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  • Artículo cargado el 3 de diciembre de 2006

El Frente de Izquierda Popular y el golpe del 24 de marzo

RECOPILACIÓN DE GUSTAVO CANGIANO

 
 
 
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ÍNDICE DE LA SECCIÓN

El FIP denuncia la conspiración  22 de agosto de 1975

Atentado contra Abelardo Ramos  1º de octubre de 1975

Silvio Frondizi y el FIP  1º de octubre de 1975

La doble escalada  Noviembre de 1975

El FIP ante el golpe gorila

Movilizar a la clase trabajadora  Diciembre de 1975

Abandonar las debilidades y aplastar a los sediciosos  1º de octubre de 1975

La complicidad de los partidos oligárquicos  19 de diciembre de 1975

Una denuncia del FIP  25 de febrero de 1975

Declaración de la Junta Nacional del FIP  20 de marzo de 1975

Ramos habla del peronismo, el gobierno y la oposición gorila  20 de marzo de 1975

Cámpora: la tentación de un Frente Liberal  Marzo de 1975

Propuesta del FIP  20 de marzo de 1975

Mensaje de Ramos al último ministro peronista  23 de marzo de 1975

Córdoba, 22 de agosto de 1975

El FIP denuncia la conspiración

Declaración de Jorge Abelardo Ramos ante la sedición gorila

Los actos del bandidismo social realizados en Córdoba y otros lugares del país no son separables del pedido del doctor Illia en procura de la renuncia de la presidente, ni del mismo pedido del diputado conservador Frúgoli, ni de las interpelaciones del radicalismo sobre el cheque librado por la presidente, ni de la campaña ponzoñosa de ciertos diarios contra el régimen peronista, ni de las intrigas parlamentarias para reemplazar a la primer magistrado.

Con la bomba homicida, con la intriga de palacio o con la campaña de la prensa amarilla, se pretende derribar con Isabel al movimiento nacional, para regresar a un nuevo 55.

Aprovechando las debilidades, las secuelas de las bandas de López Rega y el abandono del programa económico de Perón, otras bandas, aliadas a los intereses antinacionales, a la vieja Unión Democrática y al radicalismo moribundo, aspiran a impedir la conclusión del mandato surgido de la voluntad popular en 1973.

El FIP denuncia tal conspiración, que va desde los terroristas de cualquier signo a los virtuosos ex presidentes, y afirma:

1) Sostener a Isabel presidente hasta 1977

2) Aplicación del programa nacional de Perón

3) Si este programa se revela insuficiente para conjurar la crisis de la Argentina semicolonial, llamar al pueblo argentino a la adopción del programa socialista, la expropiación de la oligarquía, y el combate resuelto contra el imperialismo.

Fuente: reproducido en Izquierda Popular N° 53, 26 de agosto de 1975
1° de octubre de 1975

Atentado contra Abelardo Ramos

El día 16 de octubre de 1975, en Córdoba, alrededor de la una y media de la madrugada, seis individuos armados irrumpieron en la vivienda de un familiar del presidente del FIP, compañero Jorge Abelardo Ramos, donde suele alojarse en sus viajes a esa provincia. Al no encontrarlo, cometieron algunos destrozos, se apoderaron de libros y papeles, para finalmente firmar un acta de allanamiento que se llevaron con ellos. Después de muchas horas y tras enérgicas reclamaciones de los dirigentes cordobeses de nuestro partido y del propio Ramos, la jefatura de la Policía Provincial reconocía la autoría del hecho.

Tal reconocimiento no implicaba de todos modos una explicación de este grave suceso. Es el primer allanamiento que se comete contra el jefe de un partido nacional reconocido. Se produce, además, en medio de una escalada de violencia generada por los terroristas de ambos bandos, con un claro sentido de provocación golpista y después que el FIP anunciara en las reuniones multipartidarias, por boca del mismo Ramos, que “tras la defensa de las instituciones” se escondía un ataque a la soberanía popular representada por Isabel Perón y su derecho a gobernar el país hasta 1977. El allanamiento se realiza, por otra parte, después que la Junta Provincial cordobesa cubriera la ciudad de afiches anunciando una conferencia de Ramos titulada “Quiénes, cómo y por qué están en el golpe de Estado”.

Al parecer, los encargados del operativo habrían sido elementos del Comando Radioeléctrico de dicha repartición, que según es comentario público en Córdoba, mantiene dinámicos y estrechos vínculos con las autoridades del III Cuerpo de Ejército.

