- Izquierda Nacional
- Publicado el 01/10/1973
Saludo a 900.000
El gran triunfo popular y nacional del 23 de setiembre ha elevado al poder por tercera vez al general Juan Domingo Perón. El PIP participó de dicha victoria llevando al comicio su propia Boleta con la consigna “Liberación y Patria Socialista”. De los 7.300.000 de votos, casi 900.000 lo hicieron con las boletas del Frente de Izquierda Popular. Se trata del hecho más notable de ese gran día, pues demuestra claramente que en la Argentina actual casi un millón de mujeres y de hombres desean proyectar hacia adelante, hacia el socialismo, el movimiento nacido hace treinta años en las jornadas del 17 de Octubre de 1945. Por primera vez en la historia de las luchas sociales argentinas y latinoamericanas se perfila una corriente auténticamente nacional que lucha por el socialismo y obtiene un apoyo de tal magnitud. Por esa razón, es importante detenernos un momento en la lucha y reflexionar sobre su significado.
Conservadores, comunistas y frondizistas afirman que hay 900.000 argentinos confundidos
Recordemos en primer término que al día siguiente de la victoria del 23 de setiembre toda la prensa comercial y política concidió en un mismo veredicto: que los votas del FIP obedecían a una confusión. Tal fue la opinión de “Clarín”, órgano del grupo de Frondizi, del Dr. Fonrouge, senador del FREJULI por el Partido Conservador Popular, del diputado peronista Gallo, del Partido Comunista a través de su semanario “Nuestra Palabra” y de numerosos comentaristas al servicio de las clases dominantes. Estos señores no pueden admitir que el claro juicio y la firme decisión de los obreros, empleados, peones, técnicos, docentes y estudiantes argentinos pueda ejercerse eligiendo la boleta del FIP. Agravian a las masas al sostener que sólo la confusión de dos boletas que sostienen el mismo candidato pudo originar un millón de votos para el FIP. Hace treinta años estos mismos señores explicaban el triunfo de Perón argumentando que se trataba de masas fanatizadas, incapaces de percibir el significado de su voto. Ahora emplean un argumento idéntico para descalificar el sentido revolucionario del voto que grandes sectores populares han brindado al FIP. Cada votante del FIP sabrá como juzgar a estos partidos de la vieja Argentina.
Los votos al HP apoyan nuestra conducta política
Los 900.000 votos al FIP no obedecieron a un azar del cuarto obscuro. Estamos en condiciones de afirmar, por lo demás, que puede estimarse moderadamente en más de 1.500.000 argentinos la cifra de los que quisieron votar por el FIP. Si no pudieron hacerlo muchos de ellos, si sólo se computaron 900.000 votos, se explica por la destrucción y robo de boletas en los cuartos obscuros de toda la República, así como por la actitud ilegal de muchos presidentes de mesa que sumaron en el escrutinio provisorio los votos del Frejuli a los del FIP. Así fue como apareció en miles de actas el asombroso dato de que en dichas mesas, el FIP no había obtenido ni un solo voto. La campaña periodística por medio de grandes solicitadas en todos los diarios del país iniciada por algunos dirigentes del FREJULI “alertando” al pueblo para que no se dejara “confundir” en el comicio, pues había dos boletas postulando el nombre de Perón, contribuyó sin duda a que se disipase toda posible confusión y que 900.000 ciudadanos prefiriesen en esa alternativa no votar por Frondizi, Gelbard y Rucci, sino por Perón y el socialismo. Es que los votos del FIP reflejaban las nuevas condiciones de la Argentina en crisis: no importaba a esos votantes juzgar el pasado, que abandonaban a su suerte, sino afirmar su voluntad de entrar ahora mismo al porvenir. Tal decisión se expresaba en el nombre de Perón, como factor de cohesión de las mayorías nacionales y de la ruta al socialismo, como aspiración a que la revolución nacional avanzase rápidamente hacia el gobierno propio de los trabajadores.
