• Conferencia
  • Publicado el 10/09/1977

Conferencia de Jorge Abelardo Ramos*

Jorge Abelardo Ramos

Etiquetas/Temas:

Estamos saliendo lentamente del túnel en que la historia reciente nos ha instalado. Ha aparecido un poco el sol hoy y el cielo está aclarando. Antes se decía que era un día peronista, cuando las multitudes tenían algo que decir en nuestro país.

Sin embargo, el país ha sobrevivido a tanto horror. Aún continúa inmersos en la larga noche de la contrarrevolución, pero a pesar de los muertos, de los desaparecidos y los emigrados, el conjunto del pueblo, sustancia misma de la Patria, está dispuesto a quedarse a vivir aquí. Nosotros somos parte de este inmenso ejército de argentinos que ha decidido vivir y luchar aquí.[1]

Martínez de Hoz en el gobierno

En estos dos años han ocurrido acontecimientos que sólo la historia y el análisis histórico pausado podrán describir con el debido equilibrio. Nosotros no somos historiadores sino políticos revolucionarios. No tenemos tiempo para establecer ese análisis mañana, sino que debemos establecerlo hoy mismo, para saber qué ocurrió y en consecuencia saber cómo obrar.

Sería INútil que yo les describiese aquí la naturaleza del gobierno de la contrarrevolución militar y el significado detallado de cada uno de los actos que está produciendo el grupo de Martínez de Hoz. El país entero lo está sufriendo y podemos resumir ese punto de la charla diciendo que por primera vez en tantos años, una combinación peculiar de circunstancias ha permitido que el grupo más reducido de grandes terratenientes de la provincia de Buenos Aires tenga en sus manos con exclusividad el gobierno económico y de alguna manera social y político de la república.

Cuando yo señalo que se trata de un grupo pequeño de grandes terratenientes, quiero indicar que no nos encontramos en la misma situación que la que vivimos cuando Krieger Vasena estaba a cargo de la economía nacional. Kriger Vasena representaba a los grandes intereses imperialistas invertidos en el país, y tuvo en su momento conflictos con los terratenientes. Pero la diferencia que hay entre el gobierno de los terratenientes de Martínez de Hoz y el gobierno de las grandes empresas de Krieger Vasena, consiste en que para éste el mercado interno y el nivel de ocupación y salarios es importante. No así para Martínez de Hoz.

Este es uno de los elementos que incesantemente amenaza producir un choque entre ambos grupos, pero lo fundamental de esta enunciación de carácter meramente económico son las conclusiones políticas. Y es que la política de Martínez de Hoz tiende necesariamente a deprimir el salario, a aumentar los índices de desocupación, a reducir el mercado interno, a reducir el nivel de vida y a atentar contra la estructura sindical.

Precisamente por esa razón este gobierno, en esta época, ha abordado el más peligroso de los caminos para que pueda guardar su estabilidad, puesto que una política de terratenientes que no contemple el nivel de salarios, la permanencia de los sindicatos como elemento de defensa del nivel de vida obrero, y todo lo que ello significa, corre peligro de ser tumbada por debilidad política, por explosiones sociales de magnitud inimaginable y por la cólera popular que, si se expresó contra Krieger Vasena, que hacía una política mucho más moderada que Martínez de Hoz, podemos imaginar qué enormes temblores se anidan en el subsuelo social argentino con la política que está desenvolviendo Martínez de Hoz. En esto consiste la vulnerabilidad extrema del gobierno a los 18 meses de haberse instalado.

La fuerza de la movilización popular

Sin duda que para nosotros no puede haber cambio de la situación que pueda excluir la presencia del pueblo en la decisión de sus cambios. Recordemos años atrás en que nuestro análisis del gobierno de Onganía se fundaba en que resultó condenado a muerte a partir del momento en que el pueblo de Córdoba y de todo el país se levantó después de mayo de 1969 y conmovió a la república con sus grandes protestas. Esa fue la tesis fundamental que nosotros expusimos en los años 70, 71 y 72 . Señalamos al país que las elecciones del 11 de marzo y del 23 de setiembre no eran en modo alguno una expresión espontáneamente otorgada por la dictadura de los tres comandantes en la época de Lanusse, en virtud de que habrían encontrado en el seno de aquella Junta Militar un gran eco los principios democráticos olvidados. No. Dijimos que si íbamos a las elecciones, si disfrutábamos de aquellas libertades públicas, si hablábamos por radio y televisión, si levantábamos tribunas en todas las calles, eso era el fruto democrático de las batallas que todos los argentinos habíamos librado contra Onganía. Eso fue lo que determinó la crisis de la dictadura y la apertura de Lanusse

