• 70 años del asesinato de León TrotskyFrente Obrero
  • Publicado el 01/09/1945

La revolución en Latinoamérica

Aurelio Narvaja

Las relaciones del imperialismo yanqui con los países de América Latina están entrando en una nueva fase. Prevalido de la preponderancia económica, política y militar que la guerra le dio, desalojó al imperialismo británico de muchas de sus posiciones tradicionales: aunque este último se apresta decididamente a luchar para recuperarlas, difícilmente lo logre. La mayor parte de las inversiones que le quedan (ferroviarias, tranviarias, etc.) están económicamente condenadas: a las otras (petrolíferas, mineras, frigoríficas, industriales, etc.) ha debido liquidarlas o hacerlas entrar de alguna manera bajo la influencia de los grandes grupos financieros de los Estados Unidos. Políticamente, se ha visto obligada a dejar la iniciativa en manos de los Estados Unidos, e incluso en la Argentina, su más tradicional y fuerte baluarte, no ha podido oponerse abiertamente a la política panamericanista de Wall Street.

La ruptura del equilibrio en favor de los Estados Unidos, en la tradicional puja entre estos e Inglaterra, plantea al proletariado de la América Latina un problema de enormes proyecciones. Su solución teórica está oscurecida por el terrorismo ideológico del imperialismo y de sus aliados nacionales, que obstaculizan el planteamiento de la cuestión en sus verdaderos términos. La naturaleza semicolonial o colonial (Puerto Rico) de América Latina, es decir, su condición de países atrasados, indica que en los mismos hay todavía que completar la revolución democrático-burguesa, que en la época del imperialismo y debido al desarrollo mundial de las relaciones capitalistas, se formula como una revolución de liberación nacional. Ahora bien, esta revolución implica dos tareas: la liquidación de la herencia feudal o revolución agraria y la independencia nacional. La lucha contra el imperialismo o por la independencia nacional se plantea diversamente según sea la condición política a que se haya sometido el país atrasado con relación a otros Estados: pero en lodos los casos tiende a la constitución de su Estado Nacional. En América Latina. dividida en veinte Estados, dieciocho de los cuales hablan la misma lengua, histórica y lógicamente la revolución democrático-burguesa plantea como su tarea fundamental la constitución de un gran Estado Nacional. Históricamente, porque la “balcanización” de las antiguas colonias de los países ibéricos fue provocada por las potencias capitalistas que, el la época de la emancipación de aquellas del yugo feudal español, escamotearon este aspecto de la revolución democrática, que ha quedado incumplido. Lógicamente, porque la lucha por la liberación nacional no sólo un Uruguay, Guatemala o Bolivia, sino en la Argentina, Brasil o Méjico, planteada dentro de los estrictos limites de sus Estados, es una frase vacía.

En la época moderna, distintos sectores de la burguesía nativa de América Latina manifiestan tendencias a ampliar la base nacional de sus Estados por medio de federaciones que estén en mejores condiciones para negociar con el imperialismo o resistir sus exageradas pretensiones. Así, la reciente tentativa de los presidentes de Honduras y Guatemala de reconstruir los Estados Unidos de Centro América, el movimiento tendiente a estructurar la gran Colombia (Venezuela, Ecuador y Rep. Colombiana), la de unificar el Bajo y el Alto Perú (Perú y Bolivia); la de crear la Federación Antillana, y la unión aduanera argentino-chilena, como base para su unificación política. En algunos casos se trata sólo de simples corrientes ideológicas, en otros de tentativas políticas más serias; pero en todos se choca con la abierta, tenaz y decidida oposición del imperialismo yanqui, que esta dispuesto a llegar hasta la guerra con tal de evitarla. A eso le llaman en Wall Street “defensa de la soberanía de las pequeñas naciones”. A pesar de su oposición, las fuerzas dominantes, en la parte austral del continente, incluso Brasil, han realizado serios esfuerzos para vincular estrechamente sus economías. Sin embargo, todos estos hechos tienen sólo una importancia sintomática, Las burguesías latinoamericanas son incapaces de llevar adelante ninguna tarea progresista. Las tareas burguesas incumplidas por estas en la actual época de decadencia del capitalismo, deben ser realizadas por el proletariado.

