• Nacional Coronel Dorrego 
  • Artículo cargado el 15/07/2006 - 18:49

El tango como historia del pueblo

En cierta ocasión oí decir a don Néstor Pinzón, prestigioso difusor de la música popular, que su hijo, que cultivaba el rock & roll, discutía al tango como género que expresaba testimonios de la historia social de nuestro pueblo. Es evidente que este joven no había escuchado ni la más elemental letra de las muchas que posee el vasto poemario suburbano. Es mi modesta intención rebatir este tipo de errores, sobre todo por las nuevas generaciones que se introducen al maravilloso y olvidado mundo de la canción popular, esa que expresa los dolores y miserias de su clase.

En plena crisis del 30, el tango “Acquaforte” reflejaba la situación del canillita como único sostén de su hogar, mientras que su viejo, obrero, tomaba el mate con su mujer después del laburo.

“Y pienso en la vida, las madres que sufren,
los pibes que vagan sin techo y sin pan,
vendiendo La Prensa, ganando dos guitas,
¡qué solo me siento!, quisiera llorar.”

Obligado estoy, además, a mencionar la letras que, durante la citada década, compuso el poeta y filósofo existencialista Enrique Santos Discépolo: “Yira, yira”, “Qué sapa, Señor”, “Qué vachaché”, y el inolvidable “Cambalache”.

Debemos recordar también las obras referentes a la antedicha crisis compuestas por Francisco Canaro, con letras de Ivo Pelay, inmortalizadas en disco por Tita Merello. Podemos citar: “Dónde hay un mango?”, “Los muchachos con la crisis”, etc.

Tampoco fue olvidado en esta década el tema de las madres solteras que terminaban dando sus hijos en adopción, o si eran “nenas bien” iban a recluirse en los conventos. La pluma del más destacado intérprete testimonial de la década del 30, Agustín Magaldi inmortalizó “Levanta la frente”, o cantó:

“Esta noche oigo triste el vaivén de los coches,
de seres que alegremente van vivando el carnaval,
para aquellos que no tienen amarguras en su vida,
para aquellos que disponen, que jamás les faltó el pan.”

En la década del 40, además de los tangos dedicados al General Perón y a Evita, la temática fue, sobre todo, la segunda guerra mundial, como en “No juegues a la guerra”, con letra y música de Osvaldo Pugliese.

Pasando por alto la década del 50, cuando los tangueros se lamentaban del Buenos Aires perdido, llegamos a la turbulenta década del 60. En ocasión del golpe de estado consumado contra Arturo Frondizi, Edmundo Rivero compone su tango “Para el año 62”, describiendo la situación imperante:

“Pucha qué pena me da
ver tanta injusticia de la humanidad
y así queman los laureles que supimos conseguir.”

Hay que mencionar también “Los olvidaos”, que trata el tema de las crecientes villas miseria.

Entre la vuelta de Perón y los milicos, arribamos a los gloriosos setenta, con Eladia y su desesperanza pidiendo “Una historia”, o poniendo su “Cansado corazón” en “Un paquetito azul”, para no volverlo a abrir.
Miguel Montero cantaba que

“Hay plan de lucha en los gremios,
baleado cae un botón,
se quema villa solvente,
afiches del capo ausente,
a Ezeiza vuelve el campeón.”

El papel de la resistencia a la dictadura le tocó a los viejos tangos como “Pan”, o “Al pie de la santa cruz”, que fueron prohibidos. Algo similar ocurrió con “Últimos días de marzo”, de Rodolfo Mederos.

En los ochenta y los noventa aparecieron los héroes como la Negra, o Gieco, gracias a quienes la resistencia quedó en manos del rock & roll, que bien poco hizo por ella. Otra cosa fue Eladia, quizás la exponente más prolífica del tango, que con su voz de pájaro ronco y porteño nos enseñó a ser “Bien nosotros”.

A los que habitamos este tiempo nos toca reconstruir la voz de la musa porteña, compadre y rebelde, para que nunca haya que volver a escribir artículos como este, desempolvamemorias. Porque de esa musa, de esa y no de otra, aprendieron desde Charly hasta los lamentables Intoxicados

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