Recientemente, el general Lanusse ha publicado un libro de memorias donde (admite) todas y cada una de las apreciaciones que nosotros habíamos formulado sobre la intimidad del proceso militar, hasta ese momento celosamente guardada por sus protagonistas. Lanusse señala que es el Cordobaza la bala de cañón que pone fin a la dictadura, que aterra a los generales, que conmueve a la oficialidad en masa, que declama – por la mera presencia del pueblo en las calles – que no puede continuarse un día más sin abrir las perspectivas de una consulta popular. En otras palabras, los propios testimonios del general Lanusse confirman nuestro análisis de que cuando el pueblo argentino resuelve poner fin a la hegemonía de los mandones, ocurren elecciones, libertades democráticas, política nacionalista y soberanía popular; si no, no.

Esta lección ha sido aprendida por todo el país, menos por los actuales generales. Esto quiere decir, compañeras y compañeros, que en medio del terror y el contra-terror, desatado por unos y otros, el pueblo argentino nuevamente está reexaminando sus experiencias, y es precisamente acerca de esas experiencias que yo quisiera decir algunas palabras.

Por qué poyamos a Isabel Perón

Los acontecimientos que dieron como resultado la actual dictadura han sido rápidamente olvidados, como ocurre siempre con acontecimientos próximos, porque han sido cubiertos por los enormes despropósitos del gobierno que sucedió a Isabel.
Todos recordamos con qué incomodidad muchos miembros de nuestro movimiento y aun muchos amigos nuestros en todo el país, confesaban que a pesar de sus simpatías por las banderas del Frente de Izquierda Popular, había algo en el año 1975 que les resultaba intolerable. Muchos compañeros de nuestro Partido así lo decían. Y era que defenderla a Isabel le resultaba inaguantable.

Sin embargo, los últimos meses de 1975 la actividad pública de nuestra organización
Estuvo centrada en la defensa del gobierno de Isabel. Era enormemente difícil hacerlo, pero era un trabajo necesario y peligroso. Era como ese trabajo que consiste en cruzar con un paraguas abierto por el Niágara en un piolín metálico, que los equilibristas deben hacer porque viven de eso y esa es su función.

No era un trabajo agradable, pero había que hacerlo. Nosotros debíamos defender a Isabel. No por el astrólogo y las bandas armadas, ni por los ataques de irracionalidad que acometían a la viuda; no por los desastres que hacía, como cuando vetaba la ley de patria potestad, negando a las mujeres el derecho a tener las mismas facultades que el hombre para los hijos.. Todas esas cosas parecían una pesadilla, una Evita al revés para la que no había mosca mala en el aire que no agarrara, desacuerdo en el cual no incurriera. Y sin embargo ella era lo único que nos vinculaba al pronunciamiento colectivo del 23 de setiembre y a la decisión de los siete millones y medio de argentinos que establecieron un punto de partida para reestablecer la soberanía en el país. Era una calamidad, pero como me dijo una vez el general Perón en Madrid: “Nosotros no es que fuéramos muy buenos, sino que – como dicen los españoles – detrás de mí vendrán quienes bueno me harán”. Considerada a la distancia, Isabel era Rosa Luxemburgo, era Flora Tristán, era la encarnación de la revolución. Porque fíjense ustedes qué es lo que ocurrió luego. Fíjense ustedes el mecanismo de los montoneros, de los terroristas y de los petroleros.

Isabel firmó en agosto de 1974 –ya muerto Perón– en plena hegemonía astrológica, un decreto nacionalizando las bocas de expendio en la Argentina. Vale decir, la comercialización de los subproductos del petróleo, de la nafta y del aceite, para que ese dinero, que en aquella época debía calcularse en 300 o 400 millones de dólares anuales, que el conjunto del país paga al pié del surtidor, no fuera a parar a la Shell y a la Standard, es decir, al grupo anglo-holandés y al grupo norteamericano.

