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  • LA IZQUIERDA NACIONAL EN DEBATE
  • Artículo cargado el 1º de diciembre de 2006

La política proimperialista de Menem terminará desfigurando su origen popular

GUSTAVO CANGIANO

 
 
 

Tras conocerse la carta de Ramos a Alberto Guerberof, Gustavo Cangiano le salió al cruce a través de una carta personal en la que advierte que el rumbo de la política menemista terminaría por modificar la naturaleza popular originaria de su gobierno. Esta carta está fecha el 10 de junio de 1990

 
CARTA RELACIONADA…
Carta de Jorge Abelardo Ramos a Alberto Guerberof

Estimado compañero Ramos:

Luego de haber leído la carta remitida por usted al compañero Guerberof, en la que se efectúa una severa crítica a “La Patria Grande”, he considerado oportuno enviarle estas líneas para referirme a ciertas cuestiones que a mi juicio constituyen el nudo central del debate más o menos larvado que hoy atraviesa al MPL. Muchos compañeros parecen interesados en reducir la consideración de cuestiones esenciales que debemos debatir a sus manifestaciones superficiales: si el estilo periodístico de “La Patria Grande” es el adecuado, si se critica mucho o poco al gobierno, etc. En mi criterio, tales opiniones divergentes encierran cuestiones de fondo cuya elucidación no puede ni debe ser postergada, si es que pretendemos fortalecer al MPL.

Nadie en el Partido, que yo sepa, se atreve a defender la política que está llevando adelante el gobierno. Tiempo atrás, las críticas más acerbas eran relativizadas invocándose ciertas “contradicciones” en la política gubernamental. Pero a medida que transcurre el tiempo, esas supuestas “contradicciones” ya no pueden visualizarse. El gobierno de Menem se muestra cada día más coherente en la adopción de una política cuyo significado global no puede menos que disgustarnos. Podríamos extendernos largamente sobre ella. Pero de lo que se trata es de ensayar una caracterización. En mi opinión, la política de este gobierno es decididamente proimperialista. Sin embargo, ello no significa que podamos caracterizar al gobierno mismo como proimperialista. La naturaleza de un gobierno no se desprende únicamente de la política que desarrolla. Otras variables tienen su peso, y no es la menos importante la que se refiere al sistema de clases, sectores y fuerzas políticas en que se apoya. El gobierno de Menem tiene un origen popular que para nosotros no se debe a que haya conseguido la mayoría relativa en las elecciones del 14 de mayo, sino a que supo contar con la adhesión de las fuerzas motrices de la Revolución Nacional. Por eso le brindamos nuestro apoyo. No obstante, existe entre ese origen popular del gobierno y la naturaleza antipopular de su política una contradicción que habrá de resolverse con celeridad. Como usted escribió en una ocasión, “la política revolucionaria debe fundarse no sólo en una apreciación científica justa de los partidos, de las diversas clases sociales del país, sino también en el pronóstico de sus desplazamientos”. Hacer lo contrario significaría pasar por alto el movimiento que preside el desenvolvimiento de lo real sustituyéndolo por el inmovilismo que impide a los pensadores burgueses incorporar al devenir como categoría de análisis de los fenómenos políticos y sociales. El gobierno de Menem posee un innegable origen popular, pero el rumbo político adoptado lo conduce a traicionar ese origen y mudar su propia naturaleza. En tal sentido, el acto público del 6 de abril organizado por Neustadt no puede pasarse por alto, porque esun dato indicador del nuevo sistema de alianzas sociales en que Menem debe apoyarse para continuar con su rumbo político. El origen popular del gobierno no garantiza de una vez y para siempre su naturaleza “popular”, sino que ella se redefine a la luz del camino político elegido.

