peronismo al gobierno en la etapa 1973-1976. Para poder abordar la complejidad y riqueza del período –momento histórico donde se suceden a un ritmo vertiginoso contradicciones y cambios políticos, sociales y económicos largamente gestados– partiremos de los siguientes ejes de análisis. En primer lugar consideramos que el retorno del peronismo se enmarcó en un intento de clausurar…" dc:creator="Administrador" dc:date="2011-06-21 01:55:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->El revisionismo científico y el panegírico rosistaLa Olmos (diario digital)<!-- <rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:trackback="http://madskills.com/public/xml/rss/module/trackback/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <rdf:Description rdf:about="http://www.izquierdanacional.org/index.php/826/" trackback:ping="http://www.izquierdanacional.org/trackback/826/" dc:title="La Olmos (diario digital)" dc:identifier="http://www.izquierdanacional.org/index.php/826/" dc:subject="" dc:description="http://centroculturalalejandroolmos.blogspot.com/" dc:creator="Administrador" dc:date="2011-06-11 04:41:00 AM GMT" /> </rdf:RDF> -->Internas abiertas o la mejor forma de burlar la soberanía popularEl denostado “populismo” no le impide a la burguesía hacer excelentes negociosHay que botarlos a todosLa bancaria cierra un acuerdo al gusto de CristinaSe pintan de verde para seguir con el negocioLa revolución árabe comenzó a acorralar al régimen sionista
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  • Artículo cargado el 08/02/2012 - 05:26
FAMATINA: MINERÍA PARA UN PROYECTO NACIONAL VS MINERÍA PARA EL SAQUEO TRANSNACIONAL

El discurso ecologista oculta la trama del saqueo imperialista

Guillermo HamlinSocialismo Latinoamericano

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El debate multimediático ha establecido la contradicción “la minería contamina vs. la minería no contamina” • Esta disyuntiva es falsa • La contradicción radica en: minería para un proyecto nacional vs minería para el saqueo transnacional.

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La importante protesta social que iniciaron los pobladores de Famatina, recibió rápidamente una importante difusión periodística. Lo que comenzó como un legítimo y creciente reclamo popular, se transformó en un hecho mediático. Es así como rápidamente se alinearon con los pobladores riojanos, ONG transnacionales como Vida Silvestre Argentina, filial de WWF, cuyo presidente es el príncipe Felipe de Inglaterra y la filial argentina de Greenpeace, de origen canadiense. Entre los justos reclamos se colaron mensajes como “no a la minería del uranio”, “no al uranio” y las declaraciones de las asambleas comenzaron a adoptar algunas expresiones y léxico propio de las ONG transnacionales. El descontento social y los reclamos se difundieron y se reprodujeron rápidamente en varias provincias mineras. La empresa minera Osisko, de origen canadiense, ha desistido de continuar con los trabajos de exploración, según declara, si no cuenta con “licencia social”. El gobierno de la provincia de La Rioja ha anunciado una campaña de “explicación y argumentación con la participación de expertos, de la cámara minera y la empresa Osisko, para debatir con la gente y explicar que el proyecto no es contaminante”. De manera que ya se ha establecido a nivel nacional, la difusión del debate multimediático, por radio, por televisión, diarios, revistas, acerca de la contradicción “la minería contamina vs. la minería no contamina”.

Esta disyuntiva es falsa, ya que cualquier actividad industrial no debe contaminar, debe funcionar dentro de parámetros controlados para que tanto los trabajadores como el medio ambiente estén protegidos de la posible contaminación. La disyuntiva es otra: minería para un proyecto nacional vs minería para el saqueo transnacional. El promocionado debate es un velo que oculta el carácter depredador de la megaminería.

Los responsables de estas maniobras de ocultamiento, son los miembros del triángulo corrupto conformado por los funcionarios gubernamentales, tanto nacionales como provinciales y municipales, las empresas mineras y las internacionales ecologistas, que por supuesto cuentan con la complicidad de los medios de difusión, que responden a los intereses generales del imperialismo. Se completa el cuadro de complicidades en cuanto al ocultamiento del carácter depredador de la actividad, con la connivencia que se da con parte del sector académico, a través de acuerdos de empresas mineras con algunas universidades públicas y privadas.

Las condiciones para que las empresas mineras transnacionales, pudieran efectuar el saqueo de nuestros minerales en forma “legal” y “sustentable”, fueron establecidas a través de decisiones de los gobiernos que se sucedieron desde el golpe cívico- militar de 1976, hasta la actualidad. Comenzando con la legislación financiera de 1977 y la de inversiones extranjeras de 1980, establecidas en la gestión de Martínez de Hoz- Videla. Ambas leyes siguen hoy vigentes. En los años 90, el Banco Mundial financió la reforma del Estado Nacional, dentro de esto estuvo el “Programa de Asistencia al Plan Minero” y parte del cambio fue la reforma constitucional de 1994. Este orden jurídico permite que las provincias, dueñas de los recursos, los entreguen a la voracidad de las empresas extranjeras y se favorezcan los intereses de burocracias políticas corruptas asentadas en las provincias mineras. Este sector recibe trato impositivo privilegiado con estabilidad fiscal por treinta años, está exenta del pago de aranceles de importación y del pago de estadística.

Unos pocos números evidencian la magnitud del saqueo, en el trienio 2004-2006 la empresa La Alumbrera exportó concentrados de oro y cobre por valor de 2.200 millones de dólares, mientras que en el mismo período la provincia de Catamarca recibió, en concepto de canon, 48 millones de la misma moneda, el 2,2 % del valor. Lo más grave de esto es que la base de cálculo, tanto de lo exportado como lo pagado a la provincia, es una declaración jurada de la empresa que no tiene ningún tipo de intervención ni control estatal. Catamarca sigue siendo la provincia con mayor pobreza del noroeste argentino. La Alumbrera consume el 80 % de la electricidad de todo el NOA y tiene la energía subsidiada por todos los argentinos.

El virtuoso doble superávit, el fiscal y el del comercio exterior, así como las tan mentadas Reservas del Banco Central, que no tenían otro objeto más que asegurar el pago de la deuda externa ilegítima y fraudulenta, están en peligro, acosados por la realidad del impacto de la crisis económica mundial. El gobierno responde con un ajuste “nacional y popular”, es decir llama “sintonía fina” a la reducción del gasto público vía reducción de ingresos de los trabajadores estatales, eliminación de subsidios y aumento de tarifas de los servicios públicos, la financiación con los fondos de las obras sociales sindicales y los “aprietes” de Guillermo Moreno para reducir las importaciones industriales, cuyo límite es el aumento del desempleo. El verano se calienta aún más con los justos reclamos planteados por la CGT y la CTA, y se recalentó todavía más, con la pueblada de Famatina.

Cada cual atiende su juego. El gobierno nacional intenta despegarse del tema de la megaminería, intenta que no se recuerde la participación que tuvo desde sus orígenes, en la época en que Néstor Kirchner era gobernador, en plena era de las “nefastas políticas neoliberales de los 90”, cuando se instaló en Santa Cruz la Anglo Gold asociada con Fomicruz, empresa provincial. Tampoco quiere que se recuerde la reunión con Peter Munk presidente de la Barrick Gold, ni el veto presidencial a la Ley de Protección de los Glaciares. Adopta un bajo perfil y promueve que el “debate esclarecedor” sea llevado adelante por el gobernador de La Rioja, los otros gobernadores afectados y las empresas. Juega al desgaste de la protesta, más que al efecto de esclarecimiento. Por su parte, Greenpeace, que por su origen canadiense, conocía el paño, no podía ignorar los oscuros orígenes, y peores procederes de Barrick Gold, ni los desastres ambientales y las demandas en su contra, que tenía la famosa minera canadiense. Durante los años 90, en que empezó a delinearse la política minera y se hicieron los planes para avanzar con la megaminería, en esos momentos Greenpeace, en lugar de alertar sobre lo que se venía, nos distraía con apocalípticos pronósticos con respecto al clima, nos hacía mirar hacia arriba, hacia la atmósfera, cuando lo que querían era llevarse los recursos que teníamos bajo nuestros pies. Ahora, cuando la megaminería es una realidad instalada y con miras a seguir en expansión, ante las resistencias populares se monta sobre las mismas y con su indudable capacidad de agitación social, logra incluir en parte, su agenda antinacional en los reclamos. El 3 de febrero pasado, Martín Prieto, Director Ejecutivo de la filial argentina de la transnacional ecologista Greenpeace, publica en Clarín, en lugar destacado, su artículo “Una agenda ambiental para la Presidenta” donde se atreve en cinco puntos a recomendar políticas a la Presidente argentina. El día 7 de febrero va más allá y publica en el mismo medio una solicitada en contra de la energía nuclear. Es notable cómo se ha dado vuelta con relación a éste tema, el cineasta Pino Solanas, quien en su magnífica película “La Argentina latente” muestra el importante desarrollo autónomo que tuvo por 60 años nuestro país y muestra en la misma, emotivos reportajes a quienes fueron pioneros en el tema y a quienes continúan la senda abierta. Pino ahora piensa como Greenpeace. Esperemos que el gobierno argentino mantenga el rumbo que ha adoptado en materia nuclear, continuando con los planes de Atucha II, y de otras centrales nucleares así como la construcción del CAREM, como ha anunciado.

Nos atrevemos también a proponer políticas a la presidente: que abandone las ilusiones de su programa neodesarrollista, el ajuste anunciado y encare un camino de enfrentamiento con el imperialismo, deje de pagar la deuda externa, denuncie los tratados de Londres y Madrid, y los similares con los países de la Unión Europea, con los países del Commonwealth, con los EEUU y con Japón. Nacionalice la banca y el comercio exterior. Estatice todas las empresa públicas que fueron entregadas a precio simbólico, no sólo YPF. Reforme la constitución, no para extender su mandato sino para que recupere el espíritu de la constitución del 49, que el Estado Nacional recupere la propiedad de los recursos y la planificación estratégica: la Revolución Nacional y Social es un sueño eterno.

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 16/01/2012 - 03:08

Sorprendentes coincidencias entre el Partido Obrero y el “Tata” Yofre

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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A. Guerrero

Es notable hasta qué punto pueden coincidir la izquierda y la derecha cipayas cuando se trata de enfrentar a las fuerzas nacionales y populares de los países semicoloniales. Comparemos, si no, el artículo que transcribo abajo, aparecido en la prensa del Partido Obrero, con el diálogo entre el supuesto ex montonero Luis Labraña y el supuesto periodista Juan “Tata” Yofre, transcripto en el libro “Volver a matar”, de éste último.

Para el Partido Obrero Perón fue un contrarrevolucionario

Alejandro Guerrero, del PO, dice que el regreso al país de Perón en 1973 no fue resultado de las luchas populares que se sucedieron desde 1955 en adelante, como todo el mundo sabe, sino que “Perón regresó traído por los mismos que lo habían derrocado en 1955”. Es decir, a Perón no lo habrían traído el movimiento obrero y los sectores populares, sino que lo trajo la oligarquía para que desarrollara una “tarea contrarrevolucionaria”.

¿Está claro? Según PO las victorias electorales de 1973 significaron… ¡un triunfo del imperialismo y la oligarquía! En consecuencia, las organizaciones supuestamente “revolucionarias” como PO tenían el deber de enfrentar al gobierno peronista y tratar de derribarlo. Eso es lo que justamente hicieron en 1976: llevaron adelante una tarea de agitación tendiente a debilitar al gobierno peronista hasta su derrumbamiento final. Que la caída del gobierno peronista haya sido usufructuada por la rosca oligárquico-imperialista para liquidar al movimiento popular e imponer un programa retrógrado cuyos efectos aún se sienten, es un mero detalle. (Santucho y el ERP, en pleno delirio, creían que el golpe del 24 de marzo era la “antesala de la revolución socialista”). Lo importante es que “desde la Izquierda” PO enseña a sus militantes que Perón fue un contrarrevolucionario decidido a llevar adelante una contrarrevolución.

Las tesis centrales de la cloaca procesista

Lo mismo dice la derecha procesista del “Tata” Yofre y compañía. Veamos el diálogo que Yofre mantiene con el supuesto ex montonero Luis Labraña, un “arrepentido” que recoge aplausos en la cloaca procesista que rodea a Cecilia Pando.

Labraña le cuenta a Yofré lo que le dijo un interrogador policial poco antes de la asunción de Cámpora: “Usted se va a salvar, todos ustedes se van a salvar porque se van a subir a un barco en este momento, pero, acuèrdese bien, que el barco al que ustedes se suben se va a hundir porque lo vamos a hundir nosotros”. Entonces Yofre le responde a Labraña: “El barco era el gobierno democrático que surgiría después del 11 de marzo”. Labraña asiente y agrega: ““me estaba advirtiendo que no iba a durar mucho, porque todo el aparato estaba intacto, que no se iba a admitir el nuevo proceso que se abría”. Pero Yofre objeta: “¿Me permitìs que te corrija un poco? El que no lo iba a permitir era Juan Domingo Perón. Porque cuando vos escuchás hoy a algunos historiadores que hablan del aparato represivo que estaba montado… no, no, es Perón”.

La tesis de Yofre (y de otros autores más o menos ligados a la CIA o a la última dictadura, como Acuña, Márquez, el jovencísimo Laje o, incluso, Ceferino Reato) es que fue el mismísimo Perón el que inició la represión que luego continuarían los golpistas del 24 de marzo.

La tesis completa contiene los siguientes ítems:

1) En sus orígenes, los Montoneros eran rescatables: eran peronistas, católicos y salidos del pueblo llano, pero luego fueron copados por “las FAR, que eran tipos duros, muy alejados del pueblo, eran los rubios, hijos de familias de clase media y clase media alta” que servían “a las necesidades estratégicas dle Bloque del Este y de Cuba”, dice Labraña.

2) Bajo el gobierno militar de Lanusse, a través de la Cámara Federal en lo Penal creada en 1971, se enfrentó “el fenómeno subversivo”. Dice Yofre: “tuvimos la gran oportunidad de combatir el fenómeno subversivo con la ley en la mano”, pero “los terroristas fueron liberados (por el gobierno de Cámpora) y volvieron a cometer actos criminales”.

3) Entonces llegó Perón, dice Yofre, que “volvió a reformar el Código Penal, y luego María Estela Martínez de Perón intentó recrear un mecanismo similar al de la Cámara Federal Penal (…) pero ya era tarde. Se había perdido la confianza en la Justicia y en el Parlamento”.

4) La consecuencia de lo anterior —dice Yofre— fue que “frente a los hechos terroristas comenzó a imperar la respuesta de la ‘ley de la calle’ y llegaron las patotas, hasta que se ordenó a las Fuerzas Armadas ‘aniquilar’ a la subversión”.

Derecha e izquierda cipayas identifican a Perón con Videla (al nacionalismo burgués con el liberalismo oligárquico)

De los ítems precedentes surgen claramente dos cuestiones:

a) la implícita exculpación del terrorismo estatal de la dictadura de 1976, puesto que los militares habrían hecho lo que se les ordenó, y luego del fracaso de los “civiles”;

b) la co-responsabilidad de Perón en la política represiva.

Es notable que respecto de la co-responsabilidad de Perón en la represión, la derecha filoprocesista coincida con la ultraizquierda del estilo de PO. Unos y otros visualizan una línea de continuidad entre Perón y Videla. Sin embargo, esa línea de continuidad no existió jamás. Es cierto que Perón se decidió a reprimir con severidad a las organizaciones que practicaban la “lucha armada” contra su gobierno. Sin embargo, esa represión tenía como propósito defender un programa (inviable) de capitalismo nacional más o menos autónomo contra quienes lo objetaban “por izquierda” y “por derecha”.

Podríamos decirlo de la siguiente manera: el nacionalismo burgués encarnado por Perón se encontraba en 1973 sin posibilidades de controlar los aparatos represivos estatales (las FF.AA. infiltradas por la CIA le eran hostiles), y sufría simultáneamente el desafío que le presentaban las organizaciones militares irregulares, que durante un tiempo (sólo durante un tiempo) encarnaron una perspectiva de desenvolvimiento hacia el socialismo del proceso popular abierto. Para enfrentar a estas últimas, Perón debió entonces dejar la vía libre al terrorismo paraestatal (Triple A), ya que no controlaba los aparatos represivos estatales. Pero el enfrentamiento entre el terrorismo y el contraterrorismo favoreció el repliegue de las masas populares, y ese repliegue fue letal tanto para el nacionalismo burgués (Perón) como para sus críticos “de izquierda”. Quienes lo aprovecharon fueron las viejas clases dominantes, que tenían a su servicio a las Fuerzas Armadas infiltradas hasta el tuétano por la CIA y el Pentágono.

Vemos, entonces, que la política represiva desatada contra las organizaciones guerrilleras o terroristas (y contra el movimiento popular) debe ser distinguida según al servicio de qué intereses y qué política se lleve a cabo. No hacer esta distinción es un despropósito que conduce a trazar una línea de continuidad entre Perón y Videla, calificando a ambos como “contrarrevolucionarios”, tal como hacen la ultraizquierda y la ultraderecha. Conduce, en definitiva, a pasar por alto las diferencias existentes entre dos entidades complejas pero opuestas entre sí como son el Frente Nacional Antiimperialista, por un lado, y el Bloque Oligárquico Imperialista, por el otro.

El kirchnerismo ha lanzado un Instituto de Revisionismo Histórico. Este Instituto, en vez de limitarse a repetir de manera degradada las tesis expuestas por el “viejo” revisionismo respecto de temas mil veces abordados, debería estudiar estos problemas no tratados, ofreciendo una perspectiva diferenciada de lasque ofrecen la izquiersa y la derecha cipayas.

  • Declaraciones 
  • Artículo cargado el 10/01/2012 - 22:23

Los judíos argentinos deben denunciar a la DAIA

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En el último párrafo de una declaración reciente, la DAIA señala: “La DAIA, representación política de la comunidad judía argentina…”.

Sin embargo, toda la declaración no hace más que repetir el discurso del imperialismo estadounidense y de su protectorado israelí. La DAIA condena el “programa nuclear ilícito” (sic) de Irán, pero nada dice de las armas atómicas que poseen EEUU e Israel. ¿Será porque ese arsenal destructivo es “lícito”? Acusa a Irán de “incitar al genocidio” (sic), pero nada dice del genocidio concreto desatado por contra el pueblo palestino desde hace más de medio siglo, o contra el pueblo iraquí desde la invasión estadounidense.

Toda la declaración de la DAIA, desde el primero hasta el último párrafo, parece salida de las oficinas de Inteligencia de la CIA o del Pentágono. Es pura acción psicológica.

No es casual que junto a Irán, sean atacados Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. Y que, de manera indirecta, se advierta a los gobiernos de Brasil y la Argentina que no deben vincularse a Irán.

¿Qué le preocupa más a la DAIA? ¿Que los ingleses ocupen nuestro territorio en Malvinas? ¿O los intereses geopolíticos de los EEUU?

Es un deber moral y político de los judíos argentinos hacer oír su voz denunciando que la DAIA no representa a la comunidad judía argentina.

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 10/01/2012 - 22:14

Sobre burócratas, traidores y “auténticos representantes”

Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

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Izquierda Nacional

Osvaldo Calello

En una segunda nota referida a posiciones sostenidas desde Socialismo Latinoamericano y publicada en su Página web,[1] los compañeros de El Frente Negro reafirman posiciones respecto a dos asuntos que en el presente revisten importancia política capital: la caracterización de la burocracia sindical de una parte, y el potencial transformador del kirchnerismo, de la otra. Todo esto a la luz de la confrontación que se desarrolla entre el gobierno y la fracción de la CGT encabezada por Hugo Moyano.

La nota en cuestión sale al cruce de la siguiente afirmación: “a través de una fracción de la burocracia, ha comenzado a expresarse la tensión creada por el programa de ajuste gubernamental en un sector del movimiento obrero”.[2] Si uno se atiene literalmente a la réplica de El Frente Negro no hay tal ajuste ni tensión alguna: “dudamos mucho que la actitud de Moyano sea expresión de una tensión existente entre la clase trabajadora y el gobierno, que en todo caso, con su ‘ajuste’ está afectando a los sectores más pudientes de la sociedad y pidiendo racionalidad a los reclamos de los ‘obreros’ más privilegiados”. Resulta un tanto difícil de aceptar que el ajuste (sin comillas) en los servicios públicos, el congelamiento de las escalas del impuesto al salario o los topes de las asignaciones familiares, así como la revisión de los plus salariales de los empleados públicos o el intento de establecer un límite a los aumentos paritarios por debajo de la inflación, afecte sólo a los “sectores más pudientes”, éstos sí verdaderos privilegiados por la política de subsidios al capital de los últimos años.

Simplemente, para El Frente Negro “la tensión que encarna Moyano es la de sus pares de la oligarquía sindical”. Sin duda Moyano expresa intereses particulares y personales que tienen que ver con posiciones de poder, con sus negocios y también con su situación judicial. Pero, ¿se trata sólo de esto? La nota en cuestión admite que “sin duda muchos de los reclamos que enarboló Moyano son legítimos”, pero señalan que lo sustancial del asunto es el corte político que estableció respecto del gobierno. Éste es sin duda uno de los centros de la presente discusión. En efecto, una vez consumada, la ruptura política se independiza de sus motivaciones iniciales y adquiere un significado más complejo de acuerdo al contexto en que se inserta. A este significado no son ajenos los cambios que se han producido en la relación entre el gobierno y la dirección de la CGT desde la muerte de Néstor Kirchner, claramente visibles a la luz de la exclusión de representantes sindicales en las listas electorales del Frente para la Victoria, con casos sintomáticos como los desplazamientos de Piumato y Schmid.

Burocracia y kirchnerismo

Esta decisión reveló en todo su alcance la idea que tiene la actual dirección del kirchnerismo respecto del movimiento obrero y de la burocracia. Pero quienes la expresan con todas las letras son los militantes de El Frente Negro. En uno de los párrafos más significativos de su nota dicen lo siguiente: “Los burócratas nunca apoyaron al kirchnerismo realmente, sino en la medida en que pudo revestir beneficio para sus intereses egoístas inmediatos. Del mismo modo no apoyan a la clase trabajadora ni a la causa nacional, sino en la medida en que son instrumentos para su sed inagotable de poder”. De un solo golpe el texto reduce a la burocracia a la condición de capa puramente parasitaria, enquistada en los aparatos sindicales con un único objetivo: la reproducción ampliada de sus propios intereses materiales. Solo faltó clasificarla como una anomalía, externa a la experiencia de clase. El enfoque es, en el mejor de los casos, unilateral. No puede explicar, por ejemplo, por qué en los 90’ el MTA rompe con la CGT menemista y enfrenta la política neoliberal del gobierno y, luego, en el 2000 se convierte en la fuerza que encabeza la resistencia obrera a la nueva vuelta de tuerca de la flexibilización laboral del régimen de la Alianza. ¿Acaso es posible explicar esos enfrentamientos reduciéndolos simplemente a la defensa de intereses estrechamente corporativos? Por el contrario, en ambas experiencias, sectores importantes de la clase trabajadora se valieron de lo que tenían a mano –los sindicatos controlados por la burocracia– para resistir la presión estatal impuesta por los círculos dominantes del gran capital.

Tampoco esta simplificación es válida para explicar la alianza entre la dirección de la CGT y el kirchnerismo. En realidad la política de los sindicatos originalmente alineados en el MTA, que luego conquistarán la dirección de la central obrera y establecerán la alianza con el gobierno de Néstor Kirchner, se desarrolla desde la segunda mitad de los 90’, y bajo el gobierno de De la Rúa sigue un curso paralelo a la línea de diferenciación establecida en los círculos de los grandes negocios por el llamado Grupo Productivo (UIA, Cámara de la Construcción, CRA) en busca de una política burguesa con centro de gravedad en el capital productivo, que abortara los planes de dolarización provenientes de la banca multinacional. Esa orientación se expresó en el apoyo primero al gobierno de Duhalde-Lavagna y luego al de Kirchner-Lavagna. De esa orientación formó parte también la política de la CGT.

Difícilmente pueda pasarse por alto que la burocracia sindical, hoy repudiada por muchos kirchneristas,  jugó el papel de fundamental importancia en el sostenimiento de los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, en las horas más difíciles del enfrentamiento con las patronales agrarias, las corporaciones periodísticas y la vieja oligarquía partidocrática, y también en la contención de las demandas salariales que no se ajustaban a las exigencias del modelo. Es esto lo que le echó en cara, con todo derecho, Moyano al gobierno. A través de los cuadros de los aparatos sindicales, aún con todas las distorsiones y deformaciones conocidas, los trabajadores expresaron consentimiento o apoyo; en todo caso, afirmaron su decisión de no retroceder a una correlación política anterior a la crisis de diciembre de 2001. Muchos de los dirigentes de esa burocracia son genuinamente peronistas, cosa que no podrían demostrar más de uno de los actuales funcionarios de palacio. Desde esta ubicación Moyano opone el peronismo al kirchnerismo y establece un quiebre en el relato oficial.

¿Profundización del modelo?

Naturalmente, si como sostienen nuestros críticos, el ajuste sólo afecta a “los sectores más pudientes de la sociedad” y, en consecuencia, no genera tensión alguna en las bases obreras, el conflicto quedará circunscripto a la relación del gobierno con una fracción de la cúpula sindical. En este caso el desenlace es fácil de predecir.  Pero los compañeros de El Frente Negro no ignoran que la situación no es tan sencilla. En su escrito destacan la capacidad que ha demostrado el kirchnerismo para tomar la iniciativa en situaciones críticas (ley de medios, estatización de las AFJP, etc), pero inmediatamente reconocen que no se han conmovido los “cimientos fundamentales” heredados del neoliberalismo: “ley de entidades financieras, privatizaciones de los servicios públicos y provincialización de los recursos naturales. Entre otros temas”. Bien, éste es el punto. Esta herencia es una pesada carga que, a medida que pasa el tiempo, gravita en forma creciente sobre el balance del poder, y llegado el momento exigirá una definición. Ese momento no está en un tiempo indefinido. En su respuesta El Frente Negro cita un artículo publicado en Miradas al Sur, en uno de cuyos pasajes se afirma que “cambiar un estado de cosas en temas que son el corazón del capitalismo financiero (reforma financiera, impositiva y del Banco Central) significa ponerse a las corporaciones del poder económico en contra sin la certeza que los propios beneficiarios mantengan una conducta sostenida de compromiso político con el cambio. Por otro lado, no avanzar en esa dirección deja dos flancos delicados. El primero es que con el contexto de crisis internacional o se pone un dique a las multinacionales y a los grandes bancos o son los trabajadores y la clase media los que pagan. El segundo es que buena parte de la militancia que sostiene el kirchnerismo va en esa dirección y espera un debate seguido por medidas efectivas”. 

Está claro que la situación ha de definirse en un sentido u en otro: o el kirchnerismo decide enfrentar el poder de los bancos y las multinacionales o, por el contrario, sigue sin tocar los “cimientos fundamentales” de la estructura heredada de los 90’, y entonces los costos de la crisis y del sostenimiento del modelo lo pagan los trabajadores y las capas populares de clase media. Por eso cuando en la nota que dio origen a esta discusión señalamos que la consigna “profundizar el modelo” no tiene sentido, ya que ese modelo ha dado todo lo que se podía esperar de un programa de matriz desarrollista, lo que estábamos afirmando es que los factores estructurales heredados del período neoliberal son internos (no externos) al presente patrón de acumulación de capital, vale decir, resortes determinantes de su funcionamiento. Aludíamos, en consecuencia, a la necesidad de que los trabajadores formulen su programa político general por fuera del modelo, apuntando a la desarticulación de esos factores y afirmando una línea de construcción autónoma.

Notas:
  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 08/01/2012 - 21:58

El derrocamiento de Salvador Allende encierra enseñanzas claves que deben ser conocidas

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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A quienes dispongan de tiempo para la lectura en este caluroso enero, les recomiendo el siguiente libro: Fórmula para el caos. La caída de Salvador Allende (1970-1973). Su autor es el profesor brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira, un hombre comprometido políticamente con el gobierno de Joao Goulart derrocado en 1964 por Garrastazu Medici, y que por ese compromiso estuvo preso y debió exiliarse durante años.

Lo primero que debo decir es que no comparto la perspectiva teórica desde la que está escrito el libro. Moniz Bandeira parte de la concepción marxista según la cual una formación social no está agotada hasta tanto las relaciones sociales que en ella imperan no hayan sido rebasadas por el desenvolvimiento de las fuerzas productivas. Mientras esto no ocurra, toda pretensión de hacer una revolución sonará utópica y acabará en el fracaso si se la intenta llevar a cabo. Aunque esto es cierto en términos generales, se trata de un esquema que debe ser evaluado a la luz de la dinámica del proceso histórico. Tomado al pie de la letra, o de manera esquemática, implicaría no sólo la inutilidad de toda labor política revolucionaria, sino de toda labor política a secas: la militancia sería definitivamente sustituida por “la gestión”, como dicen los “posmodernos”). A partir de este supuesto, Moniz Bandeira dice que en Chile, en 1970/73, no estaban dadas las condiciones para avanzar hacia el socialismo; ni por la “vía pacífica” pregonada por Allende, por el PC y por la derecha del PS, ni por la “vía insurreccional” pregonada por el MIR, por la izquierda del PS y tal vez por otras organizaciones como el MAPU. En consecuencia, la derrota final del gobierno de Allende estaba predetermiada y nada de lo que las fuerzas políticas revolucionarias hubieran podido hacer o dejar de hacer iba a evitarla. (Tengo la impresión de que Moniz Bandeir confunde el socialismo con las medidas nacional-democráticas tomadas por el gobierno de la UP, como estatizaciones, reforma agraria, etc.  Pero dejaré este punto para otro momento)

Es esta perspectiva “trágica”, y a mi modo de ver equivocada, la que paradójicamente le confiere un atractivo especial al libro, que puede ser leído como un “thriller” que nos atrapa desde la primera página con su intensidad. Son más de 400 páginas que se leen de corrido, y no voy a resumirlas acá. Sólo diré que gran parte del atractivo del libro de Moniz Bandeira obedece al hecho de que trabaja con documentos desclasificados recientemente en Estados Unidos que no dejan dudas acerca de cuestiones como:

1) El papel protagónico que tuvo la CIA en el fracaso de la “vía chilena al socialismo”. Se narran con detalle las “operaciones encubiertas” (como el financiamiento del diario “El Mercurio”, entre otros, o el de las campañas electorales de los partidos Nacional y Demócrata Cristiano) y las “operaciones de engaño” (como la adjudicación a la izquierda de acciones terroristas llevadas a cabo por agentes infiltrados). Verdaderamente, causa escalofríos conocer de las propias fuentes hasta qué punto la Inteligencia imperialista estaba infiltrada por entonces en el aparato estatal chileno (¡y no solo en el chileno! ¡y no sólo por entonces!).

2) La participación activa de la dictadura militar brasileña en la conspiración contra Allende (en Brasil, por ejemplo, se organizaban reuniones conspirativas entre los dirigentes del grupo ultraderechista y terrorista “Patria y Libertad” con militares golpistas). También menciona que hacia agosto de 1973, también militares argentinos estaban en contacto con los terroristas de “Patria y Libertad” para brindarles apoyo.

3) El abierto carácter nacional y de clase que tenía la divisoria de fuerzas entre la Unidad Popular, por un lado, y las fuerzas opositoras, por el otro. Mientras detrás de Allende estaba básicamente el pobrerío:  la clase obrera, junto a sectores de clase media baja, y la juventud radicalizada, en el arco opositor convergía lo que nosotros llamamos “rosca oligárquico-imperialista”: el entramado entre las empresas extranjeras, los latifundistas, las capas superiores de la clase media, los altos mandos militares, los partidos políticos tradicionales, el Poder Judicial, etc.)

Moniz Bandeira va siguiendo casi día a día el progresivo deterioro del gobierno de Allende, hasta el momento en que -trabado por sus propias contradicicones internas- ya no podía ni avanzar (como proponían dirigentes como Altamirano o Enriquez) ni retroceder (como quería el stalinismo), y sólo le quedaba esperar la caída. El libro nos pinta un panorama en el cual las fuerzas contrarrevolucionarias operaban simultáneamente en los niveles político, ideológico, económico y militar, con acciones que respondían a una suerte de “mando unificado” que estaba situado más allá de Chile, en el Pentágono, donde los norteamericanos tenían razones geopolíticas (su disputa con la URSS) y razones económicas (los intereses de las empresas dueñas del cobre) para liquidar a Allende. Y como trasfondo, nos cuenta también cómo la contrarrevolución se posicionaba más allá de Chile. La dictadura brasileña que derrocó a Goulart en 1964 consiguió imponer en Bolivia a Banzer en 1971, luego de liquidar el nacionalismo militar de Ovando y de Juan José Torres (con la complicidad de los “idiotas útiles” de la ultraizquierda). Con Banzer en el gobierno, los contrarrevolucionarios chilenos encontraron una base de apoyo logístico.

Paralelamente, en 1973 se había cerrado (tambièn con intervención de Brasil y de la CIA) el proceso de masas que se insinuaba en Uruguay: los Tupamaros habían sido derrotados, sus intentos de establecer vínculos con militares “peruanistas” estaban terminados y el propio referente del Frente Amplio estaba en prisión. En Perú, el estrangulamiento del proceso revolucionario se daría en 1975, cuando Morales Bermúdez desplaza a Velasco Alvarado. Chile fue el paso siguiente, en setiembre de 1973. Sólo quedaba Argentina. Y el 24 de marzo de 1976 los mismos protagonistas de la tragedia chilena (las “fuerzas vivas” de la oligarquía, los militares vendepatria al servicio de la CIA, la pequeña burguesía cipaya, la partidocracia) consiguieron derrotar al proceso revolucionario abierto años atrás derribando al gobierno peronista.

Tal vez quienes lean el libro de Moniz Bandeira compartiendo su perspectiva de análisis, concluirán que aquella época demostró una vez más que los ideólogos burgueses tienen razón cuando advierten que todo intento de construir el paraíso en la Tierra acaba con la construcción de un infierno. Tal vez lleguen así a la conclusión de que es mejor conformarse con algo de “democracia” y de “derechos humanos” sin pretender ir más allá y “despertar al monstruo”. Quienes lean el libro desde una perspectiva revolucionaria, en cambio, encontrarán grandes estímulos para revisar viejos errores y pertrecharse mejor para cuando vuelvan a soplar con fuerza los vientos emancipatorios en América Latina.

  • Bolivia 
  • Artículo cargado el 08/01/2012 - 00:56

Nizkor, los guaranies, Soros y las petroleras

Andrés Soliz RadaIzquierda Nacional de Bolivia

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Jaime Corisepa, Presidente de la Federación Nacional del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD-PERU), entrevistado por Pablo Cingolani (Bolpress, 30-12-11), informa que en una “decisión histórica, la FENAMAD sancionó a dirigentes indígenas que favorecieron a las petroleras Hunt Oil y Repsol-YPF para que ingresen a la Reserva Comunal Amarakaeri. Los despojaron de su condición de dirigentes y comuneros. La sanción alcanzó al actual presidente y representante legal ante el Estado de la Reserva Comunal Amarakaeri, Adán Corisepa; al actual presidente de la comunidad nativa de Shintuya, Jacinto Bario, y a los comuneros Antonio Fernández y Rómulo Corisepa, por haber contravenido acuerdos soberanos que prohibían el ingreso de las petroleras nombradas a territorio indígena”. El dirigente añade: “Quisimos dar un ejemplo a todo el Perú con relación a la lucha contra la corrupción. El Estado y las empresas petroleras compran dirigentes para favorecer sus intereses”.

Cingolani, al terminar su entrevista, dice: “Nos despedimos de Jaime Corisepa, felices y confundidos. Felices de haber escuchado que la FENAMAD se fortalece –la sanción a los dirigentes vendidos a las petroleras es ejemplar en todo sentido- y que lo hace para enfrentar la ofensiva de las transnacionales sobre su hogar ancestral, sobre la selva. Confundidos porque, por momentos, no sabíamos si estaba hablando de lo que pasa en Perú o de lo que está pasando en Brasil o en Bolivia”. Paradójicamente, las organizaciones indigenistas guardan sepulcral silencio frente al convenio de los guaraníes de Tarija con Repsol, British y PAE E&P, el que, de acuerdo a comunicado del 15-III-11, “es el primero de esta naturaleza firmado en América Latina con una empresa multinacional petrolera y que, por tanto, esperamos que tenga repercusiones en las prácticas de la industria petrolera, siendo también un aporte específico y concreto a las reivindicaciones de las comunidades indígenas bolivianas y latinoamericanas”.

La Asamblea del Pueblo Guaraní en Itika Guazú (APG IG) indicó, en el mismo documento, que, en la fecha del comunicado, se dio comienzo a la actividad financiera del “Fondo de Inversión Itika Guazú”, que contará con una inversión de 14.8 millones de dólares (aportados por Repsol), cuya duración será de diez años renovables, los que fueron depositados en el Banco do Brasil, el que ha aceptado ser gestor del Fondo, lo que permitirá contar con su asesoramiento financiero a largo plazo. Añade que el uno por ciento de la suma citada (alrededor de 140.000 dólares), beneficiará mensualmente a los guaraníes de la zona, para luego aclarar que la negociación financiera ha sido dirigida por el argentino-español Gregorio Dionis, presidente de la ONG Nizkor, que opera en 40 países, cuyas oficinas principales están en España, Bélgica y EEUU (Bolpress, 26-12-11). La APG IG se ha negado, hasta ahora, a difundir sus acuerdos con Nizkor y Repsol.

Por otra parte, importantes personalidades, encabezadas por el ex Presiente de la Asamblea Constituyente del Ecuador, Alberto Acosta, han dirigido una carta al Presidente Rafael Correa, en la que califican de “traición a la patria” los contratos para recuperar la producción que el gobierno suscribirá con Schlumberger, Baker y Halliburton, en las provincias de Sucumbíos y Orellana (Bolpress, 29-12-11). Tal vez el presidente Correa podría argumentar que el MERCOSUR o la Comunidad Andina de Naciones (CAN) aún no han incursionado en la explotación e industrialización de rubros estratégicos, como la minería y el petróleo, por lo que, infelizmente, debe suscribir acuerdos con consorcios privados. Pero, en cambio, ¿qué puede decir la APG IG para explicar su asociación con Repsol, operadora del mega campo de gas más importante del país? ¿Sus dirigentes también deberían ser acusados de traición a la Patria?

Repsol y Exxon Mobil

El convenio APG IG - Repsol abre perspectivas de otras alianzas con el indigenismo en América Latina a sus empresas asociadas, como la Exxon Mobil, de Rockefeller, considerada la compañía extractivista que más genocidios y conflagraciones internacionales ha causado en la historia de la humanidad. Veamos algunos de los vínculos de Repsol con Exxon Mobil.:

Repsol YPF es el socio de Exxon en los bloques Loma del Molle y Pampa de las Yeguas:

http://www.americaeconomia.com/negocios-industrias/exxon-obtiene-dos-bloques-de-gas-no-convencional-en-argentina

Durante la segunda ronda de licitaciones de la Apertura Venezolana, el contrato de Quiamare-La Ceiba fue adjudicado por la petrolera estatal venezolana PDVSA a un consorcio de compañías formado actualmente por Repsol-YPF (operador, con el 50%), Exxon Mobil (25%) y Tecpetrol (25%). La producción actual del bloque es de 14.000 bpd y se estima que con los trabajos programados se duplicará esta cifra en el año 2004. http://www.bnamericas.com/news/petroleoygas/Repsol-YPF_Finaliza_Evaluacion_de_TAG-14.

Entre los socios de Repsol-YPF figuran BP, Exxon Mobil, EOG y Apache: http://mx.ibtimes.com/articles/19153/20111109/petrolera-argentina-ypf-hallazgo-crudo.htm.

Exxo comercializará productos de Repsol YPF http://www.mercado.com.ar/nota.php?id=4609

La petrolera española Repsol-YPF suscribió un acuerdo con la estadounidense Exxon Mobil Chemical para distribuir el 100% de oxo-alcoholes producidos en su complejo Ensenada, en Argentina, a través de su filial argentina de Exxon, Esso Petrolera Argentina

http://www.bnamericas.com/news/petroleoygas/Repsol_y_ExxonMobil_Suscriben_Acuerdo_de_Oxo-Alcoholes

Silencios de Nizkor

La APG IG ha suscrito un segundo convenio con Nizkor, la que asesoró a los guaraníes en su negociación con Repsol. La ONG, en nota titulada: “Algunas puntualizaciones a varios artículos de prensa y a Andrés Soliz Rada”, sostiene que “NUNCA” ha recibido financiación de la Fundación Rockefeller ni de George Soros (Bolpress, 29-12-11). El portal de Nizkor dice:

Un par de claras lecciones emergen del proceso de negociación que llevó al Fondo de Inversión Itika Guasu; una de cara al mundo de la filantropía, que Rebecca Adamson, fundadora y presidenta de First Peoples Worldwide (FPW) expone del siguiente modo:

“El Fondo de Inversión Itika Guasu es un gran logro para todos”. “Con frecuencia escuchamos a los financiadores decir que no pueden financiar a los pueblos indígenas directamente porque carecen de capacidad. Pasar por alto capacidades y habilidades como las demostradas por los guaraníes de la Itika Guasu debieran llevar al mundo filantrópico a repensar sus propias capacidades y relaciones con las comunidades indígenas, porque ahí fuera hay muchas más experiencias exitosas como ésta”. http://www.derechos.org/nizkor/bolivia/doc/convenio6.html

FPW, patrocinadora de Nizkor, “se convirtió en un proyecto del Centro Tides, en febrero de 2007… Ofrece apoyo a la organización FPW” http://www.nativewiki.org/First_Peoples_Worldwide. A su vez, el Centro Tides recibe importante financiamiento de la Open Society de George Soros http://kleinonline.wnd.com/2011/10/16/proof-wall-street-protests-no-

Cabe añadir que FPW es una de los 28 miembros del Global Philanthropy Committee del Council on Foundations, junto con la Rockefeller Foundation y la Open Society Foundation… http://www.cof.org/whoweserve/international/committee/index.cfm?navItemNumber=15638

El Centro Tides está asociado también a otras ONG, como las fundaciones Ford y Bush. http://www.nativephilanthropy.org/news/first_peoples_fund_announces_2012_artist_business/112811 (Revelación de Global Research de Michel Chossudovsy. es.wikipedia.org/wiki/Michel_Chossudovsky)

Nizkor y la “sentencia ejemplar”

La forma nebulosa con que Nizkor maneja sus fuentes de financiamiento contrasta con sus elogios a la Sentencia Constitucional (SC) de 25-10-10, que favorece a la APG IG en una demanda del Servicio de Caminos (SEDECA), que trataba de alquilar, durante cuatro meses, un campamento en la Comunidad de Cañadas (territorio de la APG) a la Compañía de Servicios Petroleros Petrosur SRL, a cambio de mejoras en sus instalaciones. El relator de la sentencia, Marco Antonio Baldivieso Jinés, en lugar de atenerse a la controversia, introduce temas ajenos a la misma, como las denuncias de esclavitud en la región del Chaco o el relativo a la pugna entre el pueblo Samaraka contra el Estado de Surinam, que violentó el derecho a la consulta previa que tienen los pueblos indígenas, originarios y campesinos cuando se afecta su hábitat.

Las denuncias de esclavitud en el Chaco y la pugna Saramaka versus Surinam motivaron resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en las que se sostiene que, en determinadas circunstancias, el derecho de consulta puede transformarse en veto. Este pronunciamiento adquiere después carácter de jurisprudencia internacional, para debilitar aún más a Estados nacionales in constituidos, como Bolivia, Ecuador y Perú, acelerando los riesgos de su desintegración. Nizkor, en su nota de 29-12-11, califica de “Sentencia Ejemplar”, la decisión judicial elaborada por Baldivieso Jinés, la que también es presentada ahora como antecedente internacional en controversias sobre consulta previa, entre países y comunidades indígenas. La SC, frente a la que no existe apelación alguna, pretende que la Nueva Constitución Política del Estado (NCPE), conocida por su indigenismo, sea aún más fundamentalista, equipare la consulta previa con derecho a veto.

El Secretario de Hidrocarburos de Tarija, Dino Beltrán, advirtió que este departamento corre el riesgo de un colapso energético por la sistemática oposición de la APG IG a la ampliación del Gasoducto Tarija Villamontes (Periódico “El Nacional”, Tarija, 04-01-12). En Villamontes, zona fronteriza con Paraguay, se hallan los mega campos de gas más importantes del país, los que cuentan con enormes gasoductos de exportación, cuyas compañías más beneficiadas son Repsol, British Petroleum, Petrobrás y Panamerican Energy.

  • Crítica literaria 
  • Artículo cargado el 31/12/2011 - 20:12

Las minorías sexuales capturadas por el discurso anticientifico del “posfeminismo”

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

Etiquetas/Temas: minorias sexuales,

La “perspectiva de género”, con toda la vaguedad que la expresión conlleva, ha intentado constituirse en los últimos tiempos en el basamento teórico de las reivindicaciones identitarias de las llamadas “minorías sexuales”. Sin embargo, estas últimas no presuponen necesariamente la primera. Siempre será posible inscribir las reivindicaciones identitarias en un marco teórico alternativo, lo cual no será indiferente para sus potencialidades emancipatorias.

El pasado martes 27 de diciembre Clarín publicó una nota de Leticia Sabsay, quien adhiere a las concepciones de Judith Butler, una académica norteamericana “lesbo-feminista”. Por detrás del apoyo a la ley de identidad de género recientemente sancionada, fluyen en el artículo de Sabsay una serie de conceptos que están reñidos no sólo con el conocimiento científico más elemental fundamentalmente, el referido a la bipartición sexual inherente a la especie humana), sino hasta con el sentido común. He marcado en rojo esos conceptos, pero me permitiré reseñarlos:

Primero. Sabsay reclama el derecho de todos a “ser reconocidos —dice “reconocidxs“— de acuerdo al género con el que nos identificamos”. Esto significa que si un señor entrado en años decide autoproclamarse señorita quinceañera, habrá que tratarlo como señorita quinceañera. Si algún esencialista extraviado le dijera: “¡pero usted no es una señorita quinceañera sino un señor entrado en años!”, entonces estaría discriminándolo. El señor-señorita quinceañera podría recurrir al INADI para exigir que se respete su “derecho humano” a ser considerado señorita quinceañera.

Segundo. Sabsay nos informa que nuestro señor entrado en años tiene derecho a ser considerado señorita quinceañera porque de ese modo se estaría reparando la “arbitraria” “asignación de género” que al nacer le impuso “la institución médica” de acuerdo a la determinación de una “presunta anatomía”. Esto significa que así como a nuestro señor entrado en años se le “asignó” al nacer un nombre determinado, pongamos Pedro, o Manuel, pudiéndosele haber asignado otro diferente, como José o… ¿por qué no? María, también se le podría haber asignado la condición de mujer, en vez de la de varón. Es decir que para Sabsay no existen más razones para que una persona sea considerada varón o mujer que las que existen para que esa persona se llame Pedro o María: se trata sencillamente de la “arbitrariedad” del asignador. ¿Sabrá Sabsay cuáles son las diferencias existentes entre las leyes científicas y las leyes jurídicas?

Tercero. El problema de la “presunta anatomía” está aclarado (aclarado es un decir) de la siguiente manera. Cuando nacemos —dice Sabsay— no somos niños o niñas, como todo el mundo cree, sino “niñxs”. A diferencia de un niño o de una niña, que estarían signados por “su supuesto ‘sexo’“, un “niñx” es una entidad que será “considerada sociológicamente como de sexo femenino o masculino” a partir de “una categoría sociológica que pasa por médica”, es decir, a partir de “una definición social de la anatomía que se fundamenta en el saber-poder de la institución médica”. Dicho en criollo: ser nene o nena no depende de tener pito o cachucha, sino de una “definición social” que, como ya nos dijera la propia Sabsay, es impuesta por el dispositivo médico-psiquiátrico de manera “arbitraria”.

Personalmente, creo que toda esta ensalada terminológico-conceptual no tiene pies ni cabeza. Pero no es una preocupación teórica, científica o filosófica la que me conduce a salirle al cruce, sino una preocupación política: el legítimo derecho que tenemos todas las personas de vivir nuestra sexualidad de la manera más libre y plena posible, no puede depender del transitorio atractivo que una moda académica de los países imperialistas ejerza sobre la intelligentzia colonizada. Porque la moda va a pasar, y las demandas identitarias seguirá vigentes, por lo cual es imprescindible comprender su verdadero significado, entrelazarlas con otras demandas igualmente legítimas y articularlas a un proyecto de crítica social y cultural al capitalismo global.

Una observación final. El artículo de Sabsay recurre una y otra vez a la palabra “género”. En su libro Fronteras sexuales editado por Paidós hace unos meses, la autora reconoce abiertamente que ese término “puede funcionar como instrumento analítico (debido) a que se ha dado como un concepto inestable”. Es decir: el término “género” aparece como un concepto-comodín al que se puede recurrir cuando no se sabe bien qué se quiere decir o cuando se quiere matizar el significado más preciso que tiene el término “sexo”. En un comienzo, con el empleo de “género” se quería hacer referencia a la dimensión cultural o social que está presente en la sexualidad, además de la dimensión biológica. Pero posteriormente, las feministas posmodernas (o “posfeministas”) como Butler empezaron a reemplazar el térmimo “sexo” por el término “género” y a decir que el género es “performativo”, lo cual significa que se crea a sí mismo “en el discurso”. Hemos visto que Sabsay adhiere a este punto de vista que, entre otras cosas, es filosóficamente antimaterialista y por tanto antimarxista.

Aunque el libro “Fronteras sexuales” se torna por momento tedioso por su lenguaje abstruso, conviene leerlo para advertir las implicancias políticas de estos discursos que pretenden pasar por “progresistas” pero que están dirigidos contra el pensamiento socialista y de izquierda. Mencionaré sólo dos de esas implicancias:

1) la defensa desvergonzada de la prostitución, es decir, de la mercantilización de la sexualidad y la captura del erotismo por la sociedad capitalista, llamando eufemísticamente a las prostitutas y prostitutos “trabajadores sexuales independientes”. Sabsay deplora “la cantidad de Estados que al tiempo que implementan políticas sexuales de lo más progresistas, siguen criminalizando el trabajo sexual independiente, una zona que, de hecho, parecería marcar el límite de lo que entendemos por democracia sexual”. O sea que la “democracia sexual” incluye para Sabsay el libre ejercicio de la práctica alienante de la prostitución.

2) la defensa vergonzante de la pedofilia, que aparece cuando la autora denuncia “exclusiones que están siempre implicadas en las políticas de reconocimiento de una limitada y la mayor parte de las veces ya normativizada diversidad, y en la que ciertos sujetos, como las trabajadoras sexuales, u otras minorías no normativas, suelen quedar fuera del espectro de las reivindicaciones a atender”. Si el reconocimiento de la “diversidad sexual” abarca lesbianas, gays, transgéneros, travestis, transexuales, bisexuales e intersexos (como indica la sigla LGTTTBI), ¿qué “minoría no normativa queda fuera del espectro de las reivindicaciones a atender”, que no sea la de los pedófilos?

Bibliografía:

http://www.clarin.com/opinion/Cuerpos-fin-libres-viviendo-igualdad_0_616738381.html

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 30/12/2011 - 00:33

Ley antiterrorista: las flaquezas del derechohumanismo

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El “terrorismo” es el recurso argumentativo con que Occidente avanza en su gesta imperialista. Apelando a las bondades del alma humana —en línea recta con los principios cristianos que motorizan la moralidad de éste lado del planeta— las potencias occidentales desenvuelven su política globalizadora.

La multiplicación de identidades parcializadas –el triunfo de la “pluralidad”– constituye la argamasa fundamental de la democracia liberal que promueven los gendarmes de Occidente. De esa forma, a través del estímulo de estas aguadas versiones democráticas y en nombre de los valores religiosos del cristianismo, el mundo occidental totaliza la historia y arrasa sobre las construcciones alternativas.

El movimiento puede sintetizarse: se produce la equivalencia de voces –estratagema encubierta detrás del tolerante precepto de “libertad de opinión”-; de tal modo, se dan las condiciones para que se vuelva imposible establecer un suelo conceptual común desde donde desarrollar y resolver los conflictos: la eterna postergación del conflicto. 

Como todas las opiniones tienen un valor idéntico, no es necesario el acuerdo conceptual: la posibilidad de hacer consciente por medio del discurso las diversas contradicciones materiales existentes se evapora.

La emergencia del conflicto –como instancia consciente/discursiva del antagonismo fáctico- se retarda una y otra vez.

El universo de complejidades que aparenta este nuevo orden democrático de las “pluralidades”, es en verdad un universo de la extrema simpleza: la totalización histórica del liberalismo financiero occidental.

La farsa de los múltiples relatos constituye el cemento con que está construido el gran relato de Occidente: donde los valores cristianos comienzan –desde la autoridad que surge de su totalización: son “el relato” histórico- a avanzar sobre las diferentes culturas, desmoronando soberanías e intentando asegurar un orden geoestratégico de dominación.

Ese es el contexto global en el que se inscriben las políticas antiterroristas: son una de las articulaciones de la estrategia imperialista. En ese marco, entonces, se comprende el nuevo proyecto de ley antiterrorista enviado al Congreso nacional por el Gobierno argentino el 14 de octubre.

* * *

El texto remitido al Congreso dice lo siguiente: “Cuando alguno de los delitos previstos en este Código (Penal) hubiere sido cometido con la finalidad de aterrorizar a la población, la escala penal se incrementará en el doble del mínimo y del máximo. Si la finalidad fuese la de obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo, se aplicará la misma escala”.

De modo tal que las protestas no pueden realizarse para presionar a las autoridades “públicas nacionales” o a “gobiernos extranjeros o agentes de organizaciones internacionales” a realizar un acto o abstenerse de hacerlo, es decir, las funciones básicas de cualquier reclamo social.

Las posibilidades de acción de cualquier organización –e, incluso, cualquier individuo- se limitan escandalosamente: prácticamente no puede hacer sonar su voz exigiendo que el Estado –o alguna organización internacional- cumpla con sus derechos.

Pero no solo el acto mismo de reclamo está condenado a las perversiones “terroristas”, sino que también la rigurosidad de la ley caerá sobre aquellos que financien a organizaciones “terroristas”: “Por otra parte, la ley agrega al Código Penal como art. 306 la figura de ‘financiación del terrorismo’, que castiga explícitamente el hecho de colaborar económicamente con cualquier organización o persona que haya cometido delitos a los que se califique de terroristas. La consecuencia directa de esto es que se puede criminalizar o perseguir cualquier campaña de solidaridad con cualquier preso político al que se le haya aplicado el agravante de terrorismo. Es más, la ley castiga inclusive el ‘financiamiento’ aun cuando se trate de personas acusadas de delitos de ‘terrorismo’ ocurridos fuera del país; es decir, sería financiación del terrorismo cualquier campaña de solidaridad con los presos políticos mapuches, con docentes peruanos acusados de terrorismo, con el director de la agencia ANNCOL y tantos otros que son perseguidos y acusados de terrorismo en nuestra América y en el mundo. A la luz de esta nueva legislación todos los que colaboraran económicamente con estas campañas deberían enfrentar penas privativas de libertad de entre 5 y 15 años”, afirma la agencia informativa Rodolfo Walsh.

La letra misma del proyecto, así lo confirma: “directa o indirectamente recolectare o proveyere bienes o dinero, a sabiendas de que serán utilizados en todo o en parte para financiar la comisión de un delito que tuviera la finalidad prevista en el artículo 41 quinquies, independientemente de su acaecimiento (…) Las disposiciones de este artículo regirán aun cuando el ilícito sea cometido fuera del ámbito de aplicación espacial de este Código en tanto el hecho también hubiera estado sancionado con pena en la jurisdicción competente para su juzgamiento”.

* * *

El discurso derechohumanista del que hizo gala a lo largo del tiempo el gobierno de Cristina Fernández no resulta contradictorio de ésta criminalización de la protesta social.

Es, más bien, su logro más alto: todo el edificio discusivo del derechohumanismo está construido sobre la base conceptual del humanismo occidental-cristiano. Este acento estigmatizador sobre la “violencia terrorista” es una consecuencia lógica del mismo y no una incoherencia.

¿Pero, acaso, una concepción derechohumanista que condene los actos criminales de la dictadura setentista sobre los militantes políticos y sociales, no debería, asimismo, considerar la legitimidad de los reclamos sociales y las acciones reivindicativas o de protesta? No necesariamente, en tanto y en cuento aquella condena se la realiza desde un punto de vista ético –es decir: desde el esquema categorial del cristianismo occidental-.

No se trata de una manifestación de fuerza histórica superior, como simple voluntad, sino que para condenar a los verdugos, se apela a los mismos argumentos que estos empleaban para ultimar a sus víctimas. Hay una lógica compartida, un mismo sistema de concepciones.

Suena dudoso que las restantes fuerzas progresistas declinen el proyecto, mientras es de esperar que las fuerzas opositoras derechosas aprueben con amplia conformidad.

El poder de esta occidentalización universal tiene el poderoso influjo de operar desde la humanismo: son los preceptos éticos del humanismo cristiano los que rigen sus acciones y permiten configurar el cuadro de “choque de civilizaciones”, donde el Occidente cristiano debe asumir las responsabilidades –aún la más crueles y abominables- para salvar al universo de las fuerzas retrógradas que pretenden atentar contra los “buenos valores”.

La Argentina, de aprobar esta iniciativa, estará dando el visto bueno a la avanzada imperialista sobre el Oriente islámico y se sumará a la cruzada por la cristianización del planeta. Luego, será demasiado tarde para lágrimas.

Notas:
Escrita originalmente el 14 de diciembre de 2011.
  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 29/12/2011 - 00:44

Con los trabajadores, bajo banderas nacionales, populares y antiimperialistas

Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

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Izquierda Nacional

Osvaldo Calello

En su edición del pasado 22 de diciembre la Página de El Frente Negro se ocupa de la izquierda nacional. Cita críticamente tres notas, dos de ellas publicadas en Izquierda Nacional.org en las que se discute el conflicto planteado entre la fracción de la dirigencia sindical encabezada por Hugo Moyano y el gobierno de Cristina Fernández. A juicio de los autores del escrito, las notas proceden de un “rígido análisis clasista”, análisis que se queda corto al enfocar la realidad porque se trata de una lectura no política sino economicista. La comprobación es ciertamente singular. Lo que hacen las notas publicadas en la Página y, en definitiva, las posiciones sostenidas por Socialismo Latinoamericano en relación al gobierno kirchnerista, es caracterizar la naturaleza de clase de los intereses que encierra su programa, teniendo en cuenta la serie de mediaciones a través de las cuales ese programa se expresa en la esfera política, por ejemplo la evolución del equilibrio asentado en el apoyo de la burguesía industrial, una parte de la clase media y los sindicatos. Cuando se menciona a la pequeña burguesía kirchnerista no se está aludiendo simplemente a una comprobación sociológica, sino a la índole de la política en curso, a sus límites y contradicciones, a la cosmovisión del determinando grupo social que ejerce funciones dirigentes. El economicismo, por el contrario, asigna a los factores estructurales un poder de determinación de carácter excluyente, con marcado sesgo mecanicista, por lo que tiende a transformar el terreno de las luchas políticas y sociales en un mero reflejo del modo de producción. Por supuesto que “a la hora de analizar la realidad, encontramos muchísimos pormenores y un dinamismo que sobrepasa cualquier esquema rígido”. Sin embargo esta generalidad en sí no dice nada, a menos que se tengan en cuenta la naturaleza social de las fuerzas en pugna, el nivel de conciencia alcanzado por los distintos contrincantes, y la índole de las identidades que se constituyen en el transcurso de la confrontación política.

La nota de El Frente Negro señala que en el enfrentamiento con el gobierno Moyano persigue la defensa de sus intereses particulares, que tienen que ver con la conservación del poder que detenta en el aparato sindical y con la preservación de su propia seguridad personal, amenazada por las causas abiertas en la justicia. Todo esto es cierto. Pero no lo es menos que para realizar sus fines Moyano no tiene otra alternativa que buscar apoyo en la base del movimiento obrero, dando curso a demandas que diferencian el interés de los trabajadores de la política del gobierno. Todos los reclamos que formuló durante la concentración realizada en el estadio de Huracán son enteramente legítimos y expresan el interés de los asalariados. En consecuencia, no es cierto que “la respuesta del gobierno ha demostrado su fortaleza: la ignorancia; el menosprecio de Moyano”. Simplemente ha demostrado que el gobierno no tiene qué responder y opta por el silencio.

Nadie ha afirmado ni se desprende de las notas criticadas que Moyano sea “un auténtico representante de los trabajadores organizados”. Lo que indican esas notas es que a través de una fracción de la burocracia, ha comenzado a expresarse la tensión creada por el programa de ajuste gubernamental en un sector del movimiento obrero. Y en este enfoque poco importa si Moyano y su grupo sólo cuentan con el apoyo del duhaldismo en retirada, porque el aspecto sustancial del asunto no es éste, sino el que deriva de la relación entre los trabajadores y el kirchnerismo, encerrado éste último en los límites y contradicciones de un programa de corte desarrollista. Hoy por hoy la relación de fuerzas es claramente favorable al gobierno en el orden político general. Incluso también lo es en el plano sindical. Sin embargo, lo que ha puesto de manifiesto la concentración en Huracán es un principio de escisión, cuya evolución dependerá en buena medida de las decisiones que adopte el gobierno para superar los desequilibrios que acumula el llamado “modelo productivo”.

El escrito de El Frente Negro anticipa la posibilidad de una futura intervención del Estado a las obras sociales. “Imaginemos por un segundo –señala– la capacidad de movilización de los sindicatos sin los fondos de las obras sociales. He ahí otra razón para llamar a la unidad del sindicalismo ortodoxo”. No hace falta imaginar demasiado. Si el Estado incorporase a su esfera la administración de las obras sociales, sin duda los sindicatos quedarían debilitados, pero también los trabajadores. Si de lo que se trata de poner fin a la corrupción, las prebendas y la concentración de poder que encierra el manejo de las obras sociales, la solución no puede plantearse si no es a partir de la democratización de las organizaciones obreras, nunca del traspaso de jurisdicción de una burocracia a otra.

Este punto tiene una importancia decisiva. Los compañeros de El Frente Negro se regocijan con la idea de que Moyano lance una huelga general ya que de hacerlo “sólo podría lograr ampliar la base de apoyo del gobierno kirchnerista entre los sectores medios, y una buena oportunidad para desprenderse del sindicalismo adicto, y propiciar la libertad sindical y el recambio sindical con una intervención directa y control del estado sobre sus cajas negras”. Para desgracia de los inspiradores de la idea, Moyano no es ningún estúpido ni tiene intención de suicidarse dada la presente relación de fuerzas. El problema sigue siendo el mismo. La tarea que tiene por delante la clase trabajadora es la democratización de sus organizaciones y la conquista de una posición autónoma respecto del Estado, de los partidos de la burguesía y la pequeña burguesía y de cualquier corporación patronal. Y esto es bastante más que “un recambio sindical” mediante la intervención del Estado.

Desde el punto de vista de nuestros críticos sacarse de encima a la burocracia sindical no debería ser un asunto complicado para el gobierno. En uno de los párrafos de su escrito precisan la idea que tienen de esa dirigencia: “Muchos, ya no son representantes de los trabajadores, sino de sus propios intereses empresariales con forma de sindicato. Esposa, hijos y amigos se reparten el manejo de hospitales del sindicato, los hoteles del sindicato, el catering, el transporte y la construcción de edificios. Todas las obras del sindicato quedan en familia. Es más, el cargo de jefe del gremio es vitalicio, y se hereda. Sindicalistas octogenarios manejan con mano de hierro el gremio, y sus hijos y yernos son la juventud renovadora que va a heredarlos”. Lo que falta agregar a estas líneas es el hecho de que muchos de estos burócratas se sostienen indefinidamente en el poder gracias a la complicidad de los ministros de Trabajo de turno (incluido el actual), avalando las prácticas fraudulentas y la proscripción de las listas opositoras. Si como asegura el escrito, en muchos casos la burocracia es una incrustación parasitaria en la organización obrera, carente de la mínima representatividad, su remoción debería estar en el interés de un gobierno que tenga inscriptas en su horizonte ideológico transformaciones de fondo, la famosa “profundización del modelo”. Sin embargo, la democratización de los sindicatos nunca estuvo en los planes de la administración kirchnerista, cuya intención “renovadora” no va más allá de una maniobra de desplazamiento, consistente en reemplazar una fracción de la burocracia que ya no le es adicta por otra más confiable.

Por lo demás, los síntomas de corrupción y nepotismo evidentes en algunos sectores de la dirigencia sindical, así como las prácticas coercitivas contra los opositores, no son el único aspecto que caracteriza a la actual burocracia, ni el factor que por sí solo explique su prolongada permanencia. Para sostenerse en sus posiciones las cúpulas gremiales se ven obligadas a desempeñar un papel en la negociación del salario y de las condiciones laborales, que garantice en un cierto nivel la reproducción de la fuerza de trabajo. En muchos casos esta política “minimalista” logra consenso en las capas cuya conciencia oscila en los límites de una concepción corporativa respecto de los intereses de clase. Al mismo tiempo la burocracia suele jugar un papel políticamente conservador, dificultando o bloqueando el desenvolvimiento de las corrientes cuyas prácticas revistan un carácter democrático y autónomo.

En el sentido más general el rasgo que caracteriza el cuadro de situación en el movimiento obrero es la crisis de dirección. Buena parte de las actuales conducciones gremiales pertenecen a una etapa agotada, mientras que las experiencias de clase que siguen un curso independiente están aún en una fase de desenvolvimiento inicial, sin haber alcanzado a formular un programa político que englobando el interés de las clases populares, eleve a los trabajadores al nivel de representación del interés general.

Bibliografía:

http://elfrentenegro.blogspot.com/2011/12/nacional-y-popular-con-o-sin-moyano.html

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  • Artículo cargado el 29/12/2011 - 00:38
BINNER Y SU GOBIERNO “SOCIALISTA”

Velando por los negocios partidarios y el interés de las multinacionales

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Luego de cuatro años de gestión, el “progresismo” binnerista se ha mostrado incapacitado para resolver los principales problemas de la ciudadanía santafesina. Sin lugar a dudas que ello se vio reflejado en las últimas elecciones, cuando apenas pudo ganar por unos puntos de diferencia, siendo que las elecciones anteriores había rescatado una importante cantidad de votos, votos que luego de cuatro años de gestión buscaron otro camino.

El binnerismo, que se ha cansado de pregonar los “nuevos tiempo” en la provincia, no ha avanzado en la resolución de dos de los problemas más acuciantes para los santafesinos en general y para los capitalinos y rosarinos en particular. Estos son la falta de agua potable y redes cloacales y los problemas de energía en las épocas de mayor frio y, aún peor, en la época estival.

En estos momentos, gran parte de la ciudad de Rosario se haya a oscura y la respuesta del gobierno es pedir disculpas, avisarnos que si hace calor seguirá habiendo cortes de luz y que para solucionarlos se necesitan inversiones… chocolate por la noticia!!! El problema es que el socialismo binnerista hace ya cuatro años que es gobierno, y en vez de haber priorizado su gestión en la resolución de éste, ya a esta altura, endémico problema provincial, ocupó su agenda en otros temas.

Una de sus preocupaciones centrales y eje de su gestión fue la proyección del Puerto de la Música, a construirse en el puerto de Rosario. En su momento varios concejales y diputados denunciaron que el costo de la mega obra equivalía al dinero necesario para proveer a la ciudad de Rosario de cloacas. También pudo haberse invertido ese dinero en la Empresa Provincial de la Energía o en Aguas Santafesinas, a los efectos de resolver los problemas de falta de energía y de agua potable que estacionalmente (y durante todo el año en algunos sectores de las principales ciudades) sufren los santafesinos.

Para peor el mega proyecto del arquitecto Oscar Niemeyer, que fuera uno de sus principales ejes de gestión, se vio truncado por la fuerte resistencia de los trabajadores portuarios que impidieron el inicio de las obras por considerar que corría peligro su fuente de trabajo, ya que el Puerto de la Música iba a ser levantado sobre muelles en funcionamiento y aún no se había iniciado las obras de los nuevos muelles donde se trasladaría el trabajo realizado por ellos.

De esta manera Binner se quedo sin Puerto de la Música y los santafesinos sin agua, sin cloaca y sin luz.

El nuevo gobernador Bonfatti, quien fuera ministro de Gobierno de Binner, prometió inversiones… pero claro, con los binneristas vale aquella máxima: ver para creer.

Tampoco demostró Binner demasiada vocación democrática (algo con lo que se llena la boca declamatoriamente y exige a otras fuerzas políticas), pues ya antes de cumplir su mandato se le abrieron varios frentes de conflicto con sus propios socios políticos: radicales, aristas y demócratas progresistas. Los aliados del socialismo se vieron ninguneados durante cuatro años de gestión y en las últimas elecciones se lo hicieron saber, al punto de que el socialismo debió sufrir demasiado antes de asegurarse el triunfo con un escaso porcentaje de diferencia.

Pero no solamente con sus socios políticos tuvo problemas. El muy democrático gobierno binnerista, cumpliendo con la nueva Ley de Medios se dispuso a crear los medios de comunicación públicos provinciales mediante una ley que no fue consensuada ni discutida con ninguna fuerza política, ni gremial, ni con la sociedad santafesina. Al punto tal que la ley fue fuertemente criticada por los sindicatos de prensa y ONGs, que se vieron discriminadas a la hora de opinar y hasta de participar. No así, claro está, los multimedios santafesinos.

Aún así, el socialismo en Santa Fe tiene su mayor fortaleza partidocártica (como sucede con el kirchnersimo a nivel nacional) en la desacredita oposición, pues el peronismo durante 17 años de gobierno ininterrumpido no se ocupó de gobernar para el pueblo santafesino, sino que, al igual que el socialismo, se preocupó por cuidar la buena senda de los negocios partidarios y de las grandes multinacionales.

La provincia Invencible, al igual que todas sus hermanas, adolece de una fuerza política verdaderamente progresista que ocupe su agenda en los problemas más acuciantes de la ciudadanía, como por ejemplo el que todos los santafesinos puedan tener agua potable, redes cloacas y energía eléctrica… es mucho pedir para una de las provincias más ricas del país, en pleno siglo XXI?!

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  • Artículo cargado el 20/12/2011 - 03:34

Primera advertencia de los trabajadores a la hegemonía K

Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

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Los problemas de fondo que debe afrontar la clase trabajadora y el conjunto de las masas explotadas sólo pueden ser abordados desde una perspectiva más amplia, centrada en el plano de una práctica política autónoma • Esto quiere decir que la defensa de las reivindicaciones inmediatas y la lucha por impulsar un realineamiento de masas de carácter nacional-antiimperialista forman un mismo cauce

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Antonio Berni - Manifestación

El discurso de Hugo Moyano en la concentración realizada en Huracán ha constituido el acontecimiento político más importante desde el abrumador triunfo del oficialismo en las elecciones del pasado 25 de octubre. Desaparecida de la escena la oposición partidaria de carácter anacrónico, una línea de resistencia de significado muy diferente al parecer despunta en una fracción de la organización sindical. Su irrupción es doblemente significativa por el hecho de haber establecido un principio de diferenciación desde dentro del sistema de fuerzas que apoyan al gobierno de Cristina Fernández. Junto con la serie de legítimos reclamos obreros ante los que el gobierno no tiene respuesta, Moyano llevó hasta el límite el cuestionamiento al oponer el peronismo al kirchnerismo (“El mejor gobierno de la historia fue el de Perón, que no nos confundan”) y los trabajadores a la pequeña burguesía cristinista a la que identificó como “los chicos bien”. Para que no quedaran dudas sobre el carácter político del enfrentamiento renunció a los cargos partidarios (“No tengo vocación de bufón. No puedo aceptar que otros tomen la decisión que se debe tomar en el seno del PJ”), y definió al partido como una cáscara vacía.

Las palabras del secretario general de la CGT constituyen un desafío a la unanimidad que reina en las filas del movimiento oficialista y más importante aún, significan un corte en el relato épico en torno al que gira la dimensión simbólica del kirchnerismo, y sobre el que éste construye su capacidad de hegemonización respecto de una serie de capas subalternas. Por ahora se trata de un principio de escisión, pero que originado en el movimiento obrero encierra, más allá de las intenciones de Moyano, condiciones de un potencial realineamiento político.

La crisis del equilibrio K

Durante sus ocho años de gobierno el kirchnerismo ha desarrollado las grandes líneas de un programa próximo a los intereses del bloque de clases que tiene por eje a la gran burguesía industrial, burguesía en cuyo seno el capital extranjero conserva una posición gravitante. Ese programa fue realizado a través de una política basada en un cierto equilibrio entre el componente burgués y el componente obrero-sindical y tuvo como soporte, más allá de las diferencias de índole corporativo, un acuerdo objetivo entre la UIA y la CGT para respaldar una línea de corte desarrollista. A su vez los cambios en el patrón de acumulación respecto al período neoliberal ortodoxo de los años 90’ se tradujeron en modificaciones en el desenvolvimiento de la función estatal, que el gobierno de los Kirchner consolidó, centralizando en todo lo que pudo los procedimientos y mecanismos administrativos, para horror de la casta oposición republicana. Desde esa posición el gobierno jugó un papel arbitral negociando con unos y con otros cada una de las demandas sectoriales.

El modelo funcionó a pleno hasta que los cambios de la tendencia económica, producto de la crisis mundial del capitalismo y los desajustes internos (alto nivel de inflación, porcentaje insuficiente de inversión respecto a las tasas de PBI, déficit de las cuentas fiscales) comenzaron a achicar el margen de acumulación y decidieron al gobierno a imponer un programa de ajuste. Para los trabajadores ciertos hechos resultan sintomáticos del giro que están tomando los acontecimientos: el intento de imponer un tope a las paritarias, cuya primera manifestación fue el recorte en diez puntos del acuerdo que habían llegado los peones rurales con la patronal agraria; las advertencias desde la presidencia sobre el derecho de huelga, equiparando ciertos conflictos al chantaje y la extorsión; la extensión de hecho del impuesto al salario considerado como ganancia; la acumulación de deuda con las obras sociales; la reducción de beneficiarios de las asignaciones familiares. Simultáneamente, el rechazo del proyecto de participación en las ganancias y control sindical sobre los libros de las empresas, ha indicado claramente cuál es el sentido del equilibrio de clases sobre el que el gobierno sostiene su política.

Los trabajadores apoyaron el ciclo kirchnerista en tanto la política derivada posibilitaba la recuperación de los derechos laborales confiscados durante los gobiernos del menemismo y de la Alianza, mientras que el programa organizado según la lógica de reproducción del capital productivo, posibilitaba la acumulación de nuevas fuerzas. Para esto les bastaba una práctica sindical, que más allá de las distorsiones impuestas por la mediación burocrática, alcanzaba a realizar las reivindicaciones inmediatas. Sin embargo lo que ahora está en discusión no es la ampliación de esas conquistas, sino simplemente su mantenimiento. Para estos fines los trabajadores necesitarán más que antes de los sindicatos como organizaciones defensivas, y en este plano es de prever el fortalecimiento de las líneas más honestas y combativas. Pero la práctica sindical no será suficiente, porque el sindicato a lo sumo llegará a discutir el problema de la distribución de la renta desde dentro del modelo, y lo que en definitiva estará en cuestión a la luz de las implicancias de la crisis capitalista, será el modelo mismo.

Se dijo más arriba que las condiciones de acumulación que favorecieron al kirchnerismo, especialmente hasta la crisis que comenzó en 2007, han cambiado. Europa entra inevitablemente en recesión y Estados Unidos tiene por delante un horizonte de estancamiento; como consecuencia de estas tendencias contractivas la economía china, el mercado exterior más importante para la producción primaria local, pierde impulso. En Argentina la burguesía que se ha enriquecido en estos años invierte lo estrictamente necesario y aún menos si le es posible, mientras fuga masivamente capital. Por lo demás, en ocho años de kirchnerismo se ha acentuado la tendencia a la concentración y extranjerización del capital, las corporaciones imperialistas radicadas en la explotación minera y petrolera conservan sus privilegios, la especulación financiera se sigue beneficiando con la legislación de Martínez de Hoz, los leoninos tratados de protección al capital extranjero de los años 90’ continúan sin ser denunciados a pesar de estar todos vencidos…

Los límites de respuesta sindical

En este punto el problema se presenta en todo su alcance político: la “profundización del modelo” que pide el ala izquierda del kirchnerismo no tiene sentido. El llamado modelo ha dado todo lo que puede dar un programa de matriz desarrollista cuyo contenido no cuestiona la estructura de un capitalismo en cuyos fundamentos perdura la herencia semicolonial de los 90’. Al respecto los límites políticos de la fracción sindical que encabeza Moyano son patentes: se opone al giro que está tomando la relación entre el gobierno y los trabajadores, pero reafirma su apoyo al modelo al que caracteriza como nacional y popular. De forma tal hace presente la subordinación ideológica que el sindicalismo peronista ha tenido a lo largo de su existencia respecto del nacionalismo burgués desde sus orígenes, cuando Perón interpelaba al obrero como sujeto sindical y sus organizaciones se unificaban políticamente en torno a la jefatura bonapartista. Pero si en aquel momento el peronismo desempeñó un papel históricamente progresivo, medio siglo más tarde su contenido está agotado.

Por lo demás, el enfoque del problema desde el ángulo sindical es un enfoque realizado desde el interior de un capitalismo que sigue siendo atrasado y dependiente, a pesar de la reestructuración producida tras la crisis de diciembre de 2001; enfoque que, en consecuencia, ha incorporado como propios los límites en los cuales ese capitalismo se desenvuelve. En cambio, los problemas de fondo que debe afrontar la clase trabajadora y el conjunto de las masas explotadas sólo pueden ser abordados desde una perspectiva más amplia, centrada en el plano de una práctica política autónoma. Esto quiere decir que la defensa de las reivindicaciones inmediatas y la lucha por impulsar un realineamiento de masas de carácter nacional-antiimperialista forman un mismo cauce. Quiere decir, asimismo, que antes o después la profundización de esta experiencia pondrá a los trabajadores ante la necesidad de construir una organización política independiente, desde donde formular un programa y una línea de acción dirigidos a desarticular la hegemonía de los círculos dominantes y unificar en un bloque popular-nacional y revolucionario al conjunto de las clases empobrecidas y explotadas.

  • La crisis de 2001 
  • Artículo cargado el 20/12/2011 - 03:31

El 2001 y la Izquierda Nacional

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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Entre las muchas publicaciones aparecidas a propósito de los diez años transcurridos desde el estallido de diciembre de 2001, hay un libro que aporta elementos interesantes para comprender aquellas jornadas: “2001. Relatos de la crisis que cambió la Argentina” (Editora Patria Grande, Buenos Aires, octubre de 2011). Los periodistas Manuel Barrientos y Walter Isaía realizan entrevistas a diversos protagonistas y analistas. En su conjunto, esas entrevistas permiten a mi juicio sacar algunas conclusiones políticamente importantes. Las mías son las siguientes.

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Dolarizadores vs. Devaluacionistas

¿Cuáles fueron las razones de fondo -más allá de la estupidez de De la Rúa y de sus secuaces- que explican el estallido social? Las entrevistas a Mario Cafiero y a Daniel Azpiazu (+) ayudan a comprenderlas. Había que salir de la convertibilidad. Dice Azpiazu: “Desde 1998 se discutía cómo salir de la convertibilidad y había dos grandes posiciones. Finalmente ganaron quienes promovían la devaluación. Es decir, los Techint, los Cargill, los grandes grupos extranjeros vinculados al agro, quienes con la devaluación inan a exportar. Por su parte , las privatizadas y el sector financiero apostaban a la dolarización como fase superior de la convertibilidad, como señalaba Menem. Su objetivo era dolarizar y mantener sus ingresos en dólares. Con ese plan, tenían cartón lleno”. El sector devaluacionista de las clases dominantes logró imponerse, entre otras razones, “porque su discurso incorporaba cierto componente de un ‘modelo nacional productivo’ más proclive a los sindicatos -dice Azpiazu-. Y agrega: “De hecho, ese fue el eje de Eduardo Duhalde. Pero todos sabían que se venía una reducción del salario real superior al 30% en un año”.

Impotencia de autonomistas, izquierdistas y derechohumanistas. La salida partidocratica

El bloque de clases dominantes, entonces, impuso la salida devaluacionista a nivel económico estructural. Pero, ¿qué salidas se plantearon en el seno del campo popular y a nivel político institucional? A través de la voz de los entrevistados por los autores del libro, esas salidas posibles se van dibujando.

Tenemos las siguientes:

1) La salida “autonomista”

Integrantes del Colectivo Situaciones explican en qué consistìa esta salida para la crisis desencadenada. Dicen: “Con respecto al Estado, lo que nos planteábamos, en una discusión bastante intensa, era desarrollar la premisa zapatista de no tomar el poder”, porque “esa idea de que el socialismo se iba a hacer a partir de controlar el aparato de Estado había que declarala nula”. Puede discutirse si el socialismo se va a construir a partir del control del aparato estatal. Pero lo que no merece discusión es lo siguiente: si en el instante mismo en que estalla el régimen político como producto de una profunda crisis económica y social, los trabajadores y el campo popular renuncian por adelantado a disputar el poder, entonces semejante “salida” no es en realidad salida alguna. El “autonomismo”, inspirado en las enseñanzas de intelectuales burgueses como Negri o Holloway, expresa la impotencia pequeñoburguesa para abrir una vía de desenvolvimiento político propia. Sus apariencias “izquierdistas” esconden en realidad su naturaleza derechista. Dicen los referentes del Colectivo Situaciones: “no se trata tanto de tener la ilusión de que el Estado desaparezca sino de aumentar la dosis de autonomía colectiva que una sociedad con Estado debe soportar”. Es decir: el “autonomismo” se rinde ante el poder estatal burgués y se conforma con “espacios de autonomía relativa”. Los partidarios de estas posiciones neo-anarquistas controlaron durante un tiempo las “asambleas populares”, en las cuales la figura raída de Luis Zamora pareció recuperar atractivo. Pero el propio Zamora dice a los autores del libro: “Las ideas de Holloway nos resultaron muy atrayentes (...). Trabajamos mucho con los conceptos del zapatismo y de su libro ‘Cambiar el mundo sin tomar el poder’, (según el cual) hay que construir poder desde abajo y no hay que construir direcciones”. Sin embargo, “los errores que cometimos son por ir más allá de lo aconsejable, no por restringir la horizontalidad de nuestras prácticas”. Es decir, el “horizontalismo” de los “autonomistas” se cocinó en su propia salsa, para decirlo de una manera gráfica. Ezequiel Adamovsky, uno de los “horizontalistas” más lúcidos, lo reconoce: “Los movimientos (de las asambleas populares) no pudimos ofrecer nada muy factible, porque no teníamos propuestas alternativas concretas (...). El supuesto horizontalismo en algún punto es inviable”. La salida “autonomista”, entonces, no era en realidad salida algúna; era, más bien, un callejón sin salida.

2) La salida de la izquierda tradicional

A las organizaciones ultraizquierdistas que intervinieron en las jornadas de diciembre de 2011 (PO, PTS, MST, etc.) se les critica que hayan pretendido manipular en provecho propio las asambleas populares. Se trata de una crítica en esencia incorrecta. Es natural que una fuerza política intervenga en un movimiento de masas tratando de encauzarlo en la dirección que considera correcta. Lo criticable, en el caso de la ultraizquierda, es la inviabilidad de la salida propuesta. ¿Cuál era esa salida? Nos lo dice Christian Castillo, del PTS: “Ese era nuestro modelo de lo que tenía que surgir. Una especie de coordinadora o soviet que organizara la lucha”. Castillo critica con razón la inviabilidad de la propuesta “autonomista”, que proponía “hacer un nuevo mundo dentro del mundo capitalista, una suerte de mundo paralelo”. Pero, ¿acaso era más viable la propuesta de crear “soviets” en la Argentina de 2001? Al final, la izquierda en términos generales (no es el caso del PTS) terminò administrando planes sociales y, de ese modo, contribuyendo a descomprimir la situación social en beneficio de quienes sí proponían una salida viable. Como tantas veces se ha dicho respecto de estos izquierdistas universitarios: maximalismo táctico y minimalismo estratégico.

3) La salida progresista o derechohumanista

Luis D’Elía relata: “En ese momento, el candidato a presidente podía haber sido Víctor De Gennaro, si no se hubiese dejado atravesar por las dudas, porque el tren de la historia pasa en determinado día y a tal hora. No sé qué pasó. No le dio, no pudo, no supo, no quiso”. De Gennaro, por su parte, confirma con su relato hasta qué punto una crisis capitalista profunda descoloca a las fuerzas catalogadas como “centroizquierdistas”. Dice: “Hubo una discusión acerca de si el 20 había que ir o no a la Plaza. Nosotros creímos que había que preservar. Ya se había logrado el objetivo político de la renuncia de De la Rúa y se estaba en otra etapa. Por eso, no fuimos el 20. No teníamos que ir a tomar la Casa de Gobierno. Ese no era nuestro objetivo. No creo en hacer una práctica de confrontación. En otra época hice una práctica insurreccional y creía que se tomaba el poder de esa manera. Pero no me parecía que ese fuera el camino en 2001”. De Gennaro, junto a Carrió y Zamora, insinuaban una salida propia, de carácter “progresista” y “derechohumanista”. Está claro que semejante “salida” no era tal.

4) La salida partidocrática

El primero de los entrevistados en el libro es Wado de Pedro, representante de la organización para-estatal La Cámpora. Militante de la organización derechohumanista HIJOS, De Pedro fue cooptado rápidamente por el kirchnerismo. Informan Barrientos e Isaía: “fue invitado a la Casa Rosada para el anuncio de la promulgación de la ley de indemnización para los hijos de desaparecidos durante la última dictadura y cuando se sancionó la ley de indemnización para los familiares de las víctimas asesinadas en diciembre de 2001”. El kirchnerismo hizo con las agrupaciones derechohumanistas lo mismo que Menem había hecho con las agrupaciones de ex soldados de Malvinas: suculento reconocimiento crematístico. Así, naturalmente, ganó su apoyo.  De Pedro entonces pasó de HIJOS a estudiar administración pública en la Universidad de San Andrés. En 2009 fue nombrado vicepresidente de Aerolíneas Argentinas y en 2011 fue elegido diputado nacional. Pasó de la militancia a “la gestión”, es decir, del “llano”, a la cumbre del poder estatal. Y su reflexión, no se sabe si cínica o ingenua, es la siguiente: “La gestión es parte de la militancia (...). Son la misma cosa, uno en la gestiòn del Estado trabaja como milita, todo el día”.

¿Cómo fue posible esto? Mario Cafiero dice: “El régimen pudo reconstruirse. Del ‘que se vayan todos’, volvieron todos y la politica sigue manejada por dos partidos, que tienen acuerdos sobre los grandes temas de la Argentina. tienen el acuerdo de que no hay que investigar la deuda, y que hay que pagarla. tienen el acuerdo de que hay que abrir los recursos naturales a las multinacionales”. Las razones por las que “volvieron todos” no es muy difícil de entender, si consideramos las seudo-alternativas de autonomistas, derechohumanistas y ultraizquierdistas. Replanteada la correlación de fuerzas en el seno de las clases dominantes, con primacía de la burguesía exportadora, el elenco partidocrático volvió al ruedo para administrar los intereses de sus mandantes, como lo venía haciendo sin solución de continuidad desde 1983. Claro que, como bien apunta Ezequiel Adamovsky, el estallido de diciembre había dejado sus huellas, las que debían ser tomadas en cuenta a la hora de reconstruir la representatividad política. Dice Adamovsky: “Sin 2001 no existirìa el kirchnerismo, lo cual no quiere decir que el kirchnerismo sea su representante o heredero. Es su producto, al mismo tiempo que su primer sepulturero (...). Uno puede decir que el 2001 fracasó porque no logró cambiar el mundo con la radicalidad que se propuso en el momento de mayor desarrollo, pero al mismo tiempo ‘triunfó’ porque, en su fracaso, marcó un antes y un después, dejó cambios concretos, algunos institucionales y otros más moleculares. (Por eso al kirchnerismo) la clase media de los que ganaron en los noventa, la de los countries, lo detestan. Pero una buena porción de los sectores medios lo ve con simpatía, lo mismo que los más pobres. La política del kirchnerismo, como ellos mismos lo dicen, es la de un ‘capitalismo en serio’. La apuesta de los movimientos sociales en 2001 fue otra: la de politizar a ese sujeto múltiple en un sentido anticapitalista”.

Lo que el 2001 no generó y explica su fracaso parcial: un Frente Nacional Antiimperialista

Si autonomistas, izquierdistas y derechohumanistas estaban “estructuralmente” imposibilitados de ofrecer una salida concreta a la crisis económico-social y político-insititucional que afectaba al país, entonces la única alternativa viable era recomponer el règimen partidocrático haciendo algunas concesiones transitorias al bloque de clases subalternas. Quienes apoyan al kirchnerismo desde posturas nacional-populares encuentran acá el argumento central para el poyo: frente a la burguesía exportadora y “desarrollista” y su expresión política kirchnerista, estaba la burguesía dolarizadora y su expresión política menemista (o neomenemista). Autonomismo, izquierdismo y derechohumanismo no eran alternativas reales. ¿Cómo no apoyar, entonces, al kirchnerismo, definido por publicistas como Norberto Galasso como “movimiento seminacional”?

Sin embargo, lo que estos “nacional-populares” olvidan es que la realidad no se compone únicamente de lo que fácticamente “es”. También forman parte de la realidad aquellas tendencias objetivas que potencialmente pueden concretarse si encuentran el factor “subjetivo” que lo permita.  La conformación de un Frente Nacional Antiimperialista es una posibilidad que está inscripta en la condición misma del país semicolonial. Los elementos constituyentes de ese Frente estaban en 2001 fragmentados y debilitados al extremo: la clase obrera industrial estaba afectada por elevados índices de desocupación; las Fuerzas Armadas habían contenido a la corriente nacionalista expresada en la figura de Seineldin; la clase media intelectual estaba intoxicada de pensamiento antinacional; Y nosotros, los socialistas de la Izquiera Nacional, no nos recuperábamos del duro golpe que significaron la fuga de muchos cuadros militantes hacia le justicialismo menemizado y la destrucción de nuestras organizaciones partidarias. Por tanto, tampoco el Frente Nacional Antiimperialista era en diciembre de 2001 una alternativa real. El régimen demoliberal y partidocrático encontró en esta ausencia la garantía absoluta de su reconstrucción político-hegemónica.

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 17/12/2011 - 19:38

Que nos dejó el acto moyanista

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Si algo ha caracterizado la política argentina de los últimos tiempos, es la ausencia en ella de los trabajadores. Y es precisamente su arrolladora presencia la que ha empezado a incomodar a la pequeña burguesía.

Hasta ahora ella, que ha ostentado el poder estos últimos años, se venía sintiendo cómoda con una clase trabajadora que parecía no exigir demasiado políticamente. Crecimiento del empleo, discusiones paritarias, ciertas mejoras sociales hacía creer a la pequeña burguesía que los trabajadores permanecerían inclaudicablemente a su lado, pero la cerrada postura del gobierno respecto a algunos reclamos cegetistas (económicos y políticos) y su acelerado acercamiento hacia los industriales han puesto en tela de juicio el tambaleante romance que existió entre los trabajadores y la pequeña burguesía desde el 2003.

Terminado el acto moyanista de Huracán, las voces oficialistas y opositoras negaron el hecho más trascendente: 50 mil trabajadores se movilizaron a un acto de carácter puramente político, en el que se exigieron no sólo reivindicaciones económicas sino fundamentalmente políticas. 50 mil trabajadores se movilizaron para exigir ser tenidos en cuenta a la hora de las grandes decisiones.

Oficialistas y opositores por igual, enmarcan las críticas moyanista en la mera pelea pejotista por una porción del poder. Pero lo que evidencia el acto es que más allá de los intereses personales o corporativos que puedan tener los moyanos y la cúpula cegetista, los trabajadores han vuelto a la calle dispuestos a poner el cuero en una lucha política. Y eso asusta.

No podemos vaticinar cual será la resolución de ésta disputa entre la CGT y el gobierno, pero sin lugar a dudas que luego de la demostración de fuerza que han hecho los trabajadores, no podrán resolver sus rencillas domésticas ninguneando a la clase trabajadora. Una vez que se ha puesto a los trabajadores en la calle, ya no es fácil mandarlos tranquilamente a su casa.

Por otra parte, hacia dentro del kirchnerismo se presenta una nueva grieta. Hasta ahora ellos han podido construir aquel discurso oficial de que ellos representan el campo nacional y popular y teniendo enfrente la oposición gorila-liberal, les ha sido fácil crear es imaginario. La pregunta que se abre a partir del acto de Huracán es cómo podrá el kirchnerismo sostener su ideario de nacional y popular con un enfrentamiento con los trabajadores? No existe algo más nacional y popular que los mismos trabajadores, no estando ellos con el gobierno, cómo puede el oficialismo pretenderse los representantes de los nacional y popular?

Sin lugar a dudas el 2012 se presentará como un año conflictivo. Con una inflación que no puede ser detenida y se traga el salario, con la pretensión del gobierno de ponerle techo a las paritarias, con la CGT decidida a salirle al cruce en defensa de las reivindicaciones obreras y mientras la gran burguesía nacional e internacional sigue siendo la gran benefactora del modelo desarrollista, el kirchnerismo pare ser conducido a un callejón sin salida.

Quedará en manos de los sectores verdaderamente nacionales, populares y revolucionarios poder construir una alternativa revolucionaria que esclarezca la situación y pueda erguirse como una verdadera opción de poder.

Si el año 2001 encontró a la clase obrera en una situación de retroceso, debilitada, depresiva, maniatada, con falta de confianza en su fuerza y descompuesta políticamente, al punto de no haber podido erguirse como protagonista fundamental de los sucesos del 19 y 20 de diciembre (siendo este uno de los hechos que imposibilitaron la resolución revolucionaria de la crisis), 10 años después vemos una clase trabajadora decidida, que poco a poco recupera la autoconfianza y que se pone en condiciones de volver a luchar. Dependerá de los revolucionarios saber como aprovechar el momento para ir preparando el terreno para la definitiva independencia nacional y la revolución social.

  • Malvinas 
  • Artículo cargado el 14/12/2011 - 02:07
En vísperas del 30ª aniversario de la recuperación de Malvinas

Ex combatiente responde a un historiador desmalvinizador

Malvinas, el presente como historia y los fantasmas de la historiografía liberal

Fernando Pablo Cangiano

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En la edición del 09/12 Página 12 publica una nota firmada por Federico Lorenz, historiador que ya lleva escritos 2 libros sobre Malvinas, “Fantasmas de Malvinas” y “Malvinas, una guerra argentina”.

En la nota Lorenz se refiere a la creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico ‘Manuel Dorrego’ y menciona el hecho “sintomático” de que en 2 artículos publicadas en los días previos sobre dicho Instituto se aluda a los acontecimientos de 1982 en el Atlántico Sur.

Con acierto Lorenz anticipa un recalentamiento del debate sobre el conflicto bélico en el año venidero, con motivo de celebrarse tres décadas de la guerra de Malvinas. Quizás por esa razón se apresura en su nota a fijar una posición sobre los sucesos de 1982, delimitándose de lo que denomina en tono despectivo la “concepción nacionalista sobre el reclamo”. Cabría aclarar, con la sola finalidad de no sembrar confusión sobre el uso de los términos, que el “nacionalismo” que desagrada a Lorenz es el nacionalismo argentino (y latinoamericano), pues el nacionalismo inglés ha desarrollado una concepción bien diferente sobre el conflicto de Malvinas, que en sus mistificaciones, encubrimientos y falsedades se parece mucho (y esto no es una chicana sino un dato objetivo) a la que despliega Lorenz en la nota y en los libros que ha escrito.

Lorenz analiza críticamente algunos párrafos de un Manual de reciente aparición para circulación escolar: Malvinas en la historia. Una perspectiva suramericana (1492-2010). El trabajo fue publicado por la Universidad de Lanús, cuya rectora, Ana Jaramillo, había participado previamente en la organización del Primer Congreso Latinoamericano “Malvinas, una Causa de la Patria Grande”, que se llevó a cabo en septiembre de 2010 en Buenos Aires, con la asistencia de decenas de historiadores, académicos e intelectuales de diversos países de América Latina (Chile, Uruguay, Ecuador, Venezuela, Brasil, Bolivia, etc.).

Dice Lorenz que en el Manual se pretende “descontextualizar” la guerra de Malvinas, al escindirla de la dictadura cívico / militar que ocupó las islas en 1982. “Así sus miradas sobre la guerra están inexorablemente condicionadas por la idea de separar el “hecho político” que “expresa una aspiración histórica”, de su contexto.

Pero si algo se subraya hasta el cansancio, tanto en el Manual como en el Congreso, es la necesidad de interpretar lo acontecido en 1982 en la historia y no fuera de ella, mucho más allá de las mezquinas aspiraciones de Galtieri y las cúpulas militares liberal-oligárquicas que gobernaban el país. Situar la guerra de Malvinas en la historia larga de la Argentina como una aspiración de legitimidad inapelable, con profusos antecedentes políticos, diplomáticos, geográficos, culturales y hasta militares,  permite comprender la formidable explosión de euforia popular que concitó la ocupación, pese a la paradoja de que fue ejecutada por una dictadura cívico / militar antipopular, que durante 6 años de horror había alineado a la Argentina en el campo occidental, hegemonizado por EEUU e Inglaterra. Si no se entiende ese anclaje histórico, no se entiende nada de lo ocurrido en esos dos meses. No se entiende el masivo apoyo de los países latinoamericanos a la causa Argentina, y es imposible explicar cómo hasta en las cárceles de la dictadura los detenidos políticos se ofrecieron como voluntarios para combatir al agresor imperialista.

Para los ex combatientes y los familiares de los caídos es un hecho conocido que desde junio de 1982 uno de los objetivos primordiales de la propaganda británica (y de sus aliados internos) fue, justamente, disolver ese espíritu anticolonial y latinoamericanista que despertó en Malvinas. Se inició lo que denominamos un proceso creciente de “desmalvinización”.

Poco se ha debatido sobre el significado de esa expresión y sobre las distintas formas y giros político-culturales que adoptó, pero es bastante claro que no se limitó al puro silencio u ocultamiento de lo acontecido en las islas. La “desmalvinización” fue mucho más que eso, fue una operación simbólica sutil y compleja, bien articulada, que procuró imponer una matriz interpretativa que, a la manera de una “leyenda negra” o de un conjunto zonceras jauretcheanas, presentó los siguientes núcleos de construcción de sentido.

1. Falacias y/o mentiras lisas y llanas sobre lo sucedido en las islas. Verbigracia,  torturas masivas a soldados, cobardía de oficiales y suboficiales, campo de exterminio, etc.

2. Invisibilización de los crímenes británicos. Ni un renglón sobre el crimen de guerra contra el Crucero Belgrano, ordenado por M. Thatcher, y que le costó la vida a más 300 argentinos. Tampoco sobre los ataques al Buque Hospital y los bombardeos británicos que provocaron las únicas 3 víctimas kelpers durante la guerra.

3. Víctimización de los ex soldados. No fuimos héroes sino víctimas. No padecimos hambre no por el estricto bloqueo inglés sino por la brutalidad de los propios argentinos de uniforme que gozaban con nuestro sufrimiento.

La intencionalidad política de este relato innoble e injusto fue apenas disimulada. Había que recomponer las relaciones dañadas con el Primer Mundo, dar vuelta la página y reubicar al país en el escenario internacional, eliminar de la conciencia colectiva la experiencia de habernos enfrentado a uno de los imperios más infames de los últimos 2 siglos, apoyado por la gran potencia hegemónica. En definitiva, había que “des-historizar”, por la vía del empequeñecimiento, lo sucedido entre abril y mayo de 1982. Se impuso en toda la línea el “punto de vista del loco”, como acertadamente señaló Julio Cardozo en su excelente ponencia para el Congreso mencionado al inicio de esta nota. Todo habría sido obra de un general borracho y, con su destitución, todo debía volver a la situación anterior. Desaparecieron del relato sobre Malvinas nociones tales como las de “Héroe”, “Patria”, “América Latina”, “Imperialismo”, “Soberanía”, “movilización popular contra el agresor”, etc. Su lugar fue ocupado por una retahíla de significantes desmovilizadores y derrotistas, tales como “víctima”, “chico de la guerra”, “locura irresponsable”, “sin sentido”, “aislamiento internacional”, “reinserción en el mundo”, y últimamente, disparates tales como “plan sistemático de torturas”, “campo de exterminio”, etc.

La mayor parte de los ex combatientes y los familiares de los caídos luchamos desde el comienzo contra esa trama innoble de representaciones que vaciaban de sentido la sangre de nuestros 1000 muertos Nos resistimos con nuestros escasos recursos materiales, pero con nuestra poderosas autoridad espiritual, a una historia que convertía en un absurdo nuestro sacrificio, en vana la muerte de nuestros compañeros y que pretendía transformar en definitiva una derrota circunstancial en el campo militar, que debía ser revertida en el campo político, económico y cultural. Dijimos a quienes nos quisieron escuchar “Malvinas, yo no me rendí”, “Malvinas, volveremos” desarmando la identidad de víctimas que una Argentina espiritualmente derrotada pretendía asignarnos.

Como sucede casi siempre en la historia, y Lorenz debe saberlo porque es su profesión, las batallas culturales son el anticipo de las batallas políticas. La “etapa superior” de esa “leyenda negra” fue el programa neoliberal de los ’90. La rendición en el campo cultural, expresada en la aceptación del relato “desmalvinizador”, era el prerrequisito necesario para la completa enajenación nacional en beneficio de las grandes potencias agresoras en Malvinas y de sus socios. Pocas veces quedó tan en claro cómo la derrota cultural precede a la política y económica. ¿Cómo podía aceptarse el despojo menemista sin una previa operación de tergiversación y ocultamiento de las enseñanzas que dejó Malvinas y del espíritu que la acompañó (lugar de Argentina en el mundo, soberanía nacional, naturaleza criminal del imperialismo, etc.)?, ¿cómo podía una sociedad imbuida de los valores que reverdecieron en Malvinas tolerar que nuestras riquezas cayeran en manos de quienes mataron a 1000 argentinos apenas unos años antes?

La conexión íntima entre la construcción del relato histórico y sus efectos políticos concretos en el presente pocas veces resultó tan transparente como en los ‘80 y ‘90. Quizá en eso resida la feroz virulencia que desencadenó entre los “científicos de la historia” la auspiciosa creación del Instituto “Manuel Dorrego”.  Hay una intuición profunda en el establishment cultural anglófilo y europeizante de que la discusión sobre el pasado es discusión sobre el presente y sobre el futuro. El presente es historia inconclusa.

Por último, en su nota Lorenz hace mención al rubor que sintió la hija del Colorado Ramos al visitar Malvinas en pleno conflicto. Con todo respeto, y como ex combatiente de Malvinas,  me permito decirle a Laura Ramos que no cabe un sentimiento de rubor, sino más bien de orgullo, cuando su padre escribía por entonces líneas como las que siguen: “Nuestra guerra contra el imperialismo mundial replantea con fuerza irresistible todos los problemas postergados de la Argentina y América Latina. Un acelerado curso de formación “antiimperialista” se está exhibiendo ante el mundo dictado por los grandes maestros de la mistificación occidental. La actual generación civil y militar no olvidará jamás esta lección. Los argentinos del futuro sabrán de qué modo resuelto la Argentina se elevó por sobre sus antiguos dolores y crisis internas para dar la batalla a uno de los más pérfidos imperialismos que la historia ha conocido”. Ramos, que además de historiador era un político revolucionario, apostó a un desenlace latinoamericano del conflicto, el cual resultó fallido. Luego, en el epílogo de su vida, torció el rumbo, suponemos que influido por la desmoralización y el desánimo ante una década despiadada. Pero sus enseñanzas —y las de tantos otros— nos sirvieron para darle un marco histórico a nuestro esfuerzo y un sentido superior a quienes cayeron bajo las balas del imperialismo británico.

Fernando Pablo Cangiano

DNI 14.189.366

  • México 
  • Artículo cargado el 10/12/2011 - 00:47

Pienso, luego estorbo

Políticos, “políticos”, franquicias electorales y ciudadanos frente al 2012

Daniel N. MoserSocialismo Latinoamericano

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Parece que la elección presidencial de 2012 ya se realizo. Muchos sostienen desde hace tiempo que “el PRI regresará en 2012 a Los Pinos”. Algunos se espantan porque después de “acabar con setenta años de PRI” en el año 2000, sería un “retroceso”. Pero ¿se acabó en el 2000 con setenta años de PRI? ¿Todo lo que el PRI hizo en setenta años fue negativo? ¿Existe un solo PRI?

Desde hace aproximadamente 30 años, cuando se impuso en el mundo y en México el neoliberalismo –que es una ideología, no simplemente una corriente económica–, los partidos políticos se han venido transformando en franquicias comerciales. Políticos “profesionales” se postulan a cargos de elección popular para representar a la ciudadanía, pero no terminan de asumir el cargo cuando se olvidan de sus electores, si es que alguna vez los consideraron seriamente. En los hechos, responden en bloque a los intereses de quienes controlan la franquicia, no a los de quienes se suponen representarían.

Las campañas tienen un abrumador perfil mercantilista, con frases convencionales, caras sonrientes y poca sustancia que debatir. Este fenómeno es la razón de fondo por la cual la gran mayoría de la ciudadanía desprecia y repudia a “los políticos” y, por relación directa –aunque errónea e injusta– a la política, pero políticos y política son cosas muy distintas.

Sin entrar al terreno de las disquisiciones semánticas, digamos que los políticos esencialmente somos todos los ciudadanos (abogados, amas de casa, albañiles, doctores, ingenieros, estudiantes, campesinos…). Tenemos el derecho y la obligación de participar activamente de los asuntos de la sociedad en que vivimos, participación que no debe limitarse al voto. Los conocidos como políticos “profesionales” –al menos la abrumadora mayoría–, son empleados privilegiados de las franquicias.

La futbolización de la política

Hay quienes se identifican con un partido político como si fuese un equipo de futbol. Algún día se hicieron simpatizantes o fanáticos del Cruz Azul, o del Atlas, o del América y llevan la camiseta pegada a la piel, sucede así en casi todo el mundo, es raro quien cambie de equipo. Así actúan muchos en el ámbito de la política, algún día se identificaron con el PRI, el PAN o el PRD… pero el futbol y la política son asuntos muy distintos.

Esta actitud es promovida y aprovechada por las franquicias para consolidar lo que llaman su “voto duro”. A ello se suma el voto oportunista, por necesidad o comodidad. No menos importante es el abstencionismo, resultado de dos fenómenos: el desprecio por la política y la ignorancia. Entre paréntesis, el abstencionismo es ignorado electoralmente pero juega un papel importantísimo y debe ser considerado seriamente a la hora del análisis político.

El voto sin sustento e inducido por la mercadotecnia así como el abstencionismo, tienen su principal fundamento en la ignorancia, que no es un fenómeno casual. No faltan recursos para invertir en educación, existe una política deliberada por mantener a amplios sectores sociales –sin distinción de nivel socioeconómico– en la ignorancia. Es desde las aulas y los medios de comunicación masiva que se impulsa esta política de desinformación colectiva. Aquí cabe modificar la celebre frase de Decartes “pienso, luego existo”, por la más apropiada al caso que nos referimos de “pienso, luego estorbo”.

Una mirada superficial al sistema partidocrático nos permite comprobar que efectivamente los partidos políticos funcionan no con base en premisas ideológicas sino de intereses particulares. El mismo día, un partido comparte con otro la boleta en una elección municipal y con un tercero en una estatal. Otro, o el mismo, comparte la boleta con un partido en una elección presidencial y con otro muy distinto en la siguiente. No hay compromisos ideológicos, sino componendas por intereses particulares o de grupo. Los intereses de los ciudadanos y de la nación sólo se mencionan en campaña electoral.

Es posible que alguien descubra que la organización política con la cual se identificó, en algún momento abandona o traiciona la ideología y los principios que ese alguien comparte, y encuentre que ahora es otra la organización que sí los representa. Aunque parezca contradictorio, en tal situación cambiar de partido resulta congruente, lamentablemente no es lo que sucede en la mayoría de los casos, menos aún con los políticos “profesionales”.

Varios partidos en un mismo partido

La transformación de los partidos políticos en franquicias ha propiciado que en su seno se generen diferencias que nos permiten hablar de varios partidos dentro de un mismo partido. No se trata de diferencias menores, incluso en ocasiones sectores de un partido tienen más coincidencias con algunos de otros partidos que del propio. Este es un fenómeno característico del sistema partidocrático. Los ejemplos sobran y las alineaciones de senadores en la discusión de la llamada

Ley Televisa

fue reveladora.

¿Cuándo hablamos del PAN, hablamos del de Manuel Gómez Morín y Luis Calderón Vega, o el de Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa? ¿Cuándo hablamos del PRD, hablamos del de Cuauhtemoc Cárdenas y Heberto Castillo, o el de Jesús Ortega y Carlos Navarrete? ¿Cuándo hablamos del PRI, hablamos del de Lázaro Cárdenas (aún no se llamaba PRI), del de López Portillo o del de Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto?

Si no queremos personalizar ¿Hablamos del PRD que nació con el propósito de fomentar la democracia popular o del que hoy se debate en disputas que lo tienen siempre al borde de la escisión? ¿Hablamos del PAN que nació queriendo acabar con la hegemonía del PRI, o del que hoy ha hecho suyos todos los vicios de partido al cual se propuso quitar del poder? ¿De cuál PRI hablamos, el del

Desarrollo Estabilizador

que durante veinte años permitió un crecimiento promedio anual del PIB del 6%, o el de los últimos 30 años, que por su cuenta o aliado al PAN, instauró y consolido la ideología neoliberal en México, con las consecuencia conocidas?

Julio de 2012

Prácticamente definidos los principales candidatos a la presidencia de la república para el período 2012-2018, muchos dan por hecho que el PRI regresará a Los Pinos abanderado por Enrique Peña Nieto. Resulta aventurada tal conclusión. ¿Cómo estar seguros de lo que habrá de suceder en julio de 2012?, si hace unas semanas el PRD y sus aliados estaban al borde de la división y el PRI se mostraba consolidado en la unidad tras su más firme candidato, y hoy, son el PRD y sus aliados los que se muestran unidos (al menos en apariencia) detrás de su único candidato, siendo el PRI el que está en conflicto por diferencias entre sus dos conocidos candidatos (las filosas declaraciones de Beltrones, en su desplegado y posteriores, tienen un inconfundible destinatario) y la disputa por el reparto de los cargos de elección popular.

Sí estoy convencido –aunque pueda equivocarme, obviamente– de que en julio de 2012 habrá un escenario similar al de 2006 pero con personajes distintos. Quien sea, el candidato del PAN obtendrá un cómodo tercer lugar y Peña Nieto y López Obrador se disputarán la presidencia con resultado cerrado.

Sí hablamos del “regreso del PRI a Los Pinos”. Un PRI regresará a Los Pinos, pero tengo serias dudas de que sea el que llevará como candidato a Enrique Peña Nieto (EPN). Me atrevo –y me arriesgo– a considerar la posibilidad de que sea otro PRI, el que de alguna manera representa Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Faltando ocho meses para la elección presidencial, mucho puede pasar. En mi opinión, veremos reflejarse en las encuestas que Peña Nieto comenzará a perder puntos desde el techo que obtuvo, y López Obrador crecerá desde su piso, para arribar a las elecciones de julio con estadísticas apretadas en las preferencias electorales por uno y otro.

Muchos datos me llevan a pensar así. En primer lugar, todo parece indicar que AMLO aprendió de sus errores –los reconozca o no– en la lección de 2006. Aunque son muy pocos los que sepan fehacientemente si hubo o no fraude en esas elecciones presidenciales, son muchos los que lo suponen, e incluso varios de quienes votaron por Felipe Calderón me afirmaron que piensan que sí lo hubo pero que “fue necesario porque AMLO era un peligro para México”. Fraude o no, lo cierto es que la responsabilidad de la derrota deben asumirla AMLO y su gente.