Desde tiempos inmemoriales, en que los radicales hablaban del petróleo, ellos nunca tocaron el surtidor, que era la esencia misma del petrolero. En la época del astrólogo y por obra del sistema de clases y de fuerzas, de sinvergüenzas y de patriotas que constituían el elenco dirigente del peronismo, Isabel firma el decreto nacionalizando las bocas de expendio. Ese decreto no llega nunca a tener efecto porque estando dos o tres coroneles, entre ellos el coronel Blanco en YPF, que era un gran soldado, un gran peronista, luchó por imponer a las compañías la aplicación del decreto. Las compañías se resistían y no entregaban los papeles a las oficinas. El coronel Blanco fue a ver a Gómez Morales, ministro de Economía, y le pidió autorización para llevar la policía, echar a los norteamericanos y asumir el control directo de las bocas de expendio. El doctor Gómez Morales negó la autorización aduciendo que eso causaría muy mal efecto en los círculos financieros internacionales. De todas maneras, Gómez Morales formaba parte de un sector del peronismo que se ocupaba de negocios financieros y él mismo estaba interesado en no causar mal efecto en los círculos financieros internacionales. Le ató las manos al coronel Blanco, que cesó en YPF. La Shell y la Standard, con el decreto firmado por Isabel, continuaron controlando la manguera.

Fue en tales circunstancias que se produjo el secuestro del funcionario de la Standard, Samuelson, por lo cual obtuvieron los grupos terroristas 14 millones de dólares de rescate. Es justamente este gobierno el que acaba de anular hace poco tiempo el decreto de Isabel, devolviendo a las compañías imperialistas extranjeras el control del surtidor y de la nafta. De este modo, la lucha que los grupos terroristas llevaban contra el gobierno que nacionalizó las bocas de expendio, ha quedado concluida. Primero con los grupos terroristas y ahora con Martínez de Hoz. Los 14 millones de dólares que recibieron los terroristas por el secuestro de Samuelson, han vuelto a la Shell y a la Standard.

Nosotros vemos aquí hasta qué punto el terrorismo en nuestro país ha jugado el papel de servidor directo del imperialismo y hasta qué punto estos, a los que no los gustaba Isabel porque les gustaba más Evita, demostraron que más que Isabel y Evita les gustaba la Shell.

¿Quiénes derrocaron a Isabel Perón?

El proceso político que condujo al derrocamiento de Isabel y a la famosa inflación del 900% del mes de marzo, puede resumirse diciendo que fue el resultado de que toda la burguesía comercial, las grandes y las pequeñas empresas, los “bolicheros”, los importadores, los transportistas fueron apretando las clavijas de los precios mes por mes a partir de fines del 75. Se remarcaban día por día los materiales de la construcción, las tarifas, los precios industriales, el precio de la carne. Porque el problema es que todo el sistema comercial de la clase media, alta, y de la burguesía nacional e internacional preparó las condiciones de la inflación de marzo para derrocar a Isabel. Fue una combinación de Martínez de Hoz, de la Cámara de Comercio y del último carnicero de la república, que creía que tirando abajo a Isabel iban a venir nuevos y mejores tiempos, como en el 55. Esa es la inflación del 900% de marzo. La inflación desatada por los propios transportistas, consignatarios y propietarios de los bienes.

Es cierto que, como recordarán ustedes, en las entrevistas que tuvimos en su oportunidad con el doctor Robledo, ministro del Interior, planteamos la necesidad de aplicar las leyes de seguridad a los agiotistas y preguntamos si se iban a poner en funcionamiento las cláusulas represivas por las cuales debían ser reducidos a prisión todos aquellos que violaran la tregua social de precios y salarios inaugurada por el gobierno días antes, en setiembre-octubre del 75. Fue en tales circunstancias que Robledo nos dijo que eso significaría jugar el todo por el todo y que en consecuencia todo el gobierno peronista fue conducido en estado hipnótico hacia marzo.