La situación se torna mucho más compleja si consideramos que estamos atravesando un punto de inflexión en la política nacional. Como hace cuarenta y cinco años, las fuerzas motrices de la Revolución Nacional empiezan a apartarse de las estructuras que sirvieron para expresarlas, y estas últimas se transforman progresivamente en cascarones vacíos. Las estructuras creadas siguen en pié, pero ellas ya no expresan lo que expresaron antes. Se sobreviven por el peso mismo de la inercia, pero han dejado de ser lo que fueron. Le pasó al radicalismo y hoy le pasa al peronismo. Es para nosotros una situación política nueva, porque la Izquierda Nacional desenvolvió su accionar hasta hoy partiendo del hecho de que el peronismo era la expresión política, mala o buena, de las fuerzas motrices de la Revolución Nacional. La alianza de Menem con el establishment y la degeneración de la conducción del PJ modifican la situación. ¿Qué debemos hacer? ¿Limitarnos a señalar el origen popular del gobierno sin advertir que la naturaleza de la política adoptada produce sus efectos sobre la naturaleza de ese mismo gobierno? En mi opinión, significaría un error que se apoya en la no consideración del “pronóstico de los desplazamientos”, para decirlo con sus acertadas palabras. Yo no estoy al tanto de que el MPL haya caracterizado la política y la naturaleza de este gobierno y creo que hay que hacerlo en forma urgente.

Pero en la carta enviada por usted, se dice que ninguna caracterización debe olvidar que, ante todo, nosotros formamos parte de este gobierno y hay alrededor de 35 compañeros ocupando cargos. Yo creo que la decisión de ocupar cargos está subordinada a la naturaleza del gobierno, y no al revés, como podría interpretarse de sus palabras. Por añadidura, me parece que sus reflexiones acerca de la importancia del aparato estatal para el crecimiento partidario deberían ser profundizadas. Me gustaría conocer más acabadamente sus opiniones al respecto. Yo creo que la analogía con lo que sucedió al peronismo en los años cuarenta debe relativizarse por dos razones: 1) en aquella oportunidad existía un amplio plafond para el desenvolvimiento de una política nacionalista burguesa, y 2) la utilización de los resortes estatales para el desenvolvimiento de una fuerza política se encuentra íntimamente relacionada con la naturaleza de esa fuerza. Lo que pudo ser para el peronismo, no tiene por qué serlo para nosotros, socialistas criollos y revolucionarios. De paso, permítame decir que la cuestión referida a la interpenetración del partido revolucionario con el Estado es merecedora de un análisis más detrenido que tome en cuenta, también, la experiencia de la URSS y del socialismo “real” tanto como la experiencia del socialismo europeo.

En gran medida, las cuestiones referidas a la naturaleza del gobierno y a la naturaleza del Partido Revolucionario (el MPL), ponen sobre la mesa todo aquello que hace a la definición misma de nuestra identidad. Sobre este punto debo confesarle que soy extremadamente conservador y discuto cotidianamente con compañeros que acentúan la necesidad de “repensar absolutamente todo”. La idea no me disgusta, desede luego, pero muchas veces ela se traduce de tal modo que significa desembarazarnos del legado teórico que anima nuestra lucha por reemplazarlo, no por una síntesis superadora, sino por posiciones que la propia Izquierda Nacional supo impugnar en el transcurso de la conformación de su propia identidad teórico-política. La esencia de nuestra posición socialista criola o de Izquierda Nacional (tal como yo la entiendo) puede encontrarse en lo que usted nos ha enseñado en su “Historia de la Nación Latinoamericana”. Allí dice que “entre el ‘clasismo abstracto’ de Mella y el ‘pluriclasismo’ no menos abstracto de Haya de la Torre, no había lugar para una verdadera política nacional de la clase obrera latinoamericana... Si Mella ignoraba el carácter democrático y nacional de la revolución latinoamericana, determinada por la cuestión agraria y nacional no resueltas, en mérito de una utópica ‘revolución obrera’, Haya de la Torre incurría en el error inverso: el de disolver en el ‘Frente de clases’ a la clase dirigente de la revolución y su programa... Mella renunciaba a la dirección de la revolución nacional de América Latina, al aislar al reducido proletariado latinoamericano de sus inmensos aliados: la pequeña burguesía urbana y el campesinado, Haya de la Torre sometía entonces a estas fuerzas gigantes a su dirección pequeño burguesa y dejaba la perspectiva socialista de la revolución para ‘la hora del ensueño’”.