No se debe semanas antes de cualquier elección, menos en las de México, promover calcomanías con la leyenda “sonríe, ya ganamos”, menos aún se puede pretender garantizar resultados ciertos cuando no se está en condiciones de tener representantes en cada una de las casillas y despreciar a sectores importantes de la sociedad. Además, hay factores adicionales, si se quiere subjetivos, como la estrategia de comunicación del candidato, entre otros.

Todo parece indicar que AMLO y su gente tomaron nota. Durante cinco años se dedicaron a recorrer varias veces cada municipio del país y, a pesar de ser sometidos a un apabullante “olvido” por parte de los principales medios de comunicación masiva, cuando no escarnio, lograron mantenerse vigentes en el escenario político.

Constituyeron el Movimiento de regeneración Nacional (Morena), con comités en todo el país que reúnen a la fecha –según dicen– a más de cuatro millones de mexicanos militantes políticos. Esperan que esta organización garantice un conteo cierto de los votos.

Uno de los puntos críticos de la campaña en 2006 fue la polarización que generó AMLO. Por un lado recibió el apoyo firme de sectores populares y por otro el rechazó de sectores de clase media y alta. A esto último contribuyeron el estilo del candidato y una campaña mediática que estigmatizó tan falaz como efectivamente aspectos de su discurso.

El giro en la opinión de muchos empresarios

Por medio de México Despierta (MD), organización creada por empresarios que abiertamente apoyan su candidatura, hace unas semanas AMLO se reunió con mil doscientos empresarios regiomontanos, entre quienes estaban Fernando Canales Stelzer, hijo del ex gobernador panista Fernando Canales Clariond, y Mauricio Sada Santos, aspirante a la candidatura del PAN para la presidencia de San Pedro Garza García), los asistentes lo recibieron con cautela, en silencio, y lo despidieron con efusivos aplausos. Más recientemente hubo reuniones simlares en otras ciudades del país.

Tan cierto es que no se trata de los más encumbrados empresarios, como lo es el hecho de que más el 50% de la producción y el 70% de la generación de empleo es responsabilidad de las pequeñas y medianas empresas (Pymes); otro dato no menor es que el 99% de las empresas mexicanas son Pymes, y los votos son individuales, al menos en teoría.

Días después de la reunión en Monterrey, el líder de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco), una de las organizaciones empresariales más representativas del sector y activa militante contra AMLO en 2006, declaró que no ve hoy en AMLO “a un peligro para México” y destacó el perfil conciliador y propositivo que hoy exhibe el candidato.

Por otro lado, el empresario Fernando Turner Dávila, militante del PAN durante 30 años, renunció a su partido porque se sintió  –dijo– “traicionado por la política económica nefasta aplicada desde el gobierno de Felipe Calderón, que ha empobrecido al país a niveles históricos.” Señaló que en los últimos seis años su inquietud le llevó a encabezar junto a otros empresarios regiomontanos, como Alfonso Romo y Alberto Santos, un movimiento para intentar dinamizar la economía, pero en Los Pinos los ignoraron. “Es un pecado social y moral tener a la mitad de los mexicanos en la pobreza”, dijo. Luego agregó: “las ideas económicas y sociales de Andrés Manuel López Obrador coinciden con las nuestras”. No son las únicas manifestaciones empresariales a favor de AMLO.

Otro dato a tener en cuenta, más aún si consideramos que AMLO y muchos de sus seguidores son ex priistas, y que éste siempre convoca a simpatizantes y militantes de otros partidos a marchar junto a él, distinguiéndolos de sus dirigentes partidistas, es el enfrentamiento que se está dando en el PRI como resultado de la repartición de cargos electorales que la dirigencia del partido hizo a favor de sus nuevos aliados, el Partido Verde Ecologista (franquicia de la familia González) y Nueva Alianza (franquicia de Elba Esther Gordillo).

Televisa y algunas encuestas

Antes, un día después de haberse confirmado que sería el candidato de la izquierda, sorpresivamente para muchos, en el principal noticiero de Televisa se entrevisto en vivo a AMLO durante más de 13 minutos. Es motivo de un análisis que aquí no intentaré, pero merece la atención el buscar comprender las razones de fondo que llevaron a la cadena televisiva que durante cinco años ignoró e hizo escarnio de AMLO, según los casos, a dedicarle gratuitamente más de 13 multimillonarios minutos al flamante candidato.

En la entrevista, AMLO reiteró abiertamente su crítica a televisa, se mostró firme, pero también propositivo y conciliador. Recomiendo invertir esos 13 minutos para ver y oír la entrevista completa.[1]

Ese mismo día se dio un dato menor, no representativo, pero curioso: los diarios El Universal, Excelsior y Milenio –no sé si otros también– publicaron por separado sendas encuestas cuya única pregunta apuntaba a lo mismo en los tres casos, palabras más, palabras menos, decían: “¿cree que AMLO puede ganar las elecciones en julio de 2012?” las respuestas positivas fueron del 43%, 47% y 43% respectivamente. Por otra parte, según el promedio de varias encuestas –elaboradas con anterioridad a que fuera elegido formalmente candidato– AMLO está en un cómodo tercer lugar de las preferencias, con un 14%, detrás de Josefina Vázquez Mota que tiene un 22% y EPN con un 49%.

Final abierto

Líneas arriba señalé que muchos dan por hecho que el PRI regresará a Los Pinos abanderado por Enrique Peña Nieto y que yo no estoy seguro de ello. Es imposible hoy saber quien será el próximo presidente de México. Lo cierto es qué, quienes no tengan decidido su voto tienen suficiente tiempo para reflexionarlo. Aquellos que sin convicciones ideológicas y políticas votan con base en sus intereses estarán pensando seriamente en seguir el ejemplo de muchos empresarios de todos los niveles –los de Televisa incluidos– y no “casarse con ninguno.”

Aunque ha ido en aumento en los último años, la participación activa en los acontecimientos políticos sigue siendo poca. Es más fácil criticar lo que otros hacen o dejan de hacer, pero también es irresponsable. “Nadar de muertito” es muy cómodo pero ineficiente y peligroso en términos políticos, sólo hay que ver en la situación que estamos. Debemos dejar de vernos como víctimas, responsabilizarnos, involucrarnos, no dejarnos manipular, razonar, debatir con ideas, ir de los hechos a la convicción, no a la inversa, y asumir una actitud militante.

Cada ciudadano debe asumirse como lo que es: un político, sin comillas, que tiene el derecho y la responsabilidad de participar permanentemente –y de tanto en tanto con su voto– de los asuntos que hacen a su destino y el de la Patria.

Notas:
  1. http://www.youtube.com/watch?v=v70LlRjleso
  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 05/12/2011 - 00:57

Clarín, La Nación y la intelligentsia colonizada temen perder su control sobre el relato histórico

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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Mariano Grondona expone en “La Nación” de hoy, domingo 4 de diciembre, su punto de vista respecto de la creación del Instituto de Revisionismo Histórico presidido por Pacho O’Donnell (ver “La ‘batalla cultural’, ¿ha llegado hasta la historia argentina?”, página 33).

Grondona dice que los argentinos contamos con “tres historias para consultar”. Y serían las siguientes:

1) la “clásica”, también llamada “liberal” por sus adversarios, aclara Grondona. Ejemplo de esta historia, dice, son las biografías de San Martín y de Belgrano escritas por Bartolomé Mitre.

2) la “revisionista”. Grondona cita como ejemplo de esta historia a José María Rosa.

3) quienes habrían llegado a “una versión abarcadora” valiéndose de “los modernos elementos de la investigación”.

Grondona se extiende en calificativos elogiosos respecto de esta supuesta “tercera historia”, que sería diferente de las dos anteriores. Dice que los partidarios de la “visión abarcadora” proponen una “visión pluralista” y cuentan con “un espíritu de seriedad científica y tolerancia ideológica”, persiguiendo una “intención pacificadora” en el debate historiográfico. Sus representantes más notorios, dice Grondona, son Tulio Halperín Donghi y Luis Alberto Romero.

El esquema grondoniano tiene una falla de base: establece una diferenciación entre la historia “clásica” o “liberal”, por un lado,  y la historia “pluralista”, por el otro. Pero esta diferencia en realidad no existe. Además, pretende que esa diferencia se sustenta en dos factores que caracterizarían a la “visión pluralista”:

1) la “seriedad científica”;

2) la “tolerancia ideológica”.

Ahora bien, ¿en qué consistiría la presunta “seriedad científica” de los textos que escriben Halperín Donghi, Romero y sus secuaces de la calle Puán? Supuestamente en que recurrirían a “modernos elementos de investigación”. La cientificidad de un cuerpo de conocimientos, entonces, sería consecuencia de las técnicas empleadas para recoger y analizar datos. Pero esta es la posición del instrumentalismo metodológico, de matriz positivista, a la que cientistas sociales como Wright Mills mandaron al desván de los trastos viejos hace medio siglo. Esta creencia tuvo su época de oro en la Universidad “desarrollista” de los ‘50 y los ‘60, cuando la contrarrevolución gorila que derrocó al peronismo instaló a Gino Germani y otros cientificistas “yancófilos” (Halperín y seguidores, entre otros) al frente de las cátedras y los institutos de investigación. Sería largo demostrar acá el carácter no-científico y meramente político-ideológico de esta gente. Pero si uno considera que Halperín Donghi caracteriza al más importante fenómeno de masas de la Argentina del siglo XX como “fascismo”, puede hacerse una idea del rigor científico de sus trabajos. Confundir al peronismo con el fascismo (homologándolo o analogándolo), significa para un historiador lo mismo que significaría para un astrofísico confundir un planeta con una estrella o seguir sosteniendo la cosmología tolemaica. Por añadidura, esta caracterización del peronismo por parte de los historiadores que Grondona llama “pluralistas”, es un claro indicador de que el “pluralismo” está por completo ausente en sus trabajos. Quien lea las notas periodísticas de Romero en el diario de Magnetto o en “La Nación”, con su indisimulable carga de odio contra todo lo que huela a pueblo, podrá advertirlo también. Más aún: que Magnetto y “La Nación” abran sus páginas a Romero, está indicando cuál es la catadura moral e intelectual de este historiador “científico”.

¿Y por qué entonces Grondona inventa una tercera línea historiográfica, cuando la realidad indica que hay una única línea hegemónica en los aparatos ideológicos —la historiografía mitrista debidamente “aggiornada” por los Halperín y cía, inclusive con sus versiones “marxistas” estilo Milcíades Peña—, y una línea opositora cuya heterogeneidad interna es compatible con el nombre unificador de “revisionista”? Porque lo que le importa a Grondona es atacar la intervención del gobierno en un campo intelectual que las clases dominantes hegemonizan absolutamente y sin solución de continuidad al menos desde la contrarrevolución de 1976. Grondona lamenta que el gobierno pretenda “volcar partidas del Presupuesto Nacional” a un instituto que se propone imponer una “versión maniquea” de la historia según la cual en nuestro pasado hubo “héroes y villanos”. Grondona desea que sigan siendo los aparatos ideológicos de la Argentina semicolonial —la gran prensa, el sistema escolar, las sociedades de escritores, etc.—, con sus camarillas bien alimentadas, los encargados de imponer una versión de la historia que —aunque él no lo diga— es igualmente “maniquea”, sólo que presentaría a los villanos como héroes y a los héroes como vilanos.

Ciertamente, la figura políticamente oportunista e intelectualmente discutible de Pacho O’Donnell no es un dato para entusiasmar a nadie respecto de la posibilidad de emprender una auténtica batalla cultural contra el pensamiento colonizado en sus múltiples variantes. Sin embargo, no hay que perder de vista que es la primera vez desde que triunfó la contrarrevolución oligárquico-imperialista en 1976 que el pensamiento nacional-popular, también en sus múltiples versiones, puede presentar batalla.

Veremos qué sucede. Los temores de Grondona deben ser nuestras esperanzas.

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 01/12/2011 - 02:45

Un Perro Verde: Verbitsky impugna la participación obrera en las ganancias de la cúpula empresarial

Juan Manuel LucasSocialismo Latinoamericano

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No es la primera vez que la intelligentzia nac & pop intenta, contra todas las evidencias, construir un discurso que logre por fin disciplinar a la clase obrera y todo gesto de autonomía con respecto al poder de estado. Las crónicas dominicales de Verbitsky constituyen algo así como la quinta esencia de estos complejos ejercicios en que las veleidades académicas y los prejuicios políticos se combinan sobre el trasfondo ideológico del progresismo pequeño burgués.

En su nota titulada, precisamente, “Disciplinamiento”  la manipulación ideológica y teórica con que el Perro construye el sentido de la épica k roza los límites del absurdo si se considera que se trata de un periodista que los lectores bien alimentados del diario fundado por Jorge Lanata no dudarían en definir como “de izquierdas”.

Lo curioso es que en este caso, el autor de la nota no duda en recurrir a un conjunto de fuentes que son inasimilables a las operaciones interpretativas con que intenta dar cuenta de las tensiones entre el sindicalismo moyanista y el gobierno nacional, las rentabilidades empresariales y las disputas por las superganancias en el contexto del “modelo de crecimiento con inclusión”.

Cada línea publicada por Verbitsky constituye una razón para legitimar las aspiraciones que el autor se esfuerza, precisamente, por contener.

Desde el primer párrafo, el artículo constituye una joya para desmentir al colaborador del genial Rodolfo Walsh. Sí hasta hace algunas semanas el Perro dedicaba mares de tinta a contener las proyecciones políticas del moyanismo invocando un curioso “sindicalismo no político”; la introducción de “Disciplinamiento” se dedica a destratar al jefe de la burguesía industrial argentina para remarcar el carácter popular del oficialismo. Lo curioso, es que para Verbitsky, la euforia kirchnerista de De Mendiguren no obedece al explícito veto de Cristina sobre el proyecto Recalde sino al “amable trato personal” con que atiende a José Ignacio.

En una curiosa recuperación de aquella tercera posición que denostó en sus años mozos, para Verbitsky ni De Mendiguren ni Moyano parecen estar a la altura de las circunstancias. Impugnando las desrazones de la burguesía industrial, exultante tras la negativa de la presidenta a apoyar la participación laburante en la rentabilidad empresaria, y de la clase obrera, resentida en sus lúcidas intenciones de disputa de las ganancias extraordinarias, el Perro desautoriza el proyecto Recalde cuestionando, precisamente, aquello que el proyecto no se propone. Para ello, Verbitsky sugiere que el proyecto no sería auténticamente “popular” en tanto no reduce la “heterogeneidad” de las remuneraciones de los trabajadores. Curioso izquierdismo el del autor de “El Vuelo” que impugna la posibilidad de dotar a la clase obrera de una nueva herramienta, reconocida constitucionalmente hasta por la revolución fusiladora, para renegociar la tasa de explotación.

El carácter homogeneizador que Verbitsky le reclama al proyecto Recalde no debe buscarse en el seno de la clase obrera, sino en el entramado social en su conjunto: la progresividad del proyecto radica en que reduce la heterogeneidad entre propietarios y no propietarios impugnando el monopolio intelectual de los primeros sobre el proceso de acumulación, permitiendo que la información de los libros contables juegue un papel decisivo no sólo hacia el cierre de los balances en una hipotética participación, sino también en las aperturas y sus paritarias e, inclusive, garantizando un nivel de control popular sobre los procesos de fuga de capitales con que el propio Verbitsky se indigna algunos párrafos más abajo.

La hipocresía izquierdista y la obsecuencia oficialista del autor se acentúan: “Hasta el autor del proyecto –dice el popular Perro- cree que si los trabajadores esperaron 54 años desde que una reforma constitucional incluyó la participación obrera en las ganancias, pueden esperar otro año para poner a prueba la voluntad patronal de acordar en paritarias como planteo Cristina”. ¿Qué más debería esperar la CGT? ¿No son las editoriales semanales del propio Página12 las que festejan el cambio en la correlación de fuerzas que supone el 54% de apoyo popular? ¿No constituye el arrollador triunfo oficialista una posibilidad única para “profundizar el modelo” en un sentido popular? Si no es ahora ¿cuándo Perro? Los macaneos de Página por conocidos, no dejan de ser eficaces. No interesa aquí que una ley implique hacer del proyecto una política de estado que superaría cualquier coyuntura gubernamental, lo más relevante del párrafo de Verbitsky es precisamente lo que no dice. El proyecto Recalde es un proyecto de participación por empresa, es decir, por unidad de producción, a diferencia de las paritarias, ámbitos de negociación por rama de producción. Es imposible darle cauce al proyecto Recalde de acuerdo a las sugerencias de Cristina y los pobres avales de Verbitsky. Es una ley que apunta a los sectores más concentrados del capital definidos por empresa. Negociar ganancias en paritarias no sólo es imposible sería, además, sumamente riesgoso para los sectores pymes que el oficialismo se esmera en confundir con la mítica “burguesía nacional”. La ley, en tal sentido, democratizaría las instancias mismas de la producción y reproducción social trascendiendo los espacios que el estado, capitalista muy al pesar de los titiriteros del progresismo vernáculo, ofrece como espacio para las negociaciones salariales.

Verbitsky lo sabe, pero no puede reconocerlo en tanto escribe implícitamente contra la CGT desde un conjunto de datos que, paradójicamente, avalan a esta última. Dice el Perro: “…en las empresas de la cúpula se han obtenido rendimientos excepcionales gracias a sus costos laborales muy inferiores al incremento de la productividad, lo cual arroja un costo laboral unitario menor al del 2001”.

En consonancia con los datos que ofrece, la interpretación verbitskiana avergonzaría a cualquier estudiante de historia. Tanto que el cuadro de datos en que se apoya la lectura de la nota realizado por el Cifra, centro de estudios de la CTA dirigido por Eduardo Basualdo, difícilmente pueda ser utilizado para legitimar por izquierda el proceso de acumulación económica y su forma de regulación política desde el 2003 a la fecha. Lo que los datos aportados por Verbitsky demuestran es que, al menos en el caso de las 200 empresas de mayor facturación de la Argentina, la redistribución del ingreso ha sido inversa a la publicitada por el oficialismo.

Alcanza ver para ello los datos sobre la evolución post 2001 del costo laboral unitario. Un índice que relaciona la productividad de las empresas con sus costos de reproducción de la fuerza de trabajo. En definitiva, un indicador indirecto de lo que el marxismo define como explotación y un excelente eje para comprender aquella máxima que definía al capital como una relación social.

Los datos aportados por Verbitsky evidencian que a caballito de los aumentos de la productividad post crisis, y a pesar de una recuperación del costo salarial que recién en 2009 alcanzó los valores del 2001, el costo laboral unitario se ha mantenido curiosamente muy por debajo de los valores de base. Durante la última década la productividad de la cúpula ha aumentado muchísimo más que los salarios y por lo tanto los costos laborales unitarios se han mantenido comparativamente bajos.

El propio Verbitsky reconoce que son esas híper “utilidades” las que han sostenido estructuralmente el continuo proceso de fuga de capitales de los últimos años: “…los incrementos de productividad alimentaron las utilidades patronales que a su vez explican la fuga de capitales”, es decir, aún con palabras que el Perro parece haber olvidado, los datos evidencian que en términos de valor la tasa de explotación de la fuerza de trabajo ha aumentado en relación al 2001. El aumento del salario real ha ido acompañado de un aumento comparativamente mayor de la rentabilidad. En resumidas cuentas, el capital como el emergente de las relaciones sociales asimétricas con que el modelo socializa la producción y privatiza la “rentabilidad”. Los trabajadores ganan más pero los empresarios ganan muchísimo más. El propio Verbitsky ofrece los datos para comprender el núcleo de intereses que el proyecto Recalde pretendía afectar: “la tasa de rentabilidad promedió el 3,5% durante el periodo 1991-2001 y saltó al 8,5% entre el 2003- 2010”.

Son estos datos los que explican las alegrías empresarias y las broncas cegetistas, no las extrañas elucubraciones de un análisis que llega a equipar los reproches con que la presidenta intenta “concientizar” a la cúpula empresarial con las prácticas extorsivas y cuasimafiosas de fuga y especulación con que el capital trasnacionalizado le marca la cancha a la presidenta: “En las relaciones con el estado los reclamos y exigencias siempre provenían de las grandes empresas. Ahora también se recorre el camino inverso” dice el Perro. Ese camino no se consolidará a base de un voluntarismo retórico que ha demostrado su absoluta incapacidad para comprometer a la “cúpula” con los intereses de la nación, sino con una política que reconozca la necesidad y posibilidad de sostener un programa antiimperialista aprovechando el inédito respaldo popular con que cuenta el gobierno k.

  • Artículo cargado el 22/11/2011 - 00:16

El eticismo como ratificación de la esclavitud

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El eticismo consiste en el análisis de una situación particular de acuerdo a principios abstractos –es decir, que requiere un mínimo grado de generalización para poder existir. El procedimiento es sencillo: se toma un episodio histórico puntual, se lo aísla y se aplican sobre el todo la artillería de categorías éticas. De esa forma, el suceso –que ha dejado de existir en la historia para cobrar vida por sí mismo- es resignificado en base a las consignas éticas.

Los acontecimientos históricos, bajo la mirada moralista, carecen de continuidad: son fragmentos separados unos de los otros y absolutamente pasibles de ser analizados en su singularidad, como si no fueran “consecuencia” ni “causa” –esto es, como si no estuvieran circunscrito al desarrollo de las fuerzas históricas.

La historia, entonces, se sacraliza: ya no se realiza una comprensión de lo ocurrido, sino que el trabajo intelectual se limita a la valoración y catalogación: la historia se divide entre el bien y el mal.

No hay lazos, interconexiones o relaciones lógicas: los hechos existen por sí mismo y de ese modo deben ser observados y designados al espacio del “bien” o del “mal”. Todo el complejo entramado de las relaciones sociales queda desmontado a la más simple expresión. La concretud de la historia se subyuga a la abstracción de los principios éticos.

Un asesinato –malo por sí mismo- no se comprende dentro de un contexto más amplio que le otorga un sentido. Los sucesos más sangrientos de la historia son depositados en el panteón de la maldad para nunca más ser revisados. La maldad no puede ser comprendida: simplemente debe ser rechazada.

De modo tal que el eticismo tiene un horizonte de desarrollo más bien acotado: uno nunca puede trascender las fronteras de lo éticamente permitido para profundizar su comprensión. Sin embargo, aún el más repugnante de los crímenes guarda un sentido y merece ser analizado; es más: debe ser comprendido para, entonces sí, lograr darle un significado más amplio a la totalidad de los hechos vinculados. Es difícil comprender con cierta amplitud la dictadura cívico-militar de los años ’70 desde el mero eticismo que castiga como seres perversos –monstruos ahistóricos y infrahumanos- a los responsables de la Junta Militar: es necesario desentrañar su lógica –aún cuando se quiera reducir todo a un “simple arrebato irracional”: la irracionalidad posee su estructura lógica- para alcanzar una dimensión más amplia y verosímil de lo sucedido.

El eticismo, contaminado por su devoción al bien, es incapaz de preguntarse por qué alguien es capaz de matar y no puede concebir un esquema lógico detrás de aquellos episodios que no se corresponden con los preceptos del “bien” –que recaban en la fortísima tradición de la moralidad cristiana en Occidente y que es la espada con que se intenta quebrantar la autonomía de los sitios aún no colonizados-.

* * *

La sanción ética a Irán –más allá de la hipocresía: quienes se alarman por la fabricación de una bomba atómica son los países principales en desarrollo de armamento atómico; quienes lo acusan de dictadura, son los países que invaden, asesinan y sostienen el mayor genocidio de nuestra época- se constituye, quizás, como el emblema del eticismo: la sola mención de las actividades iraníes merecen la reprobación de todos los “biempensantes” del mundo, como si tales movimientos no se correspondieran con un contexto mundial en donde actúan como respuesta a anteriores movimientos y, al mismo tiempo, anticipo de movimientos subsiguientes.

El eticismo, que le teme a los excesos de autoridad, comete el mayor de los despotismos: impide la posibilidad de autonomía en la elaboración de conceptos y categorías de acuerdo a las situaciones materiales de cada lugar. El cristianismo occidental impone sus categorías y con ellas pretende analizar -homólogamente, desconociendo particularidades- las diferentes situaciones del universo: de esa forma –uniformizando el criterio- logra las justificaciones necesarias para sus avances geopolíticos.

* * *

Un episodio histórico –el accionar del gobierno iraní- no puede ser sustraído del contexto histórico en el que se produce y ser sometido a categorías abstractas. La trama de fuerzas materiales y simbólicas que se enfrentan es borrada del marco de análisis: solo se trata de ver quién hace acciones buenas y quién malas, no importa la lógica subyacente en cada una de esas acciones.

La ética –mal que le pese a los parroquianos- no tiene ninguna otra utilidad más que el ejercicio de la dominación. Y es, precisamente, mediante la ética que los poderes occidentales actualmente avanzan sobre los territorios hostiles a sus intereses.

El pregón de la ética y los buenos valores, así como el ciego ensalzamiento de los derechos humanos, como consignas sacramentales, inviolables por provenir desde un lugar fuera de la historia –cimientos de cierto progresismo que se presume contestatario de los imperialismos- es la ratificación del dominio simbólico de Occidente: la aceptación de la esclavitud. Toda acción es un acto de violencia que no reconoce “ética” alguna: de hecho, el establecimiento de un orden ético es el mayor de los actos de violencia: no hay mayor violencia que decir qué está bien y qué está mal. 

Juzgar las actitudes del gobierno iraní en función de los criterios éticos que surgen del desarrollo moral del cristianismo occidental, es la consolidación del imperialismo que tiene hoy en Irán la encarnación de sus fuerzas opositoras, aquellas tierras prósperas de recursos y valor geoestratégico, y que todavía no se someten a sus designios, intentando esbozar su soberanía nacional.

* * *

En la historia no existen los hechos “buenos” o “malos”, sino que el significado de los mismos vienen dados como resultado de una disputa de poder entre fuerzas contradictorias y ese mismo significado puede ser alterado con solo revertir el orden vigente.

La historia es el producto de la violencia: surge como resultado de la victoria de una fuerza sobre otra en una disputa a muerte. La moral es la condición de vida de quien salió derrotado: solo aceptándola como forma de vida es que no resulta asesinado. Es decir, la escala axiológica es la culminación del sometimiento.

Mientras se utilicen las categorías del opresor para analizar y valorar la situación de los oprimidos, el estado de cosas se consolida - Esa rebeldía ética es la necesaria para el fortalecimiento del orden al cual aquella se pretende rebelar. Además, los hechos no se comprenden y, por lo tanto, las acciones no logran encuadrarse en una estrategia práctica que aspire a la efectividad. El statu quo, finalmente, hunde más sus raíces.

  • Crítica literaria 
  • Artículo cargado el 18/11/2011 - 02:48
MILITÓ EN EL PRT Y EN PO. FUE PROFUNDAMENTE ANTIPERONISTA

Gregorio Flores: los extravíos ultraizquierdistas de un militante obrero

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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Resulta comprensible que el fallecimiento de Gregorio Flores, el histórico dirigente de SITRAC-SITRAM en los años 60, no haya sido pasado por alto en el campo de la izquierda argentina. Así, por ejemplo, lo homenajean desde el Partido Obrero, al cual se sumó Flores a partir de 1983, hasta Néstor Kohan, referente político-intelectual de un sector de la militancia del PC que rompió con este partido “por izquierda” girando hacia posiciones “guevaristas”. Lo que no debería resultar tan comprensible, en cambio, es que las simpatías que la figura de Flores (como la de todos los luchadores obreros) pueda despertar en la izquierda, opere como obstáculo emocional para emprender una profunda e imprescindible crítica teórico-política de su actuación militante.

En 2006 el grupo ultraizquierdista universitario “Razón y Revolución” editó el libro de Flores Lecciones de Batalla. Una historia personal de los ‘70. Tiene razón Kohan cuando afirma que ese libro es “un texto fundamental que debería ser estudiado en Argentina y en América Latina”. Pero no solamente por tratarse del testimonio de un protagonista central de las luchas obreras de hace cuarenta años, sino porque, al mismo tiempo, nos ilumina acerca de los profundos errores que condujeron a la derrota de aquellas luchas.

¿Quién es revolucionario? Objetivismo y subjetivismo

Empecemos nuestra crítica por lo que sería una “cuestión de método”.  Flores militó en el PRT hasta entrada la dictadura militar. En uno de los capítulos de su libro reivindica a ese partido y a su máximo dirigente, Mario Roberto Santucho. Dice de éste: “Mario Roberto Santucho fue a mi entender un auténtico revolucionario. Puso a toda su familia al servicio de la revolución. El trágico saldo: siete muertos, cuatro desaparecidos, nueve exiliados son un testimonio elocuente de lo que digo”. Ahora bien, la pregunta que debemos formularnos es la siguiente: ¿constituye el “trágico saldo” de la familia Santucho una razón suficiente para caracterizar al jefe del PRT-ERP como “auténtico revolucionario”?

Existen dos criterios diferentes a partir de los cuales se puede caracterizar a un individuo o a una organización política como revolucionarios. Uno es un criterio que podríamos denominar “objetivista”. El inspirador de este criterio fue el propio Marx, al afirmar que los individuos deben ser considerados por lo que objetivamente son, y no por lo que ellos creen que son. Siguiendo este criterio, Santucho y el PRT habrían sido revolucionarios sólo en el caso de que su práctica política hubiera favorecido a las fuerzas revolucionarias, y no a las contrarrevolucionarias, sin importar la idea que ellos hubieran tenido acerca de sí mismos. Un criterio opuesto, que podría denominarse “subjetivista”, sería el de fundamentar la condición revolucionaria de un individuo o de una organización política en aspectos que tienen que ver con la subjetividad de esa entidad individual o colectiva: la intencionalidad, las motivaciones, los deseos, etc. Cuando Flores recurre al “trágico saldo” de la familia Santucho como prueba del carácter revolucionario de Santucho y del PRT, está incurriendo en el error “subjetivista”.

Hay en su libro innumerables ejemplos de este error, que es verdaderamente sorprendente en alguien que dice ser marxista. Por ejemplo, Flores escribe lo siguiente: “los objetivos del PRT-ERP eran la revolución socialista. Esto está fuera de toda duda. Que los caminos elegidos hayan sido los correctos o no, es parte de otra discusión”.

Hay que disentir con Flores ¡Que los caminos elegidos hayan sido los correctos o no para obtener el fin que el PRT-ERP decía perseguir, es el nudo de toda la discusión político-estratégica que la izquierda debe realizar! Y es lo que determinará, en última instancia, que el PRT-ERP sea ubicado como una fuerza revolucionaria o como una fuerza contrarrevolucionaria.

Sirva el siguiente ejemplo para entender mejor el punto. Supongamos por un instante que Alfredo Astiz haya realizado sus actividades de infiltración en los organismos de derechos humanos con la plena convicción subjetiva de que estaba actuando en favor de su país y de sus compatriotas, a quienes defendía del peligro de una dictadura totalitaria que los sumergiría en el peor de los infiernos. ¿Diríamos en tal caso que entonces Astiz no ha desempeñado la función política contrarrevolucionaria, antinacional y antipopular que efectivamente desempeñó? Es decir: ¿resulta la subjetividad de Astiz un factor determinante o prioritario a la hora de caracterizar su conducta política? Y si para caracterizar a Astiz desestimamos las intenciones subjetivas que motorizaron su conducta, ¿por qué no vamos a proceder del mismo modo para caracterizar a Santucho?

Digamos, además, que la misma crítica que se le puede hacer al subjetivismo de Flores respecto de su caracterización de Santucho, podría hacérsele a quienes -como Kohan o como el jefe de “Razón y Revolución”, el profesor Sartelli- reivindican a Flores en función de las “buenas intenciones” que sin duda presidieron su militancia política y gremial. No hay motivos para desconfiar de la honestidad personal de Flores y de su deliberada intención de acompañar la lucha de los más humildes en favor de un cambio social. Sin embargo, tanto su compromiso militante -primero en el PRT-ERP, y luego en PO- como sus puntos de vista políticos, son merecedores de una severa crítica, puesto que no conducen al propósito que supuestamente lo guió en vida.

Cóctel ultraizquierdista: lucha armada y “clase contra clase”

Veamos el siguiente párrafo del libro de Flores, escrito en 2005: “Para aplastar a la resistencia de los burgueses y sus funcionarios, no hay otra forma que la lucha armada, es decir, el enfrentamiento clase contra clase. Hasta hora, julio de 2005, no estoy enterado de que alguien haya logrado despojar del poder a la burguesía por otros medios que no sea el enfrentamiento armado. Es más, todas las experiencias tratando de ir reformando los estados burgueses para algún día llegar al socialismo, han terminado con el aplastamiento de la clase obrera, como sucedió en España, o más recientemente en Chile con el Frente de Unidad Popular. Para que haya socialismo en un determinado país es necesario, inevitable que los explotados sometan, aplasten a los explotadores. Sólo así la clase obrera podrá erigirse en clase gobernante. Esto, qué duda cabe, se logra por la vía armada. Mario Roberto Santucho fue consecuente con lo que pensaba, por eso está vivo en la memoria de quienes lo conocimos y lo estará seguramente en las nuevas generaciones”.

Se trata de un párrafo sin desperdicios, porque contiene una suma de errores fácticos, interpretaciones erróneas, verdades a medias y afirmaciones sin sustento. Dice Flores: “no hay otra forma que la lucha armada, es decir, el enfrentamiento clase contra clase”. Pero el primero de los términos hace referencia a un método de lucha, y el segundo al contenido de la lucha. Por tanto, la equivalencia que sugiere el “es decir” es incorrecta y sólo consigue confundir al lector. Por lo demás, es falso que la experiencia histórica indique que la “lucha armada” y no “otra forma” (de lucha)  ha conseguido “aplastar la resistencia de los burgueses”. Es una frase que puede sonar bien a ciertos oídos, pero que es decididamente falsa. En Argentina, por ejemplo, la “lucha armada” del ERP o de Montoneros no sirvió para “aplastar la resistencia de los burgueses” sino para que los burgueses aplastaran la resistencia popular. Lo mismo en otros países latinoamericanos, como Bolivia, Perú, Chile, Uruguay, etc. Por su parte, la experiencia revolucionaria paradigmática del siglo XX, la Revolución Rusa, fue posible entre otras cosas porque los bolcheviques derrotaron a los partidarios de la “lucha armada”. ¿Y qué decir del “enfrentamiento clase contra clase”? Lenin y Trotsky enseñaron una y otra vez que en los países semicoloniales la clase obrera se condena al aislamiento y a la derrota si en vez de intentar acaudillar a otras clases interesadas en luchar contra el imperialismo, plantea su enfrentamiento contra todas ellas. “Clase contra clase” es el eslogan con el que la ultraizquierda quiere ganar las simpatías de adolescentes de clase media, pero su significado profundo es y ha sido siempre absolutamente perjudicial para los intereses históricos del proletariado.

Para no hacer demasiado extensa la crítica a tan desafortunado párrafo, digamos por último que hoy está más que claro que el socialismo no surge necesariamente a partir del “aplastamiento” de la burguesía, como lo prueban los trágicos destinos de las revoluciones rusa y china, cuya función hstórica hoy parece haber sido “crear” una burguesía, en vez de destruirla (y también el de la Revolución Cubana, donde el socialismo brilla por su ausencia a pesar de que la burguesía ha sido “aplastada” hace décadas). Y digamos también que el hecho de que Santucho haya sido “consecuente con lo que pensaba” no añade verdad alguna a ese pensamiento. Más bien podría afirmarse que Santucho fue absolutamente consecuente con los pensamientos erróneos que sustentaba, los cuales lo llevaron a él a la muerte y a su partido a la destrucción. En lugar de criticar estos pensamientos erróneos, que es lo que debe hacer todo revolucionario, Flores se conforma con destacar la “consecuencia” o la “honestidad” de quien los postulaba. Extraño método de análisis, sin duda.

Clasismo y Frente Nacional Antiimperialista

Lamentablemente, el párrafo arriba citado no es una excepción en el libro de Flores, cuyo primitivismo teórico-político asoma en cada renglón.

Véanse los términos en los que plantea sus críticas “fraternales” a Agustín Tosco, aquel gran luchador obrero antiperonista de la época, que osciló entre el ultraizquierdismo foquista del PRT y sus “organizaciones de masas” (como el FAS), y el “etapismo” stalinista pro-ruso. Escribe Flores: “El clasismo afirma la necesidad de la independencia de la clase obrera del Estado Burgués en todas sus variantes y postula la dirección de la clase obrera en la lucha nacional a través de su propio partido. En cambio, el presupuesto del ‘sindicalismo de liberación’ es que entre la clase obrera y la burguesía nacional existiría un terreno común que sería el de la ‘liberación nacional’, poniendo un signo igual entre el programa democrático de los explotadores y el de los explotados. La lucha de clases, presupuesto sobre el que se basa el clasismo, sería reemplazado por la ‘unidad nacional’, y los sindicatos, como agrupaciones de la clase obrera no debían ofrecer fronteras con los patrones ‘nacionales’ o sus agentes en los sindicatos. A esta política adhirió Agustín Tosco, y por eso se llevó a la tumba sus diferencias con el sindicalismo clasista”.

Se trata, otra vez, de un párrafo digno de ser analizado con detenimiento. Flores contrapone, como si fuesen categorías antagónicas, la política “clasista” con la política de “liberación nacional”, que atribuye (ya veremos que equivocadamente) a Tosco. ¿En qué consiste la política “clasista”? Su definición ahora ya no parece ser la típica definición ultraizquierdista de “clase contra clase”, sino la de “postular la dirección de la clase obrera en la lucha nacional a través de su partido”. Pero se trata de una mera coartada discursiva que deja intacto el ultraizquierdismo de base que hay en su concepción. Dice Flores: “Se puede, en determinadas circunstancias, conformar un frente donde esté la burguesía, siempre y cuando la dirección esté en manos de los trabajadores y estos tengan un partido propio que los dirija y en cuyo programa esté explicitado cuál es la clase que debe gobernar, o la destrucción del estado burgués”.

Ahora bien, si los trabajadores tienen la fuerza suficiente para conducir el Frente, para explicitar que son ellos los que van a gobernar y que están dispuestos a destruir el estado burgués, ¿para que van a construir “un frente donde esté la burguesía”? ¿No sería absurdo que los trabajadores, masivamente encolumnados en partidos como el PRT o el PO convocaran a “la burguesía” a hacer un frente dirigido a destruirla? Pero este absurdo se encuentra con un problema previo en el cual no parecen reparar los ultraizquierdistas: guste o no guste, la clase obrera real participa en esos frentes nacionales cuya conducción y cuyo programa no son los propios. ¿Qué hacer entonces? ¿Darles la espalda proponiendo esa política de “clase contra clase” que pretende ser la de la clase obrera contra la burguesía, pero que es en realidad la política de la pequeñaburguesía nihilista contra el Frente Nacional Antiimperialista de obreros y “burgueses”? ¿O participar de ese Frente Nacional desenvolviendo una política de Revolución Permanente, que consiste en el “apoyo crítico”, es decir, en el apoyo a la conducción no obrera del Frente desde una posición independiente, dirigida estratégicamente a disputar la hegemonía? La primera opción fue la del PRT, PO y demás organizaciones de la izquierda cipaya. La segunda opción, la que intentó desenvolver la Izquierda Nacional y Revolucionaria.

Pero si el “clasismo” de la ultraizquierda entra en cortocircuito con los intereses estratégicos de la clase obrera, tampoco el “frente de liberación nacional” de la izquierda reformista encarnada por Tosco y el PC constituye una alternativa viable para los intereses emancipatorios. Flores recuerda que Tosco le explicaba que “sin un frente nacional es impensable la revolución en la Argentina”, pero que a la hora de operacionalizar políticamente esa perspectiva teórica, Tosco se sumaba al Encuentro Nacional de los Argentinos, donde confluían el PC, el Partido Intransigente de Oscar Alende y la Democracia Cristiana. Ni Tosco, ni tampoco Flores, parecían advertir que la convergencia PC-PI-DC expresaba una convergencia centroizquierdista de la pequeñaburguesía objetivamente enfrentada con el Frente Nacional real y concreto (con sus claros y sus oscuros) que se constituía en torno de la figura de Perón. En tal sentido, el ENA era más parecido a una “unión democrática” como la de 1946, o a un “frente popular” como los que juanbejustistas y stalinistas ensayaban de la “década infame”, que a un Frente Unico Antiimperialista como los que postulaban Lenin y Trotsky en los países semicoloniales.

Gregorio Flores: militante antiperonista

Como “Rayuela” de Cortázar, el libro de Flores permite ser leído a partir de cualquier tramo, y los extravíos ultraizquierdistas que lo caracterizan no tardan en aparecer. Por ejemplo, dice en la página 82: “Cuando uno estudia la historia de la clase obrera argentina, cae en la cuenta de que la violencia contra los trabajadores ha sido una constante, bajo todos los regímenes políticos, se trate de gobiernos conservadores, oligárquicos, de gobiernos democráticos elegidos por el voto popular y ni qué hablar de las dictaduras militares cuya única razón de ser ha sido y será imponer la paz de los cementerios”.

Uno no puede menos que preguntarse: ¿qué historia de la clase obrera argentina ha estudiado Gregorio Flores? ¿La de Milcíades Peña? ¿La que estudian los pobres alumnos del profesor Sartelli?  Porque es absolutamente falso que “todos los regímenes políticos” y “todos los gobiernos” hayan significado la misma “violencia contra los trabajadores”. ¿Es para Flores idéntico un gobierno como el de Perón, que promovió la organización de los sindicatos, que un gobierno como el de Videla, que los prohibió y persiguió? Aunque parezca mentira, esto parece ser lo que pensaba Gregorio Flores, quien escribía lo siguiente: “Lo he dicho muchas veces, la burguesía tiene más de dos siglos de experiencia y tiene muy buenos reflejos. Por esta razón, cuando vio que sus intereses estaban en peligro prendió la luz roja y sin ningún prurito trajo al líder de los trabajadores para abortar el proceso que se había iniciado con el Cordobazo. Esa fue la razón del regreso de Perón: frenar las movilizaciones y desbrozar el camino para la llegada del golpe de Videla-Massera”.

Pero la realidad es que no fue Perón quien “desbrozó el camino para la llegada de Videla-Massera”, sino que quienes lo desbrozaron fueron, entre otros, las organizaciones ultraizquierdistas y terroristas como el PRT, que creían que Perón era el gran obstáculo para el triunfo de la “revolución socialista” que ellos supuestamente encarnaban. No advirtieron que, si el socialismo es una perspectiva viviente, esa perspectiva sólo tiene lugar en el curso mismo del desenvolvimiento de un Frente Nacional Antiimperialista, y no en la vereda de enfrente, donde está el imperialismo. Gregorio Flores pertenece a una generación de luchadores populares que no supieron verlo, y que por ello terminaron desempeñando un papel político opuesto al que pretendían. Hay que sacar las conclusiones del caso, pensando en los tiempos que vendrán.

  • Izquierda Nacional 
  • Artículo cargado el 18/11/2011 - 02:23

Fk: El dominio del imperialismo

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El 17 de octubre pasado una asociación de usuarios de internet —internauta.org.ar— solicitó a ICANN que no persistiera en asignar a la base militar británica del Atlántico Sur los dominios informáticos fk (Falklands) y gr.(Georgias).  El presidente de internauta, Sergio Salinas Porto,  adujo en dicha oportunidad que las islas en cuestión no constituían un Estado sino parte de la Argentina.

No obstante el apoliticismo que la organización al servicio del Departamento de Defensa de EE UU manifiesta en la portada de su sitio web, Salinas Porto debió señalarle que: “...cuando ICANN habla de territorios, cuando se crean ccTLDs (dominios relativos a países), cuando se les asigna una región a tales ccTLDs y cuando se enuncian ´territorios´ a los que se da servicio en un Registro Regional de Internet (RIRs), eso SIGNIFICA una toma de posición, en particular, cuando se dice que FK es un territorio…”

Balcanización on line

Se infiere entonces de las palabras de Salinas, que ICANN no sólo bautiza nuevos territorios a pedido del imperialismo sino que dispone de nombres previendo futuras rupturas de países soberanos.

El reclamo que concita este comentario lo hace una ONG —internauta— a otra —Internet Corporation for Assigned Names and Numbers o ICANN—, sólo que ésta no es otra cosa que la fuerza militar de EE UU disfrazada de contratista.

Pero ¿qué reacción tuvo la Cancillería argentina ante tal avasallamiento de nuestra soberanía? Ninguna. NIC-ar —sucursal argentina del registro informático norteamericano que opera en la Cancillería— se ajustó al pretendido apoliticismo que desenmascaró oportunamente el presidente de internauta y no dijo nada.

Se puede pensar que el gobierno argentino es tan iluso como cipayo al creer que el registro de nombres y números de internet es nada más que un recurso técnico sin malas ni buenas intenciones. Sin embargo, un episodio anterior, también relacionado con Malvinas, demuestra que, al menos los funcionarios de planta del ministerio exterior, ya eran conscientes en 2006 que los dominios territoriales de internet conforman un planisferio dibujado por el Pentágono.

Noticias de los pingüinos

Bajo el gobierno de Néstor Kirchner, el ministerio exterior argentino aprobó y remitió a la oficina de prontuarios ICANN el dominio “penguinews.com.ar”. Penguin News (Noticias de los Pingüinos) es el único hebdomadario de Malvinas. Hasta el 2006 su versión de internet llegaba al continente como un mero enlace dentro del sitio “La Pingúina, Emperatriz de la Argentina”. Los contenidos de “La Pingüina…” entonces, tanto como los de “penguinnews.com.ar” ahora, son una desatada mofa de los sucesivos gobiernos kirchneristas.

Acaso los funcionarios de la cancillería pensaron en dar un toque de argentinismo al periódico kelper con el fin de seducir a sus lectores imitando al finado y lascivo canciller Di Tella, el de los ositos Winnie Pooh. Quizás los ingleses respondieron a esta seducción con las socarronerías de sus “noticias de los pingüinos” mientras tramitaban en EE.UU. el dominio para las Falklands. Lo cierto es que declinar el registro de direcciones postales (los dominios de internet lo son) en favor de una asociación civil norteamericana supone una clara renuncia de la soberanía argentina. El registro de dominios, remitentes de internet, nombres y números, en la Argentina, debería ser una potestad del Estado a través de la Secretaría de Comunicaciones y del correo oficial, al menos bajo un gobierno de orientación nacional.

  • Nacionalismos 
  • Artículo cargado el 12/11/2011 - 16:06

El nacionalismo de izquierda en Chile

Honorio Alberto DíazSocialismo Latinoamericano

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Por gentileza del CEPEN nos llega este trabajo del chileno Pedro Godoy Perrin *, desde tiempo atrás vinculado a la corriente de izquierda nacional en la Argentina. El estudio se encuentra precedido de un “Prólogo para argentinos” realizado por Roberto A. Ferrero, de eficaz utilidad didáctica. Pese a la síntesis que campea en el ensayo, queda posibilitada una lectura instructiva y enriquecedora.

Godoy Perrin es titular de la Sociedad Científica de Chile y cofundador del Centro de Estudios Chilenos que se permite caracterizar con estas palabras: “CEDECH se articula en torno a 1982 y es la única entidad que, en medio de la oceánica anglofilia, apoya a Argentina en la guerra de Malvinas. No sólo eso, ha insistido en la conveniencia económica y geoestratégica de desenclaustrar a Bolivia, coincide con el P. Ejecutivo en evitar el conflicto con Argentina por el Beagle y aplaude el Tratado de Paz y Amistad que pone fin a ese peligro de conflagración. Así como ayer acata el fallo arbitral sobre Laguna del Desierto hoy apuesta al dictamen de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en lo que al límite marítimo con Perú se refiere” (p. 6). Fundado por personalidades de distintas vertientes, postula una concepción nacionalista iberoamericana tendiente a superar la fragmentación de la nación continental.

Resulta evidente el afán de diferenciación con el nacionalismo de la “patria chica” y de sus cambiantes adhesiones a Hitler, Mussolini o Franco. Convoca a los chilenos a abogar por la “patria grande” despreciando los enfrentamientos fronterizos y los hechos de armas justificados desde un racismo blancocrático, que presenta un país acorralado por el imperialismo argentino que apoyan Bolivia y Perú.

En la década del Centenario emerge un nacionalismo originario crítico de la oligarquía gobernante. El mismo se robustece con la presidencia de Arturo Alessandri (1924) y un amplio apoyo popular. Posteriormente ibañismo y el govismo pasan a ocupar el espacio político de los años treinta. Todos estos procesos son sintéticamente esbozados en el trapajo de Godoy Perrin.

Posteriormente aborda la apertura hacia el camino de encuentro latinoamericanista que entraña el proyecto del ABC, que considera “tan distante de la Casa Blanca como de Moscú” (p.4). Explica su desarticulación por el congelamiento de Vargas y el estancamiento de Ibáñez, para desintegrarse en 1955 cuando Perón es derrocado.

Al finalizar se refiere al apoyo crítico brindado al gobierno de Allende. Pero señala errores de conducción y deplora el sectarismo que significó la cubanización de la política intercontinental. El desabastecimiento, el mercado negro, y la inflación llevaron a la crisis de 1973 que desmoronó súbitamente al oficialismo.

Para el lector interesado resultará aconsejable complementar la lectura de este texto con el libro de Ferrero Enajenación y nacionalización del socialismo latinoamericano, que posee un capítulo dedicado al caso chileno.

Pese al título del estudio, Godoy Perrin manifiesta que prefiere como menos impreciso el nombre de “nacionalismo popular” al de “nacionalismo izquierda”. Pero a esto se agrega la falta de uso de la expresión “izquierda nacional”, lo que hace suponer una diferenciación conceptual concreta. Ello lleva a plantear un interrogante sobre las relaciones teóricas y prácticas, de similitud y desemejanza, entre el nacionalismo de izquierda y la izquierda nacional en Chile que no posee respuesta en el trabajo glosado.

Bibliografía:

Pedro Godoy Perrin, El nacionalismo de izquierda en Chile. Córdoba, Ediciones del CEPEN, 2010.

  • Medios 
  • Artículo cargado el 10/11/2011 - 00:39

La comunicación en un escenario bipolar

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Hay una afirmación de base indudable: existe, en el campo comunicacional, la disputa del poder simbólico entre dos polos concentrados. Desde esa certidumbre partimos, como para dejar, de entrada, las cosas claras.

El terreno de significación, en la Argentina, se resuelve de la lucha hegemónica entre los medios corporativos –Grupo Clarín y adláteres, que sostienen una perspectiva de corte liberal-conservadora– y los medios oficiales –cuyo discurso campea entre el progresismo reformista y cierto conformismo pequeñoburgués que todo lo explica–. Los unos proclamando virtudes constitucionales que remiten a las más amargas experiencias nacionales; los otros enunciando con tono épico sus conquistas, al mismo tiempo que argumentan con detenimiento las razones de por qué no se avanzó más.

Estos dos extremos concentran la discusión por el poder simbólico: es de su tensión, de los efectos de esta, de dónde surge el sentido que se le adhiere a las cosas.

En los últimos tiempos –gracias a la Ley de Medios, huelga reconocer– se ha alcanzado un punto de crudeza quizás inédito: hay dos posiciones nítidamente definidas que pelean por la capacidad de imprimir un significado a las cosas y de generar las categorías de pensamiento que configuren las interpretaciones. En el medio de esas dos posiciones, hay un abismo insalvable. ¿Cómo cobran notoriedad los discursos menores en fuerza ante un escenario de tamaña contradicción? ¿Deben, las voces alternativas, volcarse hacia alguno de los focos de tensión para limitarse a favorecer a la posición más “amigable”?

El grado de independencia de las terceras voces es particularísimo: solo logran visibilidad en tanto y en cuanto sean útiles para los objetivos de uno de los bloques enfrentados. De ese modo, su existencia es fugaz, cuanto mucho esporádica, y está caracterizada por su irresoluble instrumentalidad: existen para servir; o, peor aún, existen cuando sirven. 

Ley de Medios, temporal y después…

La Ley de Medios tuvo una destacable utilidad para desmenuzar el discurso hegemónico de las corporaciones y abrir un escenario de mayor participación y, sobre todas las cosas, de desacralización de las “palabras sagradas”. Los sacerdotes del periodismo perdieron sus credenciales incuestionables. Con la sanción de la ley, el vocabulario sufrió alteraciones y el lenguaje asumió nuevas formas: las palabras dejaron de significar unívocamente, como si resultaran de un designio divino; la lucha por la formulación de los conceptos pasó a ser visible, al menos algo más que antes; los actores, ahora, con el mero acto de enunciar, estaban comprometiéndose.

Pero la Ley de Medios, su uso político –legítimo y esperable: no vamos a pretender zonzamente que medidas de corte progresivo no sean utilizadas políticamente, tal como si nos esforzáramos por cobrar una ingenua posición democratista y parecernos al siempre frágil Ricardito Alfonsín–, produjo que ese campo de cuestionamiento a la hegemonía corporativa sea ocupado por una fuerza igualmente conglobada. Esta tendencia a la uniformidad –no la “uniformidad de criterios”, proclama insostenible desde el moralismo liberal; hablamos, más bien, de hegemonía del discurso oficial –o de los medios simpatizantes– no solo se da por el crecimiento en la cantidad de órganos de difusión, aunque aquí bien puede objetarse que su cantidad y propagación ni se compara con los medios corporativos. Sin embargo, la multiplicación existe sino –y fundamentalmente– por la conformación de su discurso en base a ciertos preceptos incuestionables que adjuntan a su predicamento un acento cuasi sacramental.

Ambos discursos parten de una base común: en el fondo más remoto del ser humano, lo que hay es nobleza, y la función de los sistemas políticos es lograr que esa nobleza emerja y así reine la paz y la concordia.

El moralismo liberal del que se jactan las corporaciones –y sus satélites– es idéntico –en cuanto a su lógica– al moralismo progre del oficialismo. Tanto para unos como para otros existen ejes inamovibles para el desarrollo de sus interpretaciones y todo elemento que los ponga en cuestión, debe ser desplazado; ambos sostienen esquemas de pensamiento similares, pese que difieren en sus conclusiones. Piensan igual, aunque no lo mismo.

A partir de ahí, el cuadro conceptual se consolida y es prácticamente imposible interceder con un planteo disruptivo. No hace falta apoyar explícitamente a uno o a otro, basta con encaminarse de la misma manera, es decir, pensar igual, utilizando los mismos recursos conceptuales y aplicando iguales metodologías racionales.

El tercer lugar

Los conflictos políticos son la resultante de la toma de conciencia de una contradicción material. Detallemos el movimiento: la contradicción material –propia del desarrollo productivo– existe. El lenguaje la atraviesa y la expresa –y configura– en un discurso. Entonces, la contradicción se hace consciente y, por lo tanto, toma forma de conflicto que se resuelve en el campo político.

Ahora bien: ¿Cómo hace una voz alternativa al liberalismo conservador de Clarín y afines y, al mismo tiempo, alejada del progresismo pequeñoburgués del oficialismo para cobrar dimensiones suficientes como para ser capaz, con autonomía, de atravesar con el discurso las contradicciones materiales para hacerlas conscientes y, por lo tanto, que emerjan los conflictos en el campo político?

Porque, vamos al grano, de lo que se trata es de intervenir una contradicción material –y, como tal, aún no puesta en discurso y, por lo tanto, no consciente– y, mediante el lenguaje, hacerla aparecer, cobrar dimensión real, ya que mientras el lenguaje la ignora, esa contradicción es “como si” no existiera.

De esa forma, usufructuando su hegemonía, los medios corporativos tienen la capacidad de mantener en la inconsciencia determinadas contradicciones existentes. Como son los dueños del poder simbólico que permite “hacer consciente” las condiciones materiales, ellos también eligen qué existe y qué no. Ese es el trasfondo del –en apariencia– banal “fijar la agenda”.

Entonces, el motivo de una comunicación que tercie en esa bipolaridad es el de lograr poner en discurso contradicciones que los otros bloques ignoran y, de esa manera, ejercer presión para que ese conflicto cobre lugar en el campo político. Los medios y las estrategias para lograrlo, depende de la creatividad de los actores. En eso, hay una certeza: hasta ahora, quienes proponen una opción transformadora, han estado errando.

  • Artículo cargado el 01/11/2011 - 20:18
LOS “DESAPARECIDO” DE LA DEMOCRACIA

Las elecciones y las inmensas mentiras estadísticas

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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La correlación de fuerzas desfavorable para el gobierno ha constituido el argumento ad hoc invocado por muchos kirchneristas para justificar que Cristina no haya hecho hasta ahora las cosas elementales que cualquier gobierno nacional-popular debería hacer. Han conseguido, por esta vía argumentativa, estar satisfechos con el kirchnerismo tanto por lo que el kirchnerismo hace como por lo que el kirchnerismo no hace (“el Negro puede, pero no lo dejan”, decía aquel simpático personaje del bufón de la dictadura, Alberto Olmedo). Nosotros sabemos, obviamente, que lo que el kirchnerismo no hace (básicamente, atacar la condición semicolonial del país y movilizar a las clases subalternas contra las clases dominantes), no lo hace por limitaciones de clase que son inherentes a su propia condición, y no por una “coyuntural” y desfavorable “correlación de fuerzas”. Sin embargo, recordarles -como hacen abajo Daniel y Atah- que tras las elecciones han obtenido la “correlación de fuerzas” necesaria para “profundizar el modelo”, es una buena estrategia discursiva. Tal vez sirva para despabilar a los mejores compañeros militantes del campo nacional-popular que están ilusionados con este gobierno.

A pesar de todo lo anterior, sugiero no olvidar que los abrumadores porcentajes arrojados por las elecciones constituyen una construcción de datos de valor relativo, llevada adelante por los defensores del régimen partidocrático-semicolonial, tanto por los oficialistas como por los opositores, tanto por la derecha como por la “izquierda”. Veamos a vuelo de pájaro, si no, lo siguiente.

“Que digan dónde están los desaparecidos”

Redondearé las cifras porque no tengo los datos definitivos. Cristina obtuvo 11.200.000 votos. Según el periodismo (tanto el oficialista como el opositor), esto significa alrededor del 54% de los votos. Sin embargo, el padrón electoral es de unos 29.000.000 de electores. Quien haya cursado primer grado puede advertir a simple vista que el 50%  de esa cifra es 14.500.000, y que a Cristina -que en otros terrenos tiene millones de sobra- le faltan algunos milloncitos para alcanzarla. ¿De dónde surge, entonces, que haya superado ese 50%?  Resulta que los votantes fueron unos 22.000.000 de personas. ¿Esta es la base sobre la cual el periodismo (el oficialista y el opositor) calcula el porcentaje? Tampoco, como podrá comprobar quien tome una calculadora. ¿Entonces? ¿Cuál es la cifra- base sobre la cual se calcula ese supuesto 54%? Es la que arroja la cantidad de asistentes al comicio menos los que votaron en blanco o anularon su voto. Estos suman alrededor de 900.000 ciudadanos. Y si a este número le adicionamos los alrededor de 7.000.000 que no votaron, tenemos en números redondos unos 8.000.000 de personas que han sido invisibilizadas o “desaparecidas” (para decirlo con una terminología derechohumanista) por los comicios “democráticos”. Es decir: 11.200.000 personas que votaron a Cristina constituyen el 54% de los ciudadanos. Y 8.000.000 que optaron por votar en blanco o no votar… ¡no existen!

Estamos ante una clara evidencia del significado profundamente “excluyente” del régimen político “democrático” que padecemos (¡y en cuyo nombre acaban de asesinar a Kadafi y destruir Libia!). ¿No es evidente que un pensamiento revolucionario debería tomar nota de esto, denunciarlo y procesarlo en un análisis teórico? Si acaso alguien pensara que el pensamiento revolucionario se encarna en el llamado “Frente de Izquierda y de los Trabajadores” de la ultraizquierda cipaya, debería olvidarlo de inmediato. El FIT obtuvo unos 500.000 votos. Esto significa un 1,8% sobre el padron electoral. Pero escamoteada la base de cálculo, el porcentaje se infla al 2,3%. Se trata de un porcentaje ínfimo, igual o menor al que en elecciones anteriores obtenían por separado los grupos constituyentes del FIT. Pero la inflación porcentual permitida por la trampa partidocrática le permite a Altamira hablar de “elección històrica”, y dejar así conformes a sus estudiantiles militantes, que no estarán tentados de procesar teóricamente la trampa político-estadística, puesto que ellos —como toda la partidocracia— son beneficiarios de esa trampa.

Por supuesto, la trampa político-estadística de la partidocracia no beneficia sólo a Cristina y al FIT. Todos sacan partido de esa trampa. El 17% de Binner fue en realidad un 12,5%; el 11% de “Ricardito”, se reduce en realidad al 7,9%; el pintoresco y místico “El Adolfo”, pasa en la realidad del ficticio 8% al 5,9%. Y así el resto. Y así en los comicios provinciales. Veamos si no.

En Buenos Aires, dicen que Scioli obtuvo el 55% de los votos. Pero obtuvo unos 4.100.000 sobre un padrón de 11.000.000. ¿No está a la vista la mentira estadística? Ocurre que han sido excluidos de esa base de cálculo los 2.200.000 ciudadanos que no votaron y los 1.100.000 ciudadanos que votaron en blanco (total: 3.300.000 personas que no existen para la contabilidad “democrática”). Esta es la treta que permite que un 37% de votos (sobre el padrón) se conviertan en 55% (sobre ese invento llamado “votos positivos”). Y, además, que un 30% del padrón se esfume de los cálculos como por arte de magia. En Córdoba, por su parte, los 680.000 votos obtenidos por Cristina son en realidad el 27% del padrón. Pero al excluirse del cómputo a quienes decidieron no votar (unos 625.000 ciudadanos) y a quienes decidieron votar en blanco (unos 40.000 ciudadanos), el porcentaje se infla hasta el 37%.

¿Se puede cambiar la correlación de fuerzas sin cambiar el régimen político que obstaculiza su cambio?

No seguiré para no aburrir. Quiero dejar constancia de que mi argumentación no está dirigida exclusivamente contra el kirchnerismo.  Abarca a todas las variantes del régimen partidocrático, y el propósito de la argumentación es ofrecer datos que avalen la convicción de que este régimen político es excluyente, discriminatorio y, sustancialmente, antidemocrático. Ha sido edificado para conservar el statu quo, y no para modificarlo. Para defender los “intereses creados”, y no para atacarlos. Hace de la política una suerte de espectáculo televisivo ante el cual las mayorìas no tienen más remedio que posicionarse pasivamente. Naturalmente, ese casi 30% de ciudadanos habilitados para votar pero que decidieron no votar o votar en blanco es social, ideológica y políticamente heterogéneo. Sería una distorsión de la realidad pretender que ese porcentaje expresa una masa compacta que critica activamente el régimen político. Pero igualmente distorsionante es pretender que esos millones de personas no existen. La fuerza electoral del kirchnerismo respecto de la oposición partidocrática ha quedado demostrada en los comicios de ayer. Es indudable. Pero esa fuerza en ningún caso puede ser superior a los límites que le imponen las condiciones estructurales restrictivas del régimen político. El revolucionario que ignora estas condiciones, no merece ser llamado revolucionario.

  • Artículo cargado el 01/11/2011 - 20:15

La prensa ante la reelección de Cristina Fernández

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Las elecciones presidenciales abren un campo de incertidumbre para la prensa oficial, ¿cómo harán para mantener su pretendido rigor periodístico ante la emergencia de un conflicto inapelable? ¿De qué forma enfrentarán los nuevos tiempos, en clara desventaja, sin caer en el sinceramiento absoluto y despegarse de todas sus “formalidades periodísticas”? Desde la eclosión de la Ley de Medios, fundamentalmente, los medios periodísticos tradicionales han visto derrotadas sus ansias de autonomía periodística. La aparición de un conflicto específico, los situó en un terreno de disputa inevitable.

El discurso periodístico ha ido independizándose del discurso político y esa autonomía fue encarnándose en formas propias que “depuraban” sus usos. La noticia, como forma en sí misma, es la expresión de ese desprendimiento del periodismo. El destierro de la política –obviamente, en la dimensión de lo explícito-. Alejado del discurso político, el periodismo cobró un matiz de pretenciosa cientificidad y se volcó hacia la noticia, como un supuesto reflejo de la realidad. “Por otra parte, es el conflicto el que la pone en crisis. En tales crisis, no solo está amenazada la autonomía sino que, además, el discurso periodístico burgués alcanza su máxima partidización, se manifiesta explícitamente como ‘tribuna de doctrina’ o vocero de su clase”, aclara Santiago Gándara en el artículo La prensa partidaria de izquierda. Verdad, acción y conflicto recopilado en el libro Contrainformación. Medios alternativos para la acción política.

Ese sinceramiento al que la cita refiere es notable en los principales medios de la Argentina. Alejados del sosiego clásico, exudan rencor y abandonan todas las formalidades para castigar las medidas que ponen en jaque sus intereses. Es decir, les salta la térmica con la aparición del conflicto.

Esta dificultad que los portavoces del establishment sufren desde hace un par de años, se ve profundizada ahora con la victoria del gobierno promotor de las medidas exasperantes. Más allá de las razones por las cuales el kirchnerismo avanzó sobre la concentración de medios, la promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual favoreció la derrota de esa “autonomía periodística”. Desde entonces, mal que les pese, los periodistas no pudieron verse librados del discurso político, el cual los atravesó como una espada hiriente hasta la vergüenza. Las posiciones quedaron sucesivamente más expuestas: ante hechos inminentes, los medios debieron optar y, en su furia, fueron desmenuzando las capas de solemnidad y cobrando un tono más directo. Esa tensión entre discurso político y discurso periodístico que parecía resuelta –sobre todo durante los dolorosamente superfluos años noventa- reaparece de la mano de una discusión legislativa.

El kirchnerismo, victorioso en las urnas, logró en el terreno mediático y cultural, lo que no se atreve a enfrentar en otros terrenos de la vida económica. Ahora, con la fuerza de los votos, se establece en una posición distinguida para dar la última estocada, aunque también puede renegociar los términos y pactar nuevas condiciones para los mismos mercaderes. Esa diferencia de rumbo se resolverá de acuerdo a qué sectores internos prevalezcan en la disputa –es sabido: en el kirchnerismo conviven tanto los que propugnan por una transformación real de las estructuras heredadas, como aquellos oportunistas que solo utilizan la plataforma política y pretenden no avanzar más allá de medidas del plano simbólico o de tibio tinte reformista-.

Los medios tradicionales se van de las cifras oficiales. Esto es, reconocen un apoyo del 54% para Cristina Fernández. Este desprecio por los siete millones de ciudadanos que, estando habilitados, optaron por no votar, puede convertirse, en este caso, en una ayuda para la consecución de los objetivos: no es lo mismo impulsar la aplicación absoluta de la Ley de Medios desde el 54% de los votos, que hacerlo con el 38% que arroja la comparación con la totalidad del padrón.

El derrumbe opositor, la enorme inoperancia de las ofertas derechosas, que debieron caer en el extremo humillante de votar a Hermes Binner -un candidato de rasgos ideológicos no alejados del kirchnerismo, demostración inexorable de la ausencia de respuestas ante una situación superadora de sus competencias- le permite al Gobierno una coyuntura inmejorable para avanzar. La derrota contundente de Eduardo Duhalde –el cuadro “más formado” de la oposición conservadora- y de Elisa Carrio -la pronosticadora con simpatía popular- permiten entrever un vacío que difícilmente se llenará sin sobresaltos. Si Binner desea ocupar ese lugar, deberá resignar parte de su electorado y, por lo tanto, reducir sus capacidades políticas. Quien mejor ubicado aparece es Mauricio Macri, pero semejante inoperancia y tan grotesca tilinguería resulta indigerible para muchos conservadores a la antigua, además de su clara reminiscencia noventistas, por lo cual su apoyatura es demasiado particular. Solo un demente podría dejar el país en manos de un personaje como Mauricio Macri: el tiempo dirá si el establishment argentino está dispuesto a inmolarse nuevamente. 

La tirria que el semblante peronista del kirchnerismo genera en los medios tradicionales –voceros del sector medio acomodado- es un efecto natural de la inoperancia ante un escenario de conflicto que no esperaban: ni en remotos sueños imaginaban que el kirchernismo los colocaría en una circunstancia de este tipo, obligándolos a lidiar con tensiones para las que no estaban preparados, desde su omnipotente hegemonía.

La aparición de medios contrainformacionales, que daba vuelta el discurso de la prensa hegemónica y lo colocaban en un marco de cuestionamiento, permitió la desacralización del oficio y el acercamiento a la política. Esto es favorable para la apertura de posibilidades para la prensa partidaria, siempre y cuando esta sepa amoldarse a las expectativas de los lectores y comprenda que la problemática de las formas estéticas es un atributo nada despreciable a la hora de la transmisión de un mensaje.

“Barthes sostiene que los medios masivos, en lugar de denunciar el conflicto principal, sobreabundan con los conflictos absolutamente secundarios: como no puede tratar la crisis del capitalismo, entonces ‘denuncian’ la corrupción; como no pueden confrontar con el proceso de concentración económica –los medios han sido quienes más se han beneficiado de ese proceso-, salpican aquí y allá con algunas ‘fuertes’ notas sobre las desprolijidades de la privatización de Aerolíneas”, expone Gandara en el artículo mencionado. Es entonces cuando la prensa partidaria puede ganar lugar y dar a conocer lo ignorado, pero interpretando el uso del lenguaje y la armonía de las formas con los contenidos, para evitar los tedios y las monsergas acostumbradas que terminan por reducir sus discursos a un ínfimo círculo de simpatizantes.

Ante el colosal avance comercial, la prensa debe saber deambular entre lo vendible y lo deseado. Todo principismo extremo, en el fondo, es un acto de autosatisfacción, pero no sirve de nada políticamente. Lenin definía al periódico, no solo como un medio para difundir ideas y educar políticamente, sino también como un “organizador colectivo”. En definitiva, lo dicho debe ser recibido y, para ello, el lector debe disponerse, primero a leerlo y luego a recibir el mensaje. Con una prosa aburrida y hostil, antes que nada resulta poco atractivo para la lectura, y luego, absolutamente odioso para asimilar positivamente lo expresado.

El kirchnerismo ha sabido capitalizar exitosamente esa unión entre discurso político y discurso periodístico, y ha logrado resultados formidables. Con expresiones más o menos extremas, ha conformado productos interesantes y atractivos, pero absolutamente partidarios. Eso rompió un cerco. Es obligación de las demás vertientes políticas aprovecharlos y saber utilizarlos. Desde ese lugar puede ejercer la presión necesaria para que el gobierno reelecto de Cristina Fernández se encamine por una profundización de las medidas positivas y no renegocie los términos del armisticio con los sectores de poder.

  • 70 años del asesinato de León Trotsky 
  • Artículo cargado el 18/08/2010 - 05:29

Trotsky: la revolución latinoamericana a la luz del marxismo

Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

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“Mi fe en el futuro comunista de la humanidad no es menos ardiente, sino más firme hoy, de lo que era en los días de mi juventud”

En enero de 1937 León Trotsky desembarcó junto con su compañera Natalia Sedova en el puerto petrolero de Tampico, en tierra mexicana. Ocho años antes había sido expulsado de la Unión Soviética, luego de que el stalinismo consolidase su poder y el termidor soviético cerrase definitivamente el ciclo abierto por la Revolución de Octubre. En esos años que median entre la partida desde su confinación en Alma Ata, junto a la frontera china, y la llegada a México, Trotsky había encontrado refugio en las isla turca de Prinkipo, residió en Francia, de donde fue deportado y luego en Noruega, cuyo gobierno “socialista”, presionado por la burocracia del Kremlin, su principal socio comercial, lo alejó de Europa en dirección a América Latina. Cincuenta países le habían negado asilo político.

El recién llegado traía tras de sí un historia estrechamente ligada a los más trascendentes acontecimientos de las primeras décadas del siglo XX. Copresidente del Soviet de Petersburgo en 1905 y animador principal de la primera de las revoluciones contra el régimen zarista; dirigente junto con Lenin de la Revolución de Octubre; titular, primero del Comisariado de Relaciones Exteriores, desde donde negoció con Alemania el acuerdo de paz de Brest-Litovsk, y luego del Comisariado de la Guerra; organizador del Ejército Rojo a cuyo frente logró la victoria contra los ejércitos blancos de la contrarrevolución y las fuerzas invasoras extranjeras; opositor a Stalin y la burocracia, contra quienes libró una desigual batalla hasta que la derrota de la oposición conjunta que integró junto a Zinóviev y Kámenev, selló la suerte de la revolución… Trotsky, además de su singular elocuencia como propagandista y agitador, fue una de las plumas políticas más brillantes de su época. Resultados y Perspectivas, 1905, la magnífica Historia de la Revolución Rusa, La Revolución Traicionada, Literatura y Revolución, Su moral y la nuestra, entre otras obras, integran las páginas más notables de la política y la teoría, la literatura y la cultura marxista.

La clase obrera y las tareas nacional-democráticas

En México, su último y definitivo destino, la revolución democrática iniciada casi tres décadas atrás había cobrado nuevo impulso bajo el gobierno del general Lázaro Cárdenas. Las insurrecciones agrarias y la guerra civil habían puesto fin en 1910 al régimen del general Porfirio Díaz, expresión de una sociedad caracterizada por la formidable concentración de la tierra en poder de un reducido grupo de terratenientes nativos y compañías extranjeras, aliados al capital estadounidense y británico, radicado en la explotación de la minería y el petróleo. En contraste con este polo de prosperidad, riqueza y poder, una inmensa masa campesina, sometida a las más brutales condiciones de servidumbre, sobrevivía en la más completa miseria y desamparo. El México que conoció Trotsky era un típico país semicolonial, signado por un dualismo característico: focos de civilización construidos en torno a puertos, telégrafos, ferrocarriles, etc, necesarios para la incorporación de la economía nativa al mercado mundial, y una inmensa periferia agraria donde el capitalismo revelaba un carácter atrasado y fragmentado. En 1937 los problemas irresueltos de la revolución, habían sido puestos nuevamente en el orden del día por el cardenismo.

En marzo de 1938 el gobierno mexicano nacionalizó las empresas petroleras, propiedad de capitales estadounidenses y británicos. El año anterior había hecho lo mismo con la red ferroviaria, poniendo en evidencia la naturaleza nacional-democrática del proceso de transformaciones en marcha. En junio de ese año bajo el título “México y el Imperialismo Británico”, Trotsky escribió un artículo señalando que la lucha por la independencia nacional, tanto en el plano político como en el económico, encerraba el significado profundo de la etapa revolucionaria en el país azteca. A su juicio, México, bajo el gobierno de Cárdenas, estaba realizado la tarea histórica que en los siglos XVIII y XIX había desarrollado Estados Unidos durante las guerras de la independencia y por la abolición de la esclavitud y la unidad nacional. Al igual que en el país del norte, en México la revolución estaba limpiando el terreno para un desarrollo de la sociedad burguesa, democrático e independiente. En septiembre de ese mismo año destacó que en este caso los problemas democráticos revestían un carácter progresivo y revolucionario. Aclaraba que el término democracia difería sustancialmente en cuanto a su contenido, si se lo pronunciaba en un país atrasado y dependiente o, si por el contrario, se lo nombraba en una nación imperialista. Quién fuera junto con Lenin jefe de la Revolución de Octubre, advertía que mientras en la periferia colonial y semicolonial el concepto de democracia aludía a tareas de contenido emancipador, en las metrópolis ese mismo término significaba la preservación del orden existente, sobre todo el dominio sobre las colonias. “En estos países las banderas de la democracia ocultan la hegemonía imperialista de la minoría privilegiada sobre la mayoría oprimida”, escribió.

La revolución permanente en las semicolonias

Este asunto tenía suma relevancia para la formulación de una política revolucionaria. En noviembre de 1938 se celebró en la residencia de Trotsky en Coyoacán una discusión en torno a las tareas de la revolución en América Latina. Charles Curtiss, representante del Secretariado Internacional de la IV Internacional para la sección mexicana, abrió el debate mencionando la incomprensión de los trotskystas locales respecto de la posición de Trotsky ante el gobierno de Cárdenas. Interpretaban que esa posición estaba determinada por el interés en preservar su condición de refugiado político. Curtiss explicaba que esta interpretación reflejaba el desconocimiento de la política que la sección mexicana debía adoptar respecto de la burguesía liberal, incomprensión que abarcaba la relación con el movimiento democrático en general. A su juicio, sólo si la revolución proletaria triunfase en Estados Unidos, sería posible saltar las etapas intermedias, pero en el presente el falso enfoque del problema democrático interponía obstáculos que tornaban prácticamente imposible desarrollar una política en el movimiento de masas.

Trotsky se manifestó de acuerdo con el punto de vista de Curtiss y señaló que el esquematismo aplicado a la teoría de la revolución permanente, resultaba “extremadamente peligroso” para la política de la clase obrera. Los lineamientos generales de esa teoría habían sido formulados por Trotsky en el curso de los acontecimientos que precedieron y culminaron en la Revolución Rusa de 1905. En suma, el entonces presidente del Soviet de Petersburgo sostenía que la negativa de la burguesía liberal a hacerse cargo de las tareas de la revolución burguesa destinadas a poner fin al régimen zarista, desplazaba hacia el proletariado la responsabilidad política de incorporar a ese imperio multinacional, “cárcel de pueblos”, a la corriente de la historia. Coincidía con Lenin y los bolcheviques contra los mencheviques que deducían el papel directivo de la burguesía del contenido de las tareas, pero se diferenciaba de la fórmula de la dictadura democrática de obreros y campesinos, que los primeros atribuían al contenido del futuro gobierno provisonal. En definitiva, si la burguesía liberal se oponía a la revolución y el campesinado no estaba en condiciones de desempeñar un papel independiente, la realización de la dictadura democrática sólo tendría posibilidades de realización a través de la fórmula de la dictadura del proletariado, apoyado en el campesinado. Trotsky explicaba que la historia no sigue un curso lineal, ni necesariamente reproduce en los países atrasados de la periferia las etapas recorridas en los países avanzados. En las naciones del mundo colonial y semicolonial era especialmente perceptible el carácter desigual y combinado del desenvolvimiento histórico, incrustando énclaves de civilización burguesa en sociedades regidas por relaciones sociales de índole precapitalista. De forma tal, el papel de las clases sociales —esperable desde un punto de vista eurocéntrico— quedaba alterado por un desplazamiento singular de la relación entre clases y programas, abriendo un terreno nuevo a la lucha política y a la dimensión del concepto de hegemonía. La Revolución de Octubre fue la confirmación de estos lineamientos.

Sin embargo, en México Trotsky alertaba sobre la tendencia a abordar de manera abstracta el problema del salto de etapas, derivando en un planteo que pretendía saltar “por encima de la historia en general, y sobre todo por encima del desarrollo del proletariado”. Precisamente, su teoría tenía como condición para la superación de los límites burgueses de la revolución, la elevación de la clase obrera a una posición de hegemonía desde la cual asumir la representación de la nación. Esto es lo que había ocurrido en la Rusia que había emergido de la Revolución de Febrero. Ahí la clase obrera fabril, el movimiento de los soviets y el partido bolchevique, eran fuerzas político-sociales en condiciones de llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias. No era la situación del México de Cárdenas, donde los trabajadores y los campesinos seguían a una jefatura burguesa y no existía un partido revolucionario en situación de luchar por el poder. Trotsky consideraba que por las traiciones y la inconsencuencia de la burguesía nativa, la Revolución Mexicana era una revolución inconclusa, e insistía que bajo tales condiciones la clase obrera estaba obligada a participar en la lucha por la independencia del país y por la democratización de las relaciones agrarias. Decía que si actuaba resueltamente en esta dirección, podía llegar al poder antes de que esas tareas hubieran sido realizadas, y en ese caso el gobierno obrero podía convertirse en la herramienta con la que habría de resolverse esas cuestiones. Había sostenido ya en vísperas de la Revolución Rusa de 1905, que las burguesías nativas de los paises atrasados eran incapaces de resolver las tareas democráticas. Este juicio era particularmente válido en América Latina, y de ahí deducía que en el curso de realización de esas tareas, había que oponer a la burguesía el proletariado, en especial en la lucha por la revolución agraria, ya que la clase que lograse el apoyo del campesinado sería la clase que gobernaría. Si ese apoyo lo lograba la burguesía el resultado sería un tipo de Estado semibonartista, semidemocrático con tendencias hacia las masas, como el que existía en México por esos días.

Revolución agraria y lucha antiimperialista

En consecuencia, el eje de las tareas democráticas era, en un país de mayoría campesina, la revolución agraria. Trotsky señalaba el carácter prioritario que revestía en el programa de transformaciones radicales la liquidación de formas feudales de explotación y de relaciones de corte esclavista que perduraban en el campo mexicano, así como la abolición del trabajo agrícola forzado y del cuasi patriarcal sistema de medianería. Puntualizaba que el campesino mexicano era aún más pobre que el ruso en la época de la Revolución de Octubre.

Desde su perspectiva, en los países latinoamericanos, la revolución agraria estaba indisolublemente ligada a la lucha antiimperialista. La importancia del asunto la puso de relieve en ocasión de la nacionalización de la industria petrolera dictada por el gobierno de Cárdenas en marzo de 1938. La expropiación de las empresas petroleras no era una tarea comunista ni tampoco socialista, sino una medida de defensa nacional de naturaleza marcadamente progresiva, que él, por su parte apoyó sin reservas a diferencia muchos socialistas y comunistas metropolitanos. A este respecto señalaba la posición de Mariane, una de las principales publicaciones del Frente Popular en Francia, para cuyos editores, en la nacionalización del petróleo el gobierno de Cárdenas no había actuado sólo: además de la intervención de Trotsky, la medida había obrado a favor de Hitler. Para la socialdemocracia y el stalinismo las luchas nacionales en las colonias y semicolonias debían subordinarse a las exigencias del enfrentamiento con el fascismo. En esos días en que Mariane acusaba a Cárdenas de estar bajo la influencia de Trotsky y Hitler, Maurice Thorez, secretario general del Partido Comunista francés, sostenía que “si el problema decisivo de este momento es la lucha contra el fascismo, el objetivo de los pueblos coloniales reside en su unión con el pueblo de Francia y no en una actitud que podría favorecer las maniobras del fascismo y colocar, por ejemplo, a Argelia, Túnez y Marruecos bajo el yugo de Mussolini o de Hitler o convertir a Indochina en una base de operación del Japón militarista”. Semejante política aplicada en las colonias y semicolonias, no podía dejar de tener resultados desastrosos. En la India, por ejemplo, ya iniciada la segunda guerra mundial, el Partido Comunista se sumó al esfuerzo bélico de Gran Bretaña, a pesar de que los dirigentes del Partido del Congreso estaban presos por reclamar la independencia. Terminó por perder todo vínculo con el movimiento de masas. Algo similar les ocurrió a los comunistas argentinos, empeñados en el combate contra el “nazi-peronismo”, de la mano de los imperialismos democráticos.

Naciones opresoras y naciones oprimidas

En este punto la nítida diferencia que Trotsky sostenía respecto al planteo de los partidos del Frente Popular reviste una importancia capital para dilucidar las cuestiones centrales de la revolución en los países atrasados. El antagonismo entre naciones opresoras y naciones oprimidas es, para el marxismo, la clave para interpretar el significado histórico de la presente época. “Desde esta perspectiva y solamente desde ella, debe ser considerando el problema tan complejo de fascismo y democracia”, sostuvo en septiembre de 1938. Las implicancias que se desprenden de este enfoque delimitan todo un campo de problemas políticos y teóricos de gravitante significación. En esos momentos Brasil estaba bajo un régimen que Trotsky caracterizaba como semifascista. Sin embargo, en el caso de que estallara una guerra entre el Brasil semifascista y la Gran Bretaña “democrática”, el deber de los revolucionarios era el de estar junto al país semicolonial. El conflicto no sería entre el fascismo y la democracia. En caso de que la victoria correspondiera al bando imperialista, Londres colocaría otro dictador en Río de Janeiro, mientras que si el vencedor fuera el país dependiente, el resultado favorecería el desenvolvimiento de una conciencia nacional y democrática que pondría fin la dictadura. A su vez, la derrota de la burguesía imperialista daría impulso a la lucha del proletariado británico.

Desde esta posición Trotsky calificaba como quimérica, cuya única finalidad era la de engañar a las masas, la idea proveniente de los círculos de la intelligentzia, que postulaba la “unidad de todos los estados democráticos” contra el fascismo. Preguntaba por qué, si Gran Bretaña amaba tanto la democracia, no les daba la independencia a sus colonias; por qué Francia no hacía otro tanto con las suyas. En cambio, el gobierno británico prefería a Franco en España y rechazaba el gobierno de los obreros y campesinos, porque el “caudillo” era, en definitiva, un complaciente agente imperialista. Señaló que los gobiernos de Gran Bretaña y de Francia no se opusieron a la conquista de Austria por parte Hitler, pero que sí lo hubieran hecho si lo que estuviese en juego fuesen sus colonias. Sobre este asunto ningún revolucionario podía tener dudas. “Es imposible combatir el fascismo sin combatir el imperialismo. Los países coloniales y semicoloniales deben luchar antes que nada contra el país imperialista que los oprime directamente más allá que lleve la máscara del fascismo o de la democracia”.

La certeza de esta aserción la confirmaron los trabajadores argentinos en los primeros años de la década del 40, al resistir la presión de socialistas y comunistas para embarcarlos en el navío de la Unión Democrática en dirección al campo de batalla de las “democracias” imperialistas. “Las clases obreras y los pueblos de los países atrasados no quieren ser estrangulados ni por un verdugo fascista ni por uno “democrático”, anticipó Trotsky en un artículo fechado en agosto de 1938 bajo el título “El fascismo y el mundo colonial”. Más aun: “Estos ‘dirigentes obreros’ que quieren atar al proletariado al carro de guerra del imperialismo que se cubre con la máscara de la ‘democracia’ son ahora los peores enemigos y los traidores directos de los trabajadores”, escribió un mes más tarde durante una entrevista realizada por el dirigente obrero argentino Mateo Fossa. En los países de América Latina —explicaba— el camino más seguro para combatir al fascismo era el de la revolución agraria. Lo confirmaba en un cierto sentido el fracaso del levantamiento contrarrevolucionario del general Cedillo, aislado y sin base social debido a los avances de la política agraria del gobierno mexicano; y lo demostraban también, en sentido contrario, las crueles derrotas de los republicanos españoles, originadas en el congelamiento de la revolución agraria y del movimiento independiente de los trabajadores, resuelta por el gobierno de Azaña en combinación con Stalin.

Bonapartismo y revolución nacional

Durante los años 30 se había desarrollado en México un acelerado proceso de industrialización. En la primera mitad de la década la radicación de capital en las ramas fabriles se había duplicado, mientras que la producción se había incrementado en igual proporción y el valor de las exportaciones superaba en dos tercios el de las importaciones. El impulso fundamental de este proceso provino de capitales norteamericanos y en un grado menor de inversiones británicas, que centralmente se volcaron en las ramas extractivas y productoras de materias primas y semielaboradas y en la construcción de la red ferroviaria. Junto a la edificación de este aparato industrial se produjo un importante proceso de proletarización. A fines de los 30 un millón de asalariados formaban el contingente de la clase trabajadora, un quinto en el Distrito Federal.

En México el poder gubernamental no lo ejercía directamente la burguesía nacional, sino los cuadros de una pequeña burguesía nacionalista de origen civil y militar, que desarrollaba el programa de la reforma agraria, la sindicalización de los campesinos, las nacionalizaciones, la generalización de la educación pública y de los planes de salud en las capas populares, apoyados en el campesinado y el proletariado fabril.

Trotsky vivió en México algo más de tres años y pudo estudiar las características del Estado de excepción que se había conformado desde mediados de los años 30, bajo el gobierno de Cárdenas. El asunto lo abordó en dos escritos: “La industria nacionalizada y la administración obrera” de mayo de 1939, y “Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista”, redactado en agosto de 1940, días antes de su asesinato. En estos trabajos destacó que en los países atrasados el papel central en la vida nacional lo desempeña el capital extranjero. Su control de los resortes claves de la estructura económica impone una particular presión en las luchas políticas y sobre los programas gubernamentales. El hecho es que las corporaciones imperialistas proletarizan a una parte de la población, creando las condiciones para el surgimiento de un movimiento obrero que con el tiempo desenvuelve experiencias de clase, unifica sus fuerzas en organizaciones de masas y se lanza a la lucha política. En cambio, la burguesía nacional, flanqueada por el imperialismo y por el emergente movimiento de los trabajadores, es una clase orgánicamente débil, incapaz de conformar sus intereses como representación del interés general y de asumir, a través de representantes directos, el manejo de los asuntos públicos. Bajo estas condiciones Trotsky destacó que el gobierno oscilaba entre el capital extranjero y el capital nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esta particular circunstancia le otorgaba al gobierno un carácter bonapartista sui generis. El singular equilibrio que derivaba de esta correlación le permitía al gobierno elevarse hasta cierto punto sobre las clases sociales. Pero el grado de autonomía que de este modo alcanzaba encerraba la siguiente alternativa: o el gobierno se hacía cargo de los intereses del capital extranjero, imponiendo una férrea dictadura a las masas obreras, o giraba en sentido contrario y, apoyándose en los trabajadores, resistía las presiones del imperialismo. Trotsky señalaba que el gobierno mexicano se ubicaba en la segunda de esas variantes. Sus mayores conquistas eran las expropiaciones de los ferrocarriles y la industria petrolera. Destacaba que semejante régimen revestía un carácter oscilante. El empresariado nativo tenía un fuerte interés en el sostenimiento del mercado interno, pero esta posibilidad dependía en mayor medida del consumo de origen campesino. De forma tal, las expropiaciones de la reforma agraria, especialmente cuando afectaban al capital extranjero, favorecían en general a esas capas de la burguesía. A su vez, el régimen gobernante obtenía de esta forma el apoyo de los campesinos, y con ese apoyo estaba en condiciones de disciplinar a los obreros.

Sin embargo, un gobierno de este tipo nunca podía estar seguro de hasta qué punto los industriales y comerciantes locales habrían de respaldarlo, o en qué momento el imperialismo decidiría una intervención. De ahí que, según los cambios en el balance del poder, se inclinara en una u otra dirección. El período en que el gobierno mexicano llevó adelante las nacionalizaciones y expropiaciones, fue el período en que la burguesía nacional intentó ganar una mayor independencia respecto al capital extranjero, y este propósito la había obligado a aproximarse a los obreros y los campesinos. En la medida en que su política la llevara a un enfrentamiento con el imperialismo y sus agentes nativos, Trotsky sostenía que el apoyo a sus medidas debía ser pleno, con la advertencia de que el partido revolucionario debía asegurar la independencia del programa y la libertad de crítica. También subrayaba que el apoyo a las medidas antiimperialistas no significaba la renuncia a la lucha por el poder, pero señalaba que para aspirar a conquistarlo, derrocando a la burguesía, el partido revolucionario debía ganar el respaldo del proletariado y de gran parte del campesinado. En el momento en que escribía estas líneas Trotsky pensaba que el gobierno de Cárdenas, posiblemente había alcanzado el límite de sus posibilidades.

Los sindicatos bajo el capitalismo de Estado

Al estudiar los problemas de la administración obrera en la industria nacionalizada, Trotsky explicó que las expropiaciones de los ferrocarriles y las empresas petroleras se inscribían en el marco de una política de capitalismo de Estado. Apuntaba que en un país semicolonial ese tipo de Estado se desenvuelve sometido a la presión del capital extranjero y de los gobiernos de los países imperialistas, de forma tal que para ganar cierto grado de autonomía se ve precisado a recurrir al apoyo de los trabajadores. Veía entonces en el gobierno mexicano lo que una década más tarde, con características propias, reproduciría en Argentina el gobierno de Perón, respaldado en las masas obreras, el ala nacionalista del Ejército y la burocracia estatal. Siguiendo su propio camino y organizado en torno a una estructura de poder de tipo bonapartista, el gobierno peronista de 1946 a 1955, desarrolló un programa de contenido nacional-democrático, llevando adelante las tareas que la burguesía nacional no estaba en condiciones de afrontar. En este caso la nacionalización parcial del comercio exterior y del sistema bancario, junto con una política redistributiva, fueron los resortes básicos sobre los que se erigió una estructura de capitalismo de Estado que le permitió, con el respaldo de los sindicatos obreros, resistir la presión del bloque terrateniente comercial y del capital imperialista durante una década.

Pero un balance de poder basado en una solución de corte bonapartista encierra una suerte de dualidad. Por una parte el gobierno, mediante una serie de concesiones logra ganarse el respaldo de las masas obreras y campesinas y, en general, de capas no proletarias del campo popular. Pero por la otra, el apoyo que obtiene de la movilización de la clase trabajadora encierra el peligro de una radicalización que, según las circunstancias, pude poner en crisis los límites burgueses del programa nacional. Trotsky observó que en México el gobierno abordó este problema integrando a los dirigentes sindicales a la administración de las compañías nacionalizadas. Mediante esta medida lograba dos objetivos de suma importancia: se aseguraba un sólido punto de apoyo en una clase fundamental de la sociedad y, al mismo tiempo, establecía un férreo control sobre las organizaciones obreras. En la segunda mitad de los años 30, cuando se unificó el movimiento obrero en la CTM (Confederación de Trabajadores de México), la integración de los sindicatos a la estructura estatal había dado lugar a la consolidación de una burocracia corrupta e inescrupulosa, dispuesta a apelar a todo tipo de maniobras para mantener el poder. Sin embargo, las medidas democráticas y antiimperialistas del cardenismo encontraron en los sindicatos obreros la más sólida base de apoyo.

Trotsky advirtió que la administración de las empresas nacionalizadas por parte de los trabajadores encerraba las más grandes oportunidades y los mayores peligros. Las posibilidades residían en el hecho de que los obreros, instalados en la dirección de ramas claves de la producción, lograsen establecer una lucha exitosa contra las fuerzas del capital y del Estado burgués. En cambio, el peligro consistía en el vínculo que se creaba entre los representantes sindicales y el aparato del capitalismo de Estado, vale decir en la transformación de los dirigentes obreros en rehenes del aparato estatal. Sin embargo este riesgo formaba parte de un peligro más general, consistente en la degeneración burguesa de los sindicatos en la época del imperialismo, fenómeno que podía apreciarse tanto en las viejas metrópolis como en las colonias y semicolonias.

En su estudio sobre la situación de los sindicatos en la época del imperialismo, Trotsky apuntó que bajo el régimen de concentración impuesto por el capital monopólico, estrechamente vinculado al Estado, se había cerrado definitivamente a los sindicatos la posibilidad de aprovechar la competencia entre los distintos capitales, característica del período del capitalismo de libre concurrencia. Así como esa puja era cosa del pasado, de igual modo la democracia sindical había quedado sepultada bajo los cambios estructurales producidos en el patrón de acumulación. Trotsky señaló que en las colonias y semicolonias el imperialismo, junto con la proletarización de una parte de la población, crea un estrato de aristocracia obrera y de burocracia sindical, cuya aspiración es que el Estado desempeñe el papel de protector, de patrocinador y, a veces, de árbitro. “Esta es la base social más importante del carácter bonapartista o semibonapartista de los gobiernos de las colonias y de los países atrasados en general. Esta es también la base de la dependencia de los sindicatos reformistas respecto del Estado”, escribió. Observando este fenómeno a la luz de la experiencia que tenía a la vista, señaló que en México las organizaciones obreras se habían convertido por ley en instituciones semiestatales, y adquirido un carácter semitotalitario. Advirtió que bajo las condiciones de la administración obrera de las empresas nacionalizadas, los dirigentes sindicales se estaban transformando en agentes administrativos directos del Estado.

Sin embargo, aún en el curso de una época histórica desenvuelta bajo el dominio del imperialismo, la suerte de los sindicatos no era inexorable. Podían efectivamente, convertirse en instrumentos de la burguesía para someter a las masas o, por el contrario, transformarse en una decisiva herramienta de clase, si los puestos de mando eran ocupados por los cuadros de una vanguardia revolucionaria que hiciera prevaler la completa autonomía respecto del Estado y de los aparatos ideológicos y partidos de la burguesía, y la más plena democracia obrera en la vida sindical. Que la lucha se resolviese en uno u otro sentido dependía de la gravitación política que alcanzase a ejercer el partido de la clase trabajadora.

“Si hubiera de comenzar otra vez…

Las líneas de este manuscrito, posiblemente de las últimas que escribió Trotsky, fueron encontradas tras su muerte a manos de un sicario stalinista el 21 de agosto de 1940. En ese año la época de reflujo de los movimientos revolucionarios y de las luchas populares y democráticas, parecía haber alcanzado su clímax. En Alemania, Austria y Checoslovaquia bajo el dominio del nazismo y en Italia bajo la dictadura del fascismo, los trabajadores habían sufrido crueles derrotas y los sindicatos estaban desmantelados. En Francia el gobierno del Frente Popular se había desmoronado sin remedio. En España el franquismo había derrotado una revolución que antes el stalinismo se había encargado de desarmar políticamente. En la Unión Soviética el último de los procesos de Moscú habían terminado en 1938, enviando a la muerte a los representantes que aún quedaban de la vieja guardia bolchevique, víctimas de las más burdas difamaciones. En una sociedad muda e inmovilizada, en medio de un silencio sepulcral, reinaba Stalin, jefe de una burocracia estatal y partidaria completamente extraña a la Revolución de Octubre. En el resto de Europa las democracias liberales se debatían en la decadencia y la impotencia.

Sin embargo, las condiciones de derrota y retroceso general no impidieron que hasta el fin de sus días Trotsky mantuviera firme sus convicciones y su confianza en la victoria final. Esperaba que la guerra mundial en curso, al igual que la de 1914, abriera una nueva era de revolución. Desde esta perspectiva, y convencido de que el reflujo de la clase obrera en buena medida era producto de la ausencia de una dirección revolucionaria, impulsó la fundación de la IV Internacional sobre la base de pequeños grupos militantes en un puñado de países. En mayo de 1940 en un manifiesto escrito a propósito de la guerra imperialista y la revolución mundial dejó constancia de esta confianza, y señaló significado que las luchas emancipatorias habrían de adquirir en Latinoamérica: sólo la unidad de los Estados de Centro y Sudamérica en una poderosa federación podría quebrar el atraso y la dependencia que aprisionaba a la región. Sin embargo no serían las burguesías locales, enfeudadas al capital extranjero, sino el joven proletariado el que consumaría la tarea bajo la fórmula de los Estados Unidos Socialistas de América Latina.

En esos días trágicos, a quienes habían perdido la confianza en las posibilidades históricas de la clase trabajadora y en la viabilidad del socialismo, les señaló que cuando se trata de los cambios más profundos en los regímenes sociales y culturales, veinticinco años en la balanza de la historia pesaban menos que una hora en la vida de un hombre. Qué valdría un hombre que a causa de los reveses sufridos en una hora o en un día, renegase del propósito que se había fijado en base a toda la experiencia de una vida, les preguntó. Pocos meses antes de morir escribió en su testamento: “Durante cuarenta y tres años de mi vida consciente es sido un revolucionario, y durante cuarenta y dos he luchado bajo la bandera del marxismo. Si hubiera de comenzar otra vez, trataría… de evitar tal o cual error, pero el curso general de mi vida permanecería inalterado. Moriré siendo un revolucionario proletario, un marxista, un materialista dialéctico y, por consiguiente, un ateo irreconciliable. Mi fe en el futuro comunista de la humanidad no es menos ardiente, sino más firme hoy, de lo que era en los días de mi juventud”.

  • 70 años del asesinato de León Trotsky 
  • Artículo cargado el 18/08/2010 - 05:28

¿Revolucion permanente o “teoría del desvío”?

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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En los años setenta la ultraizquierda argentina construyó lo que se puede denominar “Teoría del Desvío”. Esta teoría pretendía explicar el regreso de Perón al gobierno, después de 18 años de exilio y proscripción, como resultado de la voluntad política de la oligarquía que había dado el golpe en 1955, y no como resultado de las luchas obreras y populares. La teoría afirmaba que los mismos que echaron a Perón decidieron años más tarde ir a buscarlo. ¿Y por qué razón lo habrían hecho? Para que Perón apagara el incendio de la revolución socialista que se encontraba -supuestamente- a la vuelta de la esquina.

Esta teoría contenía un elemento de verdad, pero era unilateral (y por eso mismo era falsa): el fracaso del régimen de la “revolución libertadora”  (o “revolución argentina”) había generado tal estado de efervescencia política y social que en la clase obrera se advertían signos de querer superar los límites inherentes al Frente Nacional del 45. Llevadas por la dinámica misma de la lucha de clases, las masas populares tendían a manifestarse por fuera de las estructuras burocráticas sindicales y políticas del “justicialismo del 45”. Y a las nuevas formas de manifestación les correspondían definiciones ideológicas y objetivos programáticos que empezaban a entrelazar, no sin cierta dosis de vaguedad, el nacionalismo popular con el socialismo antiimperialista. La “unión democrática” que había hecho posible el golpe del 55 se desarticulaba a pasos acelerados, y el Frente Nacional se reconfiguraba con la presencia de sectores medios que contribuían a dinamizarlo. En este contexto, las corrientes más lúcidas del régimen militar (el lanussismo) optaron por un repliegue transitorio y se resignaron al regreso de Perón. La ultraizquierda, con un sorprendente grado de simplificación analítica, concluye que fue el propio régimen militar el que recurrió a Perón para “desviar” el inexorable rumbo de la lucha popular hacia el socialismo. Se trata de una estupidez de proporciones colosales cuyas consecuencias políticas, como veremos, son calamitosas. ¡La salida electoral de 1973 no fue una concesión graciosa de la dictadura, sino que fue una conquista obtenida luego de más de tres lustros de resistencia popular! ¡A Perón no lo devolvieron al gobierno ni la UIA ni la Sociedad Rural, sino la lucha de la clase obrera y sus aliados “plebeyos”!

Perón y el Cordobazo

En el libro Qué es y qué fue el peronismo, escrito por Ernesto González, un dirigente de la línea de Nahuel Moreno que militó sucesivamente en el PRT-LV, el PST, el MAS, el MST y, poco antes de fallecer, en IS, se afirma: “La posibilidad que tuvo el peronismo de presentarse a elecciones y ganarlas se debió al acuerdo entre toda la burguesía y el Ejército, quienes aterrorizados por el ascenso del movimiento obrero no encontraron otra vía más efectiva que volver a llamar a Perón para que desviase el proceso iniciado a partir del Cordobazo”. La idea de González -que es común a todo el arco político de la pequeña burguesía ultraizquierdista- es que el peronismo constituyó desde sus orígenes algo así como una anomalía histórica, que había impedido a la clase obrera encolumnarse detrás de las organizaciones que supuestamente debían representarla. En vez de partir de la realidad existente (la irrupción de la moderna clase obrera conformando un Frente Nacional bajo la conducción de un jefe bonapartista y un programa de capitalismo nacional) y, a partir de ella, construir una estrategia de poder desde la perspectiva emancipatoria del socialismo, la ultraizquierda parte de un preconcepto según el cual la norma del comportamiento de la clase obrera ha sido apriorísticamente establecida en otro tiempo y lugar; al no coincidir la realidad con la norma, entonces se declara equivocada a la realidad introduciendo la noción del “desvío”. Así, González dice que el regreso de Perón en 1973 “desvió” el proceso iniciado a partir del Cordobazo, del mismo modo que un trauma infantil puede “desviar” el desarrollo psíquico de su curso natural. Pero, ¿qué justifica tal apreciación de González? Sin duda, la creencia infundada de que “a partir del Cordobazo” estaba superada la adscripción del proletariado al peronismo.  Esto le permite concluir a González que “Perón llega al poder no para profundizar la brecha abierta con el Cordobazo, sino para tratar de cerrarla en un acuerdo con todas las fuerzas patronales, incluido el Ejército”. Aunque pocos meses después de estas palabras de González “todas las fuerzas patronales, incluido el Ejército” volvieron a derribar al gobierno peronista, la ultraizquierda no ha revisado su caracterización y todavía hoy la repite, transmitiendo a las nuevas generaciones un inmenso error fáctico y conceptual. Para comprobarlo, basta con leer el libro de Alejandro Guerrero, de PO (“El peronismo armado”), o el de Ruth Werner y Facundo Aguirre, del PTS (“Insurgencia obrera en la Argentina. 1969-1976”), o el de Daniel De Santis (“La historia del PRT-ERP por sus protagonistas”). Inclusive una prestigiosa académica como Inés Izaguirre es tributaria de este error ultraizquierdista (ver “Lucha de clases, guerra civil y genocidio en la Argentina”).

Si Perón expresaba ”el frente único de casi toda la patronal para frenar el movimiento de masas” -como afirma González-, su significación era entonces obviamente contrarrevolucionaria. La lucha contra Perón y el peronismo se convertía, así, en un deber para los “auténticos revolucionarios”. No extraña, entonces, que toda la ultraizquierda de la época, desde el PST hasta el PRT, pasando por PO, OCPO y grupos semejantes, se haya pronunciado en favor del derrocamiento del gobierno peronista en 1976. No era un hecho novedoso, por otra parte. En Argentina, la izquierda cipaya ya había participado activamente en los derrocamientos de los gobiernos populares en 1930 y en 1955. En 1946 también dio la espalda a la clase obrera acompañando al imperialismo yanqui en la “unión democrática” o asumiendo posturas “neutrales” entre la “burguesía proyanqui” y la “burguesía proinglesa” (el morenista Milcíades Peña estuvo a la vanguardia de quienes calificaron al peronismo como agencia del imperialismo británico).

La teoría de la revolución permanente y el Frente Nacional

La Teoría del Desvío constituye la contrafigura de la Teoría de la Revolución Permanente. Desde la perspectiva de esta última, la participación de la clase obrera en el “frente único antiimperialista” o Frente Nacional no es el resultado de una maquinación diabólica de “todas las fuerzas patronales”, ni tampoco un hecho excepcional o un accidente de la historia. Es, por el contrario, la lógica manifestación en el plano político-estratégico de las determinaciones estructurales de un país semicolonial. La clase obrera no se “desvía” al formar parte de un Frente Nacional, aun cuando sea conducido por un líder bonapartista (Perón), sino que ingresa por esa vía en el único camino históricamente posible que puede conducir a su propia emancipación a través de un proceso ininterrumpido que entrelace los objetivos de la revolución democrático-burguesa (independencia económica, soberanía política, justicia social) con los del socialismo (expropiación de la burguesía, poder obrero y creación del “hombre nuevo”). Pero para que esto sea posible, la clase obrera, con su partido, sus métodos y su programa, debe poder constituirse en la cabeza conductora del Frente Nacional.

La ultraizquierda, por el contrario, directamente ignora el significado de los frentes nacionales antiimperialistas. Uno de sus primeros ideólogos -convertido hoy en un autor de culto en la Universidad semicolonial- fue el mencionado Milcíades Peña. Escribía en 1957, prologando un texto de su jefe político Nahuel Moreno: “Rodolfo Puiggrós, Jorge Abelardo Ramos, Eduardo Astesano, Enrique Rivera alias Peñaloza, y otros que giraban en torno a ellos, sostenían que el gobierno peronista realizaba una Revolución Nacional y la clase obrera debía apoyarlo mediante la estrategia del Frente Nacional, o sea, mediante la colaboración entre los obreros y los patrones que apoyaban al peronismo. Según esta corriente la clase obrera tenía que apoyar al peronismo hasta que Perón hubiera realizado la industrialización del país. Recién entonces, sólo después de eso, la clase obrera podía pensar en gobernar el país”. Es difícil entender cómo una persona capaz de decir de modo simultáneo tantos disparates pueda ser tomada en serio por presuntos “académicos” y aspirantes a “dirigentes del proletariado”.

En primer término, como nadie que esté medianamente informado ignora, los autores nombrados por Peña tenían opiniones diferentes respecto del peronismo y de la estrategia a seguir frente a él: Puiggrós, por ejemplo, terminó militando en Montoneros, es decir, asumiendo una identidad peronista; Abelardo Ramos, por el contrario, en todo momento subrayó las diferencias entre el peronismo y el socialismo. En segundo lugar, ¿a quién sino a un muchacho atolondrado como Peña —-cuyo suicidio tal vez simbolizara su impotencia teórico-política— se le podía ocurrir que la izquierda debatía sobre si la clase obrera debía o no debía apoyar al peronismo? ¡La clase obrera de hecho apoyaba al peronismo! Guste o no guste, así era. Más aún: la clase obrera era parte constitutiva del peronismo. Es a partir de este hecho irrefutable que se debatía cuál debía ser la línea político-estratégica, no “de la clase obrera”, sino de las organizaciones políticas que aspiraban a que en un momento se canalizaran a través de ellas los intereses históricos del proletariado. Para Peña, esas organizaciones debían asumir una postura francamente antiperonista, puesto que “la Revolución Nacional de que se hablaba sólo existe en las palabras porque ni la independencia económica, ni la industrialización del país, ni la soberanía política pueden lograrse sin que la clase obrera tome el poder en sus manos y liquide a la patronal nativa, que es socia y agente del imperialismo”.

Ahora bien, de la imposibilidad del peronismo —es decir, del Frente Nacional con conducción nacional-burguesa— para llevar a su término la Revolución Nacional, no se sigue que haya que asumir una postura antiperonista. Tal cosa significaría confundir el punto de llegada de un proceso revolucionario con su punto de partida. Significaría negarse a acompañar la experiencia política concreta de las masas populares para encerrarse en el gabinete de estudio a enunciar profecías de corte sociológico. Para Peña, “la estrategia del Frente Nacional” implicaba “apoyar al gobierno peronista”, a diferencia de “la táctica marxista revolucionaria del Frente Unico Antiimperialista” que suponía “luchar junto al peronismo contra los golpes de Estado pero sin depositar ninguna confianza en la política de la dirección peronista y explicando constantemente a la clase obrera que sólo ella, armada, confiando en sus propias fuerzas, actuando independientemente de la Presidencia de la Nación y del Ministerio de Guerra, sólo ella, podría aplastar las intentonas patronal-imperialistas y defender las conquistas logradas por Perón”.

El proletariado en la revolución nacional-democrática

¿No es un disparate? ¿De qué “frente único antiimperialista” está hablando Peña cuando ese Frente ya existía en su modalidad peronista? Peña parece estar pensando en un “frente único antiimperialista” establecido entre el peronismo por un lado, y… ¡el grupo de Nahuel Moreno por el otro! Pero los frentes antiimperialistas los conforman básicamente las clases sociales y las franjas sociales, o los partidos de masas, y no los grupos numéricamente insignificantes. El peronismo había irrumpido en 1945/46 como un Frente entre la clase obrera, las franjas nacionalistas de las Fuerzas Armadas y de la Iglesia, las franjas más plebeyas de la pequeña burguesía y la incipiente burguesía nacional. A la cabeza de ese Frente estaba Perón, un líder bonapartista que imponía un método y un programa nacional-burgueses a ese Frente. Lo que la Teoría de la Revolución Permanente enseña es que en la medida que la clase obrera no se coloque a la cabeza del Frente Nacional (o Frente Unico Antiimperialista), la Revolución Nacional (el programa nacional-democrático) no podrá llevarse a feliz término. Pero —sigue enseñando Trotsky—, si la clase obrera se convierte en la clase hegemónica dentro del Frente —lo cual sólo puede suceder si tiene un partido templado que la represente—, su marcha no se detendrá en los límites nacional-democráticos sino que avanzará ininterrumpidamente hacia el socialismo.

No se trataba, entonces, de decidir si la clase obrera debía o no debía apoyar al peronismo. Había que partir del hecho de que la clase obrera efectivamente apoyaba al peronismo. A partir de esto, lo que debía decidirse era si se acompañaba la experiencia política de la clase obrera procurando que su natural desenvolvimiento condujera a la reconfiguración del Frente Nacional en una perspectiva superadora de los límites del 45, o si, como aconsejaban Peña y demás ultraizquierdistas, había que oponerse al peronismo acusándolo de “conciliar con la oligarquía y con el imperialismo”. El primer camino es el de la Revolución Permanente. El segundo camino, en cambio, es el que conduce a la “Teoría del Desvío” de la izquierda cipaya en los setenta.

