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A finales de la década del treinta comienza a cobrar importancia el despliegue militante de Liborio Justo (Quebracho). El hijo del que fuera presidente de la Nación contó inicialmente con el apoyo de universitarios trotskistas de La Plata, de los secundarios procedentes del anarquismo de Jorge Abelardo Ramos y de los obreros ligados a Mateo Fossa, famoso por sus encuentros con León Trotsky. Constituyeron en 1939 el Grupo Obrero Revolucionario (GOM), denominado dos años después “Liga Obrera Revolucionaria” (LOR).
Contemporáneamente se conformó otro agrupamiento de orientación trotskista en el cual militaron Milessi, Ontiveros, Lagos y Marga. Adoptaron el nombre de Liga Obrera Socialista (LOS) adhiriendo a la Cuarta Internacional.
Ambos nucleamientos carecían de una férrea unidad interna y la existencia de posiciones disímiles creaba reiteradamente problemas. De todos modos, en el enfrentamiento que mantuvieron ambas agrupaciones se desarrolló una polémica que carecía de antecedentes en el movimiento trotskista. La disputa ahora se centraba en el tema de la cuestión nacional, sostenida por la LOR y negada por los LOS.
Para los hombres de Justo, tanto Lenin como Trotsky analizaron correctamente el fenómeno del imperialismo que se desarrolla a partir de la crisis mundial de 1873. La opresión imperialista engendra movimientos de emancipación en los países oprimidos en los que se integran diferentes clases sociales sojuzgadas (obreros, campesinos, estratos intermedios y sectores de la burguesía nacional). De este modo la lucha por la liberación nacional se enlaza con la lucha por la liberación social en la marcha de la revolución permanente.
Justo planteó por primera vez esta cuestón en un folleto titulado “Frente al momento del mundo: qué quiere la Cuarta Internacional” sobre la base de las tesis leninistas del Segundo Congreso de la Tercera Internacional, que distinguen entre las naciones opresoras y las naciones oprimidas: “La necesidad de la liberación nacional surge del mismo carácter de la influencia del imperialismo en los países coloniales y semicoloniales. Sólo liberándose de la acción imperialista opresora, deformadora y paralizante, esos países serán capaces de logrrar su plenitud ecoómica, es decr, la completa expansión de su fuerzas productivas. Es por eso que al encarar el problema de la revolucón socialista internacional se impone, en primer término, hacer la distinción entre naciones opresoras y oprimidas. Así lo recalcan las tesis sobre la cuestión nacional y colonial votadas en el Segundo Congreso de la Tercera Internacional”. Para él ciertos sectores de la burguesía pueden iniciar acciones contra el imperialismo en los que deben recibir el apoyo proletario. Pero nunca las llevaran hasta sus últimas consecuencias, pues el único capaz de realizar plenamente la liberación nacional es el proletariado revolucionario.
Por su parte, los integrantes de la LOS piensan -bajo la influencia rauchista- que la lucha antiimperialista debe ser librada directamente contra la burguesía. Hay una única revolución socialista que carece de iniciales fases de carácter democrático.
Por ello Reinaldo Frigerio publicó un folleto “La IV Internacional y la lucha contra el imperialismo”, donde niega la existencia de una cuestión nacional previa a la liberación social.
“Se insiste en disfrazar de capitalistas malos únicamente a la llamada oligarquía y de capitalistas buenos, progresistas, antiimperialistas a Yrigoyen, la UCR y su cría, cuando todo demuestra que la clase dominante argentina tiene a su cabeza un grupo de S.A. nacionales y extranjeras, un Banco Central y un Estado capitalista que denuncia la presencia de una clase burguesa que es, a la vez, oligárquica, industral, accionista de los trusts, usurera, comerciante, radical, conservadora y demócrata progresista y hasta socialista”. Para Frigerio no existe política contra el imperialismo desligada de la lucha contra la burguesía nacional.
