• Izquierda Popular
  • Publicado el 01/04/1972

No aceptaremos un nuevo Pavón*

Jorge Abelardo Ramos

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El caudillo de los pueblos federales del interior, Justo José de Urquiza, decepcionó a sus amigos en 1861 al renunciar a la victoria sobre Mitre, cuando se retiro “al tranco” de los campos de Pavón. Dejaba así en manos de los intereses de la oligarquía porteña la suerte de las provincias inermes. La declinación de su prestigio comenzó allí. ¿Espera al general Perón un destino semejante? No vamos a formular predicciones, pero alertamos a los trabajadores de que ningún acuerdo con este gobierno ni con las Fuerzas Armadas que lo sostienen contará con nuestro apoyo.

Hemos declarado que sostenemos el nombre de Perón para candidato a Presidente. Esa es nuestra posición y no desistiremos de ella ¿Se propone Perón sustituir la lucha por un acuerdo? La realidad dirá. Sólo recordamos que si su regreso se produce por vía del acuerdo con el gobierno militar, adquirirá un carácter abiertamente contrario al que distinguió el acuerdo del Ejército en 1945.

El 17 de Octubre

Cuando las masas salieron a la calle en ese año, Perón fue librado de su detención en Martín García. El desconcertado Ejército puso fin a sus disputas internas y convino en dirimirlas en los comicios del 24 de febrero de 1946. ¿Qué acuerdo se proponen hacer en cambio las Fuerzas Armadas de hoy? Buscan pactar con Perón una coincidencia que, basada en la exclusión “voluntaria” del caudillo justicialista a la candidatura a Presidente, decapite la dirección reconocida por el pueblo y desangre el potencial revolucionario del peronismo en aras de una “unión nacional”. Esta “unión nacional” dejará en pie el régimen oligárquico, la propiedad de las estancias, el dominio imperialista en la banca y la explotación de los trabajadores y de la Nación. A Perón se lo recompensaría con una gran “entrada en la Historia”. A los dirigentes peronistas más complacientes, se les otorgarían algunas gobernaciones, diputaciones, senadurías, embajadas y otras “mordidas” a fin de calmar sus impaciencias.

¿Para llegar a este resultado se ha luchado durante 17 años de proscripción? Sólo la muerte de Yrigoyen permitió a Alvear establecer su hegemonía sobre el radicalismo castrado. ¿Se “alvearizará” el peronismo en vida de Perón?

Con la lucha, canta el acuerdo

No faltan razones para la alarma. Hace pocos días la Junta de Comandantes enunciaba su predisposición a una coincidencia nacional con el peronismo y las restantes fuerzas políticas argentinas. El Almirante Coda, en nombre de la Armada, ha ido más lejos aún. Informó, antes de partir hacia Inglaterra, que la Junta estaría dispuesta a conversar con Perón; si éste así lo solicita. Desde otro ángulo, el general López Aufranc, insistió en que las techas establecidas y los comicios anunciados no serán modificados “por nada ni por nadie”. En fin, el general Lanusse, en su violento discurso de Posadas dirigido contra el general Perón, dejaba abierta la puerta para proseguir las negociaciones. Todo esto significa que existe al menos una posibilidad de que las masas populares sean negociadas al margen de su voluntad manifiesta. La candidatura a Presidente de Perón y el programa socialista que sostiene el Frente de Izquierda Popular, son las respuestas que formulamos a esas negociaciones.

Para que nuestros lectores tengan una idea de quienes suscribirían tal acuerdo, bastaría mencionar las palabras del general López Aufranc, nuevo Jefe del Estado Mayor del Ejército y futuro comandante en Jefe después del 25 de mayo de 1973, al despedirse de los oficiales de Córdoba: “La misión del Ejército es defender la soberanía nacional y mantener la propiedad privada”.

¡Han pasado los tiempos de San Martín, que liberaba negros para luchar por la Independencia! ¡Los esclavos de su época eran propiedad privada! López Aufranc se habría opuesto a semejante medida.
Por nuestra parte, rechazamos todo acuerdo con los nuevos godos, con los López Aufranc y colegas. Les desconocemos el derecho de dictar leyes y hacerlas cumplir con la fuerza de sus armas. Les desconocemos el derecho de promulgar pautas para el gobierno político del Estado. Aseguramos al pueblo y a los trabajadores que con nosotros, como partido político reconocido por la Justicia electoral, no habrá acuerdo, ni pactos, ni conciliación alguna que ponga en discusión la voluntad revolucionaria del pueblo ni el destino de los argentinos.

Bibliografía:

Izquierda Popular, 1972.

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