- Izquierda Nacional
- Publicado el 01/11/1972
Informe político al Comité Nacional del FIP
Jorge Abelardo Ramos
Publicamos un resumen de la exposición formulada por el compañero Jorge Abelardo Ramos ante los miembros titulares del Comité Nacional del Frente de Izquierda Popular, con motivo de su primer Plenario, realizado en Buenos Aires el sábado 29 de julio. [N.E. IN, 1972]
La democracia no se funda en el acuerdo, sino en la contradicción. Esta contradicción expresa los sectores y clases de toda sociedad. La sociedad argentina no es una excepción a esta regla. Pues además de constituir una sociedad de clases, se trata al mismo tiempo de una sociedad semicolonial. Posee antagonismos internos que enfrentan a las clases y también como país padece de antagonismos con las potencias imperialistas que pretenden subyugarlo. La democracia burguesa clásica en épocas “normales” traduce los antagonismos internos por medio de las elecciones, que consisten en una lucha pacífica. Todas las oligarquías, desde los tiempos de los acuerdos de Mitre y Roca, pretendieron suprimir los enfrentamientos electorales mediante “acuerdos” entre los “notables” de los partidos, a fin de sofocar la libre expresión de los intereses populares. Esto mismo pretende Lanusse actualmente.
En épocas críticas, los antagonismos de una sociedad se resuelven mediante revoluciones o contrarrevoluciones. Vivimos en el presente una contrarrevolución, iniciada en 1955. Esta contrarrevolución asume hoy formas nuevas, pero su contenido es invariable y todos los argentinos lo conocen.
Ya el Frente de Izquierda Popular ha explicado los orígenes y las consecuencias de la “revolución argentina”. Pero de todos modos recordaremos que la crisis económica y social (que si bien obedece a causas históricas vinculadas con la sustitución del Imperio inglés por el Imperio Yanqui en el Plata, fue acelerada por la insensata política oligárquica de las FF. AA.) levantó a pueblos y provincias contra el régimen militar y lo obligó a sacrificar a sus dos primeros presidentes. Estos grandes triunfos populares conmovieron a la cúspide del poder, sin lograr derribarla y erigir otro poder nuevo. Los viejos partidos, que no habían participado en los amotinamientos del Cordobazo y demás expresiones del furor popular, aprovecharon el desconcierto de los generales y constituyeron la “Hora del Pueblo” para indicar al Ejército que se imponía llamar a elecciones. La “Hora del Pueblo”, cuya sede es la residencia de un estanciero llamado Rawson Paz, encontraba su fuerza política en que había logrado reunir alrededor de una mesa amigable al radicalismo y al peronismo, los dos antiguos adversarios. Sus documeritos políticos y económicos reflejaron ese compromiso y una común impotencia.
El tercer presidente de los generales se hizo intérprete del peligro que envolvía para las FF.AA. la continuación de los levantamientos provinciales. Así nació la convicción de Lanusse de que era imperioso “institucionalizar” la República, negociar con Perón y garantizar un buen trato a las FF. AA. después de retirarse a los cuarteles. El CAN prometía elecciones limpias sin proscripciones, pues Lanusse aspiraba a convencer a Perón de que renunciara voluntariamente a su candidatura en aras de la “pacificación nacional”. Le prometía una estatua y la vindicación en vida. Las negociaciones se extendieron a lo largo de un año y medio y concluyeron con la meditada provocación de Perón al declarar a un periodista italiano que Lanusse le había enviado al coronel Cornicelli para hacerle promesas y que, en definitiva, él era candidato a la Presidencia de la Argentina. ¿Qué había ocurrido? Perón había advertido claramente las graves fisuras que amenazan al peronismo, después de 17 años de proscripción. No podía ignorar que su política de unificar al partido justicialista, incluyendo en sus filas a los neoperonistas del tipo de Sapag y de unificar a la CGT y a las 62 otorgando el mando a sujetos como Rucci o Coria, habían fracasado por completo. Tampoco podía ignorar que la pobre concurrencia a los actos públicos del peronismo, pese a los bombos y amenazas de algunos pequeños burgueses de origen fascista o izquierdista recientemente convertidos al peronismo, indicaba un repliegue profundo de las grandes masas populares, decepcionadas o indiferentes después de más de tres lustros de derrotas.