Es interesante destacar la reacción de la prensa ante la denuncia formulada por autoridades nacionales del partido.

Sólo “Ultima Hora” y “El Cronista Comercial” se refirieron al suceso, con amplitud, sobre todo el primero. El resto de los diarios capitalinos omitió lisa y llanamente la información pese a haber concurrido a la conferencia de prensa convocada oportunamente. La excepción la constituyó “La Opinión” que, normalmente proclive a todo tipo de denuncias que alivien las culpas que siente su propietario-director, ni siquiera concurrió a la conferencia de prensa. A Timmerman le preocupan sólo cierto tipo de arbitrariedades.

Publicado en Izquierda Popular N° 54, 1° de octubre de 1975

1° de octubre de 1975

Silvio Frondizi y el FIP

Transcribimos a continuación la nota aparecida en Izquierda Popular N° 54, del 1° de octubre de 1975

El 27 de septiembre se cumplió un año del cobarde asesinato del doctor Silvio Frondizi, abanderado de la liberación nacional, de la democracia y del socialismo, quien fuera candidato a senador por el Frente de Izquierda Popular en los comicios de marzo de 1973.

Secuestrado de su domicilio tras una acción de comando que culminó con el asesinato de su joven yerno, el doctor Frondizi fue ultimado unas horas más tarde por el piquete de criminales.

Doce meses más tarde, aquellas muertes, como tantas otras (la del compañero Carlos Llerena, por ejemplo) permanecen impunes. No se conocen resultados de las investigaciones policiales. Los culpables siguen en el anonimato y en libertad. El FIP reclama una vez más la investigación de esos crímenes y recuerda con emoción a ese gran luchador de la libertad que fue el profesor Silvio Frondizi.

Noviembre de 1975
Derecha militar y terrorismo

La doble escalada

JORGE ENEA SPILIMBERGO

Cómo y por qué la llamada “guerrilla”, en realidad simple terrorismo, y la doctrina de la “contrainsurgencia”, esgrimida por ambos mandos militares, constituyen de hecho instrumentos complementarios de la estrategia imperialista contra la soberanía de los argentinos. Jorge Enea Spilimbergo, dirigente nacional del Frente de Izquierda Popular, pone al descubierto en este artículo ese funesto juego de pinzas, señalando que si los grupos terroristas son expresión del antiperonismo de seudoizquierda, la doctrina “antisubversiva”, tal como es expuesta en los últimos discursos castrenses, está reñida con la vertiente nacional de la tradición militar —San Martín, Roca, Savio, Perón— y se inspira, por el contrario, en la del otro ejército, faccioso y prooligárquico de Mitre, Justo, Aramburu y Lanusse. El artículo fue publicado originalmente en la revista Izquierda Nacional —tribuna del socialismo revolucionario— N° 41, noviembre de 1975.

Como parte de la ofensiva oligárquica contra el gobierno y las mayorías nacionales, merece destacarse —en las últimas semanas y meses— un brote de oratoria castrense reaccionaria, de claro tono admonitorio y amenazante, cuyo análisis consideramos necesario.

La corriente de la Izquierda Nacional y Popular en la Argentina ha desechado el vacuo palabrerío “antimilitarista” de la vieja izquierda (por lo demás, seudomarxista), que no le impidió por otra parte, ir a la zaga de los militares a condición de que fuesen gorilas, como en 1955.

El Ejército en las semicolonias

Hemos dicho que el Ejército, en tanto custodio armado de un orden social dado, es una institución “profesionalmente” conservadora de ese orden, y en ese sentido se identifica con las clases dominantes, con la naturaleza de clase del Estado como Estado de las clases dominantes. Pero ya Marx había observado, en pleno siglo XIX, la peculiaridad del desarrollo político español, emergente del carácter atrasado y semifeudal de la sociedad peninsular, donde, a partir de la guerra antinapoleónica, el ejército se convirtió en campo de lucha de fuerzas encontradas, algunas de las cuales expresaban las tendencias de la revolución burguesa en pugna con la vieja España retardataria.

Para la Izquierda Nacional y Popular, ya desde el propio año 1945, no fue un misterio ni una aberración el “fenómeno” del 17 de octubre, cuando la clase trabajadora industrial irrumpe en la arena política rescatando al coronel Perón y cifrando en él sus esperanzas de justicia y emancipación. Situaciones semejantes en otras áreas del mundo semicolonial y dependiente corroboraron la normalidad de estos fenómenos, desde Cárdenas y Villarroel a Nasser y los militares peruanos o portugueses.

