- Lucha Obrera
- Publicado el 02/10/1968
La Izquierda Nacional ante la muerte de John William Cooke
John William Cooke acaba de morir. Se extingue así la vida de un luchador con quien hemos disentido muchas veces, pero frente al cual no cabía sino el respeto personal y político, cosa bastante rara en nuestro medio. La razón es simple. Cooke comenzó su vida política muy joven, cuando la revolución de junio de 1943 y los acontecimientos del 45 habían dividido profundamente al país. Elegido diputado nacional en 1946, designado luego profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la UBA, el “cursus honores” de Cooke auguraba una brillante carrera política dentro del peronismo. Formaba parte, realmente, del elenco dirigente de un partido en el poder. ¿Qué más podía pedir el joven político según las normas que dicta a una ambición legítima la sociedad burguesa? Concluido su mandato legislativo, Cooke fundó la revista semanal De Frente. Esta publicación se convirtió en la mejor revista de su género que probablemente se haya publicado en el país en los últimos 20 años. Cooke le infundió una vitalidad, una amplitud y un nacionalismo democrático realmente poco usual. Basta echar una mirada a las revistas “de noticias” de hoy, con su repugnante adulonería hacia los poderes constituidos del imperialismo, para apreciar en su valor lo que significó De Frente.
Cuando algunos de los hombres que hoy integran la Izquierda Nacional lanzaron en 1954 la iniciativa de realizar un homenaje nacional a Manuel Ugarte, con motivo de la llegada de sus restos a la Argentina, Cooke integró la Comisión de homenaje y brindó las oficinas de De Frente como sede de dicha Comisión. Del mismo modo pronunció un discurso en el Salón Augusteo, en el Funeral Cívico.
La parálisis interna del peronismo y la actitud conspirativa de le oposición cipaya en 1953-54 inspiraron a Perón la necesidad de remodelar el aparato dirigente de su movimiento. Así, fue designado Presidente del Peronismo Alejandor Leloir, y Cooke interventor en ese movimiento en la Capital Federal. Su contraofensiva política sobre la cuestión del petróleo, junto a Bustos Fierro, Rumbo y otros, demostró las reservas de energía intelectual que yacían bajo la losa de la burocracia peronista, en tanto movimiento nacionalista burgués.
Cooke aplastó literalmente, junto a los nombrados, a la banda de “antiimperialistas del petróleo”, los Silenzi de Stagni y compañía, que medraban en la época con su apolillada ciencia del trépano. Con la caída del régimen peronista, Cooke no se refugió en la vida privada, sino que demostró en la acción su coraje personal y político. Enviado a Ushuaia, al siniestro penal que Perón había clausurado y que la Revolución Libertadora reabrió para uso del peronismo, se fugó espectacularmente y llegó a Chile con un grupo de compañeros.
Desde 1955 la vida de Cooke fue un constante deambular por América Latina y Europa. Intervino en las negociaciones que condujeron al pacto de Perón con Frondizi, aunque muy pronto hizo conocer su decepción por los resultados de dicho acuerdo. Bajo el gobierno de Frondizi influyó en la conducción de la huelga del Frigorífico “Lisandro de la torre”, contribuyó a organizar la frustrada guerrilla de los Uturuncos y finalmente viajó a Cuba socialista, donde permaneció un largo período. Volvió de la Isla persuadido de que el pensamiento marxista era el único que podía guiar a la revolución argentina y latinoamericana en esta época. Aquel joven parlamentario agobiado de éxitos y honores había quedado muy atrás. Su entereza para superar teóricamente la formación intelectual de toda su vida no fue menor que aquella que guió desde ese momento sus pasos en la lucha revolucionaria.
Cooke se consideraba un peronista revolucionario y no juzgaba incompatible esa bandera con sus opiniones marxistas. Creemos que no es el momento para discutir ese punto, ni para debatir nuestras divergencias en cuanto a la aplicabilidad universal y genérica de la táctica guerrillera en que Cooke creía, sino para subrayar el valor integral del hombre que fue, del amigo que perdimos y del combatiente argentino y latinoamericano que abrazó el camino de la revolución desdeñando a los prudentes filisteos.
Artículo siguiente: Sobre la revolución peruana y su repercusión en el Ejército Argentino
Artículo anterior: Las desventuras de un izquierdista sin rumbo


