- BloginViolencia
- Entrada del 05/10/2008 - 14:18
Los hechos históricos mirados a través del tiempo, permiten conclusiones más voluminosas. Entender el ayer, asimismo, nos facilita estar mejor asentados para construir el hoy. Hacemos, de hecho, el presente con lo que recopilamos y entendemos del pasado. Una interpretación exhaustiva de la historia, sin dudas, nos simplifica el proceso de construcción de la realidad que transitamos. No debemos, sin embargo, transpolar un acontecimiento histórico haciéndolo avanzar vertiginosamente en la línea de la historia. Pierde, así, todos sus pormenores y aspectos más propios, y también pierde todos los elementos determinantes. La reacción de Perón a la revolución libertadora, por ende, debe ser entendida en su tiempo, dentro de aquellas circunstancias y de acuerdo a la realidad social que la imbuía.
Mucho ayuda el repaso detallado y preciso que realizó Fernando. Las definiciones en este foro, seguramente, no distarán demasiado. Pocos serán, calculo, los que nieguen realizar una crítica al intento de pacifismo que procuró volcar el General. El contragolpe se hacia imperioso, una necesidad insustituible para asentar, afirmar y vivificar la revolución, o el intento revolucionario, que por aquellos días se gestaba. Teniendo en cuenta el grado de conciencia de clase de los trabajadores, el alto porcentaje de consenso popular en respaldo del gobierno de Perón y el terrible y asqueroso acometimiento de las fuerzas rebeldes, la violencia, o mejor dicho, la defensa por medios violentos, era la única salida que conducía a la prosperidad del proyecto. Los demás caminos terminarían, cómo finalmente sucedió, con el proceso de liberación. Cabe preguntarse, cómo deber moral, si efectivamente el movimiento peronista estaba entonces en condiciones de afrontar la afirmación de la revolución.
La realidad actual, del siglo XXI, que nos tienen anegados de soportes y artefactos fabricados para el envaramiento; estos tiempos de enajenaciones varias y pensamiento moribundo; esta realidad de juventud desorientada y senilidad amilanada; cuando existen semejante caterva de medios de producción de significados concentrados en pocas manos y los gigantes económicos dibujan, en una pequeña mesa del hemisferio norte, los planes de gobiernos que llevarán a cabo los demás países del orbe; en este contexto en que la conciencia de clase desaparece entre humos y vapores de estupor; que los sindicatos se burocratizaron en tal medida que adoptaron los vicios y defectos de la partidocracia mas ruin; este medio tan disímil al de mediados del siglo XX, tan dispar y tan sofisticadamente injusto, en donde los poderosos no necesitan, hasta cierto límite, ejercer violencia física directa, porque tienen otros métodos, más disimulados y más provechosos, para sofocar los remotos afanes reivindicativos; en esta sociedad argentina de 2008, muy difícilmente se lleguen a esas las circunstancias que fueron dadas en 1955, y en consecuencia, la violencia como vía revolucionaria queda abolida inmediatamente, al menos como primera instancia. A eso me refiero cuando defiendo los medios pacíficos. Utilizar, con astucia de delincuente, los mecanismos que nos dejan a mano; ser discreto y mesurado, jugar al mismo juego que juegan los dominadores. Sin abandonar, obviamente, los principios revolucionarios, ni caer en las tentaciones y delirios del poder envilecido. Es el mismo objetivo, diferentes caminos. No hay que confundir, vale aclarar, con laxitudes ni ambivalencias; el respeto al estandarte de la emancipación nacional, siempre es el primer punto a observar.