“En todo el mundo, —dijo Lenin— la época del triunfo definitivo del capitalismo sobre el feudalismo estuvo ligada a movimientos nacionales. Económicamente, estos movimientos se basan en que para que sea posible un triunfo completo de la producción mercantil, es preciso que la burguesía conquiste el mercado interior, es preciso que territorio con población de un sólo idioma adquiera cohesión estatal; quedando eliminados cuantos obstáculos se opongan al desarrollo de ese idioma y a su consolidación en la literatura. El idioma es el medio esencial de trato entre los hombres: la unidad de idioma y su libre desarrollo es una de las condiciones mas importantes de una circulación mercantil realmente libre y amplia, que responda al capitalismo actual, de una agrupación libre y amplia de la población en todas las diversas clases; es, por ultimo, lo que condiciona la estrecha relación del mercado con todo propietario o pequeño propietario, vendedor y comprador.”

En la época de ascenso del capitalismo, era a la burguesía de alguna de las zonas más desarrolladas a la que correspondía el papel dirigente en la revolución nacional. En la actual época de decadencia del capitalismo, la burguesía es incapaz de realizar estas tareas: su incapacidad deriva de las diferencias esenciales en cómo se plantea la revolución nacional el una época y en otra. En la etapa ascendente del capitalismo, la misma se planteaba (a través del absolutismo, por lo común) cuando una burguesía con desarrollo propio, necesitaba ampliar su mercado y establecer una sólida base para la competencia el exterior: mientras que en nuestra época la revolución nacional se plantea como consecuencia de la crisis general del capitalismo, que conmueve las bases de economía adaptadas totalmente al imperialismo.

En América Latina, el capitalismo europeo primero, y el americano después, hicieron entrar en su esfera de influencia las economías de las distintas regiones. En su proceso de expansión el capitalismo desintegró las economías primitivas, combinándose unas veces con sistemas atrasados de producción, mientras que en otras aniquilo a los indios y estableció directamente la forma capitalista. En algunos lugares utilizó las comunidades indígenas, en otros aprovecho los sistemas de explotación del indio de los españoles, y en el litoral argentino, Uruguay y sur del Brasil rechazó hacia el interior al indígena, transformó al gaucho en peón de estancia y colonizó con campesinos europeos casi toda la extensión de la pampa.

Las clases elevadas nativas se convirtieron en socias de los capitalistas extranjeros. Por su conocimiento del idioma y las costumbres, eran auxiliares indispensables para explotar a las masas, ya sea como terratenientes o como comerciantes que intermediaban entre la importación y la exportación. Al respecto dice Trotsky: “Esta burguesía de los países retrasados, desde sus dientes de leche, crece como una agencia del capital extranjero y a pesar de su odio hacia este, siempre se encuentra, y en toda situación decisiva siempre se encontrará, en el mismo campo con él”.

La economía de todos los países latinoamericanos reposaba sobre la explotación de uno o dos productos principales con los que obtenían las divisas para pagar las importaciones y los dividendos e intereses del capital extranjero invertido. Así, los cereales y las carnes eran la base de la economía de Argentina y Uruguay, el café de la del Brasil, el nitrato y cobre en Chile, cacao en Ecuador, petróleo en Venezuela, café y bananas en Colombia y Centroamérica, azúcar en Cuba, estaño en Bolivia, etc. La crisis general del capitalismo mundial al impulsarlo a una competencia desenfrenada, le obliga a reducir los costos y a buscar nuevas zonas en donde no deba compartir la ganancia con las burguesías nativas y en donde la mano de obra resulte mas barata. Además, la contracción del consumo (paralizado transitoriamente por la guerra) que acompaña a la crisis económica, rebaja los precios por debajo de los costos de producción. La falta de divisas extranjeras actúa como un estímulo a la industrialización, que se realiza por medio de la importación de capitales de las potencias imperialistas y por el surgimiento de una joven burguesía nativa, competidora del extranjero. Los limites de esta industrialización, ante la falta de mercado, son tan precarios que, apenas nacida, la joven burguesía se ve enfrentada ante problemas que ni remotamente puede en resolver.

