• Izquierda Popular
  • Publicado el 21/12/1972
Declaraciones de Tosco, Atilio López y Salamanca

Una política revolucionaria que una el 17 de octubre con el 29 de mayo*

Etiquetas/Temas: izquierda popular,

Tres dirigentes de la CGT cordobesa, los compañeros Atilio López, Tosco y Salamanca (este último conduce el proceso sindical en Ika-Renault), han formulado interesantes declaraciones ante un matutino porteño.

Como se sabe, la pandilla burocrática de Rucci, Coria y Miguel han apelado al grupo Simó (la extrema derecha semi fascista) para dar un golpe de furca, felizmente fracasado, contra la regional cordobesa de la CGT. El movimiento obrero de Córdoba sobrelleva la gloria del 29 de Mayo, es decir, gracias a su lucha protagónica el país se descongela a partir de 1969 y un nuevo período se abre en la vida nacional. Condenado al aislamiento por la complicidad infame con el régimen de la alta burocracia sindical de Buenos Aires, el proletariado cordobés libra combates, alterna triunfos y derrotas, y debe colocarse por el momento a la defensiva, sin arriar sus banderas y buscando la oportunidad de un entronque nacional para las luchas. Esta encrucijada se refleja en las declaraciones de los tres líderes sindicales.

Atreverse a romper

Las del compañero Atilio López ponen de manifiesto la dramática contradicción en que se debate el peronismo obrero, juvenil y combatiente en todo el país, sin poder conciliar su voluntad de lucha y su búsqueda de un camino socialista con la camisa de fuerza de una estructura partidaria y sindical centrales en las que Rucci, Coria, Cámpora y Anchorena tienen todo el poder, y lo ejercitan de un modo vertical y reaccionario. Cualquier tentativa de lucha interna es ilusoria y está condenada al fracaso antes de librar siquiera una batalla. Sólo conquistando la plena autonomía de decisión política podrá el peronismo combatiente permanecer fiel a las banderas del 17 de Octubre y labrarse un camino socialista hacia las masas.

“Dime con quién andas”

Las declaraciones del compañero Tosco reflejan la impotencia del puro sindicalismo, de la pura y mera combatividad sindical, si no se la liga a un “más allá” político, a una política y una organización revolucionarias. En este punto, el compañero Tosco manifiesta que no ve ninguna fuerza revolucionaria en el actual panorama electoral, niega implícitamente que el Frente de Izquierda Popular, su programa, sus hombres y su trayectoria, sea una alternativa, o pueda contribuir a esa alternativa. Pero la ligazón de Tosco con la intersindical y el ENA también indica que su ceguera respecto del FIP guarda estrecha relación con sus compromisos con la vieja izquierda gorila de la Unión Democrática. Bajo esas condiciones pierde derecho a invocar el compromiso (que denuncia) de Perón frente a Lanusse, y la oportunidad de gravitar provechosamente en el proceso de maduración política de las masas. El 29 de Mayo, que fue una extraordinaria explosión espontánea de combatividad obrera y popular, afirma y supera la línea movilizadota del 17 de Octubre. La supera, porque tiende a afirmar los métodos revolucionarios de la movilización de masas y el enfrentamiento global al sistema oligárquico. Ese nuevo curso va en busca de su expresión política y organizativa, que no podrá encontrarse en una vuelta a antes del 17 de Octubre, en una vuelta hacia los mitos reaccionarios del antiperonismo “de izquierda”, cuya expresión más calcárea y retobada es, como se sabe, el llamado Partido Comunista de la Argentina. No será un aparato separado orgánica, moral, ideológica y políticamente del proceso real del movimiento de masas, quien garantice a Tosco de los embates de la pandilla burocrático-policial de Coria y compañía, sino la fuerza de abajo, mejor aún, la capacidad de dar respuesta política correcta a las necesidades combativas de los trabajadores.

Enseñanzas de una derrota

Las declaraciones del compañero Salamanca son valientes y significativas. Ellas exhiben la intrepidez proletaria de la autocrítica, un producto muy pregonado pero de escasísima aplicación. Salamanca menciona la falta de vínculos reales entre el programa de Sitrac-Sitram y el grado de maduración de la experiencia colectiva de la clase trabajadora.

También critica la separación sectaria que (a consecuencia de lo anterior, añadiríamos nosotros) se produce entre Sitrac-Sitram, por un lado, y el peronismo combativo y la CGT de Córdoba, por otro. En efecto, el programa y la “línea clasista” fueron contrapuestos, como modelos “puros”, “ideológicos”, al proceso real, viviente, impuro, contradictorio, de la clase trabajadora en su conjunto y de sus sectores en evolución más dinámica en particular.

