- Publicado el 20/07/1976
Por qué cayó el gobierno peronista
Jorge Abelardo Ramos
Texto aparecido circa de 1976-1978. A continuación un extracto del texto
Las fuerzas amadas han derribado el gobierno y ocupado el poder. En 1930, voltearon el gobierno popular de Yrigoyen; en 1943, al gobierno oligárquico de Castillo; en 1955 a Perón; en 1962 al gobierno de Frondizi, votado por los peronistas en forzada opción; y en 1966 a Illia, que había llegado a la presidencia por la proscripción del peronismo con el 20% de los votos.
Dejemos a un lado las veinte conspiraciones o cuarenta y más “planteos” en ese medio siglo de historia argentina. Semejante regularidad en los pronunciamientos militares indica claramente que la sociedad argentina está enferma, ¿Cuál es la naturaleza de su enfermedad? Simplemente que la Argentina está a mitad de camino entre el capitalismo avanzado tal cual se dio en Europa y Estados Unidos, y una estructura petrificada, puramente agraria, comercial y pastoril, típica de una semicolonia disfrazada con un barniz superficial de modernidad. La vieja oligarquía no deja avanzar hacia el capitalismo y la débil burguesía nacional es incapaz de eliminar a la oligarquía. El Ejército se ha hecho intérprete, según las circunstancias y el nivel político de la oficialidad, de uno u otro sector. Pero este dilema histórico-económico ha dado lugar a la aparición de dos grandes movimientos nacionales, el yrigoyenismo y el peronismo. Sus caudillos representaron la ambición legítima de las masas populares, del naciente proletariado, del pequeño empresariado, de los colonos y agricultores, de la clase media vinculada a la burocracia o a las economías provinciales, de crear un país autónomo, con un régimen capitalista próspero y una soberanía inatacable. Pero los grandes caudillos y las clases agrupadas alrededor de ellos fracasaron en ese empeño. Fueron infamados, después de vencidos, por un sistema rapaz integrado por los grandes ganaderos, bolsistas y zánganos, los exportadores, banqueros y capitalistas extranjeros, con una prensa venal a su servicio.
(continúa)
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