En la indagación de nuestro pasado, como inexcusable tarea de desalienación ideológica y de lucha por una conciencia nacional revolucionaria, destacamos el origen popular y democrático de las fuerzas armadas argentinas. Ellas se constituyeron aún antes de 1810, como respuesta a las invasiones inglesas y a la defección de la burocracia militar, civil y eclesiástica españolas, a partir de nuestro primer “cordobazo” o “17 de Octubre”, como fue la pueblada de 4000 porteños que impuso al Cabildo el alejamiento de Sobremonte y la designación de Liniers, y la formación de los cuerpos militares de criollos, los cuales se dieron por elección sus propios jefes (incluso Saavedra) y así quedó dispuesto el brazo armado que hizo posible la revolución de mayo de 1810. Ejército imbuido de la ideología más democrática, revolucionaria y transformadora de la época, ligado al impulso histórico de las revoluciones democrático-burguesas que a partir de 1789 sacudieron a Europa y a la propia España, cuya tradición sarmantiniana nada tiene que ver con el reaccionarismo medular de los actuales apóstoles de la “contrainsurgencia”, orientadas sus armas a constituir una nueva sociedad con el apoyo de los de abajo, y no a mantener el oprobio de los privilegios heredados.

Hemos explicado, en suma, que si bien en los países de capitalismo avanzado y decadente, en los países imperialistas superdesarrollados, el Ejército acentúa hasta el paroxismo su naturaleza conservadora de brazo armado de la burguesía monopolista, en los países atrasados y dependientes aparece desgarrado por las contradicciones que afectan al conjunto de la sociedad civil. La inviabilidad creciente de un camino burgués hacia el progreso, que reproduzca con dos siglos de atraso la trayectoria de los países líderes de Europa Occidental, crea un dilema insalvable entre el “orden” y la soberanía; entre el régimen burgués, raquítico, enfeudado y semicolonial, y el desenvolvimiento de las fuerzas productivas.

Generalato gorila

A lo largo de nuestra historia, ha dicho el compañero Ramos, existieron dos ejércitos: el del orden y el de la revolución, vale decir, el de la entrega y el de la independencia nacional; el de la oligarquía y el de las grandes masas populares; el de Mitre, Justo, Aramburu, Onganía o Lanusse, y el de San Martín, Artigas, Roca, Savio o Perón.

¿A qué ejército pertenecen quienes han ocupado la tribuna militar en los últimos tiempos, rompiendo el silencio ominoso a que los había reducido el aplastante triunfo popular del 11 de marzo y del 23 de septiembre? La respuesta es obvia: al ejército “godo”, proyanqui y oligárquico. La expresión más agresiva de este militarismo reaccionario acaba de darla el general Buasso, según el cual los gritos de las multitudes civiles serán siempre menos estentóreos que la voz de mando de los generales; para quien la “ley” prevalece sobre el “número”, o sea, no emana de la soberanía popular sino que la aplasta; y que desde su cátedra cuartelera invectiva a quienes —imbuidos de “falso nacionalismo”— acusan al imperialismo extranjero de nuestros males. No de otro modo, mientras los argentinos defendíamos la soberanía de nuestra patria contra las potencias capitalistas de entonces en la Vuelta de Obligado, los emigrados unitarios de Montevideo tachaban de cerril esta actitud y se ponían a las órdenes del invasor extranjero. Pero la historia oficial la escribieron esos unitarios y sus descendientes políticos, aunque no lograsen explicar cómo el capitán de los Andes, en lugar de rendirles a ellos pleitesía, los anatematizó por un crimen “que ni el sepulcro podrá perdonar” y dio su espada libertadora a Rosas, cuyas ideas reaccionarias no compartía.

Lo importante para la oligarquía fue, en todo caso, que la batalla de Obligado se borrase de los fastos de la patria, en tanto símbolo actual de resistencia al nuevo imperio de la Europa capitalista. ¿Cómo sorprendernos entonces de que otro general haya dirigido su dedo amenazante contra el “revisionismo histórico”, es decir, contra uno de los caminos para la toma de conciencia nacional del pueblo argentino?

Esta pública emergencia de la ideología liberal-oligárquica como expresión oficial del generalato, prueba que las derrotas infligidas por el pueblo argentino en el Cordobazo y otras rebeliones provinciales que abrieron la ruta del 11 de marzo y el 23 de septiembre, a las espadas de la “revolución libertadora” y la “revolución argentina”, no han cambiado la naturaleza del alto mando, que se erige en custodio de la vieja Argentina dependiente y asiste sin rubor al torneo de “defensa continental” que el Pentágono instrumenta este año en Montevideo, olvidando la digna actitud asumida en Caracas en 1973.

