• Artículo cargado el 03/07/2008 - 01:40
Fundador y dirigente de la Izquierda Nacional

Falleció Alberto Guerberof

Testimonios de sus compañeros

Alberto Guerberof, quien fuera uno de los fundadores del Partido Socialista de la Izquierda Nacional (1962), del Frente de Izquierda Popular (1971) y del Movimiento Patriótico de Liberación (1987), falleció el 1 de julio en Buenos Aires. Aunque en los últimos años había adoptado posiciones alejadas de la corriente socialista de Izquierda Nacional que hoy se expresa en Socialismo Latinoamericano (se había aproximado al kirchnerismo), le rendimos homenaje a su trayectoria.

Reproducimos abajo testimonios de algunos compañeros que compartieron períodos de lucha junto a Guerberof.

Más allá de cualquier diferencia

por Osvaldo Calello

Ya fue dicho. La figura del compañero recientemente desaparecido está estrechamente asociada a la mejor historia de la izquierda nacional. Alberto Guerberoff fue uno de los fundadores del Partido Socialista de la Izquierda Nacional en los años 60 y del Frente de Izquierda Popular en los 70. También fue uno de sus principales dirigentes de esas organizaciones en una época en que los nombres de Ramos y Spilimbergo habían alcanzado una gravitación excluyente.

En esos años, y especialmente a partir del auge de las luchas obreras y populares desencadenadas a partir del Cordobazo, la izquierda nacional alcanzó su expresión política más definida y su mayor influencia en el terreno de las ideas y de la práctica militante. Desde su posición en la dirección nacional del PSIN Guerberoff jugó un papel fundamental en la organización de las nuevas fuerzas que se sumaban al movimiento en aquellos años agitados. Si se tiene en cuenta la desproporción existente entre las ambiciosas tareas emprendidas y los escasos recursos materiales con que contábamos, posiblemente se tenga una idea del rigor de una tarea que le exigió los mayores esfuerzos y sacrificios personales. La dureza de muchas de sus decisiones e incluso la forma implacable que en ocasiones las llevaba a la práctica, derivaban de esa, su inserción en el cruce de tensiones entre la exigencia de la acción y el carácter incipiente de la organización que debía llevarlas a cabo. No tengo dudas que tras su cara de pocos amigos se ocultaba un espíritu generoso.

En todo momento, hasta la ruptura en los años 90 Guerberoff contó con la plena confianza política de Ramos. Sin embargo se trataba de un cuadro político con peso propio, con condiciones notables para analizar fríamente, con desapasionado realismo, la coyuntura política y sacar sus propias conclusiones. Vivió junto al jefe del FIP y luego del MPL la mayor parte de su historia militante. Sin embargo, cuando éste abandonó las posiciones de la izquierda nacional y se sumó a lo peor del peronismo, Guerberoff hizo frente a su propio conflicto y se mantuvo fiel a sus convicciones.

Las luchas internas que sacudieron al PSIN en la segunda mitad de los 70 y hasta la ruptura de 1979 nos colocaron en bandos enfrentados. Después de eso las diferencias se mantuvieron. Sin embargo, en esta hora, nada de eso tiene importancia. En el recuerdo que tengo de Guerberoff se impone, sin la menor sombra de duda, el valor de su integridad política y de su honestidad militante; integridad y honestidad que lo mantuvieron en pie, en medio de extraordinarias dificultades hasta su hora final.

“FUE LEAL A RAMOS A COSTA DE SI MISMO”

por Gustavo Cangiano

Hace unos minutos me enteré de la muerte de Guerbe a través de un mail de Daniel Moser.


Estoy profundamente conmocionado. Mi primera charla con Guerbe debe haber sido en 1977 o en 1978, en un bar de la calle Corrientes. El FIP estaba sumergido en la disputa entre los partidarios de Spilimbergo y los partidarios de Ramos. Pero, jugando a ser un “lider bonapartista” de nuestro pequeño partido, Ramos se quedaba en un segundo plano y Guerbe aparecía como la figura visible del “antispilimberguismo”. Yo, que por entonces tenía unos 20 años, toda la soberbia del muchacho marxista que ha leído unos cuantos libros, y toda la ignorancia de quien aún no ha sido salpicado por el barro de la vida, pretendí explicarle a Guerbe que Ramos se pronunciaría en favor de las posiciones de Spilimbergo, que yo compartía. Creo que sólo conseguí convencerlo de mi inmensa ingenuidad.


