- Izquierda Nacional
- Publicado el 01/11/1972
¿Quién es el enemigo inmediato?*
Jorge Abelardo Ramos
Llama nuestra atención un breve trabajo de Frank que se dirige rectamente hacia el fondo político que subyace en el pensamiento de la izquierda cipaya. Se trata dé un texto titulado: “Quién es el enemigo inmediato”.
Está compuesto de 21 puntos, el primero de los cuales dice: “El enemigo inmediato de la liberación nacional de Latinoamérica, tácticamente es la burguesía propia de Brasil, Bolivia, México, etc., y la burguesía local en el campo latinoamericano. Así es —incluso en Asia y en Africa— no obstante que estratégicamente el enemigo principal es innegablemente el imperialismo”.
Esto no es todo. La primera frase de la tesis 3 dice lo siguiente: “Hoy la lucha antiimperialista de Latinoamérica tiene que hacerse a través de la lucha de clases. La movilización popular contra el enemigo inmediato de clase en nivel local y nacional genera una confrontación con el enemigo principal imperialista, más fuerte que la movilización antiimperialista directa, y la movilización nacionalista por medio de la alianza política de las ‘más amplias fuerzas antiimperialistas’, no desafía adecuadamente al enemigo inmediato clasista, y en general, todavía ni siquiera resulta en la verdadera y precisa confrontación con el enemigo imperialista”.
El mérito de ambas citas es su claridad, y pone de manifiesto hasta que punto Frank, y con él la inmensa mayoría de los grupos ultraizquierdistas de América Latina y de los profesores teorizantes cálidamente refugiados en las cátedras universitarias del continente han roto con Marx, Lenin y Trotsky. Bajo el resonar y las vociferaciones de esta gritería revolucionaria, se distingue claramente que André Gunder Frank ignora completamente las distinciones que hacia Lenin entre las naciones opresoras y las naciones oprimidas.
Olvida también que Marx había anticipado de alguna manera este punto de vista en sus conocidos estudios y cartas acerca de las relaciones entre la Rusia zarista y Polonia, y entre Inglaterra e Irlanda. Ignora asimismo el punto de vista de Rosa Luxemburgo acerca de la naturaleza económica del imperialismo, que requiere para subsistir de un medio no capitalista.
Desconoce, además, los textos de Trostky sobre América latina, su apoyo al general Cárdenas en 1938, caudillo de los campesinos mejicanos y de la burguesía nacional de su país. Ignora el sistema de alianzas que utilizó Mao Tse Tung con príncipes, aristócratas, terratenientes y burgueses chinos a lo largo de 40 años de la lucha revolucionaria que lo condujo al triunfo.
Gunder Frank afecta ignorar el programa nacional democrático del Partido Comunista de Vietnam del Norte y los 14 puntos del programa de liberación nacional de Vietnam del Sur, que propicia alianzas con la burguesía nacional “proteger el sistema de propiedad de los ciudadanos sobre los medios de producción… El Estado estimulará a la burguesía industrial y comerciante a contribuir al desarrollo de la industria, de la pequeña industria y del artesanado”. Esperamos que Gunder Frank y sus amigos de América latina no acuasen Ho Chi Mm y al general Giap de ser agentes de la burguesía nacional vietnamita.
Recordemos que el ultraizquierdismo era en la Europa de la década del 20 la expresión de la cólera infantil que manifestaban los nacientes grupos comunistas después de la revolución rusa, ante la parálisis socialdemócrata. En su célebre libro “El extremismo”, Lenin condenaba categóricamente a esa izquierda. Tendía a conducir al proletariado al extremo simétrico de la inmovilidad socialdemócrata: el verbalismo ultraizquierdista que se alimenta de sus propias palabras y termina ahogado en las estrechas fronteras de una secta. Pero el ultraizquierdismo en América latina, del que el catedrático Gunder Frank es vocero, es una manifestación senil de la socialdemocracia latinoamericana, que intenta sobrevivirse bajo nuevas formas. Dicho ultraizquierdismo pretende separar al proletariado de las masas campesinas o indígenas, hundidas en la barbarie y al pensamiento marxista de las consignas democráticas y nacionales susceptibles de imprimirle un incalculable poder. Tendencias como la de Frank constituyen un flagelo en la política latinoamericana. Introducen la influencia imperialista escondida bajo su grito “Muera el burgués nacional”. Ese flagelo no es puramente verbal. Ha sido usado repetidas veces por el imperialismo contra la revolución latinoamericana.
