- BloginViolencia
- Entrada del 05/10/2008 - 14:25
Lucas
En todo caso, lo que plantea Fernando es precisamente desde una visión histórica, ante el ataque abierto de la reacción proimperialista, sin dudas, que Perón tenía el respaldo suficiente para enfrentarla… Sin embargo, con el pretendido “pacifismo” - que en realidad no es otra cosa que la traición de la dirección democrático-burguesa a la base obrera del movimiento - no dejo de ser el “pretexto” de un derramamiento de sangre, por el contrario, fue el pretexto perfecto continuara la política iniciada con el bombardeo del 16 de junio, ahora mediante fusilamientos y comandos civiles, pero con el agravante de que ahora esa furia homicida se desencadenaba sobre el sujeto social desarticulado por la defección de su dirección. ¿Seamos duros con el viejo? Perón entregó a sus seguidores como corderos a los matarifes Aramburu y Rojas. Y, eso, aunque Fernando haga lo imposible para tan sólo dejarlo entrever, no fue para nada inocente.
El proceso de conciliación de clases desencadenado tras el 17 de octubre de 1945 había entrado en crisis a principios de la década de 1950, durante esos años la acción de Perón fue clara y consecuente: buscar renegociar en condiciones favorables la participación de la conducción democrático-burguesa dentro del bloque dominante. Las acciones de Perón fueron claras y cotundentes: la separación de los sectores más consecuentes del peronismo (Mercante, Miranda, Cooke). El “pacifismo” siempre ha sido la excusa perfecta para la defección y la traición. Por algo Gandhi terminó ajusticiado (y no es ningún error, fue AJUSTICIADO) por sus propios compatriotas.
Sin embargo, debo reconocer que hay que utilizar todos los métodos de la manera más inteligente. Digamos, sería una locura que Evo saliera a fusilar a diestra y siniestra a los separatistas santacruceños - lo cual, personalmente, aplaudiría efusivamente -, porque si bien eliminaría de raíz la reacción interna, abriría fatalmente el frente internacional, facilitando la acción imperialista en favor de las tan conocidas “misiones de paz” o “humanitarias” con no son más que la fachada utilizada por la ONU para proceder a la ocupación militar de un territorio. Sin dudas, que en este caso debe procurar una salida negociada por la propia endeblez de Bolivia en el concierto internacional, ahora, bien… ¿Qué salida negociada? ¿La que simpatizaría a Chile, Perú o Colombia? Seguramente que no, deberá jugar al filo pero manteniendo la posición de fuerza y el no renunciamiento a ninguno de los puntos de su programa de gobierno. No cabe duda aquí que el uso de la fuerza en este caso sería una medida de carácter tan desesperado como lo fue para Salvador Allende en el 73, el último intento para frenar el golpe reaccionario.
Ahora bien. ¿Podemos pedir que no se desarrolle una reacción violenta frente a las masacres del separatismo cruceño? Difícilmente, habrá que buscar la mejor forma de encauzar esa potencialidad, pero no es el camino, decididamente, el de la desmovilización o, muchísimo menos, el de la “reconciliación” que implica necesariamente un negociación desventajosa con los sectores reaccionarios.
Hay que ser inteligentes, sin dudas, pero la confrontación violenta es un momento necesario de todo proceso con tintes revolucionarios. ¿O pretendemos de las clases dominantes forjadas tras siglos de colonialismo entreguen sus privilegios masamente? La violencia no es deseable, no hay dudas, pero en el momento en que se hace necesario debe ser utilizada sin que tiemble el pulso, cualquier otra decisión no se diferencia de la traición de Perón, salvando su pellejo y entregando para el martirio a centenares de militantes peronistas, y, de paso, resquebrajando todo posible proceso de unidad de las fuerzas antiimperialistas.
Un abrazo
Jorge Miranda