Esta disputa se mantendrá durante años en la izquierda argentina con una vitalidad singular. El surgimiento del peronismo la dotará de nuevos bríos. Su importancia resulta incuestionable para la comprensión del surgimiento de la Izquierda Nacional, que proporcionó apoyo crítico al movimiento popular manteniendo la independencia política y estableciendo alianzas propias de la lucha antiimperialista.
Otro intento unitario
Las agrupaciones trotskistas tienen poca continuidad y los desprendimientos sucesivos agudizan la debilidad. Esta situación provoca el intento de una nueva organización unitaria. En la reunion de los diferentes grupos tuvo importante desempeño Sherry Mangan, un enviado norteamericano de la Cuarta Internacional. Finalmente, se constituyó el Partido Obrero Revolucionario Socialista (PORS) en el congreso efectuado en Punta Lara (1941).
En el inicio se encuentran presentes los rauchistas, los platenses de Hilario Lagos, los cordobeses de Esteban Rey, los porteños de Jorge Abelardo Ramos y Enrique Rivera, como así tambien el núcleo que rodea a Aurelio Narvaja, que fue elegido secretario general. Como puede apreciarse, confluyen diferentes corrientes que poseen posturas contrapuestas frente a aspectos de importancia. Ello impide el pronunciamiento colectivo sobre cuestiones fundamentales y contribuye a la dispersión que posteriormente se produjo.
Los planteos clasistas de Raurich y de Gallo predominan ampliamente en los documentos producidos y no aparece la formulación de la cuestión nacional. Sobre este aspecto precisamente llaman la atención las declaraciones vertidas por el propio Narvaja a Norberto Galasso: “En el PORS yo era el secretario general, Adolfo Perelman era secretario de organización y Ramos secretario de prensa. El PORS duró poco tiempo. Por entonces, yo tenía una clara concepción de la cuestión nacional pero allí no era posible plantear las cosas claramente dada la heterogeneidad del grupo”.
El más díscolo para el ingreso al nuevo nucleamiento fue Liborio Justo. Entendía que el PORS aparecía encerrado en un internacionalismo abstracto que lo llevaba a negar la cuestión capital de la liberación nacional. La negativa del carácter semicolonial del país y de sus consecuencias para la estrategia revolucionaria lo hacía caer en poturas centristas propias del predominio pequeñoburgués del agrupamiento.
Lamentaba la incorporación al PORS de hombres como Narvaja y Sylvester que se habían aproximado anteriormente a posiciones por él sostenidas.
Finalmente publicó un folleto diferenciando las postulaciones del LOR y del PORS:
El PORS fue reconocido como filial argentina de la Cuarta Internacional. Esto agudizó el distanciamiento con Liborio Justo que, por otra parte, quedó en una soledad total que provocó la disolución de la LOR. Pero la prolongación del PORS no se extendió mucho más allá por las agudas discrepancias internas. Para ese entonces estallaba el golpe militar de 1943 que ponía término a la década infame.
Una síntesis necesaria
El proceso que dio origen al surgimiento de la Izquierda Nacional a mediados de la década del cuarenta no se caracteriza por una evolución lineal y continua. Por el contrario, está plagado de avances y retrocesos, complejidades y contradicciones. Ningún grupo, por sí solo, elaboró los lineamientos estratégicos y tácticos necesarios para la conformación de una política diferente.
Fueron diversas las contribuciones. Que sus fundadores hayan sido, en su mayoría, marxistas formados en el trotskismo no constituye un dato acabadamente explicativo de una corriente nacida en los albores del peronismo y que ya alcanzó más de medio siglo de existencia.
Presenta una herencia incuestionable del socialismo revolucionario a escala mundial, pero también se enlaza con las mejores luchas del pueblo argentino en pos de la liberación nacional. De todos modos, en relación al período comentado, corresponde realizar algunas precisiones sintéticas:
1. El triunfo del juanbejustismo en los ámbitos del socialismo y del codovillismo en la esfera del comunismo implicó la derrota de las tendencias impulsadas por Ingenieros, Palacios, Ugarte, Coca y otros que pretendieron imprimir a la izquierda argentina rasgos nacionales y latinoamericanos. El dogmatismo expresado en el internacionalismo abstracto, el antimilitarismo acérrimo y el anticlericalismo irrestricto significó la incompresión del país real con consecuencias nefastas.