  • Noticias obreras 
  • Artículo cargado el 04/01/2012 - 00:43
Rosario: Comunicado de Prensa

Ante el asesinato de tres compañeros del Movimiento 26 de Junio – Frente Popular Darío Santillán

Frente Popular Darío Santillán

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Viernes 6 de Enero 10hs – Concentración y Marcha por Justicia y esclarecimiento de la Masacre de Rosario

Como ya es de amplio conocimiento público, en la madrugada del 1º de Enero de 2012 fueron brutalmente masacrados tres compañeros jóvenes militantes populares del Barrio Moreno de la ciudad de Rosario, por una banda de sicarios con armamento de guerra.

Jere, Mono y Patom, como los conocíamos en el barrio, eran pibes de entre 17 y 21 años que tenían familia, amigos, compañeros. Los tres militaban en el Movimiento 26 de Junio del Frente Popular Darío Santillán. Los tres soñaban con construirse un futuro diferente al que les impone este sistema injusto, en una sociedad igualitaria donde los y las pibas del barrio puedan vivir una vida digna. Los tres eran parte del grupo de Jóvenes del movimiento, habían participado recientemente de un masivo Campamento Nacional del FPDS, acababan de inaugurar el local comunitario que habían aportado con su esfuerzo y trabajo a construir, estaban armando una banda de cumbia porque “nos cagamos de risa y sirve para sacar a los pibes de la esquina” (como alguna vez dijo Patom) y esperaban comenzar en Febrero con un emprendimiento de trabajo cooperativo.

Lo que mató a Jeremías, Claudio y Adrián no fueron solamente las balas de los matones a sueldo de los narcos y las barras. El aparato policial que ampara, oculta y vive del “crimen organizado” es responsable también de cada una de las balas que recibieron nuestros compañeros. No alcanza con pasar a disponibilidad al “poli” que ocultó en el Hospital de Emergencia Clemente Álvarez a uno de los presuntos asesinos. Es imprescindible que de una vez por todas se actúe a fondo contra esa maquinaria de negocios sucios, control territorial, amparo estatal y violencia que condena y mata a nuestros pibes.

Los verdaderos responsables de los asesinatos de Jeremías Jonathan Trasante, Claudio Damián Suárez y Adrián Leonel Rodríguez son quienes desde el Estado siguen sosteniendo un sistema que margina, que condena, que mata todos los días a cientos de pibes en todos los barrios de nuestro país. Los distintos estratos del Estado, local, provincial y nacional, son los responsables cotidianos de que los y las pibas en los barrios dejen de ser carne de cañón de un sistema que sólo los considera para ser mano de obra barata de transas, números en la negociación de punteros, caídos en “ajustes de cuentas” en las crónicas policiales de la corporación mediática así como en los discursos oficiales, como los del Gobernador Bonfatti y la Intendenta Fein.

Desde el FPDS estamos especialmente preocupados y ocupados en la seguridad y dignidad de quienes seguimos viviendo en los barrios populares, de quienes vemos amenazada nuestra cotidianeidad por estas bandas que actúan como amos y señores de la ciudad.

Desde hace años, en Rosario, crecen y se ramifican las bandas armadas, los narcos y las organizaciones delictivas promovidas desde una policía corrupta, y por gobiernos de diferentes colores políticos, absolutamente impotentes o cómplices de este accionar.

Nuestros compañeros habían optado por organizarse, por luchar contra este sistema, por generar espacios para que los y las pibas del barrio no terminaran en el abandono o la delincuencia. Ellos eligieron hacer su sueño colectivo, construir un nosotros dentro del cual estuvieran todos y todas. Y nosotros no los vamos a dejar solos.

Exigimos Justicia y Esclarecimiento. Cárcel a todos los responsables materiales e intelectuales, y a todos los encubridores del crimen.

Esclarecimiento de las responsabilidades institucionales por otra masacre en nuestros barrios y a nuestros pibes.

En este sentido, responsabilizamos específicamente al gobierno provincial de la seguridad y la vida de los y las vecinas y cumpas del barrio Moreno.

Para elevar estas demandas, exigimos audiencia con el Gobernador Antonio Bonfatti y con los Ministros de Justicia Juan Lewis y de Seguridad Leandro Corti para el viernes 06 de enero, en ocasión de la movilización que protagonizaremos en conjunto con un amplio arco de organizaciones sociales.

Jornada de Movilización Nacional por Justicia y Esclarecimiento de la Masacre de Rosario.

En Rosario: Viernes 6 de Enero – 10hs – desde Tribunales Provinciales hasta Sede de Gobernación.

También habrá movilizaciones y actividades en distintos puntos del país horarios y lugares a confirmar.

Jere, Mono y Patom ¡PRESENTES!

  • Declaraciones 
  • Artículo cargado el 22/12/2011 - 12:22

Repudiamos agresión a militante sindical de Socialismo Latinoamericano

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Socialismo Latinoamericano repudia la agresión sufrida en el día de ayer por el compañero Matías Diez, mientras se acercaba a la Plaza de Mayo junto a miembros de la Minoría de la Comisión Gremial Interna del Banco Provincia de Buenos Aires, participando de la marcha que conmemoraba las jornadas de rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Diego Martínez, miembro de la Mayoría de la CGI, con alevosía agredió brutalmente a Matías y huyó de inmediato sin darle oportunidad de defenderse, repudiado por los testigos. Matías debió ser llevado en ambulancia y afortunadamente se recupera de las heridas. El compañero Matías Diez pertenece a una fracción de la CGI que fue apartada de la misma a raíz de sus críticas a los compañeros que se abrazaron con la patronal, en apoyo a la candidatura del vicegobernador Mariotto; en el marco también de una progresiva
burocratización de esa conducción gremial, y de un creciente apego y subordinación a las políticas de la burocracia sindical y el Estado. Gremial que ha llevado a la cuasi desaparición de los Plenarios de Delegados de Base, órgano democrático y de organización del poder de los trabajadores.

Los compañeros, como Matías, de la Minoría de la CGI están trabajando por la democracia sindical, luchar contra el plan de ajuste en el Banco Provincia y constituir a nivel bancario una alternativa a la burocracia sindical de Zanola y sus personeros al frente del sindicato.

  • Bolivia 
  • Artículo cargado el 17/12/2011 - 19:47

Indígenas y petroleras suscriben primer acuerdo en América Latina

Andrés Soliz RadaIzquierda Nacional de Bolivia

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Las ONG han logrado que transnacionales petroleras y “naciones” indígenas suscriban en Bolivia un primer acuerdo de espaldas a los Estados de la región. Un comunicado de la Asamblea del Pueblo Guaraní en Itika Guazú (APG IG) considera que el convenio firmado por los guaraníes del departamento de Tarija con Repsol, British y Total E & P “es el primero de esta naturaleza firmado en América Latina con una empresa multinacional petrolera y que, por tanto, esperamos que tenga repercusiones en las prácticas de la industria petrolera, siendo también un aporte específico y concreto a las reivindicaciones de las comunidades indígenas bolivianas y latinoamericanas. Este comunicado tiene la finalidad de cumplir con los principios de transparencia financiera o corporativa y debe servir como notificación a los efectos legales oportunos”. El comunicado, expedido el 15-III-11, lleva las firmas del directorio de la APG IG.

Al Acuerdo entre la Asamblea y la española Repsol, se sumaron la inglesa British Gas y la francesa E & P (Total), las que operan en los mega campos de gas que tiene Bolivia en su frontera con Argentina. El comunicado da cuenta que en marzo de 2011 se dio comienzo a la actividad financiera del “Fondo de Inversión Itika Guazú”, que contará con una inversión de 14.8 millones de dólares, cuya duración será de diez años renovables. Explica que los fondos fueron depositados en el Banco do Brasil, el que ha aceptado ser gestor del Fondo, lo que permitirá contar con su asesoramiento financiero a largo plazo. Añade que el uno por ciento de la suma citada (alrededor de 135.000 dólares-mes), beneficiará mensualmente a los guaraníes de la zona, el que será invertido en programadas de salud, educación y vivienda. Puntualiza que el Acuerdo, cuyos detalles aún no se conocen, fue aprobado por la Asamblea el 01-XII-2010 y firmado en acto público ante notario, el 29-XII-2010. Todo parece indicar que la suma citada será cobrada al Estado, a título de “costos recuperables” a las que las empresas tienen derecho en la actividad petrolera.

Se destaca que el asesoramiento a los guaraníes para la implementación del Acuerdo, así como la negociación financiera ha sido dirigida por el argentino-español Gregorio Dionis, presidente de la ONG Nizkor, que opera en 40 países, cuyas oficinas principales están en España, Bélgica y EEUU. Advierte que el equipo Nizcor está especializado en derecho mercantil y financiero internacional, así como en derecho indígena. La APG IG designó en la referida Asamblea a un “Consejo de Sabios” para recibir los informes de la ONG. La cooperación APG IG y Nizkor se basa en el reconocimiento jurídico de los usos y costumbres ancestrales, así como en el derecho internacional en su vertiente de derecho indígena.

El convenio, pese a su supuesto carácter público, fue mantenido en reserva hasta que el representante tarijeño en el directorio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Luís Lafuente, hizo saber que los guaraníes se oponen a la ampliación del gasoducto Villa Montes (lugar de los megacampos) y la ciudad de Tarija. Dejó constancia que el acuerdo había sido suscrito de espaldas a YPFB y al gobierno de Evo Morales y que vulnera la nueva Constitución Política del Estado (NCPE), la que, pese a su carácter indigenista, prescribe que YPFB es la única empresa facultada para ocuparse de la producción y comercialización de hidrocarburos y que no podrá transferir sus derechos u obligaciones en ninguna forma o modalidad, tácita o expresa, directa o in directamente (Artículo 361).

Por su parte, la autoridad denominada “Defensor del Pueblo de Tarija”, Andrés Tablada, advirtió que había surgido en el país una especie de “Super Estado”, ya que no le permitieron ingresar a la zona en que habitan los guaraníes, por no haber obtenido previamente una autorización de la APG. Los hechos descritos fueron informados por el periódico “El País”, de Tarija, en sus ediciones del 8, 9 y 12 de diciembre, en las que publicó declaraciones de Lafuente y Tablada, lo que motivó una dura reacción de Gregorio Dionis, quien exigió que se le envíe la lista de los propietarios de “El País” y de quienes publican anuncios en ese medio, para después añadir que los guaraníes estaban recibiendo “ataques racistas”, que desconocen los derechos indígenas. El resto de medios de comunicación, oficialistas y opositores, no se han ocupado, hasta ahora, de tan importante tema.

El avance del indigenismo fundamentalista (o pachamamismo) no encuentra límite. Los días 7 y 8 de diciembre pasados la Central Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB), auspició, en Cobija, Pando (frontera con Brasil), un amplio encuentro destinado a lograr el absoluto cumplimiento del artículo 31 de la NCPE, cuyo texto dice: “Las naciones indígenas y pueblos originarios en peligro de extinción, en situación de aislamiento voluntario y no contactados, serán protegidos en sus formas de vida individual y colectiva… Gozan del derecho a mantenerse en esa condición, a la delimitación y consolidación legal del territorio que ocupan y habitan”. El artículo 17, concede a las naciones y pueblos indígena, originario campesinos “el derecho a la gestión territorial indígena autónoma, y al uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales renovables existentes en su territorio…”

Asistieron al encuentro, además de representantes de ONG, la viceministra de justicia, Isabel Ortega, y un representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, con sede en La Paz. En la oportunidad, se elaboró un anteproyecto de ley, en el que se pone de relieve que las naciones y pueblos originarios en peligro de extinción, en situación de aislamiento voluntario y no contactados, también tienen derecho a su autodeterminación. En este marco, se informó que el 90 % de los 327 municipios existentes en el país tiene problemas limítrofes. Los municipios que rodean a la ciudad de La Paz reclaman territorios ancestrales, los que, por falta de delimitación, podrían llegar a territorios de países vecinos. La debilidad del gobierno central se puso de manifiesto ante el avance del narcotráfico y la imposibilidad de detener el ingreso ilegal de 110 mil automóviles usados, altamente contaminantes, que fueron legalizados en octubre pasado.

  • Bolivia 
  • Artículo cargado el 17/12/2011 - 19:45

¿Esta definitivamente truncado el proceso de cambio?

Eduardo Paz Rada

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La llamada a una Cumbre Social que elabore una nueva agenda estratégica para Bolivia descartando la “Agenda de Octubre de 2003”, convocando solamente a los sectores sociales allegados al gobierno y perdiendo una gran oportunidad de establecer una perspectiva antiimperialista, latinoamericana y de liberación nacional, parece destinada a repetir los pasos de un proceso truncado y que se aleja cada vez mas del sentimiento y la lucha del pueblo labrados durante los últimos diez años.

Sin duda que las transformaciones sociales y políticas del 2003 al 2008 han sido revolucionarias porque han transformado las estructuras culturales, ideológicas e institucionales, han hecho protagonistas a las clases, grupos y sectores sociales excluidos y discriminados, han cambiado a los actores de la toma de las decisiones públicas y han barrido con las formaciones políticas y partidarias tradicionales que implementaron el plan neoliberal en el país.

Sin embargo, el proceso se ha truncado al haberse canalizado en la nueva Constitución Política del Estado la trampa tendida por el imperialismo, a través de ONGs y Fundaciones, de reconocer a presuntas 36 naciones indígenas con derechos de autodeterminación y de control de los recursos naturales; de haber asegurado la presencia de transnacionales petroleras y mineras que están ya negociando directamente con las “naciones” indígenas y de la ausencia de transparencia en el manejo de la cosa pública.

Parte de esto se manifiesta en el desencadenamiento de múltiples enfrentamientos entre departamentos, regiones, comunidades, municipios y localidades; en la defensa que realizan algunos grupos sobre pretendidos territorios libres donde se realizan actividades vinculadas al contrabando y el tráfico ilegal; y otros donde se impide la construcción de carreteras de integración nacional.

La oportunidad y posibilidades de un diálogo abierto, crítico y autocrítico aun son posibles, siempre y cuando participen del mismo tanto las fuerzas sociales y políticas del oficialismo, como aquellas que, siendo parte y protagonistas del proceso de transformaciones, tienen posiciones críticas frente a las políticas del gobierno, como la Central Obrera Boliviana (COB), las Federaciones de Juntas Vecinales (FEJUVE) y otras organizaciones populares. Asimismo, deberá estar abierto a instituciones como las Universidades Públicas y los Colegios Profesionales que pueden realizar importantes aportes a una propuesta de desarrollo nacional.

La defensa e integración nacional, la recuperación plena para Bolivia de los recursos naturales, la industrialización y masificación del uso del gas, la distribución de tierras en manos de terratenientes, el uso productivo de los excedentes y la vinculación militante con los procesos de unidad latinoamericana son algunos de los puntos de una agenda prioritaria en el país.

Asimismo, el gobierno debe evitar que se repitan las experiencias del “gasolinazo” y su retroceso posterior, los enfrentamientos con los sindicatos y las regiones que tradicionalmente le han apoyado, la desinformación y el autismo que le impiden tomar en cuenta y asimilar las demandas y propuestas que buscan evitar el fracaso total de un proceso que generó esperanza e ilusión populares.

Más aún en un momento en que América Latina y el Caribe están dando pasos importantes para la unidad y la integración con iniciativas como la Comunidad de Estados Latino Americanos y Caribeños (CELAC) y la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y cuando el capitalismo europeo y norteamericano sufren una crisis de grandes dimensiones.

  • Nacional 
  • Artículo cargado el 22/11/2011 - 00:36

Sicarios asesinan a joven activista campesino

MOCASE

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Los sicarios dispararon a sangre fría contra dos campesinos, causando la muerte a Cristán Ferreyra, del MOCASE, de 25 años e hirieron de gravedad a otro compañero

En la tarde de ayer, miércoles 16 de noviembre, la comunidad de San Antonio comunicó, que en la casa de la Familia Ferreyra se apersonaron Javier y Arturo Juaréz, sicarios de empresario Ciccioli oriundo de Santa Fé, y dispararon a sangre fría contra dos campesinos, causando la muerte a Cristán Ferreyra de 25 años e hirieron de gravedad a otro compañero que se encuentra en observación en el hospital de la capital santiagueña y un tercero con golpes graves. [Cristán es miembro del del MOCASE, Movimiento Campesino de Santiago del Estero, una de las organizaciones campesinas más fuertes del país.]

La comunidad de San Antonio, a 60 km de Monte Quemado, miembro de MOCASE-Vía Campesina, viene resistiendo al intento de desalojo de empresarios que han contratado matones armados para realizar amedrentamiento en la zona norte de Santiago del Estero. Los empresarios que intentan acaparar las tierras, Los Julianes, Ciccioli, Ricardo Villa, Saud son venidos de Santa Fe y Tucumán; éstos son los mismos que han diseñado el plan de ataque que vienen sufriendo los campesinos indigenas en los departamentos Copo, Pellegrini y Alberdi desde hace 4 meses de forma sistemática. Unos ejemplos son la detención arbitraria de Ricardo Cuellar, el atentado a la FM Pajsachama, la quema de ranchos y pertenencias de campesinos de la CCCOPAL.

Esto ocurre con complicidad y alevociía de parte de autoridades provinciales y funcionarios del poder judicial e instituciones como la dirección provincial de bosque, quien AUTORIZO desmonte en un lugar donde viven familias campesinas indigenas de varias generaciones. A todos ellos los hacemos responsables directos del asesinato de Cristian.

Desde éstos territorios campesinos indígenas, se viene denunciando los atropellos, tal es así que el Juez Penal Alejandro Fringes Sarria de Monte Quemado ya tiene varias denuncias y no hizo nada para detener la escalada de violencia que impera en la zona. También el Comité de Crisis supo hacer relevamiento de las situaciones de atropellos. Hasta el momento, sólo la organización de las comunidades ha logrado evitar los desalojos y desmontes de miles de hectáreas.

En varias oportunidades el empresario Cicciola, amenazó públicamente que mataría a un campesino del MOCASE-VC para que dejen de” molestar”.

El asesinato de Crístian Ferreyra no va a quedar impune y con toda la rabia y dolor que sentimos sus compañeros y compañeras, reafirmamos una vez más, que en la defensa de nuestros territorios llegaremos hasta la últimas consecuencias.

¡¡¡Cristian Ferreyra Presente!!!

Ni un metro más, la tierra es nuestra!

Somos Tierra para Alimentar a los Pueblos

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 22/11/2011 - 00:23
A propósito de la “izquierda independiente” en la UBA

¿Por qué la mella se llama “La Mella”?

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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La reciente aparición del libro Escritos y Crónicas Políticas, que reúne textos de Julio Antonio Mella y contiene un estudio preliminar de Hernán Camarero (Ed. Capital Intelectual, Buenos Aires, 2011), ofrece una oportunidad para plantear a viva voz un viejo interrogante: ¿Por qué La Mella se llama “La Mella”?

La Mella es una agrupación estudiantil de la UBA que se autodefine “de izquierda independiente”, en oposición a las agrupaciones de izquierda no-independientes, es decir, adscriptas a alguna organización partidaria. Pero, ¿saben los integrantes de La Mella quién fue Julio Antonio Mella? Empecemos por decir que si algo no fue Mella es un “izquierdista independiente”. Desde 1924 hasta 1929, cuando murió a la corta edad de 25 años, militó en las filas del comunismo prosoviètico, es decir, de la “izquierda no-independiente”.

Una historia de sexo y sangre

Cuenta la historia oficial que un sicario contratado por el dictador cubano Machado asesinó a Mella en México, donde se hallaba exiliado. Sin embargo, con el tiempo empezó a ponerse en duda esta historia oficial.

Hace unos años el periodista italiano Pino Cacucci escribió la biografía

Tina Modotti

(Ed. Circe, Barcelona, 1995), donde deja entrever la posibilidad de que Mella haya sido asesinado no por Machado, sino por los agentes stalinistas que para entonces ya habían tomado posesión de la Internacional Comunista y la utilizaban como agencia de la burocracia soviética. La célebre fotógrafa y actriz holywoodense Tina Modotti era la amante de Mella y quien lo acompañaba la noche en que lo asesinaron por la espalda en una suerte de ratonera. La policía mexicana consideró a Modotti sospechosa y la detuvo por algún tiempo. Luego fue liberada, pero las sospechas sobre ella, desde el punto de vista de la investigación histórica, no han dejado de acrecentarse debido a que aún no se había enfriado el cadaver de Mella cuando se conoció su vínculo sentimental con Vittorio Vidali. Vidali era un agente stalinista que sería conocido en España como “Comandante Carlos” (bajo este nombre escribió su autobiografía, publicada en México en 1986 por la editorial del hoy afortunadamente desaparecido Partido Comunista mexicano). Junto al histórico jefe de los comunistas argentinos, Victorio Codovilla, Vidali se dedicó a torturar y asesinar revolucionarios marxistas y anarquistas acusándolos de “trotskistas”. Según se cree, la misma Tina Modotti, a la vuelta de los años, habría sido una de sus víctimas, cuando un extraño envenenamiento acabó con su vida en 1942.

Pero si Mella era un “revolucionario profesional” al servicio de la Internacional Comunista orquestada desde Moscú, ¿por què razón Vidali, con o sin el concurso de Tina Modotti, habría querido acabar con su vida? Para responder a esta pregunta hay que situarse en el contexto de la época.

En 1927 León Trotsky debe abandonar el Partido Comunista, y un año después es deportado a Alma Ata, en la frontera con China. Al año siguiente, en 1929, Trotsky es definitivamente expulsado de la URSS y la presecución más despiadada se desata contra sus partidarios. Apenas habían transcurrido diez años desde la Revolución de Octubre, y los sueños socialistas se trastocaban en una pesadilla sangrienta. Cuando Mella se integra al “movimiento comunista internacional”, todavía soplaban con fuerza los vientos de Octubre. Lenin estaba vivo, Trotsky era el más prestigioso de sus colaboradores, y Stalin aún no emergía de las sombras. Mella fue uno de los tantos jóvenes iconoclastas que se incorporaron en aquellos tiempos primigenios y prometedores al movimiento revolucionario. A medida que la maquinaria burocrática de la Internacional Comunista empezó a desarrollar su labor disciplinadora y contrarrevolucionaria, estos jóvenes se encontraron ante un dilema: o se sometían a la maquinaria o, de lo contrario, la maquinaria los trituraba. Mella entró en conflicto con el Partido Comunista cubano, que lo sancionó en 1926 por su “izquierdismo”. Pero en 1927 le levantaron la sanción y lo invitaron a la URSS con el propósito de domesticarlo definitivamente. Un año después, sin embargo, Codovilla y otros jerarcas de la Internacional atacaban a Mella. Vidali le habría espetado en esa oportunidad: “no te olvides nunca de que de la Internacional se sale sólo de dos maneras: expulsado o muerto”. Es sabido que a Mella no alcanzaron a expulsarlo.

Mella y Codovilla: ¿stalinismo bueno vs. stalinismo malo?

En 1928 se reunió en Bruselas el Congreso Antiimperialista Mundial, convocado por la Internacional Comunista. El año anterior el stalinismo había ordenado a los comunistas chinos integrarse al Kuomingtang, que era el partido de la burguesía nacional dirigida por Chiang Kai Shek. El stalinismo consideraba “progresista” a la burguesía de los países coloniales o semicoloniales, y por eso obligaba a los comunistas a cobijarse bajo sus alas, renunciando a su independencia político-organizativa. Las consecuencias de esta “teoría” y de esta decisión fueron los miles de muertos cuya tragedia describió literariamente André Malraux y explicó sociológicamente el propio Trotsky. Bajo el influjo de esta “teoría”, el Congreso Antiimperialista invitó a Bruselas a representantes de la “burguesía nacional” o de la “pequeña burguesía democrática”, como Víctor Raúl Haya de la Torre, líder del APRA peruano.

Pero el idilio del stalinismo con la “burguesía nacional” de los países semicoloniales no iba a durar demasiado. En 1929 la Internacional Comunista declara que comienza un “período de radicalización de las masas” y se produce uno de sus habituales giros, esta vez hacia la ultraizquierda. Es entonces que, a regañadientes, los burócratas stalinistas más obsecuentes, como Codovilla o Vidali, deben recurrir a los servicios de los revolucionarios más indóciles que todavía sobrevivían en sus filas. Mella publica entonces en México, en abril de 1928, su folleto “¿Qué es el APRA?”, que constituye su obra “más elaborada y polémica”, para decirlo con las palabras de Camarero.

Tanto el contenido del trabajo como las circunstancias de su publicación y su carácter prácticamente póstumo, determinan que en él se encuentre condensada la significación histórica y política de la figura de Mella. En primer término, hay que subrayar que no es el trabajo de un “revolucionario independiente”, ni tampoco el de alguien que se encuadre en las filas de la Oposición de Izquierda ligada a Trotsky, sino el de un hombre perteneciente al aparato stalinista. Sus críticas “izquierdistas” al APRA, entonces, se explican a partir de ese transitorio giro ultraizquierdista y oportunista que la propia Internacional ensayó tras el desastre de la política china (y por las necesidades de la política interna de la URSS, ya de vuelta de la NEP). Es decir: Mella no dirigió sus críticas contra el stalinismo que estaba ahogando en sangre las esperanzas emancipatorias del Octubre Rojo, sino que sus críticas se inscribían como parte de las volteretas tácticas con las que el stalinismo pretendía encubrir su papel abiertamente contrarrevolucionario.

¿Por qué entonces reivindicar hoy a Mella? La pregunta correcta, en realidad, es otra: ¿quiènes son los que hoy reivindican a Mella? ¿Y por que presentar esa reivindicación como si fuera parte de la construcción de una “izquierda independiente”? La respuesta es la siguiente: el derrumbe definitivo de la URSS y del “socialismo real” ha dejado a los miembros más honestos de los partidos comunistas prosoviéticos en situación parecida a la de esos perritos que han perdido a su amo y van y vienen por la calle sin rumbo fijo, hasta que de pronto el tufillo de algún transeúnte les hace creer que allí está el amo extraviado, y entonces van tras él. ¿Es que acaso no hay nada reivindicable en el otrora endiosado “movimiento comunista internacional”?, se preguntan estos perritos abandonados. ¡Claro que lo hay! Aquí y allá siempre es posible encontrar un Mella, un Mariátegui, un Penelón o hasta un Che Guevara a quienes aferrarse con el propósito de que una gota de vida resista ante el peso de tanta muerte. ¿Será posible entonces recrear un Partido Comunista, aun cuando sus próceres ya no sean Codovilla y Ghioldi? ¡No! Eso no es posible, obviamente. Sería como intentar reivindicar un nazismo “bueno” contraponiendo la figura de los hermanos Strasser a la de Hitler. Entonces, no queda otro recurso: hay que invocar a “la izquierda independiente”. La palabra “independiente” siempre suena bien, aunque el marxismo, con toda razón, siempre haya desconfiado de ella.

Hay que decirlo entonces, dudosa independencia es aquella que no rompe con las cadenas ideológicas, que suelen ser más sólidas que las materiales. La “independencia” de una agrupación universitaria no debe medirse sólo a partir de su condición de colateral de alguna organización partidaria. Bautizar una agrupación “independiente” con el nombrte de Mella significa borrar con el codo la independencia que se escribe con la mano. Significa inscribir la agrupación así bautizada en la tradición de una izquierda cuyos desvaríos políticos de derecha o de “izquierda” fueron consecuencia de su alienación a una potencia extranjera. Mella fue un joven honesto y vigoroso. Nadie lo discute. Pero su folleto contra el APRA, que es su aporte póstumo a la construcción teórica revolucionaria en América Latina, contiene todos los errores de los que hay que precaverse. Echémosles un vistazo.

Mella y el Frente Único Antiimperialista

La primera gran crítica de Mella a Haya de la Torre apunta a la consigna aprista: “frente único contra el imperialismo”. Dice Mella: “la fórmula es ambigua, oscura y susceptible de varias interpretaciones, para que acomode a todos (...) Por ninguna parte aparece el principio fundamental en la lucha social: la hegemonía del proletariado y la aplicación de su dictadura para la realización del socialismo”.

Ciertamente, no cabía esperar que fuera el aprismo pequeñoburgués el que planteara la hegemonía obrera del frente antiimperialista. El papel histórico del APRA se limitó a plantear el frente antiimperialista. Y ello debió ser suficiente para que los marxistas descubrieran su carácter progresivo, en vez de arremeter contra él frontalmente, como lo hizo Mella: “el APRA representa los intentos de organización del oportunismo y del reformismo latinoamericanos (y por eso) estamos contra el aprismo”. A Mella le parece contraproducente que la fórmula aprista “acomode a todos”, cuando ese es justamente su mérito. Un mérito limitado, sin dudas, porque no establece quién debe conducir el frente antiimperialista. Pero, ¿qué clase de frente podría edificarse sobre una fórmula que “no contenga a todos” sus componentes? Además, ¿cuál es la fórmula alternativa que propone Mella, luego de invocar verbalmente la “hegemonía del proletariado”? Escribe: “para hablar concretamente: liberación nacional absoluta, sólo la obtendrá el proletariado, y será por medio de la revolución obrera”, porque “la burguesía es traidora clásica de todos los movimientos nacionales de verdadera emancipación”. Y de inmediato se dedica a apostrofar contra los diferentes sectores pequeñoburgueses con los que Haya también quería construir el frente antiimperialista: “los abogados representan el papel de criados del imperialismo. Los profesores: por cada dos revolucionarios hay mil reaccionarios y fosilizados. Quedan los estudiantes, pero su revolucionarismo puede calcularse en un tanto por ciento ínfimo. Los intelectuales, en conjunto, son reaccionarios”. ¿Acaso Mella pensaba en un frente con el pobrerìo indígena no proletarizado? Tampoco: “la penetración del imperialismo termina con el problema de la raza al convertir a los indios, mestizos, blancos y negros en obreros”. Es decir, el frente único antiimperialista, en la concepción de Mella, era un frente del proletariado consigo mismo, lo cual, obviamente, se parece tan poco a un frente único antiimperialista como el “frente de izquierda” recientemente constituido entre PO, PTS y otros grupos ultraizquierdistas.

Hay que comprender a Mella. Tenía sólo 25 años, que es la edad en que el poder seductor de las fórmulas maximalistas inhibe toda posibilidad de pensamiento crítico. A esa edad, suele creerse que es más revolucionario quien grita más fuerte. Además, en aquella época no existía evidencia histórica de que la “revolución obrera” iba a encontrar obstáculos tan grandes para cumplir sus promesas comola que encontraron los nacionalismos burgueses estilo APRA o el peronismo entre nosotros. Pero comprender a Mella no debe impedir afirmarque sus juicios conducen lisa y llanamente a la renuncia de toda politica frentista, con o sin “ hegemonía proletaria”. Y la renuncia a una politica de frente único antiimperialista en una semicolonia, aun cuando se la postule desde una perspectiva “obrerista” o de “clase contra clase”, constituye “más que un error, una traición”, como decía Trotsky. Que en este error incurría Mella queda claro leyendo la siguiente frase: “la histórica lucha entre las clases antagónicas se lleva a cabo en América lo mismo que en Europa: insurrecciones proletarias en Buenos Aires y Chile; huelga petrolera de Colombia; masacre de inquilinos en Panamá; huelgas revolucionarias de Puerto Rico y Cuba en la industria azucarera; movimiento proletario de México, etc.” Verdaderamente, hay que estar ciego ante la realidad, y hay que ignorar todo lo que enseñaron Lenin y Trotsky, entre otros, para afirmar tan categóricamente que la lucha de clases se desarrolla de manera idéntica en los países imperialistas que en sus periferias coloniales y semicoloniales.

¿Por qué no hay agrupaciones estudiantiles nacionalistas en la UBA? ¿Por qué se llama “Gino Germani” el instituto de investigaciones?

Ten enigmático como por qué La Mella se llama “La Mella”, es por qué en las universidades públicas de un país que tiene parte de su territorio (y el grueso de su cultura y su economía) ocupado por una potencia extranjera, no han surgido agrupaciones estudiantiles nacionalistas o malvinistas. ¿Por qué una agrupación universitaria se llama “La Mella”, y no “La 2 de Abril”, por ejemplo? Es como preguntarse por qué el Instituto de Investigaciones de Ciencias Sociales se llama “Gino Germani”, y no “Arturo Jauretche”, o “Scalabrini Ortiz”. Tal vez la absurda creencia en que la lucha de clases se desenvuelve con idénticas características en las metrópolis y en las semicolonias, en Francia e Inglaterra que en Bolivia y Argentina, pueda explicar en parte esta circunstancia penosa: para la izquierda eurocéntrica (y también para la derecha eurocéntrica) “nacionalismo” es una mala palabra. Mella contribuyó, tal vez por su candor juvenil, a expandir esta idea políticamente perniciosa. Criticando el programa aprista que proponía nacionalizar la tierra y la industria, escribía: “Dice el APRA: ‘queremos la nacionalización de nuestra riqueza; nuestro programa económico es nacionalista’. ¡También los fascistas son nacionalistas!”

Jorge Abelardo Ramos, en su Historia de la Nación Latinoamericana, dedicó unas edificantes páginas a la polémica entre Haya de la Torre y Mella, y así evaluó a la afirmación de este último: “Nada más erróneo que identificar las nacionalizaciones en un país imperialista con las de un país semicolonial. De este modo, la nacionalización del petróleo mexicano por Cárdenas tendría el mismo significado imperialista que la realizada en Francia en la industria automovilística en 1946. Esta última obedecía al déficit de esa industria, salvado por el Estado imperialista mediante una generosa indemnización. Pero los propietarios ‘nacionalizados’ en Francia eran franceses, no extranjeros, y la Francia burguesa nada tenía que temer de ellos. La nacionalización en México, por el contrario, era un acto defensivo de un país revolucionario ante los capitales extranjeros”.

Pero quienes bautizaron “La Mella” a La Mella no leen a Ramos. Tampoco parece que leyeran a Marx, a Lenin ni a Trotsky. No los culpamos. La contrarrevolución de 1976 fue de tal magnitud destructiva, que las nuevas generaciones creen que el socialismo revolucionario latinoamericano se encarna en seudohistoriadores como Milcíades Peña, en terroristas pequeño-burgueses como Roby Santucho o en jóvenes malogrados como Julio Antonio Mella. Hay toda una “política de la Memoria” que trabaja para prolongar el equívoco.

Pero más tarde o más temprano, la verdad se abrirá camino.

  • Mundo Árabe 
  • Artículo cargado el 22/10/2011 - 01:43
DESENMASCAREMOS LA CONSTRUCCION DISCURSIVA QUE LEGITIMA EL ZARPAZO IMPERIALISTA EN LIBIA

A Kadafi no lo derrocó y asesinó ninguna “revolución popular”

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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Marcelo Cantelmi es el editor de la sección Internacionales del diario Clarín. Si para definir su perfil ideológico le preguntáramos al propio Cantelmi qué piensa de sí mismo, nos diría seguro y orgulloso que es un hombre “de izquierda”. Nos diría que en cualquier rincón del planeta siempre simpatizará con la causa de las mayorías populares, y que detesta, en cambio, a las minorías privilegiadas que ejercen el poder, especialmente si lo ejercen de manera despótica.

Pero Marcelo Cantelmi trabaja en el diario Clarín. Y de Clarín pueden decirse muchas cosas, menos que sea un vocero de los intereses de esas mayorías populares con las que dice simpatizar nuestro editor izquierdista. ¿Cómo explicar, entonces, que el izquierdista Cantelmi preste servicios en la mega-empresa de Herrera Noble y Magnetto? ¿Acaso la transformación de Clarín en un poderoso multimedios no fue posible gracias a las oscuras relaciones que mantuvo con la última y sangrienta dictadura militar? Hay al menos dos respuestas posibles para este interrogante. La primera sería que Cantelmi es un hombre contradictorio. Que escribe “con la mano izquierda” pero cobra sus dinerillos (que ciertamente no son pocos) “con la mano derecha”. Pero esta explicación no resulta del todo convincente, puesto que Cantelmi no constituye una excepción en el mundo del periodismo. También en Clarín, por ejemplo, presta servicios nada menos que el hermano del “trotskista” Jorge Altamira, cuyas notas firmadas con seudónimo llenaron muchas páginas del periódico “Prensa Obrera”. Además, esta explicación no permitirìa responder otra pregunta igualmente importante: ¿por qué razón un diario “de derecha”, orgánicamente ligado al poder mediático trasnacional, recurre a periodistas “de izquierda” para que llenen sus páginas y decidan la línea editorial? ¿Acaso la apropiadora de niños y el amigo de Camps son tontos?

No. Una explicación más razonable es la siguiente: el “izquierdismo” de ciertos periodistas profesionales como Cantelmi no sólo que no resulta contradictorio con el “derechismo” de sus patrones, sino que resulta absolutamente funcional a ese “derechismo”. Porque “izquierda” y “derecha” dejan de ser términos antagónicos cuando es un mismo interés superior el que maneja a ambos. En el caso que nos ocupa, detrás del “derechista” Magnetto y de su empleado “izquierdista” Marcelo Cantelmi se encuentra no agazapado sino a la vista de quien quiera verlo, ese entramado de intereses cuya complejidad se sintetiza en la palabra “imperialismo”.

Bombas y noticias caen sobre Libia

La invasión militar de Libia, el derrocamiento de su gobierno y el asesinato tanto de Kadafi y sus familiares como de decenas de miles de ciudadanos anónimos, comenzaron a implementarse hace alrededor de ocho meses. El primer capítulo de la operación consistió en la difamación de Muammar Kadafi y de su gobierno. Había que presentar al líder de la Revolución nacional-popular de 1969, ante la “opinión pública”, como a un sangriento dictador que vivía en medio de riquezas inconmensurables mientras masacraba sin misericordia a su propio pueblo. Un nuevo Hitler, podría decirse. De ese modo, todo lo que sobrevendría en Libia —las 50 mil vidas que se cobrarían los bombardeos de la OTAN, entre otras cosas— podría ser muy espantoso, pero estaría justificado. Paralelamente a esta operación mediática, se irían desenvolviendo las dimensiones política, militar y económica de la invasión y destrucción de Libia. Pero sería un error creer que las bombas lanzadas desde los aviones franceses o norteamericanos resultaban más letales que los discursos lanzados desde las agencias noticiosas controladas, directa o indirectamente, también por los franceses o los norteamericanos. Digamos que el efecto de irradiación de las primeras alcanzaba a los habitantes de Trípoli o Sirte, mientras que el de las segundas se extendía hasta lugares tan alejados como Buenos Aires. Pero unas y otras, bombas y noticias, eran igualmente necesarias para coronar exitosamente el objetivo trazado. Ya lo había dicho Miguel de Unamuno hace mucho tiempo: no se trata sólo de vencer, sino tambièn de convencer. Y ésta es, precisamente, la tarea de los tinterillos bien pagados como Cantelmi: convencer a la “opinión pública”.

La destrucción discursiva de Libia

Veamos cómo tituló Cantelmi su columna en Clarín el día 21 de octubre de 2011: “El final definitivo de la dictadura libia. Una victoria que alimentará las imitaciones en el universo árabe”. Se trata de un texto que deberían leer atentamente los estudiantes de periodismo, puesto que constituye una pieza magistral de manipulación ideológica.

Consideremos en primer término las adjetivaciones con las que Cantelmi interpela la dimensión “emocional” de sus lectores, tratando de inducirlos a tomar partido por uno de los contendientes en pugna. Para referirse a Kadafi y a su derrocado gobierno, Cantelmi utiliza indistintamente las siguientes expresiones: “el autócrata libio”, “el sátrapa que gobierna el Norte de Africa”, “la dictadura pro-occidental”, etc. Es interesante prestar atención a este último calificativo: la “dictadura” de Kadafi habría sido “pro-occidental”. Para cualquier mortal medianamente sensato será realmente difícil aceptar que un gobierno derrocado por Occidente sea “pro-occidental”. ¿Desde cuándo los occidentales derrocan a las “dictaduras” que tienen a su servicio? Pero ocurre que Cantelmi es un escriba “izquierdista”, y su tarea consiste en defender los intereses de sus patrones con argumentos que sean gratos al paladar “progresista” de cierta pequeñaburguesía porteña. (De los argumentos “derechistas” se pueden encargar otros, los Kovadlof o los Sebreli en La Nación o los Eduardo Feinmann en C5N, por ejemplo)
Tampoco ahorra calificativos Cantelmi para las bandas que asesinaron a Kadafi. Considera a sus miembros como protagonistas de una “revolución”; dice que son “la gente” y que son “el pueblo”. Para adosar cierto barniz heroico a la tarea depredadora de estos mercenarios financiados por las monarquías del Golfo Pérsico y entrenados por la CIA, los presenta como “una guerrilla desarrapada, desorganizada”, provista de “vetustos cohetes soviéticos y con fusiles que robaron a los arsenales del régimen, incluídos algunos de cacería”. Por supuesto, es un misterio indescifrable que una “guerrilla desarrapada” haya podido derrotar militarmente a una “dictadura” supuestamente armada hasta los dientes. Un mistero casi tan grande como la inexistencia de imágenes que den cuenta del presunto fervor popular que ha despertado en Libia el asesinato de Kadafi. Pero a Cantelmi le tienen sin cuidado las inconsistencias discursivas en las que incurre. Anticipándose tal vez a la objeción de que si los guerrilleros fueron tan “desarrapados” como él pretende, entonces no podrían haber derrocado a Kadafi sin la activa participación del imperialimo occidental, responde: “Nunca (los guerrileros) recibieron armamento moderno de sus aliados occidentales debido a que la OTAN declaraba que entre esa milicia desesperada había agazapados contingentes de la red terrorista de al Qaeda, un argumento que también agitaba Kadafi”, y “fue esa gente y no los bombardeos aliados los (sic) que tomaron Trípoli”.

¿Puede alguien en su sano juicio creer que esos “guerrilleros desarrapados” habrían derrocado al gobierno kadafista por sí solos? ¡Ni siquiera los grupos “trotskistas” como PO o PTS, que festejaron la caída de Kadafi con alegría indisimulada, se atreven a sostener tal disparate! ¿Puede alguien medianamente honesto negar el papel decisivo que desempeñaron las potencias imperialistas en el derrocamiento del gobierno y el asesinato de Kadafi? Pero Cantelmi, que desde luego no es honesto, ni siquiera parece estar en su sano juicio, aunque sabe muy bien cómo torcer los hechos para dejar satisfechos a sus patrones. Ante la imposibilidad de negar que además de “la dictadura” y “los rebeldes”, la OTAN desempeñó un papel central a lo largo del conflicto, dice como al pasar que esta organización criminal coincidía con Kadafi en la caracterización de los “rebeldes” como militantes de al Qaeda. De este modo, discursivamente quedan Kadafi y la OTAN ubicados de un lado, y los “rebeldes” del lado opuesto. Los lectores “progresistas” de Cantelmi, entonces, no deberían tener dificultades para tomar partido. Cantelmi cree haber encontrado un dato irrefutable en favor de su tesis de que los imperialistas participaban en el campo kadafista antes que en el campo “rebelde”: “Durante la revolución —dice el empleado de Magnetto— no existió extremismo islámico visible en el país, ni imágenes del terrorista Osama Bin Laden, o leyendas de repudio a EEUU o a Israel”.

¿Qué decir al respecto, que el propio Cantelmi no sepa? ¿Que las imágenes de Bin Laden aparecen y desaparecen a la medida de las necesidades norteamericanas? ¿Que una “revolución” en un país oprimido del Tercer Mundo es inverosímil sin muestras de repudio al imperialismo yanqui y a sus títeres sionistas? El hecho invocado por Cantelmi prueba exactamente lo contrario de lo que él quiere probar: a Kadafi no lo derribó ninguna “revolución popular”, sino una conspiración imperialista urdida por EEUU, sus socios europeos y sus sirvientes del mundo árabe. Acaso la gorra con la inscripción “Nueva York” que cubría la cabeza del presunto asesino de Kadafi sea un claro indicador de ello, como lo fue la bandera norteamericana que envolvió una estatua de Saddam el día de su caída.

En la parte final de su nota, Cantelmi se permite formular predicciones. Tras afirmar alborozado, en sintonia con los discursos de Obama, Cameron y Sarkozy, que “el final de Kadafi abre un proceso de democratización”, anuncia que “el final del capítulo libio es la peor de las noticias para Siria y para Irán”. La tiene clara el “izquierdista” Cantelmi. Magnetto debería aumentarle el salario. La invasión imperialista de Libia y el asesinato de su líder, que combatió hasta el final como había prometido, ha sido tan sólo “un capítulo” de una estrategia que empezó con Irak y Afganistán y que amenaza continuar con Siria y con Irán. El brazo del imperialismo se extiende sangrientamente por el Medio Oriente, posicionándose para la disputa por la hegemonía mundial que mantendrá con China en las próximas décadas. Los países coloniales y semicoloniales de Afríca, Asia y América Latina debemos encontrar la manera de no ser meras piezas descartables en un tablero diseñado por otros.

  • Mundo Árabe 
  • Artículo cargado el 21/10/2011 - 03:17

Ante el asesinato de Kadafi “Trotskistas” y OTAN festejan

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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El imperialismo y sus agentes libios disfrazados de “rebeldes” acaban de asesinar al coronel Muammar Kadafi.

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Jorge Altamira

El líder de la Libia revolucionaria que derrocó a la monarquía hace 40 años había jurado que combatiría hasta el final en defensa de la soberanía nacional atacada por las bombas de la OTAN y por los mercenarios financiados por la monarquías del Golfo Pérsico. Cumplió con su palabra. Hoy festejan Obama, Cameron, Sarkozy, Berlusconi y los grandes criminales que administran la “sociedad global”. Ya anunciaron que en los próximos días viajará una misión del FMI para colaborar con la “reconstrucción” del país que ellos mismos han contribuido a destruir. Una vez más, todas las fases de la política diseñada por el imperialismo se han cumplido a la perfección. Primero, la campaña mediática que denuncia al “dictador” que viola los “derechos humanos”. A continuación, la “guerrra humanitaria” que pretende “liberar” a un pueblo supuestamente oprimido por el “dictador”. Luego, el asesinato brutal de los dirigentes derrocados, y hasta de sus familiares, a manos de algún agente de la CIA o del Mossad infiltrado en el terreno. Y por fin, el envío de los hombres de negocios de Occidente que construiràn los canales económico-financieros por los que se le succionará la riqueza al país invadido. Todo con la complicidad activa o pasiva de la llamada “comunidad internacional” y de su “prensa libre”. Y con la mirada atenta de los estrategas del Pentágono que se posicionan estratégicamente con los ojos clavados en la China milenaria.

Es importante comprender que en todo este armado el imperialismo no opera sólo con su brazo derecho, sino tambièn con su brazo izquierdo. En este caso, el brazo izquierdo lo constituyeron las organizaciones “trotskistas” o “maoistas” que acompañaron desde el inicio la ofensiva imperialista, agitando la consigna “Abajo Kadafi”. En Argentina, los grupos ultraizquierdistas reunidos en ese rejunte electoralista llamado “Frente de Izquierda” llegaron hasta el extremo de movilizarse para exigir que el gobierno kirchnerista rompiera relaciones con Kadafi. Pretendieron creer y hacer creer que Kadafi era un “dictador proimperialista” y que quienes finalmente lo derrocaron y asesinaron formaban parte de una “primavera democrática” asentada en “comités revolucionarios” que pugnaban por una suerte de régimen soviético. La función objetiva de estos grupos fue evitar que se generara una corriente de opinión internacional que estorbara el desenvolvimiento de la agresión imperialista. Presentar a Kadafi como “tirano”, como “dictador”, como “genocida” o, contrairando la lógica más elemental, como amigo de sus enemigos, perseguía el propósito de prevenir una eventual simpatía que su régimen patriótico pudiera desperatr entre las masas oprimidas, que saben por instinto quién es quién en la arena de la politica mundial. ¡Y vaya que lo consiguieron! Las organizaciones estudiantiles, tan propensas a abandonar las aulas e invadir las calles con sus reclamos, brillaron por su ausencia en esta oportunidad. La ultraizquierda cipaya, que controla la FUBA y dispone, a pesar de su carácter minoriatioro, de cierto poder de movilización, no movió un dedo en defensa del pueblo y del gobierno libios.

Seis meses atrás, Jorge Altamira, de PO, sostuvo la tesis de que el imperialismo apoyaba a Kadafi,[1] al que califica como “dictador pro-imperialista”. Altamira, por supuesto, estaba en contra de Kadafi y apoyaba su derrocamiento. La pregunta es qué dirá ahora. ¿Se autocriticará por su disparatado análisis? ¿O estará brindando por la muerte del “dictador”?

Notas:
  • Izquierda Nacional Chile 
  • Artículo cargado el 10/10/2011 - 21:59

Educación: pecado original

Pedro Godoy P.

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Nuestra estructura escolar no es -ni ha sido- respuesta a las necesidades del país, sino trasplante. En el siglo XIX está de moda Francia, pues se copia lo francés. La docencia se daba en francés y todo el sistema, francés. Los textos escolares, traducciones de los usados a orillas del Sena. 1870: victoria prusiana y derrota gala. Entonces se importa la Misión Pedagógica Alemana y todo es alemán. En el siglo XX el espejo es EEUU y se cree que se podrá adquirir el desarrollo y la democracia yanqui si le imitamos su educación. Antes se sostuvo que inspirándonos en lo francés nos hacíamos “cultos” y en Alemania, “disciplinados”. Ahora si nos norteamericanizábamos seríamos “prósperos” y “democratizados”. Otra oligarquía permanece fiel a Londres y eso explica el Saint George y The Grange donde estudian los que mandan en Chile. Claro está —hay que advertir— tal liderazgo no deriva de estudiar en esos planteles, sino porque los clientes provienen de las familias ABC1. El “pecado” de importar modelos no es sólo de la derecha.

La izquierda no escapa de la práctica del calco. Durante la Presidencia de Allende se intenta introducir la ENU —Escuela Nacional Unificada— que de “nacional” poco tenía, pues copia el sistema escolar de la RDA. Ministra del rubro entonces es la esposa de Erich Höneker. Se instalan en el MINEDUC expertos germanocomunistas. Ante la resistencia la UP retira el proyecto. La LOCE del Capitán General se inspira en las tesis de Milton Friedman. La Concertación trasplanta la reforma escolar de la España del PSOE.  La copiadera no es sólo institucional, sino también teorética. Ello se acompaña de la exaltación de doctrinas pedagógicas extranjeras y desprecio —o ignorancia— del teorizar sobre educación que generan coterráneos ilustres. Por ejemplo, nadie —en las Facultades de Educación— menciona, como expertos en la materia, a Manuel de Salas, Simón Rodríguez, Encina, Galdames o Santiván. Proponer estudiarlos es extravagancia… Los “colonos mentales” los descalifican porque son criollos. Lo exótico es lo único juzgado valioso.

Bibliografía:

Prof. Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos CEDECH
cedechdirector@gmail.com

  • Movimiento Obrero 
  • Artículo cargado el 04/10/2011 - 20:26

Los trabajadores han advertido que no van a abandonar sus posiciones sin lucha

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Lo que está en juego es el derecho democrático de los trabajadores a luchar por sus reivindicaciones sin tener que afrontar la amenaza de ser criminalizados

La detención del delegado general de la línea del ferrocarril Sarmiento, Rubén Sobrero y de Leonardo Portorreal tiene todas las características de una operación de judicialización de la protesta obrera. La única prueba “consistente” que los involucra, el testimonio de uno de los supuestos autores de la quema de vagones del pasado 2 de mayo carece de la mínima verosimilitud, según la admisión del propio juez, mientras que la actitud de los policías, demorando casi cinco meses en poner en conocimiento de la justicia este testimonio, indica de hasta que punto se trata de una causa armada. Sobrero y Portorreal fueron detenidos un viernes y liberados un lunes, cuando ya era pública y notoria la endeblez de los cargos que se les imputaban. El juez decidió la liberación, según explicó, luego de escuchar el descargo de Sobrero. ¿Necesita su señoría enterarse de que no son los trabajadores quienes destruyen sus fuentes de trabajo sino, por el contrario, quienes las defienden? ¿Acaso no tenía conocimiento del estado deplorable de la línea Sarmiento, expuesta constantemente a posibles accidentes por falta de mantenimiento por responsabilidad de sus administradores privados y estatales?

Apenas se produjeron las detenciones el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, salió a decir que “en el expediente hay elementos más que suficientes para detener por asociación ilícita” a los gremialistas. El hecho de que el expediente estuviese herméticamente cerrado bajo el rótulo “secreto del sumario”, no fue obstáculo para que el gobierno conociese su contenido y procediese de inmediato a dar pleno apoyo al accionar de la justicia. Síntoma elocuente que señala quién está detrás de las detenciones. Aníbal Fernández es el mismo funcionario que en mayo pasado atribuyó a Pino Solanas la responsabilidad de la quema de vagones sin aportar la más mínima evidencia; es el mismo personaje que siendo intendente de Quilmes se escapó de la justicia escondido en el baúl de un automóvil. Su credibilidad es nula. Se trata del típico personal de Palacio, que en casos como éste sólo abre la boca cuando recibe instrucciones desde arriba.

Las acusaciones que hoy pesan sobre delegados y activistas del ferrocarril Sarmiento se inscriben en una tendencia creciente de criminalización de las luchas obreras y sociales, imperante en círculos judiciales definidamente clasistas, en algunos casos asociados al interés de los gobiernos de turno; tendencia por demás significativa si se tiene en cuenta el manto de impunidad que rodea a los ladrones de guante blanco (y no tan blanco) en casos notorios de corrupción gubernamental o delitos gravísimos como el contrabando de armas a Ecuador y Croacia y la voladura del polvorín de Rio III.

Los trabajadores tomaron debidamente cuenta del significado de los intereses que se dirimen en torno al caso de la línea Sarmiento y, desde la CGT hasta las fracciones radicalizadas de los sindicatos, estrecharon filas. Es cierto que la burocracia tiene sus propias razones para solidarizarse con los compañeros detenidos. Sin embargo, más allá de los intereses particulares, lo que está en juego es el derecho democrático de los trabajadores a luchar por sus reivindicaciones sin tener que afrontar la amenaza de ser criminalizados. En este punto la unidad de clase es lo que prevalece; constituye una advertencia a las patronales, la justicia y el propio gobierno de que las posiciones conquistadas tras la crisis de diciembre de 2001 no van a ser cedidas sin lucha.

  • Bolivia Izquierda Nacional 
  • Artículo cargado el 03/10/2011 - 21:56

Avance decisivo de las ONG en la captura del poder

Andrés Soliz RadaIzquierda Nacional de Bolivia

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Con la decisión de suspender la construcción de la carretera que debía vincular los departamentos de Cochabamba y Beni (demorada desde hace 185 años), Bolivia es el primer país de América del Sur (y tal vez del mundo) en el que grandes ONG controlan el poder. A partir de ahora, todas las obras viales necesitarán la aquiescencia de grupos indígenas que responden, entre otras, al Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social, financiado por países de Europa Occidental), y al Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), subvencionada por la Embajada de EEUU. Lo anterior incluye a intentos de construir hidroeléctricas o termoeléctricas, plantas concentradoras de minerales, modernizar la agricultura o la agroindustria y promover flujos poblacionales en un país en el que hay escasa población donde muchos árboles y mucha población dónde hay pocos árboles. En consecuencia, Evo Morales ya no preside un gobierno con la presencia de ONG, sino un presidente prisionero de las ONG, que avanzan en la consolidación de su propia dictadura.

Tales avances están respaldados por el Convenio 169 de la OIT (1989) y de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007), a los que Bolivia adhirió sin reparos. Si transgrediera estas normas, podría ser demandada ante la Corte Interamericana de Justicia, cuyos fallos pretenden ser obligatorios. Lo ocurrido tiene como antecedente la preocupación europea por la contaminación de sus aguas y el agotamiento de sus tierras. Por este razón busca mantener intocadas a regiones periféricas, que podría ocupar en el futuro. Las presiones para declarar a la Amazonía “reserva de la humanidad” y la acelerada compra de tierras en África y América Latina respaldan esta afirmación. Las ONG han arremetido a un país sin cohesión interna, con graves antagonismos regionales y que, por tanto, carece de defensas para detener intereses foráneos que buscan disgregarlo. Las ONG son como un vaso de whisky, que puede ser bebido sin problemas por una persona adulta. Pero que daña gravemente a un país casi niño como Bolivia.

El ejemplo de EEUU y los abogados de Bruselas

Entre el 9 y el 14 de julio pasados, la Embajada de EEUU en La Paz auspició conferencias de los académicos Lindsay Robertson, Stephen Greetham y Amanda Cobb. Greetham dijo que en su país “las tribus son dueñas de los recursos naturales que están sobre la tierra y debajo de ella”. Robertson añadió que “dónde hay gas, su propiedad es de los pueblos indígenas y no de toda la población”. Los especialistas puntualizaron que Bolivia había avanzado por similar camino. Lo que no dijeron es que los recursos naturales, una vez en manos aborígenes, son transferidos a las transnacionales, a cambio de poder y dinero, que los han corrompido hasta la médula. (Jaime Salvatierra: “Rebelión.org, 23-09-11).

Las conquistas indigenistas se consideran inamovibles. El ex viceministro de tierras, Alejandro Almaraz (CEJIS), aclaró que no se aceptará el referéndum que propuso Evo para viabilizar la carretera que atraviesa el Territorio Indígena y Parque Isiboro Sécure (TIPNIS) y que si se insiste en éllo, tendría que cambiarse la Constitución Política del Estado, la que, según los indigenistas, reemplazó al Estado colonial por un Estado plurinacional. La intangibilidad del parque no satisface a las ONG. Los habitantes del TIPNIS han pedido la modificación de leyes aprobadas en los últimos meses y que no contemplaron totalmente sus exigencias. Se refirieron, por ejemplo, a la Ley de Deslinde Jurisdiccional, en la que la administración de territorios, jurisdicciones y manejo de recursos naturales aún es nebulosa. También demandan mayor independencia y atribuciones para la justicia comunitaria, pese a que numerosos linchamientos producidos bajo su invocación han quedado impunes. Dirigentes de la Central de Pueblos Indígenas de La Paz (CPILAP) dijeron al Vicepresidente Alvaro García Linera que su pedido de explorar hidrocarburos en el departamento debía ser discutido con sus abogados en Bruselas. El organizador de la visita de los académicos estadounidenses, Eliseo Abelo, coordinó la resistencia en el TIPNIS con Adolfo Chávez, de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB), y Rafael Quispe de la Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyo (CONAMAQ).

Torpezas que aglutinaron a izquierdistas y neoliberales

Los grupos indígenas que se opusieron a la obra contaron con sucesivas torpezas del gobierno, como el pedido de Evo a sus partidarios de enamorar a las aborígenes, a fin de cambiar la decisión de sus dirigentes, impedir, por medio de policías, que inclusive niños y embarazadas que realizaban una marcha de protesta, se abastezcan de agua de un arroyo cercano, para luego reprimirlos con ferocidad de esbirros alcoholizados. Cuesta creer que la misma persona que hizo aprobar en la ONU los derechos de la madre tierra e hizo declarar al agua como derecho humano, hubiera tolerado que el líquido elemento sea negado a caminantes abrasados por la sed. Estos antecedentes conformaron un abanico opositor que abarcó desde los dirigentes trotskistas del magisterio de La Paz hasta los gobernadores del Beni y Santa Cruz, identificados con el terrateniente Branco Marinkovic, a quien se expropiaron sus propiedades, antes de que fugara del país. De esta manera, quedó borrada la línea que separa la defensa de derechos humanos con la demanda de impedir la construcción del camino.

La amalgama incluyó al aymara Víctor Hugo Cádenas, ex vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, quien, junto al resto de partidos opositores, aseguró que la ruta sólo beneficiaría a cultivadores de coca, como si fuera imposible que un Estado construya caminos, sin favorecer al narcotráfico. La parálisis de obras se produce en momentos en que los pueblos de tierras bajas recibieron alrededor de ocho millones de hectáreas cultivables, en tanto el 25 % de la población boliviana (unos 3 millones de personas) se fueron de Bolivia por falta de trabajo o de un pedazo de tierra para sembrar alimentos. Sólo en Buenos Aires viven un millón de bolivianos expulsados de su Patria por razones económicas (Periódico “La Razón”, 24-09-11).

El reciente discurso desarrollista de Evo perdió credibilidad. El 26-XII-10, casi duplicó, por presión de las transnacionales, el precio de los combustibles. La medida tuvo que ser derogada ante la indignación popular. A ello se sumó la lamentable gestión pública, que convirtió al país en importador de gasolina, GLP, diesel, arroz, maíz y azúcar. La administración minera provocó que Huanuni, empresa en manos del Estado, produzca estaño a más de 9 dólares la libra fina, en tanto que yacimientos similares en el Perú lo hacen a 4.50 dólares. 5.000 cooperativistas fueron incorporados a Huanuni como trabajadores regulares, para luego disminuir la edad de los jubilación, en tanto lo trabajadores activos no dejan de exigir más beneficios. Las utilidades de la japonesa Sumitomo, que explota San Cristóbal, en Potosí, ascienden a 1.000 millones de dólares anuales, en tanto que su tributación no alcanza a pagar el agua que consume y que tiene enorme valor en la zona desértica donde se halla el yacimiento.

Del estado colonial al estado plurinacional

Los soldados israelíes logran aplacar sus remordimientos por la ocupación de Palestina repitiendo el siguiendo pensamiento: “Hemos sufrido tanto (como pueblo judío), que tenemos derecho a matar”. El indigenismo boliviano podría repetir casi lo mismo: “Hemos sufrido tanto que tenemos derecho a matar a Bolivia”. La base del razonamiento se halla en predicar que Evo, desde su llegada al gobierno, el 2006, ha reemplazado al Estado Colonial por un Estado Plurinacional. Los defensores de ese punto de vista no pueden explicar cómo el supuesto Estado Colonial permitió que un candidato indígena triunfara en las elecciones presidenciales del 2005 y se le abrieran las puertas del Palacio de Gobierno. Cómo el supuesto Estado Colonial puso en vigencia el voto universal, hace más de medio siglo, con lo que todos los ciudadanos del país fueron equiparados jurídicamente. Cómo en el supuesto Estado Colonial hubo decenas de representantes indígenas (cada vez más numerosos) en el Parlamento Nacional, a partir de la Revolución Nacional del 9 de abril de 1952.

Es verdad que la sociedad post-52 mantuvo resabios coloniales, que excluyeron a quechuas, aymaras y guaraníes del Colegio Militar, la Academia de Policias, las Asociaciones Empresariales, las Embajadas y gran parte de la administración pública. Estos perjuicios, de raíz cultural antes que jurídica, fueron debilitándose a través de los años, hasta que el gobierno de Evo terminó por liquidarlos con importantes disposiciones legales como la ley contra el racismo y nuevos diseños institucionales a través de la creación del Viceministerio de Justicia Comunitaria, el viceministerio de Salud Tradicional, el Programa de Salud Familiar Comunitaria Intercultural o el viceministerio de Coordinación con los Movimientos Sociales. Estas y otras medidas paralelas han convertido a Evo en uno de los Presidentes más importantes de la Historia Republicana.

La caracterización de Estado Colonial es aplicable a la Bolivia pre-52, en la que, en un año no tan lejano como 1945, existía todavía una suerte de inmobiliarias de indios, como puede constatarse por los siguientes anuncios publicados en “El Diario”.

“Arturo Hinojosa vende una finca en Sorata con 15 indios por Bs. 330.000” (22 de mayo de 1945)

“Arturo Hinojosa, vende una finca en el altiplano, a la hora de viaje de La Paz en automóvil, tiene una casa de hacienda, ganado vacuno, pastales y colonos. Bs. 320.000” (22 de mayo de 1945)

“Vendo una hermosa finca en el valle con 40 peones…”. Referencias Comercial Bustos. (11 de mayo de 1945)

El colonialismo interno iba, sin embargo, debilitándose en forma implacable por rebeliones indígenas, el surgimiento de nuevas organizaciones políticas como el MNR y el fortalecimiento de estructuras sindicales, como la Federación de Mineros. Estas organizaciones de resistencia tienen como antecesores a los combatientes indios y mestizos (de donde emerge lo indo-mestizo) de nuestra gesta por la independencia del Imperio Hispano. Lo indo mestizo permitió que Bolivia no desapareciese pese a tres conflagraciones internacionales, la última de las cuales tuvo tres años de duración. Lo indo mestizo hizo emerger al sector patriótico de las FFAA, que nacionalizó a la Standard Oil, en 1937, en el gobierno del general Toro, obligó a los barones del estaño a depositar sus divisas en el Banco Central, en el régimen del Tcnl. Germán Busch, y que convocó al primer congreso indigenal, en la gestión del coronel mártir Gualberto Villarroel.

El indigenismo y los estados continente

El indigenismo de las ONG no ofrece futuro alguno. Se limita a acuñar frases ecologistas y etnicista, que se contraponen y anulan apenas dos teóricos de esta tendencia pretenden ponerse de acuerdo. La corriente nacional – popular, en cambio, considera erróneo ignorar la Historia de Bolivia, con sus luces y sombras. El indigenismo mutila la historia al ocultar, por ejemplo, la lucha coordinada entre los ejércitos auxiliares de las Provincias Unidas y los ejércitos del caudillo aymara, Juan Manuel Cáceres, de cuyo pacto formaron parte destacados mestizos como Esteban Arce.

No la valora al restar importancia a los pensadores nacionales que combatieron al Estado Colonial, como Montenegro, Céspedes, Sergio Almaraz, Quiroga Santa Cruz y Zavaleta, y que tienen en Franz Tamayo y Carlos Medinaceli a sus precursores. No capta la trascendencia de figuras como las del patriota cruceño José Ortiz Mercado que elaboró, junto a un importante equipo de economistas, la Estrategia para el Desarrollo Nacional (gobierno del general Ovando, 1969-1970), en la que, a diferencia de ahora, el esfuerzo interno y no la ayuda foránea debían ser el motor del desarrollo.

Los pensadores nacionales enseñaron la importancia de construir dignidad. Esto es algo que no aprendió Evo al aceptar donativos de ambulancias españolas, computadoras francesas, carros bomberos de Gran Bretaña y cheques venezolanos, que han desordenada administración pública hasta límites inmanejables. El “vivir bien”, la relación armónica con la naturaleza o la elaboración de un nuevo modelo civilizatorio sólo puede emerger de la Nación Continente Sudamericana primero y latinoamericana después, con capacidad de dialogar y negociar con otras naciones continente, como Rusia, India, China, Europa Occidental, Estados Unidos, la Unión Africana y la articulación de países árabes.

Sostener que 36 inventadas naciones son el nuevo sujeto histórico que conducirá los destino del país, como hace Alejandro Almaraz, carece de seriedad. Se necesita persuadir a los grupos étnicos, por pequeños que sean, que la necesidad de mejorar su calidad de vida y la de sus hijos pasa por formar parte de una comunidad nacional que los respete y valore. Lo anterior implica desarrollar y fortalecer el yo colectivo, frente a las acechanzas de predicadores rentados, que lucran con nuestras angustias. Sería injusto ignorar los aportes históricos y antropológicos, desarrollados en los últimos decenios, por intelectuales procedentes del mundo aymara, quechua y guaraní. Ese pensamiento articulador debe impedirnos caer en la explotación irracional de recursos naturales, en lugar de equilibrar desarrollo y preservación del medio ambiente, vigencia de Derechos Humanos Colectivos e Individuales, unidad nacional y respeto a lo diverso.

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 29/09/2011 - 16:42

Quién dirige, controla y da órdenes en la causa AMIA

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Osvaldo Calello

El discurso de la presidenta Cristina Fernández en la Asamblea General de las Naciones Unidas no fue del agrado de las organizaciones judías argentinas. No sólo porque Argentina se alineó con la mayoría de los países que reclaman el reconocimiento pleno de Palestina como Estado miembro de la organización internacional, sino también porque el gobierno aceptó la propuesta de Irán de iniciar un diálogo en torno al diferendo originado en torno a la causa Amia. Precisamente sobre este asunto el titular de la DAIA, Aldo Donzis, declaró que el diálogo con Irán “debilita” a la justicia argentina. “Hemos venido reclamando que, en virtud de lo dispuesto por la justicia argentina, la República Islámica de Irán se someta a la jurisdicción y permita precisamente que quienes están acusados de haber intervenido, con algún grado de participación en el atentado de la AMIA, puedan someterse a la justicia”, señaló apenas regresó de Nueva York.

Difícilmente estos argumentos logren convencer al régimen iraní de que debe confiar en la justicia argentina, al menos en la que sigue la causa por el atentado contra la AMIA. El pasado 30 de agosto Clarín tituló una de sus más importantes noticias, aunque relegada la página 15, del siguiente modo: “AMIA: insólito pedido de disculpas de un fiscal a EE.UU.” La nota reproducía párrafos de un libro del periodista Santiago O’ Donnell, basado en las revelaciones difundidas a través de Wikileaks, referidas a la Argentina. En esos textos puede comprobarse el vivo interés del fiscal Alberto Nisman en disculparse ante la embajada de Estados Unidos, por no haberle avisado de que pediría la detención del ex presidente Carlos Menem como responsable del desvío de la investigación en el comienzo de la causa. El pedido, formulado en 2009, tomó por sorpresa a los norteamericanos, especialmente porque coincidió con la llegada al país de John Pistole, director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). El embajador Earl Anthony Wayne escribió en uno de sus correos que “Nisman dijo varias veces que no pensó que la visita se conectaría con ese anuncio. Dijo que pedía muchas disculpas y que agradecía el apoyo y la ayuda del gobierno de Estados Unidos y que de ninguna manera quería socavar eso”. De acuerdo con lo que desprende de la correspondencia electrónica del diplomático extranjero, los norteamericanos no se andaban con vueltas y no tenían pruritos en indicarle al fiscal cuál debía ser el curso de la investigación: “En los últimos días funcionarios del Departamento de Legales de la embajada le ha recomendado a Nisman que se enfoque en los perpetradores del ataque y no en el desmanejo de la primera investigación. Semejante acción sólo confundiría a los familiares de las víctimas y distraería la atención de la caza de los verdaderos culpables”.

Está visto que el fiscal prefiere lo “políticamente correcto” al tomar decisiones. ¿Podía esperarse otra cosa de un funcionario judicial que en 2007 rindió cuentas de la investigación del atentado ante la Asamblea Anual del American Jewish Committee, un influyente foco sionista a nivel internacional, y en 2008 repitió este mismo comportamiento ante la Suprema Corte de Justicia de Israel?

La causa AMIA fue orientada desde un comienzo por objetivos políticos según los intereses que rodean al enfrentamiento de Estados Unidos e Israel con Irán. Una causa que no ha logrado presentar pruebas consistentes de la participación de los iraníes en el atentado;  en la que, en lo sustancial, las acusaciones provienen de declaraciones de disidentes del régimen de Teherán y de informes de la CIA, el Mossad y la SIDE, y en cuyas conclusiones son más los puntos oscuros que los que ha logrado desentrañar.

Aun así las organizaciones locales que dicen representar a la comunidad judía argentina insisten en avalar esta investigación. ¿Les interesa realmente hacer justicia identificando y castigando a los culpables, sea cual sea su nacionalidad, creencias y motivaciones, o simplemente su reclamo de justicia se subordina a los dictados de la política de enfrentamiento que Israel mantiene con Irán? Recientemente, a raíz de la presentación de la Autoridad Nacional Palestina ante el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de las Naciones Unidas, DAIA, AMIA, OSA Y FACCMA, emitieron un comunicado en uno de cuyos párrafos puede leerse lo siguiente: “La comunidad judía argentina, reafirma su identificación con el Estado de Israel y su capital eterna Jersusalem, con el cual la unen lazos indisolubles (…)”. Luego de esta declaración de quienes se consideran representantes de los judíos argentinos y en realidad se identifican con un Estado extranjero, por lo demás un Estado racista y colonialista, verdadera vergüenza que subsiste en el siglo XXI, queda en claro que además de los 85 compatriotas brutalmente asesinados, las otras grandes víctimas de la causa AMIA van a ser la justicia y la verdad.

por O.C.

  • Medio Oriente 
  • Artículo cargado el 28/09/2011 - 00:25
TRAS SEIS DÉCADAS DE LUCHA HEROICA

Los palestinos levantan bien alto sus banderas

Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

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A pocas horas de finalizada su presentación ante la Asamblea General de Naciones Unidas el titular de La Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, declaró su rechazo al pedido de reiniciar negociaciones con el gobierno israelí formulado por el denominado Cuarteto de Medio Oriente (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y ONU). La propuesta carecía de toda seriedad; simplemente fijaba un cronograma que debía culminar en un acuerdo de paz, mientras aceptaba de hecho que Tel Aviv continuara implantando asentamientos en territorio palestino. El solo hecho de que el representante de ese patético cuarteto sea Tony Blair, el mismo personaje canallesco que secundó a Bush en las invasiones a Iraq y Afganistán, revela el grado de credibilidad que puede reclamar para sí este tipo de diplomacia. Antes de esto los delegados de la Asamblea General habían tenido que escuchar el grotesco discurso del presidente Obama, abogando abiertamente por los intereses de la burguesía sionista, como si los palestinos fueran los ocupantes que someten a prácticas de limpieza étnica a los habitantes de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. El discurso había sido precedido por amenazas de Washington a los dirigentes palestinos para que no formulasen el reclamo de reconocimiento estatal ante el Consejo de Seguridad y la Asamblea General, junto con advertencias de represalias económicas a la ONU si la iniciativa prosperaba.

La hipocresía y el cinismo del “premio nobel de la paz” superó todo lo que podía esperarse cuando afirmó que palestinos e israelíes debían arreglar sus diferencias mediante una negociación, y no por la decisión de una instancia extranacional, como si ocupantes y ocupados, opresores y oprimidos estuvieran en un pie de igualdad. ¡La burguesía sionista en Washington y en Tel Aviv dicta la política exterior al presidente norteamericano en los asuntos de Oriente Medio, y éste se subordina a sus imposiciones, pendiente del voto judio en las próximas presidenciales así como del financiamiento de su campaña electoral! Obama sabe muy bien que entre palestinos e israelíes no hay posibilidad de negociación alguna, simplemente porque el régimen sionista no está dispuesto a aceptar la existencia de un Estado palestino, como lo prueba el hecho de que sus sucesivos gobiernos se han burlado sistemáticamente de los acuerdos de Oslo y de las resoluciones de Naciones Unidas reclamando la devolución de territorios ocupados. Siguiendo una política sistemática, que no diferenció colores partidarios, esos gobiernos han fragmentado de tal modo el territorio de Cisjordania con asentamientos, cordones sanitarios, carreteras restringidas a los colonos judíos y el Muro de la Vergüenza, que de hecho volvieron insostenible la existencia de una estructura estatal independiente. Ni aún realizando concesiones cercanas a una capitulación por parte de la ANP, existió nunca posibilidad de un acuerdo.

La intransigencia irreductible de la burguesía sionista quedó al desnudo a comienzos de este año al difundir la cadena Al-Jazeera 1600 documentos relativos a las negociaciones secretas sostenidas en 1998 entre el régimen de Abbas y el gobierno de Ariel Sharon. Según esos papeles la ANP estuvo dispuesta a convalidar la anexión de los barrios judíos establecidos en Jerusalén Este a partir de 1967, a aceptar el intercambio desfavorable de territorios y a limitar el “Derecho al retorno” a la repatriación de 100.000 refugiados palestinos en un plazo de diez años, de los cinco millones que permanecen expatriados. Así y todo al gobierno de Sharon no le pareció suficiente y la negociación fracasó.

Menos que nadie el actual primer ministro Netanyahu puede afirmar en la ONU: “la verdad es que Israel quiere la paz, la verdad es que yo quiero la paz (…) La verdad es que hasta ahora los palestinos se han negado a negociar”. No es para asombrarse. El personaje es conocido dentro y fuera de Israel como un mentiroso. En julio del año pasado el Canal 10 de Israel difundió un video en el que Netanyahu (sin saber que lo estaban grabando) explicó como a fines de los 90’, siendo primer ministro, había engañado al presidente Clinton haciéndole creer que estaba poniendo en práctica los acuerdos de Oslo, realizando retiros parciales de Cisjordania, cuando en verdad estaba reforzando la ocupación. Durante su involuntaria confesión Netanyahu admitió que lejos de ser defensiva la represión militar contra los palestinos que en esos momentos desencadenaban la segunda Intifada, tenía el propósito de aplastar a la Autoridad Palestina para obligarla a aceptar las condiciones que el régimen sionista decidiera dictarle. En un pasaje ilustrativo señaló que Israel debía infligir “golpes que sean tan dolorosos que el precio sea demasiado grande para soportarlos… Un amplio ataque contra la Autoridad Palestina, para llevarlos al punto de temer que todo se esté derrumbando”. Cuando se le preguntó por la actitud que adoptaría Washington respondió sin dudar: “A Estados Unidos se le puede mover fácilmente. Mover en la dirección correcta… No se interpondrá en nuestro camino… Un ochenta por ciento de los estadounidenses nos apoya. Es absurdo”.

La revolución árabe en marcha

El gobierno de Tel Aviv ha dicho de todos los modos posibles que no está dispuesto a volver a las fronteras anteriores al 4 de junio de 1967. Estados Unidos, por su parte, ha desencadenado una presión extraordinaria para impedir que el reclamo palestino obtenga la mayoría de nueve votos, y por tanto sus representantes se vean obligados a utilizar el privilegio de veto, aumentando el desprestigio de que goza su política entre las masas árabes. Pero lo cierto es que tanto Israel como Estados Unidos ya están políticamente derrotados. El viejo equilibrio del Oriente Medio, que tuvo por llave maestra los acuerdos de Camp David firmados hace más de tres décadas por los gobernantes egipcios e israelíes, está definitivamente quebrado. Las revoluciones populares que en Egipto pusieron fin al régimen de Hosni Murabak y en Túnez al de Ben Alí, y se extendieron como masivos movimientos de protesta en el resto de la región, hundieron el balance de poder que le permitió a los gobernantes israelíes someter al pueblo palestino a un régimen de apartheid en Cisjordania y reprimirlo brutalmente en Gaza, sabiendo de antemano que podían contar con el beneplácito cómplice de El Cairo, Riad y Amman. Durante ese extenso período de reflujo de la revolución árabe, sólo la heroica resistencia del pueblo palestino impidió que el sionismo consumara su proyecto de extender su dominio definitivo sobre el total de Palestina. Sin embargo, desde comienzos de este año la situación ha cambiado. No fue por nada que una sensación de temor y preocupación invadió a la dirigencia sionista cuando vio tambalear a los corruptos regímenes de Mubarak y Ben Alí; no fueron desinteresados los desesperados llamados que lanzó a sus aliados occidentales para que intervinieran contra la rebelión popular. En Egipto el gobierno militar, bajo una fuerte presión de masas, como reveló la reciente ocupación de la embajada israelí en El Cairo, ha tomado distancia de Tel Aviv; otro tanto ha hecho el gobierno de Turquía, luego del asesinato de nueve de sus ciudadanos, integrantes de la flotilla que llevaba ayuda humanitaria a Gaza. La administración del ultraderechista Netanyahu, coaligado con laboristas y partidos religiosos, está cada vez más aislada. Sólo puede contar con el apoyo de Washington y sabe que no es seguro el respaldo de los países europeos. Aun cuando esa oligarquía llamada Consejo de Seguridad no apruebe la incorporación de Palestina como Estado miembro con plenos derechos, la próxima votación abrumadoramente favorable en la Asamblea General, reconociendo parcialmente esos derechos, constituirá una sensible derrota política para el régimen sionista y sus contados aliados. Pero sobre todo constituirá una advertencia de que la historia no se detiene; puede hacer un alto, a veces de varias décadas, en el cual las peores calamidades se descargan sobre los pueblos como en el caso de los palestinos, pero finalmente reemprende su marcha y deja atrás toda la escoria, la maldad y la infamia que acumuló en la época de reacción.

  • Malvinas 
  • Artículo cargado el 28/09/2011 - 00:08

Malvinas: ya sabemos lo que no tenemos que hacer

Marcelo Gullo

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El investigador del Conicet, Vicente Palermo, viene de escribir un interesante y revelador artículo sobre Malvinas. Palermo, investigador del Conicet, se ubica de esa forma en la más genuina tradición intelectual liberal de la Argentina uno de cuyos máximos representantes, en el siglo XIX, fue Don Domingo Faustino Sarmiento. Importa, antes de analizar el artículo de Palermo, volver a traer a la memoria algunas de las máximas de Sarmiento pues, es en el pensamiento del “maestro de América” donde abreva, el pensamiento histórico liberal o progresista. Veamos, entonces, algunas de las opiniones más importantes vertidas por Sarmiento que conforman el ADN del pensamiento de muchos jóvenes intelectuales como Vicente Palermo. El día que Buenos Aires vendió su Escuadra hizo un acto de inteligencia que le honra. Las costas del Sur no valdrán nunca la pena de crear para ellas una Marina. Líbrenos Dios de ello y guardémonos nosotros de intentarlo”.(“El Nacional” - 12/12/1857 ).“La Inglaterra se estaciona en las Malvinas. Seamos francos: esta invasión es útil a la civilización y al progreso”. ( “El Progreso” -  28/11/1842). “Propicio una colonia yanqui en San Juan y otra en el Chaco hasta convertirse en colonias norteamericanas de habla inglesa porque EE.UU. es el único país culto que existe sobre la tierra. España, en cambio, es inculta y bárbara. En trescientos años no ha habido en ella un hombre que piense… Europa ha concluido su misión en la historia de la humanidad”.( años 1866 y 1868).

En el artículo en cuestión Vicente Palermo afirma: “Entre las propuestas concretas disparadoras del debate deberían estar, a mi juicio, las siguientes: 1. la propuesta a Gran Bretaña de reeditar la fórmula del “paraguas de soberanía” como marco para una política de cooperación de gran alcance; 2. el reconocimiento de los isleños (malvinenses/Falklanders) como sujetos de derechos y deseos y no apenas de intereses; 3. la remoción de la cuestión Malvinas de la cúspide de las prioridades de la política exterior argentina y 4. la adopción de algunas decisiones simbólicas y legales (como la relacionada al feriado del 2 de abril)”. De estos cuatro puntos, sin duda, el más importante es el número dos, el reconocimiento de los isleños como sujetos de derecho pues, de esa forma, la Argentina admitirá que los isleños tienen el derecho a la autodeterminación y estos, entonces, podrán elegir “libremente” entre pertenecer a la Argentina o “constituir un estado independiente”. No creemos necesario que el Estado Argentino recurra a la encuestadora Mora y Araujo para saber el posible resultado de tal votación. La posición de Palermo tiene la virtud, como la tenía la de Sarmiento, de ser clara y prístina. La versión de Palermo nos es de una gran utilidad pues revela cabalmente los pasos que Inglaterra quiere que la Argentina siga. De esta forma se encuentra perfectamente justificado su sueldo en el Conicet. Al saber lo que los ingleses quieren que hagamos sabemos, entonces, lo que no tenemos que hacer.

Bibliografía:

Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador, Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario, graduado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid, obtuvo el Diploma de Estudios Superiores (Maestría) en Relaciones Internacionales, especialización en Historia y Política Internacional, por el Institut Universitaire de Hautes Etudes Internationales, de Ginebra. Discípulo del politólogo brasileño Helio Jaguaribe y del sociólogo y teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré, ha publicado numerosos artículos y libros, entre ellos Argentina Brasil: La gran oportunidad (prólogo de Helio Jaguaribe y epílogo de Alberto Methol Ferré) y La insubordinación fundante: Breve historia de la construcción del poder de las naciones (traducido al italiano y publicado en Firenze con el título La Costruzione del Potere, ed Vallecchi, 2010), asesor en materia de Relaciones Internacionales de la Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura (FLATEC) y profesor de la UNLA (Universidad Nacional de Lanús)

  • Bolivia Izquierda Nacional 
  • Artículo cargado el 26/09/2011 - 02:40

Geopolítica brasileña

Andrés Soliz RadaIzquierda Nacional de Bolivia

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La fuerza geopolítica del Brasil es tan grande con relación a sus vecinos, con excepción de Argentina y Venezuela, que les rompe las costillas aún cuando quiere abrazarlos amistosamente. Al no existir una contraparte hispanoamericana, las líneas maestras de la política bandeirante no tienen freno. Lo anterior se halla estimulado por la herencia de la diplomacia de Portugal, que desplegó profesionalismo y creatividad para impedir que ambiciones expansionistas en el viejo continente terminen con su existencia. Esa geopolítica defensiva se transformó en geofagia en la América del Sur, en cuya historia aparecen no pocas veces los diplomáticos de Lisboa ganando contiendas al Imperio Hispano en la mesa de negociaciones, pese a haberlas perdido en los campos de batalla.
Su base de sustentación está en la burguesía de San Pablo, que convirtió a Brasil en acreedor del FMI, incrementó su influencia en el Banco Mundial, privatizó un tercio de la Amazonía en favor de ganaderos y madereros, logró que IIRSA se acomode a sus intereses de infraestructura vial, compró a Francia un submarino nuclear para proteger sus reservas de gas junto al mar, para luego anular la adquisición de aviones franceses y reemplazarlos por otros de fabricación estadounidense. Ha sido sede del Foro Social Mundial, en el que expusieron sus posiciones anticapitalistas Castro, Chávez y Evo Morales, sin preocuparse que la Fundación Ford, vinculada a la CIA y que ayudó a Hitler a tomar el poder, fuera una de sus principales auspiciadoras.
El pasar a rango de potencia emergente, junto a Rusia, India y China (BRIC), acentuará el pragmatismo de sus relaciones exteriores, más aún, después de haber inclinado la balanza a favor de Evo, cuando éste se hallaba enfrentado a la “Media Luna”, a la que se había infiltrado la separatista Nación “Camba”. El apoyo del ex líder obrero a las candidaturas del MAS, hizo que el Presidente boliviano calificara a Lula de “hermano mayor”, quien aprovechó esa condición para mantener el control sobre YPFB y facilitar créditos bancarios para carreteras.
En la frontera boliviana, son decenas los enfermos de poblaciones indígenas que acuden a hospitales de Brasil y cientos los escolares que aprenden a leer en portugués, en tanto el país vecino se siente con derecho a postergar la siderurgia del Mutún, las separadoras de líquidos o la explotación del litio. Sólo muy de vez en cuando logra ponerse freno a desmedidos abusos de algún empresario brasileño, como ocurrió con Eike Batista, quien pretendía instalar una acería con carbón vegetal, a pocos kilómetros del gasoducto que exporta gas a San Pablo. Fue positivo el papel de Evo en combatir al separatismo e impulsar la conciencia indígena. Lástima que no hubiera desplegado similar empeño en desarrollar la conciencia nacional.

  • Medio Oriente 
  • Artículo cargado el 26/09/2011 - 02:31

Palestina: La responsabilidad de los creyentes judíos

Facundo Arrieta

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“Después de 63 años de sufrimiento, ya basta, ya basta, ya basta. Ha llegado el momento”, se pronunció Mahmud Abbas, el líder de la autoridad palestina al momento de solicitar en la ONU el reconocimiento de Palestina como nación soberana. Luego de dos oradores más, Benjamin Netanyahu, titular del grupo sionista que mantiene ocupada la mayor parte del territorio palestino (bajo el nombre de Israel), rechazó la posibilidad del reconocimiento hasta tener “acuerdos reales” para la seguridad de su país.

El discurso Benjamin Netanyahu insulta nuestra inteligencia, al tiempo que resulta un monumento al cinismo. El representante del grupo terrorista convoca a los palestinos a negociar, eso sí, ¡sin cuestionar invasiones al territorio palestino!

Muy conocidas son las innumerables violaciones a los derechos humanos y los reiterados incumplimientos de resoluciones de la ONU que las obligan a desocupar las tierras palestinas invadidas, pero no tanto la razón de ser y los orígenes del grupo sionista, comenzando por su alianza con Hitler.[1]

La política sionista se respalda en una efectiva campaña de propaganda destinada a confundir a la opinión pública internacional, con el determinante apoyo de las principales empresas de desinformación que controlan las más importantes cadenas de televisión, radio y prensa escrita. Dicha campaña está basada en la pretensión de hacer creer que judaísmo, semitismo y sionismo son una misma cosa. Así, el legítimo repudio de millones de personas a la ideología sionista se difunde como “antijudaísmo” y “antisemitismo”.[2]

Cabe destacar que dicho repudio es practicado también por creyentes judíos que no han sido embaucados por la propaganda sionista.[3].

A pesar de la insidiosa y efectiva propaganda sionista, debemos asumir la responsabilidad de conocer la verdad y difundirla. Utilizados como excusa por los sionistas, los creyentes judíos deben asumir la principal responsabilidad en esta tarea. Los judíos de todas las nacionalidades deberían ser los primeros en repudiar que los terroristas sionistas los involucren atribuyéndose una ilegítima representatividad judía al cometer sus crímenes contra el heroico pueblo palestino.

Notas:
  1. Al respecto, ver http://www.scribd.com/doc/8795770/Los-Mitos-Fundacionales-Del-Estado-de-Israel-GARAUDY-Roger.
  2. Ver La cuestión en de Oriente Próximo y también Uki Goñi y la manipulación mediática
  3. Ver http://www.nkusa.org/foreign_language/spanish/UASR.cfm y www.nkusa.org)
  • Medio Oriente 
  • Artículo cargado el 21/09/2011 - 23:17
Mensaje del presidente Chávez a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas

¡Palestina vivirá y vencerá!

¡Larga vida a Palestina libre, soberana e independiente!
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Dirijo estas palabras a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, a este gran foro donde están representados todos los pueblos de la tierra, para ratificar, en este día y en este escenario, el total apoyo de Venezuela al reconocimiento del Estado palestino: al derecho de Palestina a convertirse en un país libre, soberano e independiente. Se trata de un acto de justicia histórico con un pueblo que lleva en sí, desde siempre, todo el dolor y el sufrimiento del mundo.

El gran filósofo francés Gilles Deleuze, en su memorable escrito La grandeza de Arafat, dice con el acento de la verdad: La causa palestina es ante todo el conjunto de injusticias que este pueblo ha padecido y sigue padeciendo. Y también es, me atrevo agregar, una permanente e indoblegable voluntad de resistencia que ya está inscrita en la memoria heroica de la condición humana. Voluntad de resistencia que nace del más profundo amor por la tierra.

Mahmud Darwish, voz infinita de la Palestina posible, nos habla desde el sentimiento y la conciencia de este amor: No necesitamos el recuerdo / porque en nosotros está el Monte Carmelo/ y en nuestros párpados está la hierba de Galilea. / No digas: ¡si corriésemos hacia mi país como el río! / ¡No lo digas! / Porque estamos en la carne de nuestro país / y él está en nosotros.

Contra quienes sostienen, falazmente que lo ocurrido al pueblo palestino no es un genocidio, el mismo Deleuze sostiene con implacable lucidez: En todos los casos se trata de hacer como si el pueblo palestino no solamente no debiera existir, sino que no hubiera existido nunca. Es, cómo decirlo, el grado cero del genocidio: decretar que un pueblo no existe; negarle el derecho a la existencia.

A propósito, cuánta razón tiene el gran escritor español Juan Goytisolo cuando señala contundentemente: “La promesa bíblica de la tierra de Judea y Samaria a las tribus de Israel no es un contrato de propiedad avalado ante notario que autoriza a desahuciar de su suelo a quienes nacieron y viven en él.” Por eso mismo, la resolución del conflicto del Medio Oriente pasa, necesariamente, por hacerle justicia al pueblo palestino; éste es el único camino para conquistar la paz.

Duele e indigna que quienes padecieron uno de los peores genocidios de la historia, se hayan convertido en verdugos del pueblo palestino: duele e indigna que la herencia del Holocausto sea la Nakba. E indigna, a secas, que el sionismo siga haciendo uso del chantaje del antisemitismo contra quienes se oponen a sus atropellos y a sus crímenes.

Israel ha instrumentalizado e instrumentaliza, con descaro y vileza, la memoria de las víctimas. Y lo hace para actuar, con total impunidad, contra Palestina. De paso, no es ocioso precisar que el antisemitismo es una miseria occidental, europea, de la que no participan los árabes. No olvidemos, además, que es el pueblo semita palestino el que padece la limpieza étnica practicada por el Estado colonialista israelí.

Quiero que se me entienda: una cosa es rechazar al antisemitismo, y otra muy diferente aceptar pasivamente que la barbarie sionista le imponga un régimen de apartheid al pueblo palestino. Desde un punto de vista ético, quien rechaza lo primero, tiene que condenar lo segundo.

Una digresión necesaria: es francamente abusivo confundir sionismo con judaísmo; no pocas voces intelectuales judías, como las de Albert Einstein y Erich Fromm, se han encargado de recordárnoslo a través del tiempo. Y, hoy por hoy, es cada vez más numerosa la ciudadanía consciente que, en el propio Israel, se opone abiertamente al sionismo y a sus prácticas terroristas y criminales.

Hay que decirlo con todas sus letras: el sionismo, como visión del mundo, es absolutamente racista. Estas palabras de Golda Meir, en su aterrador cinismo, son prueba fehaciente de ello: ¿Cómo vamos a devolver los territorios ocupados? No hay nadie a quien devolverlo. No hay tal cosa llamada palestinos. No era como se piensa que existía un pueblo llamado palestino, que se considera él mismo como palestino y que nosotros llegamos, los echamos y les quitamos su país. Ellos no existían.

Necesario es hacer memoria: desde finales del siglo XIX, el sionismo planteó el regreso del pueblo judío a Palestina y la creación de un Estado nacional propio. Este planteamiento era funcional al colonialismo francés y británico, como lo sería después al imperialismo yanqui. Occidente alentó y apoyó, desde siempre, la ocupación sionista de Palestina por la vía militar.
Léase y reléase ese documento que se conoce históricamente como Declaración de Balfour del año 1917: el Gobierno británico se arrogaba la potestad de prometer a los judíos un hogar nacional en Palestina, desconociendo deliberadamente la presencia y la voluntad de sus habitantes. Hay que acotar que en Tierra Santa convivieron en paz, durante siglos, cristianos y musulmanes, hasta que el sionismo comenzó a reivindicarla como de su entera y exclusiva propiedad.

Recordemos que, desde la segunda década del siglo XX, el sionismo, aprovechando la ocupación colonial británica de Palestina, comenzó a desarrollar su proyecto expansionista. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, se exacerbaría la tragedia del pueblo palestino, consumándose la expulsión de su territorio y, al mismo tiempo, de la historia. En 1947 la ominosa e ilegal resolución 181 de Naciones Unidas recomienda la partición de Palestina en un Estado judío, un Estado árabe y una zona bajo control internacional (Jerusalén y Belén). Se concedió, vaya qué descaro, el 56% del territorio al sionismo para la constitución de su Estado. De hecho, esta resolución violaba el derecho internacional y desconocía flagrantemente la voluntad de las grandes mayorías árabes: el derecho de autodeterminación de los pueblos se convertía en letra muerta.

Desde 1948 hasta hoy, el Estado sionista ha proseguido con su criminal estrategia contra el pueblo palestino. Para ello, ha contado siempre con un aliado incondicional: los Estados Unidos de Norteamérica. Y esta incondicionalidad se demuestra a través de un hecho bien concreto: es Israel quien orienta y fija la política internacional estadounidense para el Medio Oriente. Con toda razón, Edward Said, esa gran conciencia palestina y universal, sostenía que cualquier acuerdo de paz que se construya sobre la alianza con EEUU será una alianza que confirme el poder del sionismo, más que confrontarlo.

Ahora bien: contra lo que Israel y Estados Unidos pretenden hacerle creer al mundo, a través de las transnacionales de la comunicación, lo que aconteció y sigue aconteciendo en Palestina, digámoslo con Said, no es un conflicto religioso: es un conflicto político, de cuño colonial e imperialista; no es un conflicto milenario sino contemporáneo; no es un conflicto que nació en el Medio Oriente sino en Europa.

¿Cuál era y cuál sigue siendo el meollo del conflicto?: se privilegia la discusión y consideración de la seguridad de Israel, y para nada la de Palestina. Así puede corroborarse en la historia reciente: basta con recordar el nuevo episodio genocida desencadenado por Israel a través de la operación “Plomo Fundido” en Gaza.

La seguridad de Palestina no puede reducirse al simple reconocimiento de un limitado autogobierno y autocontrol policíaco en sus “enclaves” de la ribera occidental del Jordán y en la franja de Gaza, dejando por fuera no sólo la creación del Estado palestino, sobre las fronteras anteriores a 1967 y con Jerusalén oriental como su capital, los derechos de sus nacionales y su autodeterminación como pueblo, sino, también, la compensación y consiguiente vuelta a la Patria del 50% de la población palestina que se encuentra dispersa por el mundo entero, tal y como lo establece la resolución 194.

Es increíble que un país (Israel) que debe su existencia a una resolución de la Asamblea General, pueda ser tan desdeñoso de las resoluciones que emanan de las Naciones Unidas, denunciaba el padre Miguel D’Escoto cuando pedía el cese de la masacre contra el pueblo de Gaza, a finales de 2008 y principios de 2009.

Señor Secretario General y distinguidos representantes de los pueblos del mundo:
Es imposible ignorar la crisis de Naciones Unidas. Ante esta misma Asamblea General sostuvimos, en el año 2005, que el modelo de Naciones Unidas se había agotado. El hecho de que se haya postergado el debate sobre la cuestión palestina, y que se le esté saboteando abiertamente, es una nueva confirmación de ello.

Desde hace ya varios días, Washington viene manifestando que vetará en el Consejo de Seguridad lo que será resolución mayoritaria de la Asamblea General: el reconocimiento de Palestina como miembro pleno de la ONU. Junto a las Naciones hermanas que conforman la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), en la Declaración de reconocimiento del Estado palestino, hemos deplorado, desde ya, que tan justa aspiración pueda ser bloqueada por esta vía. Como sabemos, el imperio, en éste y en otros casos, pretende imponer un doble estándar en el escenario mundial: es la doble moral yanqui que viola el derecho internacional en Libia, pero permite que Israel haga lo que le dé la gana, convirtiéndose así en el principal cómplice del genocidio palestino a manos de la barbarie sionista. Recordemos unas palabras de Said que meten el dedo en la llaga: Debido a los intereses de Israel en Estados Unidos, la política de este país en torno a Medio Oriente es, por tanto, israelocéntrica.

Quiero finalizar con la voz de Mahmud Darwish en su memorable poema Sobre esta tierra: “Sobre esta tierra hay algo que merece vivir: sobre esta tierra está la señora de/ la tierra, la madre de los comienzos, la madre de los finales. Se llamaba Palestina. Se sigue llamando/ Palestina. Señora: yo merezco, porque tú eres mi dama, yo merezco vivir.”

Se seguirá llamando Palestina: ¡Palestina vivirá y vencerá! ¡Larga vida a Palestina libre, soberana e independiente!

Hugo Chávez Frías
Presidente de la República Bolivariana de Venezuela

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  • Artículo cargado el 08/09/2011 - 20:25
En memoria

Juan Barat

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El pasado 6 de septiembre falleció Juan Barat. Su nombre ha quedado asociado a la histórica empresa de construir con banderas socialistas y revolucionarias, una organización política de los trabajadores y el pueblo argentino.

En la primera mitad de los años 60’ Barat integró el Comité Ejecutivo Nacional y la Mesa Ejecutiva del Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN), junto a Ramos, Spilimbergo, Carpio, Blas Alberti, Analía Payró, Laclau, entre otros. Eran los años en que el cúmulo de teoría y propaganda producido desde las jornadas iniciales de 1945 se afianzaba en el terreno de la práctica y la organización. Por entonces Clase Obrera y Poder, tesis política del Congreso de Villa Allende y una nueva edición de Revolución y Contrarrevolución en la Argentina de Abelardo Ramos, junto a Lucha Obrera, Izquierda Nacional y los títulos de la Editorial Coyoacán, marcaban la presencia de una fuerza emergente que, con rumbo socialista, enarbolaba las mismas banderas nacionales, democráticas y antiimperialistas que guiaban a los trabajadores y a las grandes masas explotadas.

En esa época Barat se desempeño en la dirección del frente estudiantil del PSIN, a través del cual se extendió la influencia de la izquierda nacional en la nueva generación que ingresaba a la lucha política tras la derrota nacional de septiembre de 1955.

Durante dos períodos diferenciados, en las décadas del 80’ y del 90’, Barat formó parte del Partido de la Izquierda Nacional (PIN) fundado en 1983 bajo la jefatura de Jorge Enea Spilimbergo. A comienzo de los 90’ estuvo entre los fundadores de Socialismo Latinoamericano, desde donde continuó sosteniendo las posiciones de la Izquierda Nacional. Esta Página conserva artículos de su firma que mantienen toda su vigencia en el orden de la política y la teoría.

Además de su militancia en el terreno de la lucha partidaria, Barat practicó el periodismo político en la revista La Gaceta y en El mapa de este mundo y en Trabalenguas, programas radiales que junto con la publicación produjo con su compañera María Peña.

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  • Artículo cargado el 07/09/2011 - 23:07

¿Gestionar o gobernar?

Guillermo HamlinSocialismo Latinoamericano

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El sustantivo “gestión” y el verbo “gestionar” son repetidos frecuentemente en los discursos de los miembros de la “partidocracia”. Tanto los pertenecientes al oficialismo como los que militan en la así llamada “oposición”. Parece haber un reemplazo de significados, tendiendo a usar dichos vocablos en lugar de “gobierno” y “gobernar”.Las palabras “gestión” y gestionar” nos remiten a la administración que un gerente hace en una empresa, antes que al gobernante de un país. Este desplazamiento de la utilización de dichos vocablos tiene que ver, a mi juicio, con los límites que los miembros del oficialismo y los que aspiran a sucederlo, aceptan en su desempeño como gobernantes.

Estos límites son claros en una empresa. Al gerente contratado para su administración o “gestión”, ni se le ocurre meterse con la estrategia de la empresa y sus más importantes decisiones, que las toma el dueño o el directorio que representa a los accionistas. Los gobernantes de nuestro país y los que aspiran a su reemplazo, lo que denominamos la “partidocracia”, también tienen bien claro cuáles son sus límites: administrar o “gestionar” la estructura socioeconómica instalada por el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, sin salirse de sus precisos contornos. Ni se les ocurre cambiar dichas estructuras.

El nefasto golpe cívico-militar, de inspiración oligárquico-imperialista, contrarrevolucionario, desmanteló los avances logrados por la Revolución Nacional conducida por el Gral. Perón entre 1946 y 1955 y que de alguna manera y en cierta medida, habían perdurado hasta 1976. Reubica a la Argentina en la división internacional del trabajo, reduciéndola a un perfil de economía primarizada.

El entramado legal que enmarca todo este cambio estructural, comienza con la legislación financiera de 1977 y la de inversiones extranjeras de 1980, ambas establecidas durante el gobierno de facto de Martínez de Hoz-Videla. Ambas leyes siguen hoy vigentes manteniendo la “seguridad jurídica”, para beneplácito de las corporaciones transnacionales. El ilegítimo y fraudulento endeudamiento externo contraído en ese período, es reconocido como legítimo durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Los gobiernos sucesivos siguen incrementando el endeudamiento y pagando sus servicios. En 1989 y 1990 durante el gobierno de Domingo Cavallo-Menem, se firman los Tratados de Paz con Gran Bretaña, declinando soberanía en todos los renglones, dando seguridades a las inversiones británicas y prioridad ante otras naciones. Tratados Bilaterales de Inversión similares se firmaron con el resto de las naciones de la Commonwealth y de la Unión Europea, Estados Unidos y Japón. Estos tratados hoy siguen vigentes y en condiciones de ser denunciados. Durante el gobierno de Cavallo-Menem se entregaron a precio vil las Empresas Estratégicas del Estado. Esto no fue revertido por gobiernos posteriores. Desde principios de 1990 se comienza a implementar una nueva política minera, que introduce cambios sustanciales en la legislación, que permiten la depredación de nuestros recursos mineros y contaminación del medio ambiente, que hoy está a la orden del día. En 1994, la reforma constitucional realizada por la “partidocracia”, cuyo contenido transfiere a los estados provinciales la propiedad de los recursos del subsuelo, ha fomentado los intereses de burocracias provinciales corruptas, ha facilitado la entrega al extranjero de recursos para su explotación y que importantes ganancias sean remitidas al exterior, ha tergiversado el concepto de federalismo y ha dejado a la nación sin planificación estratégica.

Si bien el kirchnerismo forma parte de la “partidocracia”, se diferencia del arco de la así llamada “oposición”, a la que ha derrotado en las elecciones primarias en forma categórica. Ciertos avances en el papel del Estado como regulador de determinadas áreas de la economía, innegables mejoras en distintos rubros, que mejoran la situación social de las clases de menores recursos, la convocatoria a los jóvenes hecha por Cristina F. de Kirchner en tono épico a “profundizar el modelo” le ha permitido contar con un respaldo electoral decisivo. Los trabajadores y las masas populares saben que del arco opositor no pueden esperar nada. Este haber será aprovechado por el kirchnerismo y Cristina F. de Kirchner tendrá cuatro años más para seguir, según su discurso, profundizando el “modelo”. Es posible, que las bases que aprueban lo hecho hasta ahora, presionen para que profundizar el modelo, signifique romper con las estructuras que mantienen a la Argentina en dependencia semicolonial.

En la medida en que la crisis del capitalismo golpee a la economía argentina, se incrementarán las tensiones sociales, lo cual a su vez aumentará la divergencia entre el discurso “épico” y los hechos reales. En ese momento, los jóvenes convencidos por el relato “épico” y los trabajadores, sobre quienes el golpe de la crisis se descargará con mayor fuerza, reclamarán, presionarán, para que el “relato épico” se transforme en una real epopeya de liberación nacional. En esas circunstancias, Cristina Fernández de Kirchner se enfrentará a la cavilación hamleteana de ¿ser o no ser? ¿Gestionar o Gobernar?

  • Declaraciones 
  • Artículo cargado el 01/09/2011 - 20:49

¡Fuera los bandidos imperialistas de Libia!

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Los partidos políticos, entidades, hombres y mujeres independientes, repudiamos la grosera intervención imperialista anglo-franco-norteamericana en los asuntos internos de la República Libia, con criminales bombardeos aéreos y navales, que han costado miles de víctimas y que viola abiertamente los principios del Derecho Internacional. El cinismo del bandidaje imperialista, fue precedido con una pseudo resolución de febrero de 2011, del llamado Consejo de Seguridad de la ONU,  La resolución, tuvo el mismo carácter cínico de la Resolución Nº 502/82, efectuada por la oligarquía de los países imperialistas que es el Consejo de Seguridad de la ONU (CS-ONU), que en 1982 declaró a la República Argentina como “país agresor”, por el “delito” de haber recuperado militarmente su territorio usurpado por el Reino Unido, desde el 1º de enero de 1833 de las Islas Malvinas. En otra resolución de similar tenor del año 1992, el CS-ONU, intervino en los asuntos internos de la República Socialista Federativa Yugoeslava, aplicándole sanciones económicas y suspendiéndola de participar de los organismos de la ONU.

La resolución mencionada del CS-ONU, violatoria del Derecho Internacional, de abierta intromisión de los países imperialistas en los asuntos internos de la República Libia, tiene la misma “legalidad” por la cual la Alemania nazi en 1938, en la Conferencia de Munich destruyó la unidad territorial y soberana de la República de Checoeslovaquia y preparó el terreno para la II guerra imperialista (1939-1945). Hoy, el accionar de los bandidos imperialistas y neo colonialistas tienen un claro objetivo, es el desmembramiento del país norafricano, para apoderarse de sus ingentes reservas de petróleo. Instrumentaron ello con variados recursos, como la intervención directa de los servicios de inteligencia franceses e ingleses –a partir de octubre del 2010-, la conformación de un comité títere financiado desde París, Londres y los EEUU, los criminales bombardeos aéreos y navales, para culminar con la intervención en el terreno de un ejército mercenario armado por la CIA y comandado por oficiales de la OTAN. Además de esas acciones, se agregan el fraudulento pillaje de recursos libios como el ilegal embargo de 140 tn de oro y 200.000 millones de dólares depositados por el Estado Libio, en bancos europeos y norteamericanos, junto con el también ilegal embargo de las acciones de empresas europeas, compradas por Libia.

Llamamos a todos los ciudadanos argentinos a repudiar la criminal agresión de la coalición imperialista, contra el pueblo y las legítimas autoridades de la República Libia, exigiendo el inmediato retiro de las tropas extranjeras y la de sus títeres y mercenarios. Al mismo tiempo, exigimos la inmediata declaración del Gobierno Argentino que junto al UNASUR, repudie la intervención imperialista y que sean juzgados penalmente en el plano internacional, los responsables políticos y militares de los criminales bombardeos de la OTAN, el Presidente de Francia Nicolás Sarkosy, el Primer Ministro de Gran Bretaña, David Cameron y el Presidente de los EEUU, Barak Obama.

Marchemos sobre las Embajadas de Francia, Gran Bretaña y los EEUU, a fin de mostrar el repudio del Pueblo Argentino hacia los actos del imperialismo mundial y en solidaridad con el Pueblo Libio, con las legítimas autoridades del Gobierno de la República de Libia y con el conductor de la Revolución Libia, el Cnel. Muhammar Gaddafi.
 
