- Izquierda Popular
- Publicado el 01/10/1973
Qué siginifica la ola de macartismo*
Jorge Abelardo Ramos
El asesinato de Rucci y las declaraciones de Perón contra la infiltración marxista en el peronismo dominan el panorama político argentino después de las elecciones del 23 de septiembre. Ya hemos dicho que los únicos beneficiarios del crimen son los enemigos de la clase obrera y del pueblo, pues como siempre ha ocurrido, el terrorismo, sea cual sea su color ideológico, refuerza el aparato represivo del Estado y tiende a limitar las conquistas populares y sus derechos políticos. En cuanto al discurso de Perón contra los sectores o infiltrados que afirma existen en su propio movimiento, parece haber influido en su inesperado ataque al marxismo el hecho de que los 900.000 votos que obtuvo el FIP incluyen no sólo los amigos y militantes del FIP, así como grandes sectores de trabajadores y votantes de izquierda independiente, sino también numerosos obreros y jóvenes peronistas que a través del FIP han querido afirmar su voluntad revolucionaria, sin dejar de ser peronistas.
Este hecho no ha pasado inadvertido a Perón, aunque muchos burócratas y elementos de derecha del peronismo, en algunos casos de abiertas simpatías fascistas, no hayan advertido nada. Sólo han podido emitir guturalmente la estúpida opinión de que “la gente estuvo confundida”. El general Perón no desea que subsistan en el interior de su movimiento sectores que puedan identificarse como de “izquierda” o que postulen consignas tales como “la patria socialista”. Además, rehusa admitir que el concepto “socialismo nacional” tenga la circulación interna que alcanzó en el movimiento justicialista en los últimos tiempos. A este respecto, conviene dejar claramente establecido que la expresión “socialismo nacional” fue introducida en el peronismo por Perón mismo. Ahora la abandona, alarmado por el hecho de que grandes sectores obreros y juveniles del justicialismo pueden llegar a constituir una fuerza interna capaz de ejercer presión en el gobierno e impulsarlo a adoptar medidas que excedan los criterios adoptados por Perón para su futura gestión. Diríamos que Perón desea gobernar como en sus gobiernos anteriores, donde no había ni izquierda ni derecha visibles en el justicialismo y el Presidente de la República y Jefe del movimiento oscilaba entre una y otra posición. Según lo aconsejaran las circunstancias. Veinte años más tarde, sin embargo, la situación ha cambiado. Hay un desplazamiento hacia el peronismo de amplias capas de la pequeña burguesía universitaria y profesional que exige al peronismo una democratización real de la sociedad argentina y aspira a una apertura socialista. La nueva generación obrera que no conoció la prosperidad y sólo soportó la crisis, integra esa corriente profunda que quiere marchar hacia delante. Este es un fenómeno nuevo. Perón se resiste a admitirlo. La contradicción entre la juventud y los dirigentes sindicales parece haberse desplazado ahora hacia un antagonismo fundamental entre la juventud y el propio Perón. El líder justicialista exige hoy la supresión de las tendencias internas, en particular de las que pueden caracterizarse como de izquierda, puesto que el rasgo peculiar de las corrientes de derecha reside en que al apoyar el inmovilismo social y la reacción política no elevan tales aspiraciones al plano ideológico y declarativo, sino que usualmente aclaman la infalibilidad del jefe y exorcizan contra los espíritus malignos que lo amenazan.
Perón desea quedar en libertad de hacer una política de izquierda cuando lo juzgue necesario, pero sin izquierdistas en el movimiento justicialista. Supone que una gran corriente de izquierda en el peronismo podría consolidarse, echar alas y presionarlo si llegada la ocasión su líder otorgara más prerrogativas a la burguesía nacional, o negociar en algún momento con el imperialismo, o, en fin, enfrentará dificultades ahora imposibles de predecir. En otras palabras, Perón desea actuar en el gobierno con la flexibilidad y ausencia de control características de los regímenes bonapartistas, similar al estilo político que lo distinguió en el período 1945/1955. Esto fue posible en la época porque el país disfrutaba de la prosperidad de la posguerra. Perón llegó al gobierno en 1946 como resultado de una gran ola de riqueza acumulada. Por el contrario, hoy arriba por tercera vez al poder en condiciones de dificultades crecientes. Las clases que componen el movimiento peronista y aquellos sectores que en esta oportunidad lo han apoyado, carecen del gran elemento cohesionante del primer periodo. Por esa razón los antagonismos internos en el peronismo asumen formas tan brutales. De alguna manera, expresan la cólera reprimida de tales clases que desean regresar a la época de la prosperidad, unas por medio del socialismo y otras mediante un acuerdo con la oligarquía. Sólo la lucha del pueblo y la defensa de la legalidad popular conquistada el 23 de setiembre impulsará la resolución que el país reclama. Pero así como la aparición de corrientes de izquierda en el peronismo no son fruto de la decisión de nadie, sea de adentro o de afuera, tampoco la eliminación de tales corrientes será posible por simples resoluciones administrativas o ultimátums improrrogables.
Aparecido en “Izquierda Popular”, órgano del Frente de Izquierda Popular, Nº 24, 1ª quincena de octubre de 1973.
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