En tales condiciones y aunque Perón sabía muy bien que mientras permaneciesen en sus cargos los actuales coroneles y generales él no podría ser candidato a la Presidencia y que en consecuencia un acuerdo con Lauusse le permitirla seguir jugando un importante papel en la vida política nacional, no podía aceptar tal acuerdo. ¿Por que causa? Porque en ese caso la precaria unidad que sólo su autoridad mantiene en el peronismo estallaría en mil pedazos. Al llegar a ese punto, Perón rompió las negociaciones. Desairado y puesto al descubierto ante las FF.AA., Lanusse publicó la versión grabada de las conversaciones con Cornicelli, a fin de demostrar ante los oficiales que su enviado no se había comprometido para nada con el exilado de Madrid. No obstante, en las FF.AA. fue conocido el hecho de que el tratamiento otorgado por Cornicelli a Perón fue el de “General”. Este hecho insignificante cobró una desmesurada importancia como revelador ante el Ejército de que Lanusse había ido demasiado lejos y que, en definitiva, no era posible tratar con Perón.
Esta situación desencadenó la crisis militar que tuvo estado público en el discurso de Lanusse del 7 de julio. En su exposición el Presidente protocolizo la muerte del GAN y fijó fecha para el retorno de Perón al país, así como enunció su autoexclusión como posible candidato.
La respuesta de Perón para rechazar la imposición de una fecha determinada se fundó en razones de seguridad y de estrategia, tema que fue recogido por Lanusse en su último discurso en el Colegio Militar para acusar a Perón de cobardía y para recapitular sus opiniones sobre el actual momento político. ¡Curiosa acusación en labios de un comandante protegido en su arrogancia por tres armas que lo apoyan y dirigida contra un anciano solitario y emigrado!
En este caso pierde toda fuerza el argumento sobre el respectivo valor de ambos generales. Pues en realidad se trata de algo mucho más importante que los factores personales. O, en todo caso, se trata de analizar qué factores sociales actúan detrás de las personalidades visibles.
La crisis actual obedece al antagonismo de los intereses que se oponen en nuestro país desde hace largos años. De un lado está el pueblo, o sea sus clases medias urbanas, sus sectores rurales, los profesionales, los empleados públicos o privados, los estudiantes, los docentes, el pequeño comercio y pequeña y mediana industria, más la clase obrera industrial. Del otro están los enemigos de siempre: la oligarquía terrateniente y parásita que nuestra sus toros en La Rural; el gran comercio mayorista, el capital importador y exportador, la banca y las finanzas vinculadas al exterior, la gran industria de capital extranjero, la gran empresa y los medios de difusión, las FF. AA. y los sectores políticos vinculados a ese complejo de intereses.
Tal enfrentamiento posee contornos históricos y reaparece cíclicamente en nuestro país, al no poder resolver los sucesivos movimientos nacionales (yrigoyenismo, peronismo) las condiciones básicas para la eliminación revolucionaria.
El general Lanusse ignora este enfrentamiento y se propone suprimirlo mediante un acuerdo preliminar a las elecciones. Excluye por una norma escrita por los tres comandantes a Perón de su posibilidad legal de ser candidato. ¿El antagonismo es entre Lanusse y Perón? ¿Son enemigos personales? ¿Por qué razón las FF.AA. son enemigas personales de Perón, lo mismo que varios partidos políticos, instituciones, entidades representativas y tantos otros sectores imponentes? Es que no hay nada personal en la cuestión, ni para ellos para nosotros.
Un hombre es bueno o malo, en las luchas políticas, según sean buenas o malas las ideas e intereses que defienden. El FIP sostiene la candidatura de Perón no porque todos sus miembros sean peronistas, sino porque ese nombre representa en este momento la soberanía popular.