Buenos Aires, 26 de agosto de 2011
 
Firman: Centro Cultural Alejandro Olmos, Centro de Estudios Económicos Mariano Fragueiro (CEEMFRA), Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN 2ª época), Socialismo Latinoamericano, Movimiento Cóndor, Movimiento Nacional Revolucionario, Resistencia Patriotica, Frente de Agrupaciones Peronistas (FAP), Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR de Chile), Félix Rodríguez Trelles (físico, Miami. EE.UU.), Elsa Repetto (abogada, Rosario), Juan Carlos Cámpora (médico, Cap. Fed.), Leopoldo Markus (contador, Cap. Fed.), Rafael Diaz Martínez (abogado, Catamarca), Horacio Sorbano (empleado, Cap. Fed),  María Inés Troncoso (empleada, Chubut), Miguel Martínes (periodista, Chubut), Edith Macias (periodista, Cap. Fed.), Mario Gurioli (Dip. Nac. (m.c.) (Quilmes, P.B.A.), Norberto Demonte (prof.universitario, Santa Fé), Adrian Caminos (arquitecto, Cap. Fed.), Claudia Anzoátegui (empleada, San Martín, P.B.A.), Diego Alvarez Canals (empresario, San Isidro P.B.A.) Pablo Cabrejas (empresario, Cap. Fed.) Rubén Tamborindeguy (profesor, Cap. Fed.) Juan Pablo Cabrejas (estudiante, Cap. Fed.), Guido Straforini (contador, Temperley, P.B.A.), Horacio Ricciardelli (vicecom. VGM, Cap. Fed.), Osvaldo Calello (periodista, Cap.Fed.), Gustavo Cangiano (Lic. Psicología, Cap. Fed.), Guillermo Hamlin (ingeniero, Cap. Fed.), Leopoldo A. Obal ( Lic. Cs.Políticas, Cap. Fed.), Miguel Di Vincenzo (comerciante, Cap. Fed.), Andrea Chame (docente, Cap. Fed.), María Belen Petz (estudiante, Cap. Fed.) Camilo Echavarria (albañil, Cap. Fed.), María Eva Muzzopappa ( comerciante, Cap. Fed.), Mario Cafiero (Dip. Nac.(m.c., La Plata, P.B.A.), Juan Garreta (operario, Lanús P.B.A.), Gladis Ceresole (ama de casa, Cap.Fed.), Jorge Santos (comerciante, San Miguel, P.B.A.), Adiana Diaz (jubilada, Cap.Fed.), Graciela Bonetto (artista plástica, Cap. Fed.), Sebastian Muñoz (gráfico, Ciudadela, P.B.A.), Pililo Montes (jubilado, San Miguel, P.B.A.), Juan Manuel Soaje Pinto (contador, Cap.Fed.), Héctor Rosendo (mecánico, Cap. Fed.), Alejandro Bauer (abogado, Cap. Fed.), Liliana Chevalier (actriz, Córdoba), Patricio Cernadas (gráfico, Cap. Fed.), Diego Salce (comerciante, Quilmes P.B.A.), Raimundo Sillitti (economista y docente, Cap.Fed.), Andrés Solis Rada (periodista, La Paz, Bolivia), Alicia Cóceres ( jubilada, Cap. Fed.), Daniel Araujo (jubilado, Cap. Fed.), Nelly Bellini (ama de casa, Cap. Fed.), Jorge Buenaventura (periodista, Cap. Fed.), Laura Frieschknech (médica, Ciudadela, P.B.A.), Carlos Berger (periodista, Cap. Fed.), Oscar García Campos (empleado, Cap. Fed.), Néstor Amigorena (comerciante, Cap. Fed.), José Delaudo (operario, Caseros, P.B.A.), Elisa Picone (operaria, Caseros, P.B.A.), Elvira Soldati (artesana, Cap. Fed.), Saverio Amicone (florista, Cap. Fed.),  Claudio Abdel (comerciante, Cap. Fed.), Emilio Amin (comerciante, Cap. Fed.), Ismael Mohammed (comerciante, Cap. Fed.), Roberto Elías (médico, Cap. Fed.), Atilio Murrone (operario, Morón, P.B.A.), Ivan Panasiuk (metalúrgico, San Justo P.B.A.), Raúl Rivero ( abogado, Cap. Fed.), Josefina Corti (operaria, Caseros, P.B.A.) Carmela Bruzzone (psicóloga, Ramos Mejía, P.B.A.), Facundo Olivari (periodista, Ciudadela, P.B.A.), Diego Silva (albañil, San Martín, P.B.A.), Raúl Rodriguez (abogado, Cap. Fed.) Nélida Chumacero (ama de casa, Cap. Fed.), Sergio Edelman (médico, Cap. Fed.), Emilio Mignan (profesor, Cap. Fed.), Elvio Guevara (empleado, Cap. Fed.), Jorge Brostein (ingeniero, Ciudadela, P.B.A.), Juan Carlos Castellani (empleado, Merlo, P.B.A.), José Ferretti (sacerdote, Morón, P.B.A.), Elcira Gallardo (empleada, Lanús, P.B.A.),  siguen las firmas…

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 30/08/2011 - 19:43

Sindicalismo y Progresismo: el kirchnerismo y sus “contradicciones secundarias”

Juan Manuel LucasSocialismo Latinoamericano

La categórica victoria del oficialismo en las primarias abiertas y obligatorias permite visualizar un horizonte político caracterizado por las disputas y contradicciones en el seno del kirchnerismo entre las invocaciones a la profundización, o al cambio de “el modelo”.

La fortaleza electoral del oficialismo puede desagregarse, independientemente de la composición de la infame y miserable oposición, en el creciente protagonismo de dos sujetos sociales que en su articulación definen el componente popular del kirchnerismo: sindicalismo y progresismo pequeñoburgués. El Partido Justicialista se limita en este marco a negociar sus intereses burocráticos propios, traduciendo territorialmente las distintas correlaciones de fuerzas que en el seno del kirchnerismo se establecen entre estos dos componentes básicos.

El componente pequeño burgués ha sido el encargado de dotar de una perspectiva ideológica propia al oficialismo aumentando paulatinamente su capacidad de interpelación desde áreas tradicionalmente sensibles a las ansías progresistas: el derecho humanismo (con la reactivación de los juicios), las cuestiones de género (con el matrimonio igualitario) o las disputas simbólicas (con la implementación de la ley de medios) han constituido una serie de hitos que sedujeron particularmente a amplios sectores medios ilustrados y que, hoy por hoy, se proyectan en la eventualidad de la despenalización del aborto o el consumo personal de estupefacientes. La consolidación de este imaginario, tan ecléctico y contradictorio como eficaz, se evidenció en las multitudinarias movilizaciones durante el bicentenario o las exequias de Néstor Kirchner.

El componente sindical, por su parte, ha adquirido un creciente protagonismo sobre las altas tasas de crecimiento, la recuperación del empleo formal, y la posibilidad de renegociar la tasa de explotación sosteniendo el salario año a año. Si un curioso setentismo democratista y de “izquierdas” moviliza a la pequeña burguesía k, un peronismo ortodoxo y referenciado en la primera década sostiene las invocaciones sobre aquella idílica comunidad organizada que fija los límites discursivos de los más lúcidos referentes de la CGT. Cristalizada en la recuperación de los aportes previsionales, la asignación universal, o la expansión de los derechos jubilatorios, su proyección inmediata se enmarca en el proyecto Recalde sobre participación de los trabajadores en la rentabilidad empresaria.

Las divergencias entre clase obrera y pequeña burguesía han sido una constante en la historia argentina expresándose ideológicamente en las disputas entre nacionalismo popular antiimperialista y reformismo democrático progresista. El núcleo del poder oficialista dejó clara su postura con respecto a estas dos perspectivas favoreciendo un considerable crecimiento de su factor pequeño burgués a costa de cuadros, espacios y cargos que la CGT disputó reasumiendo el desafío de trascender los límites específicamente sindicales de su práctica.

El rotundo triunfo electoral del oficialismo desde esa estrategia no parece preanunciar una radicalización antiimperialista por parte del gobierno, no sugiere la posibilidad de cambiar, transformar o superar un modelo de inocultables deudas con la estructura de la dependencia periférica.

La eventualidad de un cambio de rumbo en franca oposición al capital extranjero no dependerá, en este marco, de las disputas con que la partidocracia, desde el Pro al neocamporismo, entretiene a los editorialistas dominicales, sino de las formas en que la clase obrera, con sus direcciones burocratizadas incluidas, asuma un complejo desafío que apunta en dos direcciones decisivas y en tensión, pero imprescindibles y complementarias desde el punto de vista de la emancipación: un aumento de la autonomía obrera con respecto al estado y sus satélites, particularmente al pejotismo; y un imprescindible y urgente proceso de democratización en sus estructuras organizativas en que el protagonismo político no sea concebido como una graciosa concesión que se mendiga, sino como el resultado de la lucha, la movilización y la reorganización de las amplias masas laburantes, esas que, aún hoy, guardan la clave de la liberación nacional.

  • Crítica literaria 
  • Artículo cargado el 27/08/2011 - 17:37
Pedro Godoy Perrin

El nacionalismo de izquierda en Chile

Honorio Alberto DíazSocialismo Latinoamericano

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Por gentileza del CEPEN nos llega este trabajo del chileno Pedro Godoy Perrin, desde tiempo atrás vinculado a la corriente de izquierda nacional en la Argentina. El estudio se encuentra precedido de un “Prólogo para argentinos” realizado por Roberto A. Ferrero, de eficaz utilidad didáctica. Pese a la síntesis que campea en el ensayo, queda posibilitada una lectura instructiva y enriquecedora.

Godoy Perrin es titular de la Sociedad Científica de Chile y cofundador del Centro de Estudios Chilenos que se permite caracterizar con estas palabras: “CEDECH se articula en torno a 1982 y es la única entidad que, en medio de la oceánica anglofilia, apoya a Argentina en la guerra de Malvinas. No sólo eso, ha insistido en la conveniencia económica y geoestratégica de desenclaustrar a Bolivia, coincide con el P. Ejecutivo en evitar el conflicto con Argentina por el Beagle y aplaude el Tratado de Paz y Amistad que pone fin a ese peligro de conflagración. Así como ayer acata el fallo arbitral sobre Laguna del Desierto hoy apuesta al dictamen de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en lo que al límite marítimo con Perú se refiere” (p. 6). Fundado por personalidades de distintas vertientes, postula una concepción nacionalista iberoamericana tendiente a superar la fragmentación de la nación continental.

Resulta evidente el afán de diferenciación con el nacionalismo de la “patria chica” y de sus cambiantes adhesiones a Hitler, Mussolini o Franco. Convoca a los chilenos a abogar por la “patria grande” despreciando los enfrentamientos fronterizos y los hechos de armas justificados desde un racismo blancocrático, que presenta un país acorralado por el imperialismo argentino que apoyan Bolivia y Perú.

En la década del Centenario emerge un nacionalismo originario crítico de la oligarquía gobernante. El mismo se robustece con la presidencia de Arturo Alessandri (1924) y un amplio apoyo popular. Posteriormente ibañismo y el govismo pasan a ocupar el espacio político de los años treinta. Todos estos procesos son sintéticamente esbozados en el trapajo de Godoy Perrin.

Posteriormente aborda la apertura hacia el camino de encuentro latinoamericanista que entraña el proyecto del ABC, que considera “tan distante de la Casa Blanca como de Moscú” (p.4). Explica su desarticulación por el congelamiento de Vargas y el estancamiento de Ibáñez, para desintegrarse en 1955 cuando Perón es derrocado.

Al finalizar se refiere al apoyo crítico brindado al gobierno de Allende. Pero señala errores de conducción y deplora el sectarismo que significó la cubanización de la política intercontinental. El desabastecimiento, el mercado negro, y la inflación llevaron a la crisis de 1973 que desmoronó súbitamente al oficialismo.

Para el lector interesado resultará aconsejable complementar la lectura de este texto con el libro de Ferrero Enajenación y nacionalización del socialismo latinoamericano, que posee un capítulo dedicado al caso chileno.

Pese al título del estudio, Godoy Perrin manifiesta que prefiere como menos impreciso el nombre de “nacionalismo popular” al de “nacionalismo izquierda”. Pero a esto se agrega la falta de uso de la expresión “izquierda nacional”, lo que hace suponer una diferenciación conceptual concreta. Ello lleva a plantear un interrogante sobre las relaciones teóricas y prácticas, de similitud y desemejanza, entre el nacionalismo de izquierda y la izquierda nacional en Chile que no posee respuesta en el trabajo glosado.

Bibliografía:

Pedro Godoy Perrin, El nacionalismo de izquierda en Chile. Córdoba, Ediciones del CEPEN, 2010.

  • Editorial 
  • Artículo cargado el 27/08/2011 - 03:56
EL KIRCHNERISMO DEFINE SU FUTURO

Cuatro años más

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La victoria contundente del gobierno ha echado por tierra el remanido argumento de que no se puede hacer más porque la relación de fuerza no lo permite. Sin embargo, cualquier avance en una dirección nacional-democrática no depende de la “profundización” de este modelo, sino de un giro radical apoyado sobre programa encaminado a remover los factores estructurales que perduran de la etapa neoliberal

Para explicar la contundente derrota del 14 de agosto, Ricardo Alfonsín señaló que los votantes habían temido el cambio. El “temor al cambio” fue en realidad un rechazo masivo de la sociedad al intento de hacerla retornar al período anterior a diciembre de 2001. La alianza Alfonsín-De Narváez, el binomio Duhalde-Das Neves y la candidatura de Elisa Carrió son las expresiones típicas de una partidocracia que representa lo peor del pasado nacional desde el golpe de Estado de marzo de 1976 en adelante. Por su parte, el Frente Amplio Progresista encabezado por el Partido Socialista, no pasa de ser el ala socialdemócrata de ese conjunto anacrónico; y si Macri no figura en esta lista es simplemente porque renunció a dar batalla en esta ocasión.

Diciembre de 2001 marcó un antes y un después; estableció una nueva correlación de fuerzas sociales y políticas y fijó el límite del que no es posible retroceder a menos que sobrevenga un profundo reflujo de las masas populares.

El kirchnerismo, a su vez, es producto de esa nueva relación de fuerzas; no del momento culminante de la rebelión popular sino del momento del restablecimiento del orden, vale decir de la restauración de la institucionalidad amenazada por una crisis general de representatividad. Sin embargo, a pesar las límitaciones de clase de la corriente que fundó el ex presidente Kirchner (límitaciones que se manifiestan en la negativa a remover los fundamentos estructurales heredados de la década de los 90’), su diferenciación respecto de los viejos y nuevos partidos tradicionales es indudable.

En las jornadas del 20 y 21 de diciembre de 2001 la lucha de las masas decidió en las calles el hundimiento del ciclo neoliberal de los 90’, mientras que en las esferas dirigentes la crisis creó las condiciones para que la burguesía monopolista, cuyos negocios estaban ligados a la acumulación de capital productivo y la exportación, se convirtiera en el núcleo de intereses más influyente. El resultado fue que los gobiernos que emergieron tras la estabilización del sistema, primero el de Duhalde y luego los del kirchnerismo, se desenvolvieron según los lineamientos de una variante de corte desarrollista, ajustada al nuevo balance de poder, dentro del cual los sindicatos obreros se fortalecieron y constituyeron una pieza central del nuevo equilibrio. Sobre este último aspecto la evolución del sindicato metalúrgico es un dato ilustrativo. En el 2000 la UOM, una de las organizaciones más golpeadas por la desindustrialización de la etapa neoliberal, contaba con apenas 70.000 afiliados; diez años más tarde el padrón de cotizantes sumaba 250.000. 

El significado del cuarto oscuro

Los trabajadores no tardaron en apreciar la diferencia que, en relación a su situación material, significó el giro gubernamental respecto del modelo de los 90’ basado en la hegemonía del capital parasitario y depredador, enriquecido en los negocios de la especulación financiera y gracias a la posición monopólica que ocupó en los servicios públicos privatizados. Los propagandistas del oficialismo se han encargado de resaltar esa diferencia: restablecimiento de las convenciones colectivas, remoción de los capítulos más antiobreros de las reformas laborales de Menem y la Alianza, creación de cinco millones de puestos de trabajo, recuperación del salario real tras la brutal devaluación del 2002, estatización de las AFJP, incorporación al régimen jubilatorio de dos millones de trabajadores y trabajadoras excluidos del sistema, implementación de mecanismos compensatorios como la asignación universal por hijo…

Los trabajadores no tuvieron dudas acerca del significado de las diferencias que median entre el gobierno y la oposición partidocrática. ¿Qué tenían para ofrecer radicales y el partido de De Narváez, el duhaldismo, la Coalición Cívica o los progresistas del PS para oponer? ¿La rebaja o eliminación de los impuestos a la exportación de granos? ¿La ruptura con el “tirano” Chávez? ¿La reprivatización del régimen jubilatorio a cuya estatización se opusieron? ¿La continuidad del ciclo de endeudamiento público, pero sin tocar las reservas, sino recurriendo a usura financiera internacional?

Ciertas franjas de clase media, ideológica y culturalmente antikirchnerista, también votaron por el oficialismo. Los consultores de mercado y demás “opinólogos” explicaron que, especialmente en este caso, la preferencia electoral podía cuantificarse a la luz del aumento de las ventas de televisores LCD, celulares de última generación, calzado deportivo de alta gama, autos, motos, etc. En definitiva, la expansión del consumo en una economía que crece a tasas cercanas al 8% anual. Por cierto, la discrecionalidad en el manejo del poder, la vulneración de los principios republicanos, es algo que ofende la conciencia de una clase media hegemonizada por décadas de hegemonía liberal, pero… cuando en la apuesta electoral está en juego el futuro individual, lo que manda suele ser el bolsillo.

¿Profundización o giro radical?

El kirchnerismo ganó en forma aplastante el desafío de las internas abiertas. En el voto masivo pesó de manera decisiva el día a día. Por lo que estuvo ausente en la discusión la naturaleza de un proyecto que no ha quebrado los resortes estructurales heredados del período 1989-2001: privatización y extranjerización del petróleo, el gas, la minería, las comunicaciones y la siderurgia, o que, en algunos aspectos los ha perfeccionado, como en el caso de la provincialización del dominio sobre los recursos naturales; no se tuvo en cuenta que la legislación financiera sigue siendo la misma que impuso la dictadura de Videla-Martínez de Hoz, ni que el régimen de inversiones extranjeras continúa determinado por los tratados de protección del capital, firmados hace más de diez años con las principales potencias imperialistas y, en consecuencia, en condiciones de ser denunciados. En este orden tampoco tuvo importancia el hecho de que en ocho años de gobierno del kirchnerismo no ha tocado el sesgo en la distribución del ingreso que impone un cuadro impositivo marcadamente regresivo. Esta trama estructural, expresión de los intereses del gran capital de origen local y extranjero, resulta determinante de un patrón de acumulación característico de un capitalismo atrasado y dependiente.

Luego del resultado electoral distintas voces del oficialismo han proclamado que ha llegado la hora de profundizar el modelo. ¿Qué significa esto? Por lo pronto, la victoria contundente del gobierno ha echado por tierra el remanido argumento de que no se puede hacer más porque la relación de fuerza no lo permite. Sin embargo, cualquier avance en una dirección nacional-democrática no depende de la “profundización” de este modelo, sino de un giro radical apoyado sobre un programa encaminado a remover los factores estructurales que perduran de la etapa neoliberal.

Al kirchnerismo le esperan cuatro años más de gobierno en condiciones que probablemente no serán las mismas que conoció en sus mejores momentos. Está en curso una crisis mundial cuya gravedad ha superado hasta el momento los pronósticos más optimistas. Al mismo tiempo el modelo productivo evidencia signos de agotamiento: inflación, estancamiento de la inversión, desbalance fiscal, reducción del superávit comercial… El futuro habrá de presentarle al gobierno una encrucijada que no podrá eludir: tendrá que decidir si mantiene la brecha existente entre el relato épico con el que construyó su identidad política y las medidas concretas de gobierno, o sí, por el contrario, emprende el rumbo que lo lleve a unificar el discurso con el programa.

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 25/08/2011 - 11:22

El PO, a través de Altamira, rectifica su posición sobre Libia, Clarín confirma la propia

Horacio Da Silva

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Izquierda Nacional

Gustavo Cangiano

Hace 4 meses Altamira, supuestamente en nombre del trotskismo, apoyaba el ataque imperialista a Libia. Desde Socialismo Latinoamericano criticamos dicha postura (ver Altamira falsifica a Trotsky en www.izquierdanacional.org).

Ahora el mismo Altamira denuncia a la OTAN. Ciertamente, el giro en la postura de Altamira se explica —aunque no se justifica— por el cambio en las circunstancias: en abril estaba en curso la primera fase de la ofensiva imperialista contra Libia, que consistía en privilegiar la propaganda que presentaba a Kadafi como a un “dictador sangriento” que afrontaba una “rebelión popular”. En ese momento, las críticas a Kadafi “desde la izquierda” eran funcionales al imperialismo, y esto es algo que no debería escapársele a un trotskista.
Recordemos que en Buenos Aires, el PTS organizó una movilización a la Cancillería reclamando ruptura de relaciones con Libia. Pero si desde un principio era evidente, ahora nadie puede hacerse el distraído: Libia ha sido ocupada por las fuerzas de la OTAN que usan como mascarón de proa a cipayos financiados por las monarquías del Golfo. El de Libia no será un gobierno que goce de una popularidad abrumadora —¿hay algún gobierno que pueda presumirla?— pero lejos de haberse “rebelado” contra una “dictadura sangrienta”, el pueblo libio ha sido desangrado por las bombas imperialistas, que se han cobrado miles de víctimas.

Ante esta situación, Altamira ha decidido denunciar la verdadera naturaleza que adquiere el derrocamiento del régimen kadafista. No lo hizo con la oportunidad que correspondía, pero más vale tarde que nunca. Con la misma franqueza que lo criticamos, celebramos ahora el reposicionamiento del PO contra el imperialismo y en favor del pueblo libio.

La de Clarín es otra historia

Es verdaderamente difícil determinar si Marcelo Cantelmi, vocero de Clarín sobre la invasión imperialista en Libia, es simplemente un “izquierdista” ingenuo que cree en una genuina preocupación de las potencias hegemónicas por la democracia y los derechos humanos, o un militante convencido de las causas imperialistas con las cuales, sin duda, sus patrones de Clarín simpatizan.

Saludando la ofensiva final de las fuerzas imperialistas y contrarrevolucionarias contra el régimen nacional-popular de Kadafi, Cantelmi titula su columna: “Un nuevo giro que impactará sobre la adormecida primavera árabe”. La tesis del empleado “izquierdista” de Magnetto es que “la primavera árabe” que “derribó a las tiranías” a comienzos del año se ha detenido y que “la caída de Kadafi movilizará otra vez las energías” de la “gesta libertaria”.

Pero la prueba de que esta tesis es tan falsa que ni su autor cree en el fondo en ella, es el siguiente párrafo del propio Cantelmi: “En Libia la gran cuestión será definir quién ganó esta guerra, si los rebeldes o la Alianza Atlántica que intervino ahí impulsada originalmente por Francia y las necesidades electorales de su presidente Nicolás Sarkozy”.

Es decir, el carácter “libertario” de la “gesta” contra Kadafi dependería de la identidad política y social de las fuerzas victoriosas. El periodista de Clarín, como típico “izquierdista” bienpensante, da a entender que si los triunfadores fueran “los rebeldes”, entonces el carácter “libertario” de la “gesta” estaría garantizado.

Sin embargo, ¿quiénes son esos “rebeldes”? María Laura Avignolo, corresponsal de Clarín en París, nos lo dice sin pelos en la lengua: “fuerzas libias, entrenadas por la OTAN en Dubai y pagadas por Qatar, están listas para viajar a Libia a hacerse cargo de una ordenada transición”.

¿Serán, entonces, las fuerzas financiadas por las monarquías petroleras del Golfo Pérsico y entrenadas por la burguesía imperialista, las que “liberarán” a Libia de una “dictadura sangrienta”? ¿Desde cuándo el imperialismo y las oligarquías a su servicio están tan interesados en promover “gestas libertarias”?

Por otra parte, aun suponiendo que los “rebeldes” libios que enarbolan la bandera de la monarquía derribada en 1969 fueran las almas puras que supone Cantelmi, ¿podría confiarse en que serán ellos y no las potencias de la OTAN las que usufructuarán la caída de Kadafi?

Como la presencia de las mortíferas armas de la OTAN asesinando a miles de ciudadanos libios constituye un verdadero problema para la tesis de la “gesta libertaria” (y para todos los “derechohumanistas” que han hecho mutis por el foro), el enviado de Clarín a Libia ensaya un rebuscado argumento para salvarla de la refutación: “En verdad, las tropas occidentales entraron ahí no para apoderarse del petróleo libio, que Kadafi garantizaba con unción servil desde hacía muchísimos años a esas mismas potencias, sino para evitar una victoria evidente y con perfiles heroicos de la única rebelión armada en la región desde el estallido de Túnez, en enero último”.

Según el mecanismo mental que caracteriza a los “izquierdistas” extraviados: el imperialismo no derroca a los gobiernos nacional-populares, sino que esos derrocamientos serían “gestas libertarias” que luego, lamentable y contingentemente, el imperialismo aprovecharía en su beneficio.

Los argentinos sabemos bastante de esto, puesto que en 1955 y en 1976 el imperialismo derribó gobiernos nacional-populares valiéndose de los llamados a la “libertad” o a la “democracia” (a la “revolución”, inclusive) efectuados por pequeño burgueses izquierdistas.

Digámoslo claramente, aunque sea una obviedad: si Kadafi garantizara los intereses económicos o geopolíticos del imperialismo, entonces los aviones de la OTAN no estarían bombardeando Libia desde hace meses a fin de allanarles el camino a los “rebeldes”. Muy por el contrario: estarían ayudando a Kadafi a aplastar a esos “rebeldes”. Esto es tan evidente que lo ve todo el mundo, excepto el enviado de Clarín y ciertos patéticos ultraizquierdistas franceses que en nombre del “internacionalismo” han llamado a la clase obrera europea a boicotear a Kadafi y favorecer de ese modo la ofensiva de sus propias burguesías imperialistas.

Cantelmi finaliza su nota en Clarín anunciando que la inminente caída de Kadafi “es una mala noticia para Israel”. Se trata de una afirmación sin fundamento. Los sionistas pueden estar más que satisfechos viendo que todos los regímenes árabes que habían apoyado al pueblo palestino están desapareciendo uno tras otro. Para los sionistas, el derrumbe de Libia debería ser un paso previo al ataque a Siria. Si eso ocurriera, Cantelmi, muy probablemente, volvería a escribir las palabras con las que cierra su nota: “quién podría negar ahora que la democracia y la justicia son valores humanos y no cotos privados de Occidente”.

Desde Socialismo Latinoamericano rendimos homenaje a los heroicos patriotas libios que en estas horas defienden a su país y a su gobierno del feroz ataque imperialista. Estamos de su lado, del mismo modo que ellos estuvieron de nuestro lado cuando libramos la guerra contra el imperialismo angloyanqui peleando por recuperar  nuestras Malvinas.

  • Historiografía 
  • Artículo cargado el 15/08/2011 - 19:02
FERRERO REFUTA AL REVISIONISMO ROSISTA

Rosas en la perspectiva de la historia

Honorio Alberto DíazSocialismo Latinoamericano

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Roberto Ferrero realizó un comentario crítico a una ponencia presentada por Marcelo Gullo al Primer Congreso de Revisionismo Histórico realizado en Navarro el 14 de mayo de 2011.[1] Del mismo emergen las tesis centrales que podrían sintetizarse del siguiente modo:

Los países débiles deben enfrentar a las potencias mediante una insubordinación ideológica para liberarse de la dependencia cultural. La primera insubordinación correspondió a la generación del 900 (Rodó, Ugarte, Vasconcelos, etc.). La segunda fue desplegada por la generación revisionista (Jauretche, Scalabrini Ortiz, Rosa, Torres, Puiggrós, etc.). Es necesario un Nuevo Revisionismo para culminar la reivindicación del peronismo. Rosas fue el adalid de la Patria Grande, defensor del federalismo, promotor de la industrialización, etc.
Las críticas de Ferrero comienzan con el señalamiento de un defecto que consiste en omitir a la generación revisionista de la década del 30 (Ibarguren, Gálvez, Irazusta, Palacio, etc.). El segundo error se configura con el exceso de incluir entre los rosistas a muchos historiadores que no lo fueron (Ramos, Trías, Solís Rada, etc.).

Ferrero destaca entre los méritos de Rosas la defensa de la soberanía en la Vuelta de Obligado y en las negociaciones con los franceses, el enfrentamiento de los unitarios vendepatrias y la prohibición de exportar oro y plata. Seguidamente pasa a referirse a los aspectos negativos de su gobierno. Fue un político de la Patria Chica y no de la Patria Grande, pues defendió los privilegios de la provincia de Buenos Aires. Arrinconó al Paraguay, se desentendió de Bolivia y no se preocupó por la recuperación de las islas Malvinas. La Ley de Aduanas de 1835 fue una concesión provisoria a los reclamos proteccionistas del interior y Nunca generó una tendencia industrialista. Siempre se negó a la nacionalización del puerto y de la aduana por porteña principal fuente de recursos, consolidando la hegemonía de Buenos Aires hasta su derrocamiento. Rosas favoreció en múltiples instancias la penetración británica en nuestra economía.
Rechaza Ferrero el panegírico rosita en un texto que no tiene desperdicio. A la calidad expositiva se agrega una argumentación concluyente que recobra y enriquece la mejor tradición de la izquierda nacional sobre este controvertido tema. Su lectura será de interés para todos los compañeros y revivirá un debate que parece destinado a no concluir.

Notas:
  1. Roberto A. Ferrero. Revisionismo científico y el panegírico rosista. Córdoba, Ediciones CEPEM, 2011.
  • Crisis del capitalismo 
  • Artículo cargado el 15/08/2011 - 18:38

La crisis del capital

Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

El derrumbe mundial de las bolsas, la violenta rebelión en el Reino Unido, el movimiento de los indignados en España, la resistencia de los trabajadores y la juventud griega, incluso las movilizaciones de protesta en Israel, que con distintos alcances y contenidos ocupan desde hace semanas las primeras planas de los diarios, constituyen síntomas característicos. Señalan que la crisis orgánica que arrastra el capitalismo desde hace cuatro años, lejos de alejarse es cada vez más profunda; ha entrado en una nueva fase en cuyo transcurso es la agudización de la lucha de clases lo que da el tono al cuadro de situación.

Como suele ocurrir cuando se alcanza el límite, la crisis ha sacado a la luz el hecho fundamental de la vida social bajo el capitalismo: el capital sólo puede sobrevivir imponiendo grados crecientes de sobreexplotación a la fuerza de trabajo. Los planes de ajuste, que se han convertido en moneda corriente en Europa y Estados Unidos, ponen en evidencia que la burguesía ha decidido transformar la crisis en la gran oportunidad para avanzar todavía más en esa dirección. La última noticia al respecto viene de Italia. El régimen de Berlusconi, bajo el tutelaje de los gobiernos de Francia y Alemania, tiene decidido, además de las típicas medidas de recorte en las pensiones y los salarios de los empleados públicos, suba en la edad jubilatoria, etc., presionar para que se dejen de lado los convenios laborales de alcance nacional y se firmen acuerdos por empresa, de modo de liquidar el estatuto dei lavoratori que prohíbe los despidos sin justa causa. Uno de los inspiradores de la medida es Mario Draghi, director del Banco Central y ex vicepresidente del Goldman Sachs cuando el pulpo financiero tomó el encargo de trampear las cuentas públicas del gobierno griego. En España una reforma de similar contenido fue aprobada recientemente, pero el FMI no se mostró conforme y le señaló al gobierno que “la política laboral debe pecar por audacia en vez de gradualismo”. En Irlanda la organización patronal le pidió a la Comisión Europea que presionara al gobierno para que llevase adelante el desmantelamiento de la legislación laboral, recordando que ese objetivo ya tenía el aval de la propia UE y del FMI, y señalando que en los últimos años los contratos que se habían firmado al margen de esa legislación resultaban un 25% más baratos.

Parasitismo y depredación

Está visto que la burguesía ha dispuesto desplegar su programa hasta las últimas consecuencias: rebaja de salarios y despidos en el Estado, drásticas reducciones de los derechos laborales, recortes en el gasto social y privatización de empresas y servicios públicos esenciales, reconvertidos en negocios privados y fuentes de ganancia para el capital. Su política consiste el sacar el máximo provecho de la crisis para alcanzar lo que en condiciones de estabilidad capitalista no habría conseguido. En consecuencia, ha renunciado a ejercer algún tipo de hegemonía ideológico-cultural sobre las clases populares, y presenta su versión del “interés general” en los crudos términos de un programa de clase.

El capitalismo keynesiano se agotó hace algo más de tres décadas y no hay retorno posible a lo que algunos consideraron el período dorando del capital. Bajo el dominio del capital financiero el capitalismo se ha vuelto un régimen cada vez más regresivo, parasitario y depredador. Un solo dato basta para ilustrar la transformaciones que se han operado en el modo de acumulación en las últimas cuatro décadas. En Estados Unidos, a comienzo de los 70’, el aporte de la industria a la generación del PBI era dos veces mayor que el correspondiente al negocio financiero. En la actualidad la proporción se ha invertido, y el producto bruto fabril apenas se acerca al 60% del valor computado a las finanzas. Esta mutación les ha dado a los bancos, fondos de inversión, compañías de seguros, agencias de calificación de deuda, etc., un poder discrecional sobre las políticas públicas. Sólo teniendo en cuenta esta capacidad de decisión es posible entender como planes de ajuste basados en una brusca contracción del gasto fiscal se impongan uniformemente, agravando la recesión, pero creando las mejores condiciones para el negocio financiero.

A comienzos de agosto Rebelión reprodujo un artículo de Ismael Hossein-Zade dando detalles de crisis de la deuda de Estados Unidos a la luz de las formidables distorsiones que afectan a su economía.[1] Además del auxilio por varios billones de dólares que la administración estadounidense suministró a lo largo de la crisis bajo la forma de préstamos secretos a bancos y compañías en bancarrota, según reveló una auditoría de la Reserva Federal; del aumento de 90% de los gastos militares (sin contar entre otros los costos de las guerras en Irak y Afganistán) entre el 2000 y el presente, hay que sumar los beneficios que recibió del Estado el capital monopólico. Entre 2008 y 2010 doce corporaciones líderes, entre ellas Exxon, Mobile, Wells Fargo, DuPont, Boeing, IBM y General Electric, fueron favorecidas con exenciones impositivas y en cambio recibieron 2.500 millones de dólares en concepto de reembolsos. Paquetes multibillonarios de rescate en favor del parasitismo financiero en quiebra, multiplicación del costo de las guerras y el militarismo, regalos tributarios a las compañías monopólicas, pago de abultados sobreprecios a aseguradoras y firmas farmacéuticas del sistema de salud… constituyen señales inequívocas acerca de cuál es la naturaleza de la burguesía que ejerce el poder en la mayor potencia mundial. 

Alerta urgente

La contrapartida de este cuadro es la tendencia socialmente declinante de importantes capas empobrecidas de obreros, empleados y clase media de profesionales y comerciantes, agobiados por un endeudamiento impagable, mientras la brecha social se amplía constantemente. Los riesgos de esta derivación no podían pasar inadvertidos para los intelectuales orgánicos del capital. La advertencia más significativa la formuló The Wall Street Journal en una nota publicada en abril pasado con la firma de Paul Farrell. “Sí, fiscalicen a los súper ricos. Y háganlo ahora. Antes de que el 99% restante desencadene una nueva Revolución Estadounidense, una implosión y la Gran Depresión”, se lee en las primeras líneas como anticipo de lo que vendrá. Señala que esa capa privilegiada cree que es inmune, que está protegida de las consecuencias de “apabullar a los estadounidenses por tres décadas con la cantaleta del libre mercado y del chorreo de las doctrinas de Reagan que los hicieron super ricos”. Están seguros que las mismas doctrinas “los protegerán de la inevitable depresión que se nos viene. ¿Por qué? Debido a que tienen megadólares guardados. Sus ‘provisiones’ para el largo plazo. Viven en recintos cerrados, custodiados por mercenarios”. Una formidable concentración de la riqueza es el fondo de este cuadro de opulencia: hasta hace unos pocos años una minoría de 300.000 estadounidenses, la décima parte del 1% más rico, acaparaba una parte igual del ingreso nacional de la que recibían los 150 millones que constituían la mitad más pobre de la sociedad. El final de la nota es un alerta apremiante. “¡Despierten amigos! El espejismo de los súper ricos está destruyendo el sueño estadounidense para el resto de nosotros. Y a los súper ricos no les importa” (…) Después no digan que no les advirtieron. Es tiempo para empezar a planificar para la revolución que se avecina, y para otra Gran Depresión”.

¿Una visión catastrófica desde el corazón del imperio financiero? Lo cierto es que el capitalismo no se cae solo; por lo demás, las teorías del derrumbe fueron refutadas por la teoría y fácticamente muchas décadas atrás. Sin embargo la crisis persiste y mientras aumenta las condiciones de sufrimiento y explotación de las masas, crea condiciones de escisión de la sociedad en campos irreconciliables, de maduración de los antagonismos; en definitiva, condiciones necesarias para la emergencia de los trabajadores y las clases subalternas en una dirección antiimperialista y anticapitalista. El desenvolvimiento de las presentes luchas obreras y populares, aún incipientes y fragmentarias, dirán si esas condiciones han madurado lo suficiente, hasta alcanzar la consistencia subjetiva del programa y la organización, en condiciones de hacer frente exitosamente a la barbarie del capital.

Notas:
  1. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133397
  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 10/08/2011 - 00:20

Zaffaroni: ¿un progresista de derecha?

Horacio da Silva

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En el más reciente –al momento de escribir estas líneas– capítulo del Caso Zaffaroni revela que el juez tiene una cuenta bancaria en Suiza, y él se adelanta a dar la información porque –declara– tiene datos de que sectores opositores pensaban hacerlo público. Es decir: antes que lo denuncien, confiesa. Veremos si esa cuenta en el exterior estaba declarada, si el juez pagaba los impuestos por las transacciones, etc. Entretanto, el tema de los prostíbulos merece la mayor atención.

Hay detrás de la denuncia contra el juez, una jugada de la oposición, como, del mismo modo, detrás de denuncias contra representantes de la oposición, suele haber jugadas del oficialismo. ¿Podría ser diferente?

Pero así como detrás de la denuncia está la jugada de la oposición, delante de la jugada de la oposición están los hechos denunciados. La pregunta es: ¿qué opinar acerca de los hechos denunciados? ¿por el hecho de que la oposición aprovecha el escándalo, los simpatizantes del gobierno, o los del juez, o quienes no formamos parte de la oposición partidocrática ni del gobierno, vaya, los ciudadanos en general deberían callarse?

Nuestra respuesta es no. Lo que corresponde hacer es denunciar:

1ª) El escándalo que significa que un juez de la Corte, especialmente un juez con fama de “progresista” (a pesar de haber sido juez de la dictadura de 1976/83), permita que en sus propiedades funcionen seis prostíbulos.

2ª) Que igualmente escandaloso —en un plano más general— es que los miembros de las “clases dirigentes” (sean “progresistas” o conservadores, oficialistas u opositores) naden en la abundancia económica y material mientras el gigantesco pobrerío de la Argentina muere reclamando un cachito de tierra para instalar una casilla, como ocurre en Jujuy y en Tucumán.

3ª) Que los peores intereses de la Argentina semicolonial intentan aprovechar esta clase de circunstancias repudiables y escandalosas (como la del caso Schoklender-Hebe, a propósito de los “Sueños Compartidos”) en su propio provecho y no en interés de los sectores nacional-populares.

No es la crítica a un juez que alquila –o permite que terceros a su servicio lo hagan, da igual, es él el responsable– sus propiedades a la mafia de la prostitución la que “hace el juego a la derecha”. Hacerle “el juego a la derecha” es ser juez y alquilar las propiedades a la mafia de la prostitución. En realidad, ser juez y alquilar las propiedades a la mafia de la prostitución no es “hacer el juego a la derecha”, es ser la derecha.

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 10/08/2011 - 00:11
SOBRE LOS ESTALLIDOS EN JUJUY Y EN TUCUMAN

Al ritmo de la polarización

GASTÓN OTERO

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Los estallidos sociales se reproducen en distintos rincones del país,  siendo los más resonantes de los últimos meses los vividos en el Parque Indoamericano, las represiones a los QOM en Formosa, en La Pampa y mas recientemente los acontecidos en Jujuy y Tucumán.

Desde la oposición se hace hincapié en la ilegalidad y usurpación de los terrenos. Permanentemente se señala la deficiencia y deformación del aparato estatal, el cual –según la oposición– sigue evidenciando, a través de las tomas, signos de corrupción e inoperancia frente a los millones que padecen necesidades habitacionales.
Desde el oficialismo se responsabiliza por las tomas de tierras a todo el arco opositor, quienes se encargarían de promover todo este tipo de hechos destituyentes los cuales, poco tienen que ver –dice el gobierno– con el modelo inclusivo que lleva adelante el kirchnerismo.
Ni opositores ni oficialistas ponen en discusión –ni parece inquietarles– es el hecho de que millones de argentinos vivan en la pobreza absoluta y, manipulados políticamente o no, padecen necesidades básicas las cuales son repelidas a balazos. Estas necesidades, y la alta de atención a las mismas, dejan claramente al desnudo la pasividad, insensibilidad, complicidad y activa participación por parte de todo el arco partidocratico putrefacto que se apoya en las políticas contrarrevolucionarias que son promovidas desde hace décadas y que, actualmente, siguen profundizándose. Políticas hartamente conocidas por todos, difundidas por organismos como el FMI o el BM, entre otras herramientas visibles del imperialismo, y aplicadas sin rubor por gobiernos semicoloniales, aún aquellos con discursos progresistas.
Con total descaro y desprecio por los afectados se habla de las tomas, cuando con oprobioso silencio se permiten la extranjerización de las tierras como así también de los recursos naturales estratégicos que nuestro territorio posee.
En sintonía con lo anterior se encuentran las medidas artificiales, tan pretendida como infructuosamente destinadas a hacer respetar la soberanía argentina de las Islas Malvinas cuando, en la realidad, la presencia británica en nuestras islas sigue incrementándose. Basta con mencionar que la misma empresa que hoy a nombre de los británicos realiza la exploración petrolera offshore en nuestras islas Malvinas, también fue contratada por el gobierno argentino para la negociación de la ilegitima y fraudulenta deuda externa nacional.
Las tomas o acampes en los distintos lugares de nuestro territorio se presentan en una coyuntura en que la falta o ausencia de una política habitacional no es el único problema, también son motivadas por la creciente concentración del capital y de tierras que generan las brechas de desigualdad existentes.
En la medida que se acrecienta dicha brecha, los estallidos se profundizan y permiten dilucidar con claridad que el epicentro de diciembre del 2001 y sus posteriores replicas son el reflejo de las distintas voces de los excluidos y trabajadores que siguen luchando por una emancipación definitiva.
La organización mancomunada entre la clase trabajadora y sectores nacionales, que fije un horizonte programático, sin caer en sectarismos e infantiles actitudes rupturistas, posibilitará que los carcamanes de siempre sean definitivamente derrotados.

  • Politica Nacional 
  • Artículo cargado el 03/08/2011 - 07:27
Lo que no dicen ni oficialistas ni opositores

Mentiras estadísticas al servicio del régimen partidocrático demoliberal

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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El ciudadano distraído, luego de leer los diarios del lunes por la mañana, desde “Página/12” hasta “Clarín”, puede creer que los resultados de las elecciones porteñas fueron los siguientes:

Macri:   64,25%
Filmus: 35,75%
Total:      100%

Sin embargo, esos porcentajes no son el reflejo de la realidad, sino que son una construcción politico-ideológica efectuada por los defensores del orden demoliberal-partidocrático.

Consideremos los números brutos arrojados por las elecciones:

Macri:             1.086.971 
Filmus:              604.822 
En blanco:           42.568 
Nulos:                 49.586 
Impugnados:         4.088 
Total votantes: 1.788.035 
Padrón aproximado: 2.500.000

A partir de estos números podemos construir los porcentajes sobre el total de asistentes al comicio, que serían los siguientes:

Macri:            60,8%
Filmus:           33,8%
En blanco:        2,4%
Nulos:              2,8%
Impugnados:    0,2%
Total votantes: 100%

Podemos advertir que con sólo incluir dentro de los cálculos porcentuales a los ciudadanos que han decidido votar en blanco o anular su voto, el porcentaje de Macri baja unos 4 puntos, y el de Filmus unos 2 puntos. Además, cobra visibilidad más de un 5% de los ciudadanos que decidió no votar a ninguno de los candidatos.

La pregunta es: ¿por qué razón un régimen político que se autoproclama “democrático” decreta la no existencia de unas cien mil personas que deciden pronunciarse contra ambos candidatos? Es curioso comprobar que si la última dictadura hizo “desaparecer”  físicamente -y en consecuencia, políticamente- a los ciudadanos que manifestaban abiertamente su oposición, esta “democracia” hace algo parecido: los hace “desaparecer” políticamente aun cuando respete su existencia física-biológica (y hasta cierto punto, si leemos los datos de Correpi).

Además, hace mucho que venimos escuchando a los académicos posmodernos hablarnos sobre el “pensamiento binario”, que reduce a una opción cerrada entre dos alternativas lo que es un abanico múltiple de posibilidades. ¿Por qué no denuncian ahora el “binarismo” del régimen electoral? No lo denuncian ni macristas ni kirchneristas, ni progresistas ni conservadores, ni izquierdistas ni derechistas. Y no lo denuncian porque todos son socios en el aprovechamiento de la mentira partidocrática.
Pero hay más.

Consideremos ahora los porcentajes obtenidos por los candidatos respecto del total del padrón:

Macri:             43,5% 
Filmus:            24,2% 
En blanco:         1,7%
Nulos:               2,0% 
Impugnados:     0,2% 
Total votantes (aprox): 72% 
No votó (aprox): 28%
Padrón aproximado: 2.500.000

¡Qué panorama tan diferente al del 65% de Macri y el 35% de Filmus! Resulta que es absolutamente falso que dos de cada tres porteños hayan votado a Macri y uno de cada tres a Filmus. Tenemos que a Macri lo votó una minorìa de 4 de cada 10 personas, y a Filmus una ultraminoría de 2 de cada diez. Hubo 4 de cada 10 personas que no votaron ni a Macri ni a Filmus. Dicho de otra manera: el 56,5% de los votantes le dio la espalda a Macri. Y el 75,8% de los votantes le dio la espalda al candidato del gobierno nacional.
Si consideramos la extraordinaria presión, efectuada a través de los aparatos ideológicos y represivos del Estado, para que la gente vaya a votar, y si consideramos la extraordinaria presión para que vote a uno u otro de los candidatos, entonces los números adquieren una significación política más grande aún.

Los epistemólogos “constructivistas” tienen razón. La realidad es “opaca” y los datos no se limitan a “reflejarla”, sino que la construyen conceptualmente. Sin embargo, no todas las construcciones son válidas ni equivalentes. Si la realidad es un “devenir”, si es una película en movimiento continuo más que una foto, entonces la construcción conceptual más rica y prolífica será aquella que capture ese movimiento y ayude a direccionarlo hacia un horizonte emancipatorio. ¿No es esta construcción conceptual que acabo de hacer mucho más rica que la que hacen “Clarín” y “Página/12”? ¿No es la construcciòn conceptual del contra-poder, es decir, del poder potencial de los de abajo, siempre más rica que la que hacen los que mandan?

  • Opinión 
  • Artículo cargado el 20/07/2011 - 19:25

Las elecciones en Capital Federal y el Movimiento Nacional

Roberto A. Ferrero

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La naturaleza social de la clase media porteña, la tradición cultural antinacional de ciudad puerto y un candidato y una campaña ajustados a los parámetros fijados por el establishment, precipitaron una abrumadora derrota del candidato kirchnerista en las recientes elecciones en la Ciudad de Buenos Aires, ante el partido que expresa los intereses de la derecha neoliberal. La presente nota desarrolla un análisis sobre la progresividad, las contradicciones y los límites del movimiento hoy gobernante en la Argentina. Su enfoque tiene diferencias con el que sostenemos desde esta Página, sin embargo vale por la solidez de la argumentación. Quién firma esta nota ha sido a lo largo de los años autor de estudios enriquecedores, de los que se ha nutrido la práctica política y el trabajo teórico de la izquierda nacional.

El contundente triunfo del macrismo en Capital Federal, en las elecciones del 10 de Julio ha desatado una catarata de análisis autocríticos de parte de publicistas del kirchnerismo y de observadores externos. En general, tales análisis han puesto el acento en las carencias de la táctica electoral y preelectoral de la dirección cristinista: se ha señalado, por un lado -como ha hecho Hernán Brienza, por ejemplo- el error de “desconocer, soslayar y despreciar” al electorado porteño, y por el otro, la incapacidad para articular una política que interpretando a los sectores populares, interpele y desnude al macrismo, a la vez que se concurre con candidatos que “solamente han surgido desde instalaciones mediáticas o posicionamientos internos y no por la dinámica política en el orden social existente”, como ha señalado “Gallego” Fernández. Agravada todavía esta última cuestión porque el candidato impuesto desde arriba –Filmus– se comportaba más como un “tibio delegado” del gobierno nacional que como un “genuino representante de los cien barrios porteños”, en la exacta apreciación de Daniel Yepes, mientras eran postergados en las listas –como recuerda Lacolla– los hombres propuestos por la CGT. La solución, como resume Brienza, consistiría en que el kirchnerismo “sedujera” a los porteños para conseguir su adhesión frente a Macri y la derecha porteña.

Todos los señalados son elementos importantes, obviamente, pero se limitan al nivel discursivo-táctico de la situación, soslayando o mencionando de manera apenas marginal la realidad social constitutiva porteña en la que operaron esos elementos coyunturales, presentados –desde un punto de vista honradamente autocrítico del kirchnerismo– como las únicas o muy principales instancias responsables de la derrota en el comicio.
 
Efectivamente: sabemos que la ciudad de Buenos Aires es el ámbito urbano donde mayor penetración han logrado las ideas antinacionales elaboradas y reelaboradas por los aparatos de reproducción ideológica del bloque imperialista-oligárquico. Digamos que sin ser inexactas ni mucho menos las notas de liberalismo y egoísmo que Fernández coloca como distintivas de la cultura existencial de los porteños, ellas no son sino expresión agravada de un subyacente espacio antinacional que las abarca y que caracteriza al grueso de Buenos Aires. No hay que hilar muy fino, entonces, para concluir que ha sido la hegemonía cultural de ese bloque la que ha posibilitado la victoria del macrismo, ya que ella se extiende no solamente sobre la pequeñoburguesía porteña, sino sobre sectores de la clase trabajadora y otros grupos de las clases subalternas, como demuestra el análisis pormenorizado de comuna por comuna, sobre todo en el Sur metropolitano. La coyuntura ha operado (y ha fructificado en votos al PRO) sobre la base de la estructura, no en el vacío. Y que no se busquen explicaciones esotéricas o sofisticadas para explicar el voto de esta franja de electores populares, ya que la hegemonía cultural del bloque imperialista no reconoce fronteras de clase. De no ser así, no sería realmente una hegemonía. La gran ciudad del Plata no ha cooptado solamente a personalidades vigorosas del Interior -Vélez Sársfield, Sarmiento, el segundo general Roca, Uriburu, Ibarguren- sino a millones de provincianos que emigraron a nutrir las filas de la clase trabajadora porteña y del conurbano. Esta clase protagonizó en 1945 el 17 de Octubre, es verdad, pero desde entonces ha corrido mucha agua bajo los puentes. No sabemos si esa generación fundacional de “cabecitas negras” fue encandilada por las “luces de la ciudad” –probablemente no– pero es seguro que las generaciones que le siguieron (hijos y nietos) fueron educadas como porteños por el establishment e interiorizaron el imaginario particularista que la Ciudad-Puerto ha venido constituyendo desde hace dos siglos. Buenos Aires fue nacionalizada como Capital Federal en 1880, pero no sucedió lo mismo con la mente y el corazón de la mayor parte de su gente. Como ha señalado Trotsky, aparte de la influencia directa de los medios hoy en día tan poderosa, en particular la TV, la pequeñoburguesía ha sido siempre la correa de transmisión de la ideología burguesa hacia el proletariado. Sustituyamos burguesía por imperialismo y oligarquía y obtendremos un esquema elemental pero verdadero para explicar la adhesión en los países dependientes de parte de las clases subalternas a sujetos como Macri en Buenos Aires o los antichavistas contumaces en Caracas. Concretamente, esta adhesión ha sido mediada entonces por la pequeñoburguesía asalariada, por las condiciones de vecindad en los barrios y por la presión de la burocracia sindical, esa fracción especial de la pequeñoburguesía emanada del movimiento obrero, el cual ni en los momentos de gran alza de masas de los ’60 y los ’70 ha podido o querido sacársela de encima.
 
Esta específica conformación de la ideología y la cultura política del pueblo de Buenos Aires -que lo hace presa fácil de la propaganda cipayo-imperialista- tiene carácter estructural y se ha constituido históricamente; de allí esa solidez que atraviesa los tiempos y hace al Puerto prácticamente inasimilable para los movimientos nacionales. Artigas, el federalismo antimitrista, Yrigoyen, Perón e incluso, con sus tibiezas, el kirchnerismo, han tenido siempre como enemigos a la oligarquía porteño-bonaerense y su clientela social y electoral de clase media y hasta popular. Al respecto, Brienza, en su acalorada defensa de los porteños, señala con elocuencia que así como no todos los cordobeses son “bulliciosos y ladinos” por el hecho de ser cordobeses, tampoco todos los porteños están “condenados al gorilismo y a la tilinguería sólo por la disposición de los adoquines del empedrado”… Rechaza, en suma, y con harta razón, el pedestre determinismo geográfico. Pero Brienza empuja una puerta abierta, porque no se pretende que la configuración ideológica de los habitantes de Buenos Aires sea producto de tan grosero determinismo de lugar, sino resultado de una determinada historia que ha dado consistencia notable a aquella característica cultural.
 
Esta estructura pétrea del porteñismo cipayo no se disolverá del todo con una estrategia de pedagogía pública, ni con llamados a la racionalidad, sino con la puesta en crisis de sus fundamentos materiales, que será también una instancia social-histórica y no un mero e inocuo voluntarismo. Esta afirmación no pretende erigir una especie de “tesis del catastrofismo”, que sólo conduce a la espera inerte y desapasionada del porvenir, sino apenas advertir la inconsistencia de políticas y tácticas que ignoren los condicionamientos sociales y se ilusionen con la posibilidad de “seducir” a corto plazo al electorado porteño que acaba de confirmar a “Mauricio”. Una tentativa de “seducción” cortoplacista puede ser efectiva si el movimiento nacional y popular en construcción –en trabajosa construcción– se pliega a los valores del particularismo porteño y trata de competir con el macrismo en su mismo terreno. Algo de eso se ha intentado el 10 de julio con la candidatura de Filmus, un carrerista y oportunista neoliberal que es casi “un clon” de Macri, como bien señala Cangiano. Si esa línea de seducción se sigue consecuentemente el gobierno cristinista puede triunfar en Buenos Aires –no ahora, en el ballotage, porque es muy pronto, sino más adelante– pero esa será una victoria pírrica: será el triunfo del neoliberalismo bajo el pabellón desplegado del kirchnerismo.
 
Lo que hace falta es otra cosa. Y esa otra cosa le hace falta al movimiento nacional (en formación) no sólo en Buenos Aires, sino en varios otros lugares. Porque seamos justos: los candidatos a gobernadores y legisladores nacionales del cristinismo-kirchnerismo serán también derrotados en Córdoba, en Rosario y en Santa Fe, por lo menos. ¿Qué sucede entonces? Que la década menemista de destrucción de la economía nacional y especialmente de la industria, sumada a la automatización y a las nuevas tecnologías suplantadoras del trabajo humano vivo han disminuido el peso específico de la clase trabajadora en la sociedad argentina y ampliado horizontalmente las grandes capas de clases medias de los servicios y el sector terciario, con la consiguiente ampliación del auditorio pequeñoburgués satisfecho que presta oídos a la ideología neoliberal o al “progresismo”.

No le será fácil a la futura Revolución Nacional lidiar con estos vastos sectores de la población enajenados al enemigo imperialista y base de maniobra de sus políticas. Tenemos en Venezuela una prueba a la vista: allí la pequeñoburguesía proimperialista posee una fuerza inusitada, arrastra incluso a sectores de los trabajadores y su dirigencia y ha infligido una derrota a Chávez en las últimas elecciones. Esta relación de clases –presente en casi toda América Latina– establece límites que recortan a su justa medida la concepción menendizta (muy influida por los alzamientos de las clases medias y populares del mundo árabe y de los “indignados” en diversos países europeos) de una ruptura generalizada de la pequeñoburguesía con la burguesía a escala mundial. La “sexta ola” del populismo latinoamericano –por decirlo en el lenguaje descalificador del enemigo en honor a la brevedad–, surgida con el nacimiento mismo del Siglo XXI, se nutrió desde un comienzo con los aportes de las clases medias, los trabajadores, los desocupados convertidos en piqueteros y los campesinos. Pero con la llegada de la bonanza económica proveniente de la revalorización de los términos del intercambio que favorecen al Tercer Mundo, la pequeñoburguesía ha amainado sus ímpetus renovadores. Principal beneficiaria de la flamante onda del comercio mundial, pareciera que se ha conformado con el nuevo nivel de prosperidad clasista que ha alcanzado y no desea que los procesos de liberación iniciados con una redistribución de la renta nacional sigan más adelante por una vía antiimperialista con perspectivas al socialismo. Esta situación se refleja en la contradicción social que Brienza cree ver vigente muchas veces: Conservadurismo versus Progresismo, que aparece como suplantación encubridora de la verdadera contradicción, la que importa: Nación o Colonia, ya que el clivaje señalado por Brienza, con ser verdadero, funciona al interior del régimen establecido (“la colonia”), sin poner en cuestión otra cosa que aspectos de la superficie cultural. Las clases medias latinoamericanas se están haciendo conservadoras, en un dejá vú que reproduce el ciclo yrigoyenismo-alvearismo. Los sectores populares marginados de esta bonanza, en cambio, pretenden profundizar estos desarrollos emancipatorios.
 
Naturalmente, ningún proceso de transformación profunda de la sociedad podrá contar jamás con la favorable unanimidad de ella, desde que afectará los intereses materiales de las clases dominantes y las instancias axiológicas y simbólicas en general de los grupos subalternos -muchas veces numerosos- que son tributarios de la hegemonía de aquéllas. Pero un movimiento revolucionario deberá tratar de ganar a su perspectiva a la mayor cantidad posible de estos sectores populares transitoriamente alienados o, al menos, neutralizarlos. Y para ganarlos e influenciarlos no lo puede hacer mimetizándose con la ideología dominante y descendiendo al nivel de halagar sus prejuicios, porque esta táctica no hace otra cosa que confirmarlos en sus equivocadas ideas y soldarlos aún más a la cosmovisión que se desea combatir.
 
En nuestra concreta realidad argentina, la tarea de disputar al macrisno –y al delasotismo o al radicalbinnerismo– el alma de las clases medias no puede encararse sino con una voluntad política que, desde el seno del conjunto de las clases populares –y no desde las parcialidades del derechohumanismo, los okupas, los gays y otras respetables minorías– se haga eco de las necesidades y exigencias de aquéllas clases, interpelando a los partidos y gobiernos del neoliberalismo residual para desnudarlos poniendo ante los ojos de las masas su incapacidad o su negativa a proporcionar las soluciones que se le reclaman: viviendas, salud, educación, seguridad, transporte para todos y no únicamente matrimonio igualitario, habitación para los sin techo o defensa ambientalista para pocos, aunque estos pocos sean los más vulnerables. Tales consignas deben ser el puente hacia un Programa nacional-estatista de transición que reestablezca el monopolio del comercio exterior, renacionalice YPF y las fuentes energéticas, hidrocarbúricas especialmente, lo mismo que la banca, la gran minería, los transportes y las comunicaciones; defienda nuestra riqueza ictícola y nuestros acuíferos y constituya, en definitiva, un gran sector público de la economía, con una planificación indicativa de largo plazo y su integración armónica al Mercosur y la Unasur. Ésta es la tarea que tienen ante sí las juventudes kirchneristas y las corrientes populares y de izquierda que se les han sumado desde la muerte de Néstor Kirchner. ¿Podrán lograrlo? El desafío es muy grande, porque la dirección del kirchnerismo, con Cristina al frente, solamente se propone profundizar el “Modelo”, vale decir: acentuar los rasgos neoyrigoyenistas y neodesarrollistas que lo tipifican, cuando lo que corresponde es cambiar el modelo. Efectivamente: el kirchnerismo ha realizado algunos avances importantes en el camino de la liberación argentina (renegociación de la deuda externa, estatización de las AFJP, inversión en ramas estratégicas de la ciencia y la tecnología, hundimiento del ALCA en Mar del Plata, fortalecimiento de la Unasur,  ratificación del MERCOSUR, recuperación del control el Banco Central, asignación universal por hijo, etc.), pero sin embargo, estas medidas no dejan de ser, como los subsidios, instrumentos de un cambio -que debe ser apoyado, por supuesto- sólo en el modo de distribución, y como tal, insuficiente. El modo de producción capitalista dependiente neoliberal, preparado por la Dictadura e implementado por Alfonsín y sobre todo por Menem, no ha sufrido en lo sustancial modificación alguna. La economía (industria, minería, energía…) continúa tan extranjerizada como antes, si no más; la tierra superconcentrada en pocas manos; el sistema impositivo gravitando proporcional e injustamente más sobre los pobres que sobre los poderosos, el comercio exterior en manos de los pulpos monopólicos, el sistema ferroviario destruído, los bancos intocados. Las medidas antiimperialistas y antioligárquicas que hacen falta no son en realidad “materias pendientes” del programa kirchnerista que se aprobarán cuando las relaciones de fuerza más favorables lo permitan en el futuro: son materias sencillamente ausentes en la currícula del kirchnerismo dirigente. No hay un plan revolucionario “secreto” que esté esperando su oportunidad de realización. No hay otro programa que el que se está  aplicando y que se limita a una redistribución más equitativa de la renta nacional (neoyrigoyenismo, por tanto) y una reindustrialización y desarrollo del país con la “ayuda” de las inversiones extranjeras, al modo que lo intentó Frondizi en 1958/62 (neodesarrollismo, por tanto).

La base social de este proyecto es la pequeñoburguesía satisfecha, principal beneficiaria del nuevo modelo sojo-minero exportador fogoneado por el cambio de dirección del tradicional deterioro de los términos del intercambio de nuestras materias primas exportables. Satisfechas sus necesidades básicas, estas clases medias “progresistas” no quieren tener problemas con las clases dominantes y el imperialismo y sólo desean “avanzar” en el terreno de las superestructuras (matrimonio gay, defensa ambiental, derechos humanos, libertades democráticas, lucha contra la corrupción, ley de medios,  justicia “independiente”, funcionamiento parlamentario, etc.). Se comprende que el cristinismo no desee realizar cambios progresivos en la estructura de la propiedad de los grandes medios de producción y cambio, ya que el “modelo” en vigencia está funcionando satisfactoriamente, alimentando las arcas fiscales y produciendo su propia base social de apoyo entre los favorecidos por el despliegue de su impresionante potencial. Razón tenía Marx cuando afirmó, en 1859, que “ninguna formación social desaparece antes que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella”.
 
Efectivamente: si el modelo argentino presente funciona perfectamente desarrollando sus fuerzas productivas ¿para qué aventurarse en cambios de resultados inciertos? Sobre todo si los especialistas aseguran que la demanda externa de soja y demás commodities no cesará de crecer por lo menos durante los próximos veinte años. Por igual razonamiento tácito, el yrigoyenismo histórico se limitó a administrar el Primer sistema agro-exportador y liberal, democratizándolo en lo posible, pero sin pensar en cambiarlo. Pero lo que es un gran plazo para una vida, no es nada para los pueblos, que se realizan en la larga duración, por decirlo braudelianamente. En este sentido, hay que preveer –ahora que tenemos la experiencia de la quiebra del modelo agroexportador de la Generación del Ochenta, que se creía eterno– que alguna vez cambiarán nuevamente las tornas. Entonces no debemos perder esta oportunidad. Si no rompemos el cordón de la dependencia que nos ata al imperialismo, si no construimos un país moderno e independiente en la esfera económica y soberano políticamente, unido al resto de América Latina en una gran nación cuya perspectiva de futuro sea el socialismo, las venideras crisis del capitalismo mundial nos arrojarán a aguas tormentosas que pondrán en peligro la existencia misma de este bajel que se llama Argentina.
 
En cuanto a nosotros, la Izquierda Nacional, no debemos conformarnos con ser consejeros áulicos o diagramadores de programas y consignas para que sostengan o ejecuten otros. La única garantía cierta para el sostenimiento de nuestras ideas –muchas de las cuales, como la consigna estratégica de la Unidad Latinoamericana son hoy sentido común– es nuestra propia existencia, es la reconstrucción de un sistema de cuadros en una organización ideológica, política, funcional y estratégicamente independiente del imperialismo, la oligarquía y la burguesía. E independiente asimismo del kirchnerismo, al cual debemos dar un apoyo crítico como un movimiento nacional en formación o un movimiento semi-nacional, como también puede ser caracterizado por autolimitarse a las reformas en la esfera de la distribución sin atacar las raíces de la dependencia nacional. Como decíamos líneas más arriba, una actitud parecida tuvo en su época el yrigoyenismo –mechado incluso por gigantescas represiones que hoy están ausentes–, pese a lo cual nuestra corriente, hecho el balance histórico, lo consideró un movimiento nacional y popular y le dio su apoyo retrospectivo. Únicamente en el ancho cauce del movimiento nacional en formación –y no diluyéndonos dentro de alguna de las organizaciones kirchneristas que nos someterían a una jefatura burguesa o pequeñoburguesa–, acompañando desde la izquierda, el Socialismo Nacional adquirirá autoridad política, solvencia teórica y solidez organizativa. Tres requisitos para hacer aportes positivos al campo nacional antiimperialista que vayan más allá de las meras contribuciones ideológicas, siempre en la estela del curso abierto en el 2003 –aún con críticas y delimitaciones– porque enfrentarlo nos colocará en el mismo sistema de fuerzas en que se debate estérilmente la ultraizquierda y la izquierda cipaya. Si los sectores antiimperialistas y juveniles del kirchnerismo, en la disyuntiva que se les plantea, optan por esforzarse en torcer el rumbo de su movimiento, de la profundización al cambio de modelo, allí estará la Izquierda Nacional para acompañarlos junto al pueblo argentino. Si la oportunidad se frustra, las masas buscarán otro camino y allí también estaremos. 

Córdoba, 15 de julio de 2011

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  • Artículo cargado el 13/07/2011 - 08:33

Los disparates de Filmus y la paliza de Macri al Kirchnerismo

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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¿Por qué Macri le asestó una paliza formidable al kirchnerismo? Acá va la explicación de Filmus, proporcionada al diario La Nación de hoy, 12 de julio: “Cuando la economía funciona bien, mucha gente prefiere que las cosas se queden como están, es menos propensa al cambio. Y Macri lo vio, porque los últimos días estuvo muy ‘cristinista’. La gente dice: ‘estamos bien’ y no sabe si es por el gobierno nacional o por el de la ciudad”.

Es decir: según el trabalenguas sintáctico de Filmus, son los éxitos económicos del gobierno nacional los que producen como resultado el encumbramiento de los representantes políticos –y hasta corporativos– de la burguesía trasnacionalizada y de la derecha neoliberal. El macrismo vendría a ser, en consecuencia, algo así como la etapa superior del kirchnerismo.

Naturalmente, se trata de un disparate. Si los porteños estuvieran tan satisfechos con el gobierno, entonces habrían votado al candidato oficialista, y no a los opositores, como lo han hecho en un porcentaje cercano al 80%. Pero de ese disparate se sigue toda una línea politica de consecuencias desastrosas para quienes aspiran a desenvolver los elementos nacional-populares que pudieran estar contenidos en el kirchnerismo.

Filmus: un clon de Macri

En efecto, si el desenvolvimiento del programa económico kirchnerista fortalece a personajes como Macri, entonces convendrá tácticamente promover, dentro del kirchnerismo, a aquellos políticos cuyo perfil más se parezca al de los personajes como Macri. Esto significa que el kirchnerismo debería mimetizarse con sus opositores a fin de ganar el favor electoral de “la gente”. Es esta creencia, precisamente, la que condujo al dedo de Cristina a señalar al propio Filmus como su candidato en las elecciones porteñas. Al fin y al cabo, ¿hay alguien más parecido al “privatizador” Macri que un ex ministro de educación pública que mandaba a sus propios hijos a escuela privada? ¿Hay alguien más cercano a la derecha neoliberal que el hombre que como funcionario menemista llevó adelante la política del Banco Mundial en el área educativa? ¿Hay alguien más pragmático y menos principista que el propio Filmus, un carrerista y trepador que pasó del grossismo al menemismo, de ahí al ibarrismo y a la Alianza y finalmente —por ahora— al kirchnerismo? Y si fuéramos más allá de la Ciudad de Buenos Aires: ¿no es el kirchnerista Scioli lo más parecido que puede encontrarse al antikirchnerista De Narváez?

Pero enfrentar electoralmente a los representantes de la derecha neoliberal con clones de esos representantes de la derecha neoliberal tiene dos inconvenientes. El primero es que la gente prefiere el original a la copia. Si tanto Macri como Filmus representan, como dice éste último, la politica económica del gobierno, es decir, un modelo de país “productivo”, entonces las diferencias entre ambos se reducen a determinar si hay que priorizar este o aquel pavimentado, o si hay que hacer a tal o cual avenida de doble mano para descomprimir el tránsito. Ante este orden de problemas, la gente se guía por un precepto de prudencia: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Y vota a Macri.

La correlación de fuerzas

El segundo problema es de mayor complejidad y menor inmediatez, y por eso puede parecer superfluo a los estrategas miopes del kirchnerismo.
La contrarrevolución triunfante en 1976 e institucionalizada a partir de 1983 ha establecido determinada correlación de fuerzas entre las clases sociales, la cual es manifiestamente desfavorable para el campo nacional-popular. Cuando se le objeta al kirchnerismo que no toma medidas de fondo contra la rosca oligárquico-imperialista que gobierna el país (como la nacionalización del comercio exterior, la estatización de los recursos energéticos, etc.), la respuesta es siempre la misma: la correlación de fuerzas no lo permite. Sin embargo, lo que caracteriza a toda fuerza política con pretensiones más o menos revolucionarias (¿y cómo un gobierno nacional-popular no tendría pretensiones revolucionarias?) es justamente la intervención sobre la correlación de fuerzas con el objeto de modificarla, y no la adaptación pasiva a ella. Desde esta perspectiva, la derrota kirchnerista frente al macrismo en Ciudad de Buenos Aires es mucho más profunda de lo que las cifras indican. Porque una cosa es un 28% de votos que exprese un momento coyuntural en la acumulación de fuerzas claramente anti-establishment, y otra muy distinta es que ese mismo porcentaje haya sido obtenido luego de diluir el propio perfil hasta hacerlo irreconocible.

Podría objetarse: si el kirchnerismo hubiera enfrentado a Macri enarbolando las banderas de la Revolución Nacional, le habría ido peor de lo que le fue, puesto que el electorado porteño es intrínsecamente liberal y conservador. Pero sería una objeción equivocada, basada en una concepción antidialéctica de lo que es la realidad: el 28% del kirchnerismo, más el 13% de Proyecto Sur evidencian que ya hay una base social cuantitativamente significativa desde la cual batallar contra la derecha neoliberal. Y si la batalla se librara a fondo, ¿por qué no se van a sumarse sectores populares, de tradición peronista, que en esta ocasión han votado por Macri, ante la inexistencia de algo diferente y mejor? La Revolución Nacional nunca va a encontrar ya dadas las condiciones político-sociales para su realización; es su tarea construirlas fundamentalmente en la esfera político-ideológica.
Es probable que el kirchnerismo renuncie al balotaje. Si no lo hace, le espera una nueva paliza electoral. En cualquiera de los casos, la disyuntiva que se abre ante la militancia es la siguiente: o permite que los funcionarios kirchneristas terminen la obra para la cual fueron convocados luego del estallido de 2001 -la recomposición del régimen demoliberal partidocrático-, dejando que los Macri de todos los pelajes sean el futuro próximo o, por el contrario, dan la espalda a los cantos de sirena del poder que quiere cooptarlos y avanzan hacia la reconstrucción del Frente Nacional Antiimperialista.

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  • Artículo cargado el 13/07/2011 - 08:18

Los progres, “Maurizio” y el medio pelo

Juan Manuel LucasSocialismo Latinoamericano

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Paradojas de reformista bonachón y dócil; el progresismo despliega, ante el triunfo del menos perspicaz de los hijos reconocidos de Franco Macri, su infinito arsenal de zonceras.

No es demasiado difícil imaginar lo que Don Arturo Jauretche opinaría sobre sus nóveles epígonos de la pequeña burguesía ilustrada. Lo cierto es que tratando de dotarse de cierta pátina de antiimperialismo acorde a los tiempos “nac & pop”, el progre argentino cree por fin comprender a uno de los más insignes pensadores populares argentinos: azonzado por la apropiación apócrifa de la figura de Jauretche, el típico clasemediero eleva sus acusaciones contra la clase media reproduciendo una zoncera que se ha extendido en relación directa al desconocimiento del que todavía es víctima el autor de “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina”.

Según la lógica de pensamiento del progresista antimacri, si es que hay algo de lógica en un pensamiento tan superficial, la elección del domingo pasado puede reducirse a lo siguiente: ganó Macri, al que llaman “Maurizio” por la brutalidad, la idiotez y la atolondrada confusión de la clase media, a la que denominan “medio pelo”. Dos zonceras en una sola afirmación constituyen una auténtica hazaña teórica. Confundir a un oligarca liberal con un nazi y a la clase media con el “medio pelo” jauretcheano no deja de evidenciar la profunda incomprensión que en el progresismo pequeño burgués genera la denominada cuestión nacional, algo que los lectores dominicales de página 12 reducen, en el mejor de los casos, a una incómoda excentricidad nacionalista.

Con respecto a la primera zoncera, se trata de una adjetivación que se está propagando con una inusitada velocidad entre los lectores de Feinman, Bonasso o Bayer ya que tiene la asombrosa capacidad de ser aplicada indistintamente a Macri o al mismísimo Perón. El progre, en tanto derivada colonial del triunfo mundial de los imperialismos democráticos sobre los totalitarios, confundirá siempre los nacionalismos ofensivos y eurocéntricos que emergen en las formaciones sociales imperialistas relegadas como resultado del crack del `29, con los nacionalismos populares y defensivos de los países semicoloniales que se consolidan en el tercer mundo gracias a la crisis mundial del Imperialismo durante la posguerra.

A pesar de que el nacionalismo popular latinoamericano constituye la negación del nacionalismo imperialista, “nazi” o “facho” son los insultos típicos del furibundo demócrata de izquierdas. Constituye un escapismo, una fuga de una realidad que se resiste a los corsés azonzados de la corrección política progre y sus polarizaciones entre “derechas e izquierdas”, “democracias o dictaduras”, “civiles o militares”, “procesistas o derechohumanistas”, y un sinnúmero de zonceras que exigirían varios más que un manual, una enciclopedia de zonceras argentinas. Una identidad tributaria de los grandes lineamientos políticos y teóricos de los imperialismos democráticos y sus órganos de diseminación y adoctrinamiento, aún cuando se trata de una zoncera, que el destinatario de tales adjetivaciones sea Maurizio puede considerarse, inclusive, auspicioso si se considera la tendencia del progresismo a confundir antiimperialismo con fascismo.

Sin embargo, la segunda de las zonceras es preocupante si pensamos en tipos que pueden pasar un verano entero leyendo por puro gusto a Zizek o a Lacan y que, no obstante, insisten con reducir el concepto de “medio pelo” al de clase media. Se trataría, retomando aquello de la lógica, de una falacia de autoridad (“Argumentum ad verecundiam” como la denominaría con gusto cualquier figurón de academia) sino constituyera una absoluta tergiversación de la producción del propio Jauretche.

La respuesta está a sólo seis hojas. Menos que muchas de las tediosas notas de los aparatos de prensa de la social democracia vernácula… Seis hojas en una prosa súper accesible, ágil, profundamente seductora… diez minutos de lectura atenta como mucho… Dos paradas de subte, cincuenta cuadras en micro, un corte publicitario en 6,7,8, el entretiempo del fútbol para todos… No está en las conclusiones, ni en ninguno de sus capítulos de desarrollo. Se encuentra en la advertencia preliminar con que Jauretche abre el libro, pagina 19 de la histórica edición de Peña y Lillo: “Cuando en la Argentina cambia la estructura de la sociedad tradicional por una configuración moderna que redistribuye las clases, el medio pelo esta constituido por aquella que intenta fugar de su situación real en el remedo de un sector que no es el suyo y que considera superior. Esta situación por razones obvias no se da en la alta clase porteña que es el objeto de la imitación; tampoco en los trabajadores ni en el grueso de la clase media”. Intersección estructural entre burguesía industrial en ascenso y oligarquía en crisis (los primos pobres al decir de Don Arturo) el medio pelo es el resultado, precisamente, de los esfuerzos intelectuales y políticos por sostener durante la sustitución de importaciones y en los marcos del amplio frente antiimperialista que constituía el Peronismo a los sectores populares de la pequeña burguesía.

Sí al menos uno de los formadores de opinión progresista se hubiera molestado en la lectura de esas seis páginas, sí sus ansias psico bolches les hubieran permitido encontrar en Don Arturo algo más que un refranero de chicanas y artilugios para la discusión de café, se evitarían ser la evidencia empírica de “Los Profetas del Odio y la Yapa”: en una correspondencia casi mecánica con las zonceras que la pedagogía colonial y sus aparatos de prensa, particularmente los de izquierdas, inoculan en el tejido social de la patria vasalla apuran lecturas de ocasión, memorizan un par de términos, y ya se asumen como representantes del pensamiento jauretcheano, caracterizado, precisamente, por ridiculizar y escarnecer los macaneos con que la pequeña burguesía académica se entretiene “pensando”.

“El Medio Pelo” no constituyó en modo alguno una crítica global a la “clase media”, heterogéneo y multifacético colectivo que ha sostenido a las más lúcidas y poderosas inteligencias del antiimperialismo latinoamericano, Jauretche por ejemplo, y a los zonzos,  macaneadores y cagatintas del progresismo cipayo que no dudan en citarlo para tergiversarlo, evitándose una autocrítica profunda en que emergerían inesperadas coincidencias con Maurizio, y paradojales proyecciones de oposición con cada uno de los pensadores nacionales y populares.

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  • Artículo cargado el 13/07/2011 - 08:17

Escandaloso fracaso político-electoral del Frente de Izquierda

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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Uno de los datos significativos que arroja la elección de ayer es la abrumadora derrota electoral y política del Frente de Izquierda (FIT) entre PO, PTS e IU. Según datos difundidos, el FIT habría obtenido unos 14 mil votos. Esto significa el 0,77% sobre el total de votantes (y algo menos sobre el total del padrón). Es decir: peor, imposible.

Haciendo un empleo muy particular de las estadísticas, PO suele presentar sus reiterados fracasos electorales como si fueran triunfos extraordinarios, estableciendo comparaciones arbitrarias con otras competencias electorales. Así, si en unas elecciones anteriores obtuvo, por ejemplo, 7 mil votos entre 2 millones de votantes, y ahora obtiene 14 mil votos entre 2 millones y medio, su conclusión será que ha experimentado un crecimiento cercano al 100%, el cual es superior al crecimiento de cualquier otro partido. Sin embargo, en esta ocasión ese recurso absurdo no está al alcance de los analistas del PO.

En las elecciones porteñas de 2007 PO había obtenido un 0,90% de los votos (unos 12 mil), mientras que el PTS obtuvo un 0,40% (unos 5 mil) e Izquierda Socialista el 0,30% (unos 4 mil). En total, suman alrededor de 21 mil votos, es decir que un tercio de esos votos se habrían perdido en las elecciones de ayer. El retroceso es políticamente mucho más significativo si se considera que la constitución del Frente de Izquierda implicaría un “salto cualitativo” que potenciaría el atractivo electoral de la izquierda. Evidentemente, nada de esto ha sucedido.

En las elecciones porteñas de 2009 PO había obtenido el 0.70% de los votos (unos 12 mil), mientras que PTS e Izquierda Socialista, juntos, obtuvieron el 0,30% (unos 5 mil) y el MST, que en esa ocasión se presentó solo, llegó al 0,75%. Si sumáramos sólo los votos de los integrantes del Frente de Izquierda, obtendríamos unos 17 mil. Tanto en términos absolutos como relativos (porcentuales) también el Frente de Izquierda ha experimentado un retroceso respecto de las elecciones de 2009. Si se considera que el MST fue diluído en el centroizquierda (con una alta dosos de oportunismo, por cierto), sus votos “vacantes” de 2009 no habrían sido absorbidos por el Frente de Izquierda. Esto hace políticamente más significativo su fracaso.

Sintetizando:

  • elecciones 2007: votos PO+PTS+IS 21 mil
  • elecciones 2009: votos PO+PTS+IS 17 mil
  • elecciones 2011: votos Frente de Izquierda: 14 mil
  • El desconcierto de los analistas de PO es tan grande que en las pocas líneas publicadas inmediatamente después de los comicios -seguramente todavía en estado de shock- sólo atinan a decir generalidades (ver abajo). El PTS, cada vez más mimetizado con PO, repite más o menos lo mismo. Pero de lo que se trata no es de solazarse constatando el fracaso electoral del Frente de Izquierda. Al fin y al cabo, sus impulsores son mayoritariamente luchadores honestos que desean abrir un camino hacia la emancipación de los oprimidos y el socialismo. De lo que se trata, en realidad, es de pensar las causas profundas, de carácter teórico-estratégico, que conducen a estos resultados.

    Reiteraré algo ya dicho: en los países semicoloniales como Argentina, la línea seguida por la izquierda revolucionaria no debe propender a la constitución de “frentes de izquierda”, sino de frentes nacional-populares. Estos últimos son los que le permiten a la izquierda converger con un movimiento de masas que se extiende más allá de los límites que fijan la identidad del proletariado. Pero, además, un verdadero frente de izquierda sólo tiene sentido, en aquellos países en que corresponda crearlos, en la medida que las fuerzas integrantes expresen realmente sectores importantes de la clase obrera. Esto es lo que ha sucedido en experiencias frentistas entre partidos socialistas y comunistas de masas. En el caso del frente entre PO, PTS e IS, sólo se trata de un acuerdo oportunista entre grupos más o menos sectarios, de raiz pequeñoburguesa y universitaria,  que creyeron que juntándose podrían eludir el peligro que se cierne sobre ellos a partir de una ley electoral restrictiva. No de otro modo se explica que Altamira, que hasta hace muy poco justificaba la negativa de su partido a hacer experiencias frentistas con grupos similares debido a “diferencias estratégicas fundamentales”, ahora haya descubierto que hay “acuerdos estratégicos fundamentales”.

    Lamentablemente, la influencia que el sectarismo ultraizquierdista ejerce sobre una porción de la vanguardia militante juvenil y de los trabajadores, constituye un serio obstáculo para remontar las condiciones de retroceso que nos legó la contrarrevolución del 76, que continuó la democracia colonial del 83 y que hoy todavía padecemos.

    • Historiografía 
    • Artículo cargado el 17/06/2011 - 00:53
    Polémica con Marcelo Gullo

    El revisionismo científico y el panegírico rosista

    Roberto A. Ferrero

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    I

    En una ponencia presentada al “1° Congreso de Revisionismo Histórico” celebrado en Navarro el 14 de Mayo de 2011 el Doctor Marcelo Gullo (Master del Institut Universitaire de Hautes Etudes Internationals de la Universidad de Ginebra, diplomado en la Escuela Diplomática de Madrid y Doctor por la Universidad del Salvador) sostiene “La necesidad de un nuevo revisionismo histórico”. Tal el título de su trabajo.

    Para justificar esta necesidad argumenta muy convincentemente acerca de la “vulnerabilidad ideológica” de los países mas débiles frente a “las grandes potencias” o “Estados emisores” (de ideología), como los llama, y encarece el deber de poner en práctica una “insubordinación ideológica” que asuma el carácter de “fundante” para liberarse de la dominación cultural de los centros imperialistas. Seguidamente explica que la “primera insubordinación” anti-hegemónica fue protagonizada por la Generación del 900 (José Enrique Rodó, Manuel Ugarte y José Vasconcelos, sus principales referentes).

    Aun dejando de lado el hecho, no recordado por el autor, de que la oligarquía porteña era sin duda la pieza esencial del aparato de recepción ideológica de las ideas europeas porque ellas justificaban su propia hegemonía social y económica, no se puede sino coincidir plenamente con esta primera parte de la tesis del Dr. Gullo.

    Pero es imposible acordar con él en los dos equívocos que recorren su ponencia, uno por defecto y otro por exceso.

    El primero comienza cuando el ponente afirma que la “segunda insubordinación ideológica” —ahora más localizada en el área rioplatense— tuvo como protagonista central a la “Generación Revisionista” que conformaron Arturo Jauretche, Raul Scalabrini Ortíz, José María Rosa, José Luis Torres, Arturo Sampay, Rodolfo Puiggrós, Juan José Hernández Arregui, Jorge Abelardo Ramos, Fermín Chávez, los uruguayos Washington Reyes Abadie, Vivian Trías y el mas joven de todos ellos Alberto Methol Ferré. “Fuera del Río de la Plata —añade— pueden también considerarse inscriptos en esta corriente el boliviano Soliz Rada y el chileno Pedro Godoy, estos dos últimos aún en vida”.

    Efectivamente: para mantener su argumentación de que hace falta un “nuevo” revisionismo, el Dr. Gullo se ve obligado a interpretar que el de Jauretche, Rosa, Soliz y demás es un viejo revisionismo, porque si lo aceptara como “nuevo” (como es en realidad) no podría sostener —por innecesaria— su tesis de actualizar “a nuevo” el movimiento de revisión histórica. Para afirmar, contra los hechos, esta tesitura, se ve entonces obligado a dar otro paso: negar —no en el sentido hegeliano de superar, sino en el más prosaico de ignorar su existencia misma— la presencia en su momento fulgurante de la “Primera Generación Revisionista” argentina (¡sin hablar ya de Saldías, Quesada, Silva, David Peña y otros!). Nos referimos, naturalmente, a aquellos ensayistas e historiadores que reivindicaron completamente la figura de Juan Manuel de Rosas a partir de los años 30 y pusieron de relieve la mendacidad de la historiografía oficial-mitrista: Carlos Ibarguren, Font Ezcurra, los hermanos Irazusta, Manuel Gálvez, Ernesto Palacios, Marcelo Sánchez Sorondo, Luis J. Ossés, Sáenz y Quesada, Ramón Doll y otros escritores menores. Fueron ellos —y no los que menciona el Dr. Gullo— los autores de la “segunda insubordinación ideológica”. En ellos preferentemente –antes que en los que menciona el Dr. Gullo, que fueron sus contemporáneos— abrevó Arturo Jauretche, además de hacerlo “entre los más remotos, los más altos: Saldías y Quesada”. [1] Ensayistas e historiadores como Jauretche, Scalabrini, Sampay, Rosa, Chávez, etc., son entonces los protagonistas de la “tercera insubordinación”, porque constituyen el segundo o “Nuevo Revisionismo”, tan vigente como antes. De manera que no hay necesidad alguna de ningún “Nuevo Revisionismo”.

    De todas maneras, el Dr. Gullo defrauda nuestras expectativas, porque el “Nuevo Revisionismo” (“Novísimo” habría que llamarlo) que postula no entraña ningún paradigma más actualizado de una interpretación enriquecedora de los logros de los anteriores revisionismos. La misión del “Nuevo Revisionismo” es, en sus palabras, terminar la reivindicación del peronismo, tarea que “quedó inconclusa porque a la mayoría de estos hombres de pluma y política los sorprendió antes la muerte”. “Concluir esta tarea —termina el Dr. Gullo— es la misión ineludible del Nuevo Revisionismo Histórico”. Tarea en verdad modesta, cumplida ya en un 99 %, y para terminar la cual no hace falta, como decimos, ningún nuevo “Nuevo Revisionismo”, ya que está vigente el viejo “Nuevo Revisionismo”, por hacer un juego de palabras: Zuleta Alvarez, Sullé, Muñoz Azpiri, Alén Lascano, Galasso o el mismo Gullo, todos ellos prosiguen su trabajo.

    El segundo equívoco es por exceso: incluye en su lista de la “segunda insubordinación” (que es en realidad la tercera, según vimos) demasiados historiadores o ensayistas políticos que no pertenecieron nunca a esa corriente rosista del revisionismo: Jorge Abelardo Ramos, Vivian Trías, Andrés Soliz Rada y Pedro Godoy. Ellos fundaron su reinterpretación de la historia argentina y latinoamericana en otros parámetros que los del simple endiosamiento del Ilustre Restaurador, atendiendo a las relaciones de clase, los cambios de la estructura económica, la evolución de la cultura dependiente y demás factores condicionantes. Por ello son integrantes de la Escuela del Revisionismo Científico —lo mismo que Norberto Galasso y Honorio Díaz, Salvador Cabral o Raúl Dargoltz, Alfredo Terzaga o Luis Alberto Rodriguez— y no de la corriente en los que los quiere subsumir el Dr. Gullo. ¡Y qué decir de Rodolfo Puiggrós, que aún siendo peronista (peronista marxista) escribió un libro especial contra el gobernador porteño que llamó —con resonancias victorhuguescas del tercer Napoleón— “Rosas el Pequeño” (Ediciones Perennis, 1953)!

    II

    Incluso Arturo Jauretche, que le sirve al ponente para hacer el panegírico de Rosas en su artículo “Jauretche, Rosas y el Revisionismo Histórico”, no era pese a lo que se diga, un rosista avant la lettre. Por el contrario: aunque no vacilaba en presentarnos a Rosas como “pivote histórico”[2], simultáneamente y en el mismo libro —“Política Nacional y revisionismo histórico”— advertía muy prudentemente: “El revisionismo histórico al restaurar a don Juan Manuel en su verdadera dimensión y significado, debe de darnos su imagen humana, es decir histórica; ni el diablo del tabú oficial, ni el santo de un nuevo tabú. Nada de mármol recompuesto, ni de yeso dorado” [3]. Los revisionistas rosistas no han seguido este consejo de moderación historiográfica.

    La pintura que nos hace el Dr. Gullo del General Rosas y de su gobierno está también muy lejos seguir el prudente consejo de don Arturo. Por el contrario, y contrariando siempre los hechos, nos presenta al jefe de la oligarquía porteña como el adalid de una política de Patria Grande, defensor del federalismo, promotor de la industrialización argentina y héroe de una “insubordinación fundante” contra Inglaterra. Estos ditirambos, sin embargo, no resisten el análisis en cuanto dejamos de lado las proclamas y los actos de fe para atenernos a la realidad de lo efectivamente acaecido.

    Como las distintas tendencias del revisionismo estamos de acuerdo en los méritos de Rosas —el mantenimiento de la soberanía en la Vuelta de Obligado y en las negociaciones con los franceses, el enfrentamiento a los unitarios vendepatrias, la disolución del Banco “Nacional” creado por Rivadavia para los comerciantes ingleses que lo controlaban, y la prohibición de exportar oro y plata, principalmente—[4], conviene mencionar brevemente los aspectos negativos de su gestión gubernamental (los de su personalidad los dejamos para José María Ramos Mejía y los psicólogos…), ocultados por sus panegiristas, para poder hacer así, con el debe y el haber, un balance más ecuánime de su dilatado gobierno

    1. LA POLITICA DE PATRIA GRANDE. Veamos antes que nada la supuesta “Política de Patria Grande”, que don Arturo presenta como aquella “celosa del mantenimiento de la extensión” [5] y contraria por tanto a la de Sarmiento, que entendía que el mal que aquejaba a la Argentina era justamente el de la extensión, como tanto se le ha reprochado con justicia. En este aspecto creemos, con todo el respeto que nos merece don Arturo, en cuya lectura hemos crecido, que Rosas no practicó nada semejante a esa política que se le atribuye, sino la contraria: la de la Patria Chica, su patria, es decir, la provincia de Buenos Aires. Efectivamente: Rosas enconó al Paraguay arrinconándolo en el fondo de los ríos al prohibirle el comercio fluvial esencial para su existencia [6] y convenciendo cada vez más a sus gobernantes que con Buenos Aires era imposible cualquier acercamiento; no se supo ganar a los uruguayos, que en 1825, en el Congreso de La Florida habían expresado su voluntad de reincorporarse a la Patria común; abandonó al Brasil las Misiones Orientales y a Chile la zona del Estrecho de Magallanes al desinteresarse de ellos; dejó a Bolivia la provincia de Tarija porque se integraba de meros “pueblos miserables”, pero no obstante, en alianza con la oligarquía chilena y tomando como argumentos las intrigas del cónsul inglés Hood, ayudó a derrotar al Mariscal Andrés Santa Cruz, creador de la Confederación Peruano-Boliviana, primera tentativa de reagrupamiento sudamericano después de la Gran Dispersión balcanizadora de 1830 [7]; empujó a las provincias de Cuyo a los brazos de Chile al negarse a dar protección aduanera a sus industrias y oponiéndose al tratado de comercio que Mendoza —y San Juan— se vieron obligadas a firmar con el país trasandino el 3 de abril de 1835 para reactivar sus alicaídas economías, a la vez que el mendocino José Luis Calle se dirigía al Ministro Portales “por creer que el gobierno de Chile no rechazaría la solicitud de las provincias de Mendoza y San Juan, de que se les admitiese en la asociación política de ese país” [8]. Finalmente: por nota del 21 de septiembre de 1838 ofreció a Inglaterra cederle la explotación de los yacimientos de guano, yeso y minerales y las pesquerías de la Patagonia, y reconocerle la soberanía de las Islas Malvinas que había ocupado cinco años antes, a cambio de la cancelación de la injusta deuda del Empréstito de la Baring Brothers contraído por Rivadavia (y viene bien recordar aquí que cuando el Ministro Charles James Hamilton ofreció en Buenos Aires, el 18 de octubre del mismo año del atropello, un baile de honor por el cumpleaños de la princesa Adelaida, concurrió el propio Rosas y su gabinete, de manera que –como se señaló- “mientras el gobierno inglés colonizaba el archipiélago argentino de Las Malvinas, el Gran Americano bebía de la misma copa con el representante del gobierno usurpador”) [9]. Varios años después, en 1847, excusó a la Argentina de asistir al Congreso de Lima, citado para estudiar la forma en que los países latinoamericanos debían afrontar las agresiones neo-colonialistas del momento; alegó para no concurrir a la magna reunión “las extraordinarias circunstancias en que se encuentra la República” ¡que eran precisamente las de la invasión colonialista de Francia e Inglaterra!, que deberían tratarse en Lima, entre otras [10].

    ¡Esta era la “política de Patria Grande de don Juan Manuel! Con razón escribía Don Jorge M. Mayer que al Ilustre Restaurador “nada le interesaba fuera de la pampa verde”.[11] Cualquier parecido con la geopolítica de Mitre y Sarmiento no es pura casualidad: los tres eran representantes de la oligarquía argentina, que ponía sobre todas las cosas el imperio del latifundio, las vacas y los cueros, es decir: la pampa húmeda y su Puerto.

    2. LA LEY DE 1835, LAS FANTASIAS INDUSTRIALISTAS Y ARTIGAS. Tampoco correspondía a una política de Patria Grande la aplicación de la célebre e invocada Ley de Aduana del 18 de diciembre de 1835, que estableció una serie de prohibiciones y elevación de aranceles a la introducción de la producción extranjera. No hay rosista –el Dr. Gullo incluído— que deje de mencionar las declaraciones de agradecimiento que por el dictado de esta ley de aprobaron las Legislaturas de Salta, Tucumán y Catamarca en 1836, primer año de vigencia de la ley, firmada sólo por Rosas sin intervención de su Sala de Representantes. Pero estas declaraciones expresaban las esperanzas de las provincias interiores y no eran un juicio sobre los resultados de su observancia —o violación— por parte de las autoridades porteño-rosistas, que —naturalmente— recién se advertirían años más tarde. Gullo acepta que esta legislación se debió a la “insubordinación ideológica” contra el librecambismo rosista protagonizado por el correntino Pedro Ferré, el santafesino Manuel Leiva y el cordobés canónigo Marín entre otros, y a la presión de “artesanos y fabricantes” afectados por la libre introducción de la mercancía inglesa. Descartemos en esta génesis la “conversión de Rosas al proteccionismo” imaginada por Gullo y desmentida por los hechos posteriores, y agreguemos en cambio que fue una hábil maniobra del gobernador de Buenos Aires para mantener calmadas por un tiempo a las provincias, porque “comprende —es Jauretche quien lo dice— la necesidad de una conciliación con los intereses del interior”[12]. Vale decir: una medida coyuntural, una “conciliación” y no un plan nacional generoso de desarrollo industrial protegido, impensable en la perspectiva de la oligarquía terrateniente vacuno-saladerista, cuyos intereses representaba Rosas y se fundaban en la más amplia vigencia del librecambio con Inglaterra y no en una decidida intervención del Estado en la economía, como había preconizado Mariano Moreno en su “Plan de Operaciones [13]. Y no olvidemos que esta concesión parcial —y temporal, como veremos— se combinaba “armoniosamente” con feroces represiones, como la que sufrió Córdoba en 1840 a manos de Oribe, que se cansó de degollar federales provincianos con la excusa de combatir a unitarios casi inexistentes.[14] El palo y la zanahoria, que le dicen.

    El destino y la aplicación de la Ley de Aduana confirman estos juicios. Por empezar: nunca estuvo destinada a proteger a las industrias domésticas y manufacturas del Interior, sino sólo de la provincia de Buenos Aires. Por eso —otra cosa que los rosistas ocultan— dos días después de dictar la Ley de Aduana Rosas firmó “un decreto prohibiendo el ingreso a Buenos Aires de las manufacturas procedentes de las provincias”, por lo que “mal podría, pues, estimular el desarrollo de esas artesanías —dice José Raed— cerrándoles el mayor mercado de consumo”.[15] Medida que completó el 11 de enero de 1839 elevando el impuesto de tránsito para atravesar el “Puente de la Restauración” —ingreso principal a Buenos Aires-, a la vez que liberaba de gravámenes a las mercaderías que salían de esa ciudad hacia las provincias…Y cuando el gobernador de Corrientes le reclamó en 1836 por el aforo del 20% que pagaban los cigarros correntinos para entrar a Buenos Aires, le contestó que “tuve la fuerte consideración de que en esta provincia hay muchas mujeres pobres que viven de esta clase de industria” [16]. Primero Buenos Aires, siempre el patriotismo chico de Buenos Aires.

    También ocultan los historiadores revisionistas —tanto los de la segunda como los de la tercera “insurgencia fundante”— que la alabada Ley de 1835 sufrió luego modificaciones que la desnaturalizaron y esterilizaron por completo. Así, el 28 de mayo de 1838 se rebajaron en un tercio todos los impuestos de entrada por el puerto local, y —más aún— el 31 de diciembre de 1841 se liberó del gravamen —asegura Nicolau en su meduloso estudio de la legislación aduanera— “la totalidad de los artículos cuya importación fuera prohibida expresamente al dictar dicha ley” [17]. De haber querido impulsar el desarrollo industrial de todo el país, como aseguran sus panegiristas, el gobierno de Rosas habría aprovechado los mayores ingresos que le proporcionaba la nueva Ley de Aduana para invertir en una mínima infraestructura básica destinada a ese fin, especialmente caminos, puentes y puertos; otorgar crédito barato para las industrias domésticas y los empresarios manufactureros, e impulsar la educación técnica. Eso hubiera hecho un gobernante que hubiera tenido en miras una política nacional, una “política de Patria Grande”. Pero ¿qué hizo el general Rosas al percibir mayores rentas portuarias? ¡Aprovechó para eliminar (art.1°de la Ley de Aduanas) la Contribución Directa —de por sí ya bastante escasa— que abonaban sus parientes y amigos terratenientes de la provincia y los comerciantes ingleses privilegiados [18]. Las provincias, libradas a sí mismas, vigiladas de cualquier insubordinación por el poder militar rosista, debieron reestablecer los gravámenes protectores en sus fronteras, perjudicando el comercio interprovincial y fraccionando el mercado interno en perjuicio mutuo. Los textiles de Córdoba “soportaron una brusca declinación entre 1844 y 1846 y se produjo un vuelco en la economía provincial, de textiles a lana virgen” [19] . Además, en ciertos períodos, el gobierno porteño-rosista perjudicó a la producción azucarera de Tucumán al autorizar la importación de azúcar brasilero, y a San Juan y Mendoza con la introducción e los vinos de Francia, infaltables en la mesa de los ricachones que rodeaban a Rosas. La industria vitivinícola de Mendoza casi desapareció y la minería se vino a menos. La mayor parte de los investigadores independientes, como Mirón Burguin, H. S. Ferns, John Lynch o Juan Carlos Nicolau, coinciden en que las provincias no obtuvieron ningún beneficio duradero para sus industrias de parte del gobierno rosista. Vivian Trías, tan citado por Gullo, no lo es cuando emite su equitativo juicio sobre la Ley: “Sin embargo, el balance final no es favorable […] el proteccionismo languideció en 1841, en lugar de acentuarse como lo hubiera requerido una política estatista de enjundia” [20].

    Más aún: ni siquiera la provincia de Buenos Aires, para cuyas “clases medias” presuntamente se había dictado la Ley de Aduanas, consiguió un balance medianamente favorable. Dos décadas de administración terrateniente sólo produjeron estancamiento industrial: a la caída de Rosas, algunos rubros (armerías, carpinterías, herrerías, zapaterías…) habían crecido, naturalmente, pero otros habían disminuido: las broncerías cayeron de 5 a 1, las fábricas de arneses de 27 a 14, las de carruajes de 3 a 2, las de toneles de 17 a 7, las de velas náuticas de 13 a 8, las herrerías mecánicas de 25 a 19, las colchonerías de 7 a 6, las sillerías de 17 a 3 y las relojerías de 13 a 10; se estancaron las fábricas de botones en 14 y las tornerías en 5; las sombrererías y las 48 mercerías desaparecieron, lo mismo que las manufacturas de carretas, las 3 imprentas, y las fábricas de vinagre, de bombas, de alambiques, de rapé, de peines y otras. La industria del almidón prácticamente se arruinó. La sal de Cabo Verde reemplazó a la de las Salinas Grandes. Para 1853 el crecimiento de la actividad manufacturera en todo Buenos Aires había aumentado el 15% en más de tres lustros: vale decir, apenas el equivalente del crecimiento vegetativo de la población. Había un solo motor a vapor y ni un metro de vías ferroviarias. Desmintiendo por anticipado las entusiastas fantasías de Gálvez y de don Arturo —que cita Gullo— sobre una gran industrialización debida a la magia de la Ley de 1835, el veterano y encumbrado legislador rosista Lorenzo Torres diría refiriéndose a la misma, que “el resultado era que existían hoy los mismos talleres que antes. Que no había tales fábricas en nuestro país, sino solamente talleres, los más de los que se hallaban sin haber progresado un ápice”[21].

    En cambio, la rústica industria del saladero de la oligarquía había experimentado un crecimiento espectacular en un sentido capitalista, igual que el comercio ultramarino, especialmente con la “combatida” Inglaterra.

    Y si bien el gobierno del rosismo no tuvo interés real en desarrollar una burguesía industrial en el Interior y fracasó en hacerlo en la propia Buenos Aires, no hay duda que mejoró la suerte de las masas rurales y urbanas de su provincia, por lo que alcanzó en ella una auténtica popularidad. No se debe descartar en la obtención de esta popularidad una alta dosis de manipulación, como surge de la propia confesión del Restaurador al enviado uruguayo Santiago Vázquez: por temor a que “los hombres de las clases bajas […] se sobrepusiesen y causasen los mayores males”, le pareció “muy importante conseguir una influencia grande sobre esa clase para contenerla o para dirigirla y me propuse adquirir esa influencia a toda costa”[22]. Pero esa influencia no hubiese sido tan extensa ni duradera sin no hubiese estado asentada sobre una mínima participación de las masas en la prosperidad que Buenos Aires obtenía con el librecambio a costa del resto del país que contribuía a formar el tesoro bonaerense a través de los derechos de exportación, que no se invertían más halla del Arroyo del Medio. Esa participación se lograba en parte —como dicen Burguín y Trías para el ámbito urbano— porque los salarios se elevaron al crecer más la demanda de mano de obra que la oferta de ella [23], y en parte –como señala Visintini para las áreas rurales del saladerismo— porque esta industria, al necesitar una mano de obra barata para su competitividad, reducía mediante el librecambio el costo de vida de las masas rurales: los bienes no nacionales de la canasta familiar y la vestimenta completa del paisanaje eran provistos a precios reducidos por la importación masiva desde Gran Bretaña [24]. “El gaucho— dice Mayer— estaba íntegramente vestido y armado con artículos ingleses, desde el poncho, la montura, el freno, la cincha, el facón y las espuelas hasta la olla en que preparaba su comida” [25]. La industria textil del Interior pagaba ese bienestar porteño con su propia penosa decadencia, excluida como estaba del gran mercado de consumo bonaerense y reducida a las elaboraciones más toscas. Rosas fue popular en Buenos Aires al extremo de que dos décadas después de su caída, los gauchos de la frontera de Bahía Blanca —como cuenta Cunningham Graham— clavando el facón en el mostrador de madera de los boliches exclamaban desafiantemente : “¡Viva Rosas!”[26]. Pero sólo en Buenos Aires. En el resto del país —sacrificado a la oligarquía, la burguesía importadora y el comercio inglés— se le temía pero no se lo quería. El Litoral lo desafió siempre y trató de librarse de su asfixiante monopolio portuario; el “Chacho” Peñaloza, ex lugarteniente de Facundo, se subleva en las provincias del Oeste; José Cubas, de Catamarca, lo abandona; Corrientes, con Berón de Astrada, Ferré o los Madariaga enfrenta constantemente a Buenos Aires; Juan Pablo López “Mascarilla”, acérrimo rosista de Santa Fe, comienza a alejarse del Restaurador ya en 1841 respondiendo al estado de la opinión pública; en Córdoba, por la misma época, después del estallido popular de 1839, en los bailes populares, los criollos desafiaban la cárcel gritando “¡Muera Rosas y los asesinos de abajo!”[27] y el gobernador rosista Manuel López abandonaba su capital para no avalar los crímenes de la soldadesca de Oribe.

    En realidad, como lo saben todos los historiadores serios, Rosas no tuvo nada de “industrialista”. Fue un estanciero representante auténtico de la clase latifundista reaccionaria de Buenos Aires, de ideas reaccionarias y autoritarias él mismo, como lo ha demostrado cumplidamente Enrique Arturo Sampay [28], y sostenedor del status quo oligárquico-terrateniente. Por eso resultan hasta graciosos los malabarismos de sus panegiristas por embellecer su imagen, tratando de presentarlo, nada menos, que como ¡continuador de Artigas! Como dice el Dr. Gullo, “lejos de oponerse a la figura política de Artigas, Don Juan Manuel de Rosas fue, en la práctica y dentro del marco de las circunstancias históricas en que se desarrolló su gobierno, su más fiel continuador”. Esta afirmación es totalmente antojadiza, ya que no tiene en cuenta la diferencia abismal entre la teoría (y la praxis, sobre todo) de uno y otro estadistas en orden a la propiedad de la tierra que (en una sociedad rural y ganadera en su 95% —nada “industrializada”— como era la rioplatense) era el nudo central de toda transformación o de toda conservación social. A su respecto, el caudillo oriental proponía en su “Reglamento de Campaña” un verdadero y revolucionario plan de reforma agraria, partición y redistribución de la tierra entre “los negros libres, los zambos de igual clase, los indios y los criollos pobres” y las “viudas pobres si hubieren hijos”, con la “prevención de que los más infelices serán los más privilegiados”[29].En cambio el plan que siempre aplicó Rosas fue el de avanzar la frontera del sur y el oeste bonaerense, despojar de sus tierras a los aborígenes y entregarlas en enormes cantidades a los terratenientes y comerciantes de la elite porteña. Según la investigación minuciosa de Jacinto Oddone, con las ventas a precio vil de la tierra pública hecha por la administración rosista en Buenos Aires, de 1837 a 1840, se formó la “primera tanda” de latifundistas “federales”: 3.367.000 hectáreas compradas por 235 propietarios, o sea a un promedio de más de 14.000 Hs. cada uno de la tierra más fértil del mundo. La “segunda tanda” —palabras de aquel autor— se forma a raíz del decreto del 28 de mayo de 1838, por el que se enajenan en adelante 1936 leguas cuadradas (5.227.200 hectáreas más) a otro pequeño grupo de propietarios [30]. ¿Qué podía haber de común entre un revolucionario como Artigas y Rosas, “su más fiel continuador”? En verdad, Artigas fue el continuador de Mariano Moreno, pero el Ilustre Restaurador fue la negación simultánea de los dos. Fue, sí, fiel continuador de la política rivadaviana de generar latifundistas y otorgar privilegios a los ingleses.

    Vivian Trías, mencionado siempre que convenga a la argumentación laudatoria del Dr. Gullo, tampoco es citado cuando marca otras diferencias entre la política del artiguismo y la de su “fiel continuador” de la Ley de Aduanas: tales las “importantes carencias —explica el autor uruguayo— que estaban perfectamente contempladas en las soluciones del Protector; a)No se prohíbe a los extranjeros ejercer el comercio en el mercado interno; b)No nacionaliza la renta aduanera del puerto de Buenos Aires para capitalizar a las provincias desvalidas; c)Mantiene la dictadura monoportuaria” [31].

    3. UN UNITARIO DISFRAZADO DE FEDERAL. EL MONOPOLIO DEL PUERTO. También se agravia el Dr. Gullo de que “algunos historiadores críticos de Rosas —y me doy por aludido— afirman que “Rosas era un representante de los intereses de Buenos Aires, un unitario disfrazado de federal…”. Y es muy cierto. Tal característica surge no sólo de su tenaz resistencia a nacionalizar el puerto y la Aduana de Buenos Aires, (única fuente nacional importante de recursos de su época) sino de la propia confesión que el dictador le efectuara al general Tomás Guido. Hablando en tercera persona, don Juan Manuel le aseguraba al amigo del Libertador que “Rosas es unitario por principios, pero la experiencia lo ha hecho conocer que es imposible adoptar en el día tal sistema porque las provincias lo contradicen y las masas en general lo detestan, pues al fin sólo es mudar de nombre” [32]. Muy claro su pensamiento: así como se había hecho “gaucho” para mejor manejar a las masas sin dejar de defender los intereses de los poderosos terratenientes y saladeristas, así también se proclamaría “federal” sin dejar de ser unitario y defender la hegemonía prepotente del Puerto sobre la nación. Las masas populares del Interior y del Litoral no se engañaban en su época acerca del carácter “federal” del gobernador bonaerense y por ello un cielito santafesino cantaba: “Rosas quiere gobernarnos/pero con la precaución/de poner a la Unidad/nombre de Federación” [33]. Quienes defendían el verdadero federalismo (que incluía la nacionalización de la Aduana porteña) eran falsamente acusados de “unitarios” y exterminados como alimañas, mientras que los verdaderos unitarios, (siempre que fueran “unitarios propietarios”, como les llamaba) eran tratados con deferencia y hasta incorporados a su gobierno, como hizo con Tomás Guido, Dalmacio Vélez Sarsfield, Manuel J. García, Juan R. Balcarce, Carlos María de Alvear y algunos rivadavianos menos destacados. En 1833 le escribía a Felipe Arana: “Me dice Ud. que los Unitarios propietarios, los que figuraron en tiempos de Rivadavia, son los que más abogan por la marcha de mi administración y mis amigos […]. Por eso no sólo no los he perseguido sino que los he tratado siempre dándoles a cada uno su verdadero lugar según su categoría” [34].

    El confesado carácter de unitario del Brigadier Rosas y de los terratenientes bonaerenses, aunque no se pudo traducir en instituciones unitarias formalizadas legalmente, se expresó en cambio, de hecho, en dos aspectos: Uno, como adelantamos, la larga y obstinada oposición a compartir la aduana con todas las provincias, y otro: su negativa constante a admitir la realización de Congresos constituyentes de la nación, por temor a que ellos sancionaran el paso de la Aduana porteña a manos de todos los pueblos que contribuían a ella, como se hizo finalmente en 1880.

