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  • Artículo cargado el 1º de diciembre de 2006
El pensamiento socialista ante el derrumbe del stalinismo y las rivalidades interimperialistas
ERNESTO CEBALLOS
 
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En esta carta que Ernesto Ceballos envió a Gustavo Cangiano, se abordan los temas candentes de la llamada “era de la globalización”. Ceballos se refiere a la capitulación de Abelardo Ramos ante el menemismo y la conecta con la situación mundial signada por el derrumbe del stalinismo, las rivalidades interimperialistas y la absorción de las burguesías nacionales del Tercer Mundo por el capitalismo metropolitano. Ceballos fue uno de los pensadores más prolíficos de la Izquierda Nacional

Estimado Cangiano:

Usted sabe que la debilidad de los profesores son las definiciones, la crítica a otras definiciones, las polémicas escolásticas y otras cosas inútiles y de mal gusto. No veo, por ejemplo, el sentido político de enredarse en una discusión acerca de si Perón era o no bonapartista, si las tesis sobre la cuestión de Oriente eran todas correctas, etc. Hay muchos temas que van quedando superados por la realidad y quedan al lado del camino, sin que sea necesario volver sobre ellos, a menos que la misma realidad los reflote. Tampoco creo que a esta altura del proceso político nadie crea que el marxismo ha sido perfecto, que ninguno de los “grandes” se haya equivocado nunca. Una generación de pensadores vé lo que la anterior no percibió, porque lo objetivo ha cambiado y también entonces lo subjetivo. Un caso típico de superación generacional fueron los rusos de 1905 y del 17, Luxemburgo, más tarde Samir Amín y varios otros. Rosa Luxemburgo se equivocó en la cuestión nacional pero acertó muy lúcidamenre en el planteo de la acumulación y del imperialismo, y sin embargo según Lenin, aunque dijo que Rosa era un águila, se había equivocado en todo. Lo que pasa es que el propio Lenin se equivocó muchas veces, como no podía ser de otro modo. Todo depende del espíritu con que encaramos la crítica o la valoración del marxismo. La ciencia en general no vitupera a los predecesores, les guarda una actitud de respeto, les agradece sus aciertos y sigue adelante, a pesar de las muchas equivocaciones en que puedan haber incurrido. En política debemos hacer lo mismo: agradezcamos a los grandes “bochos” del socialismo la “lucha de clases”, la “teoría de la plusvalía”, la “acumulación del capital”, del “imperialismo”, la “mano de obra barata”, el ”desarrollo desigual”, y demás aportes geniales. Dejemos para los profesores reaccionarios que confeccionen la guía completa de los errores de Marx, Lenin, Engels, Trotsky, Luxemburgo. Pero el político que reniegue de estos conceptos fundamentales, que reniegue de la dialéctica y del materialismo histórico, directamente “se corta las bolas”, se incorpora al campo de los charlatanes o es que se quiere acomodar con el sistema.

No creo que pueda plantearse seriamente la oposición entre Marx y List. Después de Lenin, de Trotsky, de Samir Amin, un planteo así sería de mala fe. El reflotamiento de List que hizo (Jorge Abelardo) Ramos hace algún tiempo, me parece una maniobra para que el sistema le perdonara 40 años de marxismo. Como usted dice en su folleto,* resulta absurdo (salvo que se lo explique por el lado del “acomodo” dentro del sistema) que un jefe eminente, que ha obtenido su jefatura en base a sus obras revolucionarias, a su militancia socialista, descubra a los sesenta y pico de años que se ha equivocado en todo, que reniega de sus libros, de los partidos que ha fundado, y que no obstante esto, pretenda seguir siendo “el líder indiscutido”. Tiene todo el derecho del mundo a arrepentirse, pero en ese caso no podrá seguir como líder de nada, sino que humildemente podrá refugiarse en una celda monástica a meditar sus errores.

Lo que pasa es que Ramos estaba en retirada desde hace tiempo, durante varios años probablemente creyó que la contrarrevolución era momentánea; se fundó el PSIN en este ambiente, en este clima, pero la contrrarrevolución siguió y en escala mundial, los países del Tercer Mundo fueron perdiendo fuerza, la ola revolucionaria de la posguerra fue cediendo. La periferia, los pueblos del Tercer Mundo no pudieron concretar ninguna organización para enfrentar al imperialismo, los No Alineados nunca funcionaron. Todo esto, con los altibajos propios de la vida. En resumen: cuando perdió la fé en el Tercer Mundo, le pareció que la hegemonía de los países imperialistas era definitiva, o de muy largo alcance. No tuvo confianza en la crisis del capitalismo, que es la fé fundamental de todo socialista. Fé en el derrumbe de esta sociedad putrefacta. Entonces cuando el individuo cree en el “capitalismo eterno” lógicamente trata de acomodarse a este sistema, o se pega un tiro. Yo me lo explico así a Ramos, a su traición, porque prefiero explicármela desde el punto de vista político y no seguir el fácil medio de decir “es un hijo de puta”. Ramos es un hombre sin fé, o sea, hoy, un pobre diablo. Digno de lástima.

