HISTORIA DE LA IZQUIERDA NACIONAL | Artículo de octubre de 1990

La Izquierda Nacional contra
el gobierno proimperialista de Carlos Menem

CARTA ABIERTA DE GUSTAVO CANGIANO AL COMPAÑERO ABELARDO RAMOS

 

El siguiente documento, redactado el 10 de octubre de 1990 por Gustavo Cangiano, mereció de parte de Jorge Abelardo Ramos la respuesta que se publica en esta misma página. Uno y otro documento expresan las diferencias políticas que condujeron a que una parte de los militantes del Movimiento Patriótico de Liberación (MPL), encabezados por el propio Ramos, se incorporaran al menemismo mientras que otra parte, entre ellos el propio Cangiano y los dirigentes más renombrados del partido, como Alberto Guerberof, Blas Alberti, Rodolfo Balmaceda, Carlos Díaz, Roberto Ferrero, etc. siguieran reivindicando las banderas de la Izquierda Nacional y trabajando por reconstruir la herramienta política de la corriente.

Carta abierta al compañero Abelardo Ramos

Estimado compañero:

El reportaje publicado en el último número de La Patria Grande, en el que usted efectúa interesantes consideraciones sobre el gobierno actual, sobre los fundamentos teóricos y estratégicos de la Izquierda Nacional y sobre la propia historia de nuestra corriente, me ha decidido a escribirle estas líneas.

Hacerlo a través de una “carta abierta” persigue el propósito de aunar la lealtad personal que debo a quien considero el más importante de mis maestros con el deber revolucionario de someter mis puntos de vista a la consideración del Partido en su conjunto, en la esperanza de que contribuyan a la reflexión colectiva.

Se refiere usted en La Patria Grande a tres cuestiones que, aunque pueden ser diferenciadas analíticamente, responden a una problemática común, que no es otra, en última instancia, que la revolución nacional y el papel que nos cabe a los socialistas criollos.

Por una parte se pronuncia usted sobre cuál debe ser nuestra posición respecto del gobierno de Menem. Por otra parte, se refiere a los fundamentos teóricos de los que se deriva esa posición. Por último, efectúa usted algunas apreciaciones históricas sobre la Izquierda Nacional referidas a la primera época peronista y a los años setenta.

Me anticipo a señalar que sólo podría yo compartir sus opiniones a condición de despojarme de las enseñanzas que usted mismo me ha proporcionado. Como esto último me resulta imposible, estoy decidido a volcar mis críticas sin apelar a ninguna clase ded subterfugios. Hacerlo así constituye una actitud honesta que ojalá sepan valorar en sus justos términos tanto usted como el conjunto de los compañeros, incluyendo a aquellos que puedan discrepar conmigo.

Dice usted, refiriéndose a la situación actual, que “yo no estoy frente al gobierno, ni tampoco, que yo sepa, lo está el Movimiento Patriótico de Liberación al que pertenezco. Integramos el Frejupo, una alianza de partidos que postuló a Carlos Menem a la presidencia de la Nación y obtuvo el triunfo el pasado 14 de mayo. Formo parte, en consecuencia, de este gobierno, votado por la mayoría de los argentinos...” Las razones por las que usted no se ubica “frente al gobierno”, es decir en la oposición, sino dentro de él, es decir en el oficialismo, son dos: 1) “el gobierno de Menem reposa sobre la base social de los sectores obreros populares y marginales de la Patria” y 2) porque “resultan tristemente ridículas las caracterizaciones de supuestos revolucionarios acerca de que el gobierno de Menem está al servicio del imperialismo”.

Efectivamente, la naturaleza social del gobierno y la política que lleva adelante constituyen dos aspectos que los revolucionarios debemos considerar en el momento de adoptar una posición. En relación al primer punto, nadie ignora que Menem fue ungido por el conglomerado de clases y sectores que conforman el campo nacional. Eso sucedió el 14 de mayo del año anterior. Sin embargo, Menem no marchó desde entonces en la dirección señalada por ese conglomerado sino que prefirió ceder a las demandas del bloque oligárquico-imperialista. Esto determinó que progresivamente fuera minando su base de apoyo social y que, simultáneamente, se fuera configurando otra de naturaleza muy diferente. Una serie de indicadores dan cuenta de lo que digo: los comicios de Santa Fe, Tucumán y Buenos Aires arrojaron la derrota del peronismo; el grueso de la militancia obrera peronista encolumnada tras Ubaldini asumió posturas de oposición; los militares nacionalistas no ocultan su disgusto con el presidente; cientos de unidades básicas peronistas pintan en las calles: “Menem traidor”; el Frejupo se fracturó; los conflictos gremiales se suceden unos a otros; Bush y el imperialismo se deshacen en felicitaciones al gobierno; los Alsogaray mantienen una relación casi familiar con el presidente; Bernardo Neustadt y las “fuerzas vivas” de la Argentina semicolonial llenaron la Plaza de Mayo para sellar su alianza con Menem.