“Contrainsurgencia”

El núcleo dinámico de esta reconstitución política es sin duda, como lo acaba de denunciar el manifiesto de la Junta Nacional del FIP conmemorando el 30 aniversario del 17 de Octubre, la “ideología de la contrainsurgencia”. Esta ideología, modelada por las escuelas militares norteamericanas, considera al universo desde el punto de vista del “anticomunismo” y la “lucha contra la subversión”. Brazo armado de los grandes monopolios imperialistas y de su Estado opresor, el Pentágono tildará de “comunista” toda insurgencia de los países débiles y de sus clases explotadas para sacudirse el yugo de los monopolios extranjeros.

El hecho de que la lucha contra la denominada “guerrilla” en la Argentina haya sido puesta bajo el lema de la “contrainsurgencia” enseñada en el canal de Panamá, pone de manifiesto que en ocasión de operativos cuya trascendencia material y política es estrictamente policial (como lo enfatizara el propio general Perón a raíz de los sucesos de Azul) independientemente de las fuerzas que intervengan, se están persiguiendo otras finalidades; ocupar espacio político decisivo para destituir al pueblo de su soberanía, para impedir transformaciones de fondo, ya sea a través de un golpe militar abierto, ya sea mediante un riguroso condicionamiento del poder.

Es algo muy distinto el combatir a bandas armadas que se erigen en contra de un gobierno legitimado por la voluntad mayoritaria, en nombre del programa y doctrina de esas mayorías (que son los de la liberación nacional y la justicia social), que hacerlo en nombre de un orden abstracto, de un “modo tradicional de vida” que, para los argentinos, es el de la injusticia social, la exacción oligárquica y la dependencia del capital extranjero.

Resulta así la llamada “guerrilla”, independientemente de la conciencia subjetiva de unos y otros, el pretexto para un desapoderamiento que nos devuelva a las vísperas del 11 de marzo. Decimos lo mismo, desde otro ángulo, cuando afirmamos que la llamada “guerrilla” actúa como agente provocador del cuartelazo oligárquico. Lo sepan o no sus actores, su accionar entra, por lo tanto, dentro de las miras “desestabilizadoras” del Pentágono… y de la Sociedad Rural. Es el detonante que, si no existiese, habría que inventarlo, y como el cuchillo, según el moreno del “Martín Fierro”, “no ofende a quien lo maneja”.

Guerrilla y acción de masas

Esto nos obliga a algunas consideraciones adicionales, no por reiteradas menos importantes. Nuestro análisis de la denominada “guerrilla” en la Argentina se descompone en dos períodos: antes y después del 11 de marzo.

Antes del 11 de marzo, como pura cuestión de violencia, la respuesta podía ser simple. Cuando el gobierno usurpador de los tres comandantes esgrimía principios “legales” para enfrentar a la “guerrilla”, la hipocresía de tal cuestionamiento estaba fuera de discusión. ¿Qué títulos le asistían a la dictadura militar, que venía usurpando directa o indirectamente desde 1955 el gobierno de la República, para impugnar a quienes, siguiendo su ejemplo, tomaban las armas con la intención de derrocarla? Pero lo referente a la licitud “moral” de esa “guerrilla” no agotaba el problema, pues se trataba de conocer cuál era la eficacia política de ese medio de lucha.

En tal sentido, como la experiencia argentina (sin hablar de los antecedentes históricos y teóricos) lo probó sobradamente, la denominada “guerrilla” era un camino estéril a través del cual pequeños grupos clandestinos, sin nexo político con las masas, que a lo sumo podían aspirar a una vaga y pasiva simpatía de estas últimas, y apelando a métodos unilateralmente “militares”, pretendían confrontar en irreversible desproporción de fuerzas el poder militar del Estado oligárquico.

Pero la única fuerza capaz de quebrantar ese poder no estaba en pequeñas organizaciones que lo reproducían en cuanto a su concepción puramente militar, minoritaria y “aristocrática” de la lucha, sino en la movilización de las clases oprimidas. Hace pocos días, en un asalto suicida que les costó la mitad de sus efectivos, los “montoneros” fracasaron en tomar un cuartel, desde el cual, por otra parte, no habrían podido ocupar la pequeña ciudad de Formosa. En mayo de 1969, los trabajadores de Ika, poniéndose a la cabeza de la clase trabajadora, los estudiantes y los vecindarios de Córdoba, ocuparon efectivamente la segunda ciudad de la República, desintegraron el Estado provincial junto con su policía y, lo que es más importante, sellaron la suerte de Krieger Vasena y Onganía, imprimiendo un viraje decisivo en la historia política del país.