    Rosas fundamentó teóricamente su posición opuesta a la constitución y a la organización nacional en su famosa “Carta de la Hacienda de Figueroa” que escribió a Facundo Quiroga el 20 de diciembre de 1834, que no es nada más que la repetición de los argumentos que usó antes que él Bernardino Rivadavia con el mismo objeto de estorbar el dictado de una Constitución. Pero ya antes había manifestado en la práctica su postura en diversas ocasiones. Primero, cuando en diciembre de 1829, a cambio de su ayuda a Estanislao López contra el General Paz que había usurpado el gobierno de Córdoba, obtuvo del santafesino la promesa de que, de resultar vencedor de Paz, no apoyaría las pretensiones de Bustos de ser repuesto en su gobernación [35]. ¿Por qué esta extraña inquina contra el “compañero” cordobés depuesto? Sencillamente porque el Brigadier Juan Bautista Bustos era un patriota inveterado convocador de congresos constituyentes (1821, 1827). Rosas no quería saber nada con estos extraños bichos provincianos que trataban organizar la nación, habilitar otros puertos además del de Buenos Aires y otorgar éste al conjunto de los pueblos. “Soy del sentir que no conviene precipitarnos en pensar en congreso” escribía a Facundo al remitirle copia del Tratado del Litoral de 1831 [36]. Después, en otra carta, también al riojano, del 4 de octubre de 1831 sumaba más argumentos, bien ridículos por cierto: que los pueblos estaban muy pobres para costear un congreso y que los hombres más capaces estaban “como aturdidos” por la guerra civil pasada…[37]. Y un año más tarde le reiteraba a Juan Felipe Ibarra, de Santiago del Estero, que “mientras las provincias no hayan organizado su sistema representativo y afianzado su administración interior, mientras no hayan calmado las agitaciones internas y moderádose las pasiones políticas que la última guerra ha encendido, y mientras las relaciones sociales y de comercio bajo los auspicios del país no indiquen los principales puntos de interés general que deben ocupar nuestra atención, creo sería funesto ocuparnos de un congreso federativo…” [38]. La “Carta de la Hacienda de Figueroa” sistematizaría toda esta argumentación de cuño unitario-rivadaviano, que ponía el carro delante de los caballos: ¿Cómo organizar el equilibrio de las rentas de cada provincia, su sistema legislativo y su tranquilidad interior si antes ellas no accedían a los recursos apropiados por la “hermana mayor”? La miseria general no era un buen escenario para poner en práctica los interesados consejos de Rosas. En realidad, Rosas nunca quiso organizar el país constitucionalmente. Así se lo confesará a uno de los suyos. Lo cuenta su propio sobrino Lucio V. Mansilla: “Cuando Rozas y Jerónimo Costa, una de sus mejores espadas y hombre de buena cuna, se encontraron después del 3 de Febrero (de 1852) a bordo del Conflict (nombre del barco inglés que llevó a Rozas a Southampton), Costa le dijo: —¡Lástima que no haya sido posible constituir el país! –Nunca pensé en eso— repuso Rozas.” [39]

    Pero ¿por qué las provincias tenían la intención de “despojar” a Buenos Aires y por qué ésta lo resistía tanto? Hoy, cuando el presupuesto nacional se alimenta de multitud de impuestos y tasas (contribución inmobiliaria, IVA, impuesto a las ganancias, impuesto a los cheques, etc. etc.), los derechos de exportación e importación no parecen tan importantes, pero en el siglo XIX ellos constituían el grueso de los ingresos de la nación. Según Leonardo Paso, “las rentas de la Aduana, en este período, representaron entre el 69% y el 93% de las rentas totales del Estado” [40]. Y todavía en 1898, explicaba el profesor José A. Terry en sus clases de Finanzas en la Universidad de Buenos Aires, “los impuestos aduaneros concurren a la renta general en un 81 %, proporción más elevada que la de otros países. En los Estados Unidos las entradas aduaneras concurren con poco más de la mitad, y en los países continentales de Europa, con el 27 al 30%”. [41] De manera que quien controlaba la Aduana porteña tenía bajo su dominio el conjunto del país. Nada se podía hacer sin esos ingresos. No por nada las provincias se desangraron durante 70 años en la lucha para lograr su nacionalización.

    A este respecto, concurrían en Rosas dos series de razones para oponerse a la organización nacional que pedía el federalismo de Córdoba y de todo el Interior. Por un lado, un interés personal suyo y de su círculo de corifeos inmediatos, puesto que la concentración del poder absoluto que ambicionaba perpetuar ad eternum era imposible en una república federal, con su clara y específica delimitación de facultades entre poderes y entre Nación y provincia. Por otro lado —y en esto se ha fijado menos la atención— estaban los intereses de la oligarquía terrateniente de Buenos Aires. Según señala Terzaga, de los 34 millones de pesos que formaban el activo del presupuesto de la Provincia-metrópoli en 1840, 31 y medio provenían de los derechos de aduana, y en 1848 serían 29 de los 32 millones [42]. El resto se integraba con diversos tributos locales, de los cuales el Impuesto Inmobiliario conocido como “contribución directa” que pesaba sobre los terratenientes, era insignificante: un rosista como el polígrafo napolitano Pedro de Ángelis reconocería que un rico estanciero bonaerense, dueño de ingentes hectáreas y de 30.000 cabezas de ganado, cancelaría anualmente su deuda con el fisco, por contribución directa, “entregando el valor de cuatro novillos” [43]. En 1850 dice Lynch, la contribución directa aportada por los dueños de las vacas y las tierras era menor que la que hacían el comercio y la industria de Buenos Aires: menos del 1,5%... Era obvio para toda la clase terrateniente que, si se privaba a la provincia de “su” puerto y de “su” aduana, cualquier gobierno regular debería realizar un aumento sustancial de la contribución territorial para tener un mínimo de recursos presupuestarios. De allí que toda la clase, de Anchorena para abajo se alineará firmemente tras la jefatura de Rosas y contra los incómodos federales del Interior, que en cuanto reclamaban congresos constituyentes se transformaban automáticamente en “salvajes unitarios” Así, para Rosas y los “federales netos” de Buenos Aires, federales tan probados como Santiago Derqui, don Pedro Ferré, el Chacho Peñaloza, Felipe Varela. el “Zarco” Brizuela, los Madariaga, eran todos unitarios y tan molestos como Bustos.

    No sabiendo como justificar el indebido monopolio porteño sobre los ingresos aduaneros propiedad de toda la nación, los panegiristas han acudido a un peregrino argumento: tal posesión era impuesta por la necesidad de “conservar el poder unificador que exigía la permanente guerra internacional como garantía del orden en peligro”, necesidad “que se le impuso cualquiera fueran sus puntos de vista teóricos” [44]. Es Jauretche quien lo dice, pero es erróneo aun cuando lo diga él. Por empezar, el mantenimiento de la Aduana en poder de Buenos Aires no hacía violencia alguna a los “puntos de vista teóricos” de Rosas, ya que éstos coincidían precisamente con aquel hecho. Y después —lo que es más importante— falsea los hechos, porque el monopolio aduanero no fortalecía el “poder unificador” sino que, contrariamente, tendía a debilitarlo, enconando a las provincias desairadas en sus reclamos contra la Provincia usurpadora, empujándolas a la tentación de aliarse a alguna potencia exterior (Francia, Brasil) o a algún ejército unitario (Rivera, Paz, Lavalle…) para superar el torniquete porteño cuando más necesaria era la unión fraterna, sólida, duradera, fundada en la equidad. Si la Aduana se hubiera nacionalizado, cualquier ataque contra Buenos Aires habría sido sentido por las provincias como un agravio a ellas mismas y no como un asunto relativamente local, como llegó a creer, por ejemplo, el santafesino Domingo Cullen cuando el enfrentamiento con Francia en 1838.

    4. EL “ANTICOLONIALISMO” DE ROSAS Y LORD PALMERSTON. Tampoco se ha privado los panegiristas del caudillo bonaerense de presentarlo —basándose en la heroica defensa de la Vuelta de Obligado y en los demás enfrentamientos con ingleses y franceses que tuvo durante su dilatado mandato— como un gran luchador anticolonialista. Y don Pepe Rosa hasta se ha atrevido a llamar “socialista” a su administración popular en Buenos Aires.

    Dejemos de lado esta extraviada última calificación, porque su gobierno no se caracterizó precisamente por la socialización de los medios de producción y cambio, la planificación democrática de la economía, la vigencia de las libertades y el control popular, que son las características esenciales del verdadero socialismo. Nos concretemos a la pretendida lucha de don Juan Manuel contra el colonialismo británico. En este sentido, sus dichos y, más que nada, sus hechos, no indican una política destinada a frustrar la penetración inglesa en nuestra economía, sino más bien, una voluntad de favorecerla y aún más, una decidida anglofilia.

    Efectivamente, son numerosas y extendidas a través de los años las manifestaciones de afecto de Rosas a Gran Bretaña y sus ciudadanos. Aparte de su oferta de entregarles las Malvinas, su gobierno, se caracterizó por festejar el ascenso al trono de la Reina Victoria, su casamiento y el nacimiento de cada uno de los príncipes reales; la concurrencia a la mansión del ministro inglés para festejar los cumpleaños de la Reina con banquetes que como el de 1840 fue “espléndido, suntuoso” y donde ”la bandera británica y argentina se hallaban entrelazadas” [45]; y la disposición de que “los funcionarios y empleados debían cargar luto por tres días cada vez que fallecía un Príncipe británico, con la misma compunción que en las otras colonias del Imperio” [46]. Y nada quedaba sobre el papel: sus disposiciones se aplicaron año tras año, porque como el propio Rosas le escribía al ministro Mandeville, “Vuestra Excelencia sabe de nuestra simpatía por la Nación Británica; sabe que como Gobernador de la provincia y como hombre particular le he dado pruebas inequívocas de ello” [47]. Cuando avizoró en 1851 el peligro de la alianza entre Urquiza y Brasil, gestionó ante el cónsul Southern la intervención armada de la flota inglesa en su favor, que el Ministro Lord Palmerston le negó prudentemente en vista a la situación internacional. De todas maneras, en el exilio repetiría: “Yo también siempre he querido a Inglaterra y creo que es la única nación con quien deben estrechar sus relaciones las Repúblicas Sudamericanas y tener confianza en ella” [48].

    La comunidad inglesa de Buenos Aires –entre 15 y 20 mil personas— que controlaba el comercio de exportación e importación, gozó siempre de los favores del gobierno rosista, que mantuvo durante toda su época el Convenio de nación más favorecida que había firmado Rivadavia en 1825. En 1830 donó el terreno para edificar el primer templo anglicano, hizo ciudadano honorario al cónsul Woodbine Parish, permitió a los residentes británicos enriquecerse y hacerse dueños de la mitad de las propiedades de la ciudad de Buenos Aires; reinició el 28 de junio de 1849 el pago de los intereses del Empréstito de la Baring Brothers, que se habían suspendido en 1827; y le concedió a los nuevos barcos a vapor ingleses toda clase de eximición de impuestos, tasas y derechos portuarios [49]. Indignado, su propio primo y consejero político Tomás Manuel de Anchorena, le manifestaba “que las excesivas generosidades que está Usted dispensando a los gringos me tienen de muy mal humor” [50].

    Reconociéndole estos favores, los comerciantes británicos dirigieron un memorial a Lord Aberdeen donde reconocía que los privilegios concedidos “nos colocan en mejores condiciones que los mismos naturales, desde que gozamos de todos sus derechos sin ninguna de sus serias cargas” [51]. Constantemente brindaban esos mercaderes su apoyo al Restaurador, ofrecían banquetes a él y a su gabinete y hacían conocer, en 1849, “su íntimo deseo de que su Excelencia se conserve a la cabeza del gobierno” [52].

    La anglofobia y el intenso odio que el pueblo de Buenos Aires había sentido a raíz de las Invasiones Inglesas de 1806-1807 heroicamente rechazadas, se había transformado con el curso de lo años en la anglofilia galopante del gobernador porteño, los latifundistas y la corte “federal” del gabinete. Porque ha de saberse, naturalmente, que no se trataba de una adicción personal. Como escribe Ema Cibotti, “en ese sentido, la conducta de Rosas no fue excepcionalmente anglófila. El sentimiento probritánico estaba ya muy arraigado en la época” [53]. Y su base material era el estrecho entrelazamiento entre los terratenientes bonaerenses dueños de ganados y saladeros y los comerciantes ingleses exportadores-importadores, comunidad de negocios más fuerte que cualquier sentimiento nacional y que se fortalecía año tras años con el impetuoso desarrollo del comercio ultramarino con Inglaterra, que no dejó de crecer nunca, ni siquiera durante la vigencia de la alabada Ley de Aduanas de 1835 [54].

    El idilio de la administración rosista con Inglaterra, tuvo pocas interrupciones. Una de ellas fue la tentativa —victoriosa— de forzar el comercio libre en nuestros ríos interiores, que dio lugar al épico combate de La Vuelta de Obligado. ¿Cómo se concilia esta defensa de la soberanía con la decidida actitud probritánica anterior y posterior del dictador y su gobierno? Sencillamente, porque Rosas y la oligarquía argentina, si bien proingleses en razón de sus negocios, no eran simples agentes del colonialismo inglés, sino dueños de los medios de producción de entonces: la tierra, los ganados y los saladeros. Tenían por tanto un punto de contacto con el “taller del mundo”, como era el librecomercio entre Buenos Aires y sus consumidores ultramarinos, pero también un punto de colisión, cual era la defensa de sus intereses particulares como productores (precio, condiciones de venta y de pago, fletes, etc.). El aumento de las pretensiones del colonialismo, que avanzaba sobre la parte de la renta nacional que “pertenecía” a la oligarquía como su socio privilegiado, explica las diferencias, los encontronazos con Inglaterra y los arrestos a veces nacionalistas de los dueños de la pampa tanto como los satisfactorios arreglos que seguían a las diferencias, aun las más violentas. Cuando Rosas consideraba que Inglaterra avanzaba sobre un terreno reservado a su gobierno, no vacilaba en enfrentarla, sin perder la línea, como cuando el cónsul Mandeville, exigiéndole que hiciese la paz con Rivera en el Uruguay, recibió del gobernador esta educada respuesta: “Lamento que las circunstancias me impidan en este caso acceder a los deseos del Gobierno de Su Majestad” [55]. De todas maneras, los historiadores rosistas que gustan como nosotros de estas actitudes, han ocultado también que después de aquella batalla en el Paraná, “Rosas presentó sus excusas por este involuntario percance a Lord Howden” [56].

    Y un último aporte a la verdad histórica: el Dr. Gullo, en su constante afán de elevar la figura de don Juan Manuel, lo presenta como un heroico combatiente político enfrentado al poderoso Primer Ministro de Inglaterra: Lord Palmerston. El intento conlleva la pertinente obligación de destacar la figura de “uno de los políticos más brillantes de su historia: Henry John Temple, tercer Vizconde de Palmerston”, lo que hace con una larga nota biográfica en donde pone de relieve los logros imperialistas del Lord. Nota bastante completa, pero en la que faltan algunos datos importantes. Por ejemplo: a) que el temible “opositor” de Rosas instruyó a sus agentes en Río de Janeiro para que salvaran al Gobernador bonaerense en caso de un desenlace funesto frente al Ejército Grande de Urquiza, al tiempo que tranquilizaba al Ministro rosista Felipe Arana: “Usted puede suponer que no descuido los intereses de nuestro amigo” [57]; b) Lord Palmerston visitaba en Southampton a su archienemigo, le obsequiaba con faisanes y le insinuó sus buenos oficios para que le devolvieran sus propiedades confiscadas,[58] c) El 28 de agosto de 1862, al testar en Rokstone House, en la 2° cláusula del documento, designó Albacea Testamentario a su terrible enemigo.[59]

    Podría haber dicho el Restaurador invirtiendo el conocido dicho: “¡Con semejantes enemigos, para qué necesito amigos!”

    Con razón le escribiría a su amiga Pepita Gómez, con íntima satisfacción: “felizmente en este país mi nombre es muy respetado”[60]. Pero no era un respeto de orden individual, debido a sus buenas maneras, sino de naturaleza social: el ilustre exiliado, recibido en Inglaterra con honores militares y salva de cañón al desembarcar en Plymouth el 23 de abril de 1852, era el hombre más representativo de la oligarquía argentina, la clase con la cual los industriales y comerciantes británicos y los ingleses radicados en Buenos Aires hicieron, asociados durante un cuarto de siglo, los mas pingües negocios. Por eso dice el anglo-canadiense H. S. Ferns que “bajo la dictadura del general Rosas se produjo cierto movimiento de progreso”, y enumera: paz, extensión de la frontera ganadera, seguridad para la propiedad, respeto a los derechos de los extranjeros, “acumulación de riquezas en manos privadas”, independencia nacional, desarrollo del ganado ovino (necesario a la industria textil inglesa…), “eliminación de las perturbaciones sociales” [61]. Es la mirada aprobadora del imperialismo inglés, el socio privilegiado. Pero así y todo, aclara Ferns que ese escenario sólo estaba presente “en la extensa provincia de Buenos Aires”. El Interior continuó estancado y únicamente el Litoral siguió —con retraso— una línea de desarrollo económico similar a la de la gran provincia.

    Naturalmente, Rosas no fue, como lo considerara José Ingenieros y los historiadores o economistas ligados al P. C. que le siguieron, un “señor Feudal” [62]. En modo alguno: Rosas fue un hombre de progreso en su provincia pero por otro motivo: porque él intensificó la penetración del superior modo capitalista de producción en estancias y saladeros bonaerenses, en los propios, en los de sus amigos y parientes y en los de los terratenientes más avisados. Efectivamente: Astesano ha reunido en uno de sus libros [63] indicios vehementes —a falta de datos y estadísticas que no se llevaban— de que el Restaurador de las Leyes [64] introdujo en esos establecimientos el núcleo esencial de las relaciones de producción capitalista-burguesas: el trabajo asalariado, que poco a poco después de Caseros fue desplazando a los tipos de mano de obra precapitalista con el que convivía por entonces: la esclavitud negra y el sistema de los “agregados” y “puesteros”.

    Sin embargo, el que comenzó a crecer bajo su gobierno era un capitalismo rural, atrasado y dependiente del mercado británico, que preparó el terreno para el posterior pleno dominio semicolonial del imperialismo británico sobre todo nuestro país. No fue un capitalismo manufacturero, apuntando a industrial, centrado en el mercado interno y con fuerte intervencionismo estatal, que era el que podría haber asegurado un crecimiento autónomo de la economía argentina. Que este desarrollo no era utópico, aun en las condiciones severas de un país semi-desierto e inculto, lo probó la notable experiencia del Capitalismo de Estado en el Paraguay bajo Gaspar Francia y los López, que sólo pudo ser destruido a sangre y fuego por los gobiernos liberales de la Triple Alianza.

     

    Córdoba (Argentina) 04 de junio de 2011.

    Notas:
    1. Arturo Jauretche: “Política Nacional y Revisionismo Histórico”, A. Peña Lillo Editor, Bs. As. 1959, pág. 28
    2. Arturo Jauretche: Idem, pág. 52
    3. Idem, pág. 53
    4. Sobre el tema puede verse José María Rosa: “Defensa y Pérdida de Nuestra Independencia Económica”, Huemul, Bs. As. 1962, y Carlos V. Berardo: “Política Económica y Financiera del Gobierno de Rosas”, Instituto de Investigaciones históricas José Hernández, Córdoba 1963.
    5. Arturo Jauretche: “Ejército y Política”, A. Peña Lillo Editor, Buenos Aires 1976, pág. 44.
    6. Clifton B. Kroeber: “La Navegación de los Ríos en la Historia Argentina”, Paidós, Bs. As. 1967, pág. 199
    7. El escritor santafesino filo-rosista José Luis Busaniche, tan equilibrado generalmente en sus juicios, sea por incomprensión surgida de su estrecho “patriotismo pequeño-argentino”, sea por justificar a Rosas, habla de las “veleidades imperialistas” del caudillo boliviano Andrés de Santa Cruz, que según él le habrían llevado a “organizar la Confederación Perú-Boliviana, nuevo Estado cuya creación alarmó justamente a Chile y a la Confederación Argentina”.(José Luis Busaniche: “Juan Manuel de Rosas”, Ediciones Theoría, Bs. As. 1978, págs. 78/79). Con más exactitud, debió decir: “a las oligarquías de Chile y Argentina”, interesadas en usufructuar de la balcanización que sucedió al exilio y la muerte de los Libertadores-unificadores de América Latina.
    8. Luis C. Alen Lascano: “Rosas, el Gran Americano”, Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Bs. As. 1967, pág. 74
    9. Jorge M. Mayer: “Rosas, Cueros y Lord Palmerston”, Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, Bs. As. 1988, pág. 24
    10. Leonardo Paso et al: “Rosas, Realidad y Mito”, Ediciones Directa, Bs. As. 1983, pág. 63
    11. Jorge M. Mayer: op. cit. pág. 42
    12. Arturo Jauretche: “Ejército y Política” cit., pág. 44.
    13. Véase Andrés Soliz Rada: “Mariano Moreno y el Capitalismo de Estado”, Cuaderno n° 15, Ediciones del CEPEN, Córdoba 2010.
    14. Dice Alfredo Terzaga, el más grande representante del Revisionismo Científico del Interior: “Oribe aprovechó el vendaval de su paso (por Córdoba. RAF) para eliminar a viejos federales de los que pedían congreso. Ahí está como prueba, la cabeza cortada de un federal neto, el sargento mayor don Andrés San Millán del Signo, goteando en un banco del Paseo Sobremonte…” (Alfredo Terzaga: “Claves para la Historia de Córdoba”, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto 1996, pág. 128)
    15. osé Raed: Prólogo al libro de Juan Carlos Nicolau: “Industria Argentina y Aduana. 1835-1854”, Editorial Devenir, Bs. As. 1975, pág. 13
    16. Juan Manuel de Rosas a Rafael Atienza el 20 de julio de 1836, cit. en: John Lynch: “Juan Manuel de Rosas”, Editorial EMECE, Bs. As. 1984, pág. 144
    17. Juan Carlos Nicolau, op. cit. pág. 43
    18. José M. Mariluz Urquijo: “Estado e Industria 1810-1862”, Ediciones Machi, Bs. As. 1969, pág. 113. La Ley de Aduanas puede consultarse completa en este libro, pág. 113 a 119
    19. John Lynch, op. cit., pág. 146
    20. Vivian Trías: “Juan Manuel de Rosas”, Ediciones de La Banda Oriental, Montevideo 1970, pág. 105
    21. Puede apreciarse el estado lamentable de las provincias y el fraccionamiento del mercado interno a la caída de Rosas en: Ricardo M. Ortiz: “Historia Económica de la Argentina”, Ediciones Pampa y Cielo, Bs. As., 1964, Tomo I, pag. 65.
    22. Cit. en John Lynch, op. cit. pág. 148
    23. Santiago Vázquez cit. en Vivian Trías, op. cit, pág. 51
    24. Vivian Trías, op. cit. pág. 50
    25. Alfredo Aldo Visintini: “Un ensayo sobre Historia de la Política Económica Argentina”, Charafedin Editores, Córdoba 1978, pág. 15
    26. Jorge M. Mayer: op. cit. pág. 38
    27. Cit. en Rodolfo Puiggrós: “Rosas el Pequeño”, Ediciones Perennis, Bs. As. 1953, pág. 391
    28. Cit. en Roberto A. Ferrero: “Manuel López Quebracho y la Época Rosista”, Ediciones del Corredor Austral, Córdoba, 2000, pág. 97
    29. Arturo Enrique Sampay: “Las Ideas Políticas de Juan Manuel de Rosas”, Juárez Editor, Bs. As. 1972
    30. Cit. en Washington Reyes Abadie: “Artigas y el Federalismo en el Río de la Plata”, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo 1974, pág. 252
    31. Jacinto Oddone: “La Burguesía Terrateniente Argentina”, Ediciones Libera, Bs. As. 1967, págs. 96 a 117
    32. Vivian Trías: op. cit., pág. 102
    33. Apuntes enviados por Juan Manuel de Rosas al General Tomás Guido, Archivo General de la Nación, Archivo del General T. Guido, Varios, 1829-1830, TOMO X, S. VII c.16 a. 1 N° 10, cit. en Arturo Enrique Sampay: op. cit. pág. 61
    34. Cit. en Roberto A. Ferrero: op. cit. pág. 79
    35. Juan Manuel de Rosas a Felipe Arana del 26 de agosto de 1833, cit. en Arturo Enrique Sampay: op. cit. pág. 60
    36. Era la misma política de los unitarios respecto al afán organizativo del Interior: después del motín unitario de Lavalle de diciembre de 1828, que costó la vida a Dorrego, el general insurgente manifestó que estaba dispuesto a tratar con todos los caudillos gobernantes del Interior “menos con Bustos”…(Cit. en Alfredo Terzaga: “Claves de la Historia de Córdoba” cit., pág. 116
    37. Cit. en Alfredo Terzaga: “Temas de Historia Nacional. Revolución y Federalismo”, Ediciones Argos, Córdoba 1995, pág. 71
    38. Op. cit. pág. 72
    39. Op. cit. pág. 72
    40. Lucio V. Mansilla: “Rozas. Ensayo Histórico-Psicológico”, Rodolfo Alonso Editor, Bs. As. 1973, pág. 39
    41. Leonardo Paso: op. cit., pág. 52
    42. José A. Terry: “Finanzas”, Jesús Menéndez Editor, Bs. As. 1898, pág. 359.
    43. Alfredo Terzaga: “Temas de Historia Nacional” cit, pag. 69.
    44. Cit. en John Lynch: op. cit, pág.64.
    45. Arturo Jauretche:”Política Nacional y Revisionismo Histórico”, pág. 71 de la edición citada por el Dr. Gullo en la nota (4) de su trabajo sub-examen.
    46. “La Gaceta Mercantil” rosista, cit. en: Jorge M. Mayer, op. cit., pág. 21
    47. Idem, pág. 23
    48. Cit en: Alfredo R. Burnet-Merlín: “Cuando Rosas Quiso ser Inglés”, Ediciones Líbera, Bs. As. 1976, pág. 42
    49. Cit. en Leonardo Paso: op. cit., pág. 48
    50. Jorge M. Mayer, op. cit. passim
    51. Cit. en: Ema Cibotti: “Queridos Enemigos”, Editorial Aguilar, Villa Ballester 2006, pág. 102.
    52. Cit. en Jorge M. Mayer, op. cit, pág. 31
    53. Idem, pág. 43
    54. Ema Cibotti: op. cit., pág. 94
    55. Pueden verse cifras del intercambio comercial en los libros citados de John Lynch, Leonardo Paso, Jorge M. Mayer, Rodolfo Puiggrós y Juan Carlos Nicolau.
    56. H. S. Ferns: “Gran Bretaña y Argentina en el Siglo XIX”, Editorial Solar/Hachette, Bs. As. 1968, pág. 263
    57. Jorge M. Mayer: op. cit., pág. 30
    58. Southern a Felipe Arana, cit. en: Alfredo R. Burnet-Merlín: op. cit., pág. 71
    59. Jorge M. Mayer, op. cit. pág. 55
    60. Idem, pág. 56
    61. Juan Manuel de Rosas a Josefa Gómez, cit. en Jorge M. Mayer: op. cit. pág 52
    62. H.S. Ferns: op.cit, pag.221
    63. José Ingenieros: “La Evolución de las Ideas Argentinas”, Editorial Futuro, Buenos Aires 1961, Tomo I, Pag.326 y sgtes. El polígrafo positivista definía ligeramente el “feudo” y la “clase feudal” sin tener en cuenta el régimen de producción imperante en las estancias y saladeros.
    64. {fn63}Eduardo B. Astesano: “Rosas. Bases del Nacionalismo Popular”, A. Peña Lillo Editor, Buenos Aires 1960: passim.{/fn {fnLa polémica tesis de Astesano fue luego confirmada en los estudios académicos relativos al agro pampeano, por ejemplo: Ricardo D. Salvatore: “El Mercado de trabajo en la campaña bonaerense (1820-1860)”, en AA.VV: “La Problemática Agraria”, CEAL, Buenos Aires 1993, Tomo I, pags. 59 a 92.{/fn63}
    65. Dicho sea de paso: Rosas se consideraba el restaurador de las leyes argentinas violadas por Lavalle y los unitarios, y no de las leyes coloniales, como maliciosamente le imputan los historiadores liberales partidarios del unitarismo.
    • Politica Nacional 
    • Artículo cargado el 23/05/2011 - 04:40

    Mas sobre el ataque imperialista a Libia y la posición de la ultraizquierda

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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    Es importante que el conjunto de la militancia del campo popular tenga presente el posicionamiento de las diferentes corrientes pretendidamente de izquierda (“trotskistas”, pero también “maoístas”) en relación con la situación en Libia. No se trata de un mero error circunstancial, sino de la manifestación circunstancial de una enfermedad crónica llamada ultraizquierdismo.

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    Miguel Sorans - Izquierda Socialista

    A derecha del encabezado de esta nota podemos ver un vínculo a la nota publicada en el último número del periódico El Socialista de la organización “Izquierda Socialista”, que integra junto a PO y PTS el llamado “frente de izquierda”. Es útil leerlo a fin de advertir hasta qué punto los grupos ultraizquierdistas están alejados no sólo de los intereses de los trabajadores y de los pueblos oprimidos, sino también del abecé del marxismo revolucionario.

    Obsérvese lo siguiente:

    1º) Respecto de Libia, lo más “escandaloso” le parece a IS la postura de Fidel y Chávez, porque han apoyado “al dictador Kadafi”. Uno no puede menos que preguntarse: ¿Y qué espera esta gente? ¿Qué apoyen a los “demócratas” que están bombardeando Trípoli? ¿Qué apoyen al “derechohumanista” Moreno Ocampo, que ha pedido la detención de Kadafi para armar un show mediático grato al paladar de la progresía socialdemócrata? ¡Por supuesto que hay que apoyar a Kadafi frente a la intervención militar de la OTAN en Libia! Porque de un lado está el gobierno de Kadafi, y del otro está no “el proletariado”, sino los Berlusconi, los Sarkozy, los Obama, etc. Lo que realmente resulta escandaloso es que corrientes que se autoproclaman trotskistas se ubiquen junto al imperialismo para derribar a un gobierno nacionalista burgués de un país semicolonial.¡El PTS hasta se movilizó a la Cancillería para exigir al gobierno que rompiera relaciones con Kadafi!

    2º) Un poco menos “escandalosa” que la posición de Fidel y Chávez le resulta a IS la posición de sus aliados del PTS, puesto que si bien estos están del lado de los rebeldes monárquicos financiados por la CIA y apoyados por la OTAN, “no reclaman armas para el pueblo libio”. Es decir, para IS no sólo corresponde estar del lado del imperialismo, sino que hay que exigirles a los imperialistas que entreguen armas a los cipayos libios que quieren derribar a su gobierno. Verdaderamente, es difícil tomar partido por el PTS o por IS: ¿qué resultará más útil a los imperialistas? ¿Liquidar a Kadafi con las bombas de la OTAN? ¿O liquidarlo con las armas que la OTAN pueda proporcionar a la cipayería vernácula? Es difícil decidirlo. Probablemente los imperialistas apelen a ambas alternativas, a fin de dejar conformes a sus aliados de las diversas “internacionales” seudortrotskistas.

    3º) Y ya que hablamos de “escándalos”, digamos que es un recontra escándalo intelectual (y un disparate político) pretender homologar la actitud de Trotsky durante la Guerra Civil Española de 1936/39 con la de sus epígonos en Libia. El campo republicano en el cual se ubicó Trotsky en la España de 1936 se conformó para resistir el asalto golpista de los militares sostenidos por la burguesía española, la monarquía, los terratenientes y el imperialismo (el imperialismo fascista, pero tambièn el imperialismo “democrático”). El movimiento obrero español y sus aliados plebeyos estaban en ese campo republicano, que levantaba un programa nacional-democrático radicalizado y empezaba a ensayar formas de poder popular. En Libia, los supuestos “trotskistas” hacen exactamente lo contrario de lo que hizo Trotsky en España: se ubican en el mismo campo que los golpistas monárquicos apoyados por el imperialismo. La Teoría de la Revolución Permanente formulada por Trotsky dice que los socialistas deben luchar para que la clase obrera encabece el Frente Unico Antiimperialista abriendo la perspectiva del socialismo. En ese Frente Unico Antiimperialista la clase obrera encuentra como aliados a los campesinos, a la pequeña burguesía más empobrecida y a otras fracciones subalternas de la sociedad capitalista… ¡pero nunca tendrá de aliado al imperialismo! ¡El imperialismo es precisamente el enemigo central contra el cual se conforma el Frente Unico Antiimperialista! Increíblemente, los “trotskistas” de la ultraizquierda universitaria hacen un “frente único” con los imperialistas para liquidar a los gobiernos bonapartistas más o menos débiles que ofrecen cierta resistencia.

    Es importante que el conjunto de la militancia del campo popular tenga presente el posicionamiento de las diferentes corrientes pretendidamente de izquierda (“trotskistas”, pero también “maoístas”) en relación con la situación en Libia. No se trata de un mero error circunstancial sino de la manifestación circunstancial de una enfermedad crónica llamada ultraizquierdismo.

    • Nacionalismo, internacionalismo y socialismo 
    • Artículo cargado el 19/05/2011 - 02:55
    Polémica

    La perspectiva de un nuevo internacionalismo

    Roberto A. Ferrero

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    Mi nota “Internacionalismo, nacionalismo y latinoamericanismo” ha merecido unas muy agudas y pertinentes reflexiones de parte del cro. Osvaldo Calello. Si hubiera que sintetizarlas en dos palabras diría que tenemos un acuerdo general de orden histórico-político sobre el tema, y que las diferencias se establecen a partir de las perspectivas del internacionalismo práctico, por llamarlo así. Calello cree que mi punto de vista es “decididamente escéptico respecto del papel que puede desempeñar una organización internacional…”. No niego que esta conclusión puede extraerse fácilmente de mi escrito. Sin embargo, pienso que este escepticismo no es absoluto, sino que deja una puerta entornada a otras perspectivas menos probables en lo inmediato, como cuando digo por allí, refiriéndome al divorcio histórico entre los trabajadores del centro en relación a los de la periferia, que “no hay mal que dure cien años” o cuando pienso que puede ser viable una Internacional en el tramo final de la crisis del capitalismo. Es entonces un texto con cierta ambivalencia, no establecida por cálculo “para apostar a dos puntas”, sino surgido espontáneamente como un reflejo de mis propias dudas respecto de la perspectiva, (demasiado anclada quizá a las posiciones clásicas decididamente no-”internacionalistas” de Ramos y Spilimbergo) y del curso objetivo —ambiguo, contradictorio— del desarrollo (o retroceso ahora) del sistema capitalista mundial.

    En efecto. Osvaldo plantea con la debida prudencia la posibilidad de que la crisis del capitalismo, al acentuar de parte de la burguesía metropolitana la explotación de los trabajadores del Centro del sistema, es decir: de sus propios trabajadores, disminuya drásticamente las posibilidades de que se mantenga el acuerdo tácito entre ambas clases para el disfrute —desigual pero cierto— de la plusvalía colonial y semicolonial acumulada en las metrópolis. En este caso, la lucha de clases típica del capitalismo —burguesía .v. proletariado— reaparecería en los países burgueses imperialistas. “De ser así —concluye Calello— los principios de solidaridad internacionalista encontrarán una nueva base sobre que sostenerse”.En principio estoy de acuerdo, admitiendo incluso que “la gravedad creciente de la crisis que experimenta el capital y sus implicaciones no están suficientemente incorporados a mi análisis”. Las reflexiones de Osvaldo llenan este bache.

    Estoy de acuerdo… pero señalando que una cosa —”la nueva base” del internacionalismo— no es un producto automático de la otra: la crisis capitalista y la exacerbación de la lucha de clases metropolitana. La tendencia dominante y razonablemente previsible es la que Osvaldo indica, pero la burguesía de los países centrales cuenta con ciertos recursos que pueden funcionar por algún tiempo —largo o corto— como verdaderas contratendencias que demoren la aparición o el desarrollo de la perspectiva señalada por él. Esos recursos, no por ser de orden superestructural —cultural, político— son menos fuertes y operativos, dado el carácter inercial y el retraso de la conciencia colectiva respecto a los hechos y considerando que siendo fenómenos de masas adquieren —como lo dijera en célebre frase el propio Marx— la naturaleza de una fuerza prácticamente material. Tales recursos, ya existentes en la realidad actual y pasibles de crecimiento y desarrollo, son por lo menos tres: primero —por nombrarlos en cualquier orden— la permanencia, en el seno de las masas en los países centrales, del menosprecio, hondamente interiorizado, hacia los países de la periferia y sus clases trabajadoras mestizas, negras o amarillas, según el cliché prejuicioso de la arcaica sociología de los “caucásicos” imperialistas; segundo, un redoblado aumento de la tasa de explotación de la fuerza de trabajo de los países dependientes para no acentuar demasiado el recorte del nivel de vida de “sus” trabajadores, lo cual no podría hacerse sin la puesta en acción del poderío bélico occidental, especialmente estadouni dense, que reduciría a nuestros países a una condición similar a la tan terrible que pintara Jack London en “El Talón de Hierro”; y finalmente, el recurso al “chivo emisario”, que con tanto éxito respecto a la pequeñoburguesía alemana supo articular Adolfo Hitler. Vale decir: desviar el descontento de las masas desocupadas o superexplotadas por obra y gracia de la burguesía, hacia un enemigo imaginario. El nazismo lo encontró en los judíos. La burguesía mundial de estos días lo ha encontrado en los “espaldas mojadas”, los “latinos”, los “inmigrantes clandestinos” que disputarían y privarían supuestamente de su puesto de trabajo al obrero de los países centrales. }

    Estas puntualizaciones no van dirigidas a desalentar la perspectiva que traza Osvaldo, sino a matizarla, introduciéndole un poco de la ambigüedad y las contradicciones de la realidad contemporánea, y señalando al mismo tiempo la importancia del factor subjetivo en el proceso. Osvaldo lo destaca en sus aspectos favorables; yo indico sus razgos de freno y con tención. Diría, redondeando, que mi escepticismo es a corto y mediano plazo mientras que mi optimismo es del largo plazo: para el tramo final de la crisis del capitalismo, en el que me parece no hemos entrado aún, aun que deberemos entrar en algún momento, ya que el capitalismo, como los demás Modos de Producción anteriores, es una categoría histórica y por ende perecedera.

    De cualquier manera, sea cual sea el momento en que la perspectiva que ampara Calello cristalice, estamos de acuerdo en que esta nueva “Internacional” debe ser una cosa diferente a las cuatro del pasado: No un “partido mundial de la revolución”, con aprioris acerca del comportamiento de las clases y de la sucesión de las etapas; no una dirección centralizada omnisciente y jerárquica, sino —como dice Osvaldo— “acuerdos de tipo estratégico de orden general”. Si estos acuerdos son el “internacionalismo táctico-organizativo” de la nueva etapa, no tengo nada que objetar.

    Pero en lo que nos toca, no podemos sentarnos a esperar este curso prometedor. En América Latina las condiciones están mucho más maduras que en un nivel mundial-global para pensar en nuestra propia Internacional “regional”, como las anteriores internacionales fueron de hecho Internacionales “regionales” de Europa y Rusia. Mantengo mi idea de una “Oficina de Información Latinoamericana”, como germen de mayores desarrollos.

    Córdoba, 05 de abril de 2011.

    • Nacionalismo, internacionalismo y socialismo 
    • Artículo cargado el 19/05/2011 - 02:45

    Nacionalismo, internacionalismo, y crisis del capital

    Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

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    Roberto Ferrero ha intervenido en el debate que mantenemos acerca del internacionalismo militante con un importante texto. Su punto de vista es decididamente escéptico respecto del papel que puede desempeñar una organización internacional en la lucha de los trabajadores y el conjunto de los oprimidos contra el imperio del capital. Su exposición sobre la forma en que la contradicción proletariado-burguesía en las metrópolis ha quedado neutralizada durante un extenso período por la renta imperialista que el capital obtenía y obtiene en el periferia colonial y semicolonial, no puede discutirse. Están ahí las palabras de Engels sobre la clase obrera inglesa que Ferrero cita acertadamente, y también las de Marx sobre el papel que la colonización de Irlanda desempeñó en la consolidación de la democracia burguesa en Gran Bretaña.

    Es sabido que tras la crisis de sobreproducción de 1873 el capitalismo inició una etapa de prosperidad en cuyo transcurso se concentró en un nuevo nivel y se expandió decisivamente hacia los confines del orden existente. La fusión del capital industrial y el capital bancario en capital financiero, estudiada por Lenin, y la construcción de un emporio colonial fueron los rasgos notorios de este desenvolvimiento. Ni la situación revolucionaria que se abrió tras la primera guerra mundial, pero sólo logró elevar al poder a los trabajadores en el antiguo imperio zarista, ni el derrumbe que significó el crack de 1929, cuyo impacto depresivo perduró durante diez años hasta el estallido de la segunda guerra mundial, señalaron la última hora del capital. Tampoco marcó ese tiempo final la crisis que puso término a tres décadas de keynesianismo. La “revolución conservadora” basada en la destrucción de la relación capital-trabajo del período anterior, la liquidación del Estado de bienestar, la reestructuración de los procesos productivos derivando hacia la periferia de bajos salarios y pésimas condiciones laborales una parte del capital, la expansión del militarismo y las guerras de conquista neocolonial, ayudaron a la burguesía a prolongar su dominio durante otras tres décadas.

    En todo un extenso período que abarca más de un siglo la plusvalía colonial y semicolonial constituyó un soporte fundamental en el sostenimiento de un capitalismo, cuya acentuada degradación parasitaria hace tiempo que ha dejado sin argumentos a sus panegiristas. De los beneficios de esa explotación no ha estado excluida, a pesar de la polarización de clases existente en las metrópolis, una parte decisiva de la clase trabajadora.

    En el análisis de Ferrero la prosperidad metropolitana, base material de la hegemonía ideológica y cultural que alcanzó la burguesía, quebró la solidaridad de clase sobre la que debe asentarse una perspectiva internacionalista. En su lugar ganó terreno un sentimiento nacionalista-chovinista que resultó determinante de la conducta que tuvieron las masas en 1914 ante el inicio de la guerra imperialista. Señala Ferrero que tan grande fue el retroceso que el internacionalismo proletario, sobre el que basaron sus previsiones los clásicos del marxismo, quedó reducido a un mito, desplazado por la formidable concentración y expansión del capital por todo el globo, registrada en la fase imperialista. Bajo el imperio de esta cruda realidad, ¿qué margen quedaba para la construcción de una Internacional en la que cada partido revolucionario se insertase en un pie de igualdad, sin quedar sometido a las decisiones verticales de un centro directivo? La respuesta de Ferrero es conocida y, en muchos aspectos, convincente. Sin embargo a esta altura se abren algunos interrogantes y la posibilidad de un enfoque de otro tipo.

    El alcance de la crisis capitalista

    Hace ya tres años que el capitalismo se ha sumergido en una crisis sin horizonte a la vista. ¿Se trata de una crisis más, en la que el sistema, tras destruir una parte del capital, reinicia un nuevo ciclo ascendente?

    Algunas referencias sobre la profundidad de la presente crisis son ilustrativas. En 2009 el gobierno de Estados Unidos registró un déficit fiscal de alrededor de 1,5 billones de dólares. A su vez la Reserva Federal gastó cerca de 1,5 billones con la finalidad de comprar deudas hipotecarias ante el inminente colapso del mercado. Un total de 3 billones que permitieron una recuperación de 3% del PBI, vale decir unos 400 mil millones. “Ahora bien, gastar 3 billones de dólares para obtener 400 mil millones es un pésimo negocio”, advirtió Bud Comrad, economista jefe de CaseyResearch en una nota publicada en mayo de 2010.[1]

    ¿Hacia dónde conduce este camino? En enero pasado Timothy Geithner, secretario del Tesoro reclamó al Congreso la suba del tope de la deuda, ubicado en 14.300.000 millones de dólares, con las siguientes palabras: “Estados Unidos está al borde de la insolvencia”. El endeudamiento norteamericano ya está llegado a este techo. En esos días Austan Goolsbee, asesor económico del presidente Obama advirtió, que si el tope en cuestión no era modificado “las consecuencias serían catastróficas para la economía de Estados Unidos, y muchos peores a lo visto desde 2008”.

    La creciente acumulación de deuda ha pasado a constituir una característica central de la crisis capitalista. En 1990 las deudas totales de los países del G-7 equivalían a cerca del 160% de las sumas de sus PBI; en el 2000 esa relación estaba en 180% y en 2010 superaba 380%. En apenas tres años la relación deuda pública/PBI aumentó entre 20 y más de 40 puntos porcentuales en las principales economías capitalistas. Así, entre 2007 y 2010 pasó de 64% a 84% en Alemania; de 64% a 94% en Francia; de 63% a 100% en Estados Unidos y de 44% a 90% en Gran Bretaña.[2]

    La encerrona en que ha caído Estados Unidos es reveladora. El aumento del endeudamiento para escapar por un tiempo de la recesión, encierra un alto riesgo de precipitar la economía en una inestabilidad aún mayor; pero la alternativa —el ajuste presupuestario, ejecutado a costa de las masas trabajadoras— lleva a prolongar la tendencia recesiva.

    En las últimas cuatro décadas los patrones de acumulación del capital han experimentado transformaciones de fondo, modificando sustancialmente los comportamientos del sistema. En diciembre de 2009 Samir Amin publicó en El Viejo Topo, bajo el título “¿Salir de la crisis del capitalismo o salir del capitalismo en crisis?”, una nota en la que señalaba el advenimiento de un período de depresión profunda. Sostenía que la presente crisis no era simplemente un crack financiero, ni tampoco la suma de crisis sistémicas múltiples, sino la crisis del capitalismo imperialista de los oligopolios. Advirtió que estos conglomerados controlan la reproducción del capital en su conjunto, y explicó que su poder deriva del dominio absoluto que ejercen sobre el mercado de capitales. Denominó a este fenómeno financiarización y señaló que es esta mutación la que ha dado al mercado financiero y monetario el carácter de mercado dominante, con capacidad para dirigir los mercados del trabajo y de intercambio de productos.

    En los años 70’, tras el agotamiento y la crisis del orden keynesiano, el capitalismo emprendió una nueva fase de mundialización conocida como “globalización”. En esta fase —subraya Amin— el rasgo distintivo reside en el hecho de que la dominación de las metrópolis imperialistas ya no se ejerce a partir del monopolio de la producción industrial, sino mediante el control de las tecnologías, de los mercados financieros y del acceso a los recursos naturales, así como el manejo de la información y de las comunicaciones y la posesión de las armas de destrucción masiva. Este desplazamiento ha afianzado el componente parasitario que arrastra el capitalismo, y ha convertido a la renta imperialista en un resorte importante de la reproducción del sistema. “Los oligarcas ya no son sólamente rusos”. Según Amin, la burguesía se ha convertido en una plutocracia rentista, mientras que la democracia capitalista se ha sumergido en la más completa degradación. A su juicio es justamente el desenvolvimiento patológico de las tendencias parasitarias que dominan al capitalismo la causa profunda del presente desplome de las principales economías metropolitanas, y el rasgo que establece una diferencia de fondo respecto de las crisis en el siglo XIX y del colapso del 29’.

    ¿Existe alguna posibilidad de que el capitalismo se reconstituya sobre nuevas bases? A esta altura ya es por demás evidente que el único programa de que dispone la burguesía para intentar superar la situación es la restauración lisa y llana del sistema, tal como funcionaba antes del hundimiento financiero. Están ahí nomás, bien a la vista, los brutales planes de ajuste que la Unión Europea ha impuesto a sus países más expuestos, recortando los derechos laborales y aumentando la tasa de explotación de los trabajadores. ¿Qué decir de las iniciativas de los neandertales republicanos en Wisconsin, Ohio y otros Estados destinadas a eliminar la mayor parte de los derechos de negociación colectiva de los empleados públicos, prohibir las huelgas y sancionar las marchas de protesta?

    Atrapada en una contradicción estructural que no puede superar, la civilización capitalista se ha vuelto cada vez más regresiva y excluyente. Expoliada por la necesidad de recomponer (o de mantener) la tasa de beneficio, la burguesía impone programas que reproducen constantementela desproporción central del capitalismo entre el nivel de explotación de la fuerza de trabajo y la capacidad de consumo de las masas. De forma tal, el capital lleva dentro de sí los gérmenes de crisis periódicas de sobreproducción en relación a las posibilidades de realización que ofrecen los mercados. En medio de un continuado proceso de centralización y concentración del capital, las corporaciones confrontan sin tregua por afianzar posiciones y desplazar a sus contrincantes, incrementando la productividad del capital, bajando costos y creando una masa sobrante de valores de uso que no encuentran realización a través del consumo. La presente fase de mundialización del capital y la subsiguiente expansión de las compañías trasnacionales acentuaron aún más la disputa por los mercados e incrementaron la gravedad de las crisis. Esta dinámica es inherente a la acumulación capitalista y sobre ella no hay control posible: hasta ahora sólo los grandes y generalizados quebrantos, al cabo de un período de depresión en cuyo transcurso era destruida la masa de riqueza existente, terminaban por recomponer el sistema. Marx enseñó que el capital no es otra cosa que una relación social y, precisamente en esa relación reside la contradicción fundamental de la que este no puede escapar: inevitablemente el carácter social que reviste el trabajo choca con la apropiación privada que una clase explotadora realiza de sus resultados.

    Pero al mismo tiempo que agudiza el desequilibrio entre acumulación y realización, el capitalismo desenvuelve a mayor escala sus tendencias parasitarias. Así, la presente hipertrofia financiera no es otra cosa que la evidencia de que una masa creciente de plusvalía que no encuentra curso en el proceso de reproducción del aparato productivo y deriva a los circuitos de la especulación. Pero es importante advertir que la gravitación dominante que han alcanzado los bancos y los capitales financieros no constituye en absoluto una presencia ajena, exterior al sistema, susceptible de depuración. Es la expresión de un modo de producción que ha perdido hace mucho toda progresividad histórica y ha entrado en un período de declinación y descomposición.

    Rosa Luxemburgo y la acumulación de capital

    En 1912 Rosa Luxemburgo escribió La acumulación del capital. En palabras de la autora la obra se proponía resolver un asunto de importancia fundamental que Marx dejó pendiente: el problema de la acumulación del capital global. Luxemburgo explicaba lo siguiente: el autor de El Capital había establecido como premisa teórica de su análisis una sociedad, puramente capitalista, integrada sólo por capitalistas y obreros, pero no logró llevar su empresa a término. La enfermedad y la muerte lo interrumpieron cuando estaba llegando al núcleo del problema cardinal. De haber seguido avanzando se hubiera encontrado con una dificultad insuperable: la imposibilidad de la acumulación en un sistema capitalista cerrado. La acumulación de capital consiste en la capitalización de plusvalía, pero para que tal transformación se concrete, la forma mercancía en la que esa valorización está encerrada debe encontrar realización en el mercado. Luxemburgo explicaba que los nuevos medios de producción lanzados a la venta eran adquiridos por los capitalistas para reponer las materias primas, herramientas y maquinaria gastados en proceso productivo, mientras que los medios de consumo eran comprados, en parte por el salario de los trabajadores y en parte por los ingresos de los patrones. Pero, ¿qué ocurría con la masa de mercancías que contenía la plusvalía que la fabricación de esos medios de producción y de consumo había generado? Los trabajadores no tenían mayor capacidad adquisitiva que la determinada por el valor de su fuerza de trabajo. La burguesía cubría con holgura sus necesidades, y para la lógica del capitalismo era inadmisible aumentar más allá de cierto límite el gasto improductivo. Quedaba la posibilidad de que la masa de mercancías que no estaba destinada ni al consumo de los patrones ni de los trabajadores, ni a reponer los distintos componentes del capital constante (materiales, maquinaria, equipos, etc), no fuesen otra cosa que medios de producción cuyos demandantes fueran las propias empresas. Rosa Luxemburgo consideraba que esta solución no hacía otra cosa que posponer el problema. Al fin del nuevo ciclo habría una cantidad acrecentada de mercancías que nuevamente ingresarían al ciclo productivo siguiente, y así sucesivamente. “Pero esto no sería más que un tíovivo que giraría en el vacío sin cesar”. Semejante despliegue no sería acumulación capitalista, vale decir acumulación de capital-dinero, sino lo contrario: un incesante producir de mercancías, derivación que desde el punto de vista del capitalismo constituía un completo absurdo. Si se llegase a la conclusión de que los capitalistas eran, en definitiva, los compradores de sus propias mercancías (excepto de la masa destinada al consumo de los obreros), habría que admitir que la acumulación era un hecho imposible.

    La solución al problema no podía encontrarse dentro del capitalismo considerado como un sistema cerrado, sino fuera de él. La demanda faltante debía provenir a través del intercambio mercantil con formas de producción precapitalistas, con productores cuyos medios de producción no revistiesen calidad de capital: artesanos y campesinos, productores que se desenvolvían en la órbita de la producción simple de mercancías; naciones como Rusia, España, los países balcánicos y escandinavos, donde predominaba esa forma de producción. Asimismo existían continentes enteros donde junto a ciertos focos incipientes de civilización capitalista, subsistían desde el comunismo primitivo hasta el régimen feudal, artesano y campesino. Lo cierto era que desde sus orígenes el capitalismo estableció un intenso intercambio con esas áreas precapitalistas, en cuyo curso logró realizar en dinero contante y sonante la plusvalía indispensable a los fines de su capitalización, y se aprovisionó de las materias primas que necesitaba. A partir de las primeras décadas del siglo XIX junto con el sojuzgamiento de los países de la periferia y la apropiación de su riqueza, se desarrolló la exportación de capital; las formas sociales tradicionales fueron liquidadas y una masa extra de fuerza de trabajo fue proletarizada.

    Desde esta perspectiva histórica, en términos generales el imperialismo no fue más que una vía específica de acumulación. Sin embargo en un modo de producción exclusivamente capitalista, tal como lo suponía Marx en el tomo segundo de El Capital, el imperialismo no podría tener lugar. Lo que era un prerrequisito teórico absolutamente válido a los fines de estudiar el movimiento de los capitales individuales y sus prácticas de explotación en las empresas, se convertía en inadecuado al enfocar el problema de la acumulación en general.

    En el planteo de Rosa Luxemburgo, el proceso de acumulación encerraba una contradicción insoluble, que habría de precipitar el capital hacia su bancarrota. A medida que la expansión de los consorcios imperialistas comenzó a dominar la escena mundial y más países de lanzaron a la conquista de las regiones de la periferia, más furiosa y violenta se volvió la competencia capitalista. Al llegar a cierto punto de esta evolución, la expansión se transformó en una “cadena de catástrofes económicas y políticas, crisis mundiales, guerras y revoluciones”. Gradualmente la generalización de las relaciones sociales y del modo de producción capitalista en la periferia iría cerrando el horizonte, haciendo imposible toda nueva expansión y la acumulación misma. Ese límite de hierro terminaría por agravar las tensiones de clase y la anarquía política y económica internacional, de modo que mucho antes de que el capital terminase de colonizar a la periferia, la revolución del proletariado marcaría su hora final.

    La lucha en dos frentes

    Rosa Luxemburgo no pudo probar la imposibilidad de la acumulación de capital en un sistema cerrado. Las premisas sobre la que basó su hipótesis (reposición de las mismas cantidades de capital constante y de capital variable de un ciclo a otro) correspondían a la dinámica de la reproducción simple, no a la de la reproducción ampliada, vale decir al proceso de acumulación. La obra no tuvo aceptación en los círculos marxistas de la época y mucho menos en la socialdemocracia alemana cuyos dirigentes, plenamente integrados a la democracia burguesa, no querían hablar de catástrofes económicas, ni por supuesto, de revoluciones. El capitalismo aún tenía un amplio margen para desarrollar el proceso de acumulación no sólo exportando capital a la periferia, sino también en los países centrales, incorporando a su entramado de relaciones sociales de producción dominios económicos que el proceso de mercantilización aún no había tocado. Sin embargo, La acumulación del capital señalaba un problema cierto.

    A medida que el proceso de acumulación amplía su escala, y aumenta la concentración y centralización del capital, las desproporciones del sistema se agravan y las amenazas de crisis de sobreproducción se hacen presentes. Desde que logró abrirse paso y superó el período de la acumulación primitiva, el capitalismo necesitó expandirse hacia la periferia, conquistando países, liquidando antiguas formas sociales precapitalistas, estableciendo mercados para la circulación de mercancías y apropiándose de recursos naturales. En su carrera hacia los confines se fue transformando cada vez más en un sistema mundial, estableció una divisoria estructural entre naciones opresoras y naciones oprimidas, impuso la división internacional del trabajo, relocalizó plantas de producción, incrementó la explotación de los trabajadores, bajó costos, contrarrestó transitoriamente la tendencia de declinación de la tasa de ganancia… Sin embargo la expansión mundial no le permitió al capital escapar de sus contradicciones. La incorporación al torrente capitalista de un polo de naciones calificado como “emergente” (China, India, Rusia, Brasil), amplió aún más la escala de la acumulación, intensificó la confrontación entre las corporaciones monopólicas e incrementó las desproporciones que desembocan en crisis.

    La presente bancarrota que afecta a las principales metrópolis se inscribe en este cuadro.

    En este punto radica el origen de la diferencia que tengo con la intervención, por lo demás consistente, de Roberto Ferrero. A mi entender la gravedad creciente de las crisis que experimenta el capital y sus implicancias no están suficientemente incorporadas a su análisis. Si el capitalismo pudiera correr una y otra vez la línea del horizonte, reiniciando tras cada crisis un ciclo ascendente, no habría mucho que decir, pero estoy convencido de que los plazos se están acortando. A la salida de la crisis y depresión de los años 30’, en la postguerra, la burguesía todavía tenía un arsenal de recursos provistos por el keynesianismo, que le permitió tres décadas de estabilidad en cuyo transcurso logró atemperar la lucha de clases. Hoy no hay nada parecido en los programas de las clases dominantes. Por el contrario, la intensificación de la explotación de la fuerza de trabajo es la única herramienta que la burguesía ha sacado a relucir para pagar la factura que dejó el festín de los bancos y el negocio financiero. Reducción de los planteles de empleados públicos, quitas salariales, vuelta de tuerca de la flexibilización laboral, limitaciones a la negociación colectiva y al derecho de huelga, acortamiento de los períodos de vacaciones y de licencias pagas por enfermedad, despidos y relocalización de plantas en regiones donde es posible expoliar más fácilmente la fuerza de trabajo, aumento de los años de aportes y extensión de la edad jubilatoria…, el cuadro de situación del movimiento obrero en los países de mayor grado de desarrollo económico, es por demás ilustrativo.

    En esos países, durante los períodos de estabilidad capitalista, el aumento de la tasa de plusvalía en términos relativos acentuaba los rangos de desigualdad social, pero no provocaba la caída correspondiente en el nivel de vida de los trabajadores. Las mejoras de productividad, consecuencia de las innovaciones tecnológicas, permitían al sistema alcanzar ese punto de equilibrio. Sin embargo, cuando estallaba la crisis esta fórmula se derrumbaba y la burguesía emprendía una política de explotación abierta para restablecer la tasa de ganancia. Esto es lo que hizo especialmente desde los años 80’ en adelante, siguiendo el programa de la “revolución conservadora”, tras el agotamiento del período keynesiano, y esta misma solución es la que ha puesto en práctica para salir del presente quebranto. Bajo estas condiciones, ¿puede existir asociación de algún tipo entre el proletariado y la burguesía de los países imperialistas basada en el disfrute de la plusvalía colonial y semicolonial? Hace ya tiempo que esa “época dorada” ha sido clausurada definitivamente. Ahora bajo la presión de condiciones redobladas de explotación no es arbitrario pensar que el eje de la lucha de clases se desplace hacia la metrópolis y que, en consecuencia, la contradicción fundamental sobre la que gira la sociedad capitalista abandone el dominio de la teoría e impregne de un nuevo contenido las batallas de la hora actual. De ser así, los principios de solidaridad internacionalista encontrarán una nueva base sobre la que sostenerse.

    En su escrito Roberto Ferrero establece una suerte de división del trabajo y a la vez de secuencia temporal, entre las tareas del proletariado de las naciones centrales y las correspondientes a las masas trabajadoras de los países de la periferia: los primeros apoyan las luchas antiimperialistas y revolucionarias que se libran en las semicolonias y los segundos, al emanciparse introducen la crisis en el centro, activan la contradicción burguesía-proletariado y ponen a la orden del día el programa de la revolución socialista. Sin embargo, bajo las presentes condiciones de redoblada explotación, no es arbitrario pronosticar que las masas trabajadoras habrán de librar sus luchas emancipatorias en dos frentes: en el de los países atrasados, dependientes y semicoloniales y también en el de las naciones imperialistas.

    Ferrero sostiene que “una Internacional viable está más cerca del final de la crisis capitalista y será en parte su resultado, que del principio de ella como elemento de profundización de la revolución”. Pero, ¿en qué momento de la historia del capital y de sus crisis estamos?, ¿más cerca del principio o del final? Por lo demás, ¿qué es el final del capitalismo? Hace bastante tiempo que las teorías del derrumbe se demostraron falsas y es sabido que en las crisis orgánicas el componente subjetivo juega un papel central. En consecuencia, ¿por qué no pensar que en la emergencia de una voluntad colectiva, socialista en las metrópolis y nacionalista revolucionaria y socialista en las semicolonias, la concepción internacionalista no puede menos que tener gravitación en la formulación de la política y la teoría de la revolución?

    En una intervención anterior he sostenido la necesidad de poner el problema de la Internacional, no en un horizonte temporalmente indeterminado, sino como asunto de actualidad. Rechacé la idea del “partido mundial de la revolución” y de una construcción basada en reglas tácticas-organizativas, ejecutadas por un centro dirigente. Las experiencias de la II y la III Internacional son terminantes. Sin embargo creo que la viabilidad de acuerdos de tipo estratégico de orden general, que definan las líneas políticas de lucha en las metrópolis y en las semicolonias, hay que tenerla muy en cuenta. Por supuesto, siempre se corre el riesgo de que se confunda lo que es táctico con lo que es estratégico, y también existe la posibilidad de que la disparidad de las fuerzas concurrentes y las diferencias de coyuntura, faciliten la consolidación de un centro dirigente en el que graviten intereses nacionales. Estas derivaciones son posibles pero no necesariamente inexorables. Aun así hay condiciones para correr riesgos y avanzar. No se trata de “tomar el cielo por asalto”. En el actual nivel de fuerzas, el abordaje del problema debe centrarse en la discusión de alternativas de coordinación entre las distintas corrientes revolucionarias en lucha contra el imperialismo y el capital. En definitiva, será la experiencia y las enseñanzas que arroje esa lucha las que digan hasta donde es posible llegar.

    Notas:
    1. Bud Conrad, economista jefe de CaseyResearch. Beyondthe Point of No Return, GooldSeek, mayo 2010. Citado por Jorge Beinstein, Declinación del capitalismo, fin del crecimiento global, ilusiones imperiales y periféricas, alternativas. Espai Marx, 31-10-2010.
    2. Beinstein. Ob. cit.
    • Nacionalismo, internacionalismo y socialismo 
    • Artículo cargado el 19/05/2011 - 02:40

    Más sobre la discusión acerca del internacionalismo

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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    Coincido con quienes han planteado que sería auspicioso que “partidos (de diferentes países) con principios similares encuentren un punto de unidad en un acuerdo estratégico fundante”. Sin embargo, creo que la existencia de una Internacional, tal como la conciben todavía muchos trotskistas y como la concebía el propio Trotsky, supone algo más que eso: supone algo así como la existencia de un “partido mundial de la revolución proletaria”, del cual los diferentes partidos adherentes serían meras “secciones nacionales”.

    En mi opinión, Spilimbergo hizo una correcta crítica de esta interpretación táctico-organizativa del internacionalismo. En “La cuestión nacional en Marx” (página 63 de la edición de 1974), escribe: “El internacionalismo —como principio táctico-organizativo— debe ser desenmascarado a esta altura de la experiencia histórica como funesto para la causa internacional de los trabajadores. El internacionalismo táctico-organizativo es la ilusión decimonónica de un mundo unificado por la economía liberal burguesa, expresada en lenguaje obrero. La crisis imperialista del mercado mundial, su dislocamiento, los desniveles entre países opresores y oprimidos, hacen del internacionalismo táctico-organizativo el instrumento de penetración de los factores mundiales de poder, dentro de la clase trabajadora, especialmente la de los países coloniales y semicoloniales”.

    Creo que el acierto de Spilimbergo fue saber distinguir entre el internacionalismo como “paradigma teórico” desde el cual abordar el estudio de los fenómenos políticos nacionales e internacionales (cuya justeza deriva del caracter mundializado que reviste el capitalismo), y el internacionalismo como “paradigma táctico-organizativo” (cuyo vicio principal —aunque no el único— consiste en no visualizar el carácter asimètrico de esa mundialización capitalista).

    En cualquier caso, el punto es importante y merece que lo desarrollemos, puesto que la Izquierda Nacional no lo ha hecho hasta ahora con la debida profundidad. ¡He aquí otra problemática que la Izquierda Nacional del siglo XX no ha resuelto para comodidad de la Izquierda Nacional del siglo XXI!

    La experiencia del trotskismo y el POUM

    Entretanto, es posible recurrir a la experiencia histórica en busca de elementos para pensar la cuestión del internacionalismo. La situación española desde 1931 hasta 1939 proporciona un abundante material para el análisis, puesto que en un lapso muy breve cayó la monarquía y se instauró la repíblica, hubo un golpe militar, hubo una guerra civil con un proceso revolucionario paralelo y, por si esto fuera poco, todo ocurrió en el marco de una situación internacional signada por el avance del fascismo en Europa y del stalinismo contrarrevolucionario en Rusia. La cuestión del internacionalismo se le planteó con toda agudeza a los revolucionarios españoles.

    En 1934 Trotsky propone a sus partidarios de la Oposición de Izquierda dentro de la III Internacional la táctica del “entrismo” en los partidos socialistas de masas. Esto se llamó “el viraje francés”. En España existían la Izquerda Comunista (IC) de Andrés Nin y Juan Andrade, que adhería a las posiciones de Trotsky. Sin embargo, en lugar de aplicar la táctica propuesta por Trotsky, IC decide confluir en 1935 con el Bloque Obrero y Campesino (BOC) de Julían Maurín en la fundación de un nuevo partido: el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Trotsky puso el grito en el cielo ante esta decisión, y acabó rompiendo políticamente con Nin (que era su amigo) y con el POUM, a quien acusó de “centrismo” y hasta de “traición” (a pesar de considerarlo “el partido más honesto” de toda España).

    En 1936 se crea el Frente Popular (alianza entre comunistas, socialistas y republicanos) y el POUM decide sumarse electoralmente, aunque en todo momento denuncia su naturaleza anti-socialista y se mantiene en una postura independiente. Se trata de otra decisión táctica que Trotsky condena. Según el POUM se justificaba apoyar al Frente Popular para impedir el triunfo electoral de la derecha y garantizar la libertad de miles de prisioneros políticos. Según Trotsky, el Frente Popular encerraba una trampa mortal para las masas, puesto que su concepción “etapista” de la revolución no podía sino conducir al triunfo franquista en la guerra civil que se avecinaba. En 1937 Nin acepta formar parte del gobierno catalán, y esto da lugar a nuevas críticas de Trotsky. Finalmente, en mayo de 1937 se produce el levantamiento obrero en Barcelona (entre paréntesis, la película “Tierra y Libertad” de Ken Loach pinta este momento en todo su dramatismo, y nadie debe dejar de verla; es una película hermosa y edificante). El papel titubeante del POUM ante el levantamiento da nuevos motivos a Trotsky para profundizar sus críticas.

    No hubo más posibilidades de que Trotsky continuara criticando: el POUM fue declarado ilegal por el gobierno del Frente Popular, sus militantes fueron perseguidos y encarcelados y Andrés Nin fue secuestrado, conducido a Madrid, torturado y asesinado por la policía stalinista (cuya crueldad era infinitamente superior a la de los Grupos de Tareas de la última dictadura argentina). La revolución española era ahogada en sangre, y según Trotsky el POUM había sido uno de los grandes responsables de ese desenlace.

    Ahora bien, estas desavenencias entre el POUM y Trotsky (que ordenó a sus pocos seguidores en España denunciar a viva voz al POUM como una organización perniciosa para la clase obrera) eran desavenencias tácticas, pero desde el punto de vista teórico-estratégico, había casi plenas coincidencias. En contraposición al “frentepopulismo” stalinista, que caracterizaba a la revolución española como una revolución burguesa que debía instalar una república democrática, la Revolución Permanente caracterizaba como proletaria a la revolución española (desde el punto de vista de la clase que debía conducirla). Según Trotsky, las tareas democráticas como la reforma agraria, la abolición de la monarquía o la separación entre la Iglesia y el Estado sólo podían ser garantizadas por un proceso revolucionario encabezado por la clase obrera. Pero la clase obrera no se detendría en los límites democrático-burgueses y transitaría ininterrumpidamente hacia el socialismo, es decir, hacia un régimen basado en el poder de los soviets o consejos, que colocara toda la producción y la distribución bajo control obrero. Maurín, el dirigente del POUM procedente del BOC (a quien Trotsky apostrofaba llamándolo “bujarinista”), hablaba de “revolución democrático-socialista”, cuyo parecido terminológico y teórico con la Teoría de la Revolución Permanente era sorprendente y cuyas conclusiones estratégicas eran prácticamente las mismas.

    El POUM y el trotskismo tenían dadas todas las condiciones estratégicas, teóricas y hasta morales como para converger. Sin embargo, en el plano de la táctica las diferencias entre le POUM y Trotsky se manifestaron inmensas.

    IV Internacional: ¿prematura o tardia?

    La Conferencia Internacional que da origen a la IV Internacional en 1938 no contó con la presencia del POUM. Según se ha sabido con el tiempo, un agente de la GPU llamado Zborowsky, infiltrado en las filas trotskistas, intervino para que un observador designado por el POUM no llegara a asistir. De cualquier forma, ¿qué hubiera hecho el POUM? Wilebaldo Solano, dirigente juvenil del POUM durante la guerra civil, confiesa muchas décadas más tarde que “el POUM no pensaba incorporarse a la IV Internacional porque tenía otra perspectiva y pensaba que esa Internacional era prematura” (ver el interesantísimo libro El POUM en la historia, Ed. Los Libros de la Catarata, Madrid, 1999).

    A más de setenta años de su fundación, cabe reflexionar: ¿era la perspectiva de una IV Internacional prematura? ¿O era la manifestación tardía de una fase del capitalismo, y del desenvolvimiento de la clase obrera, que ya había quedado definitivamente atrás? Autores identificados con Trotsky, como Deutscher o Broue, piensan de manera distinta: para el primero la IV Internacional era una utopía irrealizable; para Broué era el objetivo más importante que perseguía Trotsky en sus últimos años, y la razón por la cual Stalin lo liquidó.

    En cualquier caso, lo cierto es que la Internacional concebida por Marx tenía como radio de acción a los países más avanzados de Europa. Dentro de ese horizonte, tanto la homogeneidad de las condiciones socio-económicas como la cercanía física y “cultural” entre los revolucionarios, tornaba plausible la creencia de que un “partido único de la revolución”, es decir, una organización vertical y centralizada como lo son todos los partidos, actuara tanto en Francia como en Inglaterra o Alemania. Pero con la conversión del capitalismo en imperialismo todo se volvió más complejo. ¿Podía concebirse hacia mediados del siglo XX que un mismo partido “internacional” condujera procesos tan disímiles, como la revolución china, la revolución mexicana o la revolución alemana? Ciertamente, si uno de esos procesos triunfaba (como el caso de China, por ejemplo), sus posibilidades de hegemonizar el “partido mundial” aumentaban considerablemente. Pero no en razón de la capacidad o el talento de los dirigentes chinos para aleccionar a los mexicanos o a los alemanes sobre si debían o no participar en unas elecciones o si debían crear o no una nueva central sindical, sino en razón del peso político que confería a sus decisiones el poder material derivado de su condición de partido gobernante. Pero en este caso el tal “partido internacional” sería simplemente una correa de transmisión de intereses nacionales disfrazados de “internacionales”.

    Sea como fuere, lo cierto es que el “partido de la revolución mundial” no existe ni ha existido hasta ahora (como factor real de la política mundial, y no como fantasía de pequeños grupos completamente alejados de las masas). El método marxista indica que hay que ir “de la tierra al cielo”, y no al revés. Es decir: hay que partir no del deseo de que ese “partido del a revolución mundial” exista, sino de la realidad de que ese partido no existe. Y desde este punto de partida, hay que explicar el por qué ese partido no existe.

    • Nacionalismo, internacionalismo y socialismo 
    • Artículo cargado el 19/05/2011 - 02:39

    La izquierda nacional debate sobre el internacionalismo

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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    En mi opinión, el nudo problemático del tema en discusión es el siguiente: ¿resulta viable una organización revolucionaria internacional que agrupe a las organizaciones revolucionarias nacionales en calidad de “secciones”? ¿Supone lo anterior que cada organización revolucionaria nacional debe, por así decir, “perder soberanía” (o al menos compartirla) frente a organizaciones revolucionarias extranjeras o frente a una organización trasnacional o internacional?

    Internacionalismo teórico-metodológico e internacionalismo organizativo

    El solo planteo de estos interrogantes hace ochenta o cien años habría bastado para levantar toda clase de gritos indignados en la “familia marxista-leninista” contra quien los formulara. Pero ahora, entrado el siglo XXI, y tras la experiencia proporcionada por el fracaso de las sucesivas internacionales de los siglos siglos XIX y XX, la pregunta resulta por demás pertinente.

    En un escrito anterior propuse —siguiendo a Spilimbergo— distinguir el internacionalismo teórico, analítico o metodológico del internacionalismo organizativo. El primero me parece enteramente legítimo, pues considera al capitalismo como un “sistema mundo” en el cual las partes no pueden ser entendidas sin la referencia al todo. Así, por ejemplo, la pretensión kirchnerista de “reconstruir la burguesía nacional” como eje de un desarrollo autocentrado resulta vana (desde el punto de vista de los intereses nacional-populares) porque pierde de vista el entrelazamiento de esa burguesía con el capital trasnacionalizado. Pero la legitimidad del internacionalismo teórico o metodológico no implica la legitimidad del internacionalismo organizativo. Por varias razones. Una de ellas es el carácter asimétrico del capitalismo mundializado, que se manifiesta en el hecho de que no existe un proletariado mundial homogéneo, con los mismos intereses económico-sociales en todas partes. Las condiciones de vida del proletariado inglés o norteamericano, por ejemplo, están directamente determinadas por la explotación del proletariado argentino o chileno. Si el proletariado argentino o chileno llevara adelante una revolución socialista que pusiera fin a la explotación imperialista, el proletariado inglés o norteamericano verían seriamente afectadas sus condiciones de vida.

    Otra razón para rechazar el internacionalismo organizativo es la siguiente: el sujeto de la revolución, en tanto sujeto político, no se constituye solamente en la esfera económico-social. En su constitución intervienen factores culturales (costumbres, moral, religiosidad, etc.). Estos factores culturales constitutivos del sujeto revolucionario determinan la inevitable exterioridad de una dirección política que pretenda situarse por encima de ellos. En este plano, el sueño de una organización internacional “puramente” marxista, leninista y trotskista, despojada de toda esa “estrechez pueblerina” que le da el colorido particular a cada proletariado nacional, me parece un sueño tan irrealizable como aquel del esperanto como idioma universal.

    Hay, por último, una razón estrictamente práctica que a mi juicio condena al fracaso al internacionalismo organizativo. Si una organización revolucionaria nacional se ha convertido en un partido de masas, o al menos “con influencia de masas”, y si por ese motivo sus dirigentes son reconocidos por la clase y disponen en consecuencia de un poder real de decisión, ¿cómo haría la organización internacional para obligarla eventualmente a modificar la línea política en caso de considerarla errada?

    El compañero Antoine tiene una respuesta para todas (o casi todas) estas objeciones: la organización internacional reúne a todos aquellos grupos o partidos que comparten una misma teoría revolucionaria (el marxismo y el trotskismo) y que aplican una misma estrategia revolucionaria derivada de esa teoría. Las “secciones nacionales” se encargan, entonces, de decidir por sí mismas la táctica, pero no así la estrategia, la cual sólo exige ser aplicada. Si una sección nacional asume una posición táctica, la dirección internacional deberá respetarla; pero si la decisión de la sección nacional compromete la línea estratégica general, entonces habrá que obligarla a modificarla.

    Mi objeción a Antoine es la siguiente: no existe ninguna teoría revolucionaria, ni ninguna estrategia revolucionaria, de las cuales se derive una y sólo una línea táctica. Por ejemplo: la Teoría de la Revolución Permanente en tanto orientación estratégica de los revolucionarios, no indica si hay que llamar a votar al PT en Brasil (como hicieron algunos partidarios de la Revolución Permanente), o si hay que llamar a votar contra el PT (como hicieron otros partidarios de la Teoría de la Revolución Permanente). Esto significa que una misma línea estratégica es en principio compatible con diferentes posicionamientos tácticos. Por otro lado, la demarcación que podemos trazar entre las cuestiones tácticas y las estratégicas es bastante problemática. No siempre está claro qué decisión corresponde al plano de la táctica y qué decisión corresponde al plano de la estrategia. Por esta razón, existirá siempre la posibilidad de que una decisión táctica (la de votar al PT, por ejemplo) sea considerada por quienes no acuerdan con ella como una decisión con implicancias estratégicas.

    Intentaré escarbar un poco más en la idea con valiéndome de la siguiente analogía: al psicoanálisis se le ha criticado muchas veces que dispone de explicaciones retrospectivas (a posteriori de ocurridos los hechos) de la conducta sexual anómala de un individuo; sin embargo, carece de poder predictivo al respecto. Es decir, puede explicar qué circunstancias condujeron a tal o cual persona a desarrollar una identidad homosexual, por ejemplo. Pero no puede asegurar que un individuo que atraviesa circunstancias semejantes desarrollará una identidad homosexual. Del mismo modo, la Teoría de la Revolución Permanente y la Ley del Desarrollo Desigual y Combinado pueden explicar el fracaso (o eventualmente el éxito) de tal o cual proceso revolucionario. Pero no pueden asegurar lo que vaya a suceder con un proceso revolucionario en curso. La razón es que intervienen factores coyunturales, contingentes y “tácticos” que la Teoría no puede prever.

    Trotskismo y terrorismo

    En la reunión del pasado viernes mencioné a modo de ejemplo de lo que digo, el punto de vista de Trotsky sobre los métodos de acción política que le están permitidos y que le están prohibidos al partido revolucionario. Voy a precisar mejor ahora el ejemplo.

    En junio de 1971 la revista Izquierda Nacional (Nº 13) fijaba como posición la condena del terrorismo individual que practicaba por entonces la organización PRT-ERP, que sería reconocida como sección nacional argentina por la IV Internacional (la de Ernest Mandel). Izquierda Nacional recurría a un argumento de autoridad: la palabra de León Trotsky y de Vladimir Lenin. De Trotsky se reproducía una parte de su libro “Los crímenes de Stalin”: “El Estado capitalista —escribía Trotsky— no reposa sobre ministros y no puede ser destruido destruyendo sus ministros. Encontrará en seguida otros servidores, el mecanismo continúa intacto y sigue funcionando”. De Lenín se reproducía un párrafo de su folleto “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”: “El marxismo —escribía Lenin— se distingue de todas las formas primitivas del socialismo en que no vincula el movimiento a ninguna forma de lucha específica y determinada (...), rechaza incondicionalmente todo lo que sean fórmulas abstractas o recetas doctrinarias, reclama que se le preste la mayor atención a la lucha de masas en marcha”.

    Extrañamente (visto desde hoy), los editores de Izquierda Nacional no parecían advertir que Lenin y Trotsky no decían exactamente lo mismo en los párrafos seleccionados: Trotsky condenaba el terrorismo individual cómo método de lucha, pero Lenin no lo condenaba, sino que decía que la teoría y la práctica marxista no se encuentran entrelazadas con un método de lucha en particular.

    Unos años después, en 1975, cuando el terrorismo pequeño burgués practicado por los “trotskistas” del PRT-ERP (que estaban girando aceleradamente hacia el castrismo, el guevarismo y el stalinismo) desnudaba con toda claridad su contenido antiobrero, antipopular y antinacional, otro grupo pretendidamente trotskista, el PST de Nahuel Moreno, editaba un pequeño librito con textos de Trotsky condenado el terrorismo (“Contra el terrorismo”, ediciones Pluma, Buenos Aires, 1975). Se reiteraban allí los argumentos centrales de Trotsky sobre el tema.

    “Los marxistas —decía Trotsky— consideramos que la táctica del terrorismo individual es inconveniente para la lucha liberadora, tanto del proletariado como de las naciones oprimidas. Un héroe aislado no puede reemplazar a las masas”. Ilustraba este punto de vista con un ejemplo aleccionador: “Al calor de la guerra imperialista, Federico Adler (líder marxista austríaco GC) asesinó al ministro-presidente austríaco Stuergkh en un restaurante vienés. El escéptico oportunista heroico no pudo encontrar otra válvula de escape para su indignación y desesperación (...). A la acción individualista de Adler contrapuse el accionar de Carlos Liebknecht, quien en plena época de guerra salió a una plaza de Berlín a distribuir un manifiesto revolucionario dirigido a los obreros”.

    Apuntaré, de pasada, dos cosas: un terrorista no tiene que ser necesariamente un hombre aislado, desesperado y escéptico, como Trotsky lo pinta tomando sin demasiada razón a Adler como ejemplo, sino que puede ser un optimista militante de una organización política de masas. Además, resulta curioso que Trotsky contraponga la acción políticamente inconducente de Adler a la acción de Karl Liebknecht, que también resultó ser inconducente, si consideramos el desenlace de la lucha de clases de esa época en Alemania y Austria. Pero lo que me interesa resaltar es esto: Trotsky (y supuestamente también Lenin, según Izquierda Nacional) condena explícitamente el terrorismo individual debido a que —dice— la supresión del individuo que ocupa un puesto relevante dentro del a maquinaria política de la burguesía (como el presidente Stuergkh) no puede afectar a la maquinaria misma. Si una sección nacional de una organización internacional trotskista decidiera recurrir a prácticas terroristas, entonces merecería ser excluida de la organización internacional debido a que sus diferencias no son meramente tácticas, sino estratégicas y teóricas (cosa de la que no pareció apercibirse la IV Internacional mandelista, según parece; pero dejemos esto a un lado por ahora).

    En un texto llamado “Clase, Partido y Dirección. ¿Por qué fue derrotado el proletariado español?”, escrito en Coyoacán en 1940, Trotsky formula interesantes observaciones sobre el papel de la personalidad en la historia y la política. Discutiendo con quienes minimizan la importancia de la personalidad en beneficio del proceso histórico objetivo, Trotsky escribe: “Existen , naturalmente, importantes causas objetivas que crearon el gobierno autocrático de Hitler, pero sólo estúpidos pedantes del ‘determinismo’ pueden negar hoy el enorme rol histórico de Hitler. La llegada de Lenin a Petrogrado el 13 de abril de 1917 hizo virar a tiempo al Partido Bolchevique y lo capacitó para llevar la revolución a la victoria. Nuestros sabios podrían decir que si Lenin hubiera muerto en el extranjero a principios de 1917, la revolución de octubre habría tenido lugar ‘exactamente lo mismo’. Pero no es así. Lenin representaba uno de los elementos vivos del proceso histórico. Personificaba la experiencia y la perspicacia del sector más activo del proletariado. Su oportuna aparición en la arena del a revolución fue necesaria para movilizar a la vanguardia y darle la oportunidad de unir a la clase obrera y las masas campesinas. La dirección política en los momentos cruciales de virajes históricos, puede llegar a ser un factor tan decisivo como el rol del comando supremo durante los momentos críticos de la guerra”.

    La pregunta que me formulé al leer este párrafo fue la siguiente: ¿cómo conciliarlo con la anterior condena taxativa al terrorismo individual?

    Si en determinadas circunstancias un individuo puede desempeñar un rol determinante en el curso de un proceso histórico, ¿por qué habría que renunciar de antemano a la posibilidad de suprimirlo físicamente, si ello se estimara conveniente? De las palabras de Trotsky se desprende que para la burguesía mundial habría sido altamente beneficioso que un terrorista liquidara a Lenin antes de su llegada a Petrogrado en abril de 1917. Análogamente, ¿no habría sido conveniente para el proletariado alemán que un atentado terrorista hubiera acabado con Hitler antes de que se hiciera del poder absoluto? Hay un claro indicador de que las respuestas a estas preguntas puede ser afirmativa: de hecho, tanto en el campo de la revolución como en el campo de la contrarrevolución, siempre se ha recurrido a la supresión física de individuos que personificaban la fuerza de la clase enemiga. Obviamente, la inexistencia de “mundos paralelos” con los que confrontar lo que hubiera sucedido de no haber acontecido lo que aconteció (Por ejemplo: ¿qué hubiera sido de la Revolución Rusa con Lenin muerto en 1917? ¿O qué habría sido de la Revolución Española si los anarquistas no hubieran fusilado a José Antonio Primo de Rivera en 1936? Es imposible saberlo, obviamente; sólo puede especularse al respecto).

    Pero lo que ahora estoy considerando es lo siguiente: la advertencia trotskista de que los métodos terroristas son incompatibles con los intereses de la clase obrera que lucha por el socialismo, debe ser relativizada a la luz de la afirmación también trotskista según la cual los individuos pueden jugar un rol determinante en los procesos históricos.

    Si una organización internacional decidiera homogeneizar (o disciplinar en nombre del “centralismo democrático”) a sus secciones adherentes en los principios teóricos y estratégicos del marxismo y del trotskismo, dejándoles libertad de acción sólo para las decisiones tácticas, se encontraría al poco tiempo con que esto resulta problemático. Existían tantas razones teóricas y estratégicas para justificar que un comando revolucionario ejecutara a Hitler, a Mussolini o a Franco, por ejemplo, como para justificar la oposición a esa ejecución. ¿Significa esto que una u otra decisión tuvieran el mismo valor político? De ninguna manera. Pero no es en el nivel teórico-estratégico donde se podrá dirimir la cuestión, sino en el nivel táctico-político. Y en el nivel táctico-político la voz cantante no es la de los dirigentes internacionales, sino la de los dirigentes nacionales. A esto me referí al afirmar que en la disputa entre Trotsky y Andrés Nin respecto de si el POUM debió o no dar su apoyo electoral al Frente Popular en 1936, la decisión última tenía que recaer sobre Nin y sus compañeros. Así debía ser, y así fue.

    La historia del internacionalismo organizativo es la historia de un fracaso repetido durante todo el siglo XX. Hay que tomar nota de ello para que las relaciones de camaradería y colaboración entre revolucionarios de diferentes países o culturas encuentren modalidades adecuadas, basadas en posibilidades reales, y no en meras expresiones de deseo.

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    • Artículo cargado el 19/05/2011 - 02:11
    POLÉMICA: Una intervención desde afuera en una discusión interna de SL

    Internacionalismo, nacionalismo y latinoamericanismo

    Roberto A. Ferrero

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    l. Un pensamiento libresco, eurocentrico y antidialectico

    En una ocasión me contaba Ramos que un cierto domingo de los años del primer peronismo invitó a Raymond Molinier (que pasó varias décadas en nuestro país) a ver un clásico del futbol argentino, un River-Boca o algo así. Estaban en la tribuna popular y en determinado momento, miles y miles de gargantas comienzan a gritar “¡Perón!¡Perón!” y a cantar la marchita. Entonces Molinier, desagradablemente sorprendido, lo mira al Colorado y dice con asco: “¡Repuñáns nacionalists!”.[1] Cuarenta años después, otro cuartainternacionalista, Tariq Alí, se refiere al cipayísimo y equivocado libro de Guillermo Lora “Historia del Movimiento Obrero Boliviano” con un elogioso juicio: “un magnífico trabajo histórico” y “una de las joyas de la literatura histórica latinoamericana”.[2]

    ¿Por qué a los “internacionalistas” les resulta tan difícil comprender el nacionalismo —históricamente progresivo— de los países coloniales y semicoloniales? Porque su pensamiento es libresco, eurocéntrico y no dialéctico. Libresco, porque toma como un dogma los conceptos de El Manifiesto Comunista y otros escritos —de Lenin y de Trotsky— sin situarlos históricamente; eurocéntrico porque, tributando a la ideología burguesa dominante para la cual tácitamente lo europeo tiene sustancia universal, enfrenta como entidades absolutamente opuestas por principio “internacionalismo” y “nacionalismo”, dando vigencia general a lo que solo es una realidad para los países centrales: en éstos, efectivamente, el nacionalismo es imperialista y por tanto un verdadero socialista internacionalista debe oponerse a él y privilegiar la solidaridad con las naciones oprimidas y los trabajadores de ellas antes que con su propia burguesía nacional. Pero esta concepción no puede extenderse a los países oprimidos de la periferia. En la periferia, nacionalismo y internacionalismo no son opuestos, sino dos aspectos de una misma relación dialéctica. La incomprensión de esta característica específica de la periferia es lo que proporciona su rasgo antidialéctico al pensamiento internacionalista eurocéntrico, que solo ve oposiciones polares, permanentes, atemporales, sin comprender cómo, según las circunstancias, se transforman unas en otras y se complementan mutuamente.

    2. La desigualdad Centro-Periferia y la crisis del internacionalismo

    Los sostenedores de la tesis “internacionalista” no han parado mientes, como se dice, en que el internacionalismo fue puesto en crisis ya hace mucho tiempo por la constitución asimétrica del mercado mundial y el desarrollo desigual entre el Centro y la Periferia establecido por el fenómeno post-marxista (posterior a los análisis de Marx) del Imperialismo, quien mediante diversos mecanismo de transferencia fue capaz de elevar notablemente el nivel de vida de sus trabajadores y asociarlos así —por la vía del consumo reforzada por la hegemonía cultural— a la perspectiva de las burguesías centrales. En esa medida, el proletariado europeo y sus partidos —¡ni que decir el estadounidense!— se desolidarizó de los trabajadores de la periferia. Esta desolidarización del proletariado central fue un fenómeno de masas y no sólo patrimonio de la “aristocracia obrera” y su “burocracia sindical”, como reiteradamente escribió Lenin tratando de salvar el honor del proletariado europeo y aun repiten algunos compañeros. En realidad, ésta de Lenin era una indebida idealización de esta clase, porque era ella realmente —como clase en su conjunto— la que sostenía con su pasividad la política explotadora de su burguesía, con cuyas migajas (que no eran tan pocas) se beneficiaba. En Alemania,“hacia fines de siglo —escribe Sturmhtal— las condiciones económicas y políticas cambiaron de un modo favorable a la clase obrera. Mejoraron las condiciones económicas, subió mucho el nivel de vida de los obreros y hubo progresos rápidos en los sistemas de seguro social”.[3] Y añade Wolfgang Abendroth: “Entre 1890 y 1900, el creciente aumento del salario medio del orden del 8 al 19 %, sólo interrumpido por la crisis de 1891-1892, había constituido una auténtica mejora del nivel de vida”.[4] En Francia-asegura Marc Ferro en un libro clásico— “el salario real de la masa de los obreros casi se duplica entre 1890 y la Guerra”.[5] No se trata de ilustrar eruditamente estas líneas de opinión con series estadísticas que demuestren acabadamente lo afirmado, pero quien las busque las encontrará. El aumento del bienestar general y la educación patriótica brindada por los medios de reproducción ideológica de cada burguesía europea en competencia entre si, desarrollaron el sentimiento nacionalista-chovinista agresivo y acabaron en 1914 con el mito del internacionalismo proletario. Las masas se precipitaban a los centros de reclutamiento y las juventudes iban al frente riendo y cantando. De manera que si los diputados socialdemócratas alemanes al Reichstag votaron los créditos de guerra (excepto Liebknecht), traicionaron los principios, pero no la voluntad de las masas obreras que representaban. Y para el período de post-guerra, cuando la Revolución Colonial rugía en todos los continentes, son pertinentes estas citas de Walter Laqueur: “Los salarios reales aumentaron entre 1953 y 1965 aproximadamente un 36 por ciento en el Reino Unido, en un 548 por ciento en Francia, el 80 por ciento en Italia y el 100 por ciento en Alemania occidental […] La desproletarización de la clase trabajadora realizó grandes progresos en Europa occidental y oriental […] Hubo algunas huelgas masivas en otros países europeos (por ejemplo, en Dinamarca en 1965, en Bélgica y Suecia en 1966), pero en general no había demasiada inquietud social en los pequeños países europeos y todavía menos en Alemania occidental donde de hecho las huelgas eran un fenómeno desconocido”.[6]

    Esta expresión crudelísima de los desniveles de conformación del mercado mundial capitalista con sus rivalidades necesarias —repetida en 1939/45 y reglamentadas después— demostró claramente que no existían los fundamentos reales para la posibilidad de constituir un “internacionalismo igualitario”, por decir así, donde cada fracción del movimiento obrero y cada partido socialista revolucionario actuaran en igualdad de derechos y responsabilidades, sin quedar sometidos a un centro director que impone verticalmente sus criterios, errados pero revestidos de autoridad jerárquica. Si la II Internacional había sido una federación de partidos en la que los alemanes llevaban la primacía, lo que hubo después fue una III Internacional cuya función esencial fue resguardar el stato quo mundial para permitir a la burocracia soviética y del Este el tranquilo disfrute de sus privilegios, y una IV Internacional que nunca pudo superar su impotencia inicial pese a los esfuerzos de su genial creador.

    Como dice Laqueur, había países europeos que no tuvieron huelgas por años y aun por lustros, cosa impensable sin esa pasividad conformista de la clase en su conjunto y no sólo de la aristocracia obrera. Por el contrario: los movimientos políticos o huelguísticos más importantes fueron iniciativa de los trabajadores mejor pagados y no de los sectores masivos más atrasadas y peor pagos (los más numerosos).Si el conjunto del proletariado de cada país europeo hubiera querido movilizarse contra su burguesía por una acción internacionalista, no hubiera habido ni burocracia ni casta obrera privilegiada que lo frenara. Hubiera empujado hacia delante a su dirección conciliadora o la hubiese sustituido por otra más combativa. No fue así: el proletariado alemán, por ejemplo, apoyó libremente al centro y a la derecha socialdemócrata a partir de 1918 y no acompañó a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en sus esfuerzos revolucionarios. El socialdemócrata reformista Herman Müller fue Canciller en 1920 y “fue jefe porque obedecía a las masas”,[7] como dice también Sturmthal. Hubo, por supuesto numerosas huelgas y movimientos reivindicativos en los grandes países de Occidente —como lo fue la célebre huelga de los mineros británicos y la TUC en 1926 y los posteriores de post-guerra— pero no eran de solidaridad con los pueblos y los trabajadores del Tercer Mundo, sino de obtención de ventajas corporativas para el propio proletariado. Huelgas de apoyo a las luchas de los pueblos coloniales y semicoloniales —a Argelia, Vietnam, el Congo Belga, Cuba, etc— siempre brillaron por su ausencia.

    La solidaridad internacional de los trabajadores, que debía ser el sustratum político y espiritual del “internacionalismo táctico-organizativo”, nunca alcanzó una extensión universal, precisamente por lo dicho: la aparición del imperialismo la mató in nuce. Existió como levadura en los tiempos de constitución de la I° Internacional y limitada a la vieja Europa en tren de rápida industrialización. pero no más (resulta curioso constatar, como hiciera hace años Ludolfo Paramio, cómo los grandes protagonistas del internacionalismo proletario europeo eran… artesanos).[8] Los grandes teórico y propulsores del imperialismo (Cecil Rhodes, Paul Leroy-Beaulieu, Jules Ferry, etc) lo propugnaron en su hora para evitar que “la revolución liquide la sociedad moderna en los albores del siglo XX”,[9] como explicaba el último. Ellos preveían con todo cinismo y lucidez que la expansión del capital occidental sobre la periferia atrasada no sólo serviría de válvula de escape a la presión demográfica por medio de la emigración a los territorios de ultramar, sino que en cada país imperialista “brindaría a sus habitantes —industriales, trabajadores, consumidores— un aumento de las ganancias, los salarios o el interés”,[10] como aseguraba Leroy-Beaulieu en 1891.Y aunque la parte del león quedó para “las ganancias” y “el interés”, en relación a “los salarios”, la enorme fracción del excedente nacional de los países coloniales y semiconiales rapiñados por el imperialismo sirvió para amortiguar la conflictividad social en el Centro. El propio Che Guevara, revolucionario del Tercer Mundo, ya lo había observado: “No hay punto de contacto entre las masas proletarias de los países imperialistas y los dependientes; todo contribuye a separarlas y crear antagonismos entre ellas […] los proletarios de los (países) imperialistas reciben las migajas de la explotación colonial y se vuelven cómplices de los monopolistas”.[11] La clase trabajadora —excepto en sus hombres más conscientes y politizados— quedó soldada a su burguesía por los aumentos del nivel de vida logrados y por la subordinación ideológica que la hegemonía de la clase dominante imponía a las clases subalternas. El obrero inglés medio se sentía miembro de una gran nación dominante, lo mismo que los alemanes, franceses o norteamericanos, y miraba sobre el hombro a sus camaradas “salvajes”, “atrasados” de los que —como Raymond Wilmart, miembro de la Internacional en la Argentina— decía que “no sabían hacer otra cosa que montar a caballo”, por lo que no habría aquí progreso posible sin la afluencia de extranjeros[12] ¿Qué solidaridad internacional obrera mundial podía haber en estas condiciones? En 1992 la académica anglo-canadiense Mary Louise Pratt publicó un libro llamado Ojos Imperiales, donde mostraba de que modo desdeñoso veían a los pueblos periféricos los europeos de la expansión comercial previa al imperialismo (1750-1850). Sería muy interesante que alguien escribiese ahora Ojos Imperialistas, para documentar como nos veían y nos ven los aún más arrogantes europeos y norteamericanos que vivían y prosperaban del saqueo a nuestros pueblos en la etapa imperialista. La exhortación de Carlos Marx a los trabajadores de todos los países —“¡Proletarios de todo el mundo, uníos!”— nunca pudo cristalizarse. Por algo Marcuse puso su mirada angustiada en “los que no tienen esperanzas”. Sin embargo, no hay mal que dure cien años…

    Por eso no puedo sino coincidir con los análisis que sobre el internacionalismo ha hecho Spilimbergo y con los recientes desarrollos de Gustavo Cangiano. Definitivamente, no puede existir —por carecer de una base material y espiritual homogénea— una organización revolucionaria internacional en donde todos sus partidos integrantes se encuentren en paridad de condiciones: siempre habrá un centro (como lo fueron Londres, Berlín y Moscú en cada una de las tres internacionales) que imponga sus puntos de vista, ya sea por la via coercitiva como en el stalinismo o por medio de su autoridad política reconocida, como en el caso de Marx o de la socialdemocracia alemana. La fórmula de funcionamiento que propugna Antoine (que la Internacional establezca la estrategia y los partidos o “secciones” nacionales la adecuen mediante la táctica) no deja de ser un esquema lógico que en la práctica política no podrá llevarse a cabo. No sólo, como indica Gustavo, porque una línea estratégica puede dar lugar a más de una modalidad táctica y porque las fronteras entre estrategia y táctica suelen ser difusas, sino por otras varias razones más. Entre ellas, porque a veces un asunto inicialmente táctico adquiere, en virtud de ciertas circunstancias, un carácter estratégico que lo lleva a chocar contra la estrategia del centro internacionalista. O, peor aun, porque una sección nacional, aun aceptando una estrategia determinada de la Internacional, puede entender que no están dadas ni siquiera las condiciones mínimas para fijar una táctica de implementación de aquella línea general. Supongamos, en este último caso, que perteneciéramos ahora a una Internacional con un nivel teórico tan elevado que ha aceptado como estrategia para los pueblos de la periferia la correcta doctrina de apoyar de forma independiente los movimientos nacionales revolucionarios o los frentes únicos antiimperialistas que aparezcan. SL acepta está estrategia, pero manifiesta que es imposible aplicarla entre nosotros porque —conceptúa— el kirchnerismo no es un movimiento nacional…. Y como ésta, decenas de situaciones varias y/o complicadas se pueden dar en la realidad, porque “es gris toda teoría, pero es siempre verde el árbol de la vida”, como dijera el amigo Goethe.

    De manera que la única posibilidad de que tal instancia “táctico-organizativa” funcione es que la estrategia adoptada sea tan laxa, tan difusa, que lo permita todo a sus “secciones” nacionales, según su leal saber y entender: una especie de “determinante vacío” que, a diferencia del concepto laclausiano, no se llene nunca para no incomodar a los partidos nacionales de cada país. Pero, entonces ¿para que queremos semejante Internacional?

    De paso sea dicho: advierto que la categoría del “internacionalismo teórico, analítico o metodológico” formulada o extraída por Gustavo no es sino, en el fondo, una concesión verbal a los “internacionalista”, ya que ella no parece ser sino otro nombre o un aspecto del concepto de Totalidad dialéctica, que manda no analizar ningún fenómeno aislado del resto de sus relaciones y de su contexto, captándolo en su movimiento y sus contradicciones. “La verdad está en la totalidad”, parece que afirmó Hegel. De esta manera, si la “unidad de análisis” es la Argentina, deberá ser siempre enmarcada en otra más amplia que es Latinoamérica y ésta en otra aun mayor que es el sistema capitalista mundial en movimiento. No es tan complicado. Así entendida las cosas, no hay entonces más que un solo Internacionalismo: el “práctico-organizativo”, que considero, con Spilimbergo y Gustavo, improcedente e inconveniente para los intereses del proletariado internacional y, sobre todo, para los trabajadores latinoamericanos. Me parece que una Internacional viable está más cerca del final de la crisis capitalista y será en parte su resultado, que del principio de ella como elemento de profundización y revolución.

    3. Inglaterra, un ejemplo temprano

    Esa pasividad cómplice del conjunto, este mentís al internacionalismo, mal que le pesara a Lenin, fue ya advertido con amargura por Engels, que no quiso engañarse como el líder del partido bolchevique: “Usted me pegunta que piensan los obreros ingleses —le decía en septiembre de 1882 a Karl Kautsky— sobre la política colonial. Pues exactamente lo mismo que piensan acerca de la política en general: lo que piensa el burgués. Aquí no hay partido obrero; sólo hay conservadores y radicales liberales, y los obreros participan alegremente en el festín del monopolio inglés sobre el mercado mundial y el colonial”.[13] Obsérvese que no echa la responsabilidad sobre alguna “aristocracia obrera”, sino sobre los trabajadores en general.

    En la propia Inglaterra, el país de capitalismo más avanzado y un proletariado industrial que ya había pasado por la etapa organizativa del cartismo, no se practicaba para nada el internacionalismo obrero. Por el contrario —es Marx quien lo dice— “el obrero inglés común odia al obrero irlandés como competidor que reduce su nivel de vida”. (Carta a Meyer, 9-4-1870).[14] En otro sitio —en una “Comunicación confidencial” también de 1870— habla del “obrero inglés medio” que odia a su camarada irlandés. Él se sentía, agrega “miembro de la nación dominante”.[15]. El proletariado inglés no pedía la elevación de los salarios y la mejora de las condiciones de vida de los obreros irlandeses, como era su “deber ser” internacionalista, sino que les gritaba “¡Go home, irishmen!”. En ningún lado habla Marx de una “aristocracia obrera”. La solidaridad pasiva, “alegre” con la burguesía imperialista inglesa es, según Marx y Engels, de toda la clase. Por eso Marx escribió que “un pueblo que avasalla a otro pueblo, forja sus propias cadenas” o, por otra traducción, “una nación que oprime a otra no puede ser libre”.[16] Y la nación es, fundamentalmente, la burguesía más los trabajadores y no solo la burguesía. Esto era recién en los albores del imperialismo. Su desarrollo y el aumento de la rapiña colonial y semicolonial hizo más estrecha la solidaridad nacional entre las clases de la nación imperialista que la del proletariado de cualquier país central con el de algún proletariado de la periferia. Estos son hechos.

    ¿Qué proponían Marx y Engels como deber del proletariado inglés? No un abstracto internacionalismo, sino el apoyo concreto al nacionalismo irlandés. “¿Qué aconsejaremos nosotros a los obreros ingleses? En mi opinión, deben hacer de la disolución de la Unión un artículo de su pronúnziamento[17] (se refiere a la ruptura del pacto colonial establecido opresivamente por Inglaterra sobre Irlanda en 1801). Esto escribía en 1867. Tres años más tarde, en la citada carta a Meyer, lo expresó con más claridad: “De aquí que la tarea de la Internacional sea, en todas partes, poner en primer plano el conflicto entre Inglaterra e Irlanda, colocándose en todas partes, abiertamente, junto a Irlanda”(18). Aquí se ve patente como el deber de los internacionalista de un país metropolitano es apoyar el nacionalismo del país sometido, Ambos —el internacionalismo así entendido y el nacionalismo emancipador— son las dos caras de una misma moneda o, si se prefiere, dos fases coetáneas e interdependientes —dialécticas— de un mismo fenómeno social y político.

    Es en esta relación que el nacionalismo revolucionario de las colonias y semicolonias muestra su rol históricamente progresivo. Progresividad histórica —también lo dijimos muchas veces— que surge del hecho de que el nacionalismo liberador arranca a los países sometidos a la órbita de la explotación del centro imperialista y por ende lo debilita, al tiempo que establece las condiciones para un desarrollo más libre de las fuerzas productivas en las naciones liberadas y, eventualmente reintroduce en el seno de las sociedades capitalistas avanzadas la crisis propia del sistema que éste pudo exportar a los países coloniales y dependientes y mitigarla en el propio mediante los réditos de la explotación imperialista de toda la periferia. La lucha del nacionalismo periférico acerca así el momento de la liberación social de los trabajadores de los países centrales. Por ello, Marx cambió su primitivo punto de vista sobre la relación Irlanda-Inglaterra: su concepción inicial era que el triunfo del proletariado en Inglaterra llevaría a la independencia de Irlanda, pero como se demostró errado lo cambió por el inverso: “Durante mucho tiempo —le confesaba a Federico Engels— creí que sería posible derribar el régimen irlandés por el ascendiente de la clase obrera inglesa […] Pero un estudio más profundo me ha convencido de lo contrario. La clase obrera inglesa nunca hará nada mientras no se libre de Irlanda”.[19] Parafraseándolo podemos decir: la clase obrera euro-norteamericana nunca hará nada mientras no se libre de la explotación imperialista de la periferia. Las condiciones históricas han cambiado, pero el fenómeno de la explotación de los países dependientes, aun transfigurándose, no ha desaparecido: por el contrario, se ha extendido y consolidado.

    4. Lenin, internacionalismo y cultura nacional

    Algunos ensayistas actuales han tratado de fundar su apoyo a la idea internacionalista y su rechazo al nacionalismo revolucionario acudiendo al viejo texto de Lenin “Notas sobre el problema nacional”. En este corto trabajo, que el líder bolchevique escribió en 1913, se condena efectivamente el “nacionalismo”, la “defensa de la cultura nacional” y la idea de la “autonomía nacional-cultural”. Sin embargo, al redactar este trabajo en polémica con el BUND judío y los socialnacionalistas de Ucrania como Lev Iurkievich, Lenin no trataba de acuñar fórmulas dogmáticas, atemporales y de aplicación universal, válidas para cualquier país. El mismo lo dice al comienzo de su trabajo: “El presente artículo persigue un fin especial: examinar en conjunto estas vacilaciones de los marxistas y de los que dicen serlo, en cuanto a los puntos de nuestro programa que se refieren al problema nacional”.[20] ¿Cuál es “nuestro programa”? El del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia” (POSDR). ¿Y contra que “marxistas” se propone polemizar Lenin?¿Con los de todo el mundo? ¿Con los de Europa o Latinoamérica? No: sólo con “los diversos socialdemócratas nacionales (es decir, no gran rusos), que han llegado hasta constituir una violación del programa del partido”, como indica líneas antes.

    Su artículo estaba acotado entonces al ámbito de su actuación política: Rusia y sus países sometidos. No pretendía pontificar sobre otros pueblos y naciones, ya que tenía un objetivo político bien concreto: preservar la unidad ideológica y práctica del conjunto del proletariado del Imperio Zarista. Como sabemos, el zarismo y la autocracia unificaban férreamente bajo su férula a una gran cantidad de naciones y etnias sometidas secularmente en aquella “cárcel de pueblos”, como se le llamó. La única fuerza capaz de enfrentarse con el zarismo y el nacionalismo gran-ruso hasta el fin era la clase obrera, cuya unidad —garantía de su poder social— debía preservarse a toda costa. Con el mismo criterio, debía preservarse la unidad de su partido dirigente, la socialdemocracia rusa.

    Contra ese objetivo militaba el nacionalismo de la burguesía ucraniana, de la aristocracia polaca y del BUND judío, que históricamente habían en cabezado los movimientos nacionales de cada uno de esos pueblos. Y ello era así porque la fuerza centrifuga y separatista de cada uno de estos grupos hegemónicos nacionales era centrípeta respecto al proletariado de cada una de esas nacionalidades: trataba de atraerlo a su órbita para fortalecer el mo vimiento nacional que dirigía tratando de alcanzar su independencia estadual como sociedad burguesa. Pero en esa medida fracturaba y entorpecía la unidad del proletariado del imperio, lo cual causaba la indignación de Lenin, con razón. El y los bolcheviques reconocían el Derecho a la Separación de las nacionalidades alógenas oprimidas por la nación mayoritaria Gran-rusa, pero simultáneamente trataban de evitar que el proletariado cayese bajo la influencia de las diversas burguesías u oligarquías nacionales separatistas. En ese contexto de controversia política, la “cultura nacional” se volvía —lo mismo que la ”autonomía nacional-cultural”— un factor divisionista de la clase obrera. Si se lee con detenimiento el artículo de Lenin, se ve que esto es así y que sus referencias son siempre el nacionalismo gran-ruso y a las distintas nacionalidades oprimidas del Imperio. No hay ninguna tentativa teórica de construir una panoplia de categorías para usar en cualquier país y en cualquier situación. Sus invocaciones a Suiza o Austria son siempre para usarlas como parámetros comparativos, como modelos a imitar o no imitar desde el punto de vista democrático, que no socialista, y no como sujetos sociales pasibles de recibir la aplicación del recetario leninista de categorías que eran sola y específicamente rusas.

    La concepción central del trabajo de Lenin —la tesis de que la cultura nacional y el nacionalismo son atentatorios a la unidad de la clase obrera y de su partido— es totalmente inaplicable a América Latina, porque su Cuestión Nacional reviste un carácter exactamente opuesto al del Imperio Zarista: mientras que en éste (como también en el Imperio Otomano y el Austro-húngaro) dicha cuestión se nos presenta como el derecho de las naciones oprimidas del imperio a separarse y constituir un Estado nacional propio, en América Latina se nos presenta como el derecho de cada fracción de la gran Nación Latinoamericana a unificarse con las restantes para constituir un único Estado realmente nacional. En el primer caso, se trata de nacionalidades diferentes enmarcadas a la fuerza en un gran Estado opresor: en el segundo, de una sola nación fraccionada artificialmente en varios Estados sub-nacionales, por decir así. En esta situación histórica y geopolítica, siendo —más allá de los matices— una sola la cultura latinoamericana de base hispanocriolla y desarrollo sincrético, hoy compartimentada (como la misma clase obrera) en Estados artificiales, evidentemente la defensa de la “unidad de la cultura nacional” (latinoamericana, no argentina o colombiana o hondureña) por encina de las fronteras ficticias, reforzará la unidad de la clase trabajadora latinoamericana. Igual afirmación puede hacerse respecto al nacionalismo de liberación y la consecución de un gran Estado unificado (o de varios grandes Estados transicionales de reagrupamiento parcial). Estamos en presencia de una categoría que es “nacionalismo” si consideramos a America Latina como una nación y que es simultáneamente “internacionalismo” si, haciendo una concesión al lenguaje cotidiano, consideramos —claro que impropiamente— “naciones” a los jirones de la Patria Grande inconstituída.

    5. Qué es una política socialista internacionalista en la periferia

    Una verdadera política internacionalista para el proletariado occidental no consistirá en un apoyo “moral”, en declaraciones de solidaridad con los trabajadores en huelga o sometidos a represión en los países semicoloniales o dependientes, si no en una táctica activa de apoyo al nacionalismo revolucionario de estas naciones explotadas. A su vez, en reciprocidad, una política internacionalista en el Tercer Mundo —porque él sigue existiendo no obstante la caída del Segundo— no puede sino consistir en el ejercicio del nacionalismo revolucionario democrático, ya que el mismo, al liberarnos nacionalmente, ayudará de forma simultánea a liberar socialmente a los trabajadores de los países imperialistas: reduciendo el margen del excedente expropiado a la periferia, obligará a la burguesía metropolitana a acentuar la explotación de su fuerza de trabajo, con lo cual desnudará ante el proletariado la verdadera esencia de la relación de clases y hará desaparecer el conformismo y la miopía de ese proletariado en relación a nosotros. Allí comenzarán a surgir realmente las condiciones mínimas para establecer una solidaridad internacional de las clases explotadas por el régimen burgués a escala planetaria.

