• 70 años del asesinato de León TrotskyIzquierda Nacional
  • Publicado el 01/07/1973

Adios a un revolucionario

Abelardo Ramos despide a Mateo Fossa

Jorge Abelardo Ramos

Mateo Fossa (1896-1973) acaba de morir. El viejo militante era una página honrosa en la historia del movimiento obrero argentino. Obrero ebanista, militó durante toda su vida en el gremio de la madera, donde aprendió los primeros rudimentos de la lucha social. Desde muy joven actuó en el Partido Comunista, poco después del estallido de la Revolución de Octubre. Fundó luego, con Angélica Mendoza, Héctor Raurich y otros militantes, el Partido Comunista Obrero en 1926. Conocido por su órgano “La Chispa”, ese partido vivió una vida breve. En la década del 30, cuando el stalinismo predominaba en el movimiento Internacional con el poder de su aparato burocrático, Mateo actuó en los sectores sindicales independientes, con los sindicalistas y anarquistas que rehusaban aceptar la política conciliadora del stalinismo. En 1938 fue designado delegado argentino para concurrir al Congreso Latinoamericano de Trabajadores celebrado en México. Allí tuvo oportunidad de entrevistarse con León Trotsky. De esas conversaciones se publicaron luego valiosos textos con las reflexiones que la realidad latinoamericana sugería al gran revolucionario ruso.[1] A su regreso de México, militó en los grupos que luchaban por la regeneración del movimiento revolucionario bajo la bandera de la IV Internacional. Se opuso a la guerra imperialista y comprendió, guiado por su instinto de clase, la significación nacional y popular del peronismo, como producto de la situación semicolonial del país.

En sus últimos años actuó con infatigable energía en defensa de los jubilados de la industria. Era un hombre sencillo, franco y valeroso, elevado al marxismo como una lúcida anticipación del movimiento de toda su clase. Permaneció fiel hasta el último día a los ideales de la revolución socialista y a los trabajadores.

En los tiempos actuales, cuando la clase obrera soporta todavía a tanto pillastre y ladrón disfrazado de “dirigente obrero”, la vida de Mateo Fossa es un ejemplo desinteresado y puro de revolucionario que hasta el fin es fiel a sí mismo y a sus camaradas.

Tuvimos el honor de iniciarnos junto a él en aquellos lejanos días de su viaje al México ardiente; eran días de un combate solitario contra la cipayería. Pero Mateo estaba allí y su sola presencia infundía confianza en la inevitabilidad de un porvenir victorioso. En la época del “antifascismo”, Mateo encarnaba la revolución proletaria. Tiempos en que los sindicatos de combate tenían su sede en una pieza de tres por cuatro en Paraná 555; sus dirigentes trabajaban de día y sólo al anochecer se reunían en la pieza semi-vacía de la organización. Aún lo recuerdo a Mateo en las reuniones de la Madera, con el sombrero puesto, y su corpulencia bonachona, explicando a los compañeros el sentido de la lucha. Fue el alma misma de la sangrienta lucha general de la Construcción en 1935 y la encarnación del espíritu inconquistable de la clase obrera durante décadas.

Con hombres como él el proletariado recorre su lento y doloroso camino hacia el socialismo. Adiós, Mateo, viejo amigo y compañero, adiós para siempre.
J.A.R.

Notas:
  1. Las conversaciones entre Mateo Fossa y León Trotsky fueron publicadas en el volumen Por los Estados Unidos Socialistas de América Latina, editado por Coyoacán, en Buenos Aires, 1961
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