Ninguna acción de la llamada “guerrilla” logró producir, aún en modesta escala, transformaciones semejantes, y no es necesario subrayar que en la concreta capacidad de establecer cambios en la relación de fuerzas reside el mérito o demérito político de una acción.

La insurgencia de Córdoba, legitimada por la voluntad multitudinaria frente a un régimen usurpador (aún en la cabeza de muchos militares movilizados para la represión) tenía el límite de su propia espontaneidad. El paso a una insurrección popular victoriosa habría requerido un nivel de organización política superior, tanto para proyectarse a escala nacional, como para erigir modos de acción permanentes, de programa, de centralización que la inmadurez general del proceso aún negaba.

Pero lo que aquí debe señalarse es que la denominada “guerrilla” jamás se planteó el insertarse en la movilización de masas para elevarla a esos nuevos niveles. Antes bien, es fácil demostrar que esos grupos surgieron a partir del repliegue de las movilizaciones, expresando la exasperación subjetiva de sectores pequeño-burgueses. En general, sus acciones tendieron a congelar la acción de masas, como se vio en abril de 1972 cuando el asesinato del jefe del II Cuerpo de Ejército inmovilizó al país entero cerrando abruptamente el “mendozazo”. [1]

Por otra parte, como los acontecimientos posteriores sobradamente mostrarían, esos grupos, crecientemente adiestrados en el manejo de las armas, ignoraron que —como decía Mao— “es la política la que dirige el fusil y no al revés”. Sus concepciones estratégicas corrían parejas a sus extravíos tácticos: la ideología dominante y subyacente no era sino una variante del viejo antiperonismo de izquierda (cuando no, del nacionalismo católico) superficialmente peronizado en ciertos casos. Así, la denominada “guerrilla urbana” preparaba sus hazañas del siguiente período.

Enemigos complementarios

Pero el significado político de la denominada “guerrilla” ha variado a esta altura fundamentalmente. Lo que antes estaba oculto o indefinido se manifiesta ahora en forma inequívoca, pues quienes aceptan empuñar las armas contra un gobierno sostenido por el pueblo, pretextando sus vacilaciones y contradicciones, aún sus excesos burocráticos y represivos, quieren y desean su derrocamiento, que —como ellos saben— no vendría por la izquierda sino desde la derecha. Resurge así el papel de la vieja izquierda en el juego de pinzas que el imperialismo instrumenta contra los gobiernos populares del continente, a quienes ataca de frente a través de sus representantes abiertos y por retaguardia mediante la provocación seudoizquierdista.

¿En qué consiste entonces el “éxito” de la denominada “guerrilla urbana”? Habiéndose probado la imposibilidad orgánica de su triunfo o, meramente, de que ella altere la relación de fuerzas en sentido favorable al campo popular, su “éxito” sólo puede consistir en brindar la bandera y la posibilidad a los altos mandos militares reaccionarios para ocupar ellos el poder o, al menos, para inmovilizar al gobierno votado por el pueblo y congelar autoritariamente la situación de la clase trabajadora. Tal “éxito” corresponde a un querer objetivo de las formaciones “guerrilleras”, a una ideología, a una trayectoria, que es la de la izquierda gorila, antiperonista y golpista. La misma que, a través del Partido Auténtico, exige la renuncia de Isabel juntamente y a coro con el almirante Rojas, el senador Leopoldo Bravo, Illia, Balbín, Timmerman y demás cómplices.

De esta manera, “guerrilla” y “contrainsurgencia”, en su oposición simétrica, aparecen ligadas a un mismo sistema, se involucran recíprocamente y, lo sepan o no sus actores, obran como peones de la ofensiva oligárquico imperialista contra la soberanía popular y nacional de los argentinos.

Por eso, su accionar arrecia en el preciso instante en el cual, bajo una nueva ofensiva de la movilización de masas, el giro a derecha del gobierno peronista se detiene, caen Rodrigo y el grupo López Rega, y un principio de recomposición nacional del poder se esboza siquiera precariamente.