    La lucha nacionalista revolucionaria, entonces, y no cualquier política ”socialista” o “marxista” es la verdadera contribución de los países semicoloniales y dependientes al internacionalismo. Desde el momento en que el Socialismo es una meta situada en un futuro indeterminado, la fidelidad a él es abstracta y declamatoria. La finalidad última, la Utopía socialista, no puede determinar la estructura de una política práctica concreta en los países semicoloniales y dependientes. En ellos, siendo la contradicción principal la que enfrenta al bloque del imperialismo y las clases dominantes nativas contra el resto de las clases oprimidas, la praxis segregada naturalmente por la situación es la de una política nacionalista revolucionaria (si se trata de quebrantar el sistema) o una política de conciliación y dependencia (si se trata de perpetuar el sistema y profundizar la entrega). No hay otras políticas que alguna de estas dos, excepto en el reino de las elucubraciones académicas. No existe ninguna “política marxista”: sólo existe un análisis marxista que puede indicar una política antiimperialista propia o verificar otra antinacional en las clases adversarias. No existe una “política socialista”. Sólo se puede encontrar, bajo este nombre, o una praxis nacionalista antiimperialista recubierta de un rótulo inadecuado y excesivo de “socialismo” (como en el Frente Popular chileno o la Izquierda Nacional nuestra) o una praxis ultraizquierdista (como la del MST o el Partido Obrero) que los ubica como aliados objetivos del imperialismo, según estamos viendo en estos días en relación a la crisis de Libia. Una verdadera “política socialista” sólo es practicable en los países centrales, donde la contradicción principal es “Burguesía vs. Proletariado” y una praxis socialista indica una lucha contra la propia burguesía. En la periferia, una práctica “socialista” (antiburguesa), sólo enfrenta al enemigo más débil, descuidando la lucha contra el gran frente antinacional del imperialismo y la oligarquía. Como la burguesía nacional periférica es muy mal vista por el imperialismo, que busca obstaculizar su desarrollo y satelizarla, resulta que, de hecho, se establece una alianza tácita entre las fuerzas imperialistas y la izquierda “socialista”.

    La política del partido socialista en la periferia explotada —hay que reiterarlo— es la del nacionalismo revolucionario y democrático, para que no sea abstracta o contrarrevolucionaria. Depende de nosotros que sus logros se estanquen en una etapa burguesa o pequeñoburguesa o que se desarrollen hacia un objetivo socialista. Como bien dice Osvaldo Calello en su intervención “El desarrollo avanza en la dirección del internacionalismo, pero su punto de partida es nacional”.

    6. ¿Una Internacional latinoamericana?

    El internacionalismo de Lenin —más allá de declaraciones de apoyo a la distancia a los núcleos obreros en lucha en otros países o de las previsiones teóricas más generales que transmitió a Stalin para que éste las concretara en su único y famoso folleto sobre la cuestión nacional— tenía, como vimos arriba, un carácter práctico-regional. Vale decir: se interesaba principal mente en la unidad y solidaridad de los proletariados de las distintas naciones que componían el Imperio Zarista, porque apreciaba su naturaleza operativa inmediata. Fuera de las fronteras del gran imperio euro-asiático, sabido es que Lenin se vio obligado a dejar de lado las presiones y recomendaciones de la II Internacional para que se unificase con los mencheviques, justamente a nombre del internacionalismo, porque conceptuaba erróneas las ideas de Julius Martov et al acerca de la naturaleza de la revolución que vendría. Luego del triunfo de Octubre, la ola de entusiasmo que ella levantó en todo el mundo demostró que había pasado la ola nacional-patriotera de la guerra y que el internacionalismo se había hecho presente de manera vigorosa y auténtica. La instauración de las repúblicas soviéticas en Baviera y en Hungría también así lo certificaban. Lenin alcanzó entonces el punto más alto de su confianza en la solidaridad proletaria cuando enunció su firme esperanza de que la clase obrera alemana triunfaría en su revolución y acudiría en auxilio del poder soviético. Eso no sucedió, aunque muestras de solidaridad obrera internacional muy significativas se dieron todavía: las negativas de los obreros portuarios de algunos países a embarcar armas para las tropas que luchaban contra la Unión Soviética, la resistencia coordinada de los trabajadores alemanes y franceses contra la ocupación del Ruhr por parte de Francia en 1923, la constitución del Comité Anglo-ruso de los sindicatos en 1925, etc. Entrado el capitalismo europeo, precisamente en estos años, en una fase de relativa estabilización, esta solidaridad se retrajo y el apoyo a la URSS quedó confinado al seno de los partidos comunistas.

    De todas maneras, lo que interesa señalar es lo siguiente: este vigoroso aunque efímero sentimiento internacionalista quedó limitado a Europa occidental y central. La poderosa clase obrera norteamericana no se movió y la de América Latina era harto débil y poco numerosa. En los demás continentes, más atrasados, prácticamente no tenía importancia alguna. La asimetría del mercado mundial capitalista estaba siempre presente.

    A la inversa, a medida que el capitalismo central se recuperaba, se iban perdiendo las pocas tradiciones de apoyo a los pueblos coloniales y semi coloniales que alguna vez pudo exhibir el proletariado europeo, como aquella muy digna actitud del socialismo italiano que se opuso con huelgas y manifestaciones, en 1911, a la anexión de Libia, expulsando a Bonomi y Bissolati, que eran partidarios de esta política de opresión imperialista.

    Para decirlo en pocas palabras: el internacionalismo “realmente existente” nunca fue más que europeo. Fue un “internacionalismo regional”.

    Ahora bien: si dejamos la idea del “internacionalismo universal”, por llamarlo de algún modo ¿podríamos concebir un “internacionalismo latinoamericano” (dejando de lado las precisiones verbales sobre si somos una “nación” o varias “naciones” o “países”)? ¿Sería posible tener nuestro propio “internacionalismo regional”? La pregunta es pertinente para terminar esta intervención con algún propuesta práctica, dado que todos nuestros países se encuentran sometidos igualmente, aunque en diverso grado, al capital imperialista; que la asimetría que reina entre ellos no es tan acentuada como la del Centro en relación al vasto mundo periférico; y que no existen entre ellos relaciones de dominación (aunque la burguesía brasileña se ha acercado bastante a este tipo de vinculación con Paraguay y Bolivia…)

    Antes de contestar, convendría hacer un pequeño repaso de los antecedentes históricos sobre el tema. Y ese repaso revela que, reiteradamente, en las relaciones entre los diversos partidos o grupos latinoamericanos de izquierda, la formación socialista o trotskista argentina de cada etapa analizable, tuvo la prevalencia entre ellos y ejerció un cierto magisterio, derivado de su mayor madurez política y del mayor desarrollo económico y cultural de la Argentina, que aquel reflejaba (si es que esto no implica algún reduccionismo de mi parte). Juan B. Justo y el Socialismo que él lideraba, por ejemplo, aún sin una organización formal de dimensión continental, ejercieron una gran influencia sobre los otros PS latinoamericanos de su época, como demostró cumplidamente Donald F. Weinstein en su biografía del autor de “Teoría y Práctica de la Historia”: el PSA tenía en Latinoamérica un rol análogo al de la Socialdemocracia alemana en Europa.[21] Después de la caída del peronismo, también nosotros, a través de Ramos y de Narvaja y en la medida de los escasos medios disponibles, tuvimos cierto peso en la formación de tendencias análogas en la Bolivia del movimientismo, en el Uruguay de Vivián Trías y Methol y, bastante más tarde, en el Chile de Pedro Godoy: la Izquierda Nacional argentina tenía un papel rector[22] que hoy ha perdido por la defección de Ramos en 1989 y por su estallido en cuatro fracciones y diversas esquirlas. J. Posadas (Homero Cristalli), por estos mismos años, por intermedio de una estructura formal —el “Buró Latinoamericano” (vulgo: BLA), sección de la IV Internacional que él manejaba como organismo propio y cuasi-autónomo— también estableció la hegemonía de Buenos Aires sobre el movimiento trotsko-posadista continental.

    Tales antecedentes y un análisis de la problemática actual indicarían que, en caso de reconstituirse la Izquierda Nacional argentina y conformarse una “Internacional Latinoamericana”, la situación volvería a repetirse en parecidos términos. Lo más apropiado, me parece, sería entonces una estructura, sin pretensiones (y sin posibilidades) de “internacionalismo desigual”, que mantuviera en contacto a los distintos grupos nacionales que se reclamen de Izquierda Nacional y a los que evolucionen en esa dirección, intercambiado información, discutiendo fraternalmente los problemas del continente y el mundo, y coordinando voluntariamente acciones comunes si así lo decidiera el conjunto. Sin autoridades que resuelvan ni votaciones que decidan. Sería reflotar la idea esbozada en alguna ocasión por Ramos —que no se si se intentó llevar a la práctica y en que medida— de crear una “Oficina de Información Latinoamericana”, aunque el nombre es lo de menos.

    Córdoba, 2 de marzo de 2011

    Notas:
    1. Recuerdos personales del autor
    2. Tariq Alí: “Piratas del Caribe”, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires 2007, pag.143
    3. Adolf Sturmthal: “La Tragedia del Movimiento Obrero”, Fondo de Cultura Económica, Méjico 1945, pag. 31.
    4. Wolfgang Abendroth: “Historia Social del Movimiento Obrero”, Editorial Estela, Barcelona 1970, pag.66.
    5. Marc Ferro: “La Gran Guerra (19141918)”, Hyspamérica, Buenos Aires 1985, pag. 29
    6. Walter Laqueur: “La Europa de Nuestro Tiempo”, Editorial Vergara, Buenos Aires 1994, pag. 247, 254 y 258.
    7. Adolf Sturmthal: op. cit., pag. 56.
    8. Ludolfio Paramio: “Después del Diluvio”, Siglo Veintiuno Editor, Buenos Aires 1990, pgs. 83/90.
    9. Jules Ferry, cit por Shepard B. Clough y Carol Gayle Moodie: “Historia Económica de Europa”, Editorial Paidos, Buenos Aires 1968, pag. 168.
    10. Paul Leroy-Beaulieu, cit. en op. cit. supra, pag.164.
    11. Ernesto Guevara: Notas al ‘Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS”, cit en Carlos Tablada: “El Pensamiento Económico de Ernesto Che Guevara”, Pag.138/139.
    12. Carta de Raymond Wilmart a Carlos Marx del 27 de mayo de 1873, reproducida en Horacio Tarcus: “Marx en la Argentina”, Siglo Veintiuno Editores, Villa Ballester 2007, pag. 510.
    13. Carta de Federico Engels a Karl Kautsky del 12 de septiembre de 1882, en Marx-Engels: “Obras Escogidas”, Editorial Progreso, URSS 1974, Tomo III, pag. 507.
    14. Carta de Carlos Marx a S. Meyer del 9 de abril de 1870, en Marx-Engels: “Sobre el Sistema Colonial del Capitalismo”, Ediciones Estudio, Buenos Aires 1964, pag. 363.
    15. Carlos Marx: “Comunicación confidencial”, en op. cit., pag. 324.
    16. Carlos Marx: op. cit. supra, pag. 324. Marx lo tomó de la frase pronunciada por el diputado americano a las Cortes de Cádiz en 1810, Inca Yupanqui, según Jorge Abelardo Ramos: “Historia de la Nación Latinoamericana”, Peña Lillo Editor, Buenos Aires 1968, pag. 131 y 138/139.
    17. Carta de Carlos Marx a Federico Engels del 30 de noviembre de 1867, en Marx-Engels: “Sobre el Sistema…” cit., pag. 351.
    18. Idem. nota (14), pag. 364.
    19. Carta de Carlos Marx a Federico Engels del 10 de diciembre de 1869, en Marx-Engels: “Sobre el Sistema…” cit., pag. 358.
    20. V.I. Lenin: “Notas Críticas sobre el Problema Nacional”, en la antología “Sobre la Cuestión Nacional”, Editorial Abraxas, Buenos Aires 1973, pag. 82
    21. Donald F. Weinstein: “Juan B. Justo y su época”, Ediciones Fundación Juan B. Justo, Buenos Aires 1978, pags. 177/184.
    22. Sobre el tema puede verse el libro del autor: “Enajenación y Nacionalización del Socialismo Latinoamericano”, Alción Editora, Córdoba 2010, passim.
    • Politica Nacional 
    • Artículo cargado el 04/04/2011 - 20:21
    A PROPOSITO DEL 35ª ANIVERSARIO DEL GOLPE DEL 24 DE MARZO

    Derechohumanismo alfonsinista y derechohumanismo kirchnerista: dos variantes de una misma trampa politico-discursiva

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

    Etiquetas/Temas: derechos humanos,

    Lo que necesitamos es recuperar para nosotros aquella voluntad y convicción que distinguía a los perseguidos y caídos en los combates emancipatorios setentistas • Héroes que luchaban por por un pais distinto, sin opresores ni oprimidos • Librar una batalla ideológica contra la trampa del derechohumanismo es el pre-requisito para abrir un debate profundo y productivo sobre la confrontación entre la revolución y la contrarrevolución que tuvo lugar entre 1955 y 1976

    Consideremos el libro “Noche y niebla y otros escritos sobre derechos humanos” que reúne artículos de Rodolfo Mattarollo y que ha sido editado por Le Monde Diplomatique a fines del año pasado. ¡Es verdaderamente lo que se dice un “libro progresista”! ¿Quién es Rodolfo Mattarollo? Es un respetable jurista que en los años setenta perteneció al PRT-ERP y dirigió la revista “Nuevo Hombre”. Poco antes del golpe del 24 de marzo de 1976, Mattarollo se fue a Francia e inició su carrera de funcionario de la ONU en el área de “derechos humanos”. Es decir: en lugar de continuar con el intento de derrocar al capitalismo e instaurar el socialismo, Mattarollo puso todo su talento al servicio de ese mismo capitalismo que antes había intentado derrocar. Dicho sea entre paréntesis, los militares golpistas del 76, que presumen de haber salvado al capitalismo (o “el estilo de vida democrático y occidental”) de quienes querían aplastarlo mediante una revolución socialista, deberían sentirse gratificados ante un caso como el de Mattarollo: ¡el joven guevarista de ayer convertido en un honorable hombre de derecho!

    Además, Mattarollo es kirchnerista y ha trabajado como consultor de la Secretaría de Derechos Humanos. ¿Y por qué Mattarollo es un derechohumanista-kirchnerista y no un derechohumanista-alfonsinista, que es la otra variante del derechohumanismo? Para entenderlo, conviene detenerse un instante en las reflexiones de una derechohumanista-alfonsinista de pura cepa, como la socióloga Elizabeth Jelin.

    Familistas vs. juridicistas

    La sangrienta represión llevada a cabo por la última dictadura militar ha sido procesada discursivamente de diferentes maneras. Los recientes alegatos de los generales Videla y Menéndez, en uno de los tantos juicios que se les siguen, dan cuenta de una de esas maneras: no hablan de “desaparecidos” sino de “terroristas” o “subversivos” que habrían librado una “guerra revolucionaria” en la cual fueron derrotados. Con toda coherencia, Videla les recuerda a los derechohumanistas del alfonsinismo: “En nuestro país hubo una guerra interna (…). Mal puede hablarse, entonces, como lo hizo el presidente Alfonsín en el Decreto 158/83, mediante el cual ordenó el juicio a las Juntas, de la existencia de homicidios, privaciones ilegítimas de la libertad, secuestros o lugares clandestinos de detención, introduciendo figuras delictivas del Código Penal, dentro del juzgamiento de actividades de combate, ocurridas en el marco de una guerra interna”. Videla señala que “si aceptamos la existencia de una guerra”, entonces corresponde “hablar de prisioneros capturados e internados en lugares de reunión, generalmente secretos por razones de seguridad; de heridos, mutilados, muertos o desaparecidos; saldo inevitable de cualquier conflicto bélico”.

    Ahora bien, ¿resulta válido el argumento de Videla? Podría argüirse que el contexto de guerra civil invocado por Videla constituye una mera coartada de su defensa. ¿Hubo una guerra civil en la Argentina de los años setenta? ¿Qué dicen los investigadores situados en las antípodas ideológicas del ex dictador?  En “Lucha de clases, guerra civil y genocidio en la Argentina (1973/1983)”, Inés Izaguirre reconoce que hacia 1976 la lucha de clases en Argentina se había agudizado hasta tal extremo que había ingresado en lo que técnicamente podría denominarse “situación de guerra civil”. Escribe Izaguirre: “Desde el Cordobazo se hacía visible que la lucha de clases iba adquiriendo condiciones de guerra civil porque los grupos armados revolucionarios incipientes habían comenzado a plantearse –en la teoría y en la práctica– la disputa por la hegemonía y el monopolio de las fuerzas armadas del Estado. La combinación de lucha armada, lucha obrera y masas en las calles con ánimo insurreccional constituía una verdadera amenaza para el orden social dominante”.

    Sin embargo, nada de lo que puedan decir Videla y sus defensores, sea cierto o no, tendrá importancia. La llamada “Política de la Memoria” ha conseguido deslegitimar a los defensores de la dictadura en tanto “portadores de la verdad”. El problema no está en lo que dicen, sino en el lugar desde el cual lo dicen: el de los “victimarios”, el de los “genocidas” que exterminaron a toda una generación de “inocentes” o “jóvenes idealistas”. Este “lugar de enunciación” anula todo efecto de su discurso sobre los interlocutores, excepto, paradójicamente, aquel que refuerza el propio aislamiento. En este sentido, lo que siguiendo a Jelin podríamos llamar “paradigma militar” sobre la represión setentista, aparece como el reverso del “paradigma derechohumanista”, y contribuye a aislar a las Fuerzas Armadas de la población civil.

    En cuanto al “paradigma derechohumanista”, observa Jelin que tiene al menos dos versiones. Una de ellas es la que intentó construir el alfonsinismo a través de la Conadep, el Juicio a las Juntas y el “Nunca más”. Este sería el “paradigma jurídico”, cuyo propósito era (y es) trasladar el “lugar simbólico de la verdad” desde los organismos de derechos humanos y los familiares de las víctimas hacia las instituciones políticas y jurídicas del orden burgués normalizado a partir de 1983. “El momento histórico del juicio (a las Juntas) implicaba –dice Jelin– el triunfo del Estado de derecho”. Agrega que “la Conadep se convirtió en el sitio donde se estaba produciendo el reconocimiento de la ‘verdad’ y, como tal, el lugar de una poderosa condena simbólica de la dictadura militar. Al mismo tiempo, era el lugar de legitimación simbólica de las voces y las demandas de las víctimas”. En un segundo momento, “venía el tiempo de la Justicia”. Por este camino, la Política de la Memoria construida por el paradigma jurídico derechohumanista procuraba instaurar “una cultura basada en los principios institucionales impersonales de la ley y los derechos”, donde “los hechos de la represión política, que por muchos de ambos lados habían sido interpretados de acuerdo a un paradigma de ‘guerra’, eran ahora juzgados según el paradigma de las ‘violaciones de los derechos humanos’“. Con “el Poder Judicial en el centro de la escena institucional -concluye Jelin- las víctimas se transformaron en ‘testigos’ y los represores se tornaron ‘acusados’“. El objetivo del “paradigma jurídico”, como puede verse, es doble: por un lado, legitimar un relato que vacía de contenido político la violencia setentista invisibilizando tanto las contradicciones sociales que la generaron como la relación existente entre el desenlace de esa “violencia” (el triunfo del campo antinacional y antipopular que expresaban las Fuerzas Armadas y quienes las usaron) y las miserias actuales (hambre popular, indefensión nacional, podredumbre moral, etc.); por otro lado, el “paradigma jurídico” legitima como “portadores de la verdad” a las instituciones político-jurídicas del règimen demoliberal partidocrático.

    Pero el “paradigma jurídico”, lamenta Jelin, fue desplazado durante años por lo que denomina “paradigma familista”. Dice Jelin: “Los desaparecidos y los detenidos eran presentados por sus familiares como niños y niñas ejemplares, buenos/as estudiantes y miembros de las familias viviendo en armonía, en suma, como ideales o ‘normales’“. De este modo, la violación de derechos humanos era presentada “en clave familiar”: “la imagen paradigmática es aquella de la madre simbolizada por las Madres de Plaza de Mayo”. Luego vinieron los “Familiares”, las “Abuelas” y los “hijos”. De este modo, “se crea una distancia imposible de superar entre quienes llevan la ‘verdad’ del sufrimiento personal y privado y aquellos que se movilizan políticamente por la misma causa, pero presumiblemente por otros motivos, que no son vistos como igualmente transparentes o legítimos”.

    A Jelin y demás derechohumanistas alfonsinistas les preocupa que el “paradigma familista” convierta en portadores legítimos de la Verdad no a los ciudadanos “notables” de la Conadep o a las instituciones liberal-burguesas, sino a “las víctimas” y “los familiares”. Como en la Argentina no hubo un “genocidio”, sino una represión contrarrevolucionaria dirigida en términos generales contra la militancia del campo popular, y particularmente contra las organizaciones politico-militares de la ultraizquierda y del nacionalismo de izquierda, el “paradigma familista” estaría legitimando… ¡a los revolucionarios setentistas derrotados! Esto resulta inadmisible para el “paradigma militar” de Videla y Cecilia Pando. Pero tambièn resulta inadmisible para los continuadores “democráticos” de Videla y Cecilia Pando. Por eso Jelin y otros ideólogos de la derecha liberal, como Beatriz Sarlo, ponen el grito en el cielo. En este punto aparecen las diferencias con el kirchnerismo. Jelin, refirièndose al discurso pronunciado por Kirchner el 24 de marzo de 2004, escribe: “¿Por qué prestar atención a este discurso? Desde mi punto de vista, su significación central está en el énfasis en las relaciones particulares y en la pertenencia a un grupo específico, en este caso los militantes y activistas políticos de los años 70 que se identificaban con la izquierda peronista”.

    Pero el “paradigma familista”, por su contenido intrínsecamente derechohumanista, no constituye un impedimento para que la rosca oligárquico-imperialista que derrotó al campo nacional-popular revolucionario en los setenta capitalice políticamente el relato de lo sucedido. Al contrario. Tanto por su contenido sustantivo, como por el “lugar de enunciación” que instituye como válido, el “paradigma familista”, al igual que el “paradigma jurídico” y el “paradigma militar”, son variantes de una misma Política de la Memoria cuyo objetivo es impedir la conformaciòn de un “paradigma nacional-popular” realmente alternativo.

    El ex revolucionario Rodolfo Mattarolo nos lo prueba en el libro editado por Le Monde Diplomatique.

    De Carlos Marx a Estela De Carlotto

    Tiene razón Mattarollo al criticar la “teoría de los dos demonios” porque presenta a la “violencia de arriba” como generada por la “violencia de abajo”, lo cual alcanza para revelar la naturaleza de clase de esa “teoría”.

    Mattarollo cita un discurso de Dante Caputo de 1984: “Los terroristas, movidos por el delirio de una supuesta liberación y estimulados más de una vez desde el exterior, arrastraron a muchos jóvenes hacia matanzas, secuestros crueles e irracionales, cuyo único resultado consistiría en desencadenar una terrible acción represiva, ejecutada por aparatos estatales y paraestatales que arrasaron las instituciones y las libertades en nuestro país”. El argumento de Caputo es tan metafísico como irrebatible.

    Pero a pesar de este transparente contenido antiobrero y antipopular de la “teoría de los dos demonios”, Mattarollo reivindica a la entidad que la puso en circulación: la CONADEP. Dice que “contribuyó a afirmar la existencia de un derecho humano a la verdad y el correlativo deber de memoria del Estado”. Uno no puede sino preguntarse cómo es posible que una “teoría” que responsabiliza a “los de abajo”, es decir a los oprimidos, por los golpes que reciben de parte de “los de arriba” (los opresores), cómo es posible que una “teoría” semejante contribuya a “la verdad”. Pero el libro de Mattarollo es un intento de explicarlo.

    Según Mattarollo, el derechohumanismo se abrió paso por entre las ambigüedades del alfonsinismo debido a la feliz “conjunción de tres elementos”.

    “En primer lugar, el movimiento de derechos humanos en sus distintas vertientes”. Es decir, de los organismos que ya a partir de 1980 estaban férreamente entrelazados con fracciones de la burguesía socialdemócrata europea que, entre otras cosas, los financiaban. “En segundo término, el desarrollo de un pensamiento y de instrumentos jurídicos avanzados dentro y fuera del país”. Es decir, de la Justicia trasnacional controlada por la misma burguesía imperialista. “Por último, la irrupción de un periodismo testimonial y de investigación”. Es decir, de los medios de comunicación en manos de los mismos intereses que manejan la “Justicia” y los “derechos humanos”. Ahora bien, ¿cómo definir esta conjunción entre la Justicia burguesa, la Prensa burguesa y las Ongs burguesas, sino como la suma de los aparatos ideológicos de los que se vale la burguesía para legitimar su dominación? ¿No resulta verdaderamente extraño que alguien que militó en un partido pretendidamente marxista se incline ahora en el altar de las instituciones del liberalismo? Pero Mattarollo tiene una explicación, aunque un tanto insólita: “El siglo XVIII es el siglo de las revoluciones políticas liberales en busca de la libertad y el siglo XIX, el del socialismo que lucha por la igualdad; el siglo XX es el de los derechos humanos que buscan unir libertad e igualdad”.

    Uno podría concluir, entonces, que si el siglo XVIII nos obsequió un Rousseau y un Robespierre, y el siglo XIX un Marx y un Lenin, el siglo XX nos obsequió a Estela de Carlotto y a Rodolfo Mattarollo. Decir tal cosa sería una estupidez, sin dudas. Pero en ningún caso una estupidez mayor que la de Matarollo.

    La conjunción entre estos tres “elementos” habría hecho posible los grandes avances de la Política de la Memoria, porque:

    1)  en los años 80 creó la primera “Comisión de la Verdad” (la CONADEP) desde los célebres y escandalosos procesos de Nüremberg (donde los imperialistas vencedores juzgaron a los imperialistas vencidos en nombre de una Justicia tan abstracta como inexistente);

    2) en los años 90 “legitimaba los derechos humanos como una dimensión ética esencial del Estado de Derecho, lo que tiene su consagración en la reforma constitucional de 1994”;

    3) bajo el kirchnerismo alcanza su punto más alto con el rechazo a la “teoría de los dos demonios” y la consiguiente nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

    A diferencia de Jelin, que ve en la política kirchnerista un retroceso en la disputa por “la legitimidad de la palabra” en materia de derechos humanos (el “paradigma familista”), Mattarollo ve la coronación misma del paradigma derechohumanista. Rescata dos puntos decisivos: 1) “se otorgó jerarquía constitucional a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad” y 2) “el acuerdo para la desocupación, por parte de la Marina de Guerra, de la Escuela de Mecánica de la Armada”.

    Derechos humanos: el opio de los pueblos

    La Política de la Memoria es una construcción discursiva llevada adelante por las clases dominantes, a través de sus aparatos ideológicos, para legitimar políticamente el orden instituido. El discurso derechohumanista, en sus distintas versiones (“familista” y “jurídico”), y su contrafigura, el discurso “antiderechohumanista” de quienes reivindican la represión videlista (“paradigma militar”), están al servicio de esa Política de la Memoria. Alfonsinismo, menemismo y kirchnerismo, sin solución de continuidad, han trabajado al servicio de esa Política de la Memoria. Han contado, para ello con el apoyo explícito del imperialismo, que ha hecho de los derechos humanos la religión laica que legitima su dominación mundial.

    ¿No es evidente que la gigantesca ofensiva contrarrevolucionaria a escala planetaria a la que asistimos en los años 90, se hizo en nombre de los “derechos humanos”? La invasión a Irak, Afganistán y Libia, así como las amenazas sobre Irán o sobre Corea, ¿no se presentan como intervenciones “humanitarias”?

    El “derechohumanismo” es el moderno opio de los pueblos. Ha cooptado a quienes, como Rodolfo Mattarollo, en el pasado se esforzaban por pensar y actuar como revolucionarios, y no como prolijos funcionarios de organismos supranacionales. Estela de Carlotto viaja por el mundo financiada por entidades imperialistas y recibe el homenaje de los poderosos de la Tierra. Todo en nombre de los “derechos humanos”. En 1994 el general Martín Balza introducía el derechohumanismo en el Ejército con su célebre “autocrítica”. Diez años después, mientras una bandera del Che Guevara flameaba provocadoramente en la ESMA, el almirante Jorge Godoy “derechohumanizaba” a la Armada. (Es decir, cristalizaba a un mismo tiempo los paradigmas “familista”, “jurídico” y “militar” como trampas ideológicas tendidas a los nuevos cuadros militares, que sabrán mucho de derechos humanos, pero nada del imperialismo que nos oprime). Otorgando jerarquía constitucional a tratados internacionales , Argentina renuncia a ejercer su propia soberanía. Pero es una renuncia en nombre de los derechos humanos. 

    Para Mattarollo, todo esta explosión derchohumanista significa que “se recupera la dignidad de los perseguidos”. Pero lo que los argentinos necesitamos no es “recuperar la dignidad” de los perseguidos y caídos en los combates emancipatorios setentistas. Lo que necesitamos es recuperar para nosotros aquella voluntad y convicción que los distinguía. Porque aquellos combatientes, con sus aciertos y sus errores (que fueron muchos y muy graves), eran héroes que luchaban por por un pais distinto, sin opresores ni oprimidos. No eran “víctimas”, ni “jóvenes inocentes”, como cree el “paradigma familista”; pero tampoco eran “ciudadanos” abstractos, según pretende la ficción liberal de Jelin y sus conmilitones alfonisinistas.

    Librar una batalla ideológica contra la trampa del derechohumanismo es el pre-requisito para abrir un debate profundo y productivo sobre la confrontación entre la revolución y la contrarrevolución que tuvo lugar entre 1955 y 1976. Y un debate productivo será aquel que permita la rearticulación de las fuerzas nacional-populares a fin de librar las nuevas batallas emancipatorias que nos tiene deparadas el siglo que recièn comienza.

    • Politica Nacional 
    • Artículo cargado el 03/04/2011 - 01:14
    Para justificar su alineamiento en el campo imperialista contra Libia

    Altamira falsifica a Trotsky

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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    Antes de pasar a la fase decididamente militar, la guerra desatada por el imperialismo contra Libia atravesó una fase de “guerra psicológica”: se trabajó para convencer a la “opinión pública” de que Kadafi era merecedor de todo lo que tenían pensado hacerle, puesto que se trataría de un “dictador” y un “genocida” que habría venido masacrando desde hace décadas sin piedad a su propio pueblo.

    Las corrientes seudotrotskistas se sumaron a esta campaña de difamación añadiendo sus propios argumentos “de izquierda”: Kadafi sería, además de un “dictador genocida”, un aliado de los propios imperialistas. Que el imperialismo estuviera tan dispuesto a liquidar a su aliado era una contradicción en la que no parecían reparar los sesudos analistas de la ultraizquierda seudotrotskista.

    Pues bien, terminada la fase “psicológica” de la guerra, los imperialistas se han automandatado a través de la ONU para proceder a bombardear Libia y permitir, de ese modo, que los denominados “rebeldes” y “revolucionarios” conquisten el poder. Es entonces cuando los grupos seudotrotskistas deciden completar la consigna “Abajo Kadafi” con la consigna “Fuera la OTAN”. Se trata, obviamente, de puro jarabe de pico, por no decir algo peor: si la OTAN dejara de atacar Libia, Kadafi seguiría en el gobierno; del mismo modo, para que Kadafi se vaya, es necesario que la OTAN se disponga a sacarlo. Gritar “Abajo Kadafi” y “Fuera la OTAN” simultáneamente sólo se justificaría si en el escenario político y social hubiera un tercer contendiente en condiciones de plantear una alternativa independiente de ambos campos en lucha. La pregunta decisiva es, entonces, si existe ese tercer contendiente.

    Ultraizquierda: ayer funcional a Videla, hoy funcional a la OTAN

    Durante la fase “psicológica” de la guerra contra Libia, los seudotrotskistas quisieron convencernos de que ese tercer contendiente estaba presente en el campo de la oposición a Kadafi. Sin embargo, la verdad no tardó en conocerse. El diario La Nación, por ejemplo, publica en su edición del pasado miércoles 30 el listado de los principales dirigentes opositores del llamado Consejo Nacional de Transición: Mustafa Khalil, ex funcionario kadafista ligado a Occidente, Abdelhafiz Hoga, un abogado “derechohumanista” que también estuvo ligado a Kadafi, Mahmoud Jibril y el militar Omar Al-Hariri, también salidos del riñón kadafista y de la oposición a Kadafi vinculada al imperialismo. No hay un solo representante del “pueblo llano” ni, mucho menos, de la clase obrera.  Este “estado mayor” de la oposición político-militar es el que solicitó insistentemente a la OTAN que atacara Libia, al tiempo que aseguró a los imperialistas que estaba garantizada la provisión de petróleo de los pozos conquistados. El día jueves 31 se conoció, además, que el propio presidente Obama había autorizado a la CIA a mantener contactos con estos opositores y a darles apoyo.

    ¿Dónde está entonces ese “tercer contendiente” sin cuya existencia la consigna “Abajo Kadafi y Fuera la OTAN” se convierte en un sinsentido político y hasta lógico? En su nota publicada en Prensa Obrera del día jueves 31, Jorge Altamira le suma a esa consigna autocontradictoria otra más: “Por el llamado a una Asamblea Constituyente Soberana”. La “asamblea constituyente” es el latiguillo que siempre tienen a mano los seudotrotskistas cuando necesitan barnizar de “progresista” una posición absolutamente reaccionaria. La utilizaron, por ejemplo, a fines de 1975, cuando estaba en marcha la conspiración golpista contra el gobierno peronista. En lugar de condenar abiertamente el golpe en cierne y llamar a defender la legalidad institucional, los seudotrotskistas de las diferentes sectas de entonces (PST, PO, PRT, etc.) gritaban (a viva voz) “Abajo Isabel” y (con menor resonancia) “No al golpe”. Esa supuesta prescindencia entre los campos en pugna, que era en realidad una seudoneutralidad funcional para los objetivos golpistas, pretendía ser disimulada con la salida meramente retórica de la “asamblea constituyente”.

    Ante los sucesos de Libia, los seudotrotskistas no hacen más que repetir una vez más ese mismo y desgastado libreto.

    Altamira contra Leon Trotsky

    Pero veamos cómo termina Altamira su nota en “Prensa Obrera”:

    “¿Se aplica en este caso la recomendación de Trotsky de alinearse con el ‘fascismo’ nacional contra el imperialismo ‘democrático’, es decir con el gobierno de Gaddafi, como lo señaló para el caso del gobierno del brasileño Vargas (1938) (sin apoyar nunca la política nacional de ese fascismo y denunciándolo en forma implacable), o como cuando Thatcher-Reagan atacaron a la Argentina de Galtieri? La diferencia en Libia es que, además del fascista nativo, tenemos un movimiento de masas contra el régimen opresor, aunque bajo una dirección contrarrevolucionaria. Es a partir de esta caracterización que asentamos nuestra posición en tres planteos: Fuera la Otan, Abajo Gaddafi, Asamblea Constituyente Soberana, por la unión de la revolución árabe, laica y socialista.”

    Lo primero que llama la atención es la falsificación que Altamira hace del texto en el que Trotsky formula su famosa “recomendación”.

    En primer lugar, Trotsky no podía conocer exactamente la naturaleza política o social del régimen varguista, por la sencilla razón de que la política latinoamericana en su conjunto no había sido objeto de su interés por lo menos hasta que debió desembarcar en México, en el año 1937. Es por esta razón que caracteriza al régimen varguista, en un mismo párrafo, de tres manera diferentes, y todas igualmente vagas: como samifascista, como dictadura y como “fascista” entre comillas, es decir, como no fascista. Altamira, sin embargo, jugando con el uso de las comillas, le hace decir a Trotsky, respecto de Vargas, lo único que Trotsky no dijo: que su régimen era fascista.

    Dice Altamira en el párrafo citado: “sin apoyar nunca la política nacional de ese fascismo”, de lo cual se infiere que Trotsky decía que el de Vargas era un régimen fascista. Pero no lo dijo (ver las conversaciones con Mateo Fossa, publicada por Coyoacán en 1961 y reproducidas en “Escritos Latinoamericanos”).

    La verdad es que si el gobierno de Vargas hubiera sido efectivamente un gobierno fascista, entonces no habrían existido razones para apoyarlo, desde una perspectiva socialista. ¿Desde cuando los socialistas deberían apoyar a los gobiernos capitalistas fascistas frente a los gobiernos capitalistas democráticos? ¿No había enseñado el mismo Trotsky, acaso, que el fascismo es la política terrorista del capital financiero contra la clase obrera?

    Pero si Trotsky recomendaba alinearse con el “fascista” (entrecomillado del propio Trotsky) Vargas y contra el imperialismo “democrático” (también entrecomillado de Trotsky), es porque no consideraba verdaderamente fascista a Vargas así como tampoco consideraba verdaderamente democrático al imperialismo (de ahí que escribiera “democrático” entre comillas). Y lo decía explícitamente: “en el conflicto entre estos dos países (Brasil “fascista” e Inglaterra “democrática”) no será una cuestión de democracia o fascismo”. Análogamente, diríamos hoy: el enfrentamiento entre la Libia de Kadafi y las potencias de la OTAN no se trata del enfrentamiento entre la democracia y el fascismo, sino del enfrentamiento entre un país oprimido y unas potencias opresoras, y corresponde estar junto al primero contra estas últimas, es decir, en el campo de Kadafi, y no en el de quienes intentan derrocarlo.

    Pero a Altamira no le alcanza con hacer decir a Trotsky lo que Trotsky no dijo. Añade que a diferencia del supuestamente fascista Vargas, el supuestamente fascista Kadafi tiene en la vereda de enfrente “un movimiento de masas contra el régimen opresor”. La pregunta es, nuevamente: ¿dónde está ese movimiento de masas contrario al régimen? ¿Por qué razón nadie ha podido verlo ni escucharlo? Altamira no sólo detecta un movimiento de masas donde no parece haberlo, sino que no lo detecta allí donde estuvo a la vista, y nada menos que en su propio país. ¿O no había un movimiento de masas enfrentado al régimen militar que libró la Guerra de Malvinas? ¿Por qué Altamira contrapone entonces los regímenes de Vargas y Galtieri al de Kadafi en razón de que éste último (y no los primeros) se enfrentaba a “un movimiento de masas contra el régimen opresor”?

    La contradicción fundamental

    Tal vez la expresión más cristalina del error en que incurre la ultraizquierda sea la que surge del siguiente párrafo, perteneciente a una Carta de Lectores de un militante de PO que publica “Prensa Obrera”: “el ataque reciente de los aliados a Gadafi (es para) darle un curso reaccionario a la revolución en Libia”.

    En realidad, no ha habido ninguna revolución en Libia a la que haya tenido que montarse el imperialismo para cambiar su curso y transformarla en contrarrevolución. Si así fuera, debería poderse identificar a los individuos, las organizaciones, las clases sociales y el programa levantado por esa supuesta revolución. Y ello no es posible. Lo único que se alcanza a divisar es la identidad de políticos proimperialistas, una bandera monárquica prometiendo retrotraer el país a los años en que era una colonia italiana y grupos provistos de armamento recibido por contrabando. Por otra parte, el imperialismo no se monta sobre los procesos revolucionarios, sino que los combate a sangre y fuego. Tampoco se ha visto que “el movimiento de masas” de un país semicolonial haya hecho frente común con el imperialismo para enfrentar a los gobiernos nacionalistas. Si esto ocurriera, entonces la Teoría de la Revolución Permanente elaborada por Trotsky debería ser abandonada definitivamente.

    En lugar de inventar una absurda alianza entre masas revolucionarias e imperialistas para derrocar a un gobierno supuestamente fascista en un país semicolonial, los seudotrotskistas deberían instruirse estudiando lo que hicieron Lenin y Trotsky cuando los obreros y campesinos de la ciudad de Kronstadt, levantando un programa revolucionario y socialista, se rebelaron en 1921 contra el Gobierno Bolchevique. Fueron aplastados. Y no porque el gobierno desconociera la identidad popular de los rebeldes. Sino porque estimaba que independientemente de la voluntad y de las intenciones de los protagonistas, los únicos que podían capitalizar rebelión eran las fuerzas contrarrevolucionarias del imperialismo. “Dígannos quiénes los apoyan y les diremos quiénes son”, respondían Lenin y Trotsky a los obreros y campesino de Kronstadt.

    “Dígannos quiénes los apoyan y les diremos quiénes son”, habría que decirles a los “rebeldes” que aspiran a derrocar a Kadafi con las bombas de la OTAN.

    • Politica Nacional 
    • Artículo cargado el 22/03/2011 - 02:48

    Un comentario crítico sobre el artículo de Marcelo Moreno

    Etiquetas/Temas:

    El sábado 19 de marzo pasado, Marcelo Moreno publicó un artículo en el diario Clarín titulado “Original ‘Homenaje al pensamiento y al compromiso nacional’”.[] Comienza señalando que es “es original porque puede servir acaso para entender algo que, a priori, resulta medio confuso: la matriz intelectual de la cual se nutren los que nos gobiernan”, enfatizando posteriormente que “lo más curioso es el recorte que la visión K hace de la producción intelectual”. Más adelante, también afirma que en la selección de pensadores hay ausencias. Consideramos que no es original ni tampoco confuso y que las ausencias que señala Moreno no son tales para dicha visión. Si uno analiza el discurso oficialista y el de los expositores de dicho homenaje (“Pacho” O`Donnell, Galasso y Coscia) tienen cierta coherencia y lógica, aunque se comparta o no, esa visión.

    No discutiremos si tal o cual personaje elegido tienen altura de pensador como señala Moreno, ya que nos llevaría a extendernos demasiado y nos alejaría del eje del artículo. Los tres expositores mencionados retoman y se dicen “sucesores” con diversos matices de todos los personajes homenajeados. Si uno analiza los discursos oficiales a partir de la reivindicación de ciertos hechos del pasado, la historia que se reivindica (como se vio con más fuerza desde los festejos del bicentenario, la reivindicación de la Vuelta de Obligado y la aparición de agrupaciones juveniles que tuvieron mayor protagonismo tras la muerte de Néstor Kirchner hay cierta coherencia y continuidad.

    Al mismo tiempo, entre los “homenajeados” había diferencias que no siempre se pueden poner en la misma línea de pensamiento como señala el autor del artículo. Daremos dos ejemplos: 1) más allá de que Hernández Arregui y Cooke intentaban establecer conexiones entre el marxismo y el peronismo, hay que tener en cuenta los diversos contextos históricos que ambos escribieron y actuaron (la práctica política para ambos no estaban disociados de lo teórico) y sus diferentes opciones políticas. 2) el revisionismo histórico no era una corriente única, sino que había varios “revisionismos”. José María Rosa o Fermín Chávez reivindicaban personajes distintos y procesos históricos que Jorge Abelardo Ramos porque paralelamente unos (los primeros) se consideraban peronistas, mientras que el segundo intentaba tener organizaciones políticas propias independientes aunque consideraban positivamente (con ciertas críticas) la experiencia de los gobiernos justicialistas. El debate sobre el carácter del peronismo sobre las diversas lecturas que se hacían de ese movimiento político y su líder tenían que ver con el carácter heterogéneo y las diversas tácticas que desarrollaban. Cierta “claridad” que podemos tener desde el presente sobre los rumbos que tomaría Perón quizás no fuera tan fácil de determinar por entonces.

    Los diversos revisionismos no pretendían “competir” con historiadores académicos como Halperín Donghi o José Luis Romero porque el lugar de donde escribían era distinto: lo hacían desde la militancia política. Solamente tras la tras la llegada de Cámpora al gobierno en 1973 tuvieron cabida en los ámbitos académico-institucionales. Habría que remarcar que el auge de la “historia social” de la que de algún modo expresaban Halperín Donghi y Ro-mero comenzó a tener vigencia a partir del rectorado de la UBA del segundo a partir de la “Revolución Libertadora” que derrocara a Perón en 1955. En cambio, las diversas corrientes “revisionistas” homenajeadas estaban y reivindicadas por intelectuales K tuvieron su desarrollo más masivo por “fuera” de los ámbitos académicos ya que todo lo ligado al peronismo estaba prohibido y perseguido por entonces. No entraremos a discutir los motivos porque son “reconocidos” ciertos historiadores y otros no. Solamente queremos remarcar que no siempre coinciden los reconocimientos académicos que generalmente escriben para un público más restringido con los historiadores más reconocidos a nivel popular. En la década del ’60 y los ’70, libros de historiadores no profesionales (es decir, sin formación académica) algunos de ellos no vinculados a los revisionismos como Félix Luna, u Osvaldo Bayer y otros si ligados (como los mencionados anteriormente) vendían más ejemplares que los ligados a los ámbitos universitarios. Quizás, hoy salvando las distancias y los cambios históricos ocurridos, historiadores más de difusión y no “profesionales” como Galasso o Pacho O’ Donnell, o con formación académica pero no reconocido en esos ámbitos como Felipe Pigna tengan otro tipo de reconocimiento. Habría que indagar o preguntarse porque motivos esto ocurre.

    Con respecto a las supuestos “ausencias”, queremos remarcar que Ernesto Palacio o Adolfo Martínez Zuviría –alias Hugo Wast– nunca fueron reivindicados en las décadas del ’60 y ’70 por la militancia radicalizada del ’60 y ’70 ya que eran considerados como parte de otro tipo de revisionismo más ligado al catolicismo, o como solían llamarlos los otros “revisionistas” como aristocrático u oligárquico. Si bien dichos autores pudieron tener lazos con el peronismo habría que señalar que no tenían puntos en común con las diversas visiones que se desarrollaron en los 60 y 70 y que el “kirchnerismo” intenta ser el heredero, aunque para algunos sea solo discursivamente. Toda visión tiene algún “recorte” más allá de la apreciación o caracterización que tengamos y que autores valoramos y al mismo tiempo intenta legitimarse como la “verdadera” sea desde los ámbitos estatales, académicos o medios de comunicación. Desde esa “verdad” se trata de denigrar, subestimar o deslegitimar las otras visiones. Podemos dar algunos ejemplos. La discusión entre quienes realizan historia “académica” y critican a aquellos que hacen historia “militante”. No casualmente, el surgimiento de las diversas corrientes revisionistas surgió como crítica a la que llamaban “historia oficial” que se enseñaban según dichos autores en los diversos ámbitos institucionales-estatales.

    Volviendo al eje de la nota, sería: la de los que realizan el homenaje es claramente oficialista e intenta hacer el recorte para justificar y legitimar la acción presente, la de Marcelo Moreno indudablemente es crítica con el kirchnerismo. A veces, el debate actual sobre el kirchnerismo se convierte como en la época del peronismo (entre la década del 40 y el 70 del siglo pasado) una cuestión de blanco o negro. No fue nuestra intención posicionarnos al respecto, simplemente quisimos destacar que en el debate sobre la historia se discute los rumbos del presente y del futuro.

    Notas:
    1. http://www.clarin.com/sociedad/Original-Homenaje-pensamiento-compromiso-Nacional_0_447555368.html
    • Declaraciones 
    • Artículo cargado el 18/03/2011 - 17:41

    Fuera el imperialismo de Libia

    Defensa incondicional de la autonomía y la unidad nacional libia
    Etiquetas/Temas:

    El Consejo de Seguridad de la ONU ha decidido intervenir directamente en Libia. La resolución autoriza a establecer zonas de exclusión aérea y utilizar los medios necesarios para dar protección a la población civil. En la jerga de esa oligarquía multinacional controlada por el imperialismo norteamericano, la decisión significa lisa y llanamente la intervención militar sin ningún tipo de limitación. Se trata de un cheque en blanco a la canalla de Washington y sus socios británicos y franceses, para que resuelvan según sus intereses la crisis en el país africano.

    Sobre el alcance de la intervención difícilmente pueden existir dudas. Ayer jueves, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, lo expresó en términos inconfundibles: “Sí, el tiempo juega en nuestra contra. Es urgente actuar antes de que los rebelde pierdan Bengasi”. Y agregó lo siguiente: “trabajamos tan rápido como podemos en Nueva York para ver si conseguimos una autorización suplementaria de la comunidad internacional para estudiar un amplio abanico de acciones. No sólo una zona de exclusión aérea”.
    En boca de quienes aprobaron la resolución las razones invocadas son absolutamente falsas. ¿Países imperialistas como Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se han convertido en garantes de la democracia y los derechos humanos? Los dos primeros son responsables de la destrucción de Irak y los tres, a través de la OTAN, de múltiples crímenes de guerra en Afganistán y Paquistán. ¿Algunos de ellos alzó la voz para denunciar la masacre cometida por Israel en la Franja de Gaza entre diciembre de 2008 y enero de 2009, o para oponerse a la política sionista de depuración étnica en Palestina?

    ¿Ese imperialismo, enemigo de los pueblos que luchan por su emancipación, es el apoyo de una revolución democrática? ¿Qué clase de revolución es esa que pide a las potencias imperialistas la intervención militar? Sólo imbéciles crónicos pueden creer que lo que se dirime en Libia es la antinomia democracia-dictadura.

    No es la democracia o la vida de los civiles lo que moviliza Estados Unidos y sus socios atlánticos. Por el contrario, está bien a la vista un interés geopolítico que tiene en la riqueza petrolera del país africano su centro de gravedad. No importan las concesiones que Khadafi haya hecho a los capitales extranjeros y a sus respectivas burguesías; aún así no es un personaje confiable. Lo que Washington, Londres y París quieren es el control total sobre un país clave, en una región sacudida por los movimientos emancipatorios de los trabajadores y las masas explotadas.

    Al igual que en Irak, Afganistán, Palestina, Líbano, el bloque de países imperialistas y su socio sionista se ha revelado como la mayor fuerza destructiva de la historia y el más grande de los peligros que se ciernen sobre el destino de la humanidad.

    Frente a las horas críticas que vive el pueblo libio la consigna sólo puede ser una: ¡Fuera el imperialismo de Libia. Solidaridad absoluta con la lucha de los trabajadores y el pueblo en defensa de su autonomía y unidad nacional!

    Socialismo Latinoamericano
    www.izquierdanacional.org

    18-03-2011

    • Polémica Regali 
    • Artículo cargado el 14/03/2011 - 04:29

    Sobre Abelardo Ramos y Menem

    Enzo Alberto Regali

    Etiquetas/Temas:

    Estimado Andrés:

    Agradezco el envío de la nota de opinión y el comentario sobre mi libro ya que lo que más importa a este autor es la posibilidad de intercambiar opiniones con los compañeros de ruta, aunque a veces esa ruta tenga caminos divergentes y áridos. Solía decir un amigo cordobés, refiriéndose a otro tema, “nosotros vamos a Mina Clavero a lomo de mula y por el camino del Cura Brochero en lugar de usar el auto y el asfalto”. Sucede que la política suramericana y latinoamericana no es un lecho de rosas y obliga a dar rodeos, caminar, peregrinar, en fin, tener visiones diversas, a veces encontradas que son útiles.

    Por esto no puedo dejar de hacerte algunas observaciones a tu nota, aunque he hablado con mi libro y en alguna medida sé que será redundante.

    En el primer párrafo cuando afirmas “Es inédito que el mayor referente ideológico de una corriente de pensamiento en el Cono Sur sudamericano hubiera pasado, en pocas semanas, a avalar, desde una embajada, a un gobierno que hizo exactamente lo contrario que postuló a lo largo de su vida.”, debo recordar que se trata de una verdad parcial ya que fue el gobierno de Menem junto a los otros países especialmente Brasil, pero también Paraguay y Uruguay que lo firmaron, quien apuró y concretó el MERCOSUR, que de acuerdo al plan de Alfonsín hubiera quedado para una década después aproximadamente. También destaco que nos guste o no, fue Cavallo como Canciller quien imbuido de sus ideas liberales forzó en la reunión del 1 de agosto de 1990 en Buenos Aires, una negociación en términos globales tendiendo a liberalizar y dinamizar el comercio en lugar de seguir haciéndolo sector por sector o producto por producto. Dicho sea de paso y expresado por un actor cercano al tratado, la presencia de Paraguay y Uruguay fue decisiva a la hora de la concreción porque fueron la “parte chica” que daba mayor globalidad al pacto. Algo así como el rol de los partidos chicos en los frentes.

    Obvio que esto tenía limitaciones, no estaban negociando dos cancillerías “socialistas”, pero, la decisión política llevó al Acuerdo de Complementación Económica Nº 14 (ACE 14), en el marco de la ALADI sentando las bases para el Tratado de Asunción. Este acuerdo pone fin a la etapa de la integración gradualista y sectorial pasándose a un programa de desgravación progresiva, lineal, automática para todo el conjunto del universo arancelario.

    Ahora bien, creo que impensadamente, los presidentes del MERCOSUR se adelantaban apenas al NAFTA y ponían la principal huella en el sur continental para enfrentar al aluvión liberal y norteamericano. Fue y es tal, la importancia del Tratado de Asunción que hoy, pleno siglo XXI resulta impensable el UNASUR sin él. Cierto es que económicamente se asentó en una concepción liberal, presente en aquel momento debido al clima mundial luego de la caída del Muro y la URSS (dos hechos impactantes que modificaron la historia universal). Pero era liberalismo NO hacia las grandes potencias, sino hacia hermanos con los que conformamos una nación inconclusa…Recordemos que las políticas de acentuado proteccionismo entre nosotros los sureños, objetivamente favorecen la disgregación y las negociaciones bilaterales al estilo de los chilenos (Pinochet y los socialistas también) o el Uruguay con el Frente, sector Tabaré Vázquez, ya que según los amigos orientales, Mujica intenta otras vías. Se verá que pasa.

    En suma negar al MERCOSUR por los gobiernos neoliberales que lo fundaron, ahora o antes, resulta por lo menos un error que no digo que sea tuyo, solo que no mencionas este suceso fundamental, en 1991 cuando Ramos era embajador. Methol Ferré en cambio, sostuvo como JAR, que el acuerdo era el hecho más importante desde la época de la independencia. También decía y esta sí es una crítica válida, que le faltaba en gran medida el aspecto cultural…Pero agregaba que en esto teníamos magna tarea quienes pertenecíamos al campo nacional y popular ya que debíamos batallar con mayor fuerza para hacer consciente en el Mercado Común del Sur el sustento político cultural de la alianza para favorecer su crecimiento.

    Ramos hizo esto desde México y luego cuando volvió al país. Eran voces –las de ambos- relativamente solitarias, a las que la intelectualidad de izquierda y derecha miraban asombrados porque no comprendían el significado profundo del MERCOSUR. En general siguen sin hacerlo. Los propios peronistas y hasta los críticos de Menem como Ubaldini criticaban aspectos menores del tratado sin ver lo esencial del mismo. Cuando muere Ramos estaba tratando, con la seria oposición del canciller Guido Di Tella pero el apoyo de Menem, de ejercer la conducción del MERCOSUR cultural para el cual había sido designado forzado el hombre de las “relaciones carnales” por el Presidente.

    Según se sabe también Madeleine Albright, Secretaria de Estado de Clinton al ser interrogada sobre la creación del MERCOSUR contestó “fue una distracción…” lo que habla claramente de las desconfianzas que despertaba y aun despierta el proyecto sureño.

    En fin, es más largo pero –y te aclaro que yo personalmente no integraba el partido desde 1989, por lo que no estoy introduciendo una justificación personal- resalto que Menem concretó algo que para Ramos era parte de su genética como izquierda nacional.

    Es una descripción correcta la que haces sobre la política exterior argentina en aquel período, aunque incompleta ya que habría que agregar como te digo el MERCOSUR sobre el cual ya me extendí y al mismo tiempo decir que este gobierno, de un peronismo conmovido por el sismo de la URSS, promovió una mejora sustancial en los ingresos de los trabajadores. No fue casualidad el apoyo parcial pero apoyo al fin del movimiento obrero. Ubaldini era diputado nacional, al igual que Lorenzo Pepe o el senador por San Luis el histórico sindicalista Oraldo Britos. Cierto fue que luego vino una desocupación que nadie preveía, que también tuvo rasgos internacionales y producto en muchos casos de las políticas liberales implementadas, que en aquel momento eran indetenibles. El gobierno menemista logró reducirla muy parcialmente hacia el final de su mandato, aunque con muchos planes que por cierto aunque aggiornados siguen vigentes.

    Los tratados por Malvinas fueron una calamidad aunque lamentablemente no hemos avanzado mucho en el tema excepto por alguna declaración verbalmente fuerte –demás está decir que Lula es mucho más claro al respecto que nosotros los argentinos- . Socialmente fue Menem quien inició una reivindicación real de los veteranos de guerra con aportes económicos y sanitarios algo en lo que mucho tuvo que ver JAR. Coincidiendo que esto no alcanza, es al menos, justicia para quienes pelearon contra el imperio armas en mano. Ahora bien nadie en la clase política, ni siquiera hoy, es capaz de hablar de Malvinas y la recuperación, sin hacerlo en forma vergonzante. Solo los que procedemos de la IN.

    En cuanto a las privatizaciones, el tema merece alguna discusión porque aun coincidiendo en que hubo mucho negociado también debemos coincidir que las empresas del estado necesitaban una modernización para la cual nosotros los nacionales no teníamos propuestas fuertes y entonces primó el brutal pragmatismo peronista. Alguna autocrítica se debería ensayar por parte de gremios que no se preocuparon u ocuparon de frenar la decadencia de empresas como ENTEL o ENCOTEL o Fábrica Militar (que no se privatizó sino parcialmente) en los períodos anteriores al de Menem. Desde la época de Alfonsín luchábamos en soledad contra este tipo de privatizaciones y fuimos considerados “medio fachos” por ello. Ahora bien como me dijo Luis María Cabral: “La misma clase media que hoy pide y proclama la intervención del estado en las empresas, con igual pasión pedía la privatización”.

    Afortunadamente la embajada en México hizo pequeña justicia con Ramos –merecía mucho más- y resulta imposible de soslayar –como bien afirmas- que los contextos vividos por Manuel Ugarte y JAR fueron totalmente diferentes. El primero de ellos nadó sobre la cresta de la ola anticolonialista y tercermundista de la posguerra. Pero, no son los hombres dueños de la historia, solo la navegan en medio de corrientes que no siempre son favorables. Esta, la de fines de los 80/90 no lo era para nadie que hubiera imaginado un socialismo nacional. ¿Acaso hubo algún gobernante latinoamericano que pudiera desarrollar otra política diferente a las ya comentadas (Cuba obviada porque es una discusión más larga)? Fue infinitamente más difícil la realidad en la que se tuvo que mover JAR que la de Ugarte en 1945. Por algo Di Tella trabajó para sacarlo de la embajada y del ministerio que regenteaba. Hablar de Inglaterra como enemigo histórico siendo embajador, viajar a Cuba para mantener reunión con Castro (aunque esta no fuera oficial), burlarse del Canciller casi públicamente y defender a Noriega o al sandinismo cuando ya era funcionario (Raventos lo relata) o maltratar a los Alsogaray por las privatizaciones públicamente,  no es poca cosa. 

    Por otra parte, frente a Menem, solo estaba Alfonsín y el peronismo vergonzante y cobarde de Bordón y Chacho Alvarez que no se bancó ni siquiera ser vicepresidente de la alianza que él mismo armó. Si la opción era como luego sucedió (progresía completa apoyando) De la Rua-Alvarez, convengamos que el segundo mandato de aquel peronismo desgarbado prolongó algo del bienestar del pueblo argentino. Lo que vino fue una tormenta detenida por otro sector del propio peronismo: el ex vicepresidente, Eduardo Duhalde.

    Las corrientes actuales nacionales y populares comenzaron con la crisis económica mundial de las políticas liberales, la incipiente (o no tanto) multipolaridad y las disidencias internas dentro del establishment económico financiero que esta provocó, algo que no existió en vida de Ramos. Muchos cuadros formados en la IN, con errores o renunciamientos (según la óptica del analista) pero también con numerosos aciertos y aportes –como en la caso de los derechos de las mujeres- han integrado los gobiernos de Menem, Duhalde y Kirchner que tuvieron la virtud, no de hacer una revolución como es obvio, pero sí de evitar el caos y la depresión del país que solo hubiera favorecido aun más, a los más oscuros intereses internacionales, es decir al imperialismo. Tanto Kirchner como Cristina retomaron tareas nacionales y populares.

    Hoy se han podido lograr estos avances,o porque la oleada política y el clima de ideas cambiaron en la mayoría de los países del sur. Chavez subió en 1999 y Tabaré en 2005, y Ricardo Lagos del conservador socialismo chileno en el 2000…Hasta el deceso de JAR, nada de esto se insinuaba por lo que mantenía sus ideas con artículos más bien propagandísticos, trataba de explicar la nueva realidad y buscaba caminos políticos. Y ya se sabe, dichas búsquedas son exploratorias, a veces se falla, se retrocede y se intenta de nuevo. El ingreso al peronismo se inscribe en esta búsqueda. Personalmente, si hubiera estado en el partido me hubiera inscripto dentro de la corriente “peronista”. Creo que es en este marco nacional y popular con todas sus contradicciones por donde pasa al menos hasta hoy la política latinoamericana. Reitero, para ser claro, no estoy intentando justificar a Ramos por el contexto, solo que entiendo que no es correcto analizar la realidad pasada en base a paradigmas y tramas actuales.

    El gran valor de Ramos, muy al contrario de Plejanov que enfrentó a la revolución de Octubre (Abelardo no se podía oponer a una revolución inexistente) y apoyó la guerra “mundial-europea” de 1914-18, fue mantener sus posturas centrales intactas en medio de una “creciente de río serrano en contra” y a la vez bucear en las nuevas situaciones que se iban produciendo. Nada es comparable, Plejanov perdió su oportunidad cuando la corriente venía favor del socialismo, en plena crisis del mundo occidental. JAR en plena tormenta antinacional y auge del “fin de la historia”, cuando muchos de los políticos que hoy se bañaron en el Ganges (no en el Jordán) nacional cantaban a las mieles de la democracia liberal triunfante, mantuvo sus principales ideas e intentó pensar el futuro aunque para él, intuía, que el tiempo ya le era insuficiente.

    Creo que la marea nacional y popular no puede ser desaprovechada por quienes mantenemos las ideas de la unidad de América Latina o al menos en esta primera etapa de Suramérica. La IN con sus matices y a veces miradas opuestas, debe tener la capacidad de comprender que estos procesos son, como siempre, impuros. ¿Acaso Ugarte no debió alejarse del gobierno de Perón debido a la oposición que le hicieron los sectores más pro norteamericanos que accedieron a la Cancillería luego de Bramuglia? Era el año 1949…plena revolución peronista… Hay que asumir los cambios que la sociedad reclama aunque ello implique a veces desaprender algunas verdades que considerábamos sacras. Uno de los temas arduos de discutir es comenzar a delinear políticas que se alejen de los ideologismos y la homogeneidad política para lograr formas integración continental más duradera. Las negociaciones en Suramérica van a tener permanentemente interlocutores de diversos orígenes políticos, que expresan diferentes clases sociales y esto requiere de líneas de acción con la suficiente amplitud de criterio para que nadie abandone el barco. Ni Colombia, ni Perú, ni Chile por mencionar las líneas más conservadoras, tampoco Venezuela o Ecuador si la cosa se invirtiera.

    En fin amigo, sigamos dialogando que hay vientos favorables, solo debemos saber aprovecharlos y no siempre la dirigencia acierta con el camino. Vos has señalado numerosos déficits de Evo y los peligros son reales, especialmente los fuertes intentos de nuevas balcanizaciones, sin embargo tampoco se ve un nuevo movimiento superador, por el contrario claramente se divisa a los enemigos imperiales.

    Un abrazo

    Enzo Alberto Regali

    San Antonio de Arredondo, febrero 12 de 2011.

    • Polémica Regali 
    • Artículo cargado el 14/03/2011 - 04:23
    SOBRE “ABELARDO RAMOS. DE LOS ASTRÓNOMOS SALVAJES A LA NACION LATINOAMERICANA”

    Respuesta a algunas reflexiones de Gustavo Cangiano

    Enzo Alberto Regali

    Etiquetas/Temas:

    Todo libro sobre todo si es excesivamente voluminoso, genera debates, reflexiones, puntos de vista diversos, especialmente entre los que osadamente logran transitar las más de 500 páginas.

    En el caso de Cangiano entre los temas centrales que critica voy a tomar dos que me parecen sustanciales y ligados: 1) el agotamiento y alejamiento de la realidad del proyecto de la Izquierda Nacional y su “relativo fracaso”, circa 1985 –dejando en claro los triunfos y/o las sobrevivencias de algunas de las principales ideas y acciones de la IN- con el consiguiente ingreso al peronismo y 2) la posición del FIP en 1973 y el posible ingreso al FREJULI, debate este último de algún valor histórico pero que en realidad conlleva la intención de debatir sobre momentos actuales.

    El proyecto de la izquierda nacional

    Sostengo que todo grupo que adquiere, en momento de la historia, cierto grado de desarrollo y persistencia como fue y es, el caso de la IN, tuvo, tiene y tendrá posibilidades de triunfar. Por cierto ni un “parmenídico absoluto” cree que los avatares de la historia son definitivos. No hay –con perdón de los árabes- destino escrito. Esta en parte es la razón por la cual el itinerario de la IN tiene importancia.

    Son numerosos los ejemplos de grupos pequeños –no sé si más o menos pequeños que la IN- que lograron llegar al poder, no siendo este el caso –hasta ahora-. Me refiero, para dar dos de los ejemplos más utilizados, a los nazis y los bolcheviques, aunque hay otros. Resalto que tampoco es de descartar un triunfo futuro de alguna izquierda nacional más ortodoxamente parecida a la de Ramos (las versiones actuales de Lula, Evo, Chavez, Correa solo tienen similitudes), ya que la desaparición biológica de los fundadores implica muy poco visto desde la historia universal. Marx por ejemplo creó una corriente de pensamiento político que le sobrevivió, sin que él pudiera ver la concreción parcial de su ideario en Rusia, China, Vietnam o Cuba y agreguemos que en todos los casos nada fue tal como él lo imaginó…me refiero a los aspectos concretos de los diferentes sucesos.

    Cuando hablo de “fracaso relativo” o agotamiento me refiero en todo momento a las variables políticas que Ramos y la IN intentaron. Centralmente se pensaba que –lo dice Ramos en su último discurso- éramos el ala izquierda, socialista, del movimiento nacional encabezado por el peronismo pero que debíamos tener independencia política, ideológica y organizativa. Alguna razón teníamos si juzgamos lo que sucedió a la JP que, palabras más o palabras menos, apostaron a ser esa ala izquierda dentro del peronismo. Hicieron oportunismo, cambiaron lenguajes, deambularon a tientas sin comprender de fondo al justicialismo que decían pertenecer. Se autoproclamaban “auténticos” peronistas desechando a los “traidores”, para terminar en una trágica masacre.

    Continuando con la IN. Paralelamente, y de ello dejan hoy mudos testimonios en numerosos artículos de Lucha Obrera, Izquierda Popular, La Patria Grande y también la revista Izquierda Nacional, se pensaba que en algún momento la crítica realidad que se vivía devendría en una revolución de la que el FIP podía llegar a ser protagonista y conductor. Abelardo lo afirma en una carta que le dirige a Blas en 1979. Esperaba la adhesión de las masas. 

    En lo que difería Ramos, esencialmente, con otros grupos de izquierda era en que sostenía la necesidad de apoyar a Perón y al peronismo –no al peronismo sin Perón– como un movimiento nacional de progresividad histórica, aunque incompleta. Esta postura central, podemos decir que la mantuvo, con diversos grados de entusiasmo, casi hasta su ingreso al justicialismo, aunque me permito especular en base a todo lo leído sobre el movimiento, que las dudas más firmes sobre esta posibilidad comienzan a manifestarse alrededor de 1985.

    Dicho esto, guste o no a quien todavía es atrapado por el pasado y lo desarrolla tal una película de ficción, mi afirmación sobre el destino de la IN que Ramos y todos nosotros (ya que fui militante de dicha corriente) construimos, fracasó como proyecto específico, particular –no en un sentido general histórico, lo cual sería una predicción insostenible- , en el intento de crear una herramienta que permitiera llegar al poder. Hubo sacrificios, militancia, producción intelectual trascendente, que hasta el día de hoy sobrevive y reaparece en la realidad política actual, pero ya no es aquella construcción que se apagó en 1994. Chávez, Evo, Correa (exceptuando parcialmente a Cuba) y otros resultan productos del siglo XXI que no se alejan del populismo.

    Describo, no especulo. Los hechos hablan por mí y toda otra suposición es puro idealismo. Existe una tendencia dentro del marxismo –también en otras estructuras ideológicas- al idealismo cuando la realidad confronta y demuele viejas ideas, que en el caso del hombre de Treveris, arrancan en el siglo XIX y en el de Lenin o Trotsky de principios del XX. Si en cambio, hacemos algo de materialismo histórico es preciso admitir que las ideologías del marxismo-leninismo-trotskismo tuvieron su expresión material en la URSS, con su progresividad histórica y su decadencia policial y burocrática iniciada por el stalinismo pero mantenida aunque de diversas maneras por sus sucesores. La paradoja central y a la vez demostración del pleno fracaso de este autoritarismo utópico, fue que los mismos obreros o proletarios que el comunismo ruso decía representar se encargaron de derrotarlo. 

    Habrá compañeros que legítimamente sostienen que la construcción de una herramienta política de izquierda nacional –sea movimiento o partido- tiene vigencia y no solo es loable esta convicción, sino que resulta imposible negar de plano la posibilidad de éxito –si algo demuestra la historia es su imprevisibilidad-. Pero esto es harina de otro costal y futurismo (lo del éxito), ciencia que está en plena etapa experimental.

    Personalmente creo que el marxismo como sostén ideológico de los grupos de izquierda en América Latina, no logró triunfo alguno. La Izquierda Nacional fue la que más cerca estuvo aunque sin embargo lo que pudo hacer fue a la vera del peronismo en el caso de Argentina. La falta de logros se debió a mi modo de ver a la inadaptabilidad que las ideas de Marx tuvieron en nuestras tierras. Con todos los esfuerzos realizados por la IN, nunca llegamos a comprender como sí lo hizo Jauretche que tenía mayor importancia para nosotros, latinoamericanos, la Revolución Mexicana (anterior a la de Rusia en 7 años)  que la de los bolcheviques, Mao o Ho Chi Min. La primera república moderna en el mundo –aunque con mucho de aristocracia- fue la de las colonias americanas del norte, pero nosotros nunca, ni siquiera hoy, sacamos las conclusiones necesarias y seguimos adheridos a la Revolución Francesa.

    Cuba fue una sorpresa de la historia en la que un grupo de guerrilleros apoyados en primera instancia por los sectores “democráticos, occidentales, bien pensantes de América toda, incluido los EE. UU.”, se pasó, sin más ni más, al mundo del “socialismo” soviético, para sobrevivir…Tal vez en el sandinismo de 1979/80 se podría encontrar algún sabor a PC latinoamericano, pero estos guerrilleros tomaron el poder mediante una alianza populista que incluía a grupos liberales democráticos (Violeta Chamorro viuda del asesinado dueño de La Prensa) que luego los derrotarían en elecciones limpias, tan limpias que el Sandinismo como gobierno las controló. Hoy Ortega es solo una neblina de lo que fuera su movimiento guerrillero. En fin, fueron los movimientos nacionales y populares los que con sus avances y retrocesos, alianzas a veces non sanctas y otras más entendibles, desde la perspectiva de la IN, quienes lograron llegar al poder en el continente. Más que una permanente lucha de clases, lo nacional popular integra, entremezcla, produce movilidad social ascendente sin que se supriman los conflictos entre diferentes clases y grupos, establece alianzas con un conjunto de fuerzas ora nacionales ora influidas por los lobbys extranjeros. En suma las políticas y acciones de estos movimientos poco tienen que ver con lo que la Izquierda Nacional puede sostuvo.

    La convicción marxista de que en Europa el socialismo debía imponerse en los países más avanzados industrialmente por la presencia proletaria, ilusión que compartieron entre otros, tanto Lenin como Trotsky, se mostró equivocada, en el siglo XX, ya que solo pudo triunfar legítimamente en Rusia, luego China, Vietnam, tal vez en Yugoeslavia… En Europa Oriental fue sobre todo una imposición. Todos los mencionados constituían sociedades con una importante estructura agraria, al punto que en China y Vietnam el método de ascenso al poder fue el de las guerrillas rurales. Ni que hablar de la centenaria profecía de que “el mundo marcha hacia el socialismo” hoy sabiamente olvidada por la intelectualidad. No obstante, reitero, en Historia nada puede ser tomado taxativamente. ¿No serán efectivamente los países más desarrollados los que accedan al socialismo?

    Pienso que lo revolucionario en América Latina en tanto ha logrado transformar la realidad de la mayoría de los países y ponerlos en una perspectiva de integración continental, a la vez que humanizar el capitalismo vigente (con todas las carencias que implica solo mejorar) han sido los movimientos nacionales y populares y mucho más luego de la caída del Muro y la URSS, en que se perdió la posibilidad –discutible pero realizable al fin– de sostenerse en la tercera posición. Hoy la posibilidad de que el UNASUR prospere y efectivamente se realice es difícil pero se trata de una agenda realizable sostenida por estos gobiernos que hoy predominan en el sur continental. Por cierto la clase obrera o proletaria actual, en Argentina o Brasil o Chile es tan diferente a la idealizada en épocas pretéritas… su número disminuyó, se “tecnologizó” en sus funciones y en muchos casos se encuentra socialmente en escalones económicos y a veces culturales, más altos que la denominada pequeño burguesía urbana…de aquí la histeria que a veces invade a esta última que aspira a no dejarse “alcanzar”. El MERCOSUR, principal envión a la unidad efectiva del Sur y escollo a una plena intromisión norteamericana, fue concretado por gobiernos populistas moderados o –concedo– hasta conservadores… Pero fueron los únicos que pudieron hacerlo, todo lo otro que se dice y escribe, ayer y hoy (me refiero a los que sostienen que el MERCOSUR fue una unidad en el neoliberalismo) solo es abundante retórica. El UNASUR es obra del nuevo nacionalismo que recorre América Latina y se apoya tanto en aquel como en la Comunidad Andina.

    Creo que Ramos percibió todo este cambio que comienza a darse en los 90 y ahonda todas sus reflexiones y transformaciones doctrinarias iniciadas lentamente en 1974. No es casualidad. El movimiento nacional justicialista había entrado en una crisis de liderazgo y JAR aspiraba a conducir un nuevo Frente Nacional. Para hacerlo era necesario dejar de lado posiciones “ideologistas” –no ideológicas– basadas en centenares de ejemplos históricos traídos de otros países extraños al sentir iberoamericano o contundentes afirmaciones marxistas poco realistas o consignas “sangrientas” dignas de otras sociedades como fuera: “Para comer carne buena y barata hay que faenar a la oligarquía”. La recuperación frustrada de Malvinas, el triunfo de Alfonsín y luego la caída de la URSS, profundizó la necesidad de adoptar posiciones más nacionales y latinoamericanas. No había otra posibilidad que la del acercamiento con el Justicialismo, que era la única fuerza capaz de encabezar un nuevo proceso de recuperación nacional luego del desastre alfonsinista-radical que tantas expectativas había generado hacia 1983 en la izquierda bien pensante, incluido ciertos miembros de la izquierda nacional entendida esta en el sentido amplio del término.

    El ingreso al peronismo, de ninguna manera fue un suicidio. Fue la única perspectiva posible de hacer política para lo poco que quedaba en pie del movimiento. Lo otro hubiera sido condenarse a ser un grupo de propaganda, como bien afirma “el Colorado”, redactores de artículos inteligentes o de conferencias para solaz de grupos que “piensan” o cuadros políticos. Por supuesto que era una ilusión mantener una corriente nacional dentro del PJ, pero esta verdad no va en desmedro de la otra que era ingresar al peronismo. No había tiempo ni condiciones. Había que pensar nuevas estrategias y nuevas ideas, imaginar el futuro que se venía. Por el contrario, la afiliación al movimiento surgido en 1945, fue el último esfuerzo de Ramos por hacer sobrevivir lo principal de las ideas elaboradas por él y otros compañeros de ruta. El feminismo o la unidad, por lo menos de Suramérica, están hoy inmersas en el peronismo actual aunque a veces –sobre todo lo latinoamericano– se diluya en medio de las urgencias y los pragmatismos de una dirigencia que se apoya en Perón para terminar justificando un “puro presente”. Por lo tanto cual arroyo de montaña las principales ideas de la IN se encuentran a veces sumergidas y a veces a flor de roca, tal vez falta que sea torrente…que así sea.

    El no ingreso al FREJULI en 1973

    No entro en un análisis sobre que hubiera sucedido si el FIP se hubiera integrado al FEJULI porque esto, para ser serios, requeriría un estudio de historia contrafáctica que no estoy preparado para realizar.

    Sí digo, aun reconociendo que las opiniones de Ramos en el último discurso sobre su supuesta “minoría dentro del partido” era solo un recurso polémico, que el análisis sobre las condiciones pre revolucionarias existentes en aquella Argentina fueron una sobrevaloración del partido. Reconozco también que no era fácil ser “profeta”, ya que las clases medias que movilizadas son sumamente ruidosas, estaban en plena efervescencia como producto de la incertidumbre que el retiro de Europa y particularmente Gran Bretaña del Río de la Plata, significaba para ellas, aunque no lo percibieran o no fueran consientes de ello. Esto impactaba en un partido constituido en gran medida por estudiantes, intelectuales o filo intelectuales. 

    Sin embargo la verdad que “nunca es amarga, sino que no tiene remedio” fue que las clases obreras y también a poco de andar la pequeño burguesía no estaban dispuestas a una revolución socialista. Aspiraban a un mundo con mayor justicia social y bienestar. Cuando Perón define que su movimiento seguía siendo “nacional y popular” (léase Patria Peronista), la soledad y decadencia de la JP fue tremenda y su popularidad se encogió como una piel de carnero puesta al sol. Digamos a favor del “error” del FIP que la convulsión era importante y que se sacaron en 1973 unos 70.000 votos, lo que hoy serían “oro” en polvo si tenemos en cuenta que se trataba del primer comicio de la historia de la IN. También digamos que luego de esto la militancia se achicó rápidamente debido a la fuerza de gravedad del peronismo, especialmente en los sectores juveniles que acompañaban al FIP.

    No obstante todos estos atenuantes, la realidad indicaba que toda la política del FIP era más factible si nos sumábamos al FREJULI, que constituía un marco amplio de debate y acción. De otra manera quedábamos reducidos –como ocurrió- a un grupo inteligente, brillante, puro e intransigente con buenas relaciones y admirados por muchos pero que no se acercaba al poder ni siquiera tangencialmente. Habíamos hecho muchísimo: superamos el pequeño grupo ideológico, captamos a militantes que no provenían en todos los casos de la universidad, construimos un partido en todas las provincias casi de la nada… Pero en el momento de seguir mezclándonos con el frente nacional real, no el ilusorio, nos temblaron las piernas y otras cosas y decidimos quedar al margen de la realidad.

    El gran valor de Ramos, aunque no el único, fue darse cuenta de los errores y comenzar a enmendarlos. Giobergia antes de Fortín Cero, en diciembre de 1974, criticaba el sectarismo y el izquierdismo de Spilimbergo en lo que hace a las posiciones partidarias. JAR en aquel momento inicia una verdadera revolución interna. 

    De todas maneras nadie está hoy en condiciones en abundar sobre que hubiera sido del FIP en el FREJULI, lo que no significaba en el peronismo. En efecto tengamos presente que entrar al FREJULI era solo formar parte de un frente, conducido por Perón pero en el que las distintas fuerzas no perdían su identidad, aunque muchas terminaron diluidas o con sus militantes dentro del justicialismo. Estimo fue un error considerable no haber formado parte del frente, error que arranca con nuestra genética de izquierda.

    Esto ya es historia. Hoy estoy convencido que es dentro del justicialismo en donde se encuentran los mejores elementos y sobrevivencias del nacionalismo popular, aunque la lucha interna de poderes no siempre permita que estos sectores prevalezcan. Y voy a diferir mi estimado amigo –y lo de estimado sabes que no es sarcástico ya que compartimos buenos años de militancia y aprecio tu pasión intelectual y tu sinceridad– en aquello de que quienes estamos en el PJ lo hacemos a título individual y porque abandonamos aquellas ideas. Por el contrario, nuestra presencia en el PJ y en lugares que van desde cargos en los gobiernos a otros menores en la estructura partidaria, está dada por la fuerza que la IN o el nacionalismo de izquierda surgido de aquel PSIN, y antes del PSRN, nos dio.

    No se trata de entrismo, es la convicción de que en los movimientos nacionales y populares se encuentra la potencialidad necesaria para enfrentar los problemas actuales: la pobreza, la inseguridad, la inculturación antinacional, los avances de las grandes potencias, la recuperación de Malvinas o la soberanía efectiva que hoy está en duda sobre territorios del extremos sur. Asimismo está latente la unidad de América Latina o al menos en este primer momento de Suramérica y la igualdad de la mujer. Hay que nadar en aguas encrespadas tratando que la corriente en contra no nos arrastre.

    • Polémica Regali 
    • Artículo cargado el 14/03/2011 - 04:21

    Menem y Aberlardo Ramos

    Andrés Soliz RadaIzquierda Nacional de Bolivia

    Etiquetas/Temas:

    Es inédito que el mayor referente ideológico de una corriente de pensamiento en el Cono Sur sudamericano hubiera pasado, en pocas semanas, a avalar, desde una embajada, a un gobierno que hizo exactamente lo contrario que postuló a lo largo de su vida. Jorge Abelardo Ramos (JAR, 1921-1994)), precedido por algunos aportes del santafesino Aurelio Narvaja, resumió en su obra lo mejor de las reflexiones antiimperialistas del Siglo XX, en nuestra región.

    La esencia de sus preocupaciones podría resumirse en este concepto: “Somos un país porque no pudimos integrar una nación y fuimos argentinos porque fracasamos en ser (latino) americanos”. El contradictorio papel de los Ejércitos en las semicolonias y la articulación entre nacionalismo y marxismo son otras de las ideas que configuraron la Izquierda Nacional (IN), al emerger el peronismo, en 1943. En la campaña presidencial de Carlos Menem (1988-1989), Ramos continuaba denunciando el desprecio europeo por la América morena.

    Durante la Embajada de JAR en México (1989-1992), Argentina abandonó el Movimiento de los No Alineados (NOAL), se alineó a EEUU, otorgó al Reino Unido la condición de socio privilegiado, pese a la guerra de las Malvinas (1982), y fue el único país de estas latitudes que participó en la Guerra del Golfo, de 1991. Por estos antecedentes, Bill Clinton designó a la Patria de San Martín “aliado principal de la OTAN” (1998). De manera simultánea, Menem privatizó ferrocarriles, obras sanitarias, teléfonos, electricidad, nafta, siderurgia, telecomunicaciones y aeronavegación, además de propiciar el ingreso desenfrenado de transnacionales mineras y petroleras. La película “Memorias del Saqueo”, de Pino Solanas, detalla lo ocurrido en ese periodo.

    Enzo Alberto Regali (EAR), al escribir el excelente libro: “Abelardo Ramos, de los Astrónomos Salvajes a la Nación Latinoamericana. La Izquierda Nacional en la Argentina” (Ferreira Editor, Córdoba, Octubre de 2010), estima que JAR, al igual que Manuel Ugarte, en 1945, pensó que merecía ser embajador en reconocimiento a sus contribuciones teóricas y políticas. La diferencia reside en que Ugarte fue embajador en momentos en que Perón defendía el neutralismo frente a las grandes potencias, mientras JAR lo fue mientras Menem colocaba a la Argentina a la retaguardia del eje euro norteamericano. EAR estima, asimismo, que JAR sufrió el impacto de la Perestroika (1987), del derrumbe del muro de Berlín (1989), de la fragmentación de la URSS (1991), de la invasión de EEUU a Panamá (1989) y de la derrota electoral de los sandinistas en Nicaragua (1989). Recuerda, asimismo, que el propio Trotksy admitió la posibilidad de revisar todo el marxismo, si el socialismo no triunfaba al término de la Segunda Guerra Mundial.

    Las razones de EAR son valederas, pero no se detiene lo suficiente en el antagonismo naciones oprimidas - naciones opresoras. Si este antagonismo no es tomado en cuenta de manera prioritaria, el nihilismo emergerá como el único destino de las semicolonias. Lenin, en sus Tesis de Abril (1917), después de lamentar que Plejanov se hubiera pasado al campo imperialista, destaca que entre 1883 y 1903, escribió “espléndidos ensayos”, para luego demandar la reedición de sus obras filosóficas y convertirlas en lecturas necesarias para futuros revolucionarios. Lo anterior, como es obvio, no implicaba silenciar los errores de su ex camarada.

    En el caso de JAR, cabe aconsejar también la lectura de sus excelentes libros, sin silenciar su inconsecuencia al final de su vida. De no hacerlo, la IN será utilizada por oportunistas que se beneficiarán de gobiernos de raíces populares, en lugar de defender sus aciertos y advertir sus errores mediante el apoyo crítico (mayor o menor, de acuerdo a las circunstancias), que el propio JAR usó frente a Perón. En el caso boliviano, si la IN tomaba en cuenta sólo el origen político de Gonzalo Sánchez de Lozada (el MNR), hubiera respaldado sus apátridas medidas, lo que habría ocasionado la pérdida de credibilidad en sus planteamientos.

    • Polémica Regali 
    • Artículo cargado el 13/03/2011 - 22:09

    El FIP en 1973: ¿Debió haber ingresado al FREJULI?

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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    Cuando se constituyó el FREJULI para levantar la candidatura de Cámpora en las elecciones del 11 de marzo de 1973, la Izquierda Nacional organizada por entonces en el FIP decidió no sumarse, y presentó fórmula propia: Ramos-Silvetti. Las razones de esa determinación fueron explicadas hasta el cansancio, y se sintetizan en el hecho de que una organización socialista y consecuentemente revolucionaria debe formar parte del Frente Nacional (el “frente único antiimperialista”, como lo llamaba Trotsky), pero debe mantener su propio perfil independiente. Es decir, no debe subordinarse política, organizativa o ideológicamente a la conducción de ese Frente Nacional ejercida por un representante de la burguesía nacional o de la pequeña burguesía. Existen, por tanto, dos clases de errores que hay que evitar: 1) el error de la izquierda que desconoce la existencia del Frente Nacional y en nombre de un “clasismo” mal concebido termina siendo funcional al imperialismo cuando invoca la táctica del “frente único proletario”; este error supone desconocer la naturaleza semicolonial del país; 2) el error de la izquierda que se sumerge en el Frente Nacional encolumnándose tras la jefatura del líder bonapartista que en última instancia expresa los intereses nacional-burgueses. El primer error es aquel en el que incurren grupos de ultraizquierda como PO, PTS, etc. El segundo error es aquel en el que incurre la llamada “izquierda peronista” (Cooke, Hernández Arregui, Puiggros, y sus discípulos de hoy más o menos kirchneristas).

    Tenemos, entonces, tres grandes líneas estratégicas dentro de la izquierda argentina: 1) la de la izquierda “clasista”; 2) la de la izquierda peronista, o nacionalismo de izquierda, o izquierda movimientista; 3) la Izquierda Nacional. Naturalmente, la coyuntura política determina posicionamientos tácticos que pueden borronear transitoriamente las fronteras entre cada una de estas líneas. Pero, en lo fundamental, las líneas siempre están presentes, puesto que se corresponden con determinaciones estructurales del país semicolonial. La importancia del no ingreso del FIP al FREJULI en 1973 consistió en que en un período de agudización de la lucha de clases resultaba particularmente importante acentuar el propio perfil, distinguiéndolo tanto del nacionalismo burgués que hegemonizaba el Frente Nacional, como del bloque oligárquico-imperialista que se le oponía y, también, de las otras dos líneas, equivocadas, por las que transitaba la izquierda argentina.

    Pero resulta que ahora, al cabo de los años, hay quienes dentro de la Izquierda Nacional pretenden revisar aquella decisión táctico-estratégica. Y no lo hacen sólo por interés historiográfico, sino, fundamentalmente, por razones de política presente: quieren ingresar al kirchnerismo, al cual, sin fundamento, homologan con aquel Frente Nacional liderado por Perón hace 40 años.

    En el libro de Alberto Regali, que desde una perspectiva peronista pasa revista a la historia de la IN, se citan palabras del propio Ramos avalando la autocrítica por no haber ingresado al FREJULI. Dice Ramos en el momento de proponer la disolución del FIP-MPL y el ingreso al menemismo: “Y nosotros estábamos en el FIP, o sea, estaba Spilimbergo y el ala proletaria, y no entramos (al FREJULI). Había dentro del FIP, dentro de nuestra histórica tendencia, la presión de las fuerzas antiperonistas con una muy buena posición marxista pero no con una buena posición nacional. Y no entramos al FREJULI por eso: yo era minoría siempre en el FIP (...) El hecho es que se hace el 11 de marzo y entonces ya que nosotros no entrábamos, el partido me propone a mí como candidato (...). siempre estábamos entreverados con el peronismo, pero del lado de afuera”. El testimonio del ex militante Cacho D’Angelo, proporcionado a Regali en 2008, apunta en el mismo sentido. Ramos le habría dicho a D’Angelo: “Usted no sabe lo que era discutir en aquella época con Calello, Spilimbergo, no se podía pensar ni siquiera la alternativa de ir con el peronismo. El partido se hubiera hecho mierda”.

    Todo aquel que conoció desde adentro el PSIN, el FIP y el MPL sabe perfectamente que lo que Ramos dice no puede ser cierto: su peso en la estructura partidaria era de tal magnitud que resulta impensable que el Partido siguiera un rumbo contrario a su voluntad. Regali lo reconoce: “Este discurso, de 1994, poco antes de su muerte, está impregnado de justificaciones subjetivas, tal vez porque en esta ocasión deseaba convencer a sus partidarios de ingresar al peronismo. En la estructura del PSIN, y luego la del FIP, nadie dejaba en minoría a Ramos”. Y añade una prueba indirecta de que Ramos miente: ““Ningún texto de época es demostrativo de lo que anacrónicamente Ramos aseveró en este último pasaje de su vida”.

    Observa con razón Regali que fue a partir del “giro doctrinario” impuesto al FIP por Ramos a partir de su VII Congreso de 1978 cuando comezó a circular la idea de que había sido un error no ingresar al FREJULI en 1973. Cita las siguientes palabras de Alberto Guerberof: “Nuestra postura de repudio global a todo el aparato político y sindical del peronismo hoy podemos juzgarla sectaria e izquierdista. No consultaba la realidad, la simplificaba. Los hechos posteriores entre ellos los mismos resultados del 11 de marzo, demostraron que ese repudio no estaba tan extendido ni era tan categórico ni tan intenso como pudimos suponer al adoptarlo como consigna de agitación electoral”.

    Regali, que reconoce que en 1972 o 1973 nadie, y Ramos menos que nadie, objetaba la decisión de apoyar crítica e independientemente al peronismo sin ingresar al FREJULI, cree sin embargo, que “la evaluación de la situación política había sido incorrecta”, y que el FIP debió haber ingresado al FREJULI. Tenemos entonces los siguientes datos:

    1) en 1972/73, en un período signado por la agudización de la lucha de clases, la Izquierda Nacional militantemente organizada decide aplicar la consigna “marchar separados y golpear juntos”, que expresa la línea estratégica de los socialistas en los países semicoloniales:

    2) a partir de 1978, en pleno auge de la contrarrevolución triunfante en 1976, y tras un “giro doctrinario”, surgen en el FIP voces como la de Guerberof, que consideran “sectaria e izquierdista” la línea partidaria seguida en el período precedente;

    3) hacia 1994, cuando a raíz de un nuevo “giro doctrinario” Ramos decide disolver lo que quedaba en pie de su partido e ingresar al menemismo, y en medio de una situación internacional de ofensiva imperialista, aparecen las inverosímiles declaraciones acerca de la exclusiva responsabilidad de Spilimbergo y Calello en la línea de 1973.


    4) en 2010, la misma autocrítica respecto de la negativa a ingresar al FREJULI aparece en el libro de Alberto Regali, hoy militante justicialista, quien expresamente dice una y otra vez que el socialismo de la Izquierda Nacional fue poco menos queuna utopía irrealizable.

    Es decir: la crítica a la línea del FIP en 1973 procede de quienes por uno u otro camino se apartan (el Ramos menemista o el Regali “delasotista”) o tienden a apartarse (el caso de Guerberof en 1978) del socialismo de la Izquierda Nacional.

    Cabe concluir, entonces, que la reciente crítica de Norberto Galasso al FIP del 73 por no haberse sumado al FREJULI se inscribe en la corriente de las mencionadas autocríticas inspiradas en condiciones objetivas hostiles para el movimiento popular (¡hoy mismo no existe, fácticamente, el Frente Nacional Antiimperialista!). Y cabe concluir, además, que si muchos ex militantes del FIP dejan que Galasso critique a la Izquierda Nacional militante por su posición táctico-estratégica de 1973, ello se debe a que ellos mismos han roto con sus viejas posiciones. Han transitado desde el socialismo de la Izquierda Nacional hacia un izquierdismo movimientista dispuesto a hacer seguidismo a la burguesía nacional.

    • Polémica Regali 
    • Artículo cargado el 13/03/2011 - 21:55
    A propósito de Abelardo Ramos, de los astrónomos salvajes a la nación latinoamericana, de Alberto Regali

    Ramos, Menem y la Izquierda Nacional

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

    Etiquetas/Temas:

    Es notable lo que uno puede aprender leyendo el libro de un autor de quien se está política e ideológicamente muy alejado. Es lo que me está sucediendo con el libro de Alberto Regali sobre Abelardo Ramos.

    En las págs. 482 y ss. Regali transcribe la carta que Ramos envió a Guerberof el 4 de junio de 1990 para instruir al MPL en el apoyo a Menem (creo que la Carta está reproducida en nuestra página web www.izquierdanacional.org). Releyéndola, he notado (además de las flagrantes contradicciones lógicas que contiene) que la estructura argumentativa de Ramos conduce inexorablemente al suicidio político de la Izquierda Nacional (suicidio éste que Regali advierte y celebra, o al menos se resigna a él,  mientras que yo lo lamento y trato de evitarlo). Además, he notado que esa misma estructura lógica subyace tras el oportunismo ante el kirchnerismo de supuestos “izquierdistas nacionales” como los de “patria y pueblo” y “causa popular” (aunque este último grupito ha dejado de existir, tengo entendido).

    Insolito: los trotskistas, y no los menemistas, son el imperialismo

    Fíjense cómo razona Ramos en la carta de 1990.

    1º afirmación: “Formamos parte de un gobierno de origen popular incuestionable (...). Su rasgo característico es que se libra en su seno un combate feroz entre tendencias antagónicas”.

    2ª afirmación: “Frente al Presidente hay una oposición política encabezada por Alfonsín”.

    3ª afirmación: “En la Argentina el trotskismo (es) la CIA”

    4ª afirmación: Asistimos “al desconcierto producido por la perestroika y el fortalecimiento aparente de EEUU”

    5ª afirmación: Ante este panorama, romper con Menem significa “un paso hacia el imperialismo y sus instrumentos locales”.

    6ª afirmación: “Fuera del menemismo y contra él sólo está la nada. (Romper con Menem significaría) el retorno inapelable a la secta esclarecida (...), digamos 5000 lectores de nuestro periódico y 40.000 votantes en las elecciones. El propio Trotsky decía que si las condiciones objetivas son demasiado hostiles, se debía retroceder hacia las posiciones teóricas y atrincherarse en ellas”.

    Ahora analicemos.

    He dicho que Ramos incurre en contradicciones evidentes. Por ejemplo: para argumentar con una cita de autoridad contra quienes proponían -según él- “retroceder hacia la secta esclarecida”, recurre justamente a Trotsky, quien decía, palabras más palabras menos… ¡que a veces hay que “retroceder hacia la secta esclarecida”!

    He dicho también que el argumento de Ramos es suicida para la Izquierda Nacional, puesto que no le deja margen para su propia existencia política: o se subsume en el menemismo, o se subsume en la oposición gorila, o se condena al lugar de la secta o le hace el juego al imperialismo. Regali diría (lo dice una y otra vez en su libro) que Ramos está reconociendo que el mundo había cambiado tanto que ya no había lugar para las ideas de un socialismo de Izquierda Nacional y que por eso había que “bajar las persianas” e integrarse al Partido Justicialista.

    Pero vayamos a lo que más me interesa puntualizar ahora: el carácter “atemporal” de una estructura de pensamiento que conduce al suicidio político y que sigue vigente en algunos ex compañeros.

    Veamos.

    Ramos: de la Revolución Permanente al apoyo permanente

    Mantengamos la estructura de las 6 afirmaciones modificando sólo los sujetos que ocupan los lugares etablecidos por esa estructura.

    Tendríamos entonces lo siguiente:

    1ª afirmación: “Formamos parte de un gobierno popular -el de los Kirchner- que todavía tiene asignaturas pendientes”

    2ª afirmaciòn: “Frente al Gobierno hay una oposición encabezada por Duhalde y Macri”

    3ª afirmación: “El PO es el imperialismo”

    4ª afirmación: “Asistimos a un período en el que la correlación de fuerzas no permite al gobierno avanzar más allá de donde llega”

    5ª afirmación: “Ante este panorama, romper con el Gobierno significa dar un paso hacia el imperialismo y sus instrumentos locales como Duahlde y Macri”

    6ª afirmación: “Fuera y contra el Gobierno está la nada. Romper con el gobierno significaría volver a ser una secta ideológica en vez de políticos realistas”.

    Razonando en cada coyuntura política de esta manera, ¿no es obvio que la Izquierda Nacional no tiene perspectiva alguna de desenvolvimiento? La confirmación empírica de lo que digo sería que en todos los casos, quienes así han razonado, empezaron dando el 1er paso (proponer una línea de apoyo llamado por decoro a veces “crítico”) y terminaron dando el 2º paso (autodisolución e integración en una fuerza ajena a los postulados más elemantales de la IN, sea Menem, Rodríguez Saa, Kirchner y hasta Rico o Seineldín; incluso, aunque por la envergadura del personaje merece análisis aparte, esto ocurrió también respecto de Perón).

    Por supuesto, esta estructura de razonamiento es absolutamente ajena al socialismo de la Izquierda Nacional, como está archiexplicado en los textos fundamentales de nuestra corriente y como pudo verse en la línea política seguida por el PSIN en los 60, el FIP en los 70/80, y por Socialismo Latinoamericano en los 90 y en este comienzo de siglo.

    Los supuestos “politicos realistas” liquidaron a la izquierda nacional. Los “ideologos” la mantenemos viva

    Pero, ¿acaso esta línea histórica de la IN es la de los “ideólogos” y “sectarios”, que son lo opuesto a los “políticos realistas”?

    Es lo que afirma Regali.

    Escribe, por ejemplo, refiriéndose al Ramos anterior a su capitulación final: “Hubo un incorregible principismo en el accionar del Colorado. Pero esta misma integridad intelectual lo aislaba de la política concreta”. Y profundiza su interpetación, que parece inspirada en el darwinismo social, con el siguiente párrafo: “La realidad material se había transformado y casi ninguno de los protagonistas podía percibir la incompatibilidad de ésta con sus ideales (...). Por cruel que parezca sobrevivirán en la política aquellos que tengan la capacidad de comprender las nuevas culturas de la actividad, para los otros la declinación será indetenible al menos temporalmente”.

    Es decir: como el mundo se habría modificado en una dirección contraria a los intereses de las masas populares y del socialismo, correspondería actuar con “realismo” y abandonar “los ideales” para hacer “política concreta”. Es lo que habrían hecho quienes ayer se fueron con Menem y hoy -siempre con alta dosis de “realismo”- se reciclaron en el kirchnerismo: Pablo Fondevila, Elida Vigo, Pimpi Colombo, Víctor Ramos, etc. Regali dice insólitamente: “si nunca la IN llegó al poder tal cual se lo proponía, tampoco estuvo al margen del mismo”. ¿No estuvo al margen del poder? Veamos lo que nos explica Regali: Juan Alberto Geobergia accedió a una banca de diputado nacional, Víctor Ramos fue designado presidente del INADI”, etc.

    Hay acá un grueso error de Alberto Regali (y de Ramos y demás cultores del “realismo político”).

    Ciertamente, el más elemental cálculo de probabilidades habría aconsejado a cualquier militante de la Izquierda Nacional romper con la corriente y sumarse al PJ o a la UCR, si su objetivo personal hubiera sido ocupar un espacio de poder. El propio Regali no ocuparía el espacio que ocupa si hubiera seguido militando en la IN, en vez de hacerlo en el PJ cordobés de De la Sota y Schiaretti. Pero quien ocupa ese espacio es Regali, y no la IN. Más aún: lo ocupa Regali a condición de no militar en la IN, sino de hacerlo en el PJ. Lo mismo puede decirse de Elida Vigo, que es senadora justicialista, de Jorge Coscia, o incluso de Luis Verdi, hasta hace poco vocero de Duhalde, o de Jorge Raventos, vocero de Menem, o de tantos otros. Nadie niega que hayan “subido alto” en la escalera que conduce al poder político en la Argentina semicolonial. Pero lo han hecho a título personal, y no personalizando el ascenso del socialismo de la IN. Lo han hecho como portadores de proyectos políticos ajenos al socialismo de la IN, lo cual es más que obvio. ¿Donde está el “realismo”, entonces? ¿Qué dato puede mostrarse a fin de poner en evidencia que con la disolución del MPL y el ingreso de sus militantes al menemismo la IN (y no individuos que en el pasado pertenecieron a la IN) ganó protagonismo politico? ¡El propio Regali llama “autoengaño” a los delirios de Ramos sobre lo que harían él y sus seguidores dentro del PJ de Menem! ¡El propio Regali cuenta que los funcionarios que el MPL había colocado en el gobierno menemista esperaban despredenrse de una buena vez de ese peso muerto que para ellos significaba el Partido!

    Como decía Ramos que decía Trotsky: hay momentos en los que no queda más opción que atrincherarse en las propias posiciones teóricas. Cuando había que hacer esto, debido a la inmensa ola contrarrevolucionaria que azotaba el país y el mundo, Ramos hizo lo contrario. Así le fue, mirando el asunto desde la perspectiva de la IN y no desde su perspectiva personal. Aunque incluso desde esta última perspectiva no parece haberle ido tan bien. Regali cita palabras de Andrea, la mujer de Ramos: “Jorge murió de ilusiones perdidas. Murió porque todo lo que èl había pensado, ideado y planificado y soñado, no existìa más, no había posibilidad de que existiera”, Y Regali acota tal vez con razón: “tal vez fue el artífice de su propia muerte”.

    Ramos murió físicamente. Aquellos de sus seguidores que acompañaron su triste final mutaron políticamente y hoy siguen sus caminos sin más lazos con la IN que los de un pasado cada día más lejano. Recae en nosotros la tarea de refundar una Izquierda Nacional Revolucionaria en el siglo XXI, y, por esa vía, recuperar lo que haya de recuperable en el Ramos que echó los cimientos de un auténtico Socialismo Latinoamericano

    Ojalá podamos hacerlo.

    • Debates 
    • Artículo cargado el 09/03/2011 - 21:44

    ¿Revolución por etapas o interpretación izquierdista de la teoría de la revolución permanente?

    Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

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    En el número de diciembre pasado la revista Ciencias Sociales, publicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, incluyó una nota firmada por Christian Castillo bajo el título “Burguesía, clase obrera y cuestión nacional”. En uno de sus párrafos la nota hace referencia a la izquierda nacional en estos términos: “En el caso de la llamada ‘izquierda nacional’, que tuvo entre sus principales inspiradores a Jorge Abelardo Ramos JAR. (que terminó como embajador de Menem en México) y a Jorge Enea Spilimbergo, el reconocimiento de la importancia de la cuestión nacional los llevó a una variante de la política de la ‘revolución por etapas’, expresada en la estrategia del Frente Nacional y el abandono de la lucha por la independencia política de la clase obrera”. La afirmación es singular. En ninguno de los documentos programáticos, declaraciones o artículos periodísticos que han definido las posiciones fundantes de la izquierda nacional a partir de octubre de 1945, hay proposición alguna que permita formular semejante juicio. Tampoco se encuentra nada parecido en las posiciones del PSIN (Partido Socialista de la Izquierda Nacional) fundado a comienzo de los 60’, o del FIP (Frente de Izquierda Popular), organizado en los primeros años de la década siguiente. En la página www.izquierdanacional.org editada por el grupo Socialismo Latinoamericano figura buena parte de esos documentos definitorios de la posición política y programática que cuestiona Castillo sin aportar la más mínima referencia que avalen su juicio.
    En consecuencia, al menos dos interrogantes quedan abiertos. ¿En qué se basa Castillo para sostener que la concepción estratégica de la izquierda nacional constituye una variante de la teoría de la “revolución por etapas”; variante que significa el abandono de la lucha por la independencia política de la clase obrera? ¿Qué consistencia tiene la posición política de alguien que para descalificar las posiciones de otra corriente incurre en una tergiversación tan grosera?
    La izquierda nacional desde sus orígenes en 1945 a través del periódico Frente Obrero y de la revista Política y posteriormente en las tesis Clase Obrera y Poder (aprobadas por el II Congreso del PSIN en 1964), ha sostenido que en los países atrasados y dependientes las tareas nacionales, democráticas, agrarias y antiimperialistas constituyen el cauce necesario a través del cual el proletariado organiza sus fuerzas, disputa la dirección del frente de clases que enfrenta a la oligarquía nativa y al capital extranjero, y motoriza la radicalización de la lucha de las grandes masas impulsando medidas de corte socialista que confieren a la revolución un carácter ininterrumpido. Nada más alejado que la idea de un proceso dividido en dos etapas: una democrático-burguesa y otra, a la finalización de la primera, socialista, tal como ha sostenido durante décadas el stalinismo. 
    Al parecer Castillo, y con él toda la izquierda y ultraizquierdista cosmopolita, cree que caracterizar a ese frente de clases como un Frente Nacional, es ceder a la burguesía la conducción y fijar un límite a la lucha de los trabajadores y las masas explotadas, instaurando durante todo un período la garantía de que las relaciones sociales fundamentales se mantendrán intactas.
    Esto no tiene ningún fundamento en relación al planteo de la izquierda nacional. Una y otra vez la historia de los países semicoloniales ha demostrado que las burguesías nacionales no están dispuestas a hacerse cargo de las tareas que encierran cierto grado de conflicto con el bloque de terratenientes, el gran capital comercial y financiero y las corporaciones extranjeras. Por lo general, los programas nacional burgueses han encontrado un curso de ejecución a través del Estado, como instrumento de una solución de corte bonapartista, apoyada en la oficialidad nacionalista de las Fuerzas Armadas, la burocracia estatal y los sindicatos. 
    Es ilustrativa de estas particulares coyunturas históricas la experiencia del cardenismo en México de los años 30’ y del peronismo de las décadas del 40’ y del 50’. Basta tener presente el apoyo que dio Trotsky a la política de nacionalizaciones del gobierno de Cárdenas, el reconocimiento del carácter progresivo de tal régimen y el rompimiento con los trotskistas locales incapaces de distinguir entre una política basada en el nacionalismo democrático de un país semicolonial y los intereses de la gran propiedad terrateniente y el capital extranjero, para comprender la posición que debe adoptar el socialismo revolucionario frente a tales regímenes. Otro tanto puede decirse de los gobiernos de Perón, fijados en los límites de un capitalismo nacional que dejó intactos los fundamentos materiales del poder social de la oligarquía, pero favoreció los intereses de un bloque de carácter nacional, en el que estaba incluido como fuerza central el proletariado, y adoptó medidas de nacionalismo económico que terminaron de poner fin al antiguo patrón de acumulación de la Argentina agroexportadora.
    Quienes en un país atrasado y dependiente estén embarcados en la lucha por el socialismo deben apoyar a tales gobiernos en el enfrentamiento con los círculos tradicionales del poder, impulsar medidas que profundicen el enfrentamiento y mantener una estricta delimitación programática, política y organizativa. Trotsky ha insistido una y otra vez, con toda razón, sobre este último aspecto. Sin embargo para ciertos trotskistas este reclamo de independencia de clase y partidaria se ha convertido en una suerte de antiburguesismo abstracto, que los transforma en fuerzas auxiliares del campo de la reacción. Al ejemplo de los trotskistas mexicanos citado anteriormente, se podría agregar perfectamente el de los trotskistas argentinos en relación a la posición adoptada frente a los gobiernos de Perón.
    En otro de los pasajes de su nota Castillo reprocha que “más allá de las invocaciones al rol central de la clase obrera en el proceso de liberación nacional, los programas políticos sostenidos por el izquierda peronista siempre mantuvieron el planteo de establecer una alianza policlasista con los empresarios nacionales y antimonopólicos, aun luego de la ruptura de Montoneros con el gobierno de Isabel y del pase a la clandestinidad; o, tiempo antes, en el programa de la CGT de los Argentinos del 1º de Mayo de 1968.
    “En este sentido, el planteo de Montoneros entronca con una de las formas en que se planteó el tema desde la izquierda, donde la ‘liberación nacional’ era concebida como una etapa anterior a la conquista del poder por parte de los trabajadores”.
    De la cita anterior se desprenden dos afirmaciones erróneas de importantes consecuencias: (1) quien sostenga el rol central de la clase obrera en el proceso de liberación nacional y, al mismo tiempo, la necesidad de una alianza policlasista con empresarios nacionales y antimonopólicos, incurre en una contradicción; (2) una política que se oriente en el sentido de tal alianza policlasista cae dentro de la órbita de la teoría de la “revolución por etapas”.
    Al contrario de las afirmaciones anteriores, el proletariado en un país semicolonial, atrasado y dependiente, debe luchar por organizar y dirigir un gran Frente Nacional que incluya a todos los oprimidos y a las clases no proletarias que sufran la explotación del capital monopólico local y extranjero, vale decir, a la pequeña burguesía empobrecida y a las capas bajas de la burguesía nacional. El error decisivo de Montoneros no residió en propugnar tal alianza, sino en caracterizar falsamente la naturaleza de clase de la conducción peronista, en no haber mantenido la necesaria independencia política, ideológica y programática y, por fin, en haber terminado cayendo en una política de provocaciones que favoreció las maniobras de la contrarrevolución en curso.
    Pero el error de quienes sostienen las posiciones que expresa Castillo es igualmente significativo. Fuera de ese Frente Nacional (alianza policlasista) el proletariado está condenado al aislamiento. Los trabajadores deben conquistar una posición políticamente autónoma, organizar su partido y sostener sus demandas de clase. Sin embargo, el tránsito de una fase corporativa a una fase de hegemonía, vale decir el proceso que convierte a la clase trabajadora en representante del interés general, no se realiza al margen de la construcción en el plano de la teoría y de la práctica del programa que representa los intereses del bloque social integrado por todas las clases y capas sociales objetivamente enfrentadas al dominio del capital imperialista y de sus socios nativos.

    • Declaraciones 
    • Artículo cargado el 07/03/2011 - 14:09

    Quienes son los opositores libios

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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    Es muy importante que Kadafi continúe resistiendo el golpe proimperialista que intenta derrocarlo, puesto que con el transcurso del tiempo van saliendo a la luz datos concretos que desmienten las informaciones falsas de las agencias internacionales de noticias.

    Una pregunta clave que pocos se han hecho: ¿quiénes dirigen la oposición a Kadafi?

    Pues bien, parece que hay dos grupos principales, hegemónicos. Son:

    a) El llamado Frente Nacional por la Salvación de Libia. Se trata de una organización de derecha financiada por la CIA, que viene recibiendo armas, por vía de contrabando, desde hace años, desde el Egipto de Mubarak.

    b) La llamada Conferencia Nacional del a Oposición Libia, dentro de la cual opera Muhamad Sanussim, quien es un pretendiente al trono. Esta coalición de fuerzas reaccionarias tiene como bandera la insignia tricolor que identifica a la monarquía depuesta en 1969 por los militares antiimperialistas y democráticos dirigidos por Kadafi.

    Estas organizaciones están solicitando abiertamente la intervención norteamericana y de la OTAN. Con la puesta en actividad del llamado Tribunal Penal Internacional, los imperialistas instruyen a sus abogadillos “derechohumanistas” para que empiecen a montar otro show mediático contra un “dictador genocida”. (El derechohumanismo muestra, una vez más , la función política reaccionaria que cumple en la actual etapa de dominación imperialista).