En 1983 me enteré por intermedio de Franco Marletta que Guerbe se había entusiasmado por el apoyo que en nombre de una “Juventud de Izquierda Nacional” yo le había dado a la fórmula del FIP, Ramos-Colombo. Y me enteré también, después de que yo escribiera un “balance electoral” crítico del discurso electoral fipista, que Guerbe estaba furioso conmigo. “Su amigo no tiene remedio”, le gritaba a Franco. Pero cuando un par de años más tarde mandé unas colaboraciones al semanario “Marcha”, que sacaba Víctor Ramos, Guerbe me abrió las puertas del FIP y me convocó para trabajar en “La Patria Grande”.


Guardo un lindo recuerdo de aquellos años —entre el 87 y el 89— compartidos con los compañeros de “La Patria Grande”. Allí, con Daniel y otros compañeros, a veces hacíamos rabiar a Guerbe, que era sumamente exigente con la “excelencia” del periódico partidario. Constituimos un lindo equipo de trabajo, y tejimos relaciones de amistad y compañerismo. Lamentablemente, la llegada del menemismo arrasó al Partido, y con él a “La Patria Grande”. Todo terminó mal.


Siempre he tenido diferencias políticas con Guerbe. Pero su enorme capacidad y su honestidad jamás las he puesto en duda. Perteneció a una generación de militantes de la Izquierda Nacional que no se animó a volar plenamente con las propias alas debido a la presencia imponente de Ramos. Es una lástima que esta dependencia psicológica de Ramos haya impedido a Guerbe desplegar con plenitud sus enormes capacidades, aunque en sus artículos de coyuntura queda testimonio de ellas. Y es una lástima que la capitulación final de Ramos ante el imperialismo haya sido un golpe tan demoledor que le impidió a Guerbe convertirse en el eje de reagrupamiento de las fuerzas aún vivas de la Izquierda Nacional. Recuerdo que en el momento de la ruptura con los menemistas del MPL, yo le sugería a Guerbe que tomara algunas medidas elementales para dar la batalla política interna. “¿Por qué no vamos a registrar la propiedad intelectual de La Patria Grande para impedir de ese modo que la usen ellos? Sería un buen golpe político mostrar que los opositores a Ramos y a la banda de corruptos que lo acaompañan se han quedado con la prensa partidaria”. Pero Guerbe me miró casi horrorizado. Aun en el instante mismo en que Ramos lo arrojaba a un lado, como a un limón exprimido, después de una colaboración de treinta años, Guerbe se sentía inhibido para enfrentar a su maestro, a su líder, a su “ideal del yo”. Cuando con Franco y con Juan Maya empezamos a enviar en secreto información a Corbiere, en “El Informador Público”, acerca de la resistencia que generaba en el MPL el apoyo de Ramos a Menem, Guerbe, que siempre sospechó de nosotros, condenaba todo eso. Fue leal a Ramos a costa de sí mismo, y más allá de toda consideración de conveniencia política.


Se ha muerto Guerbe. Antes se murió el propio Ramos, y se murió Spilimbergo, y Blas. Y nosotros todavía no conseguimos reconstruir una organización militante se Izquierda Nacional. La Biblioteca Nacional, la intendencia de Alta Gracia, la UBA, cualquier institución de la Argentina semicolonial, organizan “homenajes” a nuestros muertos, apropiándose de ellos y desvirtuando su legado. Ex compañeros nuestros, viejos, cansados y descreídos, asisten a esos “homenajes” como quien asiste a un encuentro con los viejos compañeros de la secundaria o de la colimba: para recordar con nostalgia un tiempo definitivamente muerto.
¡Dejémonos de joder! ¡Hagamos lo que tenemos que hacer! Reconstruyamos una Izquiera Nacional militante, socialista, revolucionaria, joven y vigorosa para afrontar los desafíos del siglo XXI. 
Es lo mejor que podemos hacer por los compañeros que ya no están, como Guerbe.

“UN HOMBRE AFECTUOSO ESCONDIDO TRAS LA MASCARA DE UN TIPO DURO”

por Daniel Moser

A pesar de que no me tomó por sorpresa, me puso muy triste la noticia. Siempre sentí un gran respeto y afecto por Guerbe, con quien solía tener encuentros explosivos. Un hombre brillante con quien compartí momentos importantes de mi juventud y a quien nunca dejé de respetar y querer a pesar de que en los últimos años no compartiéramos posiciones políticas.

Recuerdo ahora, con culpa, mi último encuentro con él, hace pocos años, en un bar de la calle Corrientes, en Buenos Aires, donde me propuso y acepté con enorme interés grabar un largo diálogo con él para rescatar la historia de la IN que él vivió. La idea me resultó apasionante considerando al interlocutor; lamentablemente, faltaban pocos días para mi regreso a México y el proyecto no pasó de allí; no se me olvidó, pero ya no fuí lo suficientemente listo como para encontrar la oportunidad.