Los votos del PIP no fueron ningún milagro
Todo el país conoció, desde el primer momento, que el PIP apoyaba la candidatura de Perón, porque consideraba que ella encarnaba la soberanía popular. Eso no era una novedad, ya que la corriente de la izquierda nacional fue la única vertiente socialista que defendió con sus propias banderas al movimiento popular desde octubre de 1945. Esa soberanía popular había sido aplastado por la contrarrevolución de 1955 y los gobiernos posteriores. Defenderla era nuestro deber. Pues constituía realmente una utopía reaccionaria pretender luchar por el socialismo, como lo ha predicado siempre la izquierda cipaya, volviendo las espaldas a la reconquista de los derechos democráticos de las mayorías. Esta actitud ponía a prueba el carácter insustancial de tal “socialismo” y la función de “izquierdas de la oligarquía” que siempre revistieron tales grupos en nuestro país. Por esa razón el FIP sostuvo:
1) Que si Perón no era candidato en las elecciones del 11 de marzo y el peronismo y sus aliados renunciaban a luchar por su candidatura contra la resolución proscriptiva de los tres comandantes, el FIP sostendría sus candidatos propios;
2) Señalamos al mismo tiempo, que a pesar de tales aliados del Frejuli y de que Perón finalmente no fue candidato, el FIP apoyaría en la segunda vuelta al Dr. Cámpora.
3) Anunciamos que los comicios del 11 de marzo no indicaban una aceptación espontánea de los principios de la democracia por parte de los generales sino el premio parcial de una victoria, arrancada a las fuerzas armadas por las masas populares del interior a partir del Cordobazo.
4) Contra los ciegos de izquierda o de derecha que no creyeron en la realización de tales comicios, porque tales gentes tampoco creen en el poder creador de las masas, el FIP se preparó para concurrir a ellos, denunció sus limitaciones al serle prohibido presentarse a Perón y anunció que en caso de triunfo de los candidatos del FIP, nuestro gobierno renunciaría a los 60 días para convocar a nuevas elecciones y permitir la concurrencia del único proscripto del 11 de Marzo.
5) Cámpora llevó a la práctica lo que el FIP había preconizado y los comicios del 23 de setiembre perfeccionaron el proceso democrático, incluyendo en la victoria una gran corriente popular que votó por Perón y por el socialismo. En las vísperas del 23 de setiembre nadie ignoraba que el FIP había reiteradamente sostenido durante los últimos dos años que no teníamos confianza en los sectores burocráticos, políticos y sindicales del peronismo y mucho menos en sus aliados del Frejuli, para llevar adelante las reivindicaciones básicas de la revolución nacional y la lucha contra el imperialismo. Sistemáticamente explicamos que la oligarquía terrateniente y su aliado imperialista habían sido tan fuertes como para derribar a Yrigoyen en 1930 y a Perón en 1955. Por esa razón se imponía eliminar el poder social de la oligarquía y evitar de ese modo al pueblo argentino nuevas restauraciones.
Para las grandes masas populares la bandera del FIP apareció como la de un movimiento que había desnudado hasta sus raíces el oprobio del régimen oligárquico y expuesto las medidas para suprimirlo. La campaña esclarecedora llevada a cabo antes y después del 11 de marzo mostró a millones de argentinos que el FIP se distinguía como la única nueva corriente revolucionaria, próxima al peronismo, pero independiente de él, que ofrecía un programa transformador de la sociedad argentina.
¿Qué debemos hacer ahora?
El gobierno del General Perón triunfa al cuando al otro lado de los Andes cae el gobierno del Dr. Allende. En América Latina el imperialismo conspira sin cesar para apuntalar a gobiernos latinoamericanos que sirven sus intereses o derribar a aquellos que amenazan su cuota de ganancias. No hay mejor modo de defender la soberanía popular ecarnada en Perón que luchar para que el actual gobierno avance hacia el pleno dominio nacional sobre todas las ramas de la economía que permanecen en manos del capital extranjero o de sus aliados nacionales. Si la oligarquía terrateniente conserva la propiedad de sus grandes estancias o si los trabajadores, empleados y técnicos no ascienden al nivel de las grandes decisiones políticas, no habrá garantía alguna de que el triunfo electoral de] 23 de setiembre, dolorosamente conquistado tras 18 años de retroceso, no sea eclipsado por otra contrarrevolución.
Para ello es preciso que los trabajadores y el pueblo ejerciten su derecho a hacer política sin intermediaciones burocráticas: organizándose en juntas populares en fábricas, barrios, oficinas y lugares de estudio; discutiendo problemas del país; defendiendo el gobierno popular, impulsándolo con la acción creadora que surge de la actividad consciente de las masas populares; luchando así por la patria socialista. Para eso, el Frente de Izquierda Popular continúa su acción. Si nos escribe o se llega a uno de nuestros locales le diremos cómo organizarse para la lucha y seguramente también usted nos enseñará a hacerlo mejor. Si usted no votó por el FIP con los 900.000, súmese ahora a ellos.
JUNTA NACIONAL DEL FIP
Alsina 2786, Buenos Aires
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