    ¿Hay en el seno de la coalición opositora sectores que no sean abiertamente reaccionarios y proimperialistas? Evidentemente, no puede descartarse que los haya. Al fin y al cabo, absolutamente todas las causas reaccionarias y proimperialistas cuentan con una suerte de “ala izquierda” que intenta inútilmente conferir un carácter más o menos popular a lo que constituye una operación de signo inocultablemente antipopular. Los argentinos lo sabemos bien: en 1930, en 1955 y en 1976 la oligarquía y el imperialismo contaron con el apoyo de vastos sectores de clase media y de los partidos socialista y comunista. Pero lo decisivo es saber quién dirige una coalición político-social. Eso es lo que permite predecir en qué dirección avanzará. Así, por ejemplo, en 1976 Videla quería derrocar al gobierno peronista para acabar con la “subversión marxista”, y Santucho y el PRT-ERP querían derrocarlo para abrir el camino a la revolución socialista. ¿Habría que decir, entonces, como dicen los EXTRAVIADOS del Partido Obrero o del PTS respecto de la coalición opositora a Kadafi, que el golpe de 1976 debía ser apoyado primero y luego había que tratar de encaminarlo en “buena dirección”. Evidentemente, sólo un INGENUO o un agente pago del imperialismo podría decir tal cosa.

    En Libia no asistimos a un enfrentamiento entre un “dictador sanguinario” y un “pueblo rebelde sediento de libertad”, como dicen la televisión, los diarios y la vocinglería ultraizquierdista de la Universidad de Buenos Aires. Asistimos a un intento descarado por parte del imperialismo de derrocar a un gobierno que encarna, independientemente de cuáles sean sus fortalezas y debilidades actuales, la resistencia de un país oprimido a sus opresores. Este es el aspecto decisivo de la cuestión. Todo lo demás es secundario. Por tanto, exigir que se vaya Kadafi significa lisa y llanamente apoyar al imperialismo. Porque, ¿quién sino el imperialismo va a tomar el control de libia si hoy se va Kadafi?

    • Declaraciones 
    • Artículo cargado el 03/03/2011 - 17:20

    Escudándose en el “derechohumanismo” se preparan para destruir Libia

    Etiquetas/Temas:

    La Corte Penal Internacional (CPI) decidió abrir una investigación sobre las pesonas vinculadas con presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos en Libia. Se está preparando un show derecho-humanista contra Kadafi y los gobernantes libios a los que el imperialismo quiere liquidar. Van a acusarlos de cometer “crímenes de lesa humanidad”, como hacen habitualmente. El argentino Luis Moreno Ocampo, ex alcahuete de la dictadura, del alfonsinismo y del menemismo, es una de las marionetas que prepara los aspectos técnicos de la operación.

    Denunciamos esta operación político-ideológica.

    Hoy es Libia. Ayer fue Irak. ¿Mañana serán Irán, Venezuela o Cuba?

    Que el gobierno de Cristina Fernández no haga caso a los pedidos de ruptura con Libia que le formulan “trotskistas” políticamente extraviados.

    Que tome partido por los libios, y no por sus agresores.

    Que denuncie la intromisión de EEUU y de la OTAN.

    No al golpe de los yanquis y europeos contra Kadafi!

    Fuera el imperialismo de Libia!

    Socialismo Latinoamericano - Izquierda Nacional

    • Polémica Regali 
    • Artículo cargado el 02/03/2011 - 23:37

    Ramos y Regali ante Clío

    Honorio Alberto DíazSocialismo Latinoamericano

    Etiquetas/Temas:

    Me habían llegado comentarlos de la próxima aparición de un libro sobre Jorge Abelardo Ramos. Después supe que su autor era Enzo Alberto Regali. Más aún, lo conocí en la embajada uruguaya cuando se dio a conocer la reedición de un ensayo de Alberto Methol Ferré. Casi inmediatamente Roberto A. Ferrero me informó que la obra se había presentado en Córdoba con importante suceso.

    Inicié la búsqueda de un ejemplar en las librerías del centro porteño sin obtener resultado positivo. Finalmente llegó a mis manos Abelardo Ramos. De los astrónomos salvajes a la Nación Latinoamericana. La Izquierda Nacional en la Argentina (Ediciones del Corredor Austral y Ferreyra Editor, Córdoba, 2010) gracias a un préstamo que me hiciera Gustavo Cangiano.

    Lo primero que me llamó la atención fue el tamaño del libro que supera las quinientas páginas. El tema concreto es la trayectoria de la IN desde su nacimiento hasta finales del siglo pasado y la vida política e intelectual de JAR. Yo que tanto renegaba por la inexistencia de estos abordajes me encontré ante una voluminosa e indubitable presencia, generada por alguien que había militado en la corriente.

    El librazo me resultó interesantísimo y pude hacerle una rápida lectura. Pese a su nítida claridad, de entrada tuve la sensación que marece relecturas. Contiene una exhaustiva investigación. Proporciona frondosa y diversa información sin eludir aspectos escabrosos ni urticantes. El autor no oculta nada ni se priva de opinar sin dobleces sobre tema alguno: carece de pelos en la lengua. Me enteré de varias cuestiones que desconocía y estoy convencido que me resultará verdaderamente útil ¡Cuántos renglones para subrayar sin poder hacerlo por tratarse de un libro ya marcado por su dueño!

    Se nota que EAR ha trabajada mucho. Las fuentes informativas son abundantes y variadas: libros y publicaciones de la corriente, documentos públicos y privados, bibliografía general de la época, numerosas entrevistas a actores y testigos, etc. La selección de materiales citados es acertada y las glosas incorporadas ubican cada aporte.

    En un intento de síntesis, sumamente arriesgada en el caso de ensayo tan extenso, me atrevo a destacar las siguientes aseveraciones básicas del autor:

  • la IN tuvo una importante influencia ideológica en la cultura política de una época;
  • la personalidad de JAR gravitó decisivamente en la formación y disolución de la lN;
  • JAR fue un intelectual-político con predominio de la segunda condición, pero ésta se encontró muchas veces afectada por el rigorismo de la primera;
  • su trayectoria presenta una serie de rupturas y de giros en búsqueda de una superior incidencia política;
  • tras un adolescente inicio anarquista, militando en el trotskismo produjo un giro al plantear la existencia de una cuestión nacional en la periferia bajo la influencia de Liborio Justo (Quebracho);
  • siguiendo a Aurelio Narvaja realizó una comprensión del peronismo como movimiento nacional progresivo, merecedor de un apoyo crítico;
  • seguidamente rompió con la organización internacionalista trotskista y se abocó a profundizar el estudio de la realidad nacional;
  • en el comienzo de los años sesenta imprimió un nuevo giro a su trayectoria con la fundación del Partido Socialista de la Izquierda Nacional;
  • en la década siguiente la creación del Frente de Izquierda Popular configuró otro giro en la búsqueda de una mayor gravitación política;
  • a partir de la muerte de Perón, revalorizó al peronismo en general y a la dirigencia sindical en particular desde la articulación de un nacionalismo jacobino y un feminismo liberacionista;
  • la recuperación de las Islas Malvinas acentuó el proceso de nacionalización de JAR y su labor contra la desmalvinización alfonsinista le permitió acercarse a sectores militares patrióticos y núcleos eclesiales;
  • el apoyo al gobierno de Carlos Menem significó una ruptura respecta a los tiempos primigenios, con un revisionismo de buena parte de lo anteriormente elaborado;
  • estaban equivocados aquellos que entendían que había que enfrentar al menemismo: JAR no claudicó ni desertó pues el mundo cambiante le imponía un diferente posicionamiento;
  • la disolución del MPL y la determinación (impedida por su muerte) de ingresar al justicialismo para conformar una corriente interna, expresa una ruptura positiva que significaba un alejamiento del inicial propósito de crear un partido revolucionario;
  • JAR nunca abandonó su tesis central sobre la necesidad de batallar por la unidad latinoamericana, y su continuidad en pos de este objetivo crucial lo convierte en el pensador político con mayor imbricación en la actualidad continental;
  • los seguidores de la IN de JAR se fragmentaron en grupos: los spilimberguistas de Patria y Pueblo y los guerberistas de Causa Popular apoyan al kirchnerismo, en cambio Socialismo Latinoamericana conducido por Cangiano y Calello se oponen al oficialismo haciendo recordar al PSIN, lo que para EAR significa mantener un izquierdismo recluido en un pasado perimido, continuar insensatamente riñendo con Clío.

    Ahora bien, para poder opinar sobre giros y rupturas ideológico-políticas se torna imprescindible partir de la matriz básica. En este caso corresponde dejar establecido lo más precisamente posible los planteos distintivos de la IN que dirigió JAR, para después pasar a dimensionar los alcances de las continuidades y discontinuidades, ortodoxias y heterodoxias. Apoyándome en Roberto A. Ferrero (Enajenación y nacionalización del socialismo latinoamericano) pueden precisarse las siguientes tesis básicas:

  • la Argentina es un país capitalista dependiente semicolonial; en los estados oprimidos se da una cuestión nacional que enfrenta a los sectores populares con el imperialismo y la oligarquía, la balcanización continental fue la causa de la dependencia y la unificación es la clave emancipación;
  • es necesario construir el partido revolucionario de la clase trabajadora;
  • el peronismo fue un movimiento nacional progresivo al cual había que apoyar sin incorporarse;
  • en el país domina una cultura satélite, repetitiva e inauténtica que procura ocultar la efectiva dominación extranjera;
  • es imprescindible desplegar una lucha historiográfica en contra de la versión oficial vigente en América Latina y en la Argentina;
  • debe ser develado el rol nefasto que en el pasado y en el presente jugó y juega la izquierda cosmopolita (juambejustista, codovillista y raurichista).
  • Estas tesis integran un conjunto íntimamente relacionado donde se fusionan el socialismo con el nacionalismo. No se elaboraron de un día para otro y algunas de ellas poseen diferente antigüedad. No permanecen momificadas en el tiempo y deben ser permanentemente actualizadas. Pero tampoco son fácilmente escindibles pues el abandono de una lesiona a las restantes afectando seriamente al con junto. Entre todas ellas EAR pone a una por sobre las demás señalando que, pese a sus mutaciones, JAR ha mantenido como objetivo político central: la unidad latinoamericana. Precisamente ello es lo que le permite encabezar el pensamiento continental actual.

    Para semejante conclusión deja fuera de consideración la existencia en ese tema de una seria ruptura (para mantener su terminología) pues la consigna originaria, de escuela trotskista, era la lucha por los Estados Unidos Socialistas de América Latina y no por un simple enlace de naturaleza burguesa.

    Este aspecto configura un rasgo constante del libro. El ensayo contiene una crítica permanente y explícita de aquello que considera el utopismo socialista revolucionario. Constituye el punto de partida de cada elogio dirigido a la IN en lo que respecta a la nacionalización de su marxismo en procura de un mayor realismo político. Más aún, saluda la sustantivación de los contenidos nacionales y la adjetivación de los postulados izquierdistas como si ambos componentes fuesen escindibles o alternables. Pero EAR no se detiene allí: también elogia en JAR el impulso que le diera a la incorporación al justicialismo en su hora menemista.

    Toda esta elaboración del autor la realiza en nombre de un realismo que, en los hechos implica adaptarse al curso de las influencias dominantes, aunque ellas procedan del imperialismo. Se trata en realidad de un resignado pragmatismo que se expresó en la seca sentencia de JAR afirmando que “no es razonable reñir con Clío”. Para EAR resultaba correcto comprender que el voto mayoritario había preferido la paz de la derrota bélica y la tranquilidad del funcionamiento institucional que ofrecía el alfonsinismo antes que dejar de pagar la deuda externa; mayor prudencia significaba percibir la inconveniencia de atacar a Menem cuando no lo había hecho el peronismo en su conjunto; superior moderación todavía entrañaba abandonar la lucha por la construcción de un partido revolucionario cuando se podía conformar una corriente interna dentro del oficialismo. En síntesis, a JAR lo habría encontrado la muerte cuando se encaminaba desde una juvenil desmesura a la sensatez política poniéndose a tono con los nuevos tiempos del neoliberalismo y de la implosión del bloque soviético. Por fin el “Colorado” reconocía la solidez internacional que mantenía el capitalismo.

    Cabe preguntar entonces: ¿es lo mismo un nacionalismo izquierdista que la IN?; ¿qué quedaba de socialismo y de nacionalismo con el ingreso al justicialismo menemista?; ¿se puede realizar una transformación significativa sin reñir con Clío? Por todo eso resultan elocuentes los versos de Amado Nervo con que termina el libro de EAR: “Mas cuando pasa el aluvión inmenso, / yo estoy de pie y tranquilo, porque pienso / que fuera insentez - oh Dios que fraguas / contra cada opresión un heroísmo- /ponerme como coto en el abismo / para hundirme después bajo sus aguas”.

    • Declaraciones 
    • Artículo cargado el 25/02/2011 - 12:00

    Libia en la mira del imperialismo

    Etiquetas/Temas:

    Libia está en crisis, no sabemos en qué medida promovida por el imperialismo que se frota las manos. La poca información disponible es contradictoria y en muchos casos abiertamente manipulada por los medios masivos que responden a los grupos de poder de los países centrales. Obama acaba de anunciar que EU actuará “solo o con otros países,” y que hay “una gama de opciones” por aplicar. La misma receta que aplicaron en Yugoslavia, Irak, Afganistán… Lejos de estar “indignado” como afirma cínicamente por los muertos civiles –cuando su país es responsable de millones de muertos inocentes en todo el mundo–  su interés, como el de sus aliados europeos es tomar el control de las importantes, en cantidad y calidad, reservas de petróleo y gas que posee Libia.

    Independientemente de la situación política interna de Libia, que sus ciudadanos tienen el derecho exclusivo de resolver, debemos denunciar por todos los medios el intento de una nueva invasión imperialista, disfrazada con tan hipócritas como rimbombantes declaraciones “democráticas” y “derechohumanistas”, para apoderarse de recursos naturales estratégicos.

    Socialismo Latinoamericano – Izquierda Nacional (25/2/2011)

    • Politica Nacional 
    • Artículo cargado el 18/02/2011 - 03:52
    A PROPÓSITO DE LA OBRA OLVIDADA DE ESTEBAN REY

    La izquierda nacional y el frondizismo

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

    En la reciente polémica Galasso-Altamira, una de las tantas mentiras que se dicen sobre la Izquierda Nacional es que habría apoyado en su momento a Frondizi.

    Veamos. En 1957 aparece el libro de Esteban Rey ¿Es Frondizi un nuevo Perón?, que expresaba a la vertiente “no ramista” de la IN. Llevaba el sello editorial “Lucha Obrera”, nombre del periódico del PSRN que Rey había dirigido y en el que habían participado con máximo protagonismo Ramos y Spilimbergo. Se trata de una durísima crítica a Frondizi y al frondizismo. Pero esto no es todo. En 1959 Ramos dirigía la colección “La Siringa” de la editorial Peña Lillo. El primer título de la colección fue “Historia Política del Ejército Argentino”, del propio Ramos. Y el segundo título fue “Frigerio y la traición de la burguesía industrial”, de Esteban Rey. Se trata de un libro que completa al anterior de 1957.

    Si la Izquierda Nacional apoyaba al frondizismo, como dice Altamira y concede por omisión Galasso, ¿cómo explicar la publicación de estos libros en el instante mismo en que el frondizismo estaba plenamente vigente, despertando expectativas incluso en el Partido Comunista y en los intelectuales del grupo “Contorno”? La verdad es ésta: Altamira acusa a la IN de lo que sea simplemente porque es un enemigo acérrimo de la IN. Y Galasso no retruca el punto debido a que para justificar su adhesión al kirchnerismo inventó hace un tiempo una teoría según la cual hay gobiernos “ni nacionales ni antinacionales”, como los de Frondizi o Illia, que son merecedores de apoyo en tanto “mal menor”. El kirchnerismo, según Galasso, entraba dentro de esta categoría de gobiernos hasta hace poco; ahora ya sería un gobierno plenamente “nacional”.

    Es decir: para Galasso, que la IN hubiera apoyado a Frondizi no implicaría hoy problema alguno. Para la IN sí: recordemos que en setiembre de 1973 el FIP llamaba a votar a Perón con su boleta y no con la del Frejuli alertando que en el Frejuli estaban los burócratas sindicales, los conservadores y los desarrollistas, todos ellos enemigos de la clase obrera y de la perspectiva del socialismo.

    Rey vaticino lo que sucederia al frondizismo

    Uno de los aciertos más notables de “¿Es Frondizi un nuevo Perón?” es el vaticinio sobre lo que sucedería en caso de que Frondizi llegara al gobierno (el libro fue escrito un año antes de que eso sucediera). En el capítulo titulado “¿Y si fuera presidente?”, Rey escribe cosas como las que transcribo a continuación:

    “Frondizi no tiene un capital político propio; es una especie de comanditado de la burguesía industrial, y resultaría elegido por el voto mayoritario de los peronistas. Al día siguiente de estar en la Casa Rosada se enfrentaría con el problema de dar satisfacción a todas las corrientes, tendencias e intereses que contribuyeron a su ascensión al poder”.

    ¡Esto es exactamente lo que sucedió! El gobierno de Frondizi se caracterizó, justamente, por los desesperados intentos del Presidente de permanecer a flote en medio de poderosas corrientes de signo opuesto que lo tironeaban hacia uno y otro lado: el sindicalismo, la pequeña burguesía progresista estilo los hermanos Viñas, las fuerzas armadas, el peronismo, la Iglesia católica, el capital imperialista. Rey indica que esta situación era previsible. ¿Podría Frondizi sobrellevarla?

    Escribe Rey: “No, no podrá; no puede ya, en el presente, oponerse a todo esto que, sin ser gobierno, gobierna actualmente su corriente y le impone rumbos y caracterizaciones. Frondizi no representa intereses sociales y económicos concretos de ninguna clase o agrupamiento social importante o decisivo en la República. No podrá por ello evitar las presiones y las imposiciones. Está atrapado por los que lo llevan de bandera y lo imponen como candidato. Pero así como no podrá resistirse a las presiones, no podrá tampoco satisfacer los requerimientos de sus parciales o de los que, circunstancialmente, se han definido como parciales suyos”.

    ¿Y cómo concluiría una experiencia como la que Rey preveía? Dice: “La violenta luz del poder colocaría en un primer plano a todas sus marchas y contramarchas, llevando el descontento hasta los límites más extremos de partidarios y enemigos. Esto le está impuesto no por su propia naturaleza sino por la naturaleza del momento que encabeza y de las fuerzas sociales en las que asienta su partido y negocia su candidatura. Todo lo que de contradictorio hay en él y su postura, todo lo que de inexplicable tiene el prometer tanto a tan distintos y contradictorios sectores, se origina en la inestabilidad social de las clases medias urbanas y de los sectores burgueses industriales que lo siguen y a quienes expresa políticamente. El poder, como un negativo de fotografía, revelaría esto descarnada y cruelmente. Ello contribuiría también a su inevitable caída”.

    ¿No resulta impresionante constatar hoy, más de cincuenta años después, la extraordinaria “capacidad predictiva” del compañero Esteban Rey? ¿Acaso era vidente? Nada de eso. El pronóstico de lo que sobrevendría era consecuencia de un diagnóstico certero fundado principalmente en un análisis de clase, pero también en el perfil político e ideológico (y hasta caracterológico) de Frondizi. Para valorar en sus justos términos el acierto de Rey, puede considerarse que el grupo “Praxis” en el que militaba Altamira publicaba semanas antes del triunfo de Frondizi el folleto “La crisis del radicalismo”, de Marcos Kaplan, en el que se proniosticaba… ¡que Frondizi no ganaría las elecciones!”

    Frondizi: cómo aislar a la clase media de la clase obrera

    La primera parte del libro de Rey abunda en declaraciones de Frondizi durante los años del gobierno peronista: su oposición a la nacionalización del Banco Central, de los ferrocarriles, de los teléfonos. También se reproduce el apoyo de Frondizi a los golpistas del 16 de junio de 1955, su llamado a destruir a la CGT y su apoyo a la “Libertadora”, a la cual seguía reivindicando un año después en los siguientes términos: “la revolución está justificada históricamente porque se hizo para salvar la dignidad moral de la república; se hizo para restaurar la libertad que no existía ni para los partidarios del gobierno ni para los adversarios”.

    Leyendo a Rey, uno no entiende cómo hay quienes creen que Frondizi y el frondizismo se ubicaban en el campo nacional-popular. Ni siquiera puede entenderse el lugar “intermedio” entre el campo nacional-popular y el campo antinacional que les asigna Galasso.

    Rey, que no era un pensador ni un teórico, sino un periodista brillante e intuitivo, supera en penetración a Garetto y a Galasso. Tras reseñar el posicionamiento progresivamente “crítico” que iba adoptando Frondizi ante la “Libertadora”, escribe: “Es precisamente en este momento cuando la oposición de Frondizi juega su papel de freno al curso del proceso. A manera de un dique, contiene a las clases medias que tienden a alejarse y las mantiene dentro del campo de la ‘revolución libertadora’ o, lo que es lo mismo, dentro del plano político en el que la defensa de los intereses esenciales de la oligarquía y el imperialismo se aseguran”.

    Lo que acabamos de leer bien podría considerarse una lección de “dialéctica aplicada”: Frondizi es un producto de la clase media, pero en la medida en que actúa políticamente, adquiere la suficiente autonomía como para operar sobre la clase que representa y propiciar un determinado alienamiento político, en el caso, junto al bloque oligárquico-imperialista que combatió al peronismo.

    A mediados de los años 30, Frondizi había participado en los intentos frentepopulistas impulsados por el stalinismo y se había ubicado junto al imperialismo “democrático” contra las potencias fascistas que lo desafiaban. Había apoyado dentro de la UCR a Alvear, y no a FORJA. A partir de 1945 y hasta 1955, intentó ser un crítico “de izquierda” al gobierno de Perón.

    “Frondizi es el dirigente de la clase media urbana”, sentencia con razón Rey. Pero, ¿qué es esa clase media? Así la caracteriza Rey: “A la clase media urbana pertenecen el abogado de empresas imperialistas y el asesor jurídico de un sindicato; el médico dueño de un sanatorio y el recetante de un barrio pobre; el rentista y el inquilino; el actor de cine y el extra; el técnico cotizado y el capataz; el estudiante y el profesor; el fabricante medio y el importador mediano; todos la clase media, todos extendidos en estratos sociales difusos y enfrentados. No hay sector social en el que las diferencias sean tan marcadas y tengan tanta relevancia; importa allí el apellido, las amistades y relaciones; la diferencia cultural y de educación (cómo se maneja el tenedor, hasta qué grado se hizo, qué títulos hubo de alcanzarse, etc.)”.

    Esta heterogeneidad social de la clase media, conjuntamente con su papel subalterno en la sociedad capitalista, explica tanto su versatilidad política como los límites infranqueables de esa versatilidad. Frondizi, en tanto su representante político, habría actuado durante el peronismo con un propósito definido: impedir la confluencia de la clase media con el movimiento popular -el peronismo- que tenía a la clase obrera como su columna vertebral. De allí el papel objetivamente reaccionario de Frondizi (el de “dique” que frena la eventual confluencia de la clase media con la clase obrera), independientemente del contenido “progresista” de algunos de sus pronunciamientos.

    Pero tras el golpe de 1955 la situación cambia. Dice Rey: “El enfrentamiento con esta realidad, el descubrir que la caída de Perón no era el objetivo para la felicidad general y la libertad de todos, sino un propósito de ocultas revanchas económicas, sociales y políticas, polariza el descontento de casi toda la Nación. Los sectores sociales medios, empobrecidos, utilizados para encumbrar a sus propios enemigos, tienden a manifestarse en el plano de la oposición. Es entonces cuando el demoliberalismo, y Arturo Frondizi ahora ya en el papel principal, levanta las nuevas banderas de la defensa de lo nacional y lo popular. Pero esta vez, y por este medio, no para mantener a las clases medias en el plano de una oposición definitiva y hasta el derribamiento del régimen vigente, sino para que permanezcan sustentando a la estructura total aunque discrepando y oponiéndose al gobierno. Apoyar al régimen y sostenerlo discutiendo y combatiendo sus hombres y su política, es su conducta. Ahora no se trata de impedir que las clases medias lleguen al campo oficial, como cuando Perón, sino de lograr que no se aparten del oficialismo aunque se desplacen hacia la más extrema y radical de las oposiciones. Antes todo iba a arreglarse derribando a Perón; ahora todo se arreglará cuando se elija a Frondizi”.

    A partir de 1955 empieza a producirse lo que se conoce como “nacionalización de las clases medias”. Frondizi encarna el primer momento de ese proceso de nacionalización. Ante la progresiva ruptura de la clase media con la rosca oligárquico-imperialista que derribó al peronismo, Frondizi busca subordinar la clase media a la llamada burguesía nacional. Pero, ¿qué es exactamente la burguesía nacional?

    La traición de la burguesía nacional

    Gran parte de la discusión político-teórica dentro de la izquierda argentina se ha desarrollado en torno al papel que puede desempeñar la burguesía nacional en un proceso revolucionario. La ultraizquierda (Milcíades Peña, PO, etc.) acusó a la Izquierda Nacional de atribuir un papel progresista a la burguesía nacional. Se trata de una falsedad originada en el hecho de que la Izquierda Nacional, a diferencia de la ultraizquierda, rescató el papel progresista del peronismo histórico. Como el peronismo estaba conformado como un frente de clases en cuya dirección se ubicaba un líder bonapartista (Perón) que aplicaba un programa de capitalismo relativamente autocentrado, la ultraizquierda concluía que la caracterización que hacía la Izquierda Nacional del peronismo como progresista, lógicamente debería extenderse a la a la burguesía nacional.  Pero se trataba de un error. En realidad, justamente el hecho de que Perón, un hombre salido de las Fuerzas Armadas, hubiera tenido que hacerse cargo de las tareas a las que la burguesía nacional daba la espalda, estaba indicando que esta clase no podía en modo alguno conducir un proceso de desarrollo y emancipación nacional.

    Esteban Rey dedica largos párrafos de ambos libros mencionados a describir y caracterizar a la burguesía nacional.

    Distingue en primer término “un sector de burgueses industriales que tiene una larga tradición en la República. Dueños de ingenios azucareros y propietarios de bodegas lo constituyen de un modo preponderante”. Y los caracteriza políticamente: “La alianza de estos burgueses industriales con los terratenientes, los importadores de manufacturas, los exportadores de cereales y el imperialismo, resultó estable porque no hubo ni hay conflictos de iuntereses entre ellos (...). Este sector de la burguesía industrial nacional se mostró siempre irreductiblemente reaccionario y antinacional”.

    Luego distingue un segundo sector: “un sector de la burguesía nacional se halla vinculado por medio de contratos de asistencia técnica y por préstamos obtenidos en instituciones bancarias oficiales o privadas, al imperialismo”. Y la caracterización es la siguiente: “su aspiración más lejana es la de participar, como un socio menor, en la explotación imperialista de Sudamérica”.

    Por último, Rey menciona que “el grueso de la burguesía industrial argentina se integra con gentes recién llegadas a la riqueza. Desde pequeños talleres artesanales, desde comercios minoristas o, simplemente, desde un poco más allá de obreros calificados, arribaron a la propiedad de fábricas que crecían casi con cada mes al calor de un ávido mercado de consumo interno y de los generosos créditos del Banco Industrial”. ¿Acaso cabe cifrar expectativas políticas en este sector de la burguesía nacional? Responde Rey: “Oscilantes entre el país y el imperialismo, entre el pueblo y la oligarquía, resultan siempre, a la postre, definiéndose por el imperialismo contra el país y por la oligarquía contra el pueblo”.

    La conclusión de Rey es entonces clara y desmiente las acusaciones a supuestas expectativas en esta burguesía que según la ultraizquierda tendría o habría tenido la Izquierda Nacional. Refiriéndose al comportamiento de la burguesía nacional a partir de 1955, dice Rey: “la falta de conciencia nacional de la burguesía industrial argentina y su absoluta impotencia política tuvieron, durante todo el período de la dictadura contrarrevolucionaria, una completa confirmación”. El título del libro -”Frigerio y la traición de la burguesía industrial”- extiende la caracterización de la clase a quien aparecía como su representante político: “Frigerio no es un líder en el sentido nacional o popular, sino, simplemente, lo único que la burguesía industrial ha logrado producir en este país como líder”, y el programa por él elaborado coincidía a la perfección con el del propio Frondizi

    Los limites del pensamiento de Esteban Rey

    Las razones de fondo que explican el fracaso del frondizismo según Rey, pueden leerse en el siguiente párrafo: “Sin el proletariado industrial y la clase trabajadora, nada es posible. Con ellos, es posible todo. No se trata de proclamar que el proletariado y la clase trabajadora, solos, conseguirán la victoria. Pero hay que aceptar también que sólo con ellos y junto a ellos, mediante su fuerza, es posible alcanzarla”.

    Así como la ultraizquierda condena a la clase obrera a la impotencia política en nombre de un clasismo abstracto que le impide desarrollar una política hacia otros sectores oprimidos o en conflicto con el orden vigente, el frondizismo cree que el frente de clases puede conformarse con la burguesía nacional en la cúspide, la clase media apoyando desde abajo y el proletariado mirando desde afuera. Esta es la concepción desarrollista tendiente a “construir una burguesía nacional” para desarrollar un “modelo productivo”, a la que todavía hoy consideran “progresista” muchos kirchneristas. El error consiste en ignorar que la burguesía nacional no aspira a enfrentar al imperialismo, sino a acordar con él en calidad de socia menor. De ese modo, deserta de la lucha por la liberación nacional. Rey lo expresa así: “La burguesía industrial capituló. Prefirió continuar en un papel de segundo orden antes que correr el riesgo de un proceso que traería a las masas populares a un primer plano en la vida política argentina. Entre la capitulación incondicional y la revolucion nacional, eligieron el primer camino”.

    Sin embargo, Esteban Rey no saca todas las conclusiones que corresponde sacar del proceso que describe. Es esta la gran limitación de sus trabajos, y también lo que explica que en 1973, luego de presentarse como candidato a senador por el Frente de Izquierda Popular, abandonara el partido de la Izquierda Nacional militante para sumarse al justicialismo.

    Dice Rey: “La burguesía industrial, que había aprovechado de la política industrialista del gobierno de Perón, que había gozado de sus créditos y de la protección aduanera, que había sido la mimada en la distribución de la renta nacional y que había podido desarrollarse gracias a esta política del peronismo, pasó a integrar, en su inmensa mayoría, el frente contrarrevolucionario. Sus riquezas y sus vinculaciones, su poderío económico y sus influencias, fueron jugadas a la carta de la caída de Perón”.

    Se trata de una observación de extraordinaria importancia para el planteamiento de una estrategia revolucionaria.

    Aun con toda su progresividad histórica, el desenvolvimiento del programa peronista llevaba en su seno la semilla de su propia destrucción. Rey está afirmando que la dinámica misma del capitalismo autocentrado alimentaba el crecimiento de una clase social cuyos intereses, llegado un punto, habrían de volverse en contra del proceso mismo que los realizaba. Para decirlo metafóricamente: la derrota de 1955 estaba inscripta desde el comienzo en la victoria de 1945 y 1946. Pero si esto es así, desde el punto de vista de los intereses emancipatorios nacional-populares más generales no alcanza sólo con criticar a la ultraizquierda por desentenderse del frente de clases y al frondi-frigerismo por proponer un frente de clases conducido por la burguesía nacional y cuya columna vertebral sea la clase media. ¡Hay que extender la crítica al frente de clases conducido por Perón!

    Rey dice: “El proletariado industrial sindicalmente organizado es la llave maestra del necesario reagrupamiento que evitará la dispersión y que preparará las condiciones en las que la victoria popular y nacional ha de resultar inevitable”. Así dicho, es falso. Siendo una condición necesaria para el triunfo de las aspiraciones emancipatorias nacional-populares, la presencia de la clase obrera en el frente de clases no es la condición suficiente. Además de ser la “columna vertebral” de tal frente, la clase obrera debe constituirse en “cabeza conductora”. Esta conducción le imprimirá al frente de clases un rumbo socialista, es decir, no basado en el objetivo de construir una burguesía nacional que más tarde o más temprano capitulará ante el imperialismo, sino en el objetivo de erigir al Estado, centralizado y a la vez democratizado mediante formas de cogestión y autogestión, en el motor de la acumulación.

    No haber sacado esta conclusión tuvo trágicas consecuencias en los años setenta. Superada la ilusión frondizista de un frente de clases nacional y popular pero sin obreros y sin Perón, es decir, superado el “primer momento” del proceso de nacionalización de las clases medias, tuvo lugar el “segundo momento” de este proceso. En el plano estructural, por así decir, Rey lo explica del siguiente modo: “la alianza de clases debe reconocer que la única posibilidad de triunfo radica en que la gran convocatoria de esfuerzos nacionales se realice alrededor de la clase obrera, reconociendo su papel primordialísimo y su carácter de garantía de estabilidad y de perduración del curso revolucionario en todo el proceso”. En el plano político, esto significó la incorporación al peronismo de buena parte de esa clase media. Pero el peronismo, por su propia naturaleza, no podía asimilar una “alianza plebeya” entre la clase media y la clase obrera. Esta alianza sólo podría tener lugar en un frente de clases reconfigurado en términos de un programa socialista y una conducción obrera. Al no concretarse esta posibilidad, por la que la Izquierda Nacional batalló frente a la incomprensión de la izquierda cipaya y de la izquierda peronista, sobrevino la sangrienta contrarrevolución oligárquico-imperialista de 1976, cuyos efectos aún padecemos.

    • Correspondencia 
    • Artículo cargado el 18/02/2011 - 03:48

    Spilimbergo escribe sobre Esteban Rey

    La siguiente transcripción, corresponde a una carta del dirigente de la izquierda nacional, Jorge Enea Spilimbergo. En ella rescata a la figura de un dirigente de izquierda de amplia trayectoria en el norte argentino: Esteban Rey, nacido en Tucumán en 1915 y fallecido en San Salvador de Jujuy en el año 2003.

    Estaban Rey contrajo matrimonio con Irma Campero Bonnencaze, de la rama jujeña de la Familia Campero, descendiente de Fernando Campero Barragán. Este texto, con innúmerables citas de siglas y nombres de personas que, hoy, forman parte de la Historia Argentina de la segunda mitad del siglo XX, nos trae a la luz, a un personaje que vivió con pasión sus ideas, luchó por ellas y dejó su huella en el pensamiento de la izquierda nacional. A su modo, integró esa línea revolucionaria que estuvo presente en el devenir de esta familia.

    La carta dice así:

    “Estimado Compañero:

    Con retardo del que me excuso, le hago llegar estas notas sobre Esteban Rey. No es mucho lo que agregar al material que Vd. maneje, pero es lo que saco de mi memoria.

    Conocí a Rey por referencias periodísticas, no personalmente, en informaciones de los años ‘45 o ‘46 por su participación activa en movilizaciones obreras de Jujuy. El, de algún modo, las encabezaba. Mejor información puede rastrearse en la prensa nacional de la época. Rey era ya un joven abogado laboralista.

    El siguiente dato que registro se refiere a la Editorial “La Vanguardia” del Partido Socialista. Gran sorpresa que los socialistas amarillos, como los llamábamos, editaran a un revolucionario trotskista su libro “En Bolivia, la revolución recién comienza”.

    Seguramente Vd. lo tiene, así que no me explayo.

    Es recopilación de artículos publicados en “El Intransigente”, de Salta, propiedad de David Michel Torino, terrateniente azucarero, radical unionista.

    En el espíritu de la época, la insurrección de la pequeña burguesía “democrática” de La Paz que colgó al mayor Villarroel, equivalía a la “revolución de febrero” y abría el curso de un curioso “poder dual” entre el proletariado minero y la “rosca”, que es como decir, entre Lenin y Nicolás segundo. Tal interpretación explica lo de Michel Torino y “La Vanguardia”, pero entonces no podíamos saberlo. Recuérdese que el Partido Comunista había saludado el derrocamiento y asesinato de Villarroel, “el presidente colgado” del excelente estudio de Augusto Céspedes. Dato curioso, hacia 1951, cuando ya la cosa estaba clara a partir del artículo de Abelardo Ramos en la revista “Octubre”, “La revolución del dólar en Bolivia” (1946), Hugo Bressano, el teórico del trotskismo antiperonista, reivindicaba el golpe contra Villarroel (en polémica con los trotskistas seminacionales de “Voz Proletaria”, grupo Cuarta Internacional, actual POR,t), citando profusamente como prueba, el libro de E.Rey. Tengo un ejemplar mimeografiado.

    A Rey lo conocí personalmente cuando encabezó una pequeña escisión en el Partido Socialista, al cual estaba afiliado, denominada Movimiento Obrero Revolucionario (MOR), de fugaz trayectoria. Entonces viajó a Buenos Aires y reunió a un pequeño grupo de jóvenes (Carlos Lesca, Mabel Izcovich, Chiquita Constenla), provenientes del “maquis” estudiantil del ‘45, imbuidos de un romanticismo revolucionario antiperonista. Esteban Rey, entonces, era trotskista o trotskizante, y sobre él influían las tesis del Congreso minero de Pulacayo (Cob, Bolivia), que eran una traducción casi escolar de las tesis de la revolución Permanente de L.T. El inspirador de tal documento, que nos asombraba ya que parecía duplicar la revolución de Octubre, era sin duda Guillermo Lora. Dudo que uno solo minero boliviano haya bebido realmente de de ese manantial.

    Rey era entonces un hombre bastante joven, dotado de carisma y prestigio para nosotros, con mucha gracia, espontaneidad y simpatía. Yo no integré‚ su grupo, pues pertenecía a otra organización trotskista (Unión Obrera Revolucionaria), pero estuve en reuniones con él. Opinaba que “los trabajadores votarán por Perón en las próximas elecciones, como quien arroja una papeleta al pasar”. Esto ocurría en 1948. El MOR fue una moda minúscula. No cuajó.

    Al año siguiente, Esteban Rey tiene una activa participación como vocero, asesor e inspirador de la gran huelga de la FOTIA tucumana. Lo rodeaba un grupo de intelectuales del Noroeste, entre ellos los tucumanos Cuenya y Barbieri, y el jujeño Brizuela. Lázaro Barbieri sería posteriormente gobernador radical deTucumán.

    Si se revisa la prensa de la época se podrían leerdeclaraciones de la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera, FOTIA, durante la huelga donde, a la manera de Pulacayo, se planea muy alto, casi en clave del Octubre rojo, en pleno verbalismo revolucionario, a contrapelo del proceso real de la gran huelga. La sustancia del hecho de masas, no puede asegurarlo, es que el 17 de octubre llegaba al proletariado de los ingenios tucumanos ... cuando ya gobernaba Perón. Y éste recibió el cimbronazo.

    Entonces, Perón hizo lo que otras veces en aquella época: aplastó la huelga e, inmediatamente, concedió todas las demandas… o casi todas.

    En lo más áspero de la confrontación, el “tirano” denunció por radio (aún no gozábamos del privilegio de la TV) a los agitadores con nombre y apellido. Rey,
    Cuenya, Barbieri, Brizuela figuraban a la cabeza, en suma, los trotskos del NO. Pero nadie fue preso, que yo recuerde. Ver la prensa de la época, que abunda en información. Nosotros estábamos orgullosos (yo ingreso a la IN hacia 1951).

    El siguiente registro sobre Esteban Rey yo lo tengo al fundarse el Partido Socialista de la Revolución Nacional (1954). Rey y sus amigos ingresan desde el NOA. Ya hay una evolución significativa en sus posiciones.

    El Partido Socialista de la Revolución Nacional nace como una pequeña escisión encabezada por el viejo Enrique Dickman, que entrevista a Perón (­pecado nefando!) y es ipso facto expulsado del “viejo y glorioso”. Pero el general tenía la mano muy pesada, aplasta al “viejo y glorioso” Partido Socialista, reconoce a los micro-escindidos y, con cómplices maniobras judiciales de grueso calibre, les entrega personería, infraestructura y locales. Allí convergimos las más variadas pequeñas tendencias: la que luego se llamaría Izquierda Nacional (Abelardos Ramos, etc.), el superoportunismo de Nahuel Moreno (Hugo Bressano, el Partido Obrero Revolucionario de entonces, antiguo GOM, años después Partidio Socialista de los Trabajadores ), Rey y sus amigos.

    Para éste, como para el grupo Ramos, se trataba de encontrar una rendija en el centralismo del sistema peronista para abrir un camino socialista revolucionario como ala izquierda del movimiento nacional.

    Sobreviene entonces la caída de Perón. El viejo núcleo del Partido Socialista de la Revolución Nacional, procedente del socialismo tradicional, cuya ilusión era ser el “verdadero” Partido Socialista, se eclipsa. El entonces secretario general, Carlos Bravo (hijo del viejo Mario Bravo) navega entre figurón y conciliador,
    y entramos a tallar los “revolucionarios” adventicios, erigiéndose en protagónicos el “Colorado” y Esteban Rey. Son los últimos meses del 55 y principios del 56.

    Las perspectivas divergen y sobreviene una fuerte lucha fraccional entre nosotros. Disputábamos a brazo partido el control de “Lucha Obrera”, órgano del PSRN, del que Rey fue director, pero que manejábamos nosotros. “Lucha obrera” superó tirajes de 100.000 ejemplares. Fueron ocho números hasta su clausura. En sus columnas se reflejaba la pugna entre ambas posiciones, una y otra, creo hoy, erróneas.

    Por nuestra parte, opinábamos que, defendiendo al peronismo caído, había que “diferenciarse”. Un artículo de Saúl Hecker (Reula), joven militante trotskista, muy “mandado” y entonces próximo a nosotros (después viró hacia Esteban Rey), sintetiza lo peor de nuestra posición: “Ahora hay que construir el Partido Obrero”. Lo subrayado es una gorilada, “ahora” que la oligarquía derrocó a Perón, hay que fundar, etcétera.” León Rey, por su parte, viraba hacia la derecha, y planteaba una suerte de mimetización hacia el peronismo, convirtiendo al Partido Socialista Revolucionario Nacional, en una suerte del “peronismo legal”. La variante oportunista era menos mala, pero contenía concesiones inadmisibles propias
    de un cierto agitacionismo romántico, que era consustancial a Rey. Toda la lucha interna conducía a nuestra expulsión del PSRN. Quedarse miméticamente con el peronismo en el llano y clandestino era una tentación lo suficientemente fuerte como para anular todo espíritu de negociación y pluralidad.

    “Felizmente” para nosotros, el PSRN fue disuelto de un tajo juntamente con el PJ, creo que en el otoño del 56, y la lucha interna terminó.

    Por lo que creo recordar, las relaciones con Esteban Rey quedaron suspendidas pero no rotas. a tal punto que cuando Ramos lanza la primera parte de una colección de folletos que le edita Peña Lillo hacia el año 1959, Rey es uno de los autores con su trabajo “¿Es Frondizi un nuevo Perón?”, que Vd. debe tener. Obviamente, Frondizi no es un nuevo Perón. Sin duda, Rey forma parte del movimiento nacional, con convicciones firmes.

    No sé si salteo etapas intermedias, pero llego a la campaña electoral del Frente de Izquierda Popular para las elecciones de marzo de 1973. Rey, junto a Silvio Frondizi, es candidato extrapartidario en nuestras listas. Nosotros habíamos sobrestimado por total inexperiencia nuestras posibilidades electorales, engañados por el enorme éxito de nuestra leal campaña de afiliación. El tema merecería otros desarrollos, pero no aquí. A diferencia de nosotros, Rey captó lo falso de nuestra posición, y propuso que retiráramos nuestras listas y votáramos sin más, independientemente, al FREJULI. A mi modo de ver, era una posición correcta, lo correcto. Pero cuando se está embalado, uno se vuelve sordo. No le hicimos caso, y así nos fue.

    Según mis recuerdos, este fue el último contacto orgánico que tuvimos con Esteban Rey. Sé que, posteriormente, él se comprometió más directamente, y en segunda o tercera línea, con el aparato y/o el gobierno justicialista. Pero ya le había perdido el rastro.

    La Argentina de estas últimas décadas ha sido un país inhóspito. Rey no fue, creo, un cuadro “profundo”, pero fue un agitador viviente, de firme compromiso con el campo nacional, que pudo haber tallado en otras circunstancias históricas más favorables. Para mí, es un pedazo de nuestras vidas y de nuestras esperanzas.

    Esas esperanzas que sólo terminan con el cierre del ciclo vital que a cada uno nos aguarda. No antes. “

    JORGE ENEA SPILIMBERGO

    Nota : La voz de Esteban Rey, no se acalló. Vivió los últimos años de su vida humildemente en San Salvador de Jujuy. Hoy su memoria comienza a ser rescatada. Personalmente, me interesó leer su biografía, insertada en el libro “Los Malditos, los excluídos en la Historia Argentina” de Norberto Galasso, en el cúal se despliega la historia social del noroeste argentino y las luchas del movimiento obrero azucarero. De esta historia fué parte Esteban Rey.

    Su memoria continúa en parientes muy queridos… los Rey Campero de Jujuy

    • Cultura 
    • Artículo cargado el 18/02/2011 - 03:27

    Sarmiento y sarmientistas

    Honorio Alberto DíazSocialismo Latinoamericano

    Etiquetas/Temas: sarmiento, imperialismo,

    En los últimos meses un libro del periodista Andrés Oppenheimer viene recibiendo el beneplácito de los medios. El autor recorre programas televisivos sosteniendo que el progreso de los países se debe al desarrollo de la educación. A esta prédica, realizada desde posturas francamente reaccionarias, se suman ahora otras voces de la exaltación pedagógica. Por ejemplo el diario Clarín ha cedido una página para que Alberto Luis Romero pueda repetir las ideas de su padre sobre un inalterable progresismo de Sarmiento, con motivo del segundo centenario de su nacimiento el 14 de febrero de 2011. La celebración es también acompañada desde la página digital de Izquierda Socialista con un artículo de Tito Mainer. Como puede apreciarse el espectro sarmientista es muy amplio y cubre desde la extrema derecha a la ultraizquierda dejando espacio para el centrismo.

    Algunas de las aseveraciones de Mainer serán objeto de los siguientes comentarios:

    • “Estadista burgués honesto y consecuente”

    El pensamiento de Sarmiento careció de una orientación direccional estable. Su juvenil adhesión al romanticismo de la generación del 37 la realizó sin desprenderse totalmente del iluminismo todavía presente. Un claro ejemplo de esa mixtura es el famoso libro Facundo. Posteriormente tampoco avanzó hacia un romanticismo integral sino que lo mechó con posturas positivistas. En este último terreno prefirió la influencia de E. Spencer para adoptar un fuerte posicionamiento racista en Conflicto y armonías de las razas en América. A esta discontinuidad filosófica adicionó sus alteraciones políticas. Pasó de su inicial unitarismo al apoyo del federalismo de Urquiza, para entregarse después abiertamente al mitrismo. También abandonó su originaria admiración por Francia por su idealización de los Estados Unidos, para finalmente desembocar en una amplia anglofilia. Propició con entusiasmo la inmigración europea y después renegó de ella como puede apreciarse en Condición del extranjero en América. Nunca fue un pensador sistemático sino un impulsivo errante, más apasionado que reflexivo. Carente de ataduras políticas desde 1875, se convirtió en un franco tirador impredecible.

    • “A su turno se enfrentó con B. Mitre y con J. A. Roca”

    Sarmiento apoyó plenamente a Mitre en la etapa de secesión bonaerense y durante toda su presidencia. Esto le permitió satisfacer sus afames represores, especialmente contra las resistencias provincianas y la autonomía paraguaya. Para dar ejemplos salientes recuérdese su odio a Chacho Peñaloza (apludió el asesinato precisamente por su forma horrorosa) y a Francisco Solano López (proclamaba que los paraguayos y su jefe eran étnicamente inferiores). Durante la presidencia de Roca ocupó diversos cargos públicos lo que le permitió cobrar cinco sueldos simultáneamente.

    • “Fue el más preclaro estadista”

    Uno de los principales elementos constitutivos de un estado es su territorio. El sanjuanino sostuvo en Facundo que el mal argentino era su vasta extensión territorial. En Chile, apoyando a la oligarquía gobernante propició la ocupación del estrecho de Magallanes y el avance sobre la Patagonia (“Magallanes pertenece a Chile y quizás toda la Patagonia”). También consideró que la presencia británica en las Islas Malvinas era un signo de progreso civilizatorio. Posteriormente, festejó el desprendimiento de Buenos Aires de la Confederación. Nunca apoyó a las figuras continentales integracionistas y despreció a caudillos como Artigas. Propició la pequeña propiedad agraria y la educación, pero en su presidencia nada hizo por lo primero y muy poco por lo segundo.

    • “Formación de ciudadanos acostumbrados a decidir y votar democráticamente”

    Siempre Sarmiento se mostró enemigo del voto popular (“El ejercicio de la soberanía traería como consecuencia la elevación de un caudillo, que representa en todos sus instintos la mayoría numérica en despecho de la minoría ilustrada”). En su carta a Domingo de Oro del 17-6-57 se vanagloriaba del fraudulento triunfo electoral del 29-3-57 conseguido por el ejercicio del terror sobre los opositores. (“Los gauchos que se resistieron a votar por los candidatos del gobierno fueran encarcelados, puestos en el cepo, enviados al ejército para que sirviesen en la frontera con los indios y muchos de ellos perdieron el rancho, sus escasos bienes y la mujer”). Jamás se preocupó por el desarrollo de las prácticas democráticas.

    • “Tenía por intención civilizar a los gauchos y marginales y nacionalizar a los inmigrantes”

    Soñaba Sarmiento con una organización nacional sin injerencia de indios, negros y mestizos. Poseía una concepción racista de la civilización donde las etnias blancas sin mezcla poseyeran una superioridad determinante. Por eso aconsejó a Mitre no ahorrar sangre de gauchos, elogió las campañas de eliminación de los indígenas y pensó que la descendencia con negros venía a empeorar aún más la conformación étnica. Estaba convencido que el progreso de Estados Unidos se basaba en la ausencia de una descendencia entre conquistadores y mujeres autóctonas. Debido a ello si en Facundo era optimista (en definitiva la civilización se impondrá sobre la barbarie), en Conflicto y armonías de las razas en América fue pesimista (nunca se superará el déficit racial derivado del mestizaje). Desilusionado del proceso inmigratorio, en la vejez perdió todo interés en que los extranjeros se nacionalicen.

    Se podría continuar con estas cuestiones. Pero, para no abrumar al lector, corresponde ahora señalar otros aspectos del artículo de Tito Mainer. Llama la atención el alejamiento de las orientaciones que sobre el particular estableciera Milcíades Peña. El rescate por izquierda de las figuras de Alberdi y de Sarmiento que este historiador influyente de la ultraizquierda realizara oportunamente, fue hecho con variados reparos que no aparecen en el apologético texto glosado. Al respecto corresponde las siguientes afirmaciones:

    → la guerra contra el Paraguay que apoyó Sarmiento configuró una Triple Infamia;

    → en su lucha contra la barbarie se ligó con la oligarquía porteña que carecía de propósitos verdaderamente civilizatorios;

    → fue un liberal burgués en la época del imperialismo cuando el capitalismo ya había perdido todo contenido progresivo;

    → en su presidencia Sarmiento logró elevarse por sobre los intereses de las fracciones oligárquicas pero no alcanzó a romper con la oligarquía en su conjunto;

    → le faltó la clase social que lo apoyara en la construcción de un capitalismo autónomo.

    • Mundo Árabe 
    • Artículo cargado el 16/02/2011 - 12:06
    A PARTIR DEL AUMENTO DE LAS LUCHAS OBRERAS

    La revolución egipcia entra en una nueva fase

    Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

    Etiquetas/Temas: imperialismo, egipto,

    Finalmente las Fuerzas Armadas decidieron echar a Hosni Murabak y asumir directamente el gobierno. En sus últimos días al anciano dictador sólo le quedaba el respaldo de Israel y de la monarquía saudita. El rey Abdullah recriminó a Washington por su decisión de abandonar a su viejo aliado y le advirtió que de ser necesario estaba dispuesto a apuntalar financieramente al régimen egipcio para que asegurara la transición. En cuanto al gobierno de Tel Aviv, la permanencia en el poder de su viejo socio o del vicepresidente Suleimán, era la mejor garantía de continuidad para la política egipcia de complicidad plena con los crímenes de la pandilla sionista en Medio Oriente. Sin embargo, el balance del poder había cambiado dramáticamente y no había vuelta atrás. Por lo demás, Estados Unidos intervenía activamente para que los cambios inevitables de la situación no escaparan totalmente a su influencia.

    Forzosamente la solución (transitoria) a la crisis tenía que provenir del propio régimen. La movilización popular había alcanzado una amplitud y una intensidad extraordinarias, suficiente para derribar al gobierno, pero los sublevados carecían de la organización y del programa necesarios, de modo de poner fin al viejo orden autocrático. Bajo tales condiciones los altos mandos se hicieron cargo de la situación: desplazaron al dictador, disolvieron el Congreso, suspendieron la Constitución y establecieron su dictadura. Un golpe de Estado, que no será reconocido como tal en el Occidente “democrático”, en tanto los nuevos gobernantes respeten los acuerdos con Israel y no impongan mayores rectificaciones a los programas neoliberales dictados por el FMI y el Banco Mundial; programas que sumergieron en el más brutal desamparo y explotación a las masas trabajadoras.

    ¿Qué puede esperarse de los jerarcas de uniforme? Los cuadros superiores de las Fuerzas Armadas han estado firmemente integrados al régimen de Murabak y en dependencia directa respecto de sus colegas del Pentágono. Recientemente un cable dirigido al Departamento de Estado desde la embajada de Estados Unidos en El Cairo, reveló que muchos de los jefes militares son dueños de compañías dedicadas a los negocios en rubros tales como cemento, agua corriente, aceite de oliva, construcción, hotelería e industrias gasolineras. Esta capa privilegiada es asimismo propietaria de importantes extensiones de tierras en el delta del Nilo y en la costa del Mar Rojo. Razones más que suficientes para asegurar que el status quo no sea alterado sustancialmente.

    Estos son rasgos salientes de los integrantes del régimen militar que administrará la transición hasta el desemboque electoral. En consecuencia, ¿la revolución llegó  su término? Para una parte de la pequeña burguesía y de la burguesía, para gente como El Baradei, el ex director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, quién recientemente explicó que el período de Nasser, al igual que los de Sadat y de Murabak, fueron épocas de pobreza, temor y represión, puede que sí. En todo caso, lo que les queda por hacer a esta gente es vigilar que el proceso preelectoral se desarrolle bajo normas democráticas. Pero para las masas, fuerza motriz del movimiento, la revolución no concluyó con la caída de Murabak y la convocatoria a elecciones.

    Las luchas democráticas han puesto en movimiento a la clase obrera y a las grandes masas oprimidas con el propósito de imponer una serie de reivindicaciones, desconocidas y reprimidas por el régimen imperante. La prensa internacional puso siempre en foco el movimiento de los jóvenes, y trabajó insistentemente sobre el imaginario colectivo para instalar en el papel de líderes del movimiento a figuras como El Baradei o Wael Ghonim, ejecutivo de Google, transmutado repentinamente en “héroe popular” por los medios. Invariablemente la oleada de huelgas y movilizaciones obreras apenas si eran difusamente nombradas en los despachos periodísticos. Sin embargo, hoy en día operaciones simbólicas de este tipo son imposibles. Luego del desalojo de la plaza Tharir las marchas, ocupaciones de empresas y paros han pasado a ocupar el lugar central en las noticias. A tal punto han avanzado los acontecimientos que el lunes 14, un representante de la Junta Militar, advirtió que no se tolerarán nuevas protestas e instó a los trabajadores a poner fin a las manifestaciones. “Los nobles egipcios ven que estas huelgas, en este momento delicado, llevan a resultados negativos”, fue el insólito comentario del vocero. Por entonces en El Cairo circulaban insistentes versiones acerca de una decisión militar suspendiendo el derecho de huelga y de reunión, hasta la realización de las elecciones. Tanto los altos mandos como la burguesía egipcia quieren poner límites estrictos a los reclamos democráticos, y sienten un indisimulable temor ante el movimiento de masas que se extiende a lo largo y lo ancho de la nación. Ese mismo día que Junta Militar advertía a los trabajadores, el enviado de Clarín reconoció la verdadera raíz de los acontecimientos que precipitaron la caída del dictador: “El derrocamiento de Murabak se produjo cuando fue claro que además de la protesta civil en las calles, habían surgido huelgas en todo el país que acompañaban la rebelión y ponían en riesgo la economía. Ese escalamiento convenció a los aliados del hombre fuerte, en especial el establishment local, a retirarle su apoyo y sobrevino el golpe”.

    Desde fines de 2006 y nuevamente en 2007 las luchas de la clase obrera llevadas adelante en el importante conglomerado textil de la ciudad de Mahalla, intensificaron y elevaron a un nuevo nivel el ciclo de huelgas del conjunto de los trabajadores que se remonta a 2004, y que ha pasado a constituir un factor político decisivo de la presente situación egipcia. Algo similar había ocurrido antes en Túnez, donde los cuadros sindicales ocuparon las primeras líneas del movimiento, en muchos casos a partir de las federaciones de la Unión General de Trabajadores, opuestas a la dirección central comprometida con el gobierno de Ben Alí. 

    En Egipto las protestas obreras ante salarios y condiciones de trabajo de superexplotación han constituido el eje de un movimiento de notoria combatividad y decisión. Pero no sólo de paros y marchas se valieron los trabajadores en pie de lucha. El 10 de febrero la agencia oficial Ahram Online informó que los trabajadores de la Compañía del Canal de Suez en Port Said, Ismailia y Suez ocuparon por tiempo indefinido las instalaciones, poniendo en riesgo, de continuar con la medida, el movimiento de navíos. En otros casos la información destacó la decisión de los obreros y empleados de expulsar a los gerentes patronales y poner a funcionar la empresa bajo un régimen de autogestión.

    En medio de los acontecimientos extraordinarios que animaron el alza de masas se abrió paso una tendencia de clase más profunda. En esos días, en que la suerte del movimiento estaba en juego, la agencia oficial informó que el vicepresidente de la progubernamental Federación Egipcia había sido detenido por los trabajadores que le exigían su renuncia. Asimismo una manifestación frente a la sede de la Federación convocó a los obreros para reclamar el procesamiento de su titular acusado de corrupción.[1]

    La lucha obrera se había extendido y profundizado, fijando nuevos y más ambiciones objetivos. El 30 de enero delegados sindicales en representación de trabajadores textiles y del vestido, de la metalurgia, industrias farmacéuticas y químicas, y empleados públicos; de la siderurgia y las terminales automotrices; de importantes centros fabriles y de los sindicatos independientes de los trabajadores de la salud, inspectores de impuestos y unión de jubilados, anunciaron la creación de una Federación Egipcia para Sindicatos Independientes. Entre los fundamentos de la resolución figuraba el siguiente párrafo: “… los obreros y empleados egipcios rechazan absolutamente que la federación general ‘gubernamental’ los representen y hable en su nombre, porque ella negó a menudo sus derechos y revindicaciones, y hasta publicó la declaración famosa del 27 de enero en la cual se oponía a toda acción de protesta en este período”. En una de sus demandas más significativas la nueva organización exigió: “El derecho de los obreros y los empleados de organizarse, de crear sus propias reglas de funcionamiento; la retirada de todas las restricciones a este derecho”.[2] La iniciativa tuvo por antecedente la creación de la Liga de Trabajadores Textiles, surgida al calor del valiente combate de los trabajadores de Marhalla.

    Las demandas de autonomía y democracia apuntan directamente a quebrar el régimen de estatización sindical, mediante el cual los círculos dominantes han sometido al movimiento obrero a un férreo control a través de una burocracia corrompida y sometida a los dictados el poder. Sin duda esas demandas forman parte del movimiento de reivindicaciones democráticas que conmueve al país, pero a diferencia del democratismo de la clase media, incorpora un componente de clase que profundiza esas reinvidicaciones, elevándolas a una nueva dimensión. El hecho de que los trabajadores libren una lucha por organizarse independiente y democráticamente constituye antes que un hecho sindical, un hecho político de extraordinaria importancia para la suerte de la revolución.

    Desde esta perspectiva las próximas elecciones y el advenimiento de un gobierno constitucional constituyen un acontecimiento de carácter episódico. Ninguno de los partidos que pretende representar la protesta popular está a la altura de los acontecimientos: ni los liberales que sueñan con una democracia capitalista similar a la que impera en los países de Occidente, ni tampoco la Hermandad Mulsumana, cuyos dirigentes son cultores de la economía de mercado y socios de la burguesía compradora subordinada al imperialismo.

    En estas horas el centro de gravedad de los acontecimientos se ha desplazado hacia la izquierda. Para los trabajadores la conquista de una posición sindical y política autónoma, y el fortalecimiento y la democratización de sus organizaciones constituye la piedra angular de la unidad de clase. Para la revolución este giro significa el punto de partida para la construcción de una voluntad colectiva emergente desde lo más profundo del conjunto de las grandes masas explotadas.

    Notas:
    1. Mario Hernández. “La caída de Murabak y el papel de los trabajadores”. Rebelión, 13-02-2011
    2. Periódico del Parti Ouvrier Indépendant, febrero 2011
    • Mundo Árabe 
    • Artículo cargado el 09/02/2011 - 21:27

    Revueltas populares en Egipto y Túnez: ¿renacimiento de la conciencia nacional árabe?

    Gustavo O. Lahoudtwitter @golahoudSocialismo Latinoamericano

    Enero de 2011 será recordado, posiblemente, como la fecha simbólica del comienzo del despertar del mundo árabe que, para sorpresa de analistas y observadores, salió masivamente a las calles para repudiar a los gobiernos de Túnez y Egipto, desatando, con ello, una fuerte reacción de solidaridad que ha alcanzado a toda la región del Magreb africano, con fuertes implicancias políticas, económicas y sociales que amenazan con extenderse a toda la región de Medio Oriente.

    Pero la caída en pocos días del gobierno tunecino de Ben Ali y la dramática situación en Egipto, con miles y miles de jóvenes y trabajadores exigiendo en las calles la renuncia de Hosni Mubarak y todo su gobierno, como las reacciones en cadena en la región, tienen un trasfondo en común: la creciente percepción popular de ilegitimidad política de estos regímenes que se han consolidado durante las últimas décadas al compás del juego geoestratégico de las grandes potencias occidentales en la región magrebí y del Medio Oriente.

    En efecto, una de las grandes razones de la impopularidad de los gobiernos árabes y, particularmente, del gobierno egipcio, ha sido su consecuente funcionalidad a los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos e Israel, que se identifican básicamente con el control del acceso a las fuentes de petróleo y gas y con la creciente influencia político-diplomática y militar sobre los regímenes árabes en pos de consolidar los intereses territoriales y económicos de la élite anglosajona-israelí.

    Por otro lado, la contracara casi perfecta de este gran juego de simulación y la raíz misma de las políticas de doble standard con las que se analizan los sucesos políticos, económicos y sociales en la región, fue la consolidación de autocracias con fuertes estructuras de control policíaco-militares que, como en el caso de Egipto, servían tanto para asegurar los privilegios de los sectores dominantes- entre ellos, las fuerzas armadas y los grupos empresarios asociados a las principales familias del país- como para obturar los canales de participación y movilización de amplios sectores de la población que no eran representados por la estructura partidocrática existente que, durante casi tres décadas, armó una fachada de juego democrático de la que surgían siempre los mismos ganadores, el Partido Nacional Democrático de Mubarak y sus satélites. Fue justamente en reacción a estos manejos profundamente autoritarios y excluyentes, que una parte importante de la sociedad civil egipcia comenzó a organizarse en movimientos de reivindicación democrático-populares, uno de cuyos ejemplos más recientes ha sido el progresista movimiento Kefaya, nacido en 2005.

    Otro de los aspectos relevantes de la actual situación de crisis política y social que permite descubrir la hipocresía del doble juego de los factores de poder internos y externos en toda la región, es la amenaza siempre latente de los denominados grupos islamistas radicales que, según la argumentación del bloque israelí-anglosajón, constituyen una fuerza centrífuga y antisistémica que pone en riesgo la estabilidad institucional en los países árabes y que debe ser combatida para evitar que su ideología y modos de acción ganen influencia en toda la sociedad y, fundamentalmente, en los jóvenes y en los sectores económicos oprimidos. Valga decir que es el viejo y remanido argumento que, luego del 11 de septiembre de 2001, se convirtió en el anatema que sirvió para obstaculizar cualquier intento de apertura política y de democratización social y económica en buena parte del mundo árabe. Tal es el caso de los Hermanos Musulmanes, que es la agrupación más importante de la oposición política en Egipto y que ha sido perseguida constantemente por el régimen de Mubarak, que ha encarcelado y torturado a cientos de sus militantes, bajo el pretexto de representar una grave amenaza por su programa político religioso de carácter integrista.

    De hecho, en buena parte de los países árabes- sean repúblicas o emiratos monárquicos- la presencia de grupos políticos que reivindican su filiación religiosa musulmana como constitutiva de su identidad social , no significa stricto sensu que sean ineludiblemente extremistas. Es más, suele haber diferencias importantes y alas más o menos moderadas aún dentro de las agrupaciones, si se trata de analizar la cuestión desde el ángulo de los vínculos entre religión y política. Por cierto, no deja de ser llamativo que el ex Presidente de Túnez Ben Ali- quien se arrogaba un pensamiento laicista, moderno y tolerante en materia religiosa- se haya refugiado en Arabia Saudita- centro neurálgico de las visiones islámicas más conservadoras y aliado estratégico de Estados Unidos- luego de su huida tras la caída del gobierno el pasado mes de enero de 2011. Este tipo de “lealtades intraelitistas” entre protagonistas de la escena política del mundo árabe que aparecen como enfrentados ideológicamente, suelen ser distorsionadas o directamente ignoradas, ya que permiten correr el velo sobre las complicidades existentes entre todas las jerarquías gobernantes en los países de la región, lleven la fachada de una república democrática o de un emirato hereditario.

    Por otra parte, si observamos el conflicto en Túnez y Egipto desde la doble dimensión económica y social, podremos ver otro de los efectos devastadores de las visiones cortoplacistas e interesadas que han sido persistentemente ignorados por los gobiernos de turno y los aliados estratégicos occidentales, acompañados en ello por los centros de estudios especializados en la problemática árabe y los grandes medios de comunicación, que se encargan de informarnos y formarnos con la muy vendible imagen demonizada y maniquea de las sociedades árabes. Concretamente, desde 2008 aproximadamente, comenzaron a estallar reclamos y manifestaciones por la constante alza de precios de los alimentos de primera necesidad, en medio de una ola especulativa creciente en los mercados de materias primas de todo el mundo liderada por las hipertrofiadas y desreguladas finanzas mundiales, situación que impactó fuertemente en toda la región magrebí y en los países árabes del Mediterráneo. En tal sentido, el actual Director de la Organización Mundial para la Alimentación de las Naciones Unidas y ex Presidente de Senegal- Jacques Diouf- alertó repetidamente sobe la inacción de los gobiernos centrales, al tiempo que se denunciaba la continuidad de la práctica de subsidios e incentivos a la producción alimentaria por parte de los países europeos y los Estados Unidos, con el consecuente perjuicio para muchas de las economías subdesarrolladas, altamente dependientes de la exportación de sus productos agrícolas. De hecho, Egipto y otros países del Magreb han sido protagonistas en los últimos dos años de episodios de protestas vinculados a la problemática de la seguridad alimentaria de sus poblaciones, lo cual agravó los estructurales desfasajes de economías profundamente desiguales, concentradas y dependientes de la explotación intensiva de recursos naturales no renovables- hidrocarburos esencialmente- y de la especulación financiera e inmobiliaria a gran escala- de cuya dinámica pueden dar cuenta los emiratos del petróleo y del gas de la península arábiga, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Oman, Dubai, Bahrein, Arabia Saudita.

    No es un dato menor que, en los últimos años, en muchos de los países de la frenja territorial magrebí-mediterránea, las mismas administraciones comenzaran a dar cuenta de la necesidad de poner en marcha planes masivos de asistencia social, subsidios al transporte, a los alimentos y a la energía, amén de programas para paliar la problemática del desempleo y la alta incidencia de la informalidad económica y del trabajo precario. Concretamente, Egipto- el país más densamente poblado del mundo árabe musulmán- es uno de los más afectados por la profundización de la brecha de la desigualdad socioeconómica y por la explotación laboral a gran escala a manos de una elite plutocrática y especulativa.

    Finalmente, hay otro aspecto saliente de la actual crisis política que envuelve al mundo árabe y que se ha expresado en una participación masiva de miles de jóvenes no sólo en Egipto sino en Túnez y en otros países. De hecho, son fundamentalmente los jóvenes- que constituyen una parte importante de la población hoy movilizada en Egipto- quienes enarbolan los reclamos por un cambio estructural en el régimen político, que permita terminar con el control absoluto de la autocracia gobernante. En una sociedad con una pirámide poblacional dominada por jóvenes de menos de 30 años, castigada por la profundización de la desigualdad, la pobreza y la falta de oportunidades, las razones para la rebelión están a la vista, aunque se verá en el futuro reciente si el espontaneísmo popular de las masas irrumpiendo en la escena pública y comunicándose por Facebook y Twiter, puede dar paso a una auténtica organización popular de resistencia que sea capaz de instaurar una alternativa nacional de desarrollo, no sólo en Egipto, sino en el resto de los países árabes.

    • Artículo cargado el 09/02/2011 - 21:22

    “Pasado y presente”: lo scopo mancato

    Roberto A. Ferrero

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    En los primeros años Sesenta, gran cantidad de dirigentes y pensadores jóvenes del socialismo, de la izquierda frondizista y del Partido Comunista rompían con sus organizaciones, hastiados del rutinarismo, el sectarismo o el oportunismo de sus respectivos partidos. Buscaban reinterpretar la realidad histórica mediante la recategorización y nacionalización del marxismo alienado y mecanicista que se les había inculcado.

    De manera que, cuando en 1963/64, alrededor de la figura de José “Pancho” Aricó y su revista “Pasado y Presente” en Córdoba y de Juan Carlos Portantiero y la revista “Táctica” en Buenos Aires (más bien maoísta en un principio), una importante fracción de las huestes juveniles del comunismo se apartó del paradigma esterilizante del codovillismo, reivindicando las ideas de Antonio Gramsci, se desarrolló en la izquierda del campo nacional la razonable expectativa de que esa juventud iconoclasta se orientara a posiciones de una nueva visión del marxismo y el leninismo. Sobre todo cuando el propio Aricó declaraba en el Editorial del primer número de la revista cordobesa que era necesario indagar las trabas que habían impedido que el marxismo arraigara en la clase obrera argentina, “partiendo del criterio de que esas trabas no provenían exclusivamente de la clase o del país, sino también del propio instrumento cognoscitivo, o mejor dicho, de la concepción que de él se tenía y de cómo se entendía la tarea de utilizarlo como esquema apto para la plena comprensión de la realidad nacional”.[1] Meses más tarde, en el n° l de Táctica, Portantiero planteaba pertinentemente que “el rasgo fundamental de la autocrítica marxista-leninista obliga a colocar el eje del examen en la contradicción entre postulación y realidad en la estimación de las propias fallas internas”.[2] Más adelante agregaba que el destacamento de vanguardia del proletariado “debía realizar un análisis correcto, histórico, de la estructura económicosocial de un país, de las correlaciones entre las clases y de las contradicciones fundamentales y derivadas que emergen de la sociedad nacional”.[3] Renegaba del voto comunista a la Unión Democrática en 1946 y mostraba una gran comprensión —lejos de los torpes insultos “antifascistas” típicos del codovillismo gorila— del rol del Ejército en 1945 y del significado del 17 de Octubre. En diciembre de 1965, en su artículo “Socialismo y Nación”, en la Revista Nueva Política, insistía sobre el objetivo del grupo: “De lo que se trata […] es de ser capaces de asumir, de raíz, la crítica de la sociedad argentina en su pasado (lejano o inmediato) y en su presente, pero asumirla desde el interior de la historia del pueblo-nación”.[4] Quedaba así cuestionado el paradigma interpretativo del stalinismo tradicional y del marxismo que el mismo utilizaba, que Aricó y sus amigos deseaban superar apelando al pensamiento y las categorías desarrolladas por Antonio Gramsci, conceptos éstos que bien manejados eran curiosamente aptos para dar mejor cuenta de la realidad de la sociedad argentina. Categorías tales como “Hegemonía”, “Voluntad Nacional-popular”, “Cesarismo” (o bonapartismo), “Bloque Histórico”, “Revolución Pasiva” (o desde arriba), “Rivoluzione mancata” aparecían, como dijimos antes, como posibilidades fructíferas para una nueva visión ideológica y política.

    No eran en esto originales, los nuevos gramscianos, ya que en 1951 Héctor P. Agosti, el mayor intelectual del Partido Comunista, en su libro Echeverría, había tratado de dar una interpretación de un tramo de la historia argentina y especialmente de la Revolución de Mayo aplicando la categoría gramsciana de la “rivoluzione mancata”, vale decir: una revolución fallida, un proceso que no pudo ser completado por la incapacidad de la burguesía jacobina para movilizar a las masas de campesinos. El intento de Agosti fracasó, porque en nuestro país no existían “masas campesinas” más que en la imaginación febril del doctrinario, ya que lo que había eran gauchos e indios, una civilización ecuestre y no de cultivadores siervos de la gleba, y porque además Rivadavia (visto por Agosti como promotor de la “reforma agraria”) no era ni de lejos un jacobino: era, sencillamente, un político conservador e ilustrado, al estilo borbónico y nada más. Así que lo que resultó “mancato” fue el ensayo de Agosti, pero al menos debe reconocérsele que hizo la tentativa.

    En cambio los jóvenes gramscianos de los Sesenta, después de un promisorio arranque, ni siquiera intentaron aplicar las nuevas categorías que estudiaban para entender la historia y la sociedad argentina superando el esfuerzo del maestro. Cuando insurgieron en el panorama intelectual de la izquierda, la revista “Izquierda Nacional”, por la pluma de Ricardo Videla, saludó como muy promisoria su aparición, citando conceptos de Aricó y de Portantiero, y Alfredo Terzaga sostuvo varias charlas con el joven Aricó tratando de orientarlo por el buen camino. No lo consiguió. Los gramscianos argentinos se internaron cada vez más en la pura especulación filosófica y estética, por lo que Terzaga decía gráficamente que los disidentes habían pasado directamente “de los sótanos de la Lubianka a los perfumes de Coty”. Se convirtieron en grandes estudiosos y conocedores del marxismo y especialmente de su versión ítalo-gramsciana. Portantiero publicó su gran libro Los usos de Gramsci, Oscar del Barco el no menos notable El otro Marx y Aricó su mejor trabajo: Marx y América Latina, terminando por ser editor de clásicos olvidados del marxismo europeo y comentador erudito y gran conocedor de la obra de Marx y de Gramsci, un gran marxólogo. Pero al parecer, por estudiar tanto el “instrumento cognoscitivo”, no tuvieron tiempo de aplicarlo a la realidad nacional y latinoamericana. El libro más importante de Aricó —Marx y América Latina— no es una descripción ni una interpretación de la estructura social-económica y cultural de Hispanoamérica desde el punto de vista del marxismo, como podría creerse, sino una indagación de la relación entre el fundador del socialismo científico y nuestro continente, una búsqueda encarnizada de la razón por la que Marx ignoró y/o menospreció estos suburbios de Occidente. Lo mismo cabe decir de sus ensayos más importantes (La cola del diablo, La hipótesis de Justo y su Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano), aunque contuvieran agudos pantallazos. En cuanto al concepto más específico y particular que esbozó acerca de una Córdoba como “ciudad de frontera”, no se trataba de un hallazgo propio sino una reelaboración de ideas que ya estaban en José Ingenieros, en Alfredo Orgaz (la “bifacialidad” de Córdoba), en Santiago Monserrat y su interpretación de Modernidad y Tradición en esta ciudad, y en el Alfredo Terzaga de “clericales y liberales” de sus artículos de los años sesenta. Lo que Horacio Crespo dice de Aníbal Ponce (que, siendo “conocedor del marxismo y experto anotador de los clásicos, no se vislumbra en él, sin embargo, la disposición de utilizar el marxismo como clave interpretativa original de la realidad”)[5] es totalmente aplicable a José Aricó y a Portantiero. No surgió de ellos un nuevo examen crítico de la Argentina y de Latinoamérica, de sus peculiaridades y de sus problemas, como el que realizaron —mal o bien— Juan B. Justo, Jorge Abelardo Ramos, Nahuel Moreno y Milcíades Peña, Rogelio Frigerio, Silvio Frondizi e incluso el PCA, o Mariátegui y Haya de la Torre en el Perú. Y eso que contaban con un ejemplo muy cercano a sus inquietudes teóricas: Las Tesis de Lyon de Gramsci, de 1926, que —dice Campione— “forman parte de una re-lectura acerca de la estructura social y la configuración política de Italia”.[6]

    Nunca realizaron los gramscianos argentinos esa “re-lectura”, ese “análisis correcto, histórico, de la estructura económico-social del país” que reclamaba para sí mismo Portantiero. Y su ausencia, su falta de una visión integral del país, de sus clases, su dinámica y sus perspectivas redundó en una línea política errática, inconsistente. Primero trataron los “pasadopresentistas” de constituirse como un grupo político-cultural informal, centrado en la revista, que reconocía la “centralidad del proletariado”. Luego, en 1964, depositaron sus esperanzas en la guerrilla de Jorge Ricardo Masetti (el EGP), que decidió operar en el norte argentino rural en un país eminentemente urbano, cuyas concentraciones de proletariado industrial se encontraban a dos mil kilómetros de su zona de acción, y que les exigió ex post facto la formulación de un agregado a la tesis central del grupo: “En nuestro país, el proletariado urbano y rural podrá triunfar si sabe acompañar su actividad con la acción de las masas explotadas del noroeste del país, que constituyen el eslabón más débil de la cadena de la dominación burguesa”.[7] Fracasado, como era previsible, este “foco” guerrillero descolgado de toda realidad social decisiva, Aricó y los suyos volvieron a acordarse de Gramsci, de Córdoba como la “Turín argentina” y de “la centralidad de la cuestión obrera”, como dice Burgos[8] al analizar un ensayo de Aricó del n° 9 de la revista (septiembre de 1965), lo cual no obstará a que su mayor influencia se ejerciera durante el gobierno de Arturo Illia (1963-1966) sobre la pequeñoburguesía universitaria. Caído el gobierno radical, al aparecer “Montoneros”, nuevamente los gramscianos experimentan el llamado de las armas y se aproximan con grandes simpatías al grupo de Firmenich. En 1976, con el golpe de estado de Videla, la plana mayor de los gramscianos argentinos emprende el camino del exilio a Méjico.

    En el país azteca, contrariamente a Aníbal Ponce —que había empezado a cuestionar allí, poco antes de su trágica muerte, sus propias concepciones liberal-marxistas para aproximarse a una visión más latinoamericana de las cosas— el grupo Aricó-Portantiero sufrió un proceso inverso: un paulatino alejamiento de la circunstancia continental en que se insertaban. Así, para explicar la carencia de un análisis científico de Latinoamérica y sus hombres por parte de los fundadores del marxismo, José Aricó construyó un edificio teórico fundado en unas pocas evidencias y en mucho razonamiento deductivo, que se asemeja bastante a una explicación psicoanalítica por su penetración arbitraria en la mente de Marx, al que le adjudica “mecanismos de negación” indemostrables. Su endeblez es tal que hasta marxistas que se encuentran en su misma línea de pensamiento crítico, como el peruano Carlos Franco[9] o el venezolano Alberto Filippi,[10] le han formulado serias objeciones. Comprimida a su esencia, la tesis de Aricó sostiene que la “ceguera” de Marx para entender a América Latina en su especificidad se debía a su animadversión por el régimen que contemporáneamente había establecido Napoleón III (Luis Bonaparte) en Francia, con el que Marx creía que se habían identificado los nuevos países latinoamericanos, cuyo funcionamiento estatal se asemejaría así más al esquema de Hegel que al del autor de “El Capital”: actuar como centro “productor” de la sociedad nacional, fundar “desde arriba” las nuevas nacionalidades. Si semejante tesis explicativa fuera verdadera, la primera víctima de la “carencia” visual de Marx habría sido, naturalmente, el propio Napoleón III y su enemigo no podría haber escrito su formidable libro El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. No hay motivos para descreer que así como analizó tan en detalle el gobierno del sobrino de Napoleón I, pese a la aversión que sentía por él, podría haber estudiado y explicado también los regímenes “bonapartistas” —que así los “veía” Marx, según Aricó— de América Latina.

    En realidad, ese desinterés por los fenómenos de Latinoamérica (sólo quebrantado cuando ciertos procesos se relacionaban de modo decisivo con la economía o la política de los países centrales) y el desprecio por sus pueblos y sus dirigentes que sentían Marx y Engels, se sustentaba en una doble raíz: primera, la influencia de la opinión pública inglesa y europea en general, que Aricó descarta despectivamente, como si Marx y Engels fueran “inoxidables”, impermeables a la atmósfera cultural en que estaban inmersos desde hacía muchísimos años; y segunda: la herencia de la concepción hegeliana de los “pueblos sin historia”, asimilada por ellos sin crítica alguna.

    Es conocida la enorme influencia de Hegel en la constitución de la Weltanschauung marxista. Sus creadores no sólo recibieron del profesor de Jena su concepción de la dialéctica (a la que Marx puso “de pie”, pues estaba “de cabeza” en su versión metafísica), sino otras ideas, entre ellas la de las “Naciones sin historia”, que vendrían a ser aquellas que no tenían conciencia de su pasado y que carecían de la vitalidad nacional necesaria para culminar su desarrollo en la constitución de un Estado propio. De hecho, sin teorizarlo, Engels marcaba dos grupos de pueblos de este tipo de naciones “no vitales”. En el primero incluía a las nacionalidades “reaccionarias”: checos, rumanos, croatas y en general eslavos del sur y de los Balcanes, a quienes apostrofaba por haberse puesto del lado de la reacción europea en las revoluciones democráticas de 1848 (y de esta manera y muy arbitrariamente, elevaba un comportamiento político que era sólo coyuntural a la calidad de una característica ontológica: su imposibilidad de un destino histórico). Y se extendía además a otras pequeñas nacionalidades: búlgaros, eslovenos, rutenos: “estos pigmeos étnicos” como los llamaba en una carta a Kautsky, esos “desechos de pueblos”, “pintorescas nacioncitas”, “pueblos de bandoleros” como los balcánicos. En el segundo grupo, sin declararlo expresamente, se encuadraban las nacientes subnacionalidades latinoamericanas, a las que Marx y Engels menospreciaban sin haber realizado un juicio crítico de su evolución social y de sus posibilidades históricas de desarrollo. Vale decir: las menospreciaban desde el prejuicio. Es en este punto donde la raíz hegeliana del menosprecio marxista se conecta con la otra raíz, la del clima de época, que también debía mucho a Hegel.

    En efecto: Hegel no era el creador de las ideas minusvalorantes sobre el Nuevo Continente, pero les había dado jerarquía filosófica al aceptarlas en su sistema como de buena moneda. En realidad, todas las nociones absurdas sobre la inferioridad de la naturaleza, la fauna, la flora y las poblaciones americanas habían sido echadas a rodar desde un principio por eminencias como Cristóbal Colón, Américo Vespucio, Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia General de las Indias, el científico Leclerc de Buffón, el abate Cornelius de Pauw, su colega Reynal, el historicista alemán Juan Gottfried Herder y otros. Hegel hizo el resumen final cuando escribió: “América siempre se ha mostrado y se muestra aún impotente física y culturalmente”,[11] como estampó en sus Lecciones sobre la Filosofía de la Historia. Esta faceta del hegelianismo —y no la más artificiosa de la inversión de la dualidad “Estado-Sociedad Civil”— es la principal herramienta explicativa del indiferentismo marxiano respecto de Latinoamérica, aunque en Aricó ocupe un lugar subordinado frente a la otra. Jorge Abelardo Ramos fue el primero en ponerla de relieve: “Ramos —reconoce justicieramente su adversario Néstor Kohan— supo advertir más de una década antes que Pancho Aricó —quien ni siquiera menciona su nombre en su Marx y América Latina— el origen hegeliano del prejuicio de Marx hacia Bolívar y hacia nuestro subcontinente”.[12] Efectivamente, el fundador del FIP había aseverado ya en 1968, en su “Historia de la Nación Latinoamericana”, que “como en los tiempos de Hegel, los pensadores de Europa, Marx entre ellos, consideraban a la América Latina como un hecho geográfico que no se había transmutado todavía en actividad histórica”,[13] y páginas más adelante, haciendo mención a la biografía del Libertador pergeñada apresuradamente por el autor de El Capital, añadía: “Estos infortunados juicios de Marx sobre Bolívar estaban sin duda influidos por la tradición antiespañola prevaleciente en Inglaterra, donde vivía Marx y por el común desprecio europeo hacia el Nuevo Mundo, cuyos orígenes se remontaban a los filósofos de la Ilustración y a las observaciones olímpicas de Hegel en su Filosofía de la Historia Universal”.[14]

    Por lo demás, en Méjico el equipo de “Pasado y Presente” abandona definitivamente el pensamiento revolucionario de Gramsci y elabora la teoría de la “profundización de la Democracia” (que ya no es calificada de burguesa ni semicolonial), basada en “reglas de juego claras” (¡que deberían respetar las clases explotadoras!), en un ámbito no cuestionado de “Economía de mercado” (ya no es más el régimen capitalista burgués). Un Gramsci socialdemócrata y evolucionista justificará de hecho el nuevo posicionamiento con la teoría de la gran ”revolución moral e intelectual ¡a cargo de Alfonsín!, a quien Portantiero le redacta muchos de sus discursos, olvidando que la candidatura del hombre de Chascomús había sido urdida en la embajada de Estados Unidos. Y será Portantiero, precisamente, quien explique sobre la Democracia, en un reportaje de noviembre de 1986, que “Mc Fershon dice que no importa saber qué cosa es la democracia participativa, sino cómo se puede llegar a ella. Es decir, no es un lugar, una tierra prometida, sino un camino”.[15] Era la vieja teoría revisionista de Edouard Bernstein de que “el fin no es nada, el movimiento es todo”, sólo que degradada, porque al fin y al cabo el teórico alemán se refería al socialismo, mientras que el argentino se conformaba con la democracia burguesa semicolonial. Tampoco quedaba nada de la centralidad del proletariado: “en ciertos procesos de cambio en America Latina —había dicho Aricó en el mismo medio que su correligionario, dos meses antes— es necesario utilizar otra categoría que no es la del proletariado para fundar la idea del sujeto histórico”.[16] No era nada original: ya lo había esbozado Nahuel Moreno.

    No tuvieron mejor suerte los intentos pasadopresentistas de conseguir “una unidad raigal y profunda del intelectual con el pueblo” y especialmente con la clase obrera,[17] vale decir: de constituir una capa de “intelectuales orgánicos” del pueblo-nación argentino, por decirlo en idioma gramsciano. Para ello, siendo la aplastante mayoría del proletariado de ideología peronista hubiera sido preciso para empezar una empatía emocional hacia el gran movimiento, además de una comprensión del mismo y una estrategia de acompañamiento y solidaridad con su resistencia —todo lo moderada que se quiera— a las estructuras redivivas de la vieja Argentina. En cambio, Aricó veía al movimiento nacional no como un momento del desarrollo de la conciencia obrera y popular, sino como “falsa conciencia” y como un “inconveniente” puesto a la unidad entre la “intelectualidad pequeñoburguesa radicalizada y las masas populares”,[18] como bien explica el aricosista Luis García. Por lo demás, Aricó impugnaba en el movimiento nacional tal cual era “el tipo de manejo que hacía el peronismo de las organizaciones sindicales o el aplastamiento de las ideas distintas”, y exigía de la “voluntad nacional-popular” que fuera “moderna y democrática”(19). En una palabra: Aricó solicitaba de la historia que el peronismo fuera alfonsinismo. Éste sí era “moderno” y “democrático” (en el sentido burgués de instituciones partidocráticas que confiscaban la voluntad popular en el juego formal de la democracia semicolonial), pero sería difícil creer que encarnara una Voluntad Nacional consistente e históricamente conformada, ya que fue sólo la expresión momentánea de las veleidosas clases medias argentinas. De allí que hubiera una línea de consecuencia política cuando el grupo de la revista cordobesa decidió apoyar a la organización Montoneros, ya que ésta era una tendencia sustancialmente antiperonista crecida en el seno del movimiento comandado por Perón alrededor del terrible malentendido de “Socialismo nacional”, como se vio en el famoso “Retiro” de las huestes de la Tendencia en la Plaza de Mayo en 1974.

    La producción del grupo, ya sea que proviniera de sus propios integrantes o de la gran cantidad de autores editados en artículos de “Pasado y Presente” o en la colección de sus “Cuadernos”, satisfizo en su momento una gran curiosidad intelectual de la pequeñoburguesía, nacida con la caída del peronismo, bajo cuyo régimen había quedado comprimida e insatisfecha. Pero si sirvió a esta finalidad, fue estéril en cambio en orden a contribuir a la comprensión de la realidad nacional, de la que quedó enajenada por la extraneidad —presentada como diálogo con la cultura burguesa, “apertura” y similares— de los temas abordados y los autores difundidos, en un ochenta por ciento europeos o norteamericanos. Si algún argentino se incluía, era porque éste escribía sobre una temática ajena a la modesta circunstancia de estas tierras y pocas veces sobre la “estrecha” política, salvo en la segunda etapa, la época “montonera” de la revista. Tanto fue así que Raúl Burgos, un autor bastante favorable a la corriente gramsciana, escribe sin ánimo irónico que, “fuera de la primera página y algunos anuncios, algunos de los números dificultarían la vida de un lector desprevenido para descubrir el país de origen de la publicación”.[20]

    Claramente, el primigenio objetivo de “Pasado y Presente” no había sido conseguido.

    Córdoba, 7 diciembre de 2010

    Notas:
    1. Raúl Burgos: "Los Gramscianos Argentinos”, Buenos Aires 2004, pág.75
    2. Juan Carlos Portantiero: “Revista Táctica” N° 1, Bs.As. Enero/febrero 1964, pág.15
    3. Idem, pág. 16
    4. Juan Carlos Portantiero: “Revista Nueva Política” n° 1, Bs.As diciembre 1965, pág.18
    5. Horacio Crespo: “José Aricó”, Córdoba 2001, pág. 50
    6. Daniel Campione: “Para leer a Gramsci”, Bs. As. 2007, pág.30
    7. Raúl Burgos: op. cit., pág .89
    8. Idem, pág.94
    9. Carlos Franco: “Presentación” al libro de José Aricó “Marx y América Latina”, Méjico 1982.
    10. Alberto Filippi: “Instituciones e Ideologías en la Independencia Hispanoamericana”, Bs. As. 1988
    11. Arturo Chavolla: “La Imagen de América en el Marxismo”, Bs. As. 2005, pág. 77
    12. Néstor Kohan: “De Ingenieros al Che”, Bs. As. 2000, pág. 234
    13. Jorge Abelardo Ramos: “Historia de la Nación Latinoamericana”, Bs. As. 1968, pág.480
    14. Idem, pág. 495
    15. Juan Carlos Portantiero: en diario La Voz del Interior, Córdoba 23-11-1983
    16. José Aricó: en idem., 21-09-1987
    17. Raúl Burgos: op. cit., pág.74
    18. Luis García: “La Insurrección es un arte y no un teorema”, en AA.VV: “El Pensamiento Latinoamericano en la Universidad”, Córdoba 2005, pág. 208
    19. Idem: pág.211
    20. Raúl Burgos: op. cit., pág.114
    • Crítica literaria 
    • Artículo cargado el 09/02/2011 - 21:02
    A propósito de Omar Acha y su "antiesencialismo radical" que repudia el marxismo y da por muerta a la clase obrera

    Miserias y extravagancia del discurso postmoderno

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

    Etiquetas/Temas:

    El libro Reflexiones sobre el poder popular de Miguel Mazzeo y otros autores contiene un texto de Omar Acha titulado “Poder popular y socialismo desde abajo”.

    Acha es un tipo inteligente y ha leído mucho. Pero es tan inteligente y ha leído tanto, que a veces se hace un poco difícil seguirlo. Luego de leerlo, uno se queda con la impresión de que algo muy importante le han dicho pero que no se lo llega a comprender del todo. Como el texto viene acompañado de abundantísimas citas de libros en diferentes idiomas, no caben dudas de que las profundas reflexiones de Acha, expresadas en frases complejas construidas con vocablos que exigen el auxilio permanente de un diccionario, no carecen de fundamento. Habrá que prestarles atención entonces.

    Omar Acha, Milciades Peña y el sujeto de la revolución

    La idea central de Acha en el artículo del libro de Mazzeo parece ser la siguiente: hay que construir una alternativa emancipatoria superadora tanto del “populismo peronista” como del “socialismo obrerista”. Pero, para hacerlo, hay que abandonar el “esencialismo” que consiste en creer que existe un “sujeto de la revolución” constituido de una vez y para siempre, sea éste “el pueblo” o “la clase obrera”.

    Acha dice que el error del marxismo leninista fue creer que del lugar privilegiado de la clase obrera en la sociedad capitalista se derivaba su condición de sujeto de cambio. Pero esto se habría demostrado falso porque el sujeto de cambio se debe construir en la esfera política y no viene ya construido desde la esfera económica. Además, ese sujeto de cambio no es una entidad homogénea sino una totalidad construida a partir de distintas partes componentes.

    Esta misma preocupación por el sujeto revolucionario aparecía en un trabajo suyo (“Milcíades Peña y el proyecto de una historia marxista”) aparecido en el libro colectivo “La historiografía académica y la historiografía militante en Argentina y Uruguay”, editado por Biblos en 2004. Hablando más de sí mismo que de Peña, Acha escribía: “He allí donde residía la clave de la tragedia de la historia argentina (…). Mientras una fibra del desarrollo establecía las condiciones de un cambio, la desigualdad y pluralidad de temporalidades no creaba las fuerzas sociales capaces de llevarlo a término”. Está haciendo referencia al hecho de que -según la corriente historiográfica liberal izquierdista de Luis Franco, Milcíades Peña y Nahuel Moreno- las montoneras federales del siglo XIX no constituían un sujeto social capaz de abrir el curso a un desarrollo autónomo del país frente al proyecto de la oligarquía terrateniente y la burguesía comercial porteña ligadas a Gran Bretaña (el último número del periódico “El Socialista”, de IS, publica una nota reivindicatoria de Sarmiento en los términos señalados).

    Pero donde la reflexión teórica de Acha respecto del sujeto revolucionario (y del sujeto a secas) se despliega en plenitud, es en su libro del año 2000 editado por “El Cielo por Asalto”: “El sexo en la historia. Intervenciones de género para una crítica antiesencialista de la historiografía”. Se trata de un libro realmente difícil de entender, pero que merece ser leído porque está en sintonía con las nuevas modas intelectuales que atraviesan el mundo académico en este comienzo del siglo XXI.

    Además, habla del “pensamiento binario”, el cual constituye una especie de cuco en el mundo académico.

    Sexo, biología y lenguaje

    El núcleo del libro (si la interpretación es correcta, porque cabe reiterar que resulta difícil entender exactamente las reflexiones de Acha y, más importante todavía, resulta difícil entender cuáles son las conclusiones que una práctica político-teórica puede extraer de esas reflexiones), el núcleo del libro, entonces, es la idea de que sexo y género son dos conceptos diferentes que no deben ser confundidos, y que, además, sería incorrecto creer que el sexo remite a la dimensión biológica y el género a la dimensión cultural; o, dicho de otro modo, que sería un error creer que el sexo es algo natural, algo dado, algo “material”, mientras que el género es algo construido mediante el discurso o, mejor dicho, mediante las prácticas discursivas. Para Acha “hay que superar la distinción de los setenta entre un sexo biológico y un género cultural”.

    Antes se creía que “el sexo era una base biológica que distinguía hembras de machos”. Pero parece que ahora ya no se piensa así. Al menos no lo piensan Acha y sus inspiradores filosóficos como la académica norteamericana Judith Butler. “El sexo y la sexualidad -dice Acha- son construcciones arbitrarias, convenciones que se reproducen a través de la repetición jerarquizada de afirmaciones, exclusiones, elusiones, promociones”. Quienes piensan como Acha suelen expresarse de este modo: “cuando un niño nace se le asigna un nombre, y se le asigna también un sexo”. Es decir que cuando el autor de este artículo nació, por ejemplo, “arbitrariamente” se le asignó el nombre “Gustavo”; y arbitrariamente también se le asignó el sexo masculino. Podría habérsele asignado otro nombre, y también otro sexo. ¿Usted siempre había creído que era “macho” y no” hembra” debido, por así decir, a que tenía pito? Pues no. Acha (y Butler antes que Acha) informa que se es macho como resultado de una serie de “exclusiones, afirmaciones, elusiones, promociones” discursivas y arbitrarias.

    Para gente como Freud las cosas eran diferentes de como las ven Acha y Butler. Escribe Acha que “para Freud era un hecho dado la distinción ideal entre hombres y mujeres”. Agrega que el fundador del psicoanálisis “tenía la convicción de que existen tales sexos, que son precisamente dos y establecen tipos idealmente discernibles”. Esta fue “una convicción que Freud sostuvo toda su vida (…) Suponía ya la clasificación binaria. Carácter masculino y carácter femenino…”.

    Muchas veces se ha planteado la legitimidad del binarismo cuando se lo aplica a la sexualidad humana., en razón de que hombre/mujer son las únicas posibilidades en una especia caracterizada biológicamente por la bipartición sexual. Pero no. Acha dice que “en tanto corporalidades sexuadas las subjetividades no son productos materiales de la condición socio-económica, sino que se crean en prácticas discursivas que se despliegan constantemente.” Como se dice arriba, resulta difícil entender exactamente lo que Acha explica. Pero puede suponerse que es lo siguiente: un cuerpo masculino, por ejemplo, no es una realidad material o natural ya dada: es una creación discursiva. Por eso, correspondería modificar hasta el modo de expresarse: “hablamos de cuerpo casi con error -dice Acha- pues corporalidad señala mejor la permanente construcción de aquello que consideramos lo más propio de nuestros orígenes animales”.

    Toda esta postura tiene un nombre: se trata de “una concepción radicalizada y antiesencialista de los géneros y la historicidad”. Más concretamente, Acha llama a su postura “antiesencialismo radical”.

    El “antiesencialismo radical” de Acha contra el marxismo

    El “antiesencialismo radical” emprende una profunda crítica del marxismo. Acha dedica todo un capítulo de su libro a “deconstruir” (más bien a destruir) el marxismo, queriendo mostrar lo siguiente:

    1) Lo erróneo de su materialismo: “Marx seguía atado a una mirada materialista que nos parece inadecuada para la teoría de género”, sentencia Acha;

    2) Lo erróneo de su “esencialismo”: “El marxismo comienza con un ataque a las perspectivas esencialistas pero termina perdiendo esa batalla. El obstáculo central que provoca la derrota es la apelación permanente a la necesidad de buscar una ‘explicación material’“, sentencia Acha;

    3) Lo erróneo del “monismo interpretativo”: “sea el de la lucha de clases o el de la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción, puede considerarse como obsoleto”, sentencia Acha;

    4) Lo erróneo del naturalismo-biologismo: se hace necesaria “la destrucción del naturalismo de los cuerpos que ha sido sentido común del marxismo, dada una noción naturalista de materia que caracteriza sus análisis”, sentencia Acha.

    La circunstancia de que Acha no hubiera cumplido los 30 años cuando realizó tan demoledora crítica del marxismo no debe llevarnos a desconfiar de lo que dice creyendo que se trata simplemente de devaneos juveniles. Al fin y al cabo, los “cambios de paradigma” siempre han sido impulsados por personas jóvenes y marginales respecto del paradigma vigente. Lo que en este caso nos conduce a desconfiar es lo siguiente: Acha no es marginal respecto del paradigma vigente, porque el paradigma vigente en el mundo académico es precisamente el que él, Acha, con jerga difícil y citas bibliográficas incluidas, repite con la fidelidad propia del alumno aplicado. Acha es, aunque él no lo sepa, una víctima intelectual del triunfo contrarrevolucionario de 1976, el cual ha instituido a partir de 1983 a la academia como el lugar donde se produce conocimiento legítimo sobre los fenómenos políticos y sociales.

    Pero lo más importante de todo este discurso posmoderno o “antiesencialista radical” sobre la construcción del sujeto, no es la extravagante creencia de que el discurso (o la “práctica discursiva”) es la causa de que haya individuos de sexo masculino y de sexo femenino en la especie humana. Lo más importante, por sus efectos políticos, es la creencia de que el “sujeto de la revolución” debe ser “deconstruido” en una infinidad de sub-entidades constituyentes. Esta operación político-ideológica tiene como consecuencia condenar de antemano toda estrategia de cambio global y limitar la intervención política a las disputas parciales y acotadas incapaces de acceder a una síntesis integradora superior.

    La deconstrucción (destrucción) del sujeto revolucionario

    Acha escribe que “toda subjetividad es heterogénea, la búsqueda de la homogeneidad a través de la definición de un solo elemento estructural no hace más que alejarnos de la subjetividad concreta que queremos comprender y a la cual interpelamos”. Para que no queden dudas de lo que habla, Acha añade: “la clase obrera es mucho más que un conjunto de vendedoras/es de fuerza de trabajo”.

    En realidad, en un sentido estricto, la clase obrera efectivamente no es más que “un conjunto de vendedoras/es de fuerza de trabajo”. Sin embargo, esto no significa que las vendedoras/es de fuerza de trabajo constituyan una realidad homogénea: hay clase obrera fabril, rural, minera, etc. Dentro de la clase obrera fabril puede distinguirse todavía a los metalúrgicos de los algodoneros, de los petroleros, etc. Y todavía se puede hablar de clase obrera ocupada y desocupada, de la mujer trabajadora, etc. Es decir, incluso “a través de la definición de un solo elemento estructural”, como es la necesidad de vender la fuerza de trabajo para subsistir, la clase obrera es heterogénea. Pero si a esta realidad heterogénea podemos abarcarla en el concepto “clase obrera”, es porque hay un elemento común dentro de tanta heterogeneidad. Si no lo hubiera, entonces no podríamos hablar de “clase obrera”, y el referente empírico de ese concepto se nos aparecería como un caos inaprehensible. Afortunadamente esta no es la situación, a pesar de los intentos por que así sea de la burguesía en el plano “material” y de los “deconstructivistas” en el plano “filosófico”.

    Naturalmente, la clase obrera en tanto concepto de la teoría marxista (o de cualquier otra teoría) “nos aleja” de “la subjetividad concreta que queremos comprender y a la cual interpelamos”, es decir, del obrero de carne y hueso que conforma la “base empírica” de la teoría y del concepto. Pero se trata del “alejamiento” analítico presente en toda disciplina teórica y sin el cual sería imposible acceder a la comprensión del fenómeno que se estudia. Análogamente, podría decirse que la caracterización que hace el psicoanálisis de la neurosis obsesiva, por ejemplo, “nos aleja” de “la subjetividad que queremos interpelar”, puesto que no hay dos neuróticos obsesivos idénticos (unos son viejos, otros son morochos, otros son pobres, otros están casados, etc.).

    Acha dice una obviedad cuando propone empezar a conceptualizar “una clase obrera compleja compuesta por múltiples factores”. Ya Marx en su célebre “Introducción de 1857” dejaba en claro que “lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso”. Y agregaba: “aparece en el pensamiento como proceso de síntesis, como resultado, no como punto de partida”. No existen en la realidad social entidades teóricas ni empíricas que sean entidades “simples”, que no puedan ser descompuestas analíticamente en infinidad de elementos constituyentes. Por otro lado, la construcción de lo que Marx llamaba “lo concreto representado” (el concepto teórico) implica un proceso de síntesis que hace a un lado los aspectos accidentales o contingentes de la entidad estudiada. Es la única manera de hacer ciencia, ¿o Acha conoce otra?

    Sin embargo, acá el problema no es filosófico sino político. Lo que Acha quiere es acabar con la idea de que la lucha por la emancipación nacional y social exige un sujeto social privilegiado: la clase obrera, por ejemplo.

    En el mundo hay obreros, pero también hay hombres y mujeres, hay jóvenes y viejos, hay negros y blancos, hay heterosexuales, homosexuales y bisexuales, hay judíos, cristianos, etc. Y más todavía: cada una de las identidades mencionadas es susceptible de ser “deconstruida” en infinitas “subidentidades”. Así, dice Acha que “no hay que dar por sentada la unidad de las ‘mujeres’, los ‘hombres’, sino escribir más bien sobre ‘masculinidades’, ‘feminidades’, ‘travestismo’, etc.”  O sea: hay que abandonar el lenguaje “clasificatorio” que “sustancializa” nombrando. Por ejemplo, sería un error “sustancialista” (o “esencialista”) llamar “homosexual” al homosexual, o “prostituta” a la prostituta, puesto que estaríamos en realidad ante un individuo “en situación de homosexualidad” o de una mujer “en situación de prostitución”. Un investigador ideológicamente afín a Acha —Darío Sztajnszrajber— escribió en un libro llamado “Posjudaismo” que también la identidad judía debe ser puesta en entredicho, ya que existen múltiples formas de “ser judío”. “No hay judaísmo sino que hay judíos”, dice triunfante Sztajnszrajber, sin advertir la contradicción en la que incurre: si hay judíos, debe haber algo que los haga judíos, diferenciándolos de quienes no son judíos. ¿Una “esencia”, tal vez?

    La ofensiva imperialista a nivel mundial ha encontrado la filosofía que mejor le calza: el “deconstructivismo” podmoderno, una de cuyas versiones es el “antiesencialismo radical” que celebra el joven académico Omar Acha. Es una filosofía dirigida a despojar a los luchadores revolucionarios de las herramientas conceptuales que les permiten comprender la realidad y actuar sobre ella. Llevada a sus lógicas consecuencias, esta filosofía ni siquiera permite hablar, puesto que al hacerlo estaríamos utilizando palabras que “cristalizarían” una realidad cambiante e inaprehensible.

    Si la recomendación es que no creamos ni siquiera en la existencia de hombres y de mujeres, ¿cómo podríamos creer en el socialismo en tanto perspectiva concreta de desenvolvimiento?

    • Mundo Árabe 
    • Artículo cargado el 06/02/2011 - 11:40

    La revolución egipcia quebró definitivamente el equilibrio político en Medio Oriente

    Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

    Etiquetas/Temas: egipto,

    En Egipto está en marcha una revolución destinada a poner fin a tres décadas de un régimen fraudulento, despótico y corrupto que arrojó a las más vastas masas a una situación de miseria y explotación, reprimió sin contemplación alguna cualquier demanda democrática y, en alianza con Estados Unidos e Israel, traicionó las luchas antiimperialistas de los pueblos árabes. La batalla que cientos de miles de egipcios sostienen en las calles reviste un contenido nacional-democrático, con posibilidades de una radicalización anticapitalista en sus corrientes más profundas, dada la naturaleza de las contradicciones de clase que ha sacado a la luz la explosión popular.

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    Los trabajadores y el pueblo egipcio se movilizaron masivamente no sólo contra la opresión política y los crímenes que significaban el gobierno vitalicio de Hosni Murabak y su círculo palaciego. Se levantaron al mismo tiempo para poner fin a un régimen de explotación impuesto por los programas neoliberales en pleno auge de los años 90’, cuya consecuencia directa fue someter a una condición de miseria y expoliación a las grandes masas populares. Pobreza generalizada, un estado de desempleo crónico y la ausencia de derechos elementales en un país en que la gran mayoría de sus habitantes son ciudadanos de segunda clase frente a extranjeros que gozan de todo tipo de privilegios al igual que una enriquecida minoría nativa, todo esto custodiado por los mecanismos de un Estado policial.

    El imperialismo norteamericano ha desempeñado un papel central en el sostenimiento de un régimen de esta naturaleza. Encontró en el gobierno de Anuar el-Sadat y luego de Murabak la llave maestra que necesitaba para establecer en Medio Oriente el equilibrio más favorable a sus intereses y a los de su aliado sionista, y congelar por décadas la revolución nacional del pueblo árabe que entre los años 40’ y 60’ se expresó a través de nasserismo en Egipto y el partido Baas en Siria y en Irak. En efecto, hace más de tres décadas la contrarrevolución en Medio Oriente logró una victoria estrategia de importancia capital. En septiembre de 1978 Sadat y el primer ministro hebreo, Menachem Begin, bajo la tutela del presidente norteamericano Jimmy Carter, firmaron los acuerdos de Camp David,  cuyas cláusulas centrales establecieron la paz entre los dos Estados y el reconocimiento egipcio de Israel. Desde entonces el cambio de frente que El Cairo había iniciado un tiempo antes, quedó consolidado por un periodo indefinido. De ahí en más los gobernantes egipcios se alinearon disciplinadamente en torno a la política de Washington y los israelíes, haciéndose cómplices incondicionales de las maniobras y las acciones militares del imperialismo y el sionismo contra los pueblos de Irak, el Líbano y Palestina.

    Basta observar la preocupación que despertó en los círculos gobernantes de esos dos países el levantamiento del pueblo egipcio, para tener una idea de la importancia del nudo de intereses que ha quedado amenazado por acontecimientos en las calles de El Cairo, Alejandría y otras ciudades. La hipocresía del gobierno de Barak Obama y de sus pares de la Unión Europea no tiene límites. Le exigen al dictador democracia y una transición ordenada, luego de haber dado apoyo pleno a ese régimen infame por treinta años. Los medios han estado informando que el gobierno norteamericano está negociando con el de Murabak el abandono del poder, presentando como un hecho enteramente natural la intervención de Estados Unidos en la solución de la crisis. El gobierno ultraderechista de Israel, a su vez, está aún más preocupado, al punto que su diplomacia reprochó desde el inicio del levantamiento el hecho de que Washington y la Unión Europea no hubieran dado un apoyo decidido a Murabak. No es para menos, la caída del anciano dictador amenaza con dejarlo sin su aliado principal en el mundo árabe. Algo parecido le ocurre al gobierno de la Autoridad Palestina, cuya estabilidad sin el apoyo de Egipto e Israel corre serio riesgo. Las últimas revelaciones sobre las escandalosas negociaciones secretas con el gobierno sionista sobre el destino de los palestinos expatriados, dejó al desnudo la línea de sucesivas capitulaciones que ha emprendido la administración de Mahmud Abbas.

    La “solución americana”

    Según algunos observadores la explosión egipcia tomó por sorpresa al gobierno de Obama. Es probable que ni los “especialistas” de Washington ni los cerebros de los poderosos Think Tank hayan percibido la acumulación de contradicciones que minaban la base del régimen egipcio. Por lo general su mirada se centra en el estado de los distintos resortes del poder institucional, sin prestar demasiada atención a los procesos y realineamientos moleculares que suelen provocar la emergencia de una voluntad colectiva contrahegemónica. Sin embargo, difícilmente podría decirse que la administración de Obama no contemplara en absoluto la necesidad de provocar un cambio de guardia en Palacio, ante el desgaste y el desprestigio que rodeaba al gobierno de Murabak. Hace ya tiempo que sus funcionarios estaban discutiendo con los líderes opositores las características de una transición. En este terreno también hacen su trabajo ONG como la Fundación Nacional por la Democracia (NED) especializada en el financiar planes de derrocamiento de gobiernos extranjeros y la Freedom House (FH), ambas vinculadas con la CIA. Sin ir más lejos, recientemente las revelaciones de Wikileaks señalaron un encuentro realizado en Washington en 1998 de diplomáticos y políticos norteamericanos y disidentes egipcios, entre los cuales estaba un joven, representante del Movimiento 6 de Abril, quien al regresar a su país dijo que se había sellado una alianza para derrocar al gobierno de Murabak en el 2011. La revelación es ciertamente significativa, especialmente si se tiene en cuenta el papel de Movimiento 6 de abril en los acontecimientos de estos días.