Las razones que enfrentan a la clase trabajadora y al pueblo argentinos con el accionar de las bandas terroristas de cualquier signo, no son las mismas que enarbolan aquellos mandos militares voceros de la “contrainsurgencia”, los cuales no pueden, por consiguiente, recabar solidaridad alguna para sus propios fines que no son los de las grandes mayorías. Estas sí se reconocen en la tradición viva de los militares emancipadores, que no hablaron el lenguaje del “orden” sino el de la transformación revolucionaria y popular: la tradición de San Martín, Belgrano, Artigas, Güemes, Baldrich, Savio o Perón. Una vez más el dilema está planteado y ahora el centro de la escena van a ocuparlo crecientemente la clase trabajadora y el socialismo.

Fuente:

[1] Cabe señalar, por otra parte, que la pretensión de los ideólogos de la “contrainsurgencia” de presentar a los grupos terroristas de la denominada “guerrilla urbana” como expresión del “marxismo” es pura ignorancia o mala fe, debiendo ser conocida la respuesta del marxismo a la violencia de los pequeños grupos al margen y en pugna con la violencia revolucionaria de las masas.

[2] Las consideraciones del texto incluyen a la denominada guerrilla “rural” de Tucumán, en ningún momento implantada como hecho político en el seno de la población agraria.

El FIP ante el golpe gorila

En diciembre de 1975, tres meses antes del asalto definitivo del general Videla y los altos mandos proimperialistas, tuvo lugar el ensayo previo encabezado por el brigadier Jesús Orlando Capellini, quien desde la base aérea de Morón reclamó la destitución de la presidente Isabel Perón y la toma del poder por parte de las Fuerzas Armadas. El Frente de Izquierda Popular, la organización militante de los socialistas de la Izquierda Nacional, llamó a enfrentar a los golpistas. A continuación, dos documentos que fueron reproducidos en la revista Izquierda Nacional, N° 43, de febrero de 1976. El primero es una declaración de la Junta Nacional del FIP, y el segundo una declaración de Jorge Abelardo Ramos emitida el 19 de diciembre de 1975 y dirigida a los militantes de su partido y al pueblo argentino.

Diciembre de 1975

Movilizar a la clase trabajadora

Ante la grave emergencia desatada por el grupo sedicioso antiperonista, racista y fascista de Aeronáutica y la complicidad directa o indirecta de los sectores reaccionarios militares y civiles, y con la autoridad moral y política que le da su defensa durante tres décadas de las banderas del 17 de Octubre, su apoyo a la candidatura del general Perón el 23 de septiembre con el lema “Liberación y Patria Socialista”, y su campaña de denuncias contra el golpe que ahora se genera, el Frente de Izquierda Popular se dirige al Comité Central Confederal de la CGT y plantea:

1) Urgente necesidad de decretar un paro general activo con asambleas de fábrica, para promover la más amplia clarificación y movilización de las bases; ocupación de establecimientos y concentraciones obreras y populares en todas las plazas de la República, en defensa de la soberanía popular, la justicia social y el nacionalismo económico, amenazados por las mismas fuerzas que derribaron a Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930, y a Perón el 16 de septiembre de 1955.

2) Fue la lucha revolucionaria de los trabajadores y del pueblo argentino lo que permitió abrir el curso de los comicios del 11 de marzo y del 23 de septiembre. Sólo la movilización más enérgica de los trabajadores y el pueblo cerrarán el paso al golpismo disuadiéndolo de consumar una nueva aventura que arrojará a nuestro país en el hambre, la sangre y la colonización imperialista. La negativa de actuar en estos momentos equivale, lisa y llanamente, a una grave defección a la causa de los trabajadores y a la patria.

3) El gobierno debe abandonar ya mismo su estado de indefensión y lanzar, sin pérdida de una hora ni de un minuto, una campaña de agitación y esclarecimiento en defensa de las autoridades constitucionales.

Junta Nacional del FIP

Diciembre de 1975

19 de diciembre de 1975

Abandonar las debilidades y aplastar a los sediciosos

JORGE ABELARDO RAMOS

Una parte de la Fuerza Aérea, dirigida por oficiales fascistas, enemigos de la soberanía popular, antiperonistas y racistas, intentan repetir hoy el acto criminal del 16 de junio de 1955, cuando sus colegas bombardearon la Plaza de Mayo y sembraron 400 muertos en ella.