¿Cuántos ejemplos más podrían enumerarse? Sostener hoy que las bases en que se apoya Menem son las mismas que lo llevaron al gobierno no significa otra cosa que ignorar los desplazamientos sociales que se han producido desde entonces. Y si no advertimos esos desplazamientos, mal podremos estar presentes en la lucha por encontrar un nuevo eje de reagrupamiento que hoy están librando los sectores populares carentes de dirección.

Por otra parte, no me explico cómo puede usted burlarse de quienes sostienen que “Menem está al servicio del imperialismo” cuando no hace mucho usted mismo expresó que nuestro presidente “marcha por la vía que le impone el imperialismo”. Si el sarcasmo está referido al MAS y al conjunto de la izquierda cipaya, no es la mejor manera de denunciar el papel contrarrevolucionario de esas organizaciones. ¿Quién sino el imperialismo está detrás del envío de tropas al Golfo Pérsico, de la renuncia a la causa de Malvinas, del desmantelamiento del Estado, de los sucesivos ajustes o de la reglamentación del derecho de huelga? Aunque resulte discutible que, como dice usted, mantener vivos a “Ugarte y Jauretche es mucho más importante que las concesiones o privatizaciones de las empresas o recursos naturales”, la cuestión no parece preocupar al preesidente, que arremete contra unos y otros. Su fuga del 45 es completa, sólo que hacia atrás y no hacia delante. En realidad, la presencia de los prohombres del establishment en areas claves del gobierno nos autoriza a decir que el bloque oligárquico-imperialista no sólo es beneficiario sino también ejecutor de la política en curso.

La cuestión de fondo es que el menemismo ha modificado su naturaleza social y que si en algún momento expresó al bloque nacional, hoy se ha transformado en el más degradado ejecutor de la agresión imperialista. No se trata de un gobierno nacional-popular con “contradicciones” sino de un gobierno de origen popular que ha capitulado definitivamente frente a nuestro enemigo histórico. Yo estoy convencido de que no resulta posible desarrollar una política revolucionaria y trabajar por la recreación de un frente nacional revolucionario sin denunciar este hecho.

Por lo demás, el hecho mismo no debiera sorprendernos a los socialistas criollos. Samir Amin escribe en El eurocentrismo que “el proyecto de Estado burgués nacional sigue siendo extremadamente vulnerable. Y a falta de algo mejor, la burguesía local tiene la gran tentación de aceptar inscribir su desarrollo en una perspectiva de subalternización. Emitimos la hipótesis de que hoy día, en gran medida, las burguesías del Tercer Mundo han llegado a eso, han renunciado a su proyecto nacional, al espíritu de Bandung, para aceptar la ‘compradorización’”.

Si cito a Amin es porque creo que su análisis no está “más cerca de la brocha que del bisturí”, sino que se atiene a las tesis centrales de la Izquierda Nacional y que quizás en sus palabras se encuentre la clave de la capitulación menemista. Podría, desde luego, citar lo que usted mismo ha escrito a lo largo de tantas décadas. Sin embargo, al introducirse en esta cuestión teórica, usted formula una interpretación de la Izquierda Nacional que no sólo resulta novedosa, sino que, a mi juicio, acaba por desdibujarla. Señala usted que durante la primera época de Perón nosotros “no entramos al peronismo sino que nos entregamos a una labor de elaboración teórica, tanto en el plano del pensamiento político como de la revisión histórica...

Pensábamos en esa época que si nos decidíamos a hacer política, en el sentido estricto, debilitábamos de algún modo a Perón, que emprendía una difícil tarea de interés nacional” (subrayado mío GC).