    Ante la conjunción de fuerzas que han decidido poner fin a las ambiciones dinásticas del dictador, la suerte de éste está sellada. Sin embargo Murabak ha decidido resistir hasta el límite y así lo advirtió haciendo suya una consigna típica: “Yo o el caos”. Para hacer cierto el presagio lanzó sus fuerzas de choque, policiales y parapoliciales y una masa de marginalizados, cuya suerte depende de la asistencia del Estado, incluidos millones de afiliados del Partido Nacional Democrático (PND), contra los manifestantes. Esto sólo significa que su aislamiento es creciente e irreversible.

    En consecuencia, los interrogantes en torno a la crisis egipcia no se centran en su figura, sino en el curso de los acontecimientos que sucederán a su caída. Estados Unidos y el imperialismo europeo confían en su segundo Omar Suleimán, “torturador suave” como lo llaman algunos, como dirigente de la transición hasta la realización de las elecciones. Le han asignado el papel de garante de que la política de Egipto en Medio Oriente se mantenga sin mayores cambios. La prensa internacional ha señalado reiteradamente, no sin intención, a El Baradai como la figura más adecuada para encabezar el futuro gobierno democrático. El ex secretario general de la Agencia Internacional de Energía Atómica y máxima figura de la Coalición por el Cambio, un frente al que confluyen desde Los Hermanos Musulmanes hasta diversas organizaciones de izquierda,  es un moderado respetado en Occidente que, a pesar de su oposición a los planes criminales de Bush respecto a Irak, tendría el visto bueno de Washington, cuya influencia sobre los acontecimientos ha disminuido apreciablemente. Demás está decir que una solución de este tipo está destinada a asegurar en lo fundamental el status quo respecto a los intereses de clase dominantes y las relaciones con Israel.

    La batalla decisiva

    Pero el principal problema que afronta la revolución es de otro tipo. La movilización popular no tiene una organización ni una dirección política, y por ahora la consigna que unifica los reclamos es el repudio al gobierno y el reclamo de democracia. Este es su punto vulnerable y no es difícil advertir que el desemboque de la crisis que pretenden Estados Unidos y los círculos dominantes nativos tiene posibilidades de imponerse, a menos que la capacidad de lucha y la formulación de un programa por parte de los trabajadores y las grandes masas, fuerzas motrices de la revolución egipcia, así como posibles realineamientos en los cuadros de la Fuerzas Armadas, les opongan una fuerza de potencia superior o, por lo menos, equivalente.

    Sobre el posicionamiento y el estado de ánimo de los cuadros militares la crisis ha abierto interrogantes. Es indudable que los altos mandos y los rangos superiores han sido cooptados por el orden imperante. Los 1300 millones de dólares que anualmente envía el gobierno norteamericanos para garantizarse la sumisión de las Fuerzas Armadas y sostener un formidable aparato represivo gravitan pesadamente. Sin embargo no es menos cierto que durante las masivas concentraciones populares en la plaza Tahrir se han producido expresiones de solidaridad y confraternidad de soldados, suboficiales e incluso algunos oficiales con los manifestantes. La unidad militar no puede darse por sentada, y no está en claro la homogeneidad existente en los niveles de la baja oficialidad y de la suboficialidad. Cuanto más se baja en la escala jerárquica, más cerca están los rangos militares de las masas, más probable es el desenvolvimiento de fracciones nacionalistas, nasseristas, islamistas o antiimperialistas. 

    El otro factor de resolución de la crisis tiene una importancia capital. En los últimos años los obreros egipcios han sido protagonistas de un intenso movimiento huelguístico contra las formas brutales de explotación capitalista y la escalada en el precio del pan y de los alimentos básicos. La continuidad del orden capitalista semicolonial bajo formas democráticas apunta directamente contra sus intereses de clase fundamentales. Para los trabajadores es importante conquistar las libertades democráticas elementales, pero mucha mayor importancia reviste a sus ojos liberarse de las formas extremas de expoliación que les ha impuesto la burguesía. Sin embargo el problema trasciende cualquier plataforma de reivindicaciones inmediatas. Se plantea y se resuelve en el terreno de la política, terreno por excelencia de la lucha de clases, a partir de la construcción de una voluntad colectiva con eje en los cuadros avanzados de la clase obrera e influencia política e ideológica sobre las más amplias masas populares. De los pasos que dé en esta dirección el proletariado egipcio depende en grado decisivo la suerte de la revolución. Sobre esto hay algunos indicios. Las crónicas periodísticas de estos días han señalado un dato significativo de la capacidad de iniciativa de las masas. En Egipto los comités de autodefensa y en Túnez los comités de vigilancia, creados para resguardar la revolución de los contraataques de la reacción, constituyen embriones de organismos independientes y democráticos y posibles organizaciones de una fuerza revolucionaria emergente.

    Más allá de estas consideraciones, los acontecimientos crearon una situación irreversible. Una nueva correlación de fuerzas, más favorable a las masas se ha establecido por todo un período y, por poca que sea la influencia que alcancen en el próximo gobierno las corrientes profundas que se han lanzado a la lucha, ese gobierno no podrá volver el estado de cosas al momento anterior a la crisis. Se ha establecido un límite del cual no es posible retroceder. El anterior equilibrio semicolonial está quebrado definitivamente, tanto en Egipto como en Medio Oriente. Así lo indican el levantamiento tunecino, y los movimientos de protesta en Yemen, Argelia y Jordania. La crisis mundial del capitalismo que se desarrolla desde el 2007 ha encontrado una vez más su repercusión más intensa en la periferia, donde las condiciones de explotación de las grandes masas son mucho más crueles que en el centro. La historia reinicia su marcha en el punto en que la había sorprendido el anterior movimiento de reflujo y reacción. En cierta ocasión Trotsky, observando la revolución que despertaba en Asia a comienzos de los años 20’, cuando ya había iniciado su repliegue en Europa, escribió lo siguiente: “La historia parece estar desenredando su madeja desde la otra punta”. Esto es justamente lo que está ocurriendo en estos momentos en el norte de Africa y el Medio Oriente.

    • Energía 
    • Artículo cargado el 06/02/2011 - 11:39

    La integración energética regional sudamericana: ejes, determinantes geopolíticos y perspectivas.

    Gustavo O. Lahoudtwitter @golahoudSocialismo Latinoamericano

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    I. Introducción

    La coyuntura actual aparece como propicia para la vinculación creciente de los Estados nacionales sudamericanos ante la perspectiva de la consolidación de una matriz de políticas públicas con una fuerte gravitación geopolítica en lo que respecta a la planificación del acceso, control y manejo de los recursos naturales minerales, hidrocarburíferos e hídricos a escala planetaria.

    Asimismo, junto a la tendencia descrita, se acentúa la puja entre actores nacionales estratégicos en distintas regiones del mundo por el control de las fuentes de recursos naturales renovables y no renovables, tanto en regiones continentales como marítimas.

    En lo que respecta a los recursos hidrocarburíferos —fundamentalmente, petróleo y gas—, estas tendencias se ven agravadas por la consolidación de un escenario de escasez estructural en materia de exploración, desarrollo y extracción de hidrocarburos en los principales yacimientos actualmente en actividad, situación que está íntimamente relacionada con el agotamiento de la tasa natural de extracción combinada con los cada vez más infrecuentes hallazgos de yacimientos gigantes.[1]

    A su vez, en el área de refinación, transporte y comercialización de hidrocarburos, se suman las dificultades por la creciente saturación de la capacidad instalada de refino en todo el mundo y por el aumento de la conflictividad política, económica y social en áreas geográficas clave para el aseguramiento del suministro constante de hidrocarburos (Golfo Pérsico, estrecho de Ormuz, Golfo de Bengala, estrecho de Malaca, Mar de la China, canal de Panamá, entre otros puntos nodales de las redes de abastecimiento de crudo y gas).[2]

    Finalmente, la acentuada tendencia a la inflación de precios en la mayoría de los mercados de materias primas, impacta severamente en todos los sectores del negocio hidrocarburífero, acicateando la espiralización especulativa sobre las curvas de precios de los combustibles fósiles que son considerados como meros commodities transables en el casino global de las finanzas, lo cual consolida el peso específico de las expectativas negativas asociadas a la inminencia del pico de extracción petrolera.[3]

    En efecto, en el escenario internacional sucintamente descrito, creemos que se abren perspectivas promisorias para avanzar en políticas públicas nacionales que, en materia de planificación energética, persigan el objetivo de garantizar el acceso, control y manejo soberanos de recursos naturales que son estratégicos para la consolidación en el tiempo de un modelo de desarrollo socio-económico progresivo.[4]

    II. Identificación de los proyectos-ejes de integración predominantes

    Nos proponemos, en primer lugar, identificar los ejes concretos a través de los cuales los gobiernos sudamericanos están construyendo la integración regional en materia energética, para luego describir las determinantes geopolíticas fundamentales de la complementación energética regional.

    Las tendencias y procesos sucintamente señalados en la introducción no son más que la descripción de un escenario caracterizado por una matriz de generación y consumo de energía que, en buena medida, es todavía altamente dependiente de los recursos de origen fósil en toda la región sudamericana.

    En ese contexto, los gobiernos nacionales sudamericanos han encarado —en las últimas dos décadas— procesos de planificación con alcance regional contenidos en dinámicas de integración más amplias y complejas que han sido mutuamente excluyentes en términos de los actores, la naturaleza y los objetivos planteados.

    Nos referimos, fundamentalmente, al denominado proyecto ALCA que surgió a mediados de la década de los 90 bajo una lógica de integración predominantemente comercial, con infraestructuras de transporte multimodal y de generación de energía concebidos como plataformas para el desarrollo de una dinámica exportadora abierta al mundo y, por ello mismo, centrada en los requerimientos y demandas de los países centrales. Desde ese proyecto, los recursos energéticos han sido administrados, a su vez, como meros commodities transables en el sistema comercial internacional en función de los requerimientos de la demanda. Asimismo, dentro de este eje o modelo de integración, la región sudamericana ha conocido el desarrollo de la propuesta IIRSA[5], en cuyo marco se planificó la ejecución de proyectos que impactaban esencialmente en los ejes de transporte multimodal, por un lado, y en el eje de la integración física vial, portuaria y eléctrica, por el otro.

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    En contrapartida, hacia fines de la primera década del Siglo XXI y al calor de la nueva coyuntura abierta a partir del frenazo que sufrió el ALCA en la Cumbre de Mar del Plata en noviembre de 2005, los países sudamericanos comenzaron a delinear un nuevo instrumento de integración política continental, la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), que se constituyó el 23 de mayo de 2008 como corolario de un proceso de cumbres regionales en los que, recurrentemente, se han considerado proyectos de integración física en el eje de transporte, rutas y puertos y, por el otro, en el eje de la generación, transporte y distribución de energía.[6] La novedad de estos tiempos está dada por el cambio del eje gravitacional sobre el que se ha intentado construir la integración, que ha sido el reflejo de modelos económicos basados en el mercado interno, en la recuperación del rol del Estado como inversor y árbitro entre los sectores del poder económico y en la progresiva reconstrucción de poder soberano sobre los recursos naturales estratégicos. En este cuadro regional, el eje Venezuela-Brasil-Argentina se constituyó en la columna vertebral de los avances de los proyectos de integración energética regional que impactan en todos los niveles de la cadena del sector energético. En simultáneo, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Uruguay han sumado sus perspectivas fortaleciendo la corriente en pro de un avance progresivo de la integración energética regional.

    Por ende, en la actual coyuntura regional, se despliegan en simultáneo dos tendencias opuestas en la dinámica de la integración. Una, identificada con un eje estratégico-político de vocación y proyección atlantistas, y otra que reproduce una lógica altamente dependiente de los mercados mundiales y que está liderada por Chile-Colombia-Perú en el eje del Pacífico.

    Desde este costado del análisis, con fuertes implicancias geopolíticas, la problemática de la planificación energética y sus posibilidades reales de concreción en proyectos, está afectada por la diversidad de las miradas estratégicas.

    A pesar de ello, UNASUR ha dado un puntapié inicial a través de la creación de un instrumento de planificación y formulación de política energética, creado en 2008, que es el Consejo Sudamericano de Energía. En el mismo, estas visiones subyacentes impactan decididamente sobre las condiciones de posibilidad de los proyectos insertos en las dinámicas de integración petrolera, gasífera y eléctrica, situación que ha limitado fuertemente la posibilidad concreta de avances.[7]

    Como resultado de ello, los proyectos realmente existentes que podemos identificar en los ejes de complementación aludidos se caracterizan por alimentar lógicas de acción con impacto geográfico limitado —fundamentalmente— al orden de las relaciones bilaterales pero que, a pesar de ello, implican un salto mayor en términos de la consolidación de un hábito político-estratégico afincado en la planificación energética y en la formulación de proyectos en los distintos eslabones del sector.

    Veamos ahora, entonces, cuáles son las determinantes geopolíticas de la integración energética que pueden avanzar más dinámicamente en Sudamérica, teniendo en cuenta la coexistencia de dos visiones diversas de la problemática de la integración.

    III. Las determinantes geopolíticas de la integración

    Las determinantes geopolíticas aludidas impactan sobre las tres dinámicas de proyectos de integración tendencialmente complementarios: por un lado, la sustentada en el petróleo como principal recurso hidrocarburífero a escala planetaria, por el otro, la arista de la integración gasífera, que tiene una gravitación cada vez más importante en Sudamérica y, finalmente, el vector de la complementación e integración eléctrica, que constituye un subsector estratégico a la hora de garantizar un abastecimiento confiable y seguro de energía en los grandes conglomerados urbanos e industriales.

    En cada una de estas dinámicas de la problemática energética regional, emerge como marca relevante el importante desequilibrio existente entre Estados productores y Estados consumidores,[8] situación estructural que reproduce parcialmente —aunque con diferentes condimentos propios de la naturaleza subdesarrollada de la economía de nuestros países— el cuadro geopolítico dominante a escala planetaria en materia de distribución de los recursos energéticos.

    En efecto, desde una mirada centrada en lo regional, el continente suramericano tiene fuertes desequilibrios entre los Estados nacionales en lo que respecta a posesión de niveles de reservas comprobadas, por un lado y a la tasa de extracción de petróleo y gas, por el otro. Tal es así que del análisis de dos de las variables medulares que —junto a los niveles de consumo— forman parte de la tríada de datos duros que son fundamentales a la hora de determinar el peso relativo de las riquezas hidrocarburíferas, se desprende que Venezuela es el actor de mayor peso estratégico en términos de posesión de reservas hidrocarburíferas[9], mientras que Brasil —con sus recientes y sucesivos descubrimientos en su extenso litoral marítimo desde el 2007 hasta la actualidad, en los denominados campos pre-sal—[10] es el segundo actor más relevante si se lo mide en términos de niveles de reservas, extracción y consumo. Por su parte, Bolivia[11] completa un eje de relevancia geopolítica fundamental, como poseedor de las segundas reservas comprobadas de gas en el continente, luego de Venezuela.

    En concreto, en este esquema inicial de los grandes jugadores regionales con peso propio como poseedores de reservas comprobadas de hidrocarburos, el eje Venezuela- Brasil-Bolivia conforma el Hinterland regional sudamericano más dinámico en materia de posesión de riquezas hidrocarburíferas.

    Por otro lado, qué ocurre en el otro gran sector del tablero energético regional, es decir, el de los consumidores. Aquí es importante destacar, ante todo, la particular situación de la República Argentina que- a pesar de ser junto a Brasil la economía más significativa de la región- en materia energética acumula preocupantes déficits de carácter estructural que se desprenden de la incesante caída en niveles de reservas y de extracción en los últimos veinte años, agudizados por el aumento sostenido de los niveles de consumo de energéticos en los últimos ocho años de fuerte crecimiento de la economía. Ello ha provocado que el horizonte de autoabastecimiento en materia de oferta energética total se haya erosionado fuertemente, lo cual convierte a la hipótesis de la integración regional en una alternativa crucial para la Argentina en orden a equilibrar en le mediano plazo su riesgo de seguridad energética.[12]

    Por su parte, en el eje de complementación del Pacífico, Chile es el país que en los últimos años afrontó las mayores dificultades en materia de abastecimiento seguro y confiable de energía, ya que uno de los reaseguros esenciales ligado a la Asociación Estratégica con la Argentina en materia de provisión de gas a través de ocho gasoductos de exportación desde mediados de los 90 hasta comienzos de 2004, desapareció literalmente como alternativa, debido a la drástica reducción de las reservas gasíferas en la Argentina y a la falta de inversiones significativas que permitieran sostener la continuidad de un sendero exportador que, de por sí, era ya desaconsejable para un país como la Argentina que tenía importantes reservas de hidrocarburos, pero que jamás fue un “país OPEP”, como para habitar seriamente la alternativa exportadora de hidrocarburos. [13]

    En el caso del Perú, en los últimos años comenzó a posicionarse como un importante productor de gas natural a partir del proyecto Camisea en la región amazónica, que ha impactado fuertemente en las dinámicas económicas de los países de la Unión Andina, aunque no parece augurar una situación de cambio geopolítico radical en términos del balance entre oferta y demanda de recursos energéticos, ya que el Perú no es, tampoco, un país pletórico en riquezas hidrocarburíferas en el continente. El caso del Perú, entonces parece ser un eco de caminos ya transitados por otros países, como Argentina y Chile.

    Si se observa, por su parte, la situación imperante en el subsector eléctrico en toda la región, podemos identificar espacios crecientes de proyección de manejo integrado de generación, transporte y distribución de energía en dos corredores geográficos bien determinados. Uno, el tributario del eje del Pacífico, a través del avance de los proyectos de interconexión eléctrica y gasífera entre los países miembros de la Comunidad Andina[14], mediante la Alianza Energética Andina, iniciativa creada por los Ministros de Energía de la región a comienzos de 2004. Algunos de estos proyectos, incluso, podrían canalizarse a través de IIRSA, con el apoyo de la Corporación Andina de Fomento ( CAF) y otros organismos regionales.[15] El otro, es el que vincula a los países del Mercosur en el eje atlántico de integración, cuya columna vertebral es la creciente dinámica de complementación del sector a través del intercambio compensado de despachos de energía eléctrica en los diversos períodos estacionales, destacándose el vínculo argentino-brasileño y, simultáneamente, la renegociación entre Brasil y Paraguay de las cláusulas de precios de la energía eléctrica generada en el marco del Tratado de Itaipú, lo que le permitió a Paraguay triplicar el monto de ingresos provenientes de la exportación de sus excedentes energéticos a Brasil.1[6]

    IV. Conclusión

    Todo lo descrito en materia de cosmovisiones estratégicas y en los determinantes geopolíticos de la planificación energética en materia de petróleo, gas y electricidad- que se cruzan con las contradicciones de los modelos de integración vigentes en la región- reactualiza una pregunta- problema de vieja data: los recursos fósiles y los bienes energéticos efectivamente generados en términos de oferta total disponible, ¿son recursos estratégicos o meros commodities destinados a la libre comercialización y exportación en tanto y en cuanto existan condiciones de demanda que así lo requieran?

    La resolución de este auténtico dilema estratégico, que atraviesa ideológicamente a las dirigencias políticas suramericanas, se convierte en la piedra de toque fundamental sobre la que es posible encarar un real proceso de integración física en las tres dinámicas complementarias de la integración energética regional, la petrolera, la gasífera y la del subsector eléctrico.

    En definitiva, la problemática de la integración energética regional suramericana sólo puede materializarse como proyecto geoestratégico en la medida que adquiera trascendencia en el imaginario de la planificación política, el objetivo históricamente postergado de un desarrollo económico, social y cultural justo, soberano e igualitario.

    Anexo estadístico

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    Notas:
    1. Ver http://www.worldenergyoutlook.org/docs/weo2010/weo2010_es_spanish.pdf
    2. Ver Ver Lahoud, Gustavo: “La dinámica de la coyuntura energética mundial”, Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas, abril 2009. Se lo puede consultar en http://www.cienciayenergia.com
    3. Ver Lahoud, Gustavo: “Geopolítica de la energía: escasez estructural, crisis y nuevos actores. Ejes de un posible diagnóstico”, Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas, junio 2008. Se lo puede consultar en: http://www.cienciayenergia.com
    4. Ver http://www.cienciayenergia.com/Contenido/pdf/080428_i_gol.pdf En el documento citado, se elabora una aproximación teórica a la problemática de la Soberanía Energética y la Integración Regional Sudamericana.
    5. IIRSA: Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana
    6. Ver Tratado Constitutito de la UNASUR. http://www.pptunasur.com/downloads/tratado-constitutivo-UNASUR.pdf
    7. Ver http://www.pptunasur.com/inicio.php?idiom=1
    8. Ver Lahoud, Gustavo: “Geopolítica de la energía: escasez estructural, crisis y nuevos actores. Ejes de un posible diagnóstico”, op. Cit.
    9. De hecho, una vez concluida la certificación de reservas de la denominada Faja del Orinoco- rica en petróleos pesados y extrapesados- Venezuela podría transformarse en el principal poseedor de reservas de petróleo en el mundo. Ver http://www.pdvsa.com
    10. Estos sucesivos descubrimientos, que no han sido definitivamente certificados todavía, podrían convertir a Brasil en un jugador de peso estratégico en el tablero del petróleo mundial, con reservas superiores a los 10.000 millones de barriles. Ver http://www.petrobras.com y anexo estadístico.
    11. Aquí es importante señalar que Bolivia debe concluir también un proceso de certificación de reservas, ligado a la necesidad de asegurar fuertes inversiones en prospección, exploración y desarrollo de campos petrolíferos y gasíferos.
    12. Ver Lahoud, Gustavo: “Los ejes energético e hidrográfico de la integración regional sudamericana”, Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas, abril de 2008. Se lo puede consultar en: http://www.cienciayenergia.com
    13. Ver De Dicco, Ricardo y Lahoud, Gustavo: “La política energética chilena en la Administración Bachelet”, Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas, agosto de 2008. Se lo puede consultar en : http://www.cienciayenergia.com
    14. Ver http://www.comunidadandina.org/energia/alianza.htm
    15. Ver www.iirsa.org y Calcagno, Alfredo Eric y Calcagno, Eric: El motor de la Uniòn Sudamericana. Hacia un nuevo bloque geopolìtico, Le Monde diplomatique, setiembre de 2004, pp. 8 y 9.
    16. http://www.telesurtv.net/secciones/noticias/54701-NN/paraguay-y-brasil-logran-historico-acuerdo-sobre-hidroelectrica-itaipu/
    • Energía Politica Nacional 
    • Artículo cargado el 22/01/2011 - 03:53

    Nuevo paso de CNEA hacia el primer reactor nacional

    Guillermo HamlinSocialismo Latinoamericano

    El proyecto del primer reactor propio, íntegramente diseñado y construido en el país, conocido como CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares), está más cerca de ser posible gracias a la fabricación nacional del primer elemento combustible que lo impulse. Esto fue informado por la CNEA el pasado 9 de enero, alcanzando la Argentina un hito histórico en el desarrollo nuclear, al finalizar el diseño y la fabricación del primer elemento combustible para éste tipo de reactor. Se establece así, la continuidad requerida en el desarrollo científico tecnológico, que en materia de energía nuclear, no es fácil de lograr para los países como el nuestro, debido a las trabas que el imperialismo impone, con el objeto de monopolizar dicha tecnología.

    Un poco de historia. El desarrollo científico-tecnológico.

    Desde la fecha de su fundación por el Gral. Perón en 1950, la Comisión Nacional de Energía Atómica, recorrió un rápido y exitoso camino. Su desarrollo siempre se condujo por el camino de las aplicaciones pacíficas, como la generación nucleoeléctrica, diseño y construcción de reactores de investigación, aplicaciones medicinales, etc.

    Podemos brevemente enumerar: en enero de 1974, comenzó a funcionar ATUCHA I, la primera central nuclear de potencia de América Latina, en abril de 1983, comenzó a operar EMBALSE RÍO TERCERO, nuestra segunda central nuclear de potencia.

    Se alcanzó otro éxito notable, a sólo 33 años de su fundación, cuando el 18 de noviembre de 1983, el entonces presidente de la CNEA, vicealmirante Carlos Castro Madero, anunciaba que la Argentina había llegado a dominar el ciclo de combustible al enriquecer uranio por medio de una tecnología de desarrollo propio. Por aquella época solo poseían dicha tecnología y podían utilizarla soberanamente EEUU, URSS, Francia, China e Inglaterra.

    Poco después, en 1984, se anunciaba el proyecto de un reactor nuclear de características novedosas: el CAREM. Este reactor nucleoeléctrico, diseño de la CNEA, y del cual el INVAP ya ha desarrollado la ingeniería de detalle, es otra muestra del elevado nivel científico–tecnológico que había alcanzado la Argentina en el campo nuclear. Este reactor es de última generación, que utiliza uranio enriquecido como combustible y agua liviana como moderador, y sus sistemas de seguridad son absolutamente confiables, dado que dependen de principios físicos y no de circuitos lógicos o de la intervención humana.

    Ataques del imperialismo al Plan Nuclear Argentino

    Desde que la Argentina decidió avanzar en las investigaciones nucleares, a partir de la decisión del General Manuel N. Savio, en 1945, al frente de la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), de prospectar el territorio argentino, en busca de minerales uraníferos, y de la decisión del Presidente Juan D. Perón, de fundar la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), en 1950, el imperialismo no ha cesado de acosar a la Argentina para desviarla de su curso. Ha utilizado todo tipo de recurso, como es habitual, apoyándose en la cultura antinacional de nuestra oligarquía y de las clases medias subyugadas por la misma, exacerbando el temor por la osadía de desafiar al imperialismo por un lado y la autodenigración por el otro, al negar la posibilidad de un desarrollo tecnológico independiente.

    Alfonsín y Menem frenan el Plan Nuclear Argentino

    Los argumentos utilizados por Alfonsín fueron los del antimilitarismo y del pseudoecologismo, combinado con su prédica desmalvinizadora. Se hablaba de “quitarle poder a los milicos”, pero en realidad la consecuencia fue sacarle poder a la Argentina, frenar su desarrollo industrial científico y tecnológico, de manera que el proyecto de la tercera central nuclear de potencia, Atucha II, cuya instalación había sido decidida ya en 1980, quedó congelado.

    Luego de que la denuncia de un pacto militar-sindical inexistente, cumpliera con su utilidad en la campaña electoral que lo consagrara como presidente, Alfonsín primero y después Menem, revelaron, a través del carácter de sus gobiernos, la existencia de un pacto más siniestro aún que el denunciado. El pacto de los partidos mayoritarios con el imperialismo: asegurar la continuidad del modelo económico impuesto por el golpe cívico-militar del ´76 y garantizar el desarme y desmantelamiento industrial de la Argentina, a cambio de recomenzar la vida “democrática”. Aprovechando el descrédito en que las FFAA habían caído, luego de su participación en el nefasto golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, instrumentado por el imperialismo, y de la derrota en la batalla de Malvinas, el gobierno de Alfonsín, da comienzo al plan exigido por las potencias imperiales de desmantelar la industria argentina y de discontinuar su desarrollo científico-tecnológico. En el gobierno de Menem se completa la tarea. Se divide en tres a la CNEA: CNEA “Residual”, ARN Autoridad Regulatoria Nacional y NASA, Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima.

    Vientos de cambio, las ventajas de desarrollar un Plan Nuclear Argentino

    El gobierno decidió la puesta en marcha de la Central Nuclear ATUCHA II, y declaró de Interés Nacional la construcción y puesta en marcha del Prototipo de Reactor CAREM para generación nucleoeléctrica. Además, el gobierno decidió la construcción de una cuarta Central Nuclear y la extensión de la vida útil de las Centrales EMBALSE y ATUCHA I. Justo es decirlo, éstas decisiones del gobierno de los Kirchner, restablecen para el Plan Nuclear Argentino, el carácter de política de estado que había perdido a partir de 1984. Las ventajas que nuestro país obtendría a partir de la continuidad del desarrollo en investigación científica tecnológica en el área nuclear son notables.

    - Considerando que la generación de energía eléctrica por medio de las centrales nucleares es la de más bajo costo comparada con otros medios, el aumento de la participación de la nucleoelectricidad en nuestra matriz de generación eléctrica bajará los costos promedio de nuestro aparato productivo, mejorando su competitividad, además de reducir el costo energético de los hogares argentinos y aumentar la confiabilidad del sistema de provisión de energía eléctrica.

    - La continuidad como exportador confiable de reactores nucleares de investigación, al dominar el ciclo de combustible, iniciado con el Plan Perú en 1977, continuado por la provisión a Argelia, a Egipto y en el 2005 a Australia, le dan a nuestro país la posibilidad de aumentar las exportaciones con altísimo valor agregado. El potencial que tiene la Argentina, de comenzar la exportación de reactores de tipo CAREM, son inmensas, dados los planes de expansión de las plantas nucleares en el mundo, especialmente las de China e India. Estos países, que como otros del tercer mundo, poseen grandes territorios, para poder disponer de energía eléctrica en lugares donde no existen redes de distribución de alta tensión, pueden hacer un uso importante de generadores modulares como el CAREM, con rangos de generación de entre 25 y 300 MW, ideales para dicha aplicación.

    - Sería importante retomar vigorosamente los avances logrados por la CNEA en el área de Reprocesamiento de combustibles agotados, que fuera interrumpido por Menem, es vital para ofrecer servicios de reproceso de combustible en las operaciones de exportación.  Pero esto no es la única ventaja de continuar con el reproceso de combustible nuclear agotado. En efecto, la posibilidad de recuperar plutonio, nos permitiría encarar el desarrollo de las tecnologías avanzadas de fisión, como los reactores reproductores rápidos (breeders) que usan materiales combustibles en base a plutonio. El reproceso y reciclado de los combustibles nucleares son componentes esenciales de una buena práctica de aprovechamiento de los recursos minerales en la generación de energía eléctrica bajando aún más el costo de generación, por un lado, y por el otro, una garantía de su no uso para fines bélicos.

    - Continuar con la Investigación y Desarrollo (I & D) en el campo nuclear permitiría a la CNEA y al INVAP desarrollar y acumular mayor experiencia aún que la ya adquirida, en el diseño y construcción de centrales nucleares, elevando su perfil científico y tecnológico. Esto permitiría conformar un equipo que incursione en los avances de la energía nuclear en la etapa actual de la fisión y prepararse para dar los pasos necesarios hacia la tecnología de fusión nuclear controlada, donde las posibilidades de generación energética serían infinitas: el recurso en lugar del uranio o plutonio serían los isótopos del hidrógeno el elemento más abundante en la naturaleza.

    Algunos interrogantes

    ¿Qué ha ocurrido con la producción de uranio en nuestro país? ¿Qué es lo que va a ocurrir?

    En 1998 el gobierno de Menem suspendió la producción de uranio nacional. En aquel entonces el kilo de ese mineral costaba 25 dólares. Hoy el país lo está importando a 300 u$s el kilogramo. Este incremento de precio, debido a la mayor demanda por el incremento de los proyectos de centrales nucleares en el mundo, ha llamado la atención de empresas extranjeras que ya han comenzado el cateo en distintas provincias. Las empresas extranjeras no están explorando, sino rodeando yacimientos de la CNEA o desempolvando viejos estudios nuestros. Se están importando 120 toneladas de uranio por año que es el consumo de nuestras centrales ATUCHA I y EMBALSE y se está pagando por ello 36 millones de dólares. Fuentes de la CNEA estiman que si la Argentina volviera a producir uranio el costo sería menor a la mitad y se darían trabajo a por lo menos mil personas. La Ley de Minería vigente, que permite el saqueo de nuestros recursos minerales por empresas extranjeras, alcanza también a los minerales de uranio. Las empresas extranjeras están proyectando la explotación de las minas de uranio y su exportación. ¿No se verá la Argentina obligada a comprar su propio uranio, no al costo de extracción sino a precios del mercado mundial? Esto perjudicaría la ventaja competitiva que en el mercado mundial podría tener la Argentina como exportadora de centrales nucleares con provisión del combustible nuclear y servicio de reproceso del mismo.

    Algunas respuestas

    En su actual gira por Oriente Medio, la comitiva presidencial argentina, ha respondido en forma inequívoca a los interrogantes planteados: ha señalado a los distintos países que visitó que “La economía argentina está abierta a la inversión extranjera”, la Presidente les informó acerca de las grandes posibilidades que ofrece la minería, dio como ejemplo el emprendimiento conjunto con la hermana república de Chile, en obvia alusión al emprendimiento de la Barrick Gold en Pasqua Lama, intentó seducir nombrando los preciados minerales de oro, cobre, plata, potasio y litio, que contiene nuestro territorio y tranquilizó a los posibles inversores indicando que “la Argentina es hoy un país absolutamente confiable y previsible”. Fue una clara invitación a participar del saqueo que realizan en forma “legal y sustentable” las transnacionales mineras ya en operación en nuestro país, beneficiadas por un trato impositivo privilegiado con estabilidad fiscal por treinta años. Esto es una confirmación de que la nefasta Ley de Minería no será revisada.
    El millonario contrato de importación de gas de Qatar, firmado el 18 de enero, que prevé la instalación de una planta de regasificación en el Golfo de San Matías, provincia de Río Negro, motivó el siguiente comentario de nuestra presidente: “El desarrollo sustentable de carácter industrial produce una demanda de gas importante”.

    Nosotros podríamos traducir de ésta manera. La crisis energética argentina, generada por la política de privatización de los recursos energéticos en la década del noventa, que fomentó una explotación y exportación sin límites, provocó el actual faltante. A su vez, la expansión de la privilegiada industria de la minería, que es electro-intensiva y la generación eléctrica que fundamentalmente se ha expandido a partir de centrales térmicas que funcionan a gas natural, requieren crecientes necesidades de importación, tanto de energía eléctrica como de gas.

    Profundización del “modelo nacional y popular”

    El hecho de que nuestros gobernantes buscan atraer capitales del exterior, en lugar de evitar que los que se generen fronteras adentro se fuguen. El hecho de que se mantenga la legislación financiera y la de inversiones extranjeras impuestas a sangre y fuego por el golpe cívico-militar contrarrevolucionario de 1976 que depuso a un gobierno nacional y popular. El hecho de que se continúe pagando la deuda externa ilegítima y fraudulenta probada como tal en sede judicial. El hecho de que no sólo se permita sino que además se invite a otros, al saqueo de los recursos minerales y energéticos, revela el verdadero significado de la anunciada “profundización del modelo nacional y popular” tan cacareado por el gobierno. Mantener a la Argentina en la división internacional del trabajo, reducida a un perfil de economía primarizada significa, lisa y llanamente no solamente mantener intacto el modelo económico-social impuesto por el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, sino profundizarlo.

    Pasos como el que acaba de dar la CNEA, que nos llena de orgullo, que nos mueve a felicitar a los equipos de científicos, ingenieros y técnicos que intervinieron en el desarrollo, constituyen un hito importante que se suma al patrimonio nacional que los argentinos recuperaremos sin duda, en un futuro no muy lejano, y que sabremos utilizar en nuestro beneficio y no el de las empresas transnacionales al servicio del imperialismo, favorecidas por éste gobierno.

    • Politica Nacional 
    • Artículo cargado el 20/01/2011 - 02:12

    La Izquierda Nacional y las “políticas de la memoria”

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

    Uno de los mensajes dejados en la web a propósito de nuestras críticas a Galasso y Altamira es elogioso, pero a la vez nos reprocha la caracterización que hacemos de militares nacionalistas como Rico y Seineldín. Ante esta confusión sobre nuestra posición, Gustavo Cangiano formula una aclaración necesaria.

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    El culto a la memoria

    En 1992 la Fundación Auschwitz realizó el Congreso “Historia y Memoria de los crímenes y genocidios nazis”. El escritor búlgaro-francés Tzvetan Todorov presentó la ponencia “Los abusos de la memoria”. Se trata de un texto brevísimo, pero muy sustancioso. Considerando la naturaleza del evento, uno puede prevenirse del contenido de los trabajos presentados. Pero Todorov se las ingenia con maestría para no caer en los lugares comunes a que nos tiene acostumbrados quienes gestionan “la industria del Holocausto”.

    Al referirse a lo que llama “el culto a la memoria”, Todorov menciona las tres razones principales que lo animan:

    1) “La combinación de las dos condiciones —necesidad de una identidad colectiva, destrucción de identidades tradicionales— es responsable, en parte, del nuevo culto”, dice Todorov. Se trata de un punto de excepcional importancia: todo régimen político y social se apoya en identidades individuales y colectivas que le dan sustento. Mediante el “culto a la memoria”, las clases dominantes estarían conformando las identidades funcionales al mantenimiento del status quo. Los problemas “identitarios”, entonces, junto al marco conceptual que los envuelve a todos (los “derechos humanos”) deben ser abordados con particular detenimiento por el pensamiento crítico, socialista y revolucionario.

    2) “Otra razón para preocuparse por el pasado —dice Todorov— es que ello nos permite desentendernos del presente, procurándonos además los beneficios de la buena conciencia”. ¿No tiene razón Todorov? Concentrarnos en “los crímenes de la dictadura”, juzgando una y otra vez a los mismos personajes (ya se anunció que este año el show va a continuar con nuevos juicios a Videla, Menéndez, etc.), ¿no desplaza necesariamente el foco de atención del presente al pasado? ¿Y no permite que cualquier “burgués pequeño, pequeño” se sienta orgulloso de sí mismo por sus nobles sentimientos “derechohumanistas”? Pero pegarle hoy a los Videla y cía., ¿no es casi como patear al caído? La pregunta sería: ¿a quién no le pegamos hoy por el hecho de estar pegándole a Videla, a quien había que pegarle ayer?

    3) Por fin, dice Todorov que “una última razón para el nuevo culto a la memoria sería que sus practicantes se aseguran así algunos privilegios en el seno de la sociedad”. Perspicaz, Todorov observa que “nadie quiere ser una víctima, todos, en cambio, quieren haberlo sido, sin serlo más: aspiran al estatuto de víctima”. ¿No explica esta “aspiración al estatuto de víctima” que en el mundo haya tantos “sobrevivientes del Holocausto”, o, entre nosotros, tantos “ex combatientes de Malvinas”, “ex exiliados”, “ex familiares”, etc.?

    De todo lo anterior, Todorov saca la conclusión de que “sacralizar la memoria es un modo de hacerla estéril”. O peor aún, ante tanta insistencia en “la memoria”, la pregunta clave sería: “¿para qué puede servir y con qué fin”?

    La noche de los lápices

    Consideremos ahora a modo de ejemplo la llamada “Noche de los lápices”. Es el título de una película de Héctor Olivera y de un libro de María Seoane. Ahí tenemos una acabada expresión del “culto a la memoria” y del “abuso de la memoria”, como diría Todorov. Las llamadas “políticas de la memoria” han transformado a la “noche de los lápices” en un episodio emblemático del supuesto “genocidio” que habría tenido lugar en la Argentina en un período no precisado del todo que va desde el tercer gobierno de Perón hasta el fin de la dictadura militar en 1983 (esta deliberada falta de precisión, digamos entre paréntesis, contribuye a generar la idea de que entre el peronismo y la dictadura hubo cierta continuidad política). La historia que cuenta la “noche de los lápices” es ampliamente conocida: un grupo de estudiantes secundarios salió a reclamar por el boleto estudiantil, pero la dictadura militar secuestró, torturó y asesinó a la mayoría de sus miembros. Sólo se salvaron unos pocos, de modo de permitir que la tragedia pudiera ser conocida por la posteridad. Los protagonistas centrales de la “noche de los lápices” fueron Pablo Díaz, sobreviviente, y Claudia Falcone, desaparecida. Todos los 16 de setiembre se conmemora el episodio, con grandes movilizaciones estudiantiles y actos oficiales en escuelas que reclaman por el “nunca más”.

    Primera cuestión: ¿cuánto de cierto hay en la historia que cuenta la “noche de los lápices”?

    Resultará útil conocer el testimonio de Jorge Falcone referido a su hermana Claudia. Dice Jorge: “Mi hermana no era una chica ingenua que peleaba por el boleto estudiantil. Ella era toda una militante convencida”. Y agrega: “Ni María Claudia ni yo militábamos por moda. Nuestra casa fue una escuela de lucha”. Ante la pregunta de si él y su hermana eran montoneros convencidos, responde: “Sí. Nadie nos usó ni nadie nos pagó. No fuimos perejiles como dice la película de Héctor Olivera, que yo mismo asesoré hasta donde pude. Nadie nos escribió los libretos. Fuimos a la conquista de la vida o la muerte”. Luego de tomar distancia del film, continúa: “En el departamento donde cayó mi hermana se guardaba el arsenal de la UES de La Plata. Mi hermana no cayó solamente por el boleto secundario, sino por una patria justa, libre y soberana. La compañera María Clara era su responsable. No se agarraron a los tiros con el pelotón que las fue a buscar por no hacer mierda a los vecinos en un edificio de departamentos. No porque no querían o no podían”.

    Se trata de un testimonio revelador para millones de jóvenes que han comprado la historia rosa que le vendieron los derechohumanistas que “abusan de la memoria”, es decir, que usan el pasado en función de sus intereses presentes. Sigamos con el testimonio: “Cuando se dio la película —continúa Jorge Falcone—, yo fui llevado en andas con Pablo Díaz, el sobreviviente, del cine al Obelisco. Allí dije que mi hermana estaba en la clandestinidad con documento trucho, que respondía a una orgánica nacional revolucionaria. Eso puso a todos nerviosos. No querían escuchar esas cosas. Mi hermana no era una Caperucita Roja a la que se tragó el lobo, aunque tampoco tengo la intención de convertirla en una guerrillera heroica. Era una militante revolucionaria.” Y precisa la adscripción de Claudia en Montoneros: “Era miliciana. El miliciano era un tipo que podía revolear una molotov en un acto relámpago gritando ‘Perón o muerte’. También podía hacer una acción de apoyo a un acto militar de mayor envergadura sin saberlo, como cuando participamos en una serie de actos relámpago que sirvieron de cerco en agosto de 1975 para el hundimiento de la Fragata Santísima Trinidad. La gente que tenía conducción en un colegio secundario no se chupaba el dedo. Tenía práctica política y militar”.

    La conclusión salta a la vista: los centuriones de la dictadura contrarrevolucionaria que asaltó el gobierno en 1976 en defensa de los intereses oligárquico-imperialistas liquidaron físicamente a Claudia Falcone (y a tantos otros). Los herederos civiles de esa dictadura (defensores también de los mismos intereses oligárquico-imperialistas), invocando los “derechos humanos”, la liquidan política y simbólicamente: ocultan que fue una militante revolucionaria y la presentan como a una adolescente “inocente” ignorante del torbellino histórico en que estaba envuelta. Típico “perejil”. El drama político que supone el enfrentamiento entre la revolución y la contrarrevolución, con sus derivados problemas tácticos y estratégicos que se presentan a los individuos y organizaciones que encarnan uno y otro campo de lucha, queda reducido a una tragedia íntima, familiar. Para decirlo como lo dirían los politólogos académicos: lo público queda subsumido en lo privado.

    El vaciamiento político por parte del derechohumanismo

    La segunda cuestión es la que planteaba Todorov respecto de la “construcción de la memoria”: “¿para que puede servir y con qué fin?”. Es decir: ¿a qué intereses resulta funcional la reducción de un fenómeno histórico-político (en el que intervienen clases sociales, instituciones, organizaciones militantes, proyectos sociales antagónicos, etc.) al drama privado de gente que mata, muere, “desaparece”, etc.?

    En 1937, en plena guerra civil española, un Grupo de Tareas al servicio de la URSS secuestró y “desapareció” al dirigente marxista Andrés Nin. Fue un crimen monstruoso, con un significado claramente contrarrevolucionario. Todavía hoy, más de setenta años después de ocurrido, sigue siendo denunciado por todos los luchadores del campo popular en diferentes partes del mundo. Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido que la desgracia de Nin fue que no se respetaron sus “derechos humanos”. Nadie presenta a Nin como un “inocente” que cayó víctima de “monstruos genocidas” (ni Franco, ni Stalin, ni Churchill, ni Hitler pueden ser entendidos si se los iguala y deshistoriza aplicándoles el calificativo compartido de “genocidas”). Los descendientes de Nin jamás pretendieron cobrar indemnización del Estado español o ruso, ni judicializar el hecho político llevándolo ante un “tribunal penal internacional”. Nin fue un luchador cuya tragedia personal no puede entenderse al margen de un contexto signado por la agudización de la lucha de clases. Sería faltarle el respeto subsumir su faceta de hombre público, comprometido con causas sociales que exceden su individualidad, en su faceta privada o familiar. Si todo esto vale para Nin, ¿por qué no valdría para Claudia Falcone y demás caídos en los combates político-militares de los años setenta?

    ¿A quién sirve reducir aquellos conflictos político-sociales a la condición de dramas individuales? Sirve a quienes quieren ocultar que el actual orden económico, social y cultural es el resultado de la derrota de los luchadores populares de los setenta; sirve a quienes quieren eternizar este orden borrando del horizonte la posibilidad de subvertirlo en beneficio de los más sumergidos y necesitados; sirve a quienes no tienen interés en criticar y autocriticar los errores políticos, tácticos y estratégicos del pasado a fin de que no se repitan en el futuro.

    Cuando el socialismo de la Izquierda Nacional advierte que las fuerzas populares deben construir un puente que las una con el ala nacionalista de las Fuerzas Armadas, superando resquemores mutuos que son producto, en parte, de la acción deletérea de la ideología dominante, lo que hace es combatir la “política de la memoria” diseñada con el objetivo de construir identidades políticas y sociales impotentes para derribar el orden imperante. ¿Y qué clase de socialista y revolucionario es aquel que no trabaja para desmoronar el orden capitalista semicolonial que nos aflige?

    • Polémica Galasso - Altamira 
    • Artículo cargado el 19/01/2011 - 00:28
    Por qué minimizan el papel de Abelardo Ramos en la creación de la Izquierda Nacional argentina

    Galasso y Altamira falsifican la historia

    Horacio da Silva

    Etiquetas/Temas: altamira, galasso,
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    Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional

    Respondiendo a la “primera carta” de Galasso, Altamira escribe: “Galasso aprovecha la ignorancia de su público para reivindicar un apoyo al 17 de octubre (de 1945), lo cual es cierto para el periódico Frente Obrero, pero donde no estaba Abelardo Ramos, el cual, en su revista Octubre lo caracterizó, por el contrario, como una lucha interburguesa”.

    El propósito que persigue la mentira de Altamira es evidente: desligar a Ramos del gran acierto histórico que significó la correcta caracterización del peronismo en el momento en que éste surgía. Ya había intentado algo semejante Osvaldo Coggiola en su Historia del Trotskismo Argentino de 1985, donde denunciaba “la mitología política de Ramos y su ‘izquierda nacional’, que pretende haber sido la única corriente de izquierda que no se ubicó en el campo de la unión democrática en 1945”. ¿Por qué Altamira, Coggiola y el Partido Obrero están dispuestos a admitir que el mérito en la caracterización del 17 de Octubre y del peronismo recaiga en Frente Obrero pero no en la revista Octubre? Pues porque ésta última era publicada por Ramos, quien, a diferencia de los editores de Frente Obrero, desempeñó un papel político activo en las décadas que siguieron a la irrupción peronista. En lugar de denunciar esta operación político-ideológica dirigida contra el socialismo de la Izquierda Nacional, Galasso la festeja: le recuerda a Altamira que fue él –Galasso– quien instaló la idea de que “la Izquierda Nacional (fue) iniciada por Frente Obrero” y no por Ramos y Octubre. “Celebro que me leas y me sorprende gratamente”, le dice complacido a su interlocutor.

    La verdad es muy diferente de lo que cuentan Altamira, Coggiola y Galasso. Hacia 1945 había en la Argentina unas pocas decenas de militantes trotskistas; algunos eran jóvenes, y otros jovencísimos. En la lucha por establecer un contacto real con la clase obrera, se agrupaban, se distanciaban y se volvían a agrupar sin solución de continuidad. Honorio Díaz relata esta historia detalladamente en su libro La cuestión nacional. El Grupo A que publicaba el periódico a’ se unía al Grupo B que publicaba el periódico b’ y juntos daban vida al Grupo AB que publicaba la revista ab’. Pero los disidentes del Grupo A se oponían a esa convergencia y publicaban el periódico aa’. A los pocos meses (si no semanas), el flamante Grupo AB dejaba de existir porque una parte del mismo confluía con el Grupo C, que estaba integrado por ex militantes del originario Grupo A… y así sucesivamente.

    Pero el 17 de octubre de 1945 se inauguró de un nuevo período en la historia de la Argenina moderna, el cual se extendería por más de tres décadas: aparecían en escena la moderna clase obrera y el Frente Nacional (el peronismo) del cual ella formaba parte. Esto partió aguas definitivamente dentro de aquella primigenia y extravagante “familia” trotskista. Hubo quienes se integraron al peronismo (Esteban Rey); hubo quienes lo denunciaron como un movimiento enemigo de la clase obrera (Nahuel Moreno); y hubo quienes reivindicaron su significación progresiva brindándole apoyo pero sin renunciar a su propia identidad política, ideológica y organizativa. En esta última postura coincidieron las publicaciones Frente Obrero, editada por Aurelio Narvaja y Enrique Rivera, entre otros, y Octubre, que era una iniciativa de Abelardo Ramos y Mauricio Preeloker. El intento de Altamira y Galasso por establecer diferencias sustanciales entre ambas publicaciones es producto de una mala intención que combina errores fácticos (basta releer los textos publicados en ambas publicaciones para advertir que la caracterización del peronismo era análoga), y groseros errores metodológicos, sorprendentes en gente que se autoproclama “marxista”.

    Científicos, policías y paparazzis

    La disputa por la paternidad de una idea o de un “descubrimiento” tiene una larga historia. En el terreno del socialismo, puede remontarse al propio Marx, cuya teoría de la plusvalía fue atribuida por los enemigos de Marx a un economista de apellido Rodbertus, a quien hoy casi nadie recuerda. En el año 1904 León Trotsky toma contacto con un economista llamado Parvus. Con el propósito de disminuir la significación histórica de Trotsky, se ha afirmado que la Teoría de la Revolución Permanente a la que él daría forma a partir de 1905, fue en realidad obra de Parvus.

    En otros terrenos existen historias semejantes. Sabido es que la paternidad de la evolución por selección natural, planteada por Charles Darwin, ha sido disputada por otro naturalista llamado Alfred Wallace. Al médico Luis Pasteur se le ha señalado que sus publicaciones sobre el papel de los gérmenes tenían como antecedente los descubrimientos del malogrado Ignaz Semmelweis. De Freud se ha dicho que su método psicoanalítico se nutrió del trabajo del doctor Charcot. Y así podría seguirse indefinidamente: la metodología falsacionista, que lanzó en 1934 a la fama al filósofo Karl Popper, se encuentra anticipada en las investigaciones del fisiólogo Claude Bernard. Hasta la cosmología heliocéntrica, obra del inmortal Nicolás Copérnico, puede encontrarse mil ochocientos años antes en los trabajos del olvidado filósofo Aristarco.

    Más cercanamente, el ex montonero y ex funcionario menemista Ernesto Jauretche (indigno sobrino de su tío) afirma que las críticas de Rodolfo Walsh a la conducción de Firmenich fueron elaboradas también por él y por el ex embajador Diego Guelar.

    Ahora bien, ¿qué prueban todos estos casos mencionados? ¿Acaso que muchos de los grandes personajes de la historia se han apropiado, en realidad, de méritos que no les correspondían por derecho propio? Tomemos el caso de Trotsky, por ejemplo: ¿por qué su nombre y no el de Parvus aparece asociado a la Teoría de la Revolución Permanente? Son muchas y variadas las respuestas que pueden proporcionarse. Pero reparemos en esto: ¿que importancia puede tener, para la historia del pensamiento socialista, detenerse a sopesar con exactitud la medida en la que Trotsky y Parvus han contribuido al planteo inicial de la Teoría de la Revolución Permanente? Si en vez de tomar como “unidad de investigación” la persona de Trotsky, o la de Parvus, tomamos la Teoría que ellos contribuyeron a crear, entonces la pregunta por la paternidad pierde importancia. De lo que se trata, fundamentalmente, es de elucidar de qué manera esa Teoría fue abriéndose camino, sinuosamente, a lo largo del proceso histórico, y no de determinar si a tal o a cual personaje corresponde el Premio Mayor de haberla “inventado”. Naturalmente, las teorías y las ideas no discurren a lo largo del tiempo por sí solas, sin un “soporte material” al cual asirse, sino que se encarnan en sujetos individuales o colectivos que son en definitiva quienes las expresan. Pero al investigador científico (al sociólogo, al historiador, al economista, etc.), a diferencia de los policías o de los paparazzis, le importarán más las teorías y las ideas que esos “soportes materiales”.

    ¿Por qué razón, entonces, Altamira y Galasso –que supuestamente no son policías ni paparazzis– tienen tanto interés en dejar establecido que no fue Abelardo Ramos quien “inventó” la Izquierda Nacional, sino que él se apropió ilegítimamente de un “invento” que habían hecho otros (Aurelio Narvaja y Frente Obrero en este caso)? La respuesta es sencilla. Por la misma razón que hay quienes se empecinan en sostener que no fue Marx sino Rodbertus el “inventor” de la Teoría de la Plusvalía, o que no fue Trotsky sino que fue Parvus quien “inventó” la Teoría de la Revolución Permanente: por razones de índole política y no de índole histórica; por razones que tienen que ver con el presente, y no con el pasado. Contraponerle Rodbertus a Marx, Parvus a Trotsky y Narvaja a Ramos, es una de las tantas maneras de atacar –oblicuamente en estos casos– la Teoría de la Plusvalía, la Teoría de la Revolución Permanente y la existencia misma de una Izquierda Nacional Militante.

    Reivindican a Aurelio Narvaja para atacar a la izquierda nacional

    En su reciente libro Abelardo Ramos… La Izquierda Nacional en la Argentina, el historiador Alberto Regali aborda el tema de los orígenes de la Izquierda Nacional con criterio más apropiado que el de Altamira y Galasso. Escribe: “El debate sobre cuál de los dos —Ramos o Narvaja— tuvo la paternidad sobre la ‘comprensión’ del peronismo, creemos que es una polémica estéril. Nada de fondo surge de los textos, aunque el primero admite la preeminencia del segundo, hasta por la edad. Ambos fueron personalidades que complementaron en la divergencia y la unidad de sus interpretaciones sobre los nuevos sucesos”. Regali reproduce párrafos enteros de Frente Obrero y Octubre que revelan que son decididamente falsas las diferencias entre ambas publicaciones que Altamira y Galasso pretenden establecer. Al lector interesado en conocer estos textos le sugerimos que los consulte en la página web de la Izquierda Nacional: www.izquierdanacional.org

    Tiene razón Regali: en el momento de producirse el 17 de Octubre, Ramos apenas tenía 24 años. Narvaja, por su parte, lo superaba en ocho años. Una diferencia de edad que serviría para explicar la capacidad de liderazgo que los primeros “izquierdistas nacionales” reconocían a Narvaja pero no a Ramos, que era coetáneo de todos ellos. Pero más importante que esto es lo siguiente: una idea o una teoría no quedan constituidas definitivamente en el momento de ser enunciadas por vez primera. Trotsky enunció por primera vez la Teoría de la Revolución Permanente en 1905, pero a lo largo de los años continuó perfeccionándola y robusteciéndola (en algunos puntos corrigiéndola) al contrastarla con los acontecimientos políticos. Del mismo modo, la Izquierda Nacional no queda constituida de una vez para siempre en 1945, como parece creer Galasso. Ese año quedan establecidos, por así decir, sus primeros trazos (y hasta incluso podría detectarse más atrás, en algunos trabajos de Liborio Justo, una “proto-izquierda nacional”). Pero con sólo esos primeros trazos, la Izquierda Nacional no se habría convertido en una de las corrientes vivientes de la izquierda y de la política argentina en general. ¿Qué habría sido de la Izquierda Nacional si Ramos y sus compañeros hubiesen actuado como actuó Narvaja, que se refugió durante décadas en el silencio de la vida privada? Análogamente: ¿qué habría sido de la Teoría de la Revolución Permanente si Trotsky, tal como hizo Parvus, hubiera abandonado la actividad política al poco tiempo de enunciarla?

    En su libro contra Ramos y la Izquierda Nacional titulado La Izquierda Nacional y el FIP, Galasso transmite la idea de que la Izquierda Nacional quedó constituida de una vez y para siempre, con toda su pureza inmaculada, cuando Narvaja publica en Frente Obrero el célebre artículo de 19/10/45. Todo lo que vino después fue la apropiación ilegítima por parte de Ramos de esa Izquierda Nacional virginal. Así como hay hombres que roban dinero, o que roban las mujeres de otros hombres, Ramos le habría robado a Frente Obrero el gran “invento” de Aurelio Narvaja. Y tal vez también haya robado algún dinero o alguna mujer, ¿por qué no? Coggiola escribe: “Sería un error decir que Ramos considera una organización política como existente cuando ésta suera los 30 militantes. Más bien debería pensarse que piensa tal cosa cuando su caja supera los 30 dineros”. Tan sesgada es la interpretación de Galasso, que ante el hecho de que Frente Obrero dejó de aparecer mientras que Octubre siguió haciéndolo, ahora con la colaboración de militantes cercanos a Narvaja (como Enrique Rivera), él concluye insólitamente que hubo “un mayor acercamiento”, no de Frente Obrero a Ramos, sino de Ramos a Frente Obrero. Poco antes de morir en 1990, Narvaja publicó algunas notas en la revista Amauta, que bajo la dirección de Honorio Díaz estaba inspirada por Ramos. ¿Dirá Galasso que Ramos volvió a “acercarse a Narvaja” en esta oportunidad? ¿O es muchísimo más sensato concluir que fue Narvaja quien se acercó a Ramos?

    Sea como fuere, si se considera a la Izquierda Nacional como una “idea-fuerza” lanzada a la política argentina en 1945, y si se siguiera su desenvolvimiento con marchas y contramarchas a lo largo de las décadas siguientes, no cabe duda que la figura de Abelardo Ramos adquiere una envergadura notablemente superior, tanto en el plano de la producción teórico-política como en el plano de la producción político-organizativa, a la de aquellos pioneros de Frente Obrero. Llamar a Ramos “divulgador” y “deformador” de una Izquierda Nacional que habría aparecido ya terminadita, con envoltorio y todo, en un breve artículo de un periódico marginal de hace más de medio siglo, sólo puede explicarse por la inquina personal de un hombre que no repara ni ante la verdad histórica ni ante las prescripciones metodológicas más rigurosas que rigen el oficio de los historiadores.

    • Polémica Galasso - Altamira 
    • Artículo cargado el 14/01/2011 - 01:39

    Altamira y Galasso, mentiras y coincidencias

    Etiquetas/Temas:

    Nada tendríamos que objetar al hecho de que un kirchnerista vergonzante y un ultraizquierdista gorila discutan hasta el cansancio • Pero sucede que detrás del aparente debate subyace una trampa político-teórica tendida por ambos a las nuevas generaciones de luchadores políticos y sociales, y un ataque a la Izquierda Nacional

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    Gustavo Cangiano

    La campaña electoral por la presidencia de la república ya está en marcha. El gobierno encomendó a uno de sus escribas, Norberto Galasso, que saliera a atacar al Partido Obrero “desde la izquierda”. Resultado de esta directiva es el texto “¿A dónde vas, Jorge Altamira?”, que los operadores oficialistas han difundido profusamente por el “ciberespacio”. Ni lerdo ni perezoso, Altamira tardó menos de 48 horas en responderle, con un escrito titulado “Qué bajo que caíste, Galasso”.

    La confrontación, entonces, se ha iniciado. De un lado, una persona que defiende al kirchnerismo, no invocando su identidad kirchnerista, como correspondería, sino en nombre de una presunta identidad socialista que compartiría, “en teoría”, con su contrincante. “Tenemos un punto teórico común –escribe Galasso–: es necesario crear la sociedad solidaria, igualitaria, donde brote y se consolide el Hombre Nuevo”. De otro lado, el máximo dirigente de una corriente ultraizquierdista que se caracteriza por oponerse al kirchnerismo con el mismo bagaje argumentativo con el que se ha opuesto y se opondrá a todos los gobiernos habidos y por haber, en cualquier tiempo y lugar e independientemente de su naturaleza social, siempre cacareando que todos ellos expresan “fracciones burguesas”.

    Nada tendríamos que objetar al hecho de que un kirchnerista vergonzante y un ultraizquierdista gorila discutan hasta el cansancio. Pero sucede que detrás del aparente debate subyace una trampa político-teórica tendida por ambos a las nuevas generaciones de luchadores políticos y sociales. La trampa consiste en lo siguiente: al debatir entre sí, Galasso y Altamira se reconocen, recíprocamente, como representantes de cada una de las dos únicas alternativas que se le presentarían actualmente a la izquierda: o montarse (“críticamente”) sobre el kirchnerismo en nombre de una “izquierda nacional”, o, por el contrario, oponerse al kirchnerismo desde una posición de “izquierda revolucionaria”. Galasso prefiere la primera opción, y a quien no la comparta le advierte que terminará con Altamira. Este, por su parte, invita a adoptar la segunda de las alternativas mencionadas. De lo contrario –sostiene– sólo cabe transitar el camino de Galasso.

    Pero sucede que ni Galasso representa a la Izquierda Nacional, ni Altamira representa a la izquierda revolucionaria. Más aún: sucede que el socialismo en una semicolonia sólo puede ser revolucionario asumiendo posiciones de Izquierda Nacional, y que la Izquierda Nacional es inimaginable sin ser, simultáneamente, socialista y revolucionaria.

    Discrepancias superficiales y coincidencias de fondo

    Las discrepancias entre Galasso y Altamira reposan sobre las siguientes suposiciones compartidas:

    a) Altamira reconoce a Galasso como vocero de la Izquierda Nacional y éste, a modo de contraprestación, le reconoce al Partido Obrero el lugar de la única oposición de izquierda posible frente al kirchnerismo;

    b) lo anterior implica que ambos distorsionan, de manera deliberada, las posiciones político-teóricas del socialismo de la Izquierda Nacional, el cual ni confunde al “enemigo principal” con el “enemigo secundario”, ni apoya a un “enemigo secundario” con el pretexto de que existe un “enemigo principal”.

    c) Altamira y Galasso coinciden en calificar al gobierno de Cristina Fernández como un “gobierno nacional y popular”, lo cual le conferiría una naturaleza social similar a la del peronismo histórico.

    Corresponderá entonces examinar las suposiciones mencionadas a fin de mostrar su carácter falaz.

    ¿Representa Galasso a la Izquierda Nacional?

    Galasso reprocha a Altamira su oposición frontal al gobierno de Cristina Fernández. Sermonea al jefe del PO recordando la recomendación de Lenin a los partidos socialistas y revolucionarios que actúan en un contexto signado por la existencia de un movimiento de masas nacionalista y antiimperialista: “Marchar separados y golpear juntos”, era la consigna leninista. Escribe Galasso: “Junto con las mayorías populares, aunque las direcciones políticas no sean todo lo que vos quisieras. Y ‘separados’, es decir, manteniendo la independencia ideológica, política y organizativa”.

    Como veremos, resulta difícil decidir si lo que prevalece en Galasso es su manifiesta ignorancia respecto del abecé del socialismo o si es lisa y llanamente la mala fe inherente a quien trabaja por encargo: la consigna “marchar separados y golpear juntos” sólo es aplicable a circunstancias determinadas, que nada tienen que ver con las actuales en la Argentina, signada por la inexistencia de un Frente Nacional (o Frente Único Antiimperialista). En todo caso, Galasso debería demostrar que esas condiciones sí están dadas. Veremos que no lo hace. Por otra parte, ¡el propio Galasso, a la hora de actuar políticamente, se aparta olímpicamente de la aplicación de esa consigna! Pero reparemos ahora en esta afirmación de Galasso: “Sabemos, desde la Izquierda Nacional, que no es fácil ese ‘golpear juntos’ y marchar separados. Inclusive hago autocrítica cuando Ramos se presentó con candidatura propia el 11 de marzo del ‘73 porque sostenía que era lo mismo Cámpora que los radicales y los candidatos del gobierno militar. Fue un grave error”.

    Primera observación: ¿qué “autocrítica” debe hacerse Galasso por la posición del FIP que presidía Abelardo Ramos en 1973, si él no formaba parte de esa fuerza política? “Autocrítica” significa la crítica de uno mismo, no la crítica de los demás. En marzo de 1973 Galasso –siempre desde su lugar confortable de francotirador literario–, andaba coqueteando con Montoneros. Prueba de ello es su lamentable folleto “¿Qué es el socialismo nacional?”. Si ahora quiere “autocriticarse”, que lo haga por haber contribuido a inflar las ilusiones del “peronismo de izquierda”, que terminaron en una inmensa tragedia, tal como la Izquierda Nacional, Ramos y el FIP lo advirtieron reiteradamente. Porque con la misma lógica que emplea Galasso para responsabilizar a Altamira por la muerte de Mariano Ferreyra, se podría responsabilizar a Galasso por la muerte de miles de jóvenes que creyeron el cuento que él les hacía: que el peronismo era sinónimo de “socialismo nacional” y que había que disputar “desde adentro” la conducción a Perón.

    Segunda observación: ¿de dónde sacó Galasso que para Ramos y el FIP “eran lo mismo” Cámpora, los radicales y los candidatos de la dictadura militar? ¿Por qué el “historiador” Galasso no nos muestra una declaración del FIP, ¡sólo una declaración!, que dé fundamento a su ridícula afirmación? Galasso miente. Y miente descaradamente y a sabiendas, confiando en que sus interlocutores jóvenes ignorarán los hechos que refiere y que los más maduros no tendrán interés político en desmentirlo. Roído por su odio personal a Ramos (algunas de cuyas razones menciona Alberto Regali en su libro de reciente aparición Abelardo Ramos. De los astrónomos salvajes a la Nación Latinoamericana. La Izquierda Nacional en la Argentina) y por su servilismo hacia el gobierno, se permite tergiversar impunemente la política de la Izquierda Nacional militante y auténtica, a la que él jamás perteneció.

    Pero vayamos al meollo argumentativo de Galasso: la consigna “marchar separados y golpear juntos”. Esa consigna, según repite este “autocrítico” de la Izquierda Nacional, expresa “la única posición correcta de acompañar a todos los movimientos nacionales de América Latina, desde una perspectiva independiente y colocarse claramente frente al enemigo común que, como se sabe, es el imperialismo y los traidores nativos”.

    Está claro, según surge del párrafo precedente, que la recomendación leninista de “marchar separados y golpear juntos” exige como condición previa la existencia de un “movimiento nacional”. Hay quienes argumentan que el actual gobierno es preferible a uno encabezado por algún personaje de la oposición partidocrática, y que es necesario influir en él desde la izquierda, pero incluso si así fuera, debería aceptarse que hay una gran diferencia entre intentar influir desde la izquierda a hacerle seguidismo oportunista. Más aún, ¿encarna el gobierno de Cristina Fernández un “movimiento nacional”? ¿O es un gobierno más dentro de un régimen partidocrático-demoliberal impuesto como resultado del triunfo contrarrevolucionario de 1976 contra, precisamente, el “movimiento nacional”? A tales preguntas, decisivas, Galasso sólo responde con evasivas. Finalmente llega a la siguiente conclusión: el kirchnerismo es “un gobierno con vocación nacional”. ¿Cuáles serían los indicadores de tal “vocación”? Escribe Galasso: “la Ley del Estado (¿?), la Unasur, la asignación universal por hijo, ponerle coto al FMI”. No parece demasiado para un “movimiento nacional”, ¿verdad? Ateniéndonos a los hechos, se podría retrucar que los resortes decisivos de la economía siguen en manos del capital trasnacional, que el modelo agroexportador basado en la soja acentúa la condición semicolonial del país, que la desigualdad social se profundiza a despecho de los planes asistencialistas que pretenden mitigar la pobreza, que en política exterior seguimos atados al imperialismo y al sionismo, que el modelo cultural vigente tiene más que ver con el “homo-economicus” del capitalismo que con el “hombre nuevo” galassiano-guevarista. Todo esto es cierto, reconocerá el escriba kirchnerista. Pero esas son… ¡las “asignaturas pendientes”! Ingenioso retruécano éste de las “asignaturas pendientes”. Les permite a los kirchneristas apoyar a su gobierno no sólo por lo que el gobierno ha hecho, sino por lo que no ha hecho pero seguramente hará si se lo sigue apoyando.

    Por supuesto, no hay en el texto de Galasso ni siquiera una referencia incidental a los componentes de clase que conferirían al kirchnerismo el carácter de “movimiento nacional”. Hechos tan evidentes como la desmalvinización y destrucción de las Fuerzas Armadas, así como los ataques a la Iglesia desde una perspectiva “derechohumanista”, o el enchalecamiento político-ideológico de la clase obrera, ni siquiera son abordados. Sin embargo, sería un error creer que el discurso de Galasso se desmorona únicamente porque no consigue demostrar la existencia de un “movimiento nacional” ante el cual correspondería “marchar separados y golpear juntos”. Además, el propio comportamiento político de Galasso se aparta de la recomendación leninista que hace suya. Veamos.

    La consigna “marchar separados y golpear juntos” reúne con la conjunción dos aspectos diferentes. El segundo de ellos –”golpear juntos”– podemos suponer que Galasso lo aplica a la perfección: presta su nombre y su falsa identidad de “izquierdista nacional” para que el kirchnerismo saque provecho de ella. Es decir, Galasso “golpea junto” al kirchnerismo; tan “junto” golpea, que hasta parece un kirchnerista más. Pero, ¿qué decir del “marchar separados”? ¿Galasso marcha “separado” o en realidad también marcha “junto”? Según dice, “separado” significa “manteniendo la independencia ideológica, política y organizativa”. Por eso lo exhorta a Altamira: “yo no te pido que abandones tu organización y te incorpores (al kirchnerismo), sino que te pongas al lado”. Ahora bien: ¿es eso lo que hace Galasso?, ¿interviene políticamente Galasso integrando una organización política independiente del kirchnerismo? Más concretamente: ¿cuál es la estructura militante desde la cual Galasso llama a apoyar con independencia ideológica, política y organizativa al “movimiento nacional” kirchnerista? La respuesta la conocemos todos: esa estructura no existe. Galasso no ha hecho nada por crearla, ni lo hace hoy, ni lo hará mañana. A lo largo de los años, cada vez que la Izquierda Nacional militante le ofreció a Galasso un puesto de lucha, éste lo rechazó con desdén. ¿Por qué? Porque Galasso no es ni un militante, ni un socialista, ni un revolucionario. Es un “escritor independiente”, o un “francotirador”, como le espeta Altamira, o un “pequeño burgués con ideas socialistas”, como llamaba Trotsky a los Galasso de todas las épocas. ¿Y cómo caracterizar a un hombre que no sólo inventa un “movimiento nacional” donde no lo hay, sino que recomienda una línea de conducta que ni siquiera él mismo adopta y que, por añadidura, se apropia de una identidad político-ideológica que no le pertenece? ¿Hay algún calificativo más adecuado que el de estafador político?

    El Partido Obrero ayudó al derrocamiento de Isabel Perón

    Jorge Altamira no ignora que Galasso ni forma ni formó parte de ninguna de las organizaciones políticas de la Izquierda Nacional. No integró ni el PSIN, ni el FIP, ni el PIN, ni el MPL, ni integra tampoco Socialismo Latinoamericano. Sin embargo, hace como que no está enterado. Tras criticar a Galasso por su vergonzoso encubrimiento de la burocracia de Pedraza en el asesinato de Mariano Ferreira, escribe con estudiada indignación: “¿Pero que carajo le importa esto a la izquierda nacional?”. Cabe la siguiente pregunta: ¿contribuye la mezcolanza irresponsable que hace Altamira entre Galasso y la Izquierda Nacional a la clarificación política de las nuevas generaciones militantes? ¿O se trata de un procedimiento análogo al que emplea el imperialismo cuando mete en la misma bolsa del “comunismo”, por ejemplo, al stalinismo y a la izquierda antistalinista?

    Al igual que Galasso, Altamira actúa de mala fe. Lo que en realidad le importa, en el fondo, no es Galasso, quien al fin y al cabo no es más que un irrelevante profesor de historia con ideas elementales sobre el socialismo. Lo que a Altamira le inquieta es la posibilidad de que una alternativa socialista revolucionaria de Izquierda Nacional recobre el vigor que tenía en los años setenta, antes de que la contrarrevolución triunfante la golpeara con dureza. Por esa razón le dedica a la Izquierda Nacional –no a Galasso– el párrafo siguiente, que no tiene desperdicio por la insidiosa suma de falsedades que contiene.

    Escribe Altamira: “Lo mismo (que los bolcheviques con Kerensky) hicimos nosotros con Isabel. Durante dos años, combatimos al gobierno peronista que creó las Tres A, produjo el navarrazo en Córdoba, liquidó a la izquierda peronista y asaltó la UOM y la ciudad de Villa Constitución (…). A partir de julio de 1975, con el nombramiento de Videla, produjimos un cambio de orientación, y levantamos la consigna ‘abajo el golpe’, mientras que los que antes advertían contra el golpe ahora lo desechaban debido a la asunción de un ‘general democrático’ (…). La ‘izquierda nacional’ dio todo su apoyo político al gobierno de Isabel y con ello a la política de capitulación frente a los golpistas (…). La ‘izquierda nacional’ y Ramos llegaron a pedirle una definición ‘nacional’ a la dictadura en 1978 y caracterizaron más tarde como ‘militares patrióticos al estilo de Perón’ a Seineldín y Rico –éste milita hoy en las filas K. La ‘izquierda nacional’ que también apoyó el entreguismo de Frondizi y que sólo se opuso de palabra a la Libertadora, no tiene autoridad para darle lecciones al Partido Obrero”.

    Puede que Galasso no tenga autoridad para darle lecciones al Partido Obrero. Pero, ¿no la tiene la Izquierda Nacional? Veamos.

    Según Altamira, la Izquierda Nacional (a la que Altamira, como es común a todos los izquierdistas cipayos, sólo nombra entrecomillándola, cosa que no hace con la “Libertadora”) incurrió en un error tan difícil de cometer como difícil sería estar en dos sitios diferentes al mismo tiempo. Dice Altamira: “Dio su apoyo político a Isabel” y, simultáneamente, “capituló frente a los golpistas”. Al igual que Galasso, que con total desparpajo atribuye al FIP no haber diferenciado a Cámpora de los radicales y la dictadura, Altamira le atribuye la responsabilidad de haber apoyado a Isabel y a quienes la derrocaron. Lo primero es cierto, aunque no en los términos que sugiere Altamira, y lo segundo es absolutamente falso. Quien desee conocer las posiciones de la Izquierda Nacional en los setenta, así como ante la irrupción de los militares malvinistas que acompañaron a Seineldín y a Rico, harán bien en recurrir a otra fuente que Altamira, quien por cierto es poco serio. Nosotros vamos a concentrarnos en las posiciones asumidas por el Partido Obrero.

    En junio de 1975, Política Obrera sostenía que estaba planteada “la cuestión del poder”. El eufemismo significa que en opinión de Altamira estaba a la orden del día la toma del poder por parte de la clase obrera. Una caracterización de la situación semejante a la del ala terrorista de la pequeña burguesía ultraizquierdista, expresada fundamentalmente por el PRT-ERP. De allí que su consigna fuera: “Abajo el gobierno, no al recambio burgués”. Sin embargo, muy pronto PO debió admitir que si “la cuestión del poder” estaba planteada, no era por la inminente irrupción de los soviets, sino porque las Fuerzas Armadas se aprestaban a tomarlo. Entonces, en noviembre de 1975, la consigna es otra: “Fuera Isabel y este gobierno antiobrero, abajo el golpe, elecciones generales”. Como puede observarse, el objetivo de derrocar al gobierno peronista se mantiene, aunque ahora se acepta “el recambio burgués” mediante elecciones generales. Un mes más tarde, en diciembre de 1975, PO insiste con su postura a favor del derrocamiento del gobierno peronista: “la consigna de acabar con este gobierno y convocar a elecciones generales es una consigna de derrota del gobierno, de derrota de la burocracia sindical”. Y agregaba: “este no es nuestro gobierno; hay que echarlo”.

    Estamos en diciembre de 1975. El golpe ya está en marcha. La pregunta que hoy, a más de 30 años de distancia podemos formularnos, es la siguiente: ¿no constituyen los llamados de PO una dulce música para los oídos de los golpistas? Para el imperialismo y la oligarquía se trataba de derrocar al gobierno de Isabel, que expresaba los últimos estertores del Frente Nacional que había llegado al gobierno dos años antes. Durante esos dos años, reconoce Altamira que PO se dedicó a “combatir al gobierno peronista”, al cual define por la Triple A y el “navarrazo”, tal como intencionada y sesgadamente hace la “política de la Memoria” instituida por el imperialismo desde 1983. ¡En lugar de aplicar la línea de “marchar separados y golpear juntos”, aconsejada por Lenin y Trotsky para casos semejantes, PO enfrentó al gobierno, contribuyó a debilitarlo “desde la izquierda” pero en beneficio de la derecha y, finalmente, pidió a los gritos su derrocamiento. Ciertamente, el PO necesita que le den lecciones sobre cómo actuar a fin de no fungir como “ala izquierda” de las contrarrevoluciones antiobreras y antinacionales.

    Digamos, de pasada, que en aquella ocasión Galasso no proponía “marchar separados y golpear juntos”, sino que reprochaba a la Izquierda Nacional su defensa del gobierno peronista.

    El Partido Obrero y el Peronismo

    “Abelardo Ramos no terminó al lado de Menem por casualidad”, le recuerda triunfante Altamira a Galasso. Ciertamente, nada en la vida ocurre por casualidad. Pero semejante afirmación, por sí sola, vale tanto como decir “la Revolución bolchevique no derivó en el Gulag stalinista por causalidad”. Cualesquiera hayan sido las causas que condujeron a Ramos a terminar sus días al lado de Menem, está claro que antes de hacerlo resolvió romper con la Izquierda Nacional. Ramos sabía que existía una incompatibilidad absoluta entre el socialismo revolucionario de la Izquierda Nacional que él había contribuido a desarrollar durante casi medio siglo y la adhesión al menemismo. En cambio, ninguna incompatibilidad existe entre la participación del Partido Obrero en el derrocamiento del gobierno de Isabel, que abrió el curso a una profunda contrarrevolución cuyos efectos aún se sienten, y la caracterización que ese partido hace del fenómeno peronista.

    ¿Fue el peronismo de 1945/55 la expresión argentina del Frente Nacional o Frente Único Antiimperialista que se forma en los países semicoloniales para resistir la dominación imperialista? No para PO, que caracteriza de la siguiente manera al peronismo naciente: “El 24 de febrero de 1946 no inaugura una fase antiimperialista y de movilización, sino de totalitarización de los sindicatos. Ya enseguida saca una frondosa legislación de arbitraje del Estado, de prohibición de huelgas en servicios públicos, etc. Las huelgas fueron reprimidas. Al frente de los sindicatos colocó una corrupta burocracia sindical, aún más corrompida, que muchas veces debió decapitar por el fenomenal odio de los trabajadores. En 1948, la huelga de la FOTIA fue violentamente reprimida y en 1950 los ferroviarios fueron movilizados militarmente. El partido laborista fue suprimido y se formó el partido único, luego llamado peronista”.

    Si tal fue la naturaleza del peronismo histórico, ¿por qué entonces las clases dominantes lo derrocaron en 1955? Altamira tiene la respuesta: “El peronismo comienza a revelarse como una frágil cáscara de contención de las masas y el imperialismo decide desplazarlo con el golpe de la Libertadora en 1955” Pero, al menos la jornada fundacional del peronismo, el 17 de octubre de 1945, ¿no contó con la presencia obrera y popular? “Nada de movilización, nada de aprovechar el empuje de las masas para golpear a la oligarquía y al imperialismo”, responde Altamira. Y agrega: el 17 de octubre “fue una concentración relativamente pequeña (40 mil personas, la mitad de la plaza). Perón fue liberado sobre la base de un acuerdo político: primero, eliminar toda movilización autónoma de las masas (…). El ejército se coloca como árbitro de dos fracciones burguesas, que se comprometían a respetar el juego electoral e impedir movilizaciones autónomas de las masas”.

    Altamira, por lo visto, tiene respuestas para todo. Será por eso que el propio León Trotsky, durante su estadía en México, no se dignó a responderles a los Altamira mexicanos que le reprochaban su apoyo al presidente Cárdenas, que como Perón era militar, nacionalista y “totalitarizó” los sindicatos. Simplemente rompió con ellos y les dijo: “si ustedes son trotskistas, yo no soy trotskista”.

    Con semejante caracterización del peronismo, no extraña que PO haya sido funcional en el instante crítico de 1975/6 a las fuerzas contrarrevolucionarias. Para Altamira, “el peronismo ha sido un crítico corporativo y hasta fascista de la democracia formal”. De allí que “la pata principal del régimen político de 1973 no va a estar en el parlamento, sino en los aparatos sindicales y del entorno, que tienen por función imponer la ‘paz social’. Así, el parlamento se transformará en cámara de registro de imposiciones exteriores: la expulsión de los gobernadores de Buenos aires y Córdoba se hará por imposición de bandas burocráticas y fascistas, que luego son refrendadas por el parlamento”.

    Está claro que la caracterización del peronismo de 1945 y de 1973 como una forma de “totalitarismo” y de “fascismo” lo ubica como el enemigo principal al que combatir. ¿O acaso no es el fascismo un enemigo de la clase obrera más peligroso aún que el liberalismo?

    Ni oportunismo de derecha ni oportunismo de izquierda

    A lo largo de la historia de la izquierda argentina, siempre ha existido una tendencia que resultó incapaz de advertir que de la condición semicolonial del país emergen, dadas ciertas condiciones coyunturales, agregados político-sociales que conforman lo que se ha dado en llamar “frentes nacionales” o “frentes antiimperialistas”. La clase obrera y las franjas plebeyas de la clase media, más sectores nacionalistas del Ejército y de la Iglesia, así como fracciones de la intelectualidad pequeñoburguesa y de la pequeña industria, conforman esos frentes. Confundir con el fascismo esos movimientos políticos objetivamente dirigidos a poner en cuestión la dominación imperialista y la explotación social, ha sido el error de esa parte de la izquierda en la que militan Altamira y el PO. Su error ha sido bautizado como “oportunismo hacia el imperialismo”, puesto que su oposición al Frente Nacional es funcional a los intereses de la rosca oligárquico-imperialista que defiende el statu quo semicolonial. Pero hay otra clase de error, y es el llamado “oportunismo hacia la burguesía nacional” en que incurren las organizaciones de izquierda que se integran al Frente Nacional renunciando a su propia identidad socialista. Es el error que cometió la llamada “izquierda peronista” (Cooke, Hernández Arregui, Puiggrós, etc.) en los años setenta. Galasso ofrece una variante tragicómica de esta clase de oportunismo.

    Diríase que quienes incurren en “oportunismo hacia el imperialismo” toman de la recomendación leninista la parte que dice “marchar separados”, pero no “golpean junto” sino que golpean en contra. Los “oportunistas hacia la burguesía nacional”, en cambio, “golpean juntos”, pero también “marchan juntos”, y eso los conduce, más allá de lo que puedan decir, a renunciar a la perspectiva del “hombre nuevo”. Frente a una y otra clase de oportunismo, se levanta el socialismo de la Izquierda Nacional. Es lo que les disgusta a los Galasso y a los Altamira.

    • Izquierda Nacional Brasil 
    • Artículo cargado el 04/01/2011 - 23:33
    SOCIALISMO LATINOAMERICANO EN SAN PABLO

    Primeros pasos del gobierno de Dilma Rousseff en Brasil

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    Daniel Fernando

    A tres días de la asunción de Dilma Rousseff como la primera mujer que asume la presidencia de Brasil no se pueden hacer demasiadas precisiones sobre el futuro gobierno. Sin embargo, las primeras noticias pueden acercarnos a marcar algunas tendencias y dificultades iniciales.

    Ciertos primeros análisis tanto en Brasil como en la Argentina se basaron más en conjeturas que en datos concretos. Daremos dos ejemplos: 1) el diario porteño La Nación señaló que por ciertas actitudes en el protocolo Brasil se acercaría más a Estados Unidos y se distanciaría de Venezuela y Bolivia. Creemos que esa apreciación es más una expresión de deseos que un rumbo concreto. Los anuncios en política exterior no parecen tener grandes cambios con la época de Lula. No es casual, que la primera visita oficial de Dilma Rousseff sea a la Argentina. 2) ciertos analistas políticos en Brasil señalaban los problemas que iba a tener la nueva presidenta con el fuerte liderazgo que tuvo Lula y hacían elucubraciones sobre el rol que iba a cumplir Lula y su futuro político. Algunos comentarios tenían un tufillo a la relación entre Néstor Kirchner y su esposa en la Argentina, señalando la posible debilidad de la nueva mandataria. Parece más intentos de “marcarle la cancha”, que otra cosa. Eran sólo especulaciones.

    Durante la campaña electoral, la candidata eludió el tema del ajuste fiscal. Sin embargo, una de las primeras noticias fue que se está estudiando que tipo y en dónde se harán los recortes al gasto público, aunque aclarando que no se harían en los planes sociales. La consigna que se lanzó fue: “hacer más con menos”. Otro eje que se planteó en el discurso inaugural de seguir con la línea de crecimiento económico y mantener una “inflación controlada”. En los primeros días del año se evidenciaron aumentos de precios y de tarifas públicas (luz, colectivos, subtes, etc.) Ante el reclamo de las centrales sindicales de pedir aumento del salario mínimo, las primeras declaraciones del ministro de Hacienda Guido Mantenga fue que el gobierno vetaría dicha propuesta, ya que la intención de la nueva administración era de mantenerlo fijo. Habrá que ver si los altos índices de popularidad de Dilma y Lula se mantiene, teniendo en cuenta que nunca es automático que las políticas restrictivas se traducen en pérdidas de apoyo. Consideramos que otro eje ligado a lo anterior que marca algún indicio de los pasos a seguir es el proyecto de privatizar los aeropuertos.

    En los días previos a la asunción presidencial, se seguía discutiendo la composición del gabinete del nuevo gobierno entre los partidos aliados. Una vez resuelto ese paso, comenzó otro debate por los repartos en cargos en las empresas y bancos estatales. El Partido Movimiento Democrático Brasilero (PMDB) –recodemos que es la primera fuerza parlamentaria y que actualmente tiene la vicepresidencia– reclamó mantener ciertas posiciones. La presidente anunció hoy que esa discusión se aplazaba por unos días, para tratar de buscar un consenso.

    Para el balance electoral –publicado en el último Socialismo Latinoamericano– nos preguntábamos sobre las continuidades y rupturas del proceso brasileño. Ante los rumbos económico y social, la política exterior y las tensiones en los marcos de alianzas del gobierno nos seguimos haciendo los mismos interrogantes.

    • Politica Nacional 
    • Artículo cargado el 29/12/2010 - 20:33

    El kirchnerismo y el ángelus novus

    Juan Manuel LucasSocialismo Latinoamericano

    Etiquetas/Temas: kirchnerismo,

    Tras las milenarias e infinitas variantes ideológicas, epistemológicas y teóricas que desde la génesis de la palabra escrita se han ocupado por descubrir los intrincados y complejos designios de la historia, una nueva y definitiva corriente en el plano universal de las ideas hace su irrupción, justo aquí, en el sur del cono sur. Ni el desenvolvimiento del espíritu absoluto, ni la lucha de clases, ni la apasionada voluntad de los grandes hombres, ni las arremolinadas pulsiones del inconsciente, ni el enfrentamiento entre pueblos, naciones, sexos… ni siquiera las conspiraciones de ocultas organizaciones con el secreto afán de conquistar el mundo…

    Desde el 2001, lo tuvimos tan cerca, era tan obvio que tardamos casi una década en descubrirlo… casi nada si se considera que hemos dado con la clave de la historia humana.  Entonces creímos protagonizar, escuchar y ver a millones de compatriotas hastiados de saqueo y entrega; supusimos ser parte de esos miles y miles que se unieron en un grito de indignación contra la partidocracia entreguista y sus variantes politiqueras; cándidamente nos ilusionamos creyendo que el fin del neoliberalismo había sido protagonizado por esa multitud que en el fondo del pecho y la conciencia nos decía PUEBLO. Ahora podemos verlo, el 2001 fue muy otra cosa. Idiotas.

    Un par de años después, creímos que los miles de cuerpos en apasionada rebeldía y sus muertos, la indignación y la bronca no habían alcanzado para consolidar una estrategia política de poder propia… los que todavía creíamos en ese mito que entonces llamábamos marxismo, supusimos que el escaso protagonismo de la clase obrera, ese fantoche que suponíamos el sujeto dinámico de la historia, permitía predecir una recomposición del régimen tambalenante. Idiotas. Estaba ahí, lo suficientemente cerca para que no pudiéramos verlo… mil veces idiotas.

    Cuando asistimos a los sobre dimensionados enfrentamientos entre el gobierno que había enriquecido como nunca antes a la patria sojera y “el campo” supusimos que se trataban de los efectos previsibles del conjunto de reformas con que se reestructuró el modelo de acumulación en la postcovertibilidad. Muchos de nosotros vimos lo mejor del gobierno en sus enemigos. Adefesios y ridículos intelectuales de barrio, supusimos que la respuesta iba a estar a la altura de los enemigos, alguien pronunció con sorna la sigla maldita… IAPI. Idiotas.

    Con su ineluctable y ancestral energía, la lúcida historia se cobró muchas vidas más. Cuando alguien asesinó a Mariano Ferreyra leímos ese acontecimiento como el resultado de la insoportable asfixia burocrática a que están sometidos millones de compatriotas condenados a la exclusión o la precariedad laboral. Haciéndonos eco de anacrónicas e incautas teorías sociales y políticas, supusimos indisolubles nexos entre los gobiernos de la partidocracia, las burocracias sindicales y las patronales. Haciendo gala de un infantilismo vergonzante, sentimos dolor por esa muerte. ¿Cómo si la historia se fijará en esas nimiedades? Idiotas…

    Todavía hay quién cree que los muertos del Indoamericano se debieron a la pobreza extrema, la crisis habitacional que azotaría a millones de argentinos, la especulación inmobiliaria y financiera que se señorea en las formaciones sociales semicoloniales… Todavía hablan de “formaciones sociales” ¡¡¡Como si nada!!! Como si la historia no estuviera tan clara como las lágrimas de los deudos de estas desprevenidas víctimas de la ineluctabilidad histórica. Idiotas…

    Según parece, y al menos en este territorio polimorfo que va de Ushuaia a la Quiaca, la palanca que mueve a su antojo el tiempo y el espacio, la clave en que vibran todos los episodios, el secreto que contiene las metas y fines, los propósitos y las intenciones, las ideas y las prácticas de más de 40 millones de seres humanos radica en los maquiavélicos caprichos de un inescrupuloso y chocarrero dirigente del cono urbano bonaerense: Eduardo Duhalde. Qué el destino lo resguarde y que con su infinita sabiduría prosiga guiando a los argentinos por este brillante camino con que él, la misma historia, nos condeno al éxito. Que la magnificencia con que les ha permitido a aquellos que ayer lo adoraban y hoy lo impugnan descubriéndolo en su insigne y exclusivo protagonismo, nos bendiga a los millones y millones que, de a poco, avanzamos avergonzados reconociéndonos monigotes de ese titiritero de la historia argentina que hemos descubierto gracias al kirchnerismo mediático, otro de sus curiosos, y hasta hace muy poco, indescifrables caprichos.

    • Declaraciones 
    • Artículo cargado el 27/12/2010 - 19:49

    Libertad a Merino y Hospital

    Etiquetas/Temas:

    Exigimos al gobierno de Cristina Fernández la libertad inmediata de los compañeros Omar Merino y Jorge Hospital, trabajadores ferroviarios y militantes del Partido Obrero, así como el cese de la represión desatada en las últimas semanas contra la protesta social.

    Resulta verdaderamente absurdo que se pretenda responsabilizar por los incidentes ocurridos en Constitución a dos trabajadores que ni siquiera estuvieron en el lugar de los hechos. Los verdaderos responsables de la protesta social son quienes la generan mediante la aplicación de políticas que agravan la situación existencial de millones de trabajadores. Si el gobierno tiene elementos para creer que Eduardo Duhalde y Mauricio Macri son los instigadores de los episodios de violencia acaecidos, entonces que dirija contra ellos la represión estatal, y no contra los trabajadores, los jóvenes y los militantes populares.

    Socialismo Latinoamericano • 27 de diciembre de 2010

    • Declaraciones 
    • Artículo cargado el 15/12/2010 - 02:29

    ¡Libertad a Roberto Martino!

    Etiquetas/Temas:

    La Cámara de Casación acaba de dejar firme la prisión preventiva dispuesta contra el compañero Roberto Martino, dirigente social y del Frente de Acción Revolucionaria. Martino, que debió ser internado a raiz de la huelga de hambre que viene realizando desde hace días, ha sido acusado de “incitar al odio religioso”. Ello a raiz de su participación en las protestas frente a la Embajada de Israel que se llevaron a cabo en mayo del año pasado.

    En enero de 2009 Israel bombardeó la Franja de Gaza y asesinó a cientos de ciudadanos palestinos indefensos. Una acción que recibió el repudio de la comunidad internacional y que puso de manifiesto la naturaleza genocida del Estado sionista. Martino, al igual que miles de luchadores populares en Argentina y muchos más en todo el mundo, repudió los asesinatos y se solidarizó con las víctimas. Entonces, cumpliendo con el libreto establecido por la CIA y el Mossad, las instituciones comunitarias judías argentinas (lamentablemente controladas por los sionistas) acusaron a Martino de “antisemita” y exigieron al gobierno su encarcelamiento. El gobierno obedeció.

    Exigimos la libertad inmediata de Roberto Martino y condenamos tanto los monstruosos crímenes de Israel contra el pueblo palestino como el terrorismo ideológico sionista que utiliza el calificativo de “antisemitismo” con el propósito de encubrir esos crímenes. La comunidad judía argentina debe romper de una vez por todas con el sionismo y recuperar las instituciones comunitarias que hoy se encuentran en manos de agentes imperialistas, muchos de los cuales ni siquiera profesan la religión judía.

    Socialismo Latinoamericano - Izquierda Nacional
    Buenos Aires, 14 de diciembre de 2010

    • Politica Nacional 
    • Artículo cargado el 14/12/2010 - 09:21
    El ministro Fernández se posiciona a la derecha de Macri

    En Soldati irrumpieron las víctimas del régimen liberal-partidocrático

    Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

    Etiquetas/Temas:

    El ministro Aníbal Fernández observa a su alrededor “una norme desorientación” respecto del conflicto de Villa Soldati. Para disiparla, escribió una nota en el diario El Argentino. Se titula: “Soldati, origen del conflicto y una solución por vía política”.

    Es una gran nota, pero no porque eche luz sobre el conflicto y sus causas, sino porque constituye un testimonio más del papel parasitario que desempeña una partidocracia demoliberal absolutamente incapaz de resolver los probemas sociales de fondo e interesada únicamente en “gestionar” el statu quo.

    ¡Yo no fui! La culpa es tuya

    Uno espera que, al decidirse a abordar las causas del conflicto, Fernández vaya a hacer referencia a la crisis habitacional, a los negocios inmobiliarios, a la pauperización y expulsión del mercado laboral de millones de compatriotas argentinos y latinoamericanos, etc. Pero no. Para Fernández todo se reduce a problemas de política menuda. Dice: “Alentados por las promesas (de Macri) de inicio de campaña electoral, la gente de las villas se lanzó a ocupar el predio del Parque Indoamericano. Esa fue la consecuencia de la promesa del PRO”. ¿Está claro? La causa que explica que más de 1500 familias desesperadas se hayan instalado en un parque público tratando de erigir allí una precaria vivienda es… ¡“la promesa del PRO”! A Fernández ni se le ocurre explicar por qué, tras siete años del “mejor gobierno desde Perón” hay miles y miles de familias desesperadas que no tienen ni siquiera un techo bajo el que resguardarse.

    ¿Hace falta explicitar lo que significan Macri y el PRO en la política Argentina? Como la lógica del discurso kirchnerista reposa en un mecanismo según el cual es imposible imaginar siquiera una alternativa política fuera de la que encarnan ellos y sus opositores partidocráticos, todo aquel que no sea kirchnerista está avalando, necesariamente, a esos opositores. Ciertamente, esos opositores no hacen algo muy diferente: dicen que detrás de la irrupción del pobrerío en Soldati está la mano de los punteros kirchneristas, y que si uno descarga sus críticas sobre Macri, entonces está avalando a esos punteros que contratan barrabravas y lúmpenes de la peor calaña, como los que asesinaron al compañero Mariano Ferreyra, del PO. Es decir: unos y otros quieren atenazarnos conceptual y políticamente en una opción de hierro que impide la construcción de una fuerza nacional-popular y nos obliga a conformarnos con “lo posible”. Por todo lo anterior, conviene explicitar: criticar las zonceras del lenguaraz ministro del Interior no implica en modo alguno reivindicar toda esa podredumbre social, moral y política que gira en torno de la figura de “Mauricio”. La Revolución Nacional que la Argentina necesita habrá de emerger sobre la base de la destrucción de este entramado reaccionario, y no sobre la base del “diálogo”, el “respeto al otro”, la “reconciliación” y demás patrañas con las que se pretende anestesiar la voluntad de lucha de los patriotas.

    ¿Quién está más a la derecha? ¿Aníbal o Mauricio?

    Según Fernández las culpas de Macri no se terminan con las “promesas” que habrían desatado la ocupación del parque público. Además, “la Policía Federal desalojó el predio y se lo entregó a la Policía Metropolitana que, insólitamente, permitió que los grupos que lo habían ocupado volvieran a hacerlo por segunda vez”. Después de leer el párrafo con detenimiento, uno no puede menos que preguntarse: ¿está Fernández criticando a Macri por haberse negado a desalojar con la fuerza policial, es decir, con los recursos de la represión, a ancianos desdentados, a madres que amamantan, a niños de pantalones cortos? Sí, evidentemente, lo está criticando por eso, por no hacer lo que el gobierno nacional habría hecho: “desalojar el predio con la Policía Federal”. Sin dudas, don Arturo Jauretche se valdría de este ejemplo para mostrar los lugares intercambiables de la izquierda y la derecha, cuando de fuerzas antinacionales y antipopulares se trata.

    Ahora bien, como hasta el ministro Fernández está obligado a aceptar que la solución defintiva de un conflicto social no puede ser la mera represión policial, aclara: “Este conflicto sólo tiene solución política”. En este punto hay que coincidir con Fernández: la solución al problema político suscitado por la irrupción intempestiva del pobrerío es una solución… política. ¿Por qué? Por la misma razón que la solución a un problema médico es una solución médica o que la solución a un problema matemático es una solución matemática. Fernández es un verdadero genio, sin dudas. Pero, ¿qué clase de solución política es la solución política que debe darse a este problema político? Existen varias clases de soluciones políticas. Una de ellas podría ser que los propios Mauricio Macrí y Cristina Fernández acordaran, por ejemplo, donar el 1 % de sus propiedades inmobiliarias para dar cobijo a esos miles de villeros que se hacinan en casillas de lata y loneta. Después de todo, ¿no les sobra a ellos y al resto de los “representantes del pueblo” lo que le falta al pueblo al que supuestamente representan?

    Pero no. A la hora de explayarse sobre la “solución política”, afirma que “Si bien somos convidados de piedra desde el punto de vista jurisdiccional, no lo somos desde el punto de vista de las convicciones. La gente nos importa, su situación nos importa”. ¡Qué tranquilizador es escuchar a los dirigientes partidocráticos repetir que la gente “les importa” y que tienen “convicciones” y una gran “sensibilidad social”! ¿Va a hacer algo entonces Fernández, además de ordenar a la policía que desaloje a “los intrusos”, como llaman los editorialistas de La Nación al pobrerío desesperado? Lamentablemente no. “Respetamos en todo momento la jurisdicción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, concluye el ministro cervecero. Es decir, el gobierno “nacional y popular” o “progresista” dejará en manos de la derecha macrista la resolución “política” de un problema que afecta a miles de compatriotas.

    Fernández debería decepcionar a más de un bienintencionado militante kirchnerista, ¿verdad? Pero ya adivinamos la justificación que desparramará por entre sus bases militantes el think tank kirchnerista: “la correlación de fuerzas no nos permite otra cosa”. ¡Otra zoncera sobre la cual habría escrito maravillas don Arturo! Si acaso fuera cierto el argumento de “la correlación de fuerzas” que impide al kirchnerismo hacer lo que cualquier gobierno nacional-popular debería hacer, ¿no sería esa misma “correlación de fuerzas” desfavorable el indicador más claro del carácter no nacional-popular del gobierno? Porque el carácter nacional-popular de un gobierno no deriva de las intenciones que puedan tener sus agentes, sino del programa que aplica y del entramado clasista sobre el que reposa y del cual es expresión. ¿Habría sido nacional-popular el gobierno de Perón si la “correlación de fuerzas” le hubiera impedido desplegar un prograna de justicia social, independiencia económica y soberanía política, y si el despliegue de ese programa no se hubiera sustentado en la movilización masiva de las clases y sectores oprimidos?

    Veintisiete años de decadencia partidocrática

    Pero dejemos este debate para más adelante. En Villa Soldati emergió con toda fuerza ese submundo de marginalizados y sufrientes que no ha dejado de crecer en las últimas décadas. Ya sabemos: la culpa originaria fue de Videla y de Martínez de Hoz. Pero lo cierto es que desde aquellos años oscuros han transcurrido casi cinco lustros, y bajo diferentes administraciones liberal-partidocráticas las cosas no han hecho más que empeorar para el Pueblo y la Patria. Y seguirán empeorando. A no ser que vuelvan en algún momento a sonar los clarines de la Revolución Nacional, Popular y Antiimperialista.

    • Declaraciones 
    • Artículo cargado el 12/12/2010 - 06:15
    Ante los sucesos en Villa Soldati

    Con el pobrerío por una vivienda digna

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    Mientras el gobierno nacional y el gobierno porteño se tiran la pelota vergonzosamente uno al otro tratando de no pagar el costo político por lo que está sucediendo, siguen muriendo hombres y mujeres pobres y desesperados, que carecen de vivienda y no tienen las necesidades básicas satisfechas. Son las víctimas más visibles de la Argentina semicolonial signada por la mercanitilización de la vida y el empobrecimiento de las mayorías populares. Como si esto fuera poco, ahora parece que empezaron a intervenir grupos de lúmpenes y barrabravas contratados por funcionarios gubernamentales con el propósito de conseguir que el conflicto suscitado avance en una dirección beneficiosa para sus intereses facciosos. Intentando generar un clima de violencia que justifique una intervención estatal de tipo represiva, cuando podría haberse evitado. Se repiten, agravados, incidentes que recuerdan a los recientemente ocurridos en Formosa y en Avellaneda. Es una manifestación clara del grado de descomposición del régimen político, y de la emergencia de una realidad atravesada por una creciente desigualdad.

    ¿El responsable de las muertes ocurridas en Soldati es el gobierno de Cristina Fernández? ¿O es el gobierno de Mauricio Macri? La verdad es que la responsabilidad le cabe a la partidocracia en su conjunto. Los progresistas de centroizquierda y los conservadores de centroderecha comen en la mesa bien servida de las clases dominantes mientras el pobrerío se hunde más y más en la miseria. La agudización de la crisis social conduce necesariamente a la ocurrencia de episodios de violencia como los que estamos presenciando.

    En la ciudad más rica del país la vivienda está sujeta a la especulación financiera, protegido por las leyes la rosca oligárquico-imperialista ha tenido una de sus fuentes principales de ganancia; la lucha por la vivienda digna se enfrenta a la imposibilidad de resolverse en un mercado en que sólo se puede operar si se tiene altos ingresos, mientras el conjunto de la población, en el especial el pobrerío, lejos está de poder imaginar acceder a una vivienda digna. Cómo todos los derechos, en la Argentina progresista, sólo acceden los más ricos, la igualdad de unos pocos.

    Hay que exigir a las autoridades nacionales y distritales que, en vez de hacer especulaciones político-electorales mientras miran cómodamente por la televisión lo que sucede, intervengan ya mismo para detener la masacre en curso y resolver las necesidades de fondo de las miles de familias que carecen de vivienda.

    Nosotros, como socialistas de la Izquierda Nacional, no tomamos partido por ninguna de las variantes partidocráticas. Nos ubicamos en la misma trinchera de las masas que sufren en carne propia, día a día, las miserias de un régimen político, económico y social que es incapaz de resolver las necesidades humanas más elementales.

    ¡Estamos con el pobrerío que reclama el derecho a una vida digna!

    ¡Estamos con nuestros compatriotas pobres de Argentina y de América Latina!

    ¡Estamos contra los “representantes del pueblo” que gestionan el statu quo en beneficio de la rosca oligárquico-imperialista!

    • Editorial 
    • Artículo cargado el 08/12/2010 - 00:14

    Todo depende de los trabajadores, los jóvenes y la militancia

    Etiquetas/Temas: kirchnerismo,

    La muerte de Néstor Kirchner no sólo conmocionó a la mayor parte de la sociedad argentina; también puso de manifiesto la existencia de una corriente de adhesión espontánea, especialmente entre las capas jóvenes de origen popular, dispuesta a tomarse en serio el imaginario construido por el discurso oficial en la disputa con los monopolios de prensa, el bloque agrario y la vieja partidocracia liberal • Esta presencia, que poco o nada tiene que ver con el Partido Justicialista, desmiente el argumento kirchnerista de que el gobierno no puede avanzar más porque no lo permite la relación de fuerzas • Medidas de contenido popular-democrático como el gravamen a la renta financiera o la restitución plena de los aportes patronales, entre otras, caen dentro de un balance de poder que no es estático, sino cambiante, siempre y cuando exista la voluntad política de reunir a todas las fuerzas disponibles para dar batalla

    La muerte del ex presidente Kirchner provocó un vuelco en el balance de fuerzas entre el gobierno y la oposición. Para comprobarlo basta echar un vistazo a los comentarios políticos de la gran prensa que hasta ayer daba por concluida la experiencia kirchnerista tras las elecciones de 2011, y hoy huye de los pronósticos como de la peste. La prudencia está más que justificada. La oposición partidocrática, esperanza de un recambio en salvaguarda de los “valores de la República”, se ha dispersado y algunas de sus fuerzas corren riesgo de desintegrarse.

    En realidad no podía haber ocurrido de otro modo. Se trata de partidos que frente al oficialismo carecen de un programa alternativo. El secreto de su unidad residía en una oposición cerrada, fundada en un mítico republicanismo liberal, máscara de una democracia colonizada regida según el interés de los círculos más concentrados del capital. El ex presidente era el blanco central de la crítica de ese credo institucionalista, y su desaparición dejó al desnudo la indigencia política y conceptual de los dirigentes opositores.

    Ahora el cuadro político está dominado por el quiebre producido dentro del bloque de diputados radicales, dividido por la lucha de poder entre alfonsinistas y cobistas; la desintegración del peronismo federal; la crisis en la bancada legislativa del PRO, fracturada por la capacidad del gobierno en comprar voluntades; las mediáticas puestas en escena de Carrió y, por fin, por el carácter oscilante de la política de Proyecto Sur, cuyo jefe, en referencia a los grandes medios de prensa opositores, hace poco declaró: “atacarlos me parece un acto de suicidio político”.

    El kirchnerismo confirió un carácter trágico a la muerte de su jefe y elevó a la categoría de relato épico el discurso antioligárquico y antimonopólico. Por ahora no hizo más que eso. De las iniciativas que tomó el gobierno de Cristina Fernández en los últimos días hay dos que se destacan. La primera es la decisión de pagar la ilegítima deuda contraída por la dictadura cívico-militar de 1976 con el Club de París, con la finalidad de reiniciar el ciclo de endeudamiento en los “mercados”, vale decir con el capital usurario. La segunda es la iniciativa de concertar un pacto social entre los trabajadores, el Estado y los empresarios. “Les confieso que hay dos sectores importantes de la economía en los que me siento muy cómoda: son los empresarios industriales y la CGT. Creo que son los dos vínculos más fuertes que se han dado en un modelo económico como el que se dio desde el 2003”, declaró recientemente Cristina Fernández durante la Conferencia Anual de la Unión Industrial.

    Ciertamente la gran burguesía fabril y los sindicatos fueron los apoyos fundamentales en los buenos años del “modelo productivo”, y no está descartado que el gobierno intente volver a la añorada combinación inicial. Por lo pronto ha puesto en el orden del día el pacto social. Para la política que desarrolla el kirchnerismo –una suerte de neodesarrollismo- el componente burgués es orgánicamente necesario; lo es, además, si tiene en cuenta la necesidad de establecer un contrapeso al poder que ha ganado la corriente que lidera Moyano en la CGT.

    Sin embargo, ¿cuál es la previsible naturaleza social de un pacto que incluya salarios, precios e inversiones entre los sindicatos y el gran capital dominante en las principales corporaciones patronales? En la conferencia industrial Paolo Rocca, jefe del grupo Techint, además de cuestionar el proceso de primarización que soporta la economía argentina, señaló una exigencia típica de esa burguesía: “tenemos que poder contratar empleados tercerizados para desarrollar nuevos proyectos; los excesivos costos laborales sólo hacen que crezca el empleo en negro”. Desde ya que de iniciar las negociaciones, todas las fracciones del capital se han juramentado en imponer el abandono o el congelamiento del proyecto de reparto de ganancias y control de las cuentas empresarias.

    La situación es característica. La industria está utilizando casi a pleno equipos e instalaciones; el fuerte aumento de las importaciones registrado este año responde en su mayor parte a compras destinadas a la producción fabril; la tasa de ganancia nuevamente describe una marcada curva ascendente y, sin embargo, no hay nuevas inversiones. Simplemente, el capital responde a la demanda adicional aumentando precios y comercializando productos extranjeros.

    En las condiciones de una política gubernamental cuya retórica difiere notoriamente de los hechos, un acuerdo político entre el Estado, los sindicatos y esta burguesía, no hará otra cosa que confirmar las líneas estructurales de un modelo, cuyo avance sobre el neoliberalismo ortodoxo no altera en absoluto las bases construidas por la contrarrevolución del 76’ y ampliadas por el menemismo. 

    Sin embargo el gobierno no está fatalmente condenado a confinarse en los límites de su programa, a menos que por tal fatalidad se entienda la naturaleza de clase de la pequeña burguesía progresista que encarna en sus cuadros dirigentes. Pero esta es una verdad de alcance general y como tal de valor relativo. En cambio los hechos están ahí. La muerte de Néstor Kirchner no sólo conmocionó a la mayor parte de la sociedad argentina; también puso de manifiesto la existencia de una corriente de adhesión espontánea, especialmente entre las capas jóvenes de origen popular, dispuesta a tomarse en serio el imaginario construido por el discurso oficial en la disputa con los monopolios de prensa, el bloque agrario y la vieja partidocracia liberal.

    Esta presencia, que poco a nada tiene que ver con el Partido Justicialista, desmiente el argumento kirchnerista de que el gobierno no puede avanzar más porque no lo permite la relación de fuerzas. Medidas de contenido popular-democrático como el gravamen a la renta financiera o la restitución plena de los aportes patronales, entre otras, caen dentro de un balance de poder que no es estático, sino cambiante, siempre y cuando exista la voluntad política de reunir todas las fuerzas disponibles para dar batalla.

    Lo cierto es que los problemas de fondo que sacó a la luz la crisis de diciembre de 2001 permanecen pendientes y que su resolución queda fuera del círculo del posibilismo gubernamental. Esa crisis resultó sintomática. Está en formación (de modo lento, molecular pero inevitable), una voluntad colectiva de signo nacional, democrático y antiimperialista. Sobre este terreno habrán de profundizarse las nuevas experiencias de la clase obrera y las grandes masas populares, y también habrán de formarse los cuadros de una militancia despojada de prejuicios conservadores y “pragmáticos”, y resuelta a ocupar las primeras líneas en las luchas que se avecinan.