• Izquierda Popular
  • Publicado el 15/07/1973

El eje socialista en el cauce nacional

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Los sucesos del 12 de julio marcan un jalón político importante y permiten valorizar bajo una nueva luz la táctica y estrategia del Frente de Izquierda Popular a lo largo de estos meses. Esa táctica y estrategia se define por algunos rasgos fundamentales:

(1) Vigorosa afirmación de la línea nacional, asumiendo las tradiciones del 17 de Octubre y el movimiento histórico real de la clase obrera argentina como punto de partida insoslayable de una política socialista revolucionaria. El socialismo no puede brotar en contraposición a ese movimiento histórico real de las grandes masas oprimidas y explotadas, movimiento que expresa una experiencia colectiva enraizada en las condiciones más profundas de la realidad y la crisis argentina. El socialismo sólo puede brotar como una afirmación y una superación crítica de esta conciencia espontánea de las masas, como un grado más alto y general de madurez, organización, espíritu de iniciativa, táctica y lucha, logrados en el curso del movimiento mismo, que es donde debe insertarse la acción de la militancia revolucionaria, a fin de impulsar y acompañar hombro a hombro las experiencias colectivas.

En tanto la vieja izquierda antinacional y cipaya, falsamente “internacionalista”, se colocaba en la vereda de enfrente y calificaba al peronismo como la negación reaccionaria y demagógica de los intereses populares, jugando así un papel sectario y pro-oligárquico, la izquierda nacional y popular explicaba durante todo un período histórico, a partir de octubre de 1945, por qué el peronismo, a pesar de no ser un movimiento socialista, cumplía un papel progresista y revolucionario, que expresaba la resistencia nacional inmediata contra los explotadores centrales de la sociedad argentina: la oligarquía vacuna y el imperialismo.

Sobre estas bases de confianza en las masas y en su movimiento histórico real, propusimos en primer plano la lucha por la soberanía popular efectiva conculcada por los gorilas desde 1955, y defendimos la movilización por elecciones inmediatas sin fraude ni proscripciones, denunciando como reaccionario el abstencionismo ultraizquierdista (“Ni golpe ni elección, revolución”).

Por consiguiente, ante la tentativa de la dictadura oligárquica de proscribir a Perón, sostuvimos el derecho de las masas a poder votar por quién encarnaba la voluntad de las grandes mayorías nacionales y proclamamos nuestro apoyo independiente a su candidatura.

(2) Vigorosa afirmación de la línea de movilización de masas. La joven militancia del Frente de Izquierda Popular ha brotado de esas movilizaciones que alcanzan un nuevo apogeo, un nivel superior de enfrentamiento global con el sistema oligárquico, con el “cordobazo” de 1969. El “cordobazo” probó que las grandes masas pueden cambiar concretamente el curso de la historia, afirmando su protagonismo por encima del poder represivo y la fuerza económica de las clases explotadoras. Sostuvimos que la dictadura oligárquica, partir del “cordobazo” y movimientos similares, había debido retroceder hasta convocar a elecciones.

Las movilizaciones del 69’ ponen al desnudo el papel reaccionario de la burocracia sindical, profundamente comprometida con la dictadura oligárquica, así como la impotencia de los viejos partidos electorales, incluidos el justicialismo, fuerzas que son “resucitadas” por la dictadura oligárquica a fin de poder canalizar y controlar el “desborde” revolucionario de las masas. Tal fue en esencia el sentido del “gran acuerdo nacional” planeado por Lanusse, que es un episodio (desbaratado) de una política permanente de las clases dominantes bajo las actuales condiciones.

Al mismo tiempo, hemos señalado —sin cálculos demagógicos que esconden una utilización indigna de la sangre de los otros, por la burguesía, a título de presión sicológica—, que la violencia de los pequeños grupos al margen de la movilización de masas (terrorismo, complot, guerrilla urbana) es estéril y se vuelve contra sus propios fines de liberación y lucha por poder obrero y popular.

(3) Lucha por la democracia política, el nacionalismo económico y la patria socialista, que inspira nuestro programa de las “60 medidas revolucionarias”, cuyos principios básicos son: expropiar a los terratenientes de la pampa húmeda, nacionalizando sus estancias bajo la administración del Estado, los técnicos del INTA y los trabajadores, a fin de producir alimentos baratos para el pueblo y lograr un aumento sostenido de los saldos exportables requeridos por el proceso de industrialización e independencia nacional; expropiar el sistema de empresas monopólicas extranjeras, bomba de succión, descapitalización y distorsión de nuestra economía; promoción de los trabajadores y productores reales al manejo democrático de la economía en todos los niveles, destruir todas las formas de parasitismo, usura y especulación.

En una palabra, hemos rechazado la mentira de que la nueva revolución industrial necesaria para asentar la independencia y el bienestar nacionales deba financiarse con capitales extranjeros, sobreexplotando a las masas. La riqueza necesaria está en el país, pero actualmente es derrochada por las clases parásitas, que deben ser expropiadas revolucionariamente. Cualquier otro camino, o es engaño o es un alivio transitorio.

(4) Necesidad de un programa, una táctica y una organización socialista revolucionaria independientes para encarar la nueva etapa de lucha de liberación, único modo de impedir que la clase trabajadora y las grandes mayorías explotadas queden subordinadas al programa y los intereses de la burguesía nacional y sus agentes políticos y burocráticos.

Este objetivo no se contrapone a las banderas del frente nacional como expresión del conjunto de las clases estranguladas por el dominio oligárquico-imperialista. Pero echa las bases para disputar a la burguesía la conducción de ese frente.

(5) Convocado a la asamblea multipartidaria del Nino en noviembre de 1972 y a las reuniones que le sucedieron, el FIP propuso un paro general y una gran concentración pacífica que iniciasen una lucha de masas contra la proscripción de Perón. Al rechazarse este camino y aprobarse, además, un programa económico-social que respecta la estructura económica vigente rechazando expropiar a la oligarquía y el imperialismo, el Frente de Izquierda Popular rehusó integrar el Frejuli sancionando una capitulación que habría comprometido irremediablemente su autoridad política y sus banderas estratégicas. Proclamó su propia fórmula presidencial y precisó públicamente: a) Que lo hacía, no por afán sectario, sino porque el Frejuli nacía renunciando a movilizar al pueblo por la candidatura de Perón, cuando la extrema debilidad de la dictadura oligárquica (evidenciada después del 11 de marzo) hacía posible plantear concretamente ese objetivo. b) Que si el burocratismo y los aliados reaccionarios restaban fuerza electoral a Cámpora, obligando a una “segunda vuelta”, votaríamos en ella, sin ningún genero de condiciones e independientemente, por el Frejuli, fieles a la línea de frente nacional.

Setenta mil compatriotas convalidaron con su voto total o parcial esta línea. Que ha ganado el respeto de vastos sectores de argentinos a los cuales pudimos llegar en el curso de la campaña y nos ha permitido estructurar las bases militantes del FIP a lo largo y lo ancho del país, no como un partido más, sino como el núcleo de una fuerza indestructible que gobernará el país, y echará las bases de Patria Socialista en el marco de la unidad nacional latinoamericana.

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