Por último, atribuye gran parte de la responsabilidad de este fracaso a la ultraizquierda estudiantil, que cayó como piedra sobre los combativos sindicatos de FIAT, ayudó a su aislamiento y creó así las condiciones que posibilitaron el golpe devastador de la patronal imperialista y López Aufranc. En vísperas de ese golpe, y previéndolo, el órgano “Lucha Obrera”, del PSIN, había publicado seis extensos artículos sobre la experiencia Sitrac-Sitram.

Sería incurrir en reprobable pedantería el alegar que dichos artículos contienen y desarrollan, desde hace más de un año, lo que ahora expresa Salamanca, o parte de lo que ahora expresa, ya que la verdad vale distinto cuando emerge de adentro mismo del proceso.

Recordando sin ira

Pero es justo, en cambio, poner de relieve lo siguiente: 1) Mientras la ultraizquierda “industrializaba” como cuestión de prestigio en escala nacional la experiencia de Sitrac-Sitram, mientras resecaba esa experiencia para convertirla en un mito propagandístico, al mismo tiempo que se movilizaba a presión sobre sindicatos y fábricas para frustrar con sus errores sectarios el proceso, la izquierda nacional y popular renunciaba a servirse de él y contribuía a servirlo promoviendo la franca, desinteresada y correcta discusión acerca de los errores advertidos a fin de prevenir la catástrofe que se avecinaba. 2) Por consiguiente, con pleno derecho y camaradería cabe invitar a introducir ahora en la discusión los planteamientos entonces formulados desde “Lucha Obrera”, recordando de paso que los militantes de la izquierda nacional y popular fuimos entonces apartados, incluso, de las comisiones de apoyo a Sitrac-Sitram por esa ultraizquierda estudiantil encrespada histérica y calumniosamente contra nosotros. Ultraizquierda, dicho sea de paso,, que no estuvo el 29 de Mayo, que boicoteó la huelga general activa con el pretexto de que la decretaba “la burocracia”, anticipando así su vocación de aislamiento y de derrota.

Programa y peronismo

Creemos necesario ampliar en ese sentido los términos de la discusión porque las apreciaciones del compañero Salamanca, quizás en parte por su misma e inevitable brevedad periodística, deberían profundizar ciertos aspectos importantes esbozados en nuestros artículos. Por ejemplo, cuando un programa es “demasiado avanzado” respecto al grado de experiencia colectiva, ello significa, muy probablemente, que contiene errores teóricos o conceptuales acerca de la realidad nacional y la caracterización de las distintas fuerzas políticas, de las tendencias sindicales y de las clases sociales, así como del método correcto para que las “verdades abstractas” se conviertan en “fuerza material” impulsora de la acción colectiva.

A nuestro juicio, el programa de Sitrac-Sitram contenía dos errores básicos: era un programa “desde el gobierno”, y no un programa de reivindicaciones escalonadas para promover el ascenso del movimiento de masas, desde su estado actual de conciencia, combatividad y organización, a un nivel a partir del cual el derrocamiento oligárquico y el poder obrero y popular emerjan ante las masas como el objetivo necesario y posible, como la culminación de todas sus luchas anteriores; y era un programa elaborado desde la perspectiva infecunda de la vieja oligarquía antiperonista. Por una y otra razón, el proceso de Sitrac-Sitram, en vez de irradiar como un polo de superación del movimiento general, hacia vastos y crecientes sectores del proletariado argentino, desembocó en el aislamiento, verdadera condición del golpe asestado por la patronal y López Aufranc. Remató esta trayectoria con un punto no mencionado por el compañero Salamanca, la consigna –a la vez, sindicalista, pura, anárquica y liberal- de “ni golpe ni elección, revolución” que, contradiciendo toda la experiencia práctica del movimiento obrero, tanto nacional como mundial, separaba los objetivos estratégicos del socialismo de la lucha por las reivindicaciones nacionales y democráticas, incluida la lucha de masas por elecciones sin fraude ni proscripciones, es decir, la vigencia de la soberanía popular efectiva.

Conclusión

La batalla entre la dictadura y su burocracia sindical, por un lado, y el proletariado y la CGT de Córdoba, no está definida. Sería insensato subestimar el poder de la dictadura y su burocracia, y el no advertir los procesos (sin duda transitorios) de desánimo y desaliento en sectores del proletariado cordobés, bajo los impactos del aislamiento y la represión. Pero la elaboración de una correcta política a partir de la rica experiencia existente ha de garantizar sin duda que la victoria se incline hacia el lado obrero y popular, y que Córdoba gravite, como lo ha hecho tanto y tan ejemplarmente, en el proceso de emancipación de los argentinos.

Bibliografía:

Publicado en “Izquierda Popular”,  Nº 9, del 21 de diciembre de 1972 al 7 de enero de 1973, página 4.

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