Podríamos decir que se había perdido con la muerte del general Perón el ímpetu revolucionario y nacionalista del movimiento, la voluntad de enfrentar a los clásicos enemigos del país y que el gobierno de su esposa, viuda y sucesora carecía de rumbo cierto y solamente atinó en un instante a echarse en brazos de los Estados Unidos con el ministerio de Rodrigo, para luego romper esa política por obra de la iniciativa popular que se convocó a la Plaza de Mayo y que originó el derrocamiento de López Rega para finalmente marchar, en estado de inercia total, hacia marzo.

Podríamos decir también que el peronismo, en su tercera presidencia, fracasó en tanto no logró realizar su propio programa hasta el fin. Fracasó en tanto no logró eliminar a la vieja y más arcaica oligarquía que hoy existe en América Latina, que es la oligarquía argentina. Porque las grandes oligarquías de la tierra, las más infames que existían, han desaparecido. Las de Bolivia y Perú, al decretarse la liberación de los indios y la extirpación de la gran propiedad terrateniente. Y queda como clase social profundamente retardataria la oligarquía de origen argentino

Unir las banderas del nacionalismo y el socialismo

¡Quién podía imaginar, treinta años después de los acontecimientos del 17 de octubre, que el peronismo iba a ser sucedido por la familia Martínez de Hoz! ¡Que nuestra generación iba a presenciar la derogación de toda la legislación obrera básica, la derogación del contrato de Trabajo, la liquidación de los derechos femeninos duramente adquiridos, la reducción de todos los derechos políticos, no menos duramente logrados! ¿Quién iba a imaginar que en momentos en que el proteccionismo comercial esla ley de los grandes imperios y del Mercado Común Europeo, la Argentina iba a declarar su voluntad de ser un país partidario del libre comercio?

Todas esas cosas parecen del pasado, sin embargo son del angustioso presente. Eso quiere decir, compañeros, que todas aquellas tareas que un país no ha logrado satisfacer, permanecen vigentes. Permanece vigente la palabra “nacional”, permanece vigente la necesidad de crear y recrear un Frente Nacional Revolucionario contadas aquellas fuerzas que quieran marchar hacia el porvenir. Permanecen vigentes aquellas banderas que un día la clase obrera levantó el 17 de octubre, y permanece vigente esa otra bandera que en su ancianidad y poco antes de morir, Perón señaló como la bandera del porvenir: la bandera del socialismo (aplausos).

Sin embargo, no nos olvidemos que la separación de ambas banderas ha constituido en el pasado una de las grandes frustraciones argentinas. Ahora hay que combinar estrechamente las banderas del 17 de octubre y del nacionalismo revolucionario, con las banderas del socialismo nacional. Ese es el gran mensaje y el gran legado de Perón.

Las masas peronistas, más las masas que no nacieron peronistas de la clase media; la nueva generación estudiantil, que se encuentra con una universidad arrasada y con la emigración de la inteligencia científica y técnica argentina; las mujeres que surgen –justamente un año antes de la caída de Isabel se conmemora el año internacional de la mujer -, junto a un gran movimiento feminista mundial como resultado de la conmoción del mundo colonial y semicolonial… En suma, las grandes fuerza nacionales –las mujeres argentinas, las nuevas generaciones juveniles, la vieja y nueva clase obrera, la inteligencia que ha decidido permanecer en el país – deben encontrar ahora el camino para un reagrupamiento fundamental que lleve al pueblo argentino a una nueva etapa de su victoria definitiva.

Debemos considerar que este instante es un breve eclipse de la vida argentina. Es un instante que va a pasar, que no va a durar en modo alguno mucho tiempo. Se han colocado en el borde mismo del fundamento social. No hay base social capaz de sustentar una política como la que está desplegando el gobierno militar. Las fuerzas armadas no están separadas de la sociedad argentina. También sufren la confusión derivada de la insuficiencia del peronismo para realizar la revolución.

