- El FIP y el Golpe de Estado de 1976Izquierda Popular
- Publicado el 01/03/1976
Cámpora: la tentación de un Frente Liberal
El artículo que transcribimos a continuación apareció en el órgano del FIP, Izquierda Popular, edición N° 61, de la 1° quincena de marzo de 1976. Su importancia radica en que traza una clara distinción entre el socialismo revolucionario de la Izquierda Nacional y las corrientes pequeñoburguesas nacionalistas de izquierda o de centroizquierda que hicieron (y todavía hoy hacen) de la figura de Héctor Cámpora una bandera enfrentada con el líder del peronismo, Juan Perón.
Los últimos movimientos de Cámpora y sus asesores parecen develar la incógnita planteada a partir del retorno del ex presidente al país. La respuesta sería que el doctor Cámpora se orienta a constituir un frente político-electoral fuera de los cauces del Movimiento Justicialista, en alianza con otros sectores. ¿Cuáles serían los aliados? Los candidatos más notorios podrían ser Oscar Alende y el Partido Intransigente, el Partido Auténtico, el Partido Comunista. De confirmarse esta línea, Cámpora ocuparía el lugar de “centroizquierda” que correspondió a la APR[1] en marzo de 1973. El contenido social de esa fuerza estaría dado por la pequeña burguesía democrática e izquierdizante de la Capital y sectores medios urbanos y rurales del interior.
El doctor Cámpora se retiró prestigiado de la presidencia y amplios sectores interpretaron su ostracismo en México como una lamentable secuela del “lopezrreguismo”. A diferencia del grupo de gobernadores defenestrados (Bidegain, Martínez Baca, Cépernic), Cámpora tuvo el buen criterio de no entrar en el callejón sin salida del Partido Auténtico y reiteró su pertenencia al tronco peronista.
Sin embargo, ahora parece buscar un tercer camino que lo llevaría a la franja política ocupada por Alende-Sueldo hace tres años. Es posible que quienes elaboraron ese proyecto imaginen aportar también a él el caudal político de lo que llamaríamos el “camporismo”.
¿Qué fue, en realidad, el “camporismo”, y qué puede llegar a ser? Al triunfo del 11 de marzo no sólo confluyeron las masas obreras peronistas, sino también amplios sectores de la pequeña burguesía (principalmente juvenil) izquierdizada y nacionalizada bajo la experiencia del fracaso de la “revolución libertadora” de 1955 y de la “revolución argentina” de 1966.
Los padres de esos jóvenes habían sido gorilas en 1945 y 1955. Creían que Perón era “fascista”. Algunos, desde la vieja “izquierda” de la Unión Democrática lo acusaban de reaccionario por no ser “socialista”. Ignoraban que Perón, sin ser socialista, había puesto en marcha un vasto movimiento de liberación en un país dominado por el imperialismo y la oligarquía, y que en eso residía su indiscutible progresividad, a pesar de los límites de su programa que eran los de un capitalismo nacional autónomo con justicia social.
El proceso de nacionalización e izquierdización de la juventud pequeñoburguesa, llevó a los hijos a adjudicarle a Perón (de buena fe, o jugando a la “máscara de Fernando VII”) un “socialismo” que muchos de sus padres le habían negado incurriendo así en un error simétrico, ya que en ambos casos se ignoraba la caracterización social concreta de su liderazgo. Se creyó en un Perón mítico pero se siguió desconociendo dónde estaba realmente su progresividad. El despertar no pudo ser más rudo.
El mes y medio de gobierno del doctor Cámpora fue el momento idílico que precedió a ese despertar. El país conoció un ascenso democrático sin precedentes y amplios sectores vivieron la ilusión de un tránsito hacia el socialismo sin las complicaciones de construir la herramienta insoslayable de ese tránsito: un partido obrero que conjugue las banderas históricas del 45 con el programa explícito del socialismo.
El enfrentamiento era inevitable, y en pocas semanas Perón restableció la verdadera naturaleza del movimiento que él acaudillaba. Los líderes de la juventud fueron al choque frontal, ignorando la advertencia del FIP de que pretender luchar por el socialismo dentro del peronismo llevaría a una ruptura reaccionaria con el general Perón. ¿Por qué reaccionaria? Porque descalificaba a Perón como “no socialista” desconociendo que su progresividad estaba en otra parte. De esta suerte, dividían el movimiento nacional sin superarlo, se aislaban una vez más de la clase trabajadora e incurrían en provocaciones intolerables. El mismo 1° de mayo de 1974, en que Perón reiteraba ante el congreso, con perfiles si cabe más acentuados que en sus primeras presidencias, su programa nacionalista y social, se veía obligado a echar a los “montoneros” de la Plaza de Mayo. ¿Era Perón un “traidor” por no responder a las ilusiones utópicas de esos grupos juveniles? ¿Su presidencia representaba un “retroceso” con relación a Cámpora? Estas preguntas se responden con otras: La pequeña burguesía, ¿reemplaza a la clase obrera como vanguardia de la lucha por el socialismo? ¿Puede la pequeña burguesía disputar a la burguesía un liderazgo político?
Volvemos así al interrogante inicial: la virtualidad presente del “camporismo” en tanto fuerza que pretenda abrirse paso fuera del cauce peronista. Esa virtualidad no existe como cosa propia, ya que se fundaría en la nostalgia de una ilusión; partiría de un sector ya desintegrado políticamente de la pequeña burguesía y desembocaría en un abrazo con la vieja clase media liberal más o menos “izquierdista”. No parece ser el camino de las masas.
- Se refiere a la Alianza Popular Revolucionaria integrada por los partidos Comunista, Intransigente y Revolucionario Cristiano, que presentó la fórmula presidencial Alende-Sueldo.↑
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