Pienso que los argentinos estamos muy aislados de los problemas mundiales y tal vez por eso repetimos viejos esquemas. Plantear por ejemplo el “europeismo” del marxismo, como contrario a las tendencias nacionales, es un verdadero absurdo, además de ser una idea netamente reaccionaria, tal vez un reflejo inconsciente de la creencia de que “el socialismo se ha terminado”. Si queremos ser totalmente rigurosos, el propio nacionalismo como proceso histórico y como ideología, tiene una raíz europea; sería, entonces, un “europeismo”. En lugar de rebajar la labor intelectual de un partido a discusiones de tan poco vuelo, deberíamos prepararnos para los grandes cambios mundiales que se avecinan, teniendo en cuenta que el ritmo de los procesos sociales-políticos es muy rápido en todas partes. La mayor parte de los argentinos —incluidos los políticos— sigue creyendo que Europa y Japón continúan en la órbita de los EEUU. Nada se habla de la competencia interimperialista, y esto no es casual porque se trata precisamente del campo donde puede producirse el estallido del sistema. Se trata de dar la impresión de que todo está armonizado, cuando ocurre todo lo contrario.

No es tampoco que el factor mundial sea todo y el nacional, nada. Podemos hacer mucho, muchísimo, pero lo más importante es prepararnos para los cambios mundiales. La segunda guerra mundial nos agarró desprevenidos, y la revolución nacional tomó un cauce nacional-burgués, en lugar de un rumbo socialista. La gran crisis mundial que se avecina debe dar como resultado el poder popular, el poder socialista en todos los países oprimidos, aunque también lo será, finalmente, en los países opresores. Indudablemente en los países centrales habrá grandes conmociones sociales, que ya se están anticipando en la medida en que los suburbios mundiales se están desarrollando en Europa, en Inglaterra., EEUU. Pero los pueblos de la periferia no podemos “organizar” la revolución, lo que sí podemos hacer es esperarla concientizados y organizados. Y para estar concientizados debemos traer el problema a primer plano, estar bien informados, darle la importancia que se merece al problema internacional. Piense en la influencia de los factores mundiales en la política latinoamericana; la relación entre lo general y lo particular; recuerde las reflexiones de Mao a sus oficiales del Ejército Rojo en los años 35-40. Esto no es “antinacional” sino el imprescindible encuadre de nuestra lucha por la Patria. Me parece que en (Blas) Alberti hay una confusión de conceptos: como si el marco mundial (del que no podemos escaparnos) fuera contrario y no, como es, condicionante, de los planteos nacionales.

Después de la segunda guerra mundial comenzó en EEUU y Europa occidental un período de capitalismo opulento en el que la principal preocupación fue la de aumentar al máximo la capacidad de consumo de los respectivos mercados internos: las sociedades de consumo. Pero Japón, también reconstituido en su capitalismo, no se adaptó a estas reglas de juego y pateó el tablero. La mano de obra barata, cuya importancia como factor esencial de la sobrevivencia del capitalismo contemporáneo ha sido una contribución expresa del marxismo contemporáneo (Samir Amin, Emmanuel y otros) está pasando a convertirse, en plena fase “positiva” todavía, en un grave problema para el capitalismo en su conjunto. Los tres subsistemas del capitalismo mundial han tenido que recurrir a este tipo de acumulación primitiva y permanente, como lo ha denominado, llevando la competencia de mercancías, costos y mercados a extremos nunca vistos. Las reservas precapitalistas parecen haberse agotado en su función de mercados y la lucha se desarrolla ya en las propias metrópolis. La contradicción, en el fondo, es la vieja conocida: la contradicción producción-consumo, inherente al sistema capitalista, pero que se expresa hoy como competencia interimperialista. El sistema de acumulación a escala mundial adoptado por los tres subsistemas del capítalismo, puede conducir, dialécticamente, al colapso mundial.

Estas cuestiones nos interesan directamente, en la medida en que estamos ingresando vertiginosamente al sistema neocolonial. Hay 16 millones de argentinos que no tienen agua corriente ni cloacas, el nivel de salarios se reduce brutalmente, estamos ante la eliminación de la legislación laboral y previsional, de las prestaciones salariales indirectas, hasta del aguinaldo, etc. Nos estamos transformando en una neocolonia de mano de obra barata, ese es el contrato real entre Menem y Bush. Los EEUU se han lanzado sobre nosotros como consecuencia de la lucha despiadada entre ellos y los otros dos polos del capitalismo mundial, cada uno con su buen reservorio de salarios de mera subsistencia. Los jerarcas norteamericanos dicen: México es todo lo que necesitamos. Al decir México quieren decir América Latina en su conjunto, quieren decir centenarse de milones de indoamericanos que les trabajen por dos dólares diarios.

