• Izquierda Popular
  • Publicado el 15/08/1974

Un concepto clave: renta diferencial*

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Se denomina renta a la ganancia que obtienen los propietarios de tierras como consecuencia de la explotación agrícola que se desarrolla en ellas.

La llamada renta diferencial, como su mismo nombre lo sugiere, es la ganancia suplementaria que obtienen algunas explotaciones agrarias con respecto a otras de menor productividad. Esta diferencia de utilidades, estas ganancias suplementarias, pueden deberse a distintos factores (siempre considerando explotaciones de igual dimensión): a) diferencia de fertilidad natural del suelo; b) diferencia de distancia hasta los lugares de consumo; c) diferencia de productividad derivada de una mayor tecnificación e inversión de capitales.

En el caso de nuestro país, la oligarquía se benefició durante el siglo XIX y parcialmente en el XX de una renta diferencial del tipo (a) y en algunos casos del tipo (b) respecto de tierras de Australia, Nueva Zelanda e incluso EEUU. Un ejemplo servirá para demostrar lo que decimos: hacia 1910 la inversión necesaria para la explotación agraria en los EEUU y Canadá exigía un promedio de pesos oro 59 por hectárea, en cambio en Argentina bastaba pesos oro 27,7 por hectárea, es decir, tan solo el 4%.

Debe recordarse igualmente que la clase oligárquica monopolizó, sin ningún tipo de pago, gigantescas extensiones de las tierras más fértiles del mundo expulsando a sangre y fuego a sus primitivos ocupantes, gauchos e indios, o sencillamente por estar deshabitadas.

La pampa húmeda es una amplia región geográfica a orillas de una de las más grandes cuencas hídricas del mundo, la del Paraná. Comprende las provincias de buenos Aires casi totalmente, Entre Ríos, sur de Santa Fe, sur de Córdoba y se extiende a la mayor parte del territorio uruguayo. Sus características geológicas y climáticas son excepcionales, gruesas capas de tierra negra, clima templado, excelente régimen de lluvias.

La apropiación por parte de la oligarquía de una fabulosa masa de riquezas derivadas de la alta productividad natural y la consiguiente valorización de las tierras que fue una de sus consecuencias, fue y aún hoy sigue siendo dilapidada en gastos suntuarios y todo tipo de extravagancias que nada reportaron al país, a su desarrollo económico ni a la tecnificación o mejoramiento de las condiciones de explotación agraria. Por eso es que la bendición de la naturaleza que representa la fertilidad inmejorable de nuestra pampa se transformó en la base del actual estancamiento y atraso del campo argentino que permanece en los niveles productivos de 1930 y en algunos casos de 1910.

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