- El FIP y el Golpe de Estado de 1976
- Publicado el 20/03/1976
Ramos habla del peronismo, el gobierno y la oposición gorila
Apenas unos días antes del golpe del 24 de marzo, el diario El Cronista Comercial publicó un reportaje al presidente del FIP, el compañero Jorge Abelardo Ramos, que constituye un certero análisis del momento político, de las causas reales de la crisis. Lo reproducimos textualmente a continuación.
“Estamos al cabo de 18 meses —la posteridad inmediata a la muerte de Perón— que han demostrado la imposibilidad, para el núcleo gobernante, de realizar la revolución nacional por la cual votaron las masas populares en los años 46, 52 y 73. Sólo cabe esperar que el país asista a elecciones en el plazo más breve posible, para que en esos comicios la clase obrera y el pueblo determinen cuál será el balance crítico de este gobierno peronista”, declaró Jorge Abelardo Ramos.
El titular del Frente de Izquierda Popular agregó que “gracias a los extravíos de este gobierno, la vieja y decadente oligarquía argentina —que todos suponían hundida en el pasado— ha mostrado su enorme vigor y su lozanía al articular un gigantesco movimiento de lock out en todo el país, que ha arrastrado a la pequeña burguesía comercial e industrial tras las banderas de la Sociedad Rural y de la derogación de la Ley de Contratos de Trabajo. El movimiento de los proscriptos se ha transformado en el gobierno impopular y las masas populares ya no saben realmente qué pensar con respecto al gobierno que eligieron”.
Para Ramos, “califica la actual situación el hecho de que Alsogaray, Manrique y Balbín son los enemigos fundamentales del gobierno. Y al saber que estos son los enemigos del peronismo, tiende uno a pensar mejor del gobierno que lo que este gobierno se merece. El FIP jamás va a estar en la línea de los enemigos del peronismo, porque si algo va a brotar del subsuelo social argentino capaz de transformar esta sociedad, provendrá de las masas que hoy son peronistas y jamás de los partidos decadentes, detrás de los cuales, como en el caso del radicalismo, hay asesores como el doctor Tomás de Anchorena. Los extravíos y debilidades del gobierno le han permitido al radicalismo arrancarse la toga, presa de una gran indignación moral. Es el mismo radicalismo en el que Julián Sancerni Jiménez, en 1936, distribuía sobres con 100 mil pesos por diputado para votar la prórroga de la concesión de la CADE. Y el tesorero del comité nacional de Alvear admitiría ante la comisión investigadora de Rodríguez Conde, en 1943, que recibió el dinero de la CADE para levantar la Casa Radical de la calle Tucumán. De modo que estos moralistas no son los más autorizados para juzgar a este gobierno”.
Sobre el rol de las Fuerzas Armadas, Ramos opinó que “la experiencia vivida entre los años 66 y 73 debe pesar mucho en el ánimo de los militares argentinos, de una manera abrumadora, como para indicarles cuáles son los peligros que acechan a las Fuerzas Armadas en caso de que ellas decidan ocuparse nuevamente de los asuntos públicos sin que hayan sido llamadas ni formadas para tales asuntos”.
Por último, el presidente del FIP señaló que “la crisis política y económica no tiene su punto de partida en las argucias del astrólogo y su banda. El origen de la crisis nacional es la pugna entre la sociedad agraria oligárquica y la lucha de Perón por transformar a la Argentina en una sociedad capitalista normal, a ejemplo de Europa. Si el peronismo suscitó tanto odio y aversión de la vieja oligarquía, de los capitales extranjeros y de las clases medias ligadas a ese sistema de dominación, fue porque el peronismo venía a trastocar ese viejo orden. Pero el peronismo resultó impotente para doblegar a esa estructura. Y la oligarquía consumó su mayor victoria, que no fue derrocarlo en 1955 sino impedirle regresar durante 18 años. Cuando Perón regresó era un anciano enfermo, que murió al poco tiempo. Cuando tenía 60 años y estaba en disposición de seguir, en medio de grandes tropiezos, la marcha que había iniciado en 1945, fue excluido del poder político, transformado en un leproso, confinado en la jaula de hierro que le cedió Franco en Madrid y apartado de la lucha política concreta en el país. La expatriación de Perón es el crimen mayor de la oligarquía y la responsabilidad común en esa expatriación pertenece al señor Balbín, a los Manrique, a los Alsogaray, a los demócratas progresistas, al Partido Comunista, y a todos aquellos que formaron parte del sistema antiguo de dominación en el Plata. Hoy, con una exclamación de júbilo inocultable, los agentes del capital extranjero, los antiguos mayordomos de la CADE, los empleados de los terratenientes, los abogados de las viejas empresas de servicios públicos, los antiguos y los nuevos diputados, se lanzan alegremente a picotear el gigantesco cuerpo moribundo del peronismo. Pero ellos no son la llave del porvenir. Son la expresión execrable del pasado. Si las masas peronistas se desplazan hacia otros rumbos no lo van a hacer hacia ninguno de estos partidos, porque ninguno de ellos vale un solo peronista”.
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