Fue con fraseología ultraizquierdista que el mayor Gualberto Villarroel fue colgado de un farol en la plaza Murillo, en la ciudad de La Paz en 1946. Fue con frases de izquierda con que los comunistas y socialistas se aliaron con el embajador norteamericano Braden contra Perón en 1945. Con frases de izquierda los distintos grupos marxistas cipayos de Bolivia condenaron y aislaron al general Torres como “burgués”, poco tiempo antes que el sátrapa coronel Banzer lo derribara como “comunista”. También con ardorosa fraseología los diversos grupos “izquierdistas” de Lima atacaron al general Velazco Alvarado mientras realizaba su revolución agraria y conspiraba contra él la oligarquía peruana. La misma impostura “izquierdista” fue empleada por algunos grupos cipayos que atacaron al coronel Caamaño cuando se batía en Santo Domingo contra los agentes del imperialismo.
Todavía hoy, gentes de esta calaña atacan a Perón porque es “burgués”. La tesis de Frank que comentamos es mucho más interesante que sus expediciones al siglo XVI y su manía indocumentada de demostrar el carácter capitalista de la colonización española y portuguesa en América. Preferimos lisa y llanamente considerar las consecuencias políticas que se desprenden de ese disparate histórico económico. Es precisamente por ese hecho que las breves tesis de este grueso volumen han despertado nuestro interés polémico.
Apliquemos esta teoría a la realidad específica. Si escogemos como ejemplo al Perú, veremos que el Ejército encabezado por el general Velazco Alvarado sustituyó a la débil burguesía nacional peruana y realizó las tareas históricas de aquella burguesía inmadura, en primer lugar, la revolución agraria. Este acto despojó a la oligarquía terrateniente de la sierra y la costa de la base material de su poder secular. De acuerdo a la tesis Frank y de la ultraizquierda sudamericana, el principal enemigo táctico sería en Perú, Velazco Alvarado, y el enemigo estratégico el imperialismo.
Para la oligarquía agraria peruana, por su parte, aliada interior del imperialismo, el enemigo estratégico sería el socialismo, pero el enemigo táctico es, naturalmente, Velazco Alvarado. De este modo completamente natural, y no sólo en la teoría de Frank, sino en la práctica de los amigos peruanos de Frank, tanto los ultraizquierdistas como la oligarquía se encuentran del mismo lado en el campo de operaciones.
Que las razones sean diferentes, esto lo discutirán en el futuro tanto los ultras como la oligarquía, si esta última logra derrocar a Velazco. El buen profesor Frank no debe creer que ha inventado el paraguas en América del Sur. Sus teorizaciones ya eran muy conocidas entre nosotros. Habían alcanzado, además, las proporciones de verdaderas tragedias.
Si consideramos, en cambio, a la Argentina, es evidente que el mayor bloque de fuerzas de la burguesía nacional se encuentra expresado políticamente en el peronismo. En ese caso, como hacen muchos ultraizquierdistas, es necesario considerar peronismo como al enemigo principal. Es el mismo punto de vista que sostienen los ganaderos, el capital comercial e imperialista y el almirante Rojas. ¡Tal es la distribución de las fuerzas! Pero si la tesis de considerar a la burguesía nacional o sus representantes políticos como al principal enemigo contraria toda la tradición leninista y los documentos básicos de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, las restantes tesis del profesor Frank no solamente son erróneas y mal informadas, sino que incurren en la más fantasiosa extravagancia. En efecto, nos dice el ilustre profesor alemán que “la precedencia táctica de la lucha de clases sobre la lucha antiimperialista estratégica se mostró en la revolución cubana y en la revolución de Octubre, entre otras”.