Todos recordamos los furibundos ataques de la izquierda cipaya que por entonces reprochaba a la Izquierda Nacional ser un mero “agente ideológico de la burguesía”. Era así como resolvían, desde Silvio Frondizi hasta Milcíades Peña, las cuestiones tácticas a que daba lugar la emergencia del peronismo y que los socialistas de la Izquierda Nacional abordaban en toda su complejidad. Para los “revolucionarios de lechería” resultaba más cómodo refugiarse en el clasismo juanbejustista —añadiéndole algunas dosis de maximalismo que lo hicieran más o menos potable—. Desde ese refugio, no podían entender que se apoyara a Perón pero no se ingresara al peronismo y se pugnara por construir un partido socialista criollo. Quienes así actuaban nop podían ser otra cosa que “agentes del peronismo”. ¡Y sin embargo tal era la posición de ese nuevo socialismo gestado al calor de las jornadas del 45! ¿Por qué no se ingresaba al peronismo? Porque se pensaba, en esa época, que “la independencia política del proletariado frente a la burguesía nacional es indispensable para una consecuente y decidida lucha antiimperialista” (J.A. Ramos, Octubre, 1947). Lo que usted, compañero Ramos, pensaba en esa época está documentado en los artículos de Octubre que han llegado hasta nosotros. En ninguna parte se convoca a “renunciar a hacer política” para no “debilitar a Perón”. Tanto las elaboraciones teóricas como los trabajos de revisión histórica eran tareas militantes que perseguían el propósito de poner en pié una organización política que hiciera posible una alternativa socialista en el campo nacional. Una tarea, en suma, que habían traicionado los “partidos obreros” de la época. Al cabo de los años, esa tarea se realizó. Del mismo modo, la explicación que usted proporciona acerca de la negativa del FIP a ingresar en el Frejuli no me parece ajustada a la verdad histórica. “Es que había mucho 'izquierdismo' y mucho 'marxismo abstracto' en el FIP -dice usted-. En el fondo mucho cipayismo y una clara resistencia a Perón, calificado por algunos como 'jefe de la burguesía, de la clase enemiga', tal era el lenguaje”.

Convengo en que la decisión de entrar o no al Frejuli era de naturaleza táctica y que la oportunidad de hacerlo se relacionaba con múltiples factores que había que evaluar en el momento. Pero desde el punto de vista estratégico, la decisión de mantener la independencia respecto del peronismo no sólo era correcta, sino que cuestionarla implicaría cuestionar nuestra propia razón de ser. Ella no se fundaba tan sólo en consideraciones acerca de la menor o mayor debilidad de Perón sino en razones teóricas, políticas y estratégicas que hacían aconsejable la táctica de “marchar separados y golpear juntos”. Por lo demás, no existía mejor manera de no debilitar a Perón, en tanto encarnación de la revolución nacional, que construir una fuerza socialista en el campo nacional. Lo mismo puede decirse en relación a la caracterización de Perón como representante de la burguesía nacional. Aunque ese lenguaje pueda no resultar conveniente para desarrollar política concreta y aunque conlleve cierto reduccionismo, la caracterización es en lo sustancial correcta, si es que admitimos que la división en clases subsiste dentro del frente nacional.

La interpretación que usted formula acerca de las relaciones entre el peronismo y la Izquierda Nacional no sólo resulta novedosa, sino que implica una suerte de inversión metodológica respecto de la que nos ha caracterizado. Siempre definimos al peronismo como movimiento bonapartista de carácter burgués y a su política como orientada hacia la defensa de la soberanía política y económica, es decir, una política nacionalista popular. A partir de esa caracterización se tornaban inteligibles las medidas puntuales adoptadas por Perón y pudo elaborarse una táctica adecuada que se derivaba de los objetivos estratégicos últimos: revolución nacional, socialismo y unidad latinoamericana. Existía un eje rector que permitía integrar el análisis pormenorizado de cada una de las medidas de gobierno en el marco de una caracterización previa que las dotaba de sentido. Y tal caracterización había resultado posible porque partía de presupuestos teóricos íntimamente ligados a los objetivos estratégicos de nuestra lucha. Así se conformó nuestra corriente político-teórica, y en una instancia posterior se procedió a reexaminar críticamente la historia argentina (el pasado) a la luz de un presente (el proceso abierto el 17 de octubre) que no podía comprenderse sin incorporar a él el devenir (el socialismo).

Tanto la caracterización del gobierno como la posición del partido se apoyaban en presupuestos teóricos que operan como guía de la acción política. En consecuencia, un lazo indisoluble torna inteligibles todos y cada uno de los planos en torno a los cuales se constituye la Izquierda Nacional, y existe entre todos esos planos (teórico, político, organizativo, táctico, estratégico) un vínculo de tal naturaleza que ninguno de ellos puede ser explicado sin recurrir a los restantes.