Al día siguiente de la convocatoria a elecciones para 1976, se inicia este intento de derrocar al gobierno legalmente elegido. Fue una operación política y militar concertada, que denuncié hace unas semanas y que ahora asoma su repugnante cabeza. Todos los partidos de la vieja Argentina liberal oligárquica han preparado las condiciones para ese motín. Ayer nomás el doctor Balbín afirmaba que la subversión estaba en el gobierno y que los obreros no producían lo suficiente. Manrique, Alsogaray, la Sociedad Rural Argentina, los terratenientes, los especuladores y agiotistas, los diarios de la Capital Federal, algunos de ellos vinculados a los monopolios petroleros, el señor Frigerio y los dudosos aliados del Frejuli, prepararon este intento contra el pueblo argentino.

El FIP declara que el gobierno debe abandonar sus debilidades, aplastar a los sediciosos, intervenir con las fuerzas de seguridad a las grandes empresas nacionales y extranjeras que se burlan del control de precios, eliminar el terrorismo de todos los bandos, que ha contribuido a este estallido de la Fuerza Aérea y emprender resueltamente el camino de la Revolución Nacional iniciada en 1945 y que sólo triunfará categóricamente con la expulsión del imperialismo y la supresión de la oligarquía, verdaderos respaldos sociales de los presentes intentos subversivos.

Llamo a los militantes, hombres y mujeres del FIP en todo el país a participar de las movilizaciones populares que en sostén del orden constitucional convoque la CGT y las 62. Sólo el pueblo salvará al pueblo. Sólo el socialismo salvará a la Argentina.

Jorge Abelardo Ramos

19 de diciembre de 1975

La complicidad de los partidos oligárquicos

El golpe del 24 de marzo de 1976, cuyo ensayo general fue el levantamiento de la Aeronáutica en diciembre de 1975, contó con la complicidad y hasta el apoyo abierto del conjunto de la partidocracia gorila y demoliberal. En la siguiente nota, aparecida en Izquierda Popular N° 58, 1° quincena de enero de 1976, se denuncia esa complicidad.

La crisis militar de fin de año arroja nueva luz sobre la actitud del FIP denunciando a principios de diciembre la orquestación de un nuevo golpe. De esta denuncia se hizo eco la prensa del interior del país, aunque fue silenciada por la gran prensa porteña, para la cual (por razones que nos honran) “el FIP no existe”. Nuestra actitud corroboraba la asumida en la multipartidaria de septiembre cuando la crisis Numa Laplane. Al sostener la investidura presidencial cuestionada, impugnábamos la hipocresía de quienes hablan de la “institucionalización” olvidando la soberanía popular. Los errores (que hemos marcado sin tapujos) de Isabel Perón son el pretexto de su cuestionamiento por los golpistas civiles y militares a quienes en realidad interesa una restauración oligárquica, lisa y llana, bajo la forma de una dictadura abierta o de una república vaciada de representatividad. En ocasión de la nueva crisis, el sistema de los partidos oligárquicos ha insistido en su perfidia, poniéndose a la cola de la conspiración franca o “institucionalizada”.

“La esperanza lejana de que las autoridades recapaciten sobre sus errores ha llevado a las otras dos fuerzas armadas a conceder un nuevo margen para que demuestre la posibilidad milagrosa de recuperación institucional”, expresa (no sin decepción) el Partido Federal de Francisco Manrique. Por su parte, el Partido Demócrata Progresista (aliado de Manrique en las elecciones de 1973) apuntaba directamente a la renuncia de Isabel: “Nadie tiene derecho a anteponer su propia persona, aunque se trate de la misma presidente de la República”.

Las ratas que huyen

Una de las razones por las que el FIP rechazó en diciembre de 1972 el ofrecimiento formulado por el general Perón de entrar al Frejuli, fue el carácter dudoso y la filiación gorila de los aliados elegidos por el jefe nacional. La otra, que el Frejuli nacía renunciando a movilizar por la candidatura de Perón. Estos singulares aliados han mostrado la hilacha en el momento decisivo.

El MID no equivocó el momento de la ruptura. Poco antes del golpe aeronáutico, Frigerio había anticipado privadamente a sus últimos adherentes en Córdoba que “el gobierno va a caer”. Dado el olfato infalible de Frondizi, la ruptura era casi una proclama militar. El documento carece de toda definición programática positiva, lo que tiene su explicación. La pretensión de un “frente de clases” esgrimida por Frondizi-Frigerio, se da de patadas con la política de inversiones extranjeras y sumisión a la Sociedad Rural practicada por estos señores. Su crítica a toda la política económica desde mayo de 1973, permite preguntar: ¿Por qué, entonces, entraron al Frejuli? La respuesta es obvia: porque en ese momento los acercaba físicamente al poder. Ahora se acercan a los tres comandantes. Estos señores tienen todas las características del perro, menos la fidelidad. Son las ratas que huyen del barco que se hunde.