En suma, podríamos decir que nuestra posición es: ni Mella ni Haya de la Torre; el socialismo criollo de la Izquierda Nacional. Por supuesto, a partir de aquí los problemas a resolver no terminan sino que comienzan. Muy particularmente en esta época en que los “estados socialistas” se desmoronan y la vía misma al socialismo debe ser reexaminada. Las cuestiones organizativas, programáticas, tácticas, etc. no son automáticamente resueltas al adoptar el “paradigma” que nos identifica como corriente teórico-política. Pero trabajar sobre aquellas con atención y sin prejuicios, no puede significar olvidar ese “paradigma”. Si fuese necesario sustituirlo (cosa que no creo, dada su fecundidad reiteradamente probada), entonces nos encontraríamos frente a la grave situación de carecer de identidad propia. La Izquierda Nacional y el socialismo criollo serían palabras vacías. Y no es así. Hay cincuenta años de producción teórica y política de Izquierda Nacional que constituyen el alimento imprescindible para la nueva generación militante que hoy está en el Partido. Son la herramienta templada de quedisponemos para combatir al imperialismo y a los falsos profetas del socialismo cipayo y del nacionalismo “policlasista”.

Por último, quisiera efectuar algunas consideraciones en relación a lo que debe entenderse por “línea del Partido”. En condiciones ordinarias, la línea del Partido es la que emana de sus cuerpos orgánicos. Ellos reflejan en última instancia (al tiempo que orientan) la opinión del conjunto de militantes, afiliados y simpatizantes. Pero hay momentos que son extraordinarios. El actual, por ejemplo. El peronismo se desmorona ante nuestros ojos, el gobierno claudica ante el imperialismo, el Frejupo es un sello (hoy dividido) utilizable los días festivos, las clases sociales que motorizan la revolución comienzan a realinearse bajo un nuevo eje quer las agrupe, el socialismo juanbejustista renace con un ropaje dudosamente trotskista, etc. etc. La perspectiva del final del peronismo como fuerza hegemónica de la revolución nacional es verdaderamente el hecho más destacable. En tales condiciones, el conjunto de la militancia y de los amigos del MPL se encuentra desconcertado. No son pocos los que nos preguntan y se preguntan cómo podemos participar o apoyar a un gobierno que hace lo que éste está haciendo. Y no se puede responder diciendo “la línea del Partido es tal o cual”. En circunstancias ordinarias el organismo de dirección que marca la línea cuenta con el aval explícito o implícito de los organismos subalternos. Pero hoy, nos guste o no, no es así. Y es natural. Así ocurre en los períodos extraordinarios. Lo saludable es abreir los canales para un amplio debate que permita recomponer los lazos de ida y vuelta que atan a la base con la dirección. El conjunto partidario (y también la “periferia”) debe ser movilizado en la discusión de las grandes cuestiones tácticas, programáticas, organizativas, estratégicas que nos dotan de la unidad necesaria para ser un solo puño dispuesto a la acción. Mi opinión de militante de base es que en relación a este punto estamos en retraso. Confío en que el Congreso de sesgo ideológico que usted propone para los próximos meses será de suma utilidad para fortalecer al MPL. Ojalá que sea precedido de las medidas idóneas para permitir la amplia participación de todos los compañeros en él.

Compañero Ramos, reciba usted un fuerte abrazo y haga llegar mis saludos a su familia y a los compañeros que lo acompañan en su puesto de lucha.

Gustavo Cangiano (10-6-90)

 
En esta edicion
OSVALDO CALELLO | Como era previsible el juez Canicoba Corral convalidó el dictamen de los fiscales en el caso de la AMIA y ordenó la detención de ocho altos ex funcionarios de la República Islámica de Irán, algunos en ejercicio de cargos públicos aún, y de un dirigente de la organización libanesa Hezbollah.
HONORIO A. DÍAZ | Con un mesurado estilo posmoderno la editorial Capital Intelectual está ofreciendo la “Colección Fundadores de la Izquierda Argentina.” Aquí el pensamiento débil se torna raquítico y la modernidad líquida se evapora. No se sabe bien si con ironía o con sarcasmo la publicidad proclama la primera unidad de la izquierda que, en este caso, se limita a una ligazón meramente bibliográfica.
NAZARENO L. FURGUELLE | Un día como hoy, 30 de setiembre, pero en 1974, se promulga la ley 20.840 de Seguridad Nacional, que en su artículo 1º reprime las actividades políticas que alteren o supriman «el orden institucional y la paz social de la nación, por vías no establecidas por la Constitución Nacional y las disposiciones legales que organizan la vida política, económica y social de  la Nación».
 
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