Del mismo modo que la propia clase media argentina ha llevado su confusión y desesperanza hasta el extremo, que parte de ella ha emigrado – y la historia enseña que los emigrados no vuelven -, otra parte de la pequeña burguesía argentina , de uniforme, sufre la confusión determinada por el hecho básico de que los dos grandes ciclos del radicalismo y del peronismo no lograron eliminar la propiedad terrateniente de la provincia de Buenos Aires, y en consecuencia crear el punto de partida para un crecimiento de la riqueza nacional. La inexistencia de una revolución nacional ha originado la serie de frustraciones sobre las cuales ahora los más superficiales sociólogos y planificadores del gobierno dedican numerosas homilías.

Sin embargo, no hay una fatalidad peculiar del ser argentino que leve cada tanto al ejército a derribar a los gobiernos civiles, como si se tratase, como dice el general Videla, de un círculo vicioso: viene un gobierno populista y luego un gobierno militar; luego viene otro gobierno populista y luego otro gobierno militar. Ese es, digamos así, el espacio intelectual con que la naturaleza ha provisto al general Videla. No alcanza más allá de ese círculo, que no es vicioso sino por el vicio de quien lo piensa.

Lo que debe reflexionar el presidente de la República es que si ese gobierno “populista”, o popular, es capaz de establecer hondamente un punto de partida para el destino nacional, entonces no va a haber golpe militar.

Cuando los peones mexicanos, con Villa y con zapata, montaron a caballo en 1910 y bajaron en 1920, tras diez años de guerra civil, doce millones de campesinos contra un puñado de diez mil terratenientes compendiaban la revolución mexicana. Y cuando las masas de campesinos recibieron un pedazo de tierra, se creó una forma de estabilidad social en México que ha durado 60 años, hasta hoy. Con esto no quiero decir que en México se haya dado una revolución perfecta. Quiero decir que muchas cosas ocurrieron en México, pero no volvieron los terratenientes al poder. México inició – con ladrones, con burgueses nacionales, con gente que está reflejada en la literatura mexicana – un camino de industrialización, de soberanía, de tentativa de despojo parcial de los campesinos recientemente propietarios de tierra, y resistió el conjunto de la sociedad porque México tenía sed de tierra y libertad. Y como se hicieron las cosas bien, es decir, pasaron a cuchillo a los terratenientes, en México van 60 años de estabilidad y los militares no dieron un golpe.

De la misma manera en Bolivia, en el año 52, el MNR, que no es precisamente un dechado de partido revolucionario, pero era la pequeña burguesía harapienta y tiritante del Altiplano, los abogados de zapatos rotos, que salieron con los fusiles a la calle y pusieron en fuga al ejército el 9 de abril de 1952. Destruyeron al ejército y hasta al último terrateniente. No hay más terratenientes en Bolivia. ¡No hay un terrateniente en Bolivia!

Entonces allí el ejército hará o no hará, pero la tierra no ha vuelto a los parásitos y vampiros de indios del altiplano.
(aplausos)

Ramos probablemente hace referencia a un grupo de militantes del FIP que, encabezados por Jorge Raventos, Jorge Coscia y Julio Fernández Baraibar, decidieron abandonar el Partido e irse a vivir a Europa, renunciando así a toda militancia política en los momentos más duros de la dictadura militar. Este sector había expresado en el VII Congreso una tendencia diferenciada de la de Ramos y de la de Spilimbergo, con posiciones derechistas.

 

Bibliografía:

Subtitulados y notas, GC, para www.izquierdanacional.org

Notas:
  1. Ramos probablemente hace referencia a un grupo de militantes del FIP que, encabezados por Jorge Raventos, Jorge Coscia y Julio Fernández Baraibar, decidieron abandonar el Partido e irse a vivir a Europa, renunciando así a toda militancia política en los momentos más duros de la dictadura militar. Este sector había expresado en el VII Congreso una tendencia diferenciada de la de Ramos y de la de Spilimbergo, con posiciones derechistas.
ENVIAR ESTA NOTA POR E-MAIL A UN AMIGO





SUSCRIBIRSE A NUESTRA LISTA DE CORREO

¡Unirse a nuestra lista de correo!

Artículo siguiente: Nuestras diferencias

Artículo anterior: Por qué cayó el gobierno peronista

El contenido de esta página es de libre circulación mencionando la fuente • Izquierda Nacional, publicación del grupo Socialismo Latinoamericano, se realiza sin aportes de particulares, es un esfuerzo militante.