En el discurso de Lanusse se resume el odio social de las fuerzas más antipopulares de la vieja Argentina contra quien levantó un día la bandera de las masas. La lista de los enemigos de Perón permite indicar de qué lado es preciso situarse en la batalla. Pero esto no quiere decir que el Frente de Izquierda Popular se situará allí donde Perón, el peronismo o el Frente Cívico de Liberación Nacional decidan hacerlo. Precisamente porque nos hemos constituido fundados en la convicción de que sólo el nombre de Perón es prenda de confianza en la tradición popular y de que solo el programa socialista indica la respuesta para la crisis hoy, es que nuestra táctica ante el gobierno militar debe ser elaborada de acuerdo a nuestro propio criterio, inspirada en los intereses supremos del pueblo argentino y de su clase obrera.
La política del FIP ante el acuerdo debe ser la que se desprende de nuestro programa.
En el discurso de San Nicolás, algunos de cuyos puntos sobreviven en la exposición presidencial del 7 de julio y en el exabrupto del Colegio Militar, se dice claramente (y lo reiteró Mor Roig en su último discurso por TV) que no será posible una solución política si no hay un acuerdo mínimo, cuyos términos no definen ni Mor Roig ni Lanusse, entre los partidos políticos y las Fuerzas Armadas.
No se han dado a conocer los términos del acuerdo; pero creo que debemos convenir (cualquiera sea la actividad que en definitiva adoptemos frente a la invitación) en que el FIP no va a hacer ningún acuerdo con este gobierno, vinculado a las modalidades del proceso electoral o a la solución que haya de darse a los problemas nacionales.
Es preferible y estamos dispuestos a perder la personería electoral y enfrentarnos a los hambreadores, usurpadores y torturadores que están en el gobierno, antes que pactar con ellos. Denunciaremos con todas nuestras fuerzas, masiva y permanentemente, las monstruosidades de todo orden a costa del nivel de vida y la economía nacional; denunciaremos el cinismo de los más altos funcionarios de este gobierno, en el momento de hacerse cargo de sus funciones o de abandonarlas. El cinismo revelado ayer por Bermúdez Emparanza, al asumir la dirección del Banco Central, por ejemplo. Yo lo habíamos denunciado cuando, siendo presidente del Banco Nación, otorgó 2.000 millones de pesos a Bunge y Born para que adquiriese el algodón de los productores, en lugar de prestarles esa suma a los productores para que pudiesen resistir la presión monopolista compradora de Bunge y Born.
Este señor, ministro y gobernador bajo Frandizi y Guido, declaró ayer al hacerse cargo de su puesto, que se sentía honrado al participar en una ceremonia que se realizaba en el salón “Ernesto Bosch”, en recuerdo del primer presidente del Banco Central, fundado por inspiración da un “ilustre argentino”: Federico Pinedo.
Sin duda, la política del Frente ante el acuerdo no puede ser igual que la que están desenvolviendo al respecto tanto la Hora del Pueblo como el Frente Cívico.
Se dice en los diarios que Cámpora hace 10 o 15 días que no logra comunicarse telefónicamente con Perón y que por eso viajará ahora a Madrid. También se dice que esta incomunicación determina una ambigüedad de Cámpora, ya sea que se dirija a la Hora del Pueblo o al Frente Cívico.
La Hora del Pueblo es el justicialismo más el radicalismo. El Frente Cívico, el justicialismo más el frondizismo. Los otros componentes son inesenciales.
La tentativa de Perón consistió en meter en una bolsa a todos sus antiguos enemigos para poder desarrollar del mejor modo sus conversaciones con el gobierno. No resultó, pues el radicalismo (partido esencialmente electoralista) no tiene otro objetivo que las urnas, y está dispuesto a imponer cualquier “sacrificio” a los demás con tal de llegar sea como sea a los comicios, si es posible, libres, y si no, condicionados.