¿No es demasiado, aún tratándose de un profesor? No harían falta documentos sino apenas una memoria de tipo normal para recordar que no fue precisamente la lucha de clases la que esgrimió Fidel Castro en su lucha por la toma del poder en Cuba. No es aventurado decir que de haber actuado de ese modo Fidel sería hoy un oscuro emigrado en México, y Batista estaría todavía en el gobierno. Lo que distinguió justamente al grupo de Fidel fue el carácter democrático de sus postulaciones, dirigidas a eliminar del poder a un verdugo sangriento. Este programa contaba con la simpatía de la inmensa mayoría del pueblo cubano, incluidas sus altas clases medias, sin olvidar a instituciones y entidades como el arzobispo de La Habana y el Rotary Club. Fidel acentuó los rasgos nacionalistas de su política cuando llegó al poder y se enfrentó con los EE.UU. Se declaró socialista 3 años después. En su viaje a Buenos Aires, en 1959, todavía consideraba una calumnia que se lo identificase como comunista. En consecuencia, la aseveración de Frank es una frase vacía.
¿Qué decir, a medio siglo de realizada, del carácter de la revolución de Octubre? Cualquier estudiante sabe que la revolución de Octubre hubiera sido imposible si Lenin hubiera seguido los consejos del profesor Gunder Frank. Se explica muy fácilmente si se considera que en la Rusia zarista de 1917 había 100 millones de campesinos y sólo 3.000.000 de obreros industriales. Si la fracción bolchevique en el Congreso de los Soviets hubiera planteado ante los diputados campesinos la colectivización de la agricultura, por ejemplo, Lenin no hubiera llegado jamás al poder con el apoyo de la mayoría soviética. Podemos decir que no hubiera triunfado, puesto que Lenin no era partidario del “putch”, o del golpe de Estado de una minoría revolucionaria deseosa de embolsarse el poder. Buscaba el apoyo de la mayoría en un país predominantemente agrario. La consigna de “tierra a los campesinos” le ganó el apoyo de todas las clases sociales agrarias menos de la nobleza terrateniente. Pero era esa una consigna burguesa. La revolución de Octubre sólo fue una revolución socialista en el sentido de que estaba dirigida por el partido proletario, y de que sus dirigentes se proponían abrir el camino histórico hacia la construcción del socialismo. Desde el punto de vista económico y social, fue burguesa en algunos aspectos y socialista en otros. Para gran parte de los pueblos que hoy componen la Unión Soviética, fue, además, una revolución nacional, porque les restituyo a las nacionalidades no rusas los derechos nacionales que le había usurpado o retaceado el zarismo.
De la realidad de América latina el profesor Gunder Frank parece conocer aún menos que de la historia de la revolución rusa. Tal es el acertijo de la tesis número 9, más difícil de descifrar que el premio del Prode, y en donde combina una novelesca revolución democrático burguesa concebida por Juan Manuel de Rosas y sólo perceptible en las pesadillas americanas del profesor Gunder Frank, con misteriosas referencias a Figueres, Gandhi, Aguirre, Cerda y otros políticos que no se sabe por qué razón son reunidos bajo una denominación común
Si dejamos de lado el “dilettantismo” histórico de Frank, la esencia de su posición reconoce un ilustre precursor argentino: Juan B. Justo, discípulo de los colonialistas belgas y holandeses y fundador del Partido Socialista.
Izquierda Nacional, Buenos Aires, noviembre de 1972.
Artículo siguiente: Informe político al Comité Nacional del FIP
Artículo anterior: Para comer carne hay que “faenar” a los ganaderos