Una de las tantas anécdotas que recuerdo con Guerbe, recurrente en aquellos ochentas… era frecuente que ante ciertas tareas militantes lo consultara para conocer su opinión sobre la mejor manera de proceder, él me daba su punto de vista y al ver que no siempre atendía su recomendación, con la máscara de ogro que solía poner, enojado reprochaba “Para que me pedís opinión si después hacés otra cosa”…
Recuerdo una ocasión en que en la recepción del local del MPL en la calle Rivadavia, una discusión subió de tono y terminamos a los gritos mientras varios compañeros optaron por salirse y dejarnos solos. Nunca pasaba de los gritos y jamás hubo rencores.

Más allá de la política, siempre recordaré de él sus consejos, su humor acido, su sonrisa socarrona y sus carcajadas tan estruendosas como poco frecuentes, y esa sensación de estar viendo en él a un hombre afectuoso escondido detrás de una máscara de tipo duro.
Más allá de que en los últimos años sostuvo posiciones políticas que, para mí, en él, resultaban incongruentes, sin lugar a discusiones, Guerbe no fue, ES, un referente histórico de la IN.


Vaya un abrazo largo, apretado, afectuoso, para vos, querido Guerbe.

DanielNMx

“GUERBE ERA LA IMAGEN MISMA DE UN JEFE POLITICO”

por Mauricio Mayer

Falleció Guerbe y con él se va uno de los más importantes puntales del deseo de contar con una organización propia de la I.N.

Las anécdotas de Gustavo realmente son imperdibles e importantes como para poder comprender el sacrificio y la pertinacia de Guerbe y otros compañeros de su generación para poder cristalizar una organización que navegara las aguas de la revolución nacional y social.

Guerbe para mí era la imagen de un Jefe Político. Tenía algunas características que a los más jóvenes nos hacían perder la paciencia: organicidad, meticulosidad y una humildad que sacaba de quicio. Los que nos identificábamos con el discurso y la impronta política de Ramos, que era fuego, pretendíamos accionar políticamente sin reparar en detalles, “a la cargazón”, con desparpajo, mucha soberbia y a las patadas. Pero no… ahí te encontrabas con la mirada fría de Guerbe detrás de sus anteojitos medio anticuados, que con paciencia te dedicaba tiempo. Guerbe no tuteaba a nadie, así tuviera quince años. Te ponía en el lugar que vos decías que tenías, por ejemplo el del “revolucionario” de acción. La palabra justa es meticulosidad. Así como era meticuloso en las publicaciones del partido, también lo era para escuchar y tratar de conducir la acción de los militantes.

Cierta vez, convinimos en realizar una actividad de prensa en Rosario y yo era el encargado de conseguir que los más importantes medios nos recibieran, misión dificil y casi siempre frustrante. Las FM no tenían la difusión que luego tomaron. Así que si se conseguía una sola entrevista en una AM de las tres que había, ni que hablar de uno de los dos canales de TV o en el diario la capital, la cosa era un éxito. Hice toda la recorrida y nada, hasta que conseguí que el programa político de LT3 me diera bolilla, con una mentira piadosa… le dije al periodista que nuestro partido estaba dando los toques finales para una insurrección de corte cívico militar nacionalista, de allí que estábamos tratando de organizar un frente de apoyo táctico con sectores peronistas y que el que venía a tal evento (a poner la cereza) era nada menos que “el segundo de Ramos”. Al tipo le gustó la historia, y cuando vino Guerbe nos recibió con los brazos abiertos. Guerbe hizo el “speacher” que tenía armado y luego el tipo lo bombardeó a preguntas sobre la democracia, la insurrección, etc. a lo que Guerbe respondía con lineamientos generales, cuestión que lo impacientaba al periodista que al final le dijo, “pero usted, que según me han informado es el segundo de Ramos, ¿no podría precisar un poco más y explicar su presencia?” Y Guerbe, con toda su infinita humildad, contestó que simplemente era un militante más y que no existía nadie “segundo de Ramos”; todo para desilusión del periodista incauto que quería la primicia.

Por supuesto que en aquella época, sin dudas esa humildad la interpretaba como un síntoma de debilidad. Hoy, mirando en perspectiva, creo que era su fortaleza, que ese carácter fue la fragua que abrigaba el proyecto de templar elementos disímiles, como lo eran los jóvenes revolucionarios de los 60’ y la Generación Malvinas, pasando por alto la malograda generación de los 70.

Hasta siempre compañero guerbe.