Una de las posibilidades barajadas por Perón, con la que amenazaba al gobierno, era que la Hora del Pueblo se convirtiese en un frente electoral, o sea, que el peronismo llegase a votar por los radicales. En tal caso el gobierno se habría visto aislado, un poco como Levingston cuando se constituyó la Hora del Pueblo.
Pero a los radicales no les hace la menor gracia un hipotético apoyo del peronismo. Sería como el abrazo de un oso: los haría estallar. La situación del radicalismo es crítica, porque a sus antiguas fisuras internas ahora se añaden las ocasionadas por la tremenda crisis del país y su proyección sobre las clases medias.
El radicalismo pugna por llegar a las elecciones; admitirá sin mayor cargo de conciencia la proscripción de Perón, y procurará ganar si Perón, por su parte, decide apoyar a un candidato del Frente Cívico, contando con que ese apoyo produciría gravísimos trastornos dentro del peronismo, cuyos sectores más populares y revolucionarios se rebelarían contra el candidato “frentista”.
Los radicales especulan con ganar esas elecciones condicionadas gracias al descontento que podría generarse dentro del peronismo, y están dispuestos a suscribir con el gobierno militar un “Actas de Garantías”.
¿Cuáles son los términos de esa “Acta de Garantías”? No es probable que, si nosotros concurrimos a la entrevista con la Comisión del Plan Político, nos van a comunicar a nosotros, al FIP, los términos de esa acta. Seguramente sólo les serán planteados al Peronismo y al Radicalismo. Si nos confiasen a nosotros el contenido del Acta, nos faltaría tiempo para salir corriendo de a Casa de Gobierno a la imprenta para denunciarla públicamente.
Pero tampoco es difícil imaginar los términos probables. Algo trascendió en una versión publicada por El Cronista Comercial acerca de compromisos taxativos de los partidos en el sentido de no eliminar la pena de muerte, mantener la Cámara Federal, renunciar a amnistías, etc.
Sea lo que fuere, hay sin duda un “Acta de Garantías” elaborada por el gobierno, pues aluden a ella públicamente tanto Lanusse como Mor Roig.
Muy posiblemente, el aca también incluya cláusulas económicas. Bermúdez Emparanza y Licciardo hablaron ayer contra la inflación. En nuestro país, único en el mundo donde la tasa de mortalidad infantil sube en lugar de bajar, sometidos como estamos a un creciente y aterrador subconsumo, quien hable de los “peligros de la inflación” enuncia su voluntad de mantener la decadencia no sólo económica, sino biológica del pueblo argentino. El nombramiento de Bermúdez Emparanza no introduce ningún cambio; es un índice claro de que dejarán las cosas como estaban, sin ensayar siquiera un tibio programa reformista; que la crisis seguirá agravándose; y que el “Acta de Garantías” también incluirá cláusulas económicas.
En caso de que el FIP fuese invitado por la Comisión Política del Ministerio del Interior (que incluye a tres jefes militares, uno por arma, con jerarquía de general de división), dejando para la ulterior discusión si concurrimos o no; pero si resolviésemos concurrir, estimo necesario reducir las 60 medidas programáticas del Frente a 8 ó 9 medidas fundamentales e inmediatas, que conformarían un programa revolucionario de salvación nacional.
Si concurriésemos sería para difundir lo que pensamos no sólo adentro sino, principalmente, ante los 25 millones de compatriotas. Pero “acuerdo”, de ninguna manera. No sólo rechazamos nosotros todo “acuerdo”, sino que denunciaremos a quienes acepten suscribirlo.
Todos los grandes movimientos de nuestra historia se han hecho contra el “acuerdo”. No aceptamos más acuerdos que el que unifique a las masas populares y brote de su seno como expresión de su voluntad, de su fuerza y de su soberanía. Rechazamos de plano, en cambio, el “acuerdo” urdido para impedir que las masas resuelvan y voten libremente. Los “acuerdistas” morirán políticamente. Ya Yrigoyen marcó a fuego aplastó el “contubernio”, y no hubo “acuerdo” para que Perón ganase en 1946. Este triunfo se logró porque millones de argentinos en las calles recompusieron el 17 de octubre de 1945 la relación interna del Ejército a favor del ala nacional, y no porque tres personas “produjeran” el hecho como pretende Lanusse en su discurso, seguramente obsesionado por la “tríada” de comandantes en jefe que dio origen a su gobierno.
