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Artículo aparecido en Socialismo Latinoaméricano, Año I, Nº 13, de diciembre de 1990. Publicación del Círculo de la Patria Grande.
I. — Como o consecuencia de la bancarrota del mercado mundial en el año 30 primero, y luego por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en nuestro país se establecen condiciones objetivas y partículares que permiten la rápida expansión dci mercado interno y el acelerado proceso de acumulación de capital traducidos en el surgimiento de la industria nacional. En este marco hace su aparición el peronismo. Tanto el golpe militar del 43 como el 17 de octubre y e! triunfo electoral de febrero de 1946, son el resultado político de estas nuevas condiciones históricas. Perón sintetiza un frente de clases. El nuevo empresariado nacional, el moderno proletariado, un sector del ejército, el bajo clero, parte del viejo yrigoyenismo y hasta un sector del socialismo, permiten e! ascenso de Perón al poder. Se inicia un proceso que durará treinta años en el que la jefatura indiscutible de Perón controlaba absolutanlente el movimiento nacional. Es a partir de su muerte cuando se manifiesta un proceso de desintegración que continúa hasta nuestros días. Con una visión excepcional. Perón se despide diciendo: “Mi único heredero es el pueblo.”
II. — Uno de los rasgos significativos del último período de proscripción y la resistencia, es la presencia mayoritaria de sectores obreros y clases medias antiimperialistas que dan origen a diferentes reformulaciones políticas y programáticas. ¿Por qué aparece un peronismo obrero y popular en esos días?
¿Por qué surge un agrupamiento independiente de la Izquierda Nacional? Porque el empresariado y el Ejército habían abandonado el frente de clases del 45 y junto con la Iglesia se habían sumado al golpe de la “libertadora” en 1955.
III. — El 24 de marzo de 1976 constituye el punto de arranque del proceso de transformaciones estructurales en la economía y en la sociedad argentina. La reforma bancaria de 1977 facilitó una acelerada fuga masiva de capitales y se crean las condiciones para que los “capitanes de la industria” elijan el destino de sus inversiones de acuerdo a las condiciones y posibilidades que abren las plazas financieras internacionales La contrapartida de este proceso fue un endeudamiento externo en gran escala, la dilapidación de buena parte del ahorro nacional y la brusca caída de la inversión que significó una disminución de la ocupación de la mano de obra industrial del orden del cincuenta por ciento entre mediados de la década del 70 y de la del 80. Durante este período la paqueña y mediana empresa soporta tasas de interés, en términos reales, de entre el 20 % y el 25 %, por encima del que pagaban los monopolios.
IV. — Mientras un sector del movimiento obrero, desde el ubaldinismo, enfrenta este proceso, se produce la guerra de Malvinas. La cúpula militar del Proceso enfrenta militarmente al imperialismo y éste pierde toda confianza en las Fuerzas Armadas. Agotado el período de golpes antipopulares y con las condiciones recesivas descriptas, el imperialismo apela a una nueva fórmula: la democracia formal y vigilada. Destruido el aparato productivo, muerto Perón, desintegrado el movimiento nacional, alvearizada la cúpula del justicialismo, dividido el movimiento obrero, el imperialismo busca una nueva alianza entre los viejos gorilas del 55 y las nuevas clases medías antimilitaristas y antiobreras. Alfonsin triunfa frente a un justicialismo oividado de su jefe muerto e incapaz de aprender de las enseñanzas de Malvinas. El dirigente radical reintegra el frente gorila detrás de sus reiteradas apelaciones a la “democracia” y su oposición a todo “pacto militar-sindical”.
V. — El auge de las clases medias antinacionales dura algo más de dos años y las primeras reacciones proceden do un sector del movimiento obrero dirigido por Ubaldini en 1986, y de las rebeliones militares de 1987. El frente alfonsinista liberal sufre los golpes. En las elecciones del 87 el radicalismo es derrotado en todo el país, y sin embargo algo muy importante ha sucedido en el justicialismo: ya nada queda de aquel sector obrero y popular en la estructura partidaria. Una masa de licenciados, abogados y sociólogos pequeñoburgueses ocupa el partido de Perón, todos ellos adscriptos a la ideología que proclama la victoria de! capitalismo, el fin del socialismo y la imposibilidad de una tercera posición. Este hecho explica la falta de apoyo del PJ a Ubaldini y a la oficialidad nacional de las Fuerzas Armadas. Junto a Alfonsín se alinean la Izquierda Portuaria, el cafierismo y la UCEDE en un frente gorila disimulado detrás de la bandera de la “democracia”.
VI. — Menem profundiza la situación que venimos describiendo. Su plan económico se dirige a liquidar el Estado en beneficio de las multinacionales, a alinearse en el “primer mundo”, a destruir el mercado interno, a dividir al movimiento obrero y a vaciar a las Fuerzas Amadas de todo espíritu nacional. El imperialismo y los liberales se alinean tras de Menem mientras que en el movimiento nacional se instala una formidable conclusión. Toda la conducción del Partido Justicialista y una buena parte del aparato sindical unen su suerte a la de Menem y la militancia del FREJUPO observa a sus dirigentes decir que “hay que esperar”.
VII. — A partir del proceso iniciado en 1976 un sector sindical y otro militar comienzan tímidamente a dar la batalla contra el régimen. Ubaldini, Volando y Seineldín enfrentan a la dictadura. Ubaldini y la CGT Brasil inician una serie de paros generales. Malvinas señala el fin de un periodo y el comienzo de otro. A partir de 1986, los “26 Puntos” son el programa de lucha del movimiento obrero. Al año siguiente Rico quiebra por primera vez desde 1955 da cadena de mandos del Ejército. El alfonsinismo recurre al expediente de “dictadura o democracia” intentando dividir aguas en torno a un eje falso. Obtiene el socorro de la mayor parte de las cúpulas de os partidos políticos. El pueblo se pronuncia en las elecciones del 87 contra Alfonsín, y la “renovación” peronista, que cree llegada su hora, es sorprendida por la derrota en las internas del año 88. Los sectores nacionales apoyan a Menem para golpear al alfonsinismo pero apenas llegado al gobierno, el político riojano traiciona su programa y se abraza con el imperialismo. Comienza una nueva resistencia nacional contra la entrega y el hambre.
VIII. — Desde las huestes obreras de Ubaldini y desde la oficialidad y suboficialidad nacionales que acompañan a Seineldín, se enfrenta el proyecto antiobrero, antinacional y antipopular del menemismo. Pero esa resistencia, por si sola, no alcanza. Sólo la reconstrucción del frente nacional puede quebrar el plan del gobierno. Ese frente, que debe organizarse bajo la hegemonía del movimiento obrero, su sector más decidido, debe contar con la participación de sus aliados históricos. Pero los movimiento de la clase obrera, que anuncian la ruptura con la dirigencia política del justicialismo, deben orientarse en el camino una reactuatización programática que haga posible llevar a buen término la Revolución Nacional. Para ello hace falta plantearse la reconstrucción de la herramienta política —el Partido— que hoy está faltando. Sólo así podemos librar una definitiva y victoriosa batalla contra los enemigos históricos del Pueblo y de la Patria.
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