Otros mamíferos nadadores son los popular-cristianos. Repitiendo a la letra el argumento del Partido Demócrata Progresista, también ellos exhortan al “renunciamiento” ajeno: “Ninguna persona puede anteponerse a los intereses fundamentales de la realidad nacional”.

De más está decir que pedir renuncias en presencia de rebeldes en armas equivale a una miserable complicidad. Imaginamos el desprecio que habrán sentido los golpistas de Morón al enterarse de que el Grupo de Trabajo[1] destacaba a tres de sus miembros para “negociar” soluciones con ellos.

La izquierda cipaya

Falta en este coro la voz radical. Es que como explicaba “El Cronista”, Balbín anduvo demasiado ocupado esas noches haciendo, como para ponerse a hablar.[2] Pero el grupo Alfonsín, desde Córdoba, habló por él: “la crisis está personificada en la presidente”; sin embargo, no son las Fuerzas Armadas las que deben “erigirse en jueces de las instituciones: es el Parlamento”.[3] Copiaban el radiograma de Videla.

Y el Partido Comunista copiaba a Alfonsín: el Poder Ejecutivo debe “facilitar por todos los medios una solución política de la crisis”. Otra vez, el radiograma de Videla. Sin prejuicios de originalidad, las Juventudes Políticas Argentinas, o sea “comunistas” y “auténticos”,[4] repetían: “Exigimos al Poder Ejecutivo que facilite por todos los medios constitucionales una solución política a la crisis”. Los vitriólicos discípulos del vitriólico Horacio Sueldo (Partido Revolucionario Cristiano) reclamaban abiertamente “el patriótico alejamiento de la señora presidente”.

Por último, el Partido Socialista de los Trabajadores descubría una fórmula infalible para “acabar con los intentos golpistas”, y es “que renuncie este gobierno peronista, incluida la señora presidente”. También proponía designar como presidente provisional a “un diputado obrero hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente donde la clase trabajadora y el pueblo puedan expresarse y elegir la clase de gobierno que deseen”. El general Videla y sus asesores están considerando cuidadosamente esta propuesta.

Fuente:

[1] Sector del Partido Justicialista “antiverticalista”, enfrentado a Isabel Perón y aliado de los golpistas

[2] Se hace aquí una referencia irónica al activo protagonismo del presidente de la UCR, Ricardo Balbín, en todos los preparativos golpistas. Instaurada ya la dictadura, Balbín y su partido serán su más firme apoyo civil.

[3] Producido el levantamiento del brigadier Capellini en Morón, el general Videla, el brigadier Agosti y monseñor Tortolo actuaron como mediadores ante los insurrectos, comprometiéndose en que de sus “reivindicaciones” se harían cargo los tres comandantes generales de las Fuerzas Armadas. En un radiograma del 19 de diciembre, Videla exigió a “las instituciones responsables” las “souciones profundas y patrióticas que la situación exige”. El golpe del 24 de marzo ya estaba en pleno desarrollo.

[4] Se refiere al Partido Auténtico, lanzado por sectores afines a Montoneros.

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En esta edicion
OSVALDO CALELLO | Como era previsible el juez Canicoba Corral convalidó el dictamen de los fiscales en el caso de la AMIA y ordenó la detención de ocho altos ex funcionarios de la República Islámica de Irán, algunos en ejercicio de cargos públicos aún, y de un dirigente de la organización libanesa Hezbollah.
HONORIO A. DÍAZ | Con un mesurado estilo posmoderno la editorial Capital Intelectual está ofreciendo la “Colección Fundadores de la Izquierda Argentina.” Aquí el pensamiento débil se torna raquítico y la modernidad líquida se evapora. No se sabe bien si con ironía o con sarcasmo la publicidad proclama la primera unidad de la izquierda que, en este caso, se limita a una ligazón meramente bibliográfica.
NAZARENO L. FURGUELLE | Un día como hoy, 30 de setiembre, pero en 1974, se promulga la ley 20.840 de Seguridad Nacional, que en su artículo 1º reprime las actividades políticas que alteren o supriman «el orden institucional y la paz social de la nación, por vías no establecidas por la Constitución Nacional y las disposiciones legales que organizan la vida política, económica y social de  la Nación».
 
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