Nosotros, en el desenvolvimiento de nuestra acción política, vamos a mantener inquebrantablemente la candidatura de Perón. El FIP se ha constituido en torno a esa candidatura y al programa socialista revolucionario. Contra lo que Lanusse y los gorilas imaginan, esa candidatura aún no está excluida. Por el contrario, de desenvolverse en los próximos meses el movimiento popular revolucionario con las masas en la calle, esa candidatura adquirirá carácter irreversible aún dentro del Ejército. De otro modo, Perón no será elegido; ni él, ni ningún otro candidato auténticamente representativo de la voluntad popular.
Porque también puede ocurrir que ese Frente Cívico, creado con posibles fines electorales, funcionase como reserva en la hipótesis de una exclusión de Perón. Merecerá discutirse en su momento que si Perón aceptase su exclusión el FIP debería reclamar al Justicialismo que designase un candidato peronista a la presidencia, apoyado por Perón. Si esto no ocurriese, recién entonces llegaría el momento de replantear la situación, según fuese el candidato que el propio Frente Cívico levantase.
El cuadro general, en este momento, parece bastante nítido en cuanto a la disposición de las fuerzas militares. Conforme Lanusse se gorilizó con loable ímpetu, fueron cesando todas las versiones y murmuraciones militares en su contra, para dar paso a una impresión de unanimidad en las tres Fuerzas. Nunca la opinión que merece el Ejército ha sido más baja. Si hay Patriotas, demócratas, nacionalistas en él, lo disimulan muy bien. El Ejército es básicamente antiperonista y, por lo tanto, antidemocrático y antinacional. Esto no quiere decir que seguirá siéndolo. Pero nuestro juicio se funda en los hechos que el Ejército produce, y lo proclamaremos desde todas las tribunas: este es el Ejército de Rondeau y de Mitre; no el de San Martín. El juez de instrucción elegido por Lanusse para interrogar a Levingston en San Luis, entre las decenas de generales retirados o en actividad posibles, es nada menos que Aguilar Benítez, ex director de Fabricaciones Militares, a quien acusáramos de gestor de la United Steel.
En tales condiciones es muy posible, y así se infiere de los discursos, que todo el proceso electoral penda de un hilo. Uno de los factores decisivos para que ese proceso camine hacia el 25 de marzo es la actitud del radicalismo y cómo cuajen las esperanzas de Lanusse respecto a los neoperonistas, las dos federaciones provinciales, la Unión Popular. Acaba de salir, a presión, la personería nacional del Partido Laborista. Y no debe descartarse la posibilidad de desprendimientos sindicales hacia el oficialismo, del género Coria.
A este respecto merece señalarse que ayer, al homenaje a Evita en el club Nueva Chicago, convocado por la Juventud Peronista y el Partido Justicialista, no adhirieron ni la CGT ni las 62, quieren a Evita, pero más quieren a la cuenta corriente. También, que entre los pocos elogiados por Lanusse en su discurso, están la CGT y los dirigentes sindicales.
En el mismo discurso en que humilla, veja, calumnia, pisotea a la persona de Perón, sin respetar siquiera su vida privada, elogia a los dirigentes sindicales y a su “brillante” actuación en la OIT. Pero, les advierte: si hacen política, irán a Villa Devoto. Exige la sumisión de los gangsters que ocupan los principales puestos directivos de la CGT y las direcciones sindicales nacionales, sobre la base de los miles de millones de pesos defraudados, según los registros contables realizados. Debe decirse claramente: Perón ha perdido la CGT. A la primera declaración que ésta hiciera, no sólo sería intervenida; sus dirigentes irían a la justicia criminal, pues no se puede tener Torinos, casas, empresas y gangsters a sueldo, sin defraudar.