Sin embargo, al señalar usted que “en esa época” no entramos al peronismo para no debilitar a Perón y que en 1972 no nos incorporamos al Frejuli debido a nuestros errores “izquierdistas”, actúa como si se encontrara movido por una lógica que Blas llamaría “tacticista” y Carlos Díaz “oportunista”: en función de justificar nuestra presencia en el gobierno menemista se avanza retrrocediendo hasta los fundamentos últimos de la Izquierda Nacional. Y cuando uno quiere acordarse, poco es lo que queda de ella. Como, después de todo, los hechos no pueden, una vez sucedidos, modificarse según las conveniencias del momento, se encuentra usted en la necesidad de forzar la realidad en cuestiones que están vivas en la memoria colectiva de la militancia.

Me explico. Dice usted: “aunque yo era el presidente del FIP, quizás por razones de edad, mi influencia en él era bastante relativa”. No obstante, los documentos de aquella época indican que su incidencia en la línea del Partido era verdaderamente decisiva. Si acaso el FIP hubiese cometido errores “izquierdistas”, ningún historiador del Partido podría eximirlo a usted de ellos. En Izquierda Popular N° 9 de diciembre de 1972, usted escribía: “Cuando los militantes peronistas voten por Sylveste Begnis en Santa Fé, ¿votarán también por aquella ley Conintes que este gobernador y su gobierno nacional aplicó contra los peronistas? Sabíamos lo que iba a ocurrir, y por esa razón nos retiramos de las reuniones multipartidarias. Por las mismas razones respondimos negativamente a la invitación que nos formuló el general Perón en su casa de Vicente López, cuando nos sugirió la entrada al Frente Justicialista”.

En I.P. N°21, de agosto de 1973: “El partido revolucionario que sea digno de tal nombre, debe saber distinguir lo fundamental de lo accesorio, el incidente de la ley y no olvidar que su meta es la conquista de la clase obrera y del pueblo, que hoy son peronistas, para las banderas del socialismo. Esta conquista no puede realizarse desde dentro del peronismo, como suponen algunos, ni enfrentado con él, como creen otros. La regla es: marchar separados y golpear juntos…”.

En I.P. N° 47, de marzo de 1975: “Sucede que para hacer una política de izquierda hay que estar fuera del peronismo, puesto que de otra manera se choca inevitablemente con la dirección del peronismo. Y, en ese caso, termina siendo imposible apoyar al peronismo y luchar por el socialismo. Nosotros sostenemos esto desde 1946, gracias a una comprensión correcta de la realidad nacional. Lamentablemente, en algunos casos, otrros dirigentes políticos que por ese tiempo intentaron comprender el fenómeno peronisrta con una perspectiva revolucionaria, terminaron haciéndose peronistas, es decir, degradándose políticamente”.

Hasta aquí las citas, que podría multiplicar si no fuera por temor a aburrirlo. Ellas demuestran que usted entendía lasa relaciones peronismo-Izquierda Nacional de un modo diferente a como parece entenderlas ahora y, también, que usted era el más calificado vocero de aquella línea política. La “influencia relativa” que usted menciona suena como un intento de eximirse de responsabilidad por lo que hizo y dijo el partido que usted orientaba. En todo caso, si su influencia era menor que ahora, ello no se debía a “razones de edad” sino a que el FIP era, cuantitativa y cualitativamente, más fuerte que el MPL, y el liderazgo que indiscutida e indiscutiblemente usted ejercía hallaba un complemento en decenas de cuadros sólidamente formados.

Reescribir la historia de nuestra corriente a la luz de un replanteo de viejas posiciones teóricas no constituye pecado alguno. Sin embargo, intentar hacerlo bajo la presión que deriva de la necesidad de legitimar una determinada táctica (en este caso la participación en el gobierno menemista), encierra un grave peligro. Observo que por ese camino se termina distorsionando los hechos. Para justificar nuestra presencia en el gobierno se comienza por caracterizarlo inadecuadamente y para sostener tal caracterización se abandonan los fundamentos teóricos que nos confieren identidad. Si ayer la teoría, la política y la estrategia determinaban la táctica, hoy es ésta la que pretende fundar una nueva teoría, una nueva política y una nueva estrategia. Resulta entonces que no ingresamos al peronismo porque renunciamos a hacer política para defender a Perón, que el FIP sufría de “izquierdismo” y que Ramos era demasiado viejo para influir en él. A pesar de todo, “nuestra posición, en sus líneas esenciales, no se ha modificado”. Por eso estamos con Menem. ¡Vaya enredo! ¿Habrá que sustituir a Marx por Lewis Carroll? Uno siente deseos de abandonarse a la reeflexión metafísica y preguntarse con Gauguin: “¿De dónde venimos, quiénes somos, adónde vamos?”.

Un abrazo, Gustavo Cangiano

 
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