2. Considerar la lucha antiimperialista, en los hechos, como un enfrentamiento con la burguesía local, implicaba negar lo central del fenómeno del imperialismo y las contradicciones que engendra en los países semicoloniales entre el poder imperial y el país oprimido, entre el bolque dominante y el conjunto de los sectores sociales oprimidos.
3. En la década del veinte, a pesar de las diferencias de discurso, socialistas y comunistas desplegaron una política similar ante e movimiento popular yrigoyenista. Se opusieron férreamente al caudillo y consintieron el golpe de estado de 1930. De ese modo contribuyeron a la gestión oligárquica y a los intereses imperialistas.
4. Producida la proscripción del radicalismo para las elecciones de 1932, el socialismo concretó una alianza con los demócratas progresistas en torno de la fórmula De la Torre-Repetto. Se convalidó de ese modo el mecanismo fraudulento y la marginación de la fuerza mayoritaria, pasando a constituir la oposición tolerada del régimen. Mientras tanto, los incipientes grupos trotskistas buscaban una posición diferenciada sin llegar a producir, hasta entonces, aportes significativos para la comprensión de la cuestión nacional en un país semicolonial como la Argentina.
5. La implantación de la política frentepopulista por parte del stalinismo local, implicó un viraje desde el dogmatismo sectario hacia un desenfadado oportunismo. Significaba, a la vez, una aplicación deformada de las instrucciones de la Tercera Internacional que recetaba para las semicolonias frentes populares antiimperialistas. Aquí se terminó adoptando una política meramente antifascista que estaba aconsejada para los países desarrollados.
6. Los nucleamientos trotskistas de los años treinta encarnaron una reacción contra la clausura del ciclo leninista en la URSS y contra el abandono del marxismo por parte de la izquierda argentina. Fueron severos críticos del juanbejustismo y del codovillismo impregnados, respectivamente, del reformismo de la Segunda Internacional y del burocratismo de la Tercera Internacional. De todos modos, no pudieron construir el partido de la clase obrera a que aspiraban ni lograr una inserción significaiva en el movimiento sindical.
7. Liborio Justo, disparador de ácidas críticas y receptor de duras réplicas, todo ello bajo la impronta de una personalidad extraña, tuvo el mérito de introducir en el campo de la izquierda la cuestión nacional, es decir, de adaptar los planteos de Lenin y de Trotsky a las necesidades revolucionarias en la semicolonia. La contradicción fundamental se origina en la presencia del país opresor condicionando, en la estrategia del proletariado, el enfrentamiento de clase con la burguesía nativa a la lucha por la liberación nacional. La clase obrera al hegemonizar el proceso emancipatorio trascenderá las tareas democráticas para desembocar indisolublemente de la liberación nacional en la liberación social.
8. Esto genera la necesidad de la creación del partido autónomo de la clase obrera que, sin perder su independencia, se aliará al resto de los sectores oprimidos para enfrentar al bloque dominante. La independencia política del proletariado, la determinación de sus aliados en la lucha por la liberación nacional y la hegemonía obrera en el frente constituyen pilares de las posiciones políticas de la Izquierda Nacional que necuentran sus fuentes en los nucleamientos trotskistas que avizoraron o plantearon la cuestión nacional.
9. La incomprensión del peronismo en que algunos de los sectores trotskistas posteriormente incurrieron, no invalida los méritos alcanzados en la tarea introductoria que sobre temas cruciales plantearon originariamente. Por otra parte, aquellos que, a partir de claras concepciones de la cuestión nacional, formularon un apoyo crítico al peronismo, encarnan la mejor expresión fundadora de la Izquierda Nacional.
10. La Izquierda Nacional, para aprovechar el contenido revolucionario del marxismo, debió despojarlo de su matriz decimonónica y eurocentrista, para expresarlo en términos actuales y latinoamericanos, específicamente aptos para la emancipación nacional y social de los argentinos.
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