- América Latina • Argentina
- Artículo cargado el 03/03/2008 - 18:40
Soberanía o dependencia
Leopoldo Markus
Actualmente, la Argentina requiere unas 120 tn/año de uranio, para sus centrales Atucha I y Embalse, a un costo de importación superior a los 36 millones de dólares. Fuentes de la CNEA estiman que producir aquí “costaría menos de la mitad y daría trabajo a cientos de personas”.[20] Pero, cuando entre en operaciones Atucha II (2010), los requerimientos del mineral, ascenderían a 200/210 tn/año Por ello es necesario producir más y ampliar las plantas concentradoras del mineral. Esto hace al Proyecto de reactivación de la mina de uranio Don Otto, Pcia. de Salta, lo que implica seguir explorando e incorporando otros yacimientos para abastecer todo el plan energético. Para los planificadores de la CNEA, el aporte nuclear a la matriz energética, debería pasar del 7/8% actual para el 2025 al 25%.[21]
El precio del uranio que se mantuvo estable por casi dos décadas, a partir del 1996 comenzó a subir desde los u$s/kg 15 a los u$s/kg 300 en el 2005, o sea un incremento del 1.800% en nueve años. Ese precio ya es altísimamente rentable y por ello mismo, ha generado el apetito y la codicia de las grandes empresas mineras del mundo, que casualmente, son las mismas que saquean los minerales metalíferos en la Argentina.
En las tareas de prospección, además de la CNEA, hay varias empresas extranjeras que están buscando uranio, dado que el país tiene condiciones para su autoabastecimiento, e incluso podría llegar a exportar el mineral. Pero para llegar a esa situación, se requiere de fuertes inversiones en el sector. La pregunta es, si dichas inversiones debería efectuarlas el Estado (CNEA), en función del interés soberano o el Sector Privado y extranjero, capital imperialista (empresas mineras), con intereses lucrativos y bajo que legislación. En el primer caso, las utilidades serían reinvertidas en el país, mientras que en el segundo, como está pasando con el saqueo de los minerales metalíferos, no quedaría ningún valor agregado y las utilidades sin reinvertir, se girarían al extranjero.
Ya hay varias firmas extranjeras, que han comenzado a instalarse en la Argentina, para buscar uranio. Una de ellas, la canadiense Blue Sky Uranium, cuyo accionista controlante es el Grosso Group, está asociada con una minera local y pretende explorar unas 400.000 ha en cuatro (4) provincias —Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén—. El grupo canadiense, quiere extender sus operaciones a la provincia de Salta. Otra empresa canadiense, la Wealth Minerals, está explorando en el yacimiento Diamante-Los Patos, de la misma provincia del NOA. La canadiense Calypso Acquisition, está efectuando trabajos de cateo en Chubut, lo mismo que Mega Uranium —de igual origen—, en la misma provincia (Proyecto Patagonia).
En el 2007 la CNEA efectuó trabajos de exploración en Sierra Pintada, Pcia. de Mendoza e hizo perforaciones en Cerro Solo, en la provincia de Chubut. Debe tenerse en cuenta, a los efectos de considerar las inversiones en materia extractivo-minera, que poner en condiciones de producción a una mina, supone una demora no menor a los diez años y ello se traslada a los plazos, para poder disponer de material fisionable que sea utilizado como combustible.
Historia de la CNEA y situación actual
Corresponde señalar que el hallazgo y la conveniencia de efectuar la extracción de mineral de uranio, a los efectos de disponer de comenzar la producción de combustible nuclear, requiere de una voluntad política por parte de Estado Nacional de llevarla a cabo. Ella no puede estar basada, solo en la coyuntura —crisis energética, determinada por el pillaje, las privatizaciones y la pérdida de decisión soberana en la materia—, sino fundamentalmente en una comprensión acabada de la situación del país y sus intereses estratégicos. Solo hubo dos hombres, provenientes de n/FFAA ambos, de diferentes orígenes políticos, pero con una profunda convicción patriótica y con poder de decisión en sus respectivos ámbitos de acción. Ellos fueron el Gral. Juan Domingo Perón y el Clte. y Dr. en Física, Carlos Castro Madero, quienes en distintos momentos del tiempo, comprendieron las cuestiones mencionadas y supieron tomar las decisiones del caso.