No podemos caer en una discusión de “sistemas” que no nos conduciría a nada. No podemos discutir 20 años más si nacionalismo o socialismo, si burguesía nacional sí o no, como se discutió durante décadas. El proceso histórico está superando muchas cuestiones. El imperialismo ha pulverizado literalmente a las burguesías nacionales de hace 50, 40 o 30 años. A mí me parece bien la consigna que propone Alberti, en el sentido de que la lucha nacional sigue siendo el centro de la lucha revolucionaria; comparto también que hay que ampliar el espacio de la revolución nacional antiimperialista. Pero también debe tenerse presente que la nueva oleada revolucionaria mundial planteará el enfrentamiento entre el imperialismo y sus agentes por un lado, y los sectores populares por otro: el factor nacionalismo burgués quedará fuera de la escena, no por voluntad nuestra sino porque el propio imperialismo lo ha eliminado. Esto tiene que llevar, salvo que seamos muy torpes, a un sistema popular socialista. Por eso lo fundamental es estar preparados, lo cual es una tarea grandiosa, aunque la palabra en sí sea insignificante.

Los trotskistas no podemos estar sorprendidos ni estupefactos por el derrumbe del “socialismo real” en la URSS y demás países de Europa eslava. Todo esto no ha hecho sino confirmar las previsiones de Trotsky y de Lenin: o se encaraba la revolución a escala mundial o se terminaría restaurando el capitalismo. ¿Qué hizo Stalin al terminar la guerra? Lo mandó a Palmiro Togliatti a Italia a ponerse a las órdenes del exfascista mariscal Bodoglio; mientras todo el norte industrial de Italia estaba en manos de los partisanos. Otro tanto sucedía en Francia. El stalinismo le regaló Europa al capitalismo yanqui; Europa socialista significaba la revolución mundial o algo muy próximo. Rusia se fortalecía, o por lo menos así lo creyeron, y el socialismo les importó muy poco. Millones y millones de stalinistas, sinceros o inconscientes, pensaron que Rusia se había fortalecido. Ahora tenemos los resultados: Rusia a un paso del capitalismo, los países eslavos de Europa ya posesionados por los monopolios europeos. Pero esta no es toda la derrota: los millones de stalinistas inconscientes que hay diseminados por el mundo, muchos de ellos en la izquierda, piensan, ahora que los países del “socialismo real” han caído, que “el socialismo ha muerto”. Es decir, piensan más o menos lo mismo que los Kissinger, o los Giscard D’Estaing, o personajes parecidos, y actúan también como reaccionarios. Todo su socialismo estaba corporizado en la URSS, y ahora han quedado sujetos al campo magnético de los grandes bloques capitalistas. De ahí que muchos stalinistas se transformen en netos reaccionarios.

Con relación a los otros temas que usted plantea, el asunto del valor nacional o mundial es un tema muy difícil, que requeriría una amplia documentación. Yo a primera vista pienso que el valor es mundial, el planteo de Samir Amin no me convenció en absoluto, me pareció la parte más débil de su libro.** Habría que saber bien lo que pasa en China, si los valores mundiales no están funcionando en China, cómo actúan allí las empresas norteamericanas y japonesas. Por lo pronto en la URSS no hubo valor nacional, existieron precios administrados que no es lo mismo. Pero, ¿pudieron escapar al valor mundial, resultado de mayor productividad del trabajo, de mayor eficacia administrativa, de mayor acumulación, y sobre todo, de la acumulación primitiva permanente de que dispone el capitalismo (o sea plusvalía colonial y semicolonial)? Pareciera que no. Después la seguimos.

Cangiano: perdone la extensión de esta carta, y espero que sigamos esta relación. Su confianza en las posibilidades de comunicación que el nuevo proyecto de Izquierda Nacional ha puesto en marcha me parecen muy bien. Hasta hace unos días mi “programa mínimo” era poder seguir pensando, lo que en esta dictadura de la imbecilidad que se ha apoderado de la Argentina, es bastante. Pero estoy de acuerdo, hay que aspirar a más. Una revista bien distribuida, con financiación para varios números (6, 10 o más) sería lo óptimo, por el momento. Creo que por el lado de Soraires y sus amigos*** pueden conseguirse buenos contactos. A Soraires hágale llegar un afectuoso saludo y dígale que, si se llegara a publicar el artículo que le mandé, donde dice “López Portillo” debe decir “Salinas de Gortari”; y donde dice “1944” debe decir “1934”.

Reciba mi más cordial saludo.

Ernesto Ceballos

Córdoba, julio 3 de 1991

Notas:
[*] Ceballos se refiere a “La Izquierda Nacional y la traición menemista”, ediciones del Socialismo latinoamericano
[**] Se refiere a La Desconexión: hacia un sistema mundial policéntrico, Editorial IEPALA, 2002
[***] Ceballos se refiere a Osvaldo Soraires (militante de la Izquierda Nacional desde los años 60) y al “Centro de Izquierda Nacional Felipe Varela”, orientado para esta época por Norberto Galasso.