“FUE UNO DE LOS FUNDADORES”

por Rubén Terrón

Tal parece que los adioses están siempre rodeados de un dejo nostalgioso… Quien firma, no conoció a Guerberof sino en algunas ocasiones de traslados a Capital (fines de 72 a junio del 73), cuando el FIP desplegaba sus banderas ante las calles y paredes de todos los sitios de la Argentina. Allí, en la calle Alsina, lo vi discurrir junto a Ramos y Spili, cuando los más novatos (tres o cuatro años de militancia, observábamos con curiosidad a aquellos a quienes habíamos leído en los libros, particularmente en la revista “Izquierda Nacional” o en el periódico “Izquierda Popular”, estaban junto a otros nombres de luchadores, cuando todavía estaba en discusión el horizonte del peronismo y se preveían los choques de “la tendencia” con “el entorno”. Luego de las elecciones del 23 de setiembre, Guerberof estuvo en La Plata (cuando los 900.000 votos), junto a Ramos, para darnos idea política de lo alcanzado. Nos acompañó a una charla de Ramos en la Universidad (Humanidades-Historia UNLP) cuando AUN (la Agrupación Universitaria Nacional) era la niña bonita de las agrupaciones estudiantiles. Casi siempre discutía con nuestro inefable Miguel Rubinstein, con Carlos Kunath y otros compañeros (eh! Horacio De Luca?).

Estuvimos otra vez en Alsina por el mes de agosto del 73, y luego se fue mezclando con cientos de nombres de compañeros hasta que llegó la diáspora. Ramos Spili… Poco puedo decir de é.l Recuerdo su voz en el altavoz de Plaza a Moreno, voceando la lista 14 del FIP: “Vote a Perón desde la izquierda,acompáñenos en la opción…”

Más allá de las divergencias sobre las posturas ideológicas -adhiriendo a tal o cual divisa o acontecimiento de la hora política- desde los grupos que orientaba, un compañero de las luchas que inciaron los forjadores de la Izquierda Nacional, ha partido definitivamente… De una de las paredes de mi memoria cuelga un banderín triangular de tafeta, con bordes blancos, azul oscuro, con un fragmento de la Bandera de Artigas debajo de la que se lee: FIP, en sentido vertical —como una columna que sostiene el peso de una historia que sigue viva—, más abajo hay una frase entrecomillada “…solo el pueblo sabe y puede…” Ojalá ese símbolo acompañe el silencio de esta tarde, y homenajee la partida de uno de sus fundadores.

“SU MUERTE ENLUTA A TODA LA IZQUIERDA NACIONAL”

por Leopoldo Markus

La muerte de Alberto Guerberoff enluta a toda la Izquierda Nacional, al 
igual que las pérdidas anteriores de Jorge Abelardo Ramos, Blas Alberti 
y Jorge Enea Spilimbergo y de otros hombres como Manuel Fernando Carpio 
y mujeres como aquella excelsa y finísima poeta que fue Ana María Giacossa.

En lo que a mí respecta, por ser fundador del PSIN en mayo de 1962, me 
toca muy profundamente, ya que junto a Alberto, a Raimundo Sillitti, a Juan Barat, a “Pililo” Montes, a Osvaldo Soraires, a Mario Romero, entre 
otros, acompañamos por aquellos años a Ramos y a Spilimbergo en la 
patriada de fundar un partido socialista revolucionario, que fuese el 
ala izquierda de la Revolución Nacional, que por aquellos años conducía 
el general Perón, como jefe del Frente Unico Antiimperialista y que 
continuara la titánica tarea que había dejado León Trotsky antes de ser 
asesinado en México en agosto de 1940.

Alberto era por aquel año de 1962, a la caída del gobierno de Arturo 
Frondizi (28/03/62), uno de los miembros del llamado Grupo Caseros, que 
junto al Grupo de San Martín, al Grupo de Bahía Blanca —que conducía Rubén Bortnik— y que junto a la gente de Capital, integrábamos el 
Partido Socialista de Vanguardia, efectuando una dura crítica a la ƒdirección, stalinista y cubanista de David Tieffenberg, por medio de un 
documento titulado “Un Partido Socialista Nacional o al servicio de Kruschev”, escrito por Spilimbergo y que consitituiría el 
pre-lanzamiento del PSIN y antecedente de todo lo que fué la Izquierda 
Nacional a posteriori.

Fue un gran compañero, activista y dirigente y lo recuerdo gratamente 
con su vozarrón, sus risas o su temperamento enérgico, cuando las 
circunstancias lo determinaran.

Más allá de las diferencias políticas que nos separaron hace muchos 
años, le rindo homenaje póstumo en nombre propio y en el del PSIN 2ª 
época, al luchador insobornable e inclaudicable que fue toda su vida.


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