Perón, como Presidente de la República en 1950 tomó la decisión de crear la CNEA, pués era consciente que los países que tuvieran alimentos y energía abundante y barata, después de la II Guerra Mundial y control hegemónico sobre los mismos, podrían sostenerse en el tiempo, a pesar de las presiones de los países imperialistas, para impedir dicho control soberano. A su vez Castro Madero, que como presidente de la CNEA (1976-1984), transformó al organismo de una institución dedicada a la investigación básica, en una empresa prestataria de energía, que diversificara sus compras y ordenara a la industria argentina en sus producciones, en función de un Standard de calidad, acorde con las necesidades del Plan Nuclear que él soñara y pese a los ataques contra el organismo y contra su persona, por parte de los EEUU, de la UE y de la Oficina Internacional de la Energía (OIEA). Dicho Plan suponía que el país contara, al iniciarse el siglo XXI, con diez (10) centrales núcleo-eléctricas, las que junto a las centrales hidroeléctricas, constituyeran los principales aportes a la matriz energética, dejando los combustibles de origen fósil para una menor dimensión en esta última. En rigor de verdad, la idea era que los hidrocarburos —por ser recursos más escasos en la naturaleza—, sirvieran marginalmente a la producción de energía y el uso intensivo de los mismos, estuviese destinado —como materia prima— a la industria petroquímica, con el objeto de conferir un mayor valor agregado al insumo.
Veamos los pasos que dió el país en materia nuclear y que ha sido ocultado sigilosamente, por parte de los agentes del capital imperialista, principalmente británico y estadounidense. Esos pasos, dan una cabal idea de las capacidades que tenemos los argentinos, para efectuar las tareas que se requieren en materia extractiva, en materia industrial para fabricar el combustible nuclear, así como encarar el diseños y la tecnología más apropiada —tanto técnica como económicamente— de la producción de energía eléctrica.
Dice H. C. Plaza “El uranio, generalmente bajo la forma de dióxido de uranio (UO2), es la materia prima con la que se fabrica el combustible nuclear para los reactores generadores de energía eléctrica.“
”El rendimiento de un reactor nuclear es una función de la concentración del isótopo 235U en el combustible. Esta concentración, que varía según los tipos de reactores, puede ser la que se encuentra en el llamado uranio natural (0,72% de 235U), que es como se lo encuentra en la naturaleza, hasta del 2 al 3,6% en 235U que se obtiene por enriquecimiento del isótopo por medios tecnológicos.“
”La tecnología del enriquecimiento es onerosa y complicada, razón por lo cual la República Argentina adoptó, en el momento de decidir el grado de enriquecimiento para sus reactores de potencia, el uranio natural como combustible y agua pesada como moderador, con el objeto de tener autoabastecimiento en el ciclo de combustible nuclear, ya que en ese momento no se poseía la tecnología de enriquecimiento (obtenida a partir de 1982).”[22]
Y más adelante agrega H. C. Plaza: “Las tareas de prospección y exploración, se iniciaron en la República Argentina en los albores de la era nuclear (a sólo seis años del descubrimiento de la fisión nuclear, por Otto Hahn, Lise Meitner y Fritz Strassman, en Alemania).“
”Entre los años 1945 y 1949, se descubrieron varias manifestaciones y pequeños yacimientos de uranio en la Provincia de La Rioja (San Santiago, mina de uranio y níquel, Santa Brígida y San Sebastián, minas de uranio y cobre). Los primeros estudios fueron realizados por la Dirección Nacional de Fabricaciones Militares pero luego la Universidad Nacional de Cuyo (en Mendoza, San Luis y Córdoba), en colaboración con la entonces Dirección Nacional de Energía Atómica, se hace cargo de ellos.“
”La Dirección Nacional de Energía Atómica se creó en 1950 y en un primer momento estuvo dedicaba a la investigación, hasta que en el año 1956 se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y todas las actividades se centraron en, ella. Durante 1957 y 1958, la CNEA formó el plantel de profesionales y técnicos para llevar a cabo los trabajos antes mencionados.“
”Ya desde 1952, la Dirección Nacional de Energía Atómica, había iniciado una serie de etapas evolutivas en las tecnologías aplicadas a la producción de uranio en el país, obteniendo concentrados, efectuando su purificación nuclear y produciendo uranio metálico, si bien no en cantidades significativas, lo suficiente como para sostener las actividades de investigación y desarrollo de la Institución.“
”El paso fundamental se concretó en 1970, cuando la CNEA, asume el compromiso de abastecer a la Central Nuclear Atucha I con concentrado de uranio producido en el país.“
”Los resultados obtenidos en esta década pueden sintetizarse consignando que se logró un elevado nivel en las metodologías de las diferentes etapas, que incluían la prospección, evaluación, explotación minera, a cielo abierto y subterránea, como así también el desarrollo de procesos para diferentes menas uraníferas, la ingeniería básica y de detalle, el control de calidad, los montajes industriales, la gestión de efluentes, el control radiosanitario de personal y el control ambiental en todas las etapas del ciclo de combustible.“
”Debe destacarse que todas las instalaciones alcanzaron en la práctica los objetivos propuestos, obteniéndose productos finales satisfactorios en lo referido a las especificaciones de calidad, tanto para concentrados de uranio como para elementos combustibles.“
”Hubo en el país ocho centros productores de concentrados de uranio (Complejos Minero Fabriles), cinco operados por la Comisión Nacional de Energía Atómica y los otros tres por empresas privadas. Hoy, están retirados de servicio, siete de estos centros productores.“
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