Sus fuerzas son tan desproporcionadas en relación a las del imperialismo, que no puede aspirar a dar una solución militar al problema de la creación de un gran Estado nacional que amplíe los límites de su mercado interno, tal como, en 1870, Bismarck solucionó el problema de la unificación alemana. Tampoco puede pretender solucionarlo por medios revolucionarios, armando ideológica y materialmente al pueblo, porque en el seno de la economía atrasada se ha desarrollado ya el capitalismo lo suficientemente y un agudo antagonismo con el proletariado le hacen temer fundamentalmente que este aproveche el movimiento para sus propios fines de clase.

El rol dirigente del proletariado en las revoluciones nacionales de los países atrasados, en la época actual, deriva del hecho de que la misma se plantea como una consecuencia de la agonía del capitalismo y debe, en consecuencia, ser realizada por la clase que mundialmente puede poner fin a esa agonía. Planteándose el problema nacional como un simple aspecto de la crisis general del capitalismo, las revoluciones nacionales sólo serán una etapa de la revolución proletaria internacional. El estado nacional latinoamericano sólo logrará su constitución como tal como un eslabón del proceso revolucionario que borrará las fronteras nacionales. La revolución permanente en los países atrasados en que el proletariado, como caudillo de la nación entera, toma el poder para realizar las tareas democrático-burguesas incumplidas y dar los primeros pasos hacia el socialismo, es también permanente en el plano internacional, porque su éxito está ligado al triunfo del proletariado de los países imperialistas. El autor citado escribía en 1933: “La América del Sud y Central sólo podrán liberarse del atraso y de la servidumbre por la unión de todos los Estados en una poderosa federación”. Esta grandiosa tarea histórica está destinada a ser realizada no por la atrasada burguesía latinoamericana, agencia totalmente prostituida del imperialismo extranjero, sino por el joven proletariado latinoamericano, líder del destino de las masas oprimidas. En consecuencia, la consigna de la lucha contra la violencia y las intrigas del capitalismo mundial y contra el trabajo ensangrentado de las camarillas indígenas de “compradores”, es los Estados Unidos de Centro y Sud América.

Aunque las tareas de la clase obrera de Estados Unidos y de América Latina sean distintas, están coordinadas por el carácter permanente en el plano internacional de nuestra revolución y el destino del uno esta ligado indisolublemente al otro.

La naturaleza semicolonial de nuestros países hace que los errores oportunistas en los mismos tengan un doble carácter, según reflejen la presión del imperialismo y del sector burgués a el ligado, o de la joven burguesía nativa competidora de los países imperialistas. En el primer caso subestima las tareas democrático-burguesas y con su posición aparentemente mas “izquierdista”, más “socialista”, le hace el juego al imperialismo. En el segundo caso, infiere de las tareas democrático-burguesas que restan por realizar la existencia de una burguesía progresista y coquetea con partidos y movimientos seudo antiimperialistas haciéndole el juego a la burguesía que, al final de cuentas, termina siempre aliándose con el imperialismo en contra de las masas populares.

En los últimos años, la formidable presión imperialista ha impedido la comprensión de la parte de nuestro programa que específicamente trata de las tareas nacionales. La parte que trata lo que se refiere a la lucha general del proletariado contra la burguesía es, mas o menos, asimilada. De la otra, ni una palabra. Leen y releen, sin que se les pegue nada. Por ello transcribiremos en este primer número de Frente Obrero, y en este primer artículo en que tratamos de la naturaleza de la revolución en América Latina, algunos trozos de un documento en 1938: “Los países coloniales y semicoloniales son, por su misma naturaleza, países atrasados. Pero estos países atrasados viven en las condiciones de la dominación mundial del imperialismo. Es por esto que su desarrollo tiene un carácter combinado: reúnen al mismo tiempo las formas económicas mas primitivas y la última palabra de la técnica y de la civilización capitalista. Esto es lo que determina la política del proletariado de los países atrasados: está obligado a combinar la lucha por las tareas más elementales de la independencia nacional y la democracia burguesa con la lucha socialista contra el imperialismo mundial. Las reivindicaciones democráticas las reivindicaciones transitorias y las tareas de la revolución socialista no están separadas en la lucha por etapas históricas, sino que surgen inmediatamente las unas de las otras.

“Los problemas centrales de los países coloniales y semicoloniales son: la revolución agraria, es decir, la liquidación de la herencia feudal y la independencia nacional, o sea, el sacudimiento del yugo imperialista. Estas dos tareas están ligadas estrechamente la una con la otra.

”El peso específico de las diversas reivindicaciones democráticas y transitorias en la lucha del proletariado, su ligazón recíproca, su orden de sucesión, están determinados por las particularidades y condiciones propias de cada país atrasado, en una parte considerable, por su propio grado de atraso.”

El carácter de nuestra revolución impone una estrecha ligazón entre los movimientos obreros y sus partidos dirigentes de América Latina. Solo así podrá formularse un programa completo de acción. Por el momento, a los efectos de contrarrestar la venenosa propaganda del imperialismo yanqui que intenta utilizar en su provecho los prejuicios y odios nacionales (mejor seria decir: provinciales) contraponiendo a los distintos pueblos, es necesario agitar la consigna de Asamblea Constituyente de la federación latinoamericana.

EI desarrollo de la revolución proletaria europea arrojara a la burguesía latinoamericana en brazos del imperialismo yanqui. que se presenta ya como el defensor de la civilización capitalista y del “modo de vivir americano”, contrapuesto a la “barbarie” socialista y “totalitaria” europea. Las aspiraciones nacionalistas de la burguesía latinoamericana serán archivadas y el único “nacionalismo” que quedara en pie será no el que dice querer la recuperación de la economía, sino el que se aprovecha de los mitos nacionales para destrozar las organizaciones obreras y consolidar la explotación del imperialismo y de sus socios menores.

El proletariado latinoamericano no puede elegir. Enfrentado ante las grandiosas tareas históricas de su revolución puede, mediante una acertada utilización de las consignas democráticas (nos referimos a las que surgen de las tareas democrático-burguesas, es decir, nacionales, y no a las derivadas de la lucha por las libertades democráticas comunes al proletariado de todos los países) arrastrar las masas explotadas de la ciudad y del campo y dar un impulso formidable su propio movimiento. En esa forma ayudará a su aliado natural, el proletariado de los Estados Unidos, pues quitará a Wall Street una de sus principales fuentes de superbeneficios —que le permite corromper la aristocracia obrera—, le creará dificultades de toda índole y paralizara sus abiertos designios de transformarse en campeón de la estabilización capitalista y en baluarte de la contrarrevolución mundial. Si el proletariado, bajo la influencia de los líderes pequeñoburgueses —que se dicen “revolucionarios”, aunque son servidores ideológicos del imperialismo y de la burguesía, en realidad—, descuida las tareas democráticas, facilitara la labor de la burguesía que, disfrazada de antiimperialista, acaudillara a las masas explotadas no proletarias y utilizará sus fuerzas para destrozar el movimiento obrero, al que presentará como enemigo de la Revolución Nacional, para luego traicionar a ésta y remachar las cadenas de la explotación imperialista.

Bibliografía:

Tomade de Frente Obrero, N° 1 (2° época), septiembre de 1945. Buenos Aires.

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