Pero eso no es difícil, sino bastante probable, que elementos del género Coria, cuando las fuerzas políticas se desplieguen plenamente, produzcan fraccionamientos en ayuda de determinadas candidaturas oficiales.
La capacidad de presión que tiene en sus manos el Ejército es muy grande. Aún cuando las arcas sindicales fuesen objeto de maravillas contables para esconder los desfalcos, la burocracia depende estrictamente del gobierno, pues bastaría un fiscal o veedor supervisando los comicios canónicos en los gremios, para que Miguel y compañía desaparezcan inmediatamente. Hay una generalizada dictadura burocrática que vicia todos los comicios. Por lo tanto, ellos dependen enteramente del gobierno central.
Para terminar este breve informe, correspondería añadir que la política del FIP debe guiarse por los hechos y no por las intencioneds. Hemos marcado la ruta inmodificable en sus presupuestos fundamentales. No es presupuesto fundamental el concurrir o no a la invitación de estos señores. Sí lo es el programa, el candidato simbólico, la total independencia táctica respecto al Frente Cívico.
Conversamos hace unos días con Cámpora, quien nos preguntó insistentemente por qué no ingresábamos al Frente Cívico, ya que Perón tenía particular interés. Le dijimos: “Sin ofender a nadie ni remover viejas historias, pero en un plano de conversación informal, hay que señalar que en el Frente Cívico está el justicialismo rodeado por sus enemigos de 1945 y 1955. El pueblo vé cómo los antiguos enemigos de Perón y usufructuarios de su proscripción, ahora lo reconocen, admiten sus propios errores, lo inciensan. Pero nosotros somos un movimiento básicamente de jóvenes, cuya respuesta es socialista, nacional y popular. Cómo vamos a sumarnos a esa Arca de Noé. El pueblo supondría, al vernos allí, que también nosotros somos viejos traidores regenerados. Los pocos que somos veteranos, no estuvimos ni en 1945 ni en 1955 con los gorilas. Entrar sería inducir a error sobre lo que somos y queremos”.
Por eso, desde afuera, sostendríamos al Frente Cívico si éste levantase la candidatura de Perón. Pero en los bandazos de los próximos meses de la agitada política nacional, mantendremos nuestra total independencia táctica.
La libertad táctica es esencial. Se preparan grandes reagrupamientos por abajo, y habrá grandes sorpresas. En períodos reaccionarios, los jóvenes siguen a sus padres, como la juventud estudiantil en 1945. En períodos revolucionarios, los padres siguen a sus hijos. Por eso es de enorme importancia política que el FIP conserve su libertad de maniobra frente a las restantes fuerzas.
Ciertos órganos de prensa, y ahora un articulista ultracipayo de La Nueva Provincia (Bahía Blanca), el señor Osiris Troiani, nos atribuyen tentativas secretas de unidad. El FIP está dispuesto a un acuerdo con cualquiera, a condición de que se acepten los presupuestos básicos del FIP: candidatura de Perón, programa socialista y nacionalista. Con tales bases, votaríamos sin vacilar ese acuerdo. Pero no una cosa sí y a otra no. No la candidatura sin el programa: nos pondría en manos de los Rucci; ni el programa sin la candidatura: nos pondría en manos de la izquierda cipaya. No haremos el acuerdo con el PC, porque es gorila, ni con los socialistas, por la misma causa. Tampoco con grupos demagógicos de la pequeña burguesía desconcertada que desde hace años dice que el regreso de Perón es asunto de Perón, porque sus bases electorales son la vieja clientela. Pueden lanzar frases izquierdistas, pero no defenderán nunca el derecho a la candidatura de Perón.
Son incontables los que hoy se pavonean con frases de izquierda y disparatan con sus versiones particulares del “socialismo”. Pero el socialismo sin la hegemonía de la clase obrera, sin Marx y sin